CAPITULO 2: ERES TU…

Estaba bajando las escaleras cuando me encontré con mi guarda espaldas personal que, a su vez, era mi mejor amigo de la infancia. Es el hijo de la cocinera y del cochero, tiene una hermana mayor que, actualmente es mi sirvienta personal. Es un chico guapo, valiente y fuerte pero, a la vez amable y sumiso. Tiene el pelo de un negro intenso al igual que su hermana, sus ojos son de un color caramelo, y su piel ligeramente morena. Desde que era muy pequeña, siempre he estado jugando con él y con su hermana, ya que, mis padres no me permitían jugar fuera del palacio, ni tampoco acercarme a otras personas que no fuesen sirvientes nuestros. Pero, a mi nunca me importo jugar con ellos, ya que me lo pasaba muy bien y, aunque ella me lleve cuatro años, él es de mi misma edad así que no importa. Más tarde, ese niño creció y quiso convertirse en mi guarda espaldas, protegiéndome así de todo mal. Nunca pude entender su determinación respecto a su decisión pero, no quise pensarlo más y lo deje pasar.

Me dispuse a seguir bajando las escaleras, ya que, no me dijo nada, ni siquiera se movió ni saludo, así que proseguí mi camino. Hasta que cuando estaba a pocos metros de él, me dijo:

Estas preciosa…-dijo con un tono suave y con una cara embobada.

¿Perdón?-le conteste un poco indiferente, haciéndole saber que no me podía tratar de esa forma tan descortés .

Perdone mi atrevimiento princesa, pero no pude controlar mis labios y ellos solos formularon esas palabra que, debo decir, son bastante acertadas-dijo mientras ponía la mano detrás de la cabeza y sonreía tímidamente.

Yo quede sorprendida por lo que me había dicho, pero me calme y le respondí seriamente.

Pues controle sus labios para que esto no vuelva a pasar-le dije prosiguiendo a bajar las escaleras- No querrá que mi padre le corte la cabeza.

Mil perdones alteza, le aseguro que no volverá a pasar- respondió haciendo una reverencia mientras yo le daba la espalda bajando por las escaleras, haciéndole saber que la conversación había terminado.

Nunca pude comprender que es lo que se le pasa por la cabeza a este chico, siempre me trata de una manera sobreprotectora, sí, vale, es mi guardaespaldas, es su trabajo, ya lo se pero, hay veces, que me mira de una forma diferente, como si estuviera en trance. Pero yo como siempre, prefiero no darle importancia.

Llegué a la puerta del comedor y, antes de abrirla me quede pensando en que podía decirle a mi padre. Había pasado tanto tiempo sin verlo, que ya casi ni me acordaba de su cara. Pero siempre recordaré su mirada fuerte y firme, de esos ojos amatistas, sus rasgos perfectos para un rey, su voz seca y fuerte, y su pelo negro como la cueva mas oscura. Eso soy capaz de recordarlo gracias a los retratos de palacio, si no fuera por ellos, no seria capaz de recordarlo.

Me decidí y abrí la puerta, lo primero que vi fue la gran mesa del comedor, mas larga que ancha, y después toda la comida que había encima.

Que hambre…-dije en un susurro en el cual, intente contenerme para no abalanzarme sobre toda esa comida.

Pero un sonido extraño procedente del patio central del castillo me quitó de mi trance y me acerqué al gran ventanal que daba al patio. Cuando me asomé lo suficiente, noté como los guardias reales de palacio se preparaban para montar a sus fieles caballos. Por lo que pude notar había demasiado jaleo y griterío para que solo se tratase de un entrenamiento diario.

- Se estarán preparando para una misión.-pensé, y mis sospechas se confirmaron cuando en medio de todos los guardias, pude encontrar a mi guarda espaldas. Me extrañó porque, normalmente no tienen que ir con el capitán de la división. Siempre se las arreglaban bien sin él, ya que estaban perfectamente entrenados para cualquier situación que surgiera. Algo normal si les entrenaba mi guarda espaldas, quien era el mejor luchador de todo el reino, tanto con la espada como cuerpo a cuerpo.

- Habrá pasado algo grave en el pueblo.-dije mientras veía como mi guarda espaldas daba la orden de partida a la perfecta fila que habían formado los guardas montados a caballo.

No quise seguir pensando en el tema y me alejé del gran ventanal para, posteriormente, tomar asiento. Pero cuando estaba a punto de hacerlo me vi interrumpida por el aviso del sirviente que anunciaba la llegada del rey y la reina al comedor (al parecer mi madre se había reencontrado con mi padre antes que yo). El ruido de las grandes puertas del comedor que se habrían de par en par gracias a la ayuda de otros dos sirvientes, ese ruido al cual le puse toda mi atención, ese ruido que me avisaba de la llegada de las dos personas mas importantes de mi vida, esas dos personas a las que yo llamo padre y madre.

