CAPITULO 3: Sentimientos Ocultos
Chikane:
Me había encontrado a un bello ser que no combinaba bien con el ambiente que había en ese momento. Una batalla, una encrucijada, una masacre… si, eso era más bien lo que parecía. Miraras donde miraras había sangre esparcida por el suelo y por los cuerpos inertes que yacían fríos en él. Desgarrados por las entrañas, atravesados por flechas, agonizando para luchar contra la muerte que, estoy segura, no tardaría en consumirlos.
No me podía creer que en medio de algo tan sádico, nocivo, horrendo… pudiera haber una belleza sin igual, como era ella. Una belleza de la cual estoy segura que fue el mismo Dios quien la creó. Tan perfecta que hasta un luthier* tendría envidia de sus perfectas curvas, tan brillante como el mismo sol en un atardecer, tan hermosa, que no logro encontrar nada que logre asemejarse. Mi mente se centró solo en ella, cortando cualquier conexión con el mundo…para mi, lo más importante en ese momento, era contemplarla, solo con eso, podía sentir que viviría eternamente. Noté como ella me observaba atónita, no dejaba de clavarme esa mirada amatista que tanto hacía estremecer mi cuerpo, y yo, tampoco me quedaba atrás con eso. Sentí una atracción indescriptible que me hacia acercarme a ella más y más, sin ser dueña de mi cuerpo. A cada paso que daba sentía como mi corazón salía de mi pecho y, sin darme cuenta, ya estaba tan cerca que era capaz de oler su aroma.
Fue todo tan rápido, ella estaba delante de mi, sin moverse, sin decir una sola palabra, solo mirándome a los ojos, y yo a los suyos. Contemplando una profundidad intensa y una calidez que me abrazaba. Note como su rostro se tornó de un rojo intenso, y yo, no pude más que sonreír por esa acción. Cuando estaba a punto de preguntarle su nombre que, de seguro iba a recordar durante el resto de mis días, un grito proveniente de mi espalda contestó de manera automática la pregunta que se había formulado en mi mente.
- ¡Himeko, cuidado!
Solo bastó con eso para que mis cinco sentidos se despertasen de la profunda droga a la que me había enganchado.
Al depositar mi vista hacia donde ella estaba observando, sentí un intenso escalofrío. Lo que observaba era una flecha que venía directa hacia el hermoso ángel que, se mantenía estático por lo que se le avecinaba. Yo, por instinto, la agarré y la atraje hacia mi cuerpo, poniendo mi espalda en dirección hacía donde venía la flecha. Lo siente que sentí fue una ardiente punzada en el lado izquierdo de mi hombro, luego de eso, todo se volvió negro…
Sentí una cálida luz en mi rostro que me empezaba a molestar y, por inercia, abrí los ojos con dificultad. Lo que me cegaba la vista era la potente luz del sol atravesando los cristales del gran ventanal que tenía a mi costado.- ¿dónde estoy?- pensé. Estaba desconcertada, no sabía donde me encontraba y tampoco sabía porque estaba tumbada en una cama tan grande y lujosa.
Miré a mi alrededor, descubrí que me encontraba en una gran sala que parecía ser una alcoba, pero que, por las inmensas dimensiones, no se asemejaba para nada.
Era preciosa, las pareces estaban decoradas con un gusto exquisito, llenas de tallados y de cuadros que parecían valiosísimos. Paredes que jugaban con colores como el celeste, el blanco y el gris claro. Decorada tanto en techos por cornisas, como por el suelo de rodapiés. La pared que tenía enfrente tenía una amplia chimenea blanca, con decorados de flores y hojas de oro en los costados. Tenía una larga repisa que sujetaba algunos joyeros.
Luego de ver a mi alrededor miré al techo y, por ende, a la lujosa cama en la que me encontraba. Era amplia y cómoda, con postes en la cabecera y en los pies de esta, sujetando el hermoso probador* que dejaba caer unas bellas y finas cortinas de seda blanca. Los postes de fuerte roble estaban decorados con tallados muy precisos y finos. Las sabanas blancas de suave seda y blanco algodón, las cálidas mantas grisáceas que me abrazaban… no tenía ganas de moverme pero, sabía que por muy cómoda que esté, este no es mi lugar, y necesito encontrar la respuesta del por qué estoy aquí.
