Respuestas a Reviews 'Anónimos'

Sanzen: Sí, claro que sí. Es cosa de darle tiempo al tiempo y ser fuerte. ¡Muchísimas gracias por tu comentario!

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Tammy: ¡No te preocupes, cariño! Para mí, al menos, se entendió bastante bien tu punto, y de ninguna forma sentí que mi fanfic se estuviese comparando con otras obras. Ah, yo al menos no quise ser parte de ese altercado porque siempre suelo salir mal parada… es como un don.

Fue bueno ver el cambio que tuvo el fandom hispano tras ese incidente. Creo que a todos les hacía falta un buen remezón para madurar como fanáticos, y entender que escribimos para pasarla bien, no para alimentar odios absurdos.

¡Ah, pues muchísimas gracias! Al personaje de Cuba le he agarrado gran simpatía en mis años en el fandom, y sí, encuentro medio injusto que siendo el primer latinoamericano con el mérito de salir en Hetalia, tan pocos lo hayan tomado en cuenta. Por eso quise darle la oportunidad de ser co-protagonista de una de mis historias.


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.:X:.

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¿Para qué negarlo? La confesión de Hyung hace apenas dos días había causado en Iván un impacto no del todo positivo. Podía catalogarse como 'rechazo', salvo por algunas cosas a tener en cuenta:

Hasta ese momento no había reparado que sus opiniones sobre el tema de la homosexualidad, porque muy rara vez se sacaba a colación en su casa –esto debido que su padre se declaraba abiertamente homofóbico-. Se trataba de un mundo tan desconocido para él que incluso sus propias percepciones estaban sujetas a una ambigüedad que tan solo arrojaba preguntas sobre preguntas, y ninguna respuesta que satisficiera la curiosidad, o sus inseguridades respecto a cómo debía tratar con su amigo una vez develado su secreto.

¿Tendría que cambiar algo en su forma de relacionarse con él para procurar no ofenderlo o incomodarlo? ¿O el solo hecho de cambiar algo ofendería a Hyung, como si su orientación sexual 'diferente' fuese un motivo lo suficientemente poderoso para poner condicionantes a una amistad que hasta ese momento había marchado sin ningún contratiempo?

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Su mente no dejaba de rondar en torno a las confidencias que el coreano había compartido. Tratando de evadirlo, mientras esperaba sentado en las escaleras de entrada de la universidad, jugaba en su móvil con una aplicación que arrojaba rebuscadas preguntas de trivia sobre países y capitales del mundo. La pregunta número cuarenta y ocho había agotado dos de sus tres oportunidades por adivinar la capital de la República del Congo. Hubiese perdido la tercera de no haber susurrado sobre su hombro izquierdo una voz que le resultaba conocida:

— Brazzaville.

— ¿Estás seguro?

— Completamente.

Cuando tecleó la respuesta, Iván erró y marcó tan solo una 'z'. Hyung chasqueó la lengua.

— Ya lo tenías.

— Dudaba. Primero respondí que era Kinshasa, pero cuando marcó el error…

— Kinshasa está en la República Democrática del Congo.

— ¿Qué? ¿De verdad hay dos? — exclamó, asombrado — ¿Y cuál es el Congo realmente democrático?

— Duda de todo país que por nombre se diga 'democrático', es publicidad engañosa.

— ¿Qué pasa con la República Democrática de Corea y la República Popular Democrática de Corea? ¿Debo desconfiar de las dos?

— Pues la del norte es la mejor Corea, la realmente popular y democrática. Los del sur son perros falderos de los yankees.

— Permíteme poner en duda tu retorcido criterio sobre el sistema republicano, amigo mío. ¿Hacia dónde vamos?

— Sígueme.

Caminaron a lo largo de la arteria principal de la ciudad, en dirección al barrio que conformaba el foco más importante del casco antiguo. Anteriormente, dicho distrito era el núcleo administrativo de la urbe, el sitio donde se concentraban los establecimientos en que trabajaban los altos cargos públicos, en torno a la pintoresca plazuela fundacional.

Con el paso de las décadas, las funciones de dicho centro se habían desplazado a locaciones con instalaciones más modernas, dejando atrás las fachadas de los palacios decimonónicos, hoy convertidos en centros culturales y museos que un miserable porcentaje de la población visitaba de vez en cuando.