Mientras tanto en el mercado del pueblo…

¡Oye vuelve aquí ladrón!- pude escuchar a un mercader que le gritaba a un hombre vestido con harapos el cual, estaba huyendo apresuradamente de él. Nadie quiso ayudar al comerciante que perseguía angustiadamente al ladrón, por temor a que se vengara luego por haberle atrapado. Al ver que se iba acercando mas y mas a donde yo estaba caminando y ver que se iba a ir con las manos llenas y sin ningún problema, decidí que era lo mejor. Cuando solo estaba a dos metros de mi, notar que no se detendría por nada y, que se movía un poco hacia mi izquierda para esquivarme y, posteriormente perderlo de vista… Hice lo siguiente. Cogí aire, incline mi cuerpo hacia delante, al mismo tiempo que levantaba mi pierna derecha hacia atrás, mientras mi cuerpo giraba para que tuviera una mejor trayectoria y, así, llegar a mi objetivo, que era en principio (y siempre lo fue) parar en seco al ladrón con un talonazo en pleno rostro. Cuando comprobé que el ladrón estaba aturdido (por no decir K.O.) en el suelo, y que se quejaba llevándose ambas manos al rostro debido a que no pudo siquiera protegerse del golpe, ya que fue tan rápido que ni lo vio, lo que hice a continuación fue dirigirme hacia el mercader al que le había robado.

¿Está bien señor? ¿le ha hecho daño?- le pregunté para que dejara de mirarme con ese rostro ruborizado y, en parte para saber como estaba.

Eeeh… ¡S,Sii! Estoy perfectamente, gracias- logró pronunciar nervioso.

Dígame señor, ¿qué es lo que le ha hecho este individuo?- le pregunté con curiosidad. Sabia que le había robado algo porque le estaba gritando ladrón pero, aun así quería saber qué fue lo que le robó.

- ¡Oh! Por supuesto. Como no decírselo a la persona que me ha ayudado. Primero permítame que me presente.-estiró su mano para obtener la mía y darle un corto beso, a lo que debo decir que me asqueó bastante- Soy Luccio Di Stefano, un importantísimo mercader italiano, y he venido aquí para comercializar con este reino productos de mi región y poder intercambiarlos por algunos productos exóticos de este reino. Lo que esta "rata" quiso llevarse, es el objeto más costoso que tengo. Una extraña y costosa gema llamada zafiro, procedente de la India, y donde cuenta una leyenda hinduista que los ojos del demonio Vala se transformaron en semillas de zafiro azul, las cuales cayeron sobre la tierra sagrada de Sinhala en forma de gema.

Vaya, y todo esto por una simple piedra-pensé mientras el mercader continuaba con su explicación.

Fue una travesía agotadora la de la ruta de la seda, pero al menos todo ese trabajo mereció la pena cuando encontré la gema. Fue lo más bello que mis ojos habían visto… asta ahora. Que he podido encontrar a una mujer que se asemeja bastante a la belleza y el brillo del zafiro.- me dijo con una pequeña sonrisa y una mirada fugaz por todo mi cuerpo, en lo cual deduje que me había desnudado con la mente.

Mmm, no sé si tomármelo como un cumplido o, como un atrevimiento.-le dije con una ceja levantada y de brazos cruzados mientras le mandaba una mirada fría, con la cual le advertía de que no fuese mi segunda suposición. El mercader lo notó y rápidamente, mientras se le notaba en el rostro su vergüenza, se puso firme y con determinación respondió.

Disculpe si la he incomodado, pero tómelo solo como un alago- pronuncio mientras notaba que cada vez estaba más nervioso, así que, decidí cambiar de tema.

Como sea, voy a preguntarle al ladrón donde tiene su preciada piedra- dije mientras me daba la vuelta y, percatarme de que el ladrón no estaba en el suelo- ¿dónde está?-formulé esa pregunta mientras miraba a los alrededores.

Cuando me lo encontré estaba como a unos 5 metros de mi. Lo tenía de frente, pero lo que me preocupó más fue que no estaba solo. Estaba rodeados de bandidos que llevaban diferentes armas cada uno. Unos espadas, otros dagas, cuchillos y sables. -Al parecer quieren hacer una fiesta y divertirse un rato.-bromeé en mi mente. Sabia que no venían a eso, si no a cobrar la venganza de su compañero y recuperar su premio. Debían de ser unos 20, pero nunca tuve problemas para tumbar a números grandes. Todos me miraban con cara de pocos amigos y con ganas de desahogarse conmigo por los diferentes problemas que tuvieran. Observe que el ladrón al que hace pocos minutos había tumbado, se estaba apoyando en un compañero para poder mantenerse de pie- debí haberle dado más fuerte, así ni se movería- pensé para mi. Cuando observé que el ladrón estaba a punto de hablarme puse parte de mi atención en el, ya que no podía perder de vista a los otros bandidos.