Así que con lentitud intente levantarme, pero esto se vio interrumpido por un fuerte dolor en la espalda.
- ¡Ah!- grité mientras me volvía a acostar. Me llevé la mano derecha al hombro y, cuando lo toqué, pude notar que estaba vendado y que llevaba el brazo en cabestrillo. En ese momento empezaron a venirme una serie de imágenes a mi mente.
Me veía a mi y a Shun peleando con una serie de bandidos mientras los guardias de la corte nos ayudaban, me veía a mi peleando raudamente contra el capitán y, también pude recordar cómo me había hecho esta herida de guerra. Me había herido por intentar proteger a un hermoso ser que me tenía hipnotizada con esos profundos ojos amatistas. ¡ Oh Dios! Aun puedo recordar su aroma, su cálida y suave piel que hizo estremecer cada parte de mi cuerpo…
- Ah… daría lo que sea por volver a verla, solo con verla me conformo.- dije en un suave susurro mientras me llevaba el antebrazo asta tapar mis ojos, para que la cegadora luz del sol no me quemara las retinas.
Entonces en ese momento se escuchó un ligero ruido de unas puertas abriéndose, lo que llamó mi atención y, rápidamente posé mi vista hacía donde provenía ese sonido, para llevarme el regalo más preciado que me podían hacer. Ante mi estaba ese ángel caído del cielo con aspecto humano, ese ser que era más hermoso que cualquier atardecer, ese ser que hacía que mi rostro empezase a calentarse y que mi cuerpo empezase a estremecerse…- parece que Dios me ha escuchado- pensé.
Ella estaba intentando hacer el menor ruido posible mientras entraba en la enorme y lujosa habitación. Cosa que no funcionó ya que, en el momento en que cerró la puerta tras de sí y dio media vuelta para continuar su camino, la tina con agua que llevaba en las manos se le resbaló, cayendo de bruces al frio suelo. Contempló que ya estaba despierta ya que la estaba observando atónita. No hizo nada más, solo se quedo estática en el sitio, sin hacer nada, solo mirándome a los ojos tal y como lo hacía yo. Estuvimos así durante 5 minutos y, cuando pensaba que no íbamos a salir del tranque en el que habíamos entrado, ella habló.
- ¡V, vaya! parece que te has despertado…- dijo tartamudeando y con los pómulos rojos. Al parecer la ponía nerviosa, y eso hizo que yo también lo estuviera.
- S, si, jeje- reí nerviosamente, Dios no me podía creer lo estúpida que parecía en ese momento.
- Jejeje- al parecer le contagie mi estupidez.
Nos volvimos a quedar en un silencio incomodo en el cual ninguna decía nada ni hacía nada, solo nos observábamos. Y de nuevo, fue ella quien cortó el silencio.
- Bueno, será mejor que recoja esto - dijo mientras se agachaba para recoger la tina vacía y el trapo que llevaba consigo.
- Espere, deja que la ayude- le avisé, no podía dejar que ella lo hiciera sola. Pero en el momento en el que intenté levantarme el dolor pudo conmigo y me paré en seco, estando en una posición medio levantada.
- No se esfuerce- me dijo preocupada mientras volvía a dejar la tina en el suelo y empezaba a desplazarse despacio asta donde me encontraba.- Aun está recuperándose.
- Estoy bien, en serio, no se preocupe…- le dije mientras intentaba no quejarme para que ella no se preocupara tanto.
- Una persona normal, no se podría ni mover teniendo la herida que tiene- me dijo mientras continuaba su camino hasta estar a mi lado.
- Yo no me considero una persona normal- le avisé mientras sonreía atrevidamente.- Puedo no parecerlo pero, soy una persona bastante fuerte.
- La creo- me dijo rápidamente mientras me observaba detenidamente. Me sorprendió y la miré a los ojos.- Una persona normal ya hubiera perecido en el intento, pero usted, se ha aferrado a la vida. La admiro por eso.- me dijo descolocándome por completo- Los médicos dijeron que nunca habían visto a nadie que, aun perdiendo tanta sangre, se recuperase tan rápido como lo ha hecho usted.
No podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Sentía como mi temperatura iba en aumento, noté como caía una gota de sudor por mi frente y como mi respiración era pausada. Mi vista era nublada y mis oídos ya no llegaban a escuchar nada…
HIMEKO:
En cuanto noté que se iba a desmallar, por instinto, me abalance sobre ella para ayudarla pero, mi torpeza es superior a mi y, por haber resbalado con una sabana, me vi cayendo encima de ella. Estábamos acostadas en la enorme cama y yo, muerta de la vergüenza. Noté como mi rostro empezaba a calentarse y, no tuve el valor suficiente para moverme- Tierra trágame- pensé. Estaba a la altura de su pecho, sintiendo su respiración, escuchando los hermosos latidos de su corazón e impregnándome de su delicioso aroma. Una parte de mi decía que no me moviera pero, otra parte de mi decía que la ayudase. Entonces con un gran esfuerzo me incorporé de modo que mi peso no le molestara. Quedé a gatas encima de ella para, descubrir que estaba respirando con dificultad, sudando, y completamente roja. Llevé el lomo de mi mano a su frete para comprobar su temperatura y, mis sospechas de su estado eran ciertas. Efectivamente tenía fiebre, y mucha por lo que parecía. Estaba a punto de levantarme para pedir ayuda pero, cuando noté que abría los ojos y me miraba a mi, mi cuerpo no respondió, y se quedó inmóvil. Se sorprendió por verme encima de ella pero, no hizo nada más, solo me siguió mirando. Aun sabiendo que me tenía que levantar y explicarle la situación, no podía. Estaba en una especie de hipnosis, una hipnosis que me alcanzó en cuanto sus ojos miraron a los míos. Cuando pensaba que nos íbamos a quedar así hasta los confines del mundo, el ruido que procedía de las puertas me avisó de que alguien estaba entrando.
- Princesa le traigo la comida que me pidió- dijo mi sirvienta, mientras entraba con un carrito que portaba la comida recién hecha. Pero se quedó petrificada cuando me vio a mi encima de la mujer que me había salvado la vida.
- Me disculpo, debí haber llamado antes de entrar, le dejo aquí la comida princesa, yo ya me retiro- prosiguió mientras me miraba con unos ojos y una sonrisa que me decían- ya me contarás.
- ¡Espera Alis, no es lo que parece!- le llegué a decir antes de que saliera por la gran puerta, pero al parecer no me escuchó o no quiso escucharme, puesto que ya había cerrado la puerta consigo.
Yo solo expiré y pensé en cómo podía explicarle lo sucedido sin que su alocada mente enredará los hecho para parecer otra cosa. Sé cómo es ella. En cuanto le explicas algo puede andar con segundas y malinterpretarlo.
- No quisiera incomodarla pero, ¿podría levantarse?- rápidamente miré a la mujer que tenía debajo de mi y, con rubor en mi rostro, me levanté para que ella estuviera cómoda.
- Lo lamento sí la he molestado, es solo que, cuando se desmayó intente ayudarla pero, debido a mi torpeza, acabe encima suya, me disculpo- le dije mientras miraba al suelo por la vergüenza. No podía mirarla a los ojos, no sé por qué, pero no podía.
- No se disculpe por favor, no me ha molestado, solo…me ha sorprendido, eso es todo.-me remató de decir mientras se situaba para terminar sentada frente a mi.
No podía creer lo que estaba escuchando,- ¿cómo no le molestó?, ¿en verdad no le importó?- formulé esas preguntas en mi cabeza mientras la miraba con una sonrisa tímida- espera, ¿por qué sonrió?- pensé. Es increíble lo extraño que estoy actuando hoy, y sobretodo con ella delante. Cada vez que estoy con ella, algo en mi ser cambia y no consigo controlar mi cuerpo. Notó que, cada vez que esos ojos zafiros me observan, los latidos de mi corazón aumentan y mi cuerpo se estremece. No sé lo que me pasa pero, solo sé que esto no me había sentido así antes. Algo en ella me decía que era especial, y debe ser verdad porque, hablando con ella, siento una confianza inmensa que no había sentido con nadie que recientemente había conocido, y menos de la forma en cómo la conocí.
Un sonido procedente de su estómago me sacó de mis pensamientos e hizo que automáticamente la mirase. Me la encontré un tanto ruborizada, y tocando con su mano buena su vientre. Al parecer tenía hambre y no lo quería reconocer.
- ¿Tiene hambre?, ¿le gustaría comer algo de lo que pedí?- le dije mientras señalaba el carrito que anteriormente había traído Alis.