Por lo que Iván pudo leer antes de ingresar al recinto, ese día había una muestra fotográfica de "a-saber-cuál-tema" de "no-sé-qué-'famoso'-artista", cuyo rostro de expresión severa en escala de grises se repetía en todos los afiches con los que habían empapelado extensas áreas de las paredes externas llenas de grafitis. Adelantándose a las protestas del ruso, el joven coreano canceló las dos entradas al muchacho que atendía apáticamente la taquilla.

— Te devolveré mi parte.

— Déjalo así. Yo invito por hoy.

— ¿Qué es esta muestra?

De buenas primeras, lo único que había en el primer gran salón del museo eran pendones con fotografías del artista en distintas posiciones: mirando distraídamente por una ventana, bebiendo café de un vaso de cartón, mirado a la cámara con sus ojos escrutadores y su boca inexpresiva. Ni una declaración, ni una explicación, ninguna referencia al pie de las gigantografías con su cara.

— ¿Quién es ese sujeto?

— ¡Yo qué sé! Un Don Nadie con suerte. Supongo que su proyecto de fotografías atrajo a algún burgués ocioso dispuesto a financiarlo, y así fue cómo logró arrendar este lugar. La mayoría de las personas con las que pude hablar sobre esta exposición vinieron solo para saciar su sed de morbo, mas yo supuse que podía rescatar algo más que eso…

— Entonces, ¿de qué es esta muestra? — insistió Iván.

— En términos muy breves, este 'artista' tomó algunas fotografías con montajes 'simbólicos' que retratan cómo hoy en día la sexualidad se ha convertido en un espectáculo al servicio de la industria del entretenimiento, al punto de transformarse en algo insoportablemente banal, superficial, destructivo y comerciable. La idea tras esto es mostrar al público cómo es que la humanidad misma ha trazado las vías que nos llevan a la anulación de nuestra propia dignidad en función de satisfacer el morbo.

— ¡Qué profundo!

— Al menos eso es lo que dice en el folleto que repartieron fuera de la puerta de la universidad— aclaró el coreano, deteniéndose junto al primer panel de la muestra fotográfica en sí — Pero ya sabes cómo es el arte posmoderno. ¿Ves esto? Apuesto a que ni siquiera el 'artista' que tomó la foto sabe qué es lo que quiere decir en realidad…

— ¿Ah, no…? ¡Wow! — exclamó, apartando la vista de la imagen.

— ¿Qué pasó?

— Es… impactante.

— Podrían denunciarlo por crear material pornográfico infantil— exhaló con pesadez el asiático — ¿Te dice algo esta imagen?

— Pues...

Iván volvió a analizar el cuadro que tenía en frente. Una muchachuela de apenas ocho o diez años, con el vestido reducido a harapos, colgaba de una soga donde con pinzas estaban enganchadas sus dos trenzas. Estaba maniatada, con las manos empuñadas contra el vientre, y sus genitales cubiertos por un montón de tiritas adhesivas. Había hilos de sangre bajando por sus piernas. Su carita magullada chorreaba secreciones que se mezclaban con su propio llanto.

—… abuso infantil.

— Mira los contornos de la imagen.

"Compresas higiénicas, tampones manchados, pastillas, preservativos…"

—… está corrompida.

Hyung sacó un bloc de notas y tomó apuntes con un lápiz azul.

— ¿Algo más?

— ¡Pobre niña! — gimió Iván — Es cierto que desde pequeños deben estar educados y preparados para adentrarse en el mundo adulto, pero… ¿tiene que ser de una manera tan agresiva?

— ¿Piensas que no hay suficientes filtros?

— Tal vez por esto está tan asustada… y herida.

— Exponemos a los inocentes a una realidad cruda y descarnada sin enseñarles antes a defenderse. Hoy las agresiones contra el desarrollo sano y natural de la sexualidad están en todas partes, ya no de una manera que lo restringe, sino que lo deprava. ¿Compartes mi opinión?

— Ehm… creo que sí.

— Sigamos con el resto de la exposición— sugirió el joven de trenza, tras tomar las últimas notas en su libreta — Si ves algo que llame tu atención y crees que me dé una idea sobre qué escribir, avísame.

— ¿Y cómo se supone que sepa qué…?

— Sigue tu intuición.

(***)

— ¿Sabe, señorita? Creo que tiene talento. La llamaremos.