¿ Crees que vas a salirte con la tuya? ¡Te equivocas! no sabes con que tipo de gente estás tratando, ¡míralos! Ellos son capaces de matarte de 5 maneras distintas antes de que vuelvas a poner los pies en el suelo.- me gritó señalando a sus compañeros mientras los observaba con una mirada de indiferencia y frialdad-¡¿Qué tienes que decir al respecto?!-preguntó con la vena en la frente, la saliva y sangre que le colgaba de nariz y boca, mientras sus compañeros se preparaban con sus armas a la inminente batalla más penosa de la historia.

Pues, debo decir que no son muy agraciados tus compañeros.- dije tranquilamente y notando como tensaban sus músculos y apretaban sus mandíbulas-pobrecitos me dan pena, ¿cómo se puede ir por la vida con esas caras?-seguía provocándolos para que esto fuera más divertido- deben de pasarlo muy mal cuando se miran al espejo, espera…¿se podrán mirar al espejo? mmm- pensé en voz alta poniendo la mano izquierda en mi mentón y cerrando los ojos para concentrarme mejor.

¡Y estoy harto, ATACAD!- les ordenó el ladrón a sus compañeros, que empezaron a correr todos a la vez.

El primero en estar lo suficientemente cerca de mi llevaba un cuchillo muy afilado. Corría hacia mi en línea recta, sin demorar en la velocidad, cuando lo tenía a dos metros pude escuchar como susurraba "je, ya eres mía". Yo solo dibuje en mi rostro una media sonrisa y, cuando estaba a punto de atravesarme con el cuchillo, lo esquivé rápidamente, le atrapé la mano, la golpeé contra mi rodilla para que soltara el cuchillo(lo cual hizo) rodeé mi brazo contra el suyo, de modo que quedara de espaldas frente a mi y yo levantaba cada vez mas su brazo por su espalda, mientras él se retorcía de dolor. Después coloqué mi brazo libre en su cabeza, la agarré y la estampé contra mi rodilla, haciendo que callera inconscientemente en el suelo. Los otros bandidos se quedaron congelados al observar lo rápido y fácil que me resultó tumbar a su compañero, creo que fue el concepto de ser una mujer. No se lo esperaban, y eso me encanta.

¿Quién es el siguiente?- pregunté mientras apoyaba la pierna derecha en el cuerpo inconsciente y me cruzaba de brazos, mientras mostraba una sonrisa atrevida de victoria.

Palacio:

No puedo expresar la felicidad que sentí al ver a mi padre entrar con mi madre, juntos, tan felices de estar juntos que no podría expresarlo con palabras. Entraron ambos cogidos de la mano, mi madre estaba verdaderamente bella. Vestía un vestido precioso de color añil que hacia resaltar el color de su blanca piel y su mirada esmeralda, así como también el hermoso dorado de su cabello. Estaba ceñido a su cuerpo por la cintura, la falda de vuelo estaba adornada con pedrería y flores, también distintas joyas plateadas colgaban de su fino cuello, como así también de sus orejas. Llevaba mangas desde los hombros asta la punta de sus dedos, ya que se ocultaban debajo de unos guantes largos que le llegaban asta el codo. Para mi madre llevar guantes es parte de su cultura, puesto que ella no es de estas tierras. Ella no es de tierras fértiles, de prados verdes, de ríos, ni de temperaturas suaves como mi padre. Ella provenía de tierras frías y húmedas, de fiordos y de montañas, las tierras del norte… que para mi eran un sueño aun por ver, ya que nunca había ido a contemplar tal maravilla de la naturaleza. Cada noche, cuando yo era niña, mi madre me contaba como de los cielos de sus tierras caían pequeños trozos de nubes ,como si fueran estrellas diminutas y brillantes, cubriendo así todo lo que no se movía de tierra blanca. Como deseaba ver un acontecimiento tan hermoso.

Cuando quise darme cuenta, mis padres ya estaban a escasos metros de mi. Los contemple con una sonrisa que mostraba toda mi felicidad mientras ellos hacían lo mismo.

Hija mía, como añoraba volver a verte- me dijo mi padre mientras habría sus brazos para amarrarme en un abrazo cariñoso y lleno de amor, a lo que respondí con la misma ternura.

Yo también padre- sentí como se me agarrotaba la garganta y se me empezaba a quebrar la voz.

Ya hija, no llores, estos son momentos felices, así que tienes que vivirlos con una sonrisa, ¿de acuerdo?- me consoló mi padre alejándose un poco de mi, para limpiar con su pulgar, una pequeña lágrima que corría por mi mejilla.

Pero padre estas no son lágrimas de tristeza, son lágrimas de felicidad, felicidad por estar toda la familia reunida al fin.- le respondí levantando la mirada para que no se preocupara.