- No por favor, esa comida es suya, la que debe comerla sois vos no yo.- me respondió mientras negaba con su mano buena y sonreía tímidamente.- no debe preocuparse tanto por mi.
- Por favor, es lo menos que puedo hacer por la persona que me ha salvado la vida,- le dije, mientras me acercaba al carrito para levantar la tapa del plato y llevarlo conmigo hasta donde se encontraba ella.- Por favor déjeme agradecérselo.
- Estoy bien, en serio. Además, usted ya ha hecho suficiente por mi, trayéndome aquí y curándome. Lo menos que debería hacer sería irme, para que no la molestase más.- me dijo mientras intentaba ponerse de pié pero, no llegó a ponerse del todo levantada debido a que se dio cuenta de que no levaba ropa.
Su parte de arriba la tapaba las vendas pero, su parte de abajo no se lo tapaba nada. Esto no me sorprendió debido a que fui yo quien mandó que se le lavara su ropa.
En cuanto se dio cuenta de esto, se volvió a tapar con las sábanas y se quedó mirándolas con rubor en sus mejillas. Yo solo me reí por la acción, no creí que una persona como ella tuviera vergüenza pero, pensándolo mejor, no la conocía, así que no sabía como era, ni que cosas le gustan o le disgustan, ni siquiera cómo se llamaba…-espera, si sé como se llamaba, lo había escuchado antes- dije en mi cabeza y empecé a pensar, hasta que un nombre apareció raudo en mi mente y, sin darme cuenta, lo pronuncié en un susurro.
- Chikane…
- ¿Cómo es que sabe mi nombre?- me preguntó, lo que hizo que saliera de mis pensamientos.
- ¿Qué?- dije, no llegué a escuchar del todo lo que había dicho.
- Decía, que ¿cómo es que sabe mi nombre?- me repitió.
- ¡Ah!, así que es así cómo se llama, ¡bien! pude acordarme.- dije mientras sonreía ampliamente por mi acierto.
- No recuerdo haberme presentado- me dijo con duda.
- No lo ha hecho, fue su amigo el que lo hizo cuando grito su nombre, en el momento en que la flecha atravesó su cuerpo.- le respondí, pero esto hizo que ella se pusiera nerviosa y alterada.
- ¡SHUN!- gritó- ¿dónde está?, ¿está bien? dígame- pregunto asustada y nerviosa. Al parecer era alguien importante para ella.
- No se preocupe, él está bien. Se encuentra en una de las alcobas de palacio, recuperándose de sus heridas.- le expliqué para que se calmara.
- Gracias a Dios-suspiró- Cualquier día conseguirá que me mate de un susto.- dijo un tanto enfadada.
- Parece ser que es una perdona muy importante para vos- le dije mientras sonreía y me sentaba en la cama para a continuación ayudarla a comer.
- Si, es uno de mis más leales compañeros. Mi más íntimo amigo.- me respondió.
- Me alegra escuchar eso- dije con la mirada perdida. Algo en mi interior no estaba de acuerdo. Algo hacía que mi corazón empezara a latir rápidamente y que me empezara a hervir la sangre. Por Dios, cualquiera diría que tengo celos, pero ¿de qué?.
- Cambiando de tema- dijo haciendo que mis pensamientos se esfumaran- Usted debe ser la princesa Himeko ¿verdad? Ya que su sirvienta lo dijo.
- Así es, yo soy la princesa de este reino.- afirme.
- Me siento muy honrada con vuestra presencia, y muy agradecida por su ayuda- dijo mientras agachaba la cabeza como si se estuviera inclinando.
- Por favor, soy yo la agradecida, de no ser por vos, ahora quizás, no estaría aquí- le dije recordándole que me ha salvado la vida.
- Solo hice lo que cualquiera habría hecho- dijo mirándome.
- No creo que cualquiera que me acabase de conocer lo hubiera hecho.- le rematé de decir.
- A lo mejor yo soy especial- dijo sonriendo.
- Puede ser, no lo pongo en duda.- le dije sacando mi mejor sonrisa.
De un momento a otro, nos encontrábamos riéndonos sin ninguna explicación. Estuvimos así como 2 minutos y después de parar para coger aire le dije:
- Bueno, será mejor que coma algo, no quiero que se vuelva a desmayar.- le dije mientras cogía con el tridente un poco del guiso para llevárselo a la boca.
- No se preocupe, ya puedo hacerlo yo- dijo.