"La llamaremos".

Esa frase de mierda que los encargados de selección de personal dicen al final de las entrevistas de trabajo para sonar 'políticamente correctos'.

"La llamaremos".

Un elegante eufemismo para no escupirle directamente a la cara al ilusionado aspirante "abandona tus esperanza". Es el "no eres tú, soy yo" del mundo laboral, retocado de una sonrisita falsa que trata de pasar por simpática, para no derrumbar la autoestima del rechazado.

Kim Ly no podía creer que aún teniendo un currículum bastante completo y una disposición conformista respecto al sueldo que recibiría por trabajar en el local, el hombre que la entrevistara no mostrara mayor interés por contratarla. La había acompañado hasta la puerta, despidiéndose con un mecánico, un falsísimo… "La llamaremos".

— Tal vez… mis expectativas eran demasiado altas— suspiró para sí misma. Llevaba varias copias de su currículum en una carpeta que traía en las manos, solo porque había contemplado la ínfima –casi imposible- probabilidad de que el trabajo que el contacto hecho por Yao le había ofrecido no le convenciera del todo, o bien… que ella no fuese del todo convincente para el puesto.

Apenas puso un pie fuera del local de comida china, se sorprendió a medio centímetro de chocar de frente con alguien. Posiblemente se tratara de un cliente que iba con muchísima prisa, y que quisiera empujarla a un lado para pasar.

Cual fue la sorpresa de Kim al sentir que la persona con la que casi impactó la sujetó con firmeza por los hombros.

— ¡Kim Ly!

— ¡Ah…!

Era María.

— Estaba buscándote.

— A-ah…

Las palabras habían formado un intrincado nudo en su garganta, y se negaban a salir.

— ¿Tienes un momento? — preguntó la mexicana en un susurro afligido — Hay … algo importante que debo decirte.

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Con todo y la contrariedad de su encuentro, la vietnamita aceptó la oferta de María, y juntas fueron a un pequeño café que a esas horas casi no tenía clientes. La latina invitó. Kim Ly se sentía abrumada y extraña compartiendo una taza de café con leche con la joven que hacía tan solo unas semanas la había echado a escobazos de la casa donde estaba empleada como sirvienta. ¿No se supone debería enrostrarle lo mal que la estaba pasando por su culpa? ¿No debería haberle escupido algo venenoso o sarcástico a la cara en respuesta a lo mal que la había tratado…?

Cualquier otra persona en su lugar lo haría.

Pero había en los ojos de la morena un sincero arrepentimiento que hacía a Kim Ly sentirse repulsiva de solo pensar en consumar una venganza, un desquite, devolviéndole su hostilidad pasada con una contestación igual o más agresiva.

— Después de que te fuiste, hablé con Alfred— explicó María, apartando momentáneamente su tacita de café — Él me lo ha explicado todo. Y yo…

Un largo silencio.

Un sorbo de bebida amarga, caliente, flotando en la boca de la asiática.

—…Lo siento tanto, Kim.

"Lo siento".

— Nunca debí… yo no quería… ¡oh! Malinterpreté tantas cosas…

La cara de la americana estaba roja de pena. Sus ojos se cubrieron de una película acuosa, se enrojecieron.

—… te pido perdón, de todo corazón. Actué muy mal. Debí… ¡debí haber hablado directamente contigo! Pero tenía tantas dudas, tanto… miedo. No podía. Me sentía mal de solo verte; tan… insegura.

— ¿Por qué?

— ¡Porque…! Porque… Alfred compartía cosas contigo. Cosas… que no compartía conmigo. Sus dificultades en la universidad, su pasión por los automóviles, su amor por el chili con carne que te pedía todas las tardes, sus chistes malos de 'toc-toc'. Yo solo pensaba "¿Por qué no hace esas cosas conmigo?". Sé que son detalles, cosas muy pequeñas, pero… las relaciones se nutren de eso: de cosas simples, de conversaciones triviales y otras minucias que se comparten, y que aparentemente son tonterías, pero que hacen que las personas tengan intimidad. Y ustedes dos me parecían tan íntimos. Más incluso de lo que me parecía que éramos él y yo.

— ¿Y nunca pensaste que aún con todo y lo unidos que éramos, Alfred te eligió porque solo tenía ojos para ti? — preguntó la chica, tal vez con más seriedad de la que quería. María se encogió en su silla.