Por favor dejen eso que al final me van a contagiar a mi también- contestó mi madre, casi llorando, que al momento de decir esto, se junto al abrazo que habíamos formado.

Ah mi familia… ¡cuánto os echaba de menos!-dijo mi padre aumentando la fuerza del abrazo, haciendo que mi madre y yo nos quejáramos un poco, pero inmediatamente nos soltó.

Bueno, será mejor que empecemos a desayunar, si no podríamos estar así asta el amanecer.-contestó mi madre recordándonos el tema principal de la reunión.

Claro amor- contestó mi padre dándole un pequeño beso en los labios, a lo que mi madre respondió gratamente. Cuando terminaron, cada uno se sentó en sus respectivos asientos, quedando los dos reyes en la cabecera de la mesa y yo a un costado de ellos.

Me llena de felicidad ver que aun se aman como el primer día.-pensé al ver el acto de amor que acababa de acontecer- Ojala encuentre yo a alguien que me ame tanto como lo haría yo.- Entonces, en ese mismo momento, se poso la imagen de aquella mujer, que se había colado en mi sueño. Inmediatamente reaccione sacudiendo mi cabeza- no puede ser- pensé- otra vez esto, pero ¿qué me pasa? – no podía creer que me estuviera pasando esto otra vez. Otra vez estaba pensando en un personaje ficticio, otra vez me estaba acordando de su bella imagen, otra vez volvía a sentir el ardor en mis mejillas…

Cielo, ¿te encuentras bien?- me preguntó mi madre- tienes la cara colorada, ¿tendrás fiebre?- me dijo poniendo el lomo de su mano en mi frente, para luego llevárselo a la suya y comprobar mi temperatura.

¡N, no madre!, estoy perfectamente, solo es que… tengo calor, eso es todo- respondí mostrando una sonrisa nerviosa y con lo primero que se me paso por la mente.

Si no lo supiera, creería que estás enamorada, hija- esta vez fue mi padre quien dijo esto, mientras bebía del buen vino que había en la mesa.

¡ Pa, padre!, ¡no diga estupideces!- contesté más nerviosa que antes y, por supuesto más colorada.

No me podía creer que mi padre dijera eso, ¿acaso era eso lo que parecía?¿es eso lo que siento cada vez que me acuerdo de la imagen de aquella mujer?¿es eso lo que hace que mi corazón se aceleré y que mis mejillas se tuesten de un color escarlata?- No, imposible, tiene que ser otra cosa. Yo no soy así, no soy de ese tipo de persona- me dije a mi misma para borrar cualquier pensamiento indecente que tuviera. De donde yo soy, mi reino, eso no está permitido.

¡Venga, tranquilízate no te pongas así! Solo bromeaba. Además, si alguien quiere acercarse a mi hija, tendrá que pasar primero por mi.- dijo con tono firme y mostrando una media sonrisa, a la vez que una mirada atrevida.

Yo decidí dejar el tema ya que no quería indagar más. Estuvimos comiendo durante unos 20 minutos cuando, repentinamente, tocaron la puerta y la abrieron abruptamente. De ella salió un guardia cansado, hiperventilando, se notaba que había estado corriendo durante un largo tiempo.

¡Majestad, hay problemas en el pueblo!- respondió el guardia.

¿Cómo?, ¿qué estas diciendo?-peguntó mi padre con tono serio y desenfrenado, estaba alterado, mi padre era un rey que cuidaba de su pueblo y de su reino, no quería nada malo le pasase a la gente por culpa de unos rebeldes.

Señor… en el mercado… hubo…-intentaba decir el guardia lo que mi padre quería escuchar, pero su respiración no le dejaba.

¿Hubo qué? Habla- contestó mi padre casi gritando.

Padre cálmese-le dije para que se intentara calmar y para hacerle ver que estaba asustando al pobre guardia. Mi padre lo notó y se calmó.

Por favor, respire hondo y cuénteme qué ha pasado- dijo ya mi padre calmado y con tono sereno.

Mi señor, hubo un robo en el mercado hacia un mercader y luego de eso, parece ser que hubo una pelea. Ocurrió por la mañana, mandamos al capitán Souma y a sus hombres, creímos que podríamos controlarlo pero se nos ha ido de las manos.- dijo y pude notar que mi padre se tensó.

¿Hay algún aldeano herido?- preguntó despacio. Pensaba que le iba a gritar al guardia por no haberle avisado antes, sin embargo, no lo hizo.

Cuando llegamos, había varios cuerpos inconscientes en el suelo, pero eran del grupo de bandidos que le intentaron robar al mercader- respondió el guardia.

¿Intentaron?- preguntó mi padre con curiosidad, la verdad a mi también me dejó intrigada, normalmente cuando a alguien le roban algo, no lo vuelve a ver jamás.