- Si puede hacerlo explíqueme, ¿cómo va a ser capaz de sujetar el plato y de coger la comida?.- le dije haciéndole saber que su otra mano estaba en cabestrillo y que no podía moverla.
- Ahí me ha pillado- dijo mientras observaba su brazo malo, y sonreía tímidamente.
- Lo sé, así que no se preocupe más y coma- dije acercándole de nuevo la comida a la boca.
- Solo una cosa más- dijo - me gustaría que me tratase de tu en vez de a usted.- eso me sorprendió porque, siempre me habían enseñado que tratara a la gente de una forma coloquial, tal y como lo haría una princesa. Nunca me había referido a nadie de forma romántica* pero, aun así, pude responderle.
- Solo lo haré si "tu" lo haces también conmigo.- le dije mientras le volvía a ofrecer el alimento.
- De acuerdo- dijo antes de morder la comida que le ofrecía.
Así que, de un momento a otro, me encontraba dándole de comer a la persona que me había salvado, y la que me hacía sentir estos extraños sentimientos. Esa persona a la que ahora, podía llamarla y dirigirme a ella por su nombre…Chikane.
SALÓN DEL TRONO, SOUMA:
- Alteza, con todos mis respetos, no creo que sea buena idea tener en palacio a una de las caza recompensas más buscadas del reino- le advertí para que se diera cuenta de que esto podría acabar mal.
- ¿Acaso crees que no sé lo que hago?- me pregunto con una mirada desafiante.
- Por nada del mundo mi rey- le contesté mientras le hacía una reverencia.
- Entonces no repitas lo que ya sé- dijo esto mientras se levantaba del trono y bajaba los peldaños hasta estar frente a mi. Yo seguía estando inclinado.- Sé que es muy peligrosa, sé que es la más buscada del reino y la más temida. Pero también sé que fue ella la que salvo la vida de mi hija, lo vi con mis propios ojos. –prosiguió su habla mientras se acercaba a uno de los grandes ventanales que estaba a su costado, dándome así la espalda- Así que, solo pretendo devolverle el favor. En cuanto se recupere se marchará por su propio pie.
- Su majestad, ¿no ha pensado que podría ser una trampa?- le advertí. Algo me olía mal y no podía quedarme de brazos cruzados.
- ¿Una trampa?- preguntó mientras se daba la vuelta para verme.
- Si, una trampa. Para acercarse a su hija, ganarse su confianza, y raptarla…- dije mientras me levantaba y le lanzaba una mirada seria- no sería la primera vez que un reino vecino pagara a alguien para hacer algo parecido.
- Puede que tengas razón…-dijo pensativo- Pero no te preocupes, ya he tomado medidas al respecto.-me remato de decir mientras volvía a observar por la ventana.
- ¿Cuáles?, señor.-le pregunte perplejo. Todo lo que tuviera que ver con Himeko me importaba, y más si su vida estaba en peligro.
- Mande que la alcoba de mi hija estuviera bien vigilada, y triplique la guardia en palacio, no quiero que tengamos una desgracia. –dijo con tono firme.
- Bien señor, y… podría decirme dónde se hospeda ahora nuestra "inquilina"- dije resaltando la última palabra con un tono sarcástico.
- ¿Para qué quieres saberlo, Souma?- me preguntó.
- Para tenerla bien vigilada, su majestad- dije con tono firme.
- ¿Acaso no confía en sus hombres, capitán?- dijo volteándose para estar frente a mi- ¿no les ha entrenado lo suficiente como para que se encarguen solos de situaciones como esta?- me remató de decir con una ceja levantada y una media sonrisa. Cualquiera diría que no cree en mis habilidades.
- Confío señor, pero sé que si quieres un trabajo bien hecho, tienes que hacerlo tu mismo.- le respondí firmemente.
- Tiene razón- me dijo mientras se acercaba a los escalones y subía hasta sentarse de nuevo en el trono.
- Entonces dígame su majestad, ¿dónde está la caza recompensas?- dije mientras cerraba con fuerza mis puños.
- Esta en la habitación de mi hija.- sentenció con un tono serio y una mirada inexpresiva. Pude notar como todos los músculos de mi cuerpo se tensaban.
- ¡¿QUÉ!?- grité.