— Egoístamente, creí que eso no era suficiente. Pensé que tarde o temprano sería desplazada por todas esas cosas que ignoraba de él, y que tú sí sabías. Pensé realmente que él te preferiría por sobre mí para ciertos asuntos muy personales. No creía ser capaz de soportar que otra chica fuera tan cercana a él, aunque solo fuera en ciertos aspectos. Soy su novia, se supone que yo… que yo debería…

— Siempre me habló muy bien de ti.

— ¿Ah, sí?

— Sí. Créeme cuando te digo que, pese a la cercanía que teníamos, jamás hubo algo más entre nosotros— dijo Kim Ly — Siempre estabas tú en su mente, en sus conversaciones, en sus sueños. Siempre tú. Yo solo lo oía cuando nadie más parecía querer hacerlo.

— ¡Oh! ¿Tú también lo has notado…?

— Es un chico muy solitario en el cual sus padres han depositado las más altas expectativas. Eso, aún para la edad que tiene, es demasiada presión. Buscaba escapes, y encontró algunos de ellos en mí, simplemente hablándome de sus penas y preocupaciones, y compartiendo algunas alegrías de vez en cuando. Eso nos hizo unidos. Pero jamás lo vi tan pleno como cuando ustedes dos comenzaron a salir.

Jamás tuve intenciones de entrometerme en su relación. Es más, me sentía bien al verlo tan contento, al oírlo hablar de ti con tanta pasión y notar cómo le brillaban los ojos cuando soñaba despierto. Quise acompañarlo en su alegría, pero por lo visto, eso te incomodó. ¿No es así?

— Uh… sí. Pero ahora que lo dices así, me siento tan tonta. Me arrepiento de no haberlo hablado antes con ustedes para aclararlo todo, y en cambio, haberme comportado de forma hostil y desconfiada, solo por basarme en suposiciones que nacían de mi imaginación. Hice muy mal, en especial el día en que te corrí de la casa…

— Me perseguiste con una escoba.

— Y te grité cosas horribles. ¡Me avergüenzo al pensar en eso! — exclamó María — Kim Ly… ¿serías capaz de perdonarme? No solo por un alivio personal, no solo porque no pueda con la culpa… si no porque te he hecho un mal injusto y también le he hecho mal a Alfred. Solo arreglando las cosas contigo podré darle tranquilidad y hacer que se sienta mejor.

Tras pensarlo detenidamente unos segundos, la asiática respondió:

— Acepto tus disculpas, pero… ¿qué implica eso para mí? ¿Debo volver a la mansión de la que fui oficialmente despedida, por arreglo con la madre de Alfred?

— No tienes que hacerlo si no quieres, a pesar de que me gustaría que así fuera –porque la chica que llegó a tomar tu lugar es espantosa como sirvienta-. Sin embargo, si puedo hacer algo más por ti… dímelo. Dímelo, y yo haré cuanto pueda para compensarte el daño que provoqué al hacerte perder tu empleo.

— Pues…— inconscientemente, las comisuras de los labios de Kim Ly dibujaron una sonrisita esperanzada — Hay algo con lo que necesito ayuda.

— ¿Qué es?

— ¿Sabes de algún lugar donde necesiten a una trabajadora de medio tiempo? Me urge encontrar un empleo pronto, y la suerte no ha estado de mi lado. ¿Crees que puedas…?

— ¡Claro que sí! ¡Consultaré con todos los contactos de mis padres y los de la familia de Alfred a ver si tengo una buena oferta que pudiese serte de ayuda!

— Te lo agradecería mucho.

— Empezaré desde hoy mismo. ¿Podrías darme tu número de teléfono? Te llamaré en cuanto aparezca algo.

— Vale— la vietnamita anotó su móvil en una servilleta limpia, y María la guardó en uno de los bolsillos externos de su cartera — Entonces… ¿es todo lo que debías decirme?

— Si se me ha quedado algo en el tintero, te contactaré para que hablemos. ¡Uf, no sabes el peso que me has quitado de encima! Por un momento pensé que me mandarías al carajo… en fin. No sería la primera vez que me equivoco contigo.

— No es mi estilo.

— ¿Sin rencores?

— Pregúntame eso cuando tengas una buena oferta de trabajo para mí.