Si, al parecer alguien ayudó al mercader, pero al parar al ladrón, este se vio obligado a llamar a sus camaradas para darle un escarmiento.- le explicó el guardia a mi padre, quien ya iba comprendiendo la situación.

Ya veo… -respondió mi padre tocando su mentón con el pulgar y el índice.

¿Qué piensas hacer padre?- pregunté para saber qué iba a hacer y para saber si podía hacer algo.

Iré allí y pondré las cosas en su respectivo lugar- me contestó mirándome fijamente y levantándose de su asiento- tu te quedarás aquí con tu madre- terminó de decir.

Pero padre yo quiero ayudar, no me sigas tratando como a una niña, ya soy mayor para cuidarme sola- le dije mientras me levantaba con un tono serio- iré contigo-le contesté firme. No iba a permitir que algo malo le pasase a mi padre.

¡¿Hija?! – protestó mi madre.- no puedes hacer eso, podrían hacerte daño.

Y yo nunca me perdonaría si algo malo te pasase, hija.- terminó de decir mi padre- no se hablé más, te quedarás aquí y se acabó.

Pero padre…

He dicho ... que se acabó- sentencio mi padre con un tono seco y una mirada inexpresiva, que hacia mucho tiempo no veía. Bastó eso para que obedeciera.

De acuerdo, como usted quiera padre.- respondí haciendo una pequeña reverencia.

Recuerda que esto lo hago por tu bien hija mía, no lo olvides-dijo mientras se daba la vuelta y caminaba hasta la gran puerta para salir del comedor, acción que también hizo el guardia.- nos vemos luego queridas.- se despidió y salió de la puerta, cerrándola el guardia consigo.

¿Por qué siempre debe de haber algo que interrumpa este tipo de momentos?- dije apenada porque nuestro momento familiar había concluido.

El mundo está lleno de pecadores, gente malvada, sufrimiento y dolor… es algo con lo que tenemos que vivir siempre… y sin poder evitarlo.- me contestó mi madre mirando por la ventana.

Ella tenía razón, este mundo es muy cruel. Pero no podía estar ausente mientras mi padre podía correr peligro, ya lo hizo una vez por mi culpa, y casi no lo cuenta… Pero en ese momento me prometí a mi misma que iba a cambiar y dejaría de ser una niña miedosa, débil e ingenua, para ser una mujer capaz de llevar un reino con sus propias manos cuando reine. Así que, tenía que hacer algo que estoy segura que mi madre no le gustaría.

Madre, voy a retirarme a mi alcoba, estoy agotada por haber madrugado y quiero cambiar mi vestimenta a algo más cómodo.-le dije haciéndola saber que me iría a descansar, cuando en verdad, mi mente no pensaba lo mismo.

Claro hija, que descanses bien- me dijo mientras se acercaba a mi para darme un beso en la mejilla.

Gracias, nos vemos luego madre.- me despedí mientras salía del lugar y pasaba a estar en el gran pasillo.

Mi intención no era el ir a mi alcoba a descansar, si no todo lo contrario. Salir de palacio, ir asta el mercado y ayudar a mi padre en todo lo que pueda, no permitiría que se hiciera daño. Cuando pasé el gran pasillo me encontré con mi sirvienta personal a un costado.

¿Alis? ¿qué haces aquí?- le pregunte para intentar disimular lo que estaba haciendo, y en parte, también por curiosidad.

Señorita, sé que quiere ir con su padre. Y tengo ordenes explícitas de no dejarla ir ni de ayudarla.- me contestó rápidamente. Yo me quede sorprendida, ¿cómo es que siempre sabe todo lo que pasa en palacio?

¿Cómo…? Ah déjalo, tanto da, iré a donde se encuentra mi padre y ni tu ni nadie me lo va a impedir.- le dije con tono firme, para que pudiera comprobar mi determinación.

¿Quién mencionó que se lo iba a impedir?- dijo con una pequeña sonrisa en su rostro. Esto si que me desconcertó más.

¿Entonces, porque me dijiste que tenías ordenes explicitas para no dejarme ir, ni ayudarme?-le pregunte con curiosidad, no lograba comprender lo que decía.

Es verdad que tengo esas ordenes, pero no las voy a cumplir-contestó y eso me descolocó más- Ya que solo cumplo ordenes de vos. Usted tiene más poder sobre mi que el rey o la reina.

Entonces… ¡¿me ayudarás?!- dije entusiasmada.

Claro, yo solo sirvo para vos y si eso es lo que quiere, eso tendrá.-contestó sonriendo amablemente. Tenía que dar gracias por tener a una sirvienta/amiga como ella a mi lado.

Muchas gracias Alis.-le dije con toda sinceridad.

Aun no lo agradezca, primero debo sacarla de aquí, sígame.- me dijo mientras aligeraba el paso, yo lo único que hice fue seguirla.