El rey no se sorprendió con mi reacción, al contrario, parecía como que sabía que iba a reaccionar así. Yo… no lo pude evitar. Me había dicho lo que por nada del mundo se me pasó por la cabeza. ¡No podía creer lo que estaba escuchando!- ¿cómo iba a estar Himeko con una delincuente?, ¿ella lo aprobó?, y si está en su habitación… ¿dónde iba a dormir Himeko?- formulé todas esas preguntas en mi mente, mientras mi cuerpo seguía completamente tenso, mis uñas empezaban a desgarrar las palmas de la manos, y mis ojos miraban atónitos al rey.
- Tranquilo, su alcoba está bien vigilada.- dijo mientras se acomodaba más en el lujoso trono- Tus dos mejores hombres están vigilando la entrada y, supongo que no va a salir por el balcón si ocurre algo malo. A no ser que quiera matarse, que no lo creo.
- ¿Y dentro de su alcoba?- pregunté enfadado pero moderando mi tono.
- ¿Perdón?- preguntó. Al parecer no entendía mi pregunta.
- ¿Hay guardas vigilando dentro de su alcoba?- le volví a preguntar mientras sentía que no iba a aguantar más. Sentía la sangre ardiendo dentro de mi.
- ¿Crees que voy a permitir que unos hombres armados, por muy soldados que sean, entren en la alcoba de mi hija, para que la vean, se cieguen con su belleza y terminen haciendo algo de lo que se arrepentirán cuando mande matarlos?- dijo con el tono más serio y ronco que jamás le había escuchado. Con la mirada más fría y sin sentimiento jamás vista. Con ese aire de superioridad y grandeza que desprendía… Todo esto lo dijo, mientras se levantaba del trono.
- No quise decir eso su majestad.- dije mientras agachaba un poco la cabeza- Solo pretendía decir que, si la princesa está con esa "basura" dentro de la alcoba, a solas, sin ninguna vigilancia, podríamos arrepentirnos, señor.
- Ahora que lo mencionas…si, están las dos solas.- me dijo con toda la tranquilidad del mundo. Lo que hizo que me alterase más.
- ¡¿Himeko está a solas con la caza recompensa?!- grité. No pude controlarme.
- Si, así es, y te pediría, por tu bien, que te refieras a mi hija correctamente.- me avisó con el mismo tono de voz de hace un minuto.
- Lo lamento alteza, no volverá a ocurrir- le dije haciendo una media reverencia- Pero tengo que ir a la alcoba de la princesa. Puede que esté pasando una desgracia ahora mismo. Con su permiso, me retiro.- dije mientras daba media vuelta y caminaba por la larga alfombra que cubría el enorme suelo del salón del trono.
- Souma, si está pasando lo que crees que está pasando, esta vez contente un poco, no quiero que traumatices a mi hija- alzó la voz el rey para que lo pudiera escuchar y así lo hice.
- No se preocupe su majestad, si pasa, lo hare con una muerta limpia y rápida, aunque hubiera preferido una lenta y dolorosa.- le respondí con un tono alto, antes de salir por las grandes puertas que estaban custodiadas por enormes guardias.
Estaba totalmente enfurecido, sentía como mi sangre aumentaba de temperatura, como mis músculos no dejaban de estar tensos, y como mi ceño empezaba a doler por la fuerza que ejercían mis cejas unas con otras. Subí las largas escaleras lo más rápido que pude. No paraba de caminar con paso rápido y firme el gran pasillo que me conducía a la alcoba de Himeko.
Ya estaba a pocos pasos de la puerta y, pude comprobar como me había dicho el rey, que estaba vigilada por mis mejores alfares. Cuando estos me vieron, automáticamente levantaron las lanzas y me abrían el paso. Yo solo tragué saliva, toque con mi mano izquierda el mango de mi espada, que aun seguía en su vaina, y me dispuse a mover el pomo con la otra mano. Cuando ya tenía medio cuerpo dentro, y mi cabeza ya se asomaba, pude ver algo que me asombró, desconcertó y enfureció. Fue tal el enfado que tuve que podía escuchar el traqueteo de mis dientes, fue tal el asombro que sentí, que mis ojos quedaron como platos, fue tal el desconcierto que sentí que me quedé paralizado en el sitio…
Lo que estaba viendo era a Himeko y a esa sucia, asquerosa y peligrosa caza recompensas abrazadas, mirándose mutuamente y con una distancia de sus labios, completamente nula. Esto me puso totalmente furioso, me hervía la sangre y notaba como mi mandíbula pagaba mi enfado. Pero, aun sintiendo toda esa rabia y esas ganas de matarla, mi cuerpo no respondía. Así que, me quedé atónito observando la escena…sin poder hacer nada, porque mi cuerpo no respondía.
