CAPÍTULO 4: Cicatrices de guerra

Souma:

No daba crédito a lo que estaba pasando. Estaba viendo a la persona que más amaba en los brazos de esa ruin, cobarde y asquerosa caza recompensas. Estaba viendo como esa miserable la abrazaba, como Himeko se quedaba estática y asombrada, y como iba cerrando los ojos a medida que acortaba su distancia de la de ella. Pero, sobre todo, notaba como mi corazón latía más y más rápido, como mi sangre empezaba a arder, y como notaba el crujir del pomo el cual estaba apretando. Estaba sorprendido conmigo mismo, porque en un solo minuto que llevo observando esa escena, he sentido demasiadas cosas a la vez. Cosas que la gente cataloga de "sentimientos", eso que muy pocas veces he sentido en la vida, y que las pocas veces que las he sentido fueron fruto de la hermosa sonrisa de mi princesa. Si, ya se que no me pertenece, pero me gustaría pensar que es así, ya que soy el único que de verdad daría la vida por protegerla. En tan poco tramo de tiempo he llegado a sentir ira, rabia, amargura, tristeza, soledad… pero sobre todo, celos…

No se cuando fue el momento en el cual mis piernas empezaron a per correr el corto tramo que me separaba de ellas, pero, ya estaba a escasos metros. Y perece que nada me podría detener pues parecía completamente decidido a detener lo que estaba por avecinarse. Eso que estaba seguro que, si llegara a pasar, no tendría más remedio que matarla de la manera más dolorosa, lenta, salvaje e inhumana.

Himeko:

- ¡Oh Dios mío Himeko! ¿pero qué estás haciendo?- me formulé esa pregunta de forma automática cuando noté el roce de sus labios. Esos labios que me tentaban aun más por cada segundo que pasaba, por cada segundo, que sentía su delicioso contacto… Quería poner fin a este frenesí, este frenesí que hacia que mi cuerpo cayera rendido ante ella, ante el solo contacto de su piel.

No sabía que me estaba sucediendo. No me había sentido así por nadie, jamás. No podía creer que ella pudiera aflorar este sentimiento, tan vello y delicioso, un sentimiento que ha sido capaz de destruir naciones, como con la historia de Helena y Paris, o de unir dos familias enfrentados durante años, como con Romeo y Julieta. Un sentimiento que muchos filósofos y sabios han intentado definirlo y han intentado hallar una explicación razonable sobre como afecta al ser humano, y sobre como ese sentimiento es capaz de elevarnos a la montaña más alta, pero también es capaz de lanzarnos al más profundo abismo. Ese sentimiento que muchos catalogan como "amor"…

Cuando por fin llegué a la conclusión de que este frenesí iba a llegar al clímax, algo me alejó de su abrazo. Sin pensarlo abrí los ojos y, lo que me encontré me paralizó el corazón e hizo que mi sangre se congelara. Lo que mis ojos veían era a Souma elevando a Chikane por el cuello, quien se quejaba del dolor y de la falta de aire.

- ¡Souma detente!- grité al ver que la sostenía cada vez más lejos del suelo, pero, no me hizo caso.

- ¡Tu… sucia alimaña, ¿cómo te atreves a tocar a la princesa?!- dijo con voz ronca y firme, mientras podía ver como Chikane le lanzaba una mirada fría y se agarraba al brazo de Souma con su mano derecha- ¡NO LO PIENSO TOLERAR!- volvió a gritar, solo que esta vez de una manera aun más furiosa.

Dicho esto, lo que hizo a continuación fue intensificar su fuerza, haciendo que el rostro de Chikane se tornara de un fuerte color escarlata, y que su mano derecha intentara zafarse del agarre de Souma mediante golpes y arañazos en su brazo. Cosa que no le sirvió de mucho, pues podía notar como poco a poco iba perdiendo su fuerza y la conciencia. Yo por un momento observe atónita la escena, asustada por la terrorífica cara de Souma, una cara que irradiaba ira miraras por donde miraras.

- ¡Souma, por Dios, detente!- le grite mientras le pegaba en la espalda- por favor… detente- le dije entre soñozos y disminuyendo mis golpes.

Estaba afligida, angustiada y triste. Sentí que me estaban arrebatando algo muy preciado para mi, pero no sabía muy bien que. Solo sabía que cada segundo que pasaba observando a Chikane, notando cómo poco a poco iba perdiendo el conocimiento, y como derramaba incesantemente gotas de sudor… era cómo estar sintiendo continuas puñaladas en el corazón. Ese dolor que sientes al ver sufrir a un ser querido, esa impotencia que sientes al saber que no puedes hacer nada para detenerlo…todo eso, lo estaba sintiendo yo ahora mismo al ver como me arrebataban a la persona que, hasta ahora, era la única capaz de hacerme sentir todos los sentimientos que recientemente emergieron de mi.

En cuanto vi que Chikane cerraba sus ojos y su mano dejaba de agarrar el brazo de Souma, no me pude contener.

- Por favor Souma… ¡DETENTE!- grité furiosa con una voz ahogada por las lágrimas y cerrando fuertemente mis puños y mis ojos…

Y entonces, se hizo el silencio…

Shun:

Nunca pensé que volvería a estar en las paredes de este palacio, y nunca pensé que sería de esta forma… Herido y sin casi poder moverme. Bueno, ¿a quién pretendo engañar?, la verdad es que si que podía moverme si lo deseaba, pero había algo o más bien alguien, que me impedía hacerlo. Una persona que, desde el primer momento en el que pude apreciar esos enormes y preciosos ojos esmeralda, me había marcado el corazón, corazón que claramente ya le pertenecía.

- Mucho tiempo sin verte, Shun- me dijo con una sonrisa transparente, mientras se acercaba a la mesilla que estaba al lado de la cama, en la cuál permanecía sentado, para dejar una bandeja con alcohol y algodón.- Empezaba a pensar que no te volvería a ver, ya que en estos siete años no has dado señales de vida- se sentó en la orilla de la lujosa cama.

- Mi intención era cumplir la orden que me encomendaron, así que para eso tenía que despojarme de todos los lazos que me unían aquí.- le dije suavemente, ya que en verdad me costó increíblemente poder olvidarme aunque solo fuera por un segundo de ella.

- Ya veo…- me dijo mientras tenía una mirada perdida en la bandeja.- Parece que te fue fácil olvidar todo, ¿eh?- dijo con una triste sonrisa, mientras cogía el alcohol y lo vertía en el suave algodón.

- Alis…- le dije mientras le cogía sus suaves y finas manos- Créeme cuando te digo que en todos estos años, solo hubo una cosa de la que jamás pude olvidarme. Por más que lo intentara no era capaz de olvidarlo, ya que todas las cosas que hacía me lo recordaban. Eso que siempre ha ocupado mi corazón y mi mente, eso que siempre aparecía en mis sueños, eso que me daba fuerzas para luchar más y más fuerte, sin jamás rendirme… - pude notar cómo en sus ojos volvía ese brillo que la caracterizaba, ese brillo que emanaba de ella cuando se sentía nerviosa y feliz, ese brillo que me recordaba que hace siente años, ella me pertenecía…