Llegamos a la cocina, yo no podía comprender por qué estábamos allí, pero luego lo comprendí. En la cocina hay una puerta trasera que va cerca de los establos y por ese lugar normalmente no está tan vigilado, por no decir nada vigilado. Alis le pidió a la cocinera, su madre y la de Souma, que llamara a su padre para que me llevase en carruaje asta el pueblo. La cocinera no tardo nada en encontrar a su marido y, que este preparara el carruaje. Al cabo de 10 minutos, ya me estaba subiendo al carruaje y dándole las gracias a Alis por todo. Le pedí al cochero que me llevara al pueblo y con urgencia. Y, así como las palabras salieron de mi boca, así lo hizo él. En otros 10 minutos estábamos en el mercado del pueblo, baje del carruaje con la ayuda del cochero y pude divisar a lo lejos a mi padre luchando contra unos bandidos al igual que Souma y sus hombres. Estaba acongojada, no quería que pelearán y tampoco quería que se hiciesen daño, no podía dejar de ver como luchaban, ya sea cuerpo a cuerpo o con espada. Pero, mi atención se vio interrumpida por una larga melena negra azulada, que ondeaba cerca de donde estaba mi guarda espaldas. Al parecer estaba peleando contra Souma. Era una mujer, pero no podía verle bien la cara porque estaba de espaldas. Se movía ágilmente con golpes fuertes y secos, al igual que Souma. Cuando la mujer esquivó una flecha de uno de los bandidos que había en los tejados, pude verle el perfil y, para mi sorpresa, ya había visto ese rostro antes. No puede ser- pensé.

Tu…

Hace 20 minutos, en el mercado:

Ya me había encargado de la mitad de ellos mientras los que quedaban intentaban hacer todo lo posible para lograr hacerme daño o, por lo menos llegar a tocarme. Lastima que no lo logren. Cuando me estaba encargando de uno de ellos, detrás de él, encima de una de las viviendas, note, gracias a los rayos del sol, un brillo metálico que me avisaba de que había un arquero apuntándome a mi, lo cual me hizo suponer que su objetivo era yo. Tan rápido como pude, agarré al bandido con el que estaba luchando por el cuello, le di media vuelta para tenerlo de espaldas hacia mi, y lo acerqué todo lo posible a mi cuerpo, para que, de este modo, formara una especie de escudo humano, lo cual pude notar que funcionó debido al intenso grito que salió de su boca. Soltando el cuerpo inerte al suelo, miré de donde procedía la flecha y, buscando al culpable, me lo encontré volviendo a recargar una flecha. Solo que esta vez no tenía nada con que protegerme ya que, los bandidos que faltaban, estaban debajo de la vivienda donde se encontraba el arquero, esperando a que todo esto terminara.

¡Acaba ya con ella!- gritó el ladrón dándole el aviso al compañero.

Cuando estaba a punto de disparar, otra flecha apareció para incrustarse en su cabeza, lo que hizo que cayera de la vivienda y que los otros bandidos lo vieran.

Pero que demonios…- fue lo único que pudo decir el ladrón. Quedó atónito, buscó por todos los rincones intentando encontrar al culpable y lo encontró a unos metros de mi. Era Shun, mi amigo, estaba de espaldas a mi, sonriendo satisfecho por su acertado tiro. Con la mano que le quedaba libre se sacó el carcaj con flechas de su espalda, mientras se acercaba a mi para entregármelo.

Toma, creo que lo necesitas.- dijo mientras sonreía, yo lo único que hice fue tomarlo y ponerme el carcaj a la espalda mientras con la mano izquierda tomaba el arco.

Gracias pero, me las he arreglado bien sin él, y sin ti.- le dije con un tono de broma. Sabia que si no fuera por él no hubiera podido salir de la encrucijada en la que estaba metida, pero no quería hacérselo saber.

Claro, me lo suponía, es por eso por lo que disparé la flecha.- dijo aumentando más su sonrisa mientras miraba detenidamente a los bandidos que quedaban y a los que estaban muertos o inconscientes.- mm, ¿has hecho tu esto?- preguntó.

Por supuesto, ¿qué pensabas? ¿qué no iba a poder con estos bastardos?- le pregunté algo enfadada por su incredulidad.

No, solo pensaba en la pasada noche cuando te tuve que llevar a mi espalda hacia casa, porque no te dabas levantado.- dijo esto con toda la verdad del mundo mientras yo me acordaba de lo de esta mañana.

Como sea, vamos a terminar con esto cuanto antes.- dije sacando una flecha y colocándola en el arco, mientras tiraba de la cuerda asta tensarla todo lo que pude.

Estoy de acuerdo con eso- dijo mi amigo mientras desenvainaba su sable y se ponía en posición de combate.

Ja, no creeréis que podréis ganarnos, no ahora que somos un número mayor.-dijo con aires de grandeza.