- Himeko…-fue lo único que pude decir.
ALCOBA DE HIMEKO, HACE 10 MINUTOS. CHIKANE:
No me podía creer lo que estaba sucediendo. Hace unas horas estaba peleando por mi vida y ahora me encuentro en un lugar maravilloso, en compañía de una persona que me hacía sentir como la más afortunada del mundo, solo por estar con ella, solo por que ella me deleitara con su presencia… Cada mirada que me lanzaba, cada sonrisa que me estremecía, cada hermoso sonido que salía de su bella y pura boca cuando me hablaba… Todo de ella, era perfecto. Su larga y rubia melena como rayos del sol, sus ojos amatistas tan profundos y bellos, su hermosa sonrisa que me dice que todo es posible, y su suave, hermosa y pura voz, que hasta un ruiseñor le tendría envidia.
No podía estar más agradecida. Gracias a su presencia ya ni siquiera sentía dolor alguno. Lo único que sentía era un sentimiento nuevo para mi, un sentimiento que hacía que mi corazón intentara salir de mi pecho, que mi habla fuera pesada y pausada, que mi respiración se incrementara por momentos. Un sentimiento que hacía que mi cuerpo se comportara de una manera extraña, que ni yo misma había experimentado jamás. Todo era extraño. Que yo estuviera en ese hermoso lugar, al cuidado de una bellísima princesa y que ella me tratase como si nos conociéramos de toda la vida… es algo que todavía no logro comprender. Pero, hablando de lugares, todavía no estaba segura de donde estaba. Di por alto que estaba en palacio por lo que me había dicho Himeko pero, estaba en una alcoba demasiado adornada como para ser de invitados. Además, en ella se podía oler una deliciosa y dulce fragancia que se me hacía inconfundible. Era la fragancia del sol.
Hace apenas unos minutos ya habíamos terminado de comer, o bueno, que ella terminara de darme de comer, ya que con mi discapacidad no podía. La princesa pidió a una de sus sirvientas que, con urgencia, trajera una tina con agua fría y un trapo limpio. Por lo que ella me dijo yo, aparentaba tener fiebre, y el paño mojado en agua me ayudaría a enfriarme. Yo pensaba que mi temperatura era elevada por culpa de mis latidos, que incrementaban su velocidad cada vez que me miraba.- ¡Ah Dios, ¿pero qué me pasa?!- pensé y, en el momento en el que estaba pensando todo esto ella me miró, sin expresar ningún tipo de sentimiento, solo se quedó sentada en la cama, a mi costado, sin moverse ni pronunciar una sola palabra. En ese momento me puse nerviosa y, lo único que pude hacer, fue preguntarle.
- Eh… princesa, ¿pasa algo?- dije con una media sonrisa.
- Siento como si te conociera desde hace mucho...- dijo en un susurro, con un tono suave y apagado, y mirándome con la misma forma con la que me miraba. Casi no llegué a escucharla, pero al final la entendí.
- Yo… a decir verdad, siento lo mismo- le respondí y ella me miró con un poco de asombro- Contigo he llegado a sentir cosas que nunca antes había sentido, sentimientos que pensaba que no existían en alguien como yo, sentimientos que me elevaban a las nubes pero que, si quieren, podían llegar a empujarme al mismo infierno.- ella no dejaba de verme con sus ojos como platos, sus pómulos enrojecidos, y sus suaves manos, agarrando fuertemente las sábanas por la sorpresa o, por el nerviosismo que le estaba transmitiendo porque, ni yo misma sabía por qué le estaba contando esto.
- Chikane yo…- intentó seguir hablando pero, no llegó a pronunciar ninguna palabra más, tan solo siguió mirándome, como hasta ahora lo hacía. Así que, yo con una sonrisa fingida la ayudé a seguir.
- Lo siento, mi intención no era asustarte, solo quería decir que también siento como sí nos conociéramos de antes.- le dije mientras miraba al gran ventanal que estaba a mi otro costado. Ahora mismo, no podía mirarla a los ojos- Olvida todo lo que he dicho antes, ¿de acuerdo?