(***)

Al llegar a casa, Hyung e Iván encontraron a Carlos dormido en uno de los sillones de la sala de estar. Su bata blanca con la insignia de 'practicante' estaba hecha un bulto entre dos cojines, los raídos zapatos deportivos en dos extremos distintos del habitáculo, y la guayabera floreada del cubano abierta hasta casi la mitad. Tenía la cabeza caída, con el mentón apoyado contra el pecho, y los vellos de su torso mojados con la saliva que le resbalaba desde los labios entreabiertos.

— ¡Pobre hombre!

— Se resfriará si se queda ahí.

— ¡Espera, Hyung…!

El coreano se aproximó y lo despertó remeciéndolo sin ninguna delicadeza.

— ¡AH…!

— ¡Arriba!

— ¿No hallaste ninguna forma mejor de hacerlo? — reprendió el eslavo con una sonrisita incrédula — Luego te preguntas por qué es tan brusco contigo.

— Puta madre…— gruñó el caribeño. Se adecentó un poco y se incorporó para darle un palmetazo en la nuca al asiático.

— ¡Hey, estaba haciéndote un favor! — protestó.

— ¡Bruto!

Los dos intercambiaron golpes infantiles que poco a poco fueron incrementando su fuerza, hasta que Iván los detuvo.

— Ya basta, o van a enojarse de verdad.

— El viejo Yao dejó algo para ustedes en la cocina. Yo ya comí. Debo ir a ducharme. En breve bajaré a hacerles compañía, aunque sea bebiendo una taza de café mientras leo algunos manuales.

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Carlos se retiró subiendo perezosamente las escaleras. Los otros dos jóvenes procedieron a servirse el contenido de la olla, y mientras comían, empezaron a charlar:

— ¿Qué te pareció la exposición?

— Curiosa.

— Vi que estabas bastante incómodo al principio, pero al final, parecías hasta encantado con lo que veías— comentó Hyung con extrañeza — Aún cuando el calibre de las imágenes iba subiendo en su crudeza. ¿Por qué tanta insensibilidad en la última parte? Creo que hasta te vi sonreír.

— ¿En serio? — preguntó, con la boca llena — Pues no lo sé. Supongo que aguanto bastante bien esos temas una vez que empiezo a familiarizarme con ellos. Ir comentando contigo las fotografías y otras ideas afines hizo que al final pudiese verlas con otro foco…

— Y sonreír.

— Siempre estoy sonriendo.

— Es cierto, lo que me perturba es que esta no haya sido la excepción.

— Lo que no quiere decir que no me sienta afectado— se excusó, tocándose el pecho con la mano abierta — Solo porque no lo aparento, no quiere decir que esos temas no me conmuevan.

— Te creeré.

— ¿Puedo decirte algo sin que te ofendas?

— No sé, ¿puedes?

— Imaginé que serías distinto.

Hyung dejó de masticar, y miró a Iván con cara de no haber entendido nada.

— Me refiero a tu… ejem… a tu…— comenzó a atorarse de nerviosismo — Pensé que serías más como…— tras pensarlo detenidamente, realizó una floritura exagerada con la mano, moviéndola hacia atrás por encima de su hombro.

— ¿Amanerado?

— No era esa la palabra que buscaba…

— ¿Pensaste que ser gay implicaba que debía comportarme como una 'loca'?

— ¡No…! No, no, no quería decir eso— se excusó de nuevo el ruso — A lo que quería ir, es que no se te nota. D-digo, es que con todo esto de los estereotipos, pensé que podría percibir alguna actitud reveladora en ti: modales más delicados, ciertas frases que son 'clichés' y que la gente les atribuye a… ustedes. Pensé que existía alguna señal universal para saber distinguirlos, pero vi que eres… que son…

— Normales. Como todos los heterosexuales— interrumpió el coreano — Podemos camuflarnos entre ustedes. No tenemos diferencias tan insalvables, es solo una cosa de gustos.

— Lo entiendo. Solo que desde la ignorancia las cosas se ven muy distintas a como son en verdad.

— Lo importante es que sabes reconocerlo. En cambio, he tenido la desgracia de hablar con otras personas que, incluso declarándose tolerantes, son muy cerradas y mantienen ideas que son incorrectas con respecto a la gente como yo. Por ejemplo, pensar que un hombre que gusta de otros hombres, no puede comportarse de otra manera que no sea conforme a este arquetipo de 'gay-loca' que es tan ofensivo, al menos para quienes no actuamos así.