Escucha sabandija, si yo sola he acabado con la mitad de tus "amiguitos", ¡entonces nosotros dos os vamos a dar una paliza a cada uno!.-le avise de forma amenazante- Diez no son tantos como para tocarnos.

Diez puede que no pero, ¿qué tal treinta?- dijo mientras señalaba a nuestras espaldas con una sonrisa que le hacía ver como un psicópata.

Miramos a nuestro alrededor y todo estaba lleno de bandidos asquerosos, en los tejados, delante de nosotros, detrás, en cada rincón… Estábamos completamente rodeados. Ojeé a mi amigo y sabia que estaba sorprendido, aunque no lo dejara ver. Yo estaba igual, no sabia que podíamos hacer, vale que seamos grandes luchadores pero ellos son bastantes y, para el colmo, estos se notaban que no eran unos debiluchos como los de antes, eran enormes…

-Mierda -fue lo único que pude decir al contemplar que esto no iba a ser tan fácil como antes porque, para empezar, ahora estábamos en el punto de mira de algunos arqueros.

Justo en ese momento escuche lo que venia a ser el sonido de una manada de caballos que procedía desde el fondo de la calzada. Me fije más y observe que se trataba de la guardia de palacio. Habran venido por algún aviso de los aldeanos.- deduje en mi mente mientras pude observar como se detenían y como los bandidos se daban media vuelta para verlos. Uno de los guardias se acercó más y pronuncio a viva voz.

-¡Soy el capitán Souma de la guardia real, y exijo que termine esta disputa enseguida!- exclamó con voz grave y seca.

-Je, para que pase eso primero deben vencernos.- respondió el ladrón con tono firme y amenazante.- ¡ATAQUEN!- gritó.

Y en un abrir y cerrar de ojos nos empezaron a atacar, a los guardias y a nosotros. Yo no paraba de lanzar flechas dando siempre en el blanco, y Shun no se quedaba atrás. A cada hombre que se le acercaba intimidante lo atravesaba con su sable, provocando que murieran al instante. Algunos guardias sucumbían, otros intentaban aguantar de pie, pero no lo lograban. Noté como poco a poco la guardia real sucumbía ante tal ataque e intentaban aguantar asta que llegasen los refuerzos, pero no llegaban, y a mi se me estaban terminando las flechas. En cosa de minutos nos encontramos reducidos asta ser tres mientras que nuestros enemigos eran doce. Estábamos atrapados aguantando cada golpe, yo, al verme sin munición, decidí coger una espada que había en el suelo para lograr defenderme de los ataques. No pasó mucho tiempo asta que uno de nosotros se hirió. Podía notar como Shun se quejaba por el corte en el abdomen, mientras yo no podía hacer nada porque me vi envuelta en un ataque que tuve que aguantar con el filo de la espada. Cuando pensaba que todo estaba perdido, divisé a lo lejos más guardias reales y, guiando a estos, estaba el rey en su corcel blando.

No me podía creer que el rey estuviera aquí, tampoco es que fuera tan importante ayudar a su pueblo, ningún rey se preocuparía tanto por ellos, eso lo sé. Los guardias, aun montados en sus corceles, empezaron a atacar sin piedad a los bandidos que quedaban, pero algunos sucumbían debido a las flechas de los arqueros que quedaban. Yo, al deshacerme de mi enemigo, fui a ayudar a Shun que estaba arrodillado en la calzada, tapándose la herida para que esta dejara de sangrar. Cuando estaba a su lado me deshice de otro enemigo que intentaba insertarle el golpe de gracia.

Shun escucha, aguanta ¿vale?, saldremos de esta, ¡lo juró!- le dije para que se tranquilizara, mientras observé como el capitán peleaba raudamente contra un ser inmenso, y como se le estaba acercando otro por la espalda. Sabía que debía intervenir y raudamente dejé a mi amigo y me acerqué a donde estaba el capitán. Él ya había terminado con el que estaba luchando, cuando yo me acerqué y e grité.

¡Cuidado!

Él se dio media vuelta y observó como atravesaba el pecho del bandido por la espalda. Saqué la espada y con ella mucha sangre, mientras el cuerpo caía inerte al suelo. Noté como el capitán me observaba atónito la escena, pero su mirada y su semblante cambiaron cuando observó mi rostro.

Tu rostro… me suena de algo.- dijo mientras entrecerraba sus ojos, fruncía el ceño y tensaba cada uno de sus músculos. Yo solo lo observe incrédula por lo que dijo. No le había visto nunca en la vida, y si lo hubiera visto no olvidaría su rostro, eso seguro.

Ahora me acuerdo...- dijo abriendo los ojos como platos- ¡Tu fuiste con la que me peleé la pasada noche!- gritó entre dientes mientras me apuntaba con la espada.

¿Qué?- no lograba comprender lo que me decía asta que, recordé lo que me había dicho Shun esta mañana.- Así que fue con él con quien me peleé, de seguro tendría mis motivos.- pensé. Y justo en ese momento intentó atravesarme, pero yo lo esquivé.

