Como ya saben, InuYasha no me pertenece, pero esta historia si lo hace.

Gracias a: Isa, Neri Dark, Blue-Azul-Acero, ClauGazz, Nina LOVE 08, abigz, Yurashi, ananeko123.

Chicas, tuve problemas personales y estuve alejada de la tecnología por un tiempo, espero que comprendan.

Bueno, hablemos de la historia y de los reviews que han dejado. Si, Kōga sigue deprimido y Ayame como que ya se hartó de él así que quien vamos a ver qué pasará con ellos… bueno, les aviso que van a haber muchos flashbacks para que sepan varias cosas del pasado de ambos. También pondré flashbacks de lo que ha pasado en Las Vegas y que no han leído. Espero que les guste, me dejen una opinión y disfruten la lectura. Besos!


3.

― ¿Kōga? ―Ayame tocó varias veces a la puerta de su habitación―. Sé que estás ahí… puedo oír la televisión.

El sonido de la tele se apagó de repente. Ella suspiró.

―Vamos, abre, quiero hablar contigo. Miroku y Sango me han dicho que no has comido… o que comes de más, ¿estás bien? Me dijeron que no has dejado el cuarto para nada, por favor sal.

La puerta se abrió súbitamente. Kōga tenía barba, usaba solamente unos bóxers y la veía con desdeño.

―Que quieres ―soltó con rudeza.

―Saber cómo estás ―lo vio sorprendida―. ¿Es… estás llorando? ―dijo entrecerrando sus ojos.

Kōga negó como maniaco.

―No estoy haciendo tal cosa ―dijo inflando el pecho.

Ayame siguió con los ojos entrecerrados y asintió.

―Bien… ¿estás bien? ―dijo sin saber que decir.

Kōga la observó, se veía radiante. Su cabello rojo brillaba más que nunca, sus ojos verdes y grandes lo veían con mucha curiosidad y extrañó la mirada de amor que ella siempre le había dado.

―Estoy bien, puedes regresar con tu novio ―dijo con odio.

Ayame arrugó el ceño.

―Yo no tengo novio.

― ¿Y el americano?

― ¿Josh? Ah… si, nada importante ―se encogió―. No que tenga que darte explicaciones…

Kōga apretó los puños con fuerza.

―Bueno, solo venía a ver como estabas, hoy iremos de compras… por si querías ir con nosotros.

Kōga no dijo nada y se volvió a encerrar en su habitación, dejando a Ayame con las palabras en la boca.

―Maldito…

Sango la esperaba en la sala.

― ¿Qué pasó? ―preguntó viendo su celular.

―Ya sabes, lo de siempre. No sé qué le pasaba, está muy raro ―se encogió, dejándose caer en el sofá frente a Sango.

Su amiga suspiró.

―Yo creo que te quiere, cariño.

Ayame la vio con desgana.

―Sango, por favor… Kōga está enamorado de Kagome, olvídalo, solo no digas nada más. Ya no me importa si la quiere a ella o me quiere a mí, estoy cansada ―se restregó el rostro con las manos.

―Lo siento, nena ―simpatizó con ella.

Sango no había sido muy fan de Ayame en el pasado, Kagome era su mejor amiga y Ayame era la chica que odiaba a Kagome porque su novio se fijaba en ella, Rin había sido la mejor amiga de Ayame, pero ella no terminaba de tragar a Ayame, hasta que el viaje sucedió. Pudo ver otras facetas de Ayame y pudo conocer a la verdadera chica tras los celos. Era una chica divertida, con un gran corazón y alguien que había soportado demasiada presión familiar al ser unida en matrimonio con alguien que no la amaba. Podía decir que ahora la consideraba una amiga de verdad.

―Está bien… ya no importa ―sonrió con cansancio―. Solo me quiero olvidar de él. Y bueno… todavía me importa, así que solo quería saber cómo estaba. Pero si se va a portar como una adolescente… entonces no tengo nada que hacer. Me voy, saldré de nuevo.

― ¿Quieres que vaya contigo?

―No, quédate con Miroku y nos veremos en el café del hotel en una hora para salir de compras ―sonrió y salió de la habitación.

Kōga salió de su habitación, viendo por donde Ayame se había ido. Sango levantó su cabeza y lo vio despeinado, sin camisa y en bóxers. Parecía un ermitaño.

― ¿Lo escuchaste? ―dijo como quien no quiere la cosa.

Kōga se rascó la cabeza y asintió.

―Sea lo que sientas por Ayame… no creo que a ella le importe más.

Kōga no pudo evitar sentir algo en el pecho, un pinchazo de algo que ni siquiera sabía que era, creyó por un momento que era culpa o tal vez arrepentimiento por haber tratado a Ayame de esa forma durante todos esos años. Por primera vez en seis años sentía arrepentimiento y no era el mejor sentimiento.