Estaba tan avergonzada…-¿cómo se me ocurre soltarle todas esas tonterías? Pensará que soy una idiota, o que estaré loca.- pensé en mi cabeza. A veces era increíble lo idiota y estúpida que puedo llegar a ser. Por la respuesta que me dio fijo que la he asustado y, procurara guardar distancias conmigo.
- No Chikane, te equivocas.-soltó de pronto y yo solo la miré dudosa- No me has asustado, solo… sorprendido. Si, me has sorprendido porque, a decir verdad, yo también estoy sintiendo nuevos sentimientos que surgieron en cuanto te conocí. Sentimientos que me hacen sentir exactamente igual a como expresaste tu antes. Sentimientos que nunca había sentido ni experimentado pero, que gracias a ti, son los más bellos sentimientos que he tenido en mi vida. Puedes llamarme loca pero, creo que… lo que ambas sentimos por la otra… no se refiere a un sentimiento de amistad, sino, a algo muy diferente…- esto último lo dijo pausadamente, haciéndosele notar su nerviosismo, y con unos pómulos color escarlata.
Yo no me podía creer lo que estaba escuchando salir de los rosados labios de la princesa. Lo que me estaba diciendo era que, ella también sentía lo que yo y, para comprobar que no ha malinterpretado lo que dije y, comprobar así que ella también lo sentía. Lo que hice a continuación fue acercarme poco a poco a su cuerpo, y especialmente a sus labios, esos suaves y hermosos labios que estoy segura sabían al más dulce de todos los néctares. Lo que comprobé con mi acción es que ella se sorprendió, se alejó un poco, pero que, después de pensarlo, dejó de alejarse para acercarse tímidamente hasta mi. Ya estábamos a una distancia casi nula. Podíamos sentir la respiración de la otra, podíamos sentir los latidos de la otra y, podíamos notar como nuestras frentes de pegaban, estando así a una distancia peligrosa de nuestros labios. Eso hizo que mi temperatura subiera de tal manera que, por un momento mi vista se nubló y perdiera así el equilibrio cayendo encima de Himeko. Ella, sorprendida y preocupada, me amarró en un abrazo, evitando así que me desplomará en el suelo.
- ¡¿Chikane, estas bien?!- preguntó asustada.
- Jeje, parece que tenías razón- dije mientras hacía un esfuerzo para levantar la cabeza y mirarla a los ojos- Al parecer tengo fiebre.
- Estas ardiendo, será mejor que te acuestes y descanses.- me dijo con una cara de preocupación que me derretía- No quiero que empeores.
- Tranquila, ahora me acuesto, solo que antes… me gustaría llevarme una ofrenda.- dije mientras levantaba mi mano buena hasta acariciar el suave rostro de la princesa.
- ¿Una… ofrenda?- dijo nerviosa y con una respiración agitada.
- Si, una ofrenda que me motive a luchar para recuperarme, una ofrenda que me haga recordar porque sigo aquí, una ofrenda que me diga que esto… no es… un sueño.- dijo lo último de forma pausada ya que, me estaba acercando poco a poco a los labios de Himeko, esos que anhelaba tanto, esos que estoy segura que me harían la mujer más feliz del mundo.
Entrecerré mis ojos y abrí un poco mi boca, tal y como había hecho Himeko a continuación. Podíamos sentir de nuevo la respiración de la otra y como nuestro palpitar aumentaba.
- Chi…ka…ne…- fue lo último que dijo Himeko cuando nuestros labios empezaban a rozarse, notando así la suavidad de sus labios y, haciendo que desesperadamente necesitara saborear el delicioso sabor de su néctar.
Continuará…
*Luthier: un Luthier era un artesano que se dedicaba a construir, reparar o ajustar instrumentos de cuerda frotada y pulsada. Como por ejemplo violines y violas (o cualquier instrumento derivado del violín) así como guitarras, laúdes, etc. (nota: lo que quería transmitir en el texto era comparar las curvas de un violín con las de Himeko XD)
*Probador: El probador era el "techo" que se les ponían a la mayoría de las camas que se usaban en la Edad Media, para evitar la acumulación de polvo.
*Romántica: Refiriéndome a la lengua romance es el habla cotidiano y común de la gente, sin ningún tipo de honorifico, ni dialecto coloquial.