¡¿QUE CREES QUE ESTAS HACIENDO?!- le grité furiosa.

Retomar venganza por lo que hiciste la pasada noche, y de pasó, capturar o matar a una de las más peligrosas caza recompensas.- respondió mientras empuñaba firmemente la espada contra mi. Al parecer conocía quien era, y no iba a dejar que me capturara. Así que lo único que pude hacer fue ponerme en posición de combate, mientras esperaba su ataqué, que llegó potente y raudo.

Estuvimos peleando entre nosotros un largo tiempo, mientras los guardias seguían luchando contra los bandidos que quedaban. Cualquiera que estuviera cerca de nosotros podría escuchar el sonido del filo de nuestras espadas mientras las golpeábamos una con la otra para intentar llegar a nuestro objetivo. Tuve que mantener uno de sus ataques porque no pude esquivarlo, fue en ese momento cuando noté que detrás de el un guardia había sido alcanzado por una flecha. Así que, mientras me mantenía en esa posición defensiva traté de buscar al arquero que la había lanzado. Lo encontré de nuevo en el tejado de otra vivienda y, noté que había lanzado otra flecha, solo que esta vez su objetivo era yo. Raudamente me separé del capitán y con ello, de la flecha que quedó incrustada en el suelo. Noté como el guardia quedó sorprendido al ver como esquivé la flecha, de seguro no sabía que había algún arquero cerca. Yo lo único que hice en ese momento fue maldecir al desgraciado que había lanzado la flecha pero, mi atención cambio cuando un pequeño brillo dorado pasó por mis ojos. Así que, curiosa, desvié la mirada a mi costado y allí pude observar a un ángel caído del cielo en forma humana. Era la mujer más bella que estos ojos pecadores habían visto en el mundo. Me quedé atrapada por esa mirada amatista que me observaba incesantemente.- Espera, ¿me esta mirando a mi?- pensé mientras escuche como gritaba el capitán que quedaba a mi espalda.

¡Princesa, ¿qué está haciendo vos aquí?, ¡debería estar en palacio!

Ella no le contestó, solo siguió mirándome atónita. Yo no podía dejar de mirarla, parecía una diosa. Tan resplandeciente como el sol, tan hermosa como la primavera, tan perfecta que parece que fue esculpida por el mismo Dios. Seguía mirándola detenidamente mientras, lentamente, mi cuerpo se iba moviendo solo, acercándose más y más, hasta estar a unos tres metros su presencia.

Princesa:

-No puede ser- dije en un susurro,- ella no puede ser la misma mujer que apareció en mi sueño.- decía mientras observaba como esa mujer se aproximaba lentamente a mi. Seguía mirándome y, noté como mi rostro empezó a calentarse. En ese momento escuché gritar a mi guarda espalda.

- ¡Eh tu! ¿ adonde crees que vas?- le gritó a la mujer que se estaba aproximando a mi que, parecía no tener ninguna intención de contestarle. Entonces noté como Souma intentó acercarse a ella, pero este, se vio interrumpido por un inmenso individuo que se interpuso en su camino. Rápidamente el bandido empezó a luchar contra él, mientras la mujer, ajena a todo lo que le sucedía a su alrededor, prosiguió su paso asta estar a unos tres metros de mi. Yo quedé asombrada por la belleza de aquella mujer- Es tan bella como en mi sueño- pensé mientras escuchaba un aviso en forma de grito de mi guarda espaldas.

- ¡Himeko, cuidado!- ese grito llamó mi atención y por instinto mire a mi costado para darme cuenta, de que era el objetivo de una flecha que había sido, anteriormente, disparada por un arquero.

Me quedé helada por lo que se me avecinaba. Una muerte inminente, una de la que no podía huir. Cerré los ojos por instinto y, lo siguiente que noté fueron unos brazos que me abrazaban fuertemente y un grito desgarrador que procedía de un hombre que no conocía pero, por lo que noté en el grito, conocía a la mujer que anteriormente observaba y, la que ahora me abrazaba.

- ¡CHIKANE!

continuará...


Hola y muy buenas a todos, aquí les dejo el segundo capitulo de esta historia, si, ya se que es mas largo que el anterior, pero solo quería resolver las dudas que pude generar en el capitulo anterior. Y, bueno, solo espero que no me maten por lo que le hice a Chikane. En mi defensa solo puedo decir que, sin esto, sería mas complicado que nuestras protagonistas se pudieran conocer XD. Y eso es todo. Estoy muy agradecida a las personas que criticaron mi historia, no saben como me alegra el día saber que a alguien le gusta la historia que escribo, en serio muchas gracias. Espero que a la gente le guste este cap y nada, no digo nada más porque me muero del sueño. Hasta otra pequeñ s