— Oh…

— O quienes creen que en una pareja homosexual, los roles son fijos y estables.

— ¿Qué quieres decir con eso?

— Que necesariamente debe haber una de las partes de la pareja que haga el papel de mujer, y otro el de hombre, y así se mantengan por siempre jamás.

— ¡Ah!

— La gracia de la intimidad en una pareja de dos hombres, es que van 'vuelta y vuelta'— explicó el joven motorista con una sonrisa picarona. La cara pálida del eslavo enrojeció levemente.

— ¡No quiero detalles!

— ¡Bah, no te hagas el santurrón! Seguro ya lo imaginaste todo.

— No quería hacerlo.

— Se siente bien experimentar…

— ¡Hyung, basta, por favor!

— ¿Sabes qué pienso? Que los demás no pueden entenderlo si no hasta que lo viven o lo presencian de manera vívida. No conocen lo que es un homosexual hasta que ven a uno desenvolviéndose como tal, o bien, hasta que no descubren que ellos lo son. Solo entonces pueden ver que detrás de los prejuicios, los mitos y estereotipos, la realidad es mucho más compleja a la vez que cercana. No somos seres extraterrestres, tampoco simplones. Tenemos en común con las mayorías heterosexuales mucho más de lo que ellos creen.

Iván prefirió callar y vaciar su plato con la vista clavada en él. Hyung terminó primero, y se levantó para dejar la vajilla sucia en el lavadero. El silencio se tornó tan incómodo que en medio de la tensión, el ruso se atoró varias veces con la comida por tratar de tragar más rápido. Cuando limpió con la servilleta algunos restos que habían manchado su boca, Hyung se le acercó de nuevo por el costado, increpándolo con una mirada insinuante que, pese a no haber visto, el rubio percibió por la forma en que se erizaron los vellos de su cuerpo.

— ¿Dije algo que te molestara?

— No.

— ¿Hice que te sintieras mal?

— No.

— Pues no parece. Me dejaste hablando solo.

— Cuando no tengo nada que decir, que contribuya al tema, prefiero callar.

— Sabia decisión. Pero conmigo no debes tener miedo a equivocarte. Es más. Siempre puedo enseñarte si lo que quieres es algo de ayuda para entender mejor.

Para cuando Iván subió la vista con las intenciones de replicar, las manos del asiático lo asieron con firmeza por la mandíbula. Un segundo después, los labios de ambos entraron en contacto. El beso no tuvo nada de forzoso, no obstante, en lo que duró, los escalofríos recorrían el espinazo del más nuevo de los residentes inmovilizándolo por completo, con la misma efectividad que si veinte luchadores de sumo estuviesen afirmándolo mientras su amigo se deleitaba con aquel imprevisto gesto.

Solo cuando Hyung entreabrió levemente los labios para incitar a su compañero, este reaccionó y se apartó atrás con un brinco.

— ¿Te gustó?

— U-uh…— gimió, completamente confundido — ¿Por qué lo hicis…?

— Es tarde— interrumpió — Me iré a la cama. ¡Hasta mañana!

— Hy-Hyung…

— ¿Qué? — se volvió a mirarlo desde el umbral de la cocina — Ya sabes dónde puedes encontrarme. Ya sabes, en el caso de que te haya gustado y quieras repetirlo.

Dedicándole un malicioso guiño, se retiró, dejando al rubio completamente pasmado y solo en la cocina. Carlos llegó poco tiempo después, destilando un fuerte olor a jabón de pino, con un manual de anatomía en sus manos.

— ¿Verdad que estaba sabrosa la comida del viejo Yao? Ese hombre no hace más que superarse día a día… eh… chico… ¿te encuentras bien? ¿Iván?

El ruso fue incapaz de articular una sola palabra el resto de la noche.

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Continuará...

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Notas de la Autora:

Dicen que sin momentos homosexuales, no hay amistad...
Ah, pero... (8) Hay un límite que rompe el deseo~ (8) (?)

¡Gracias a Julchen awesome Beilschmidt, Sanzen, Ludmilla Llanoscosta, Mitsukuri Ryoko, Dangara2610, Dazaru Kanchu y Tammy por dejar sus comentarios!

¡Hasta la otra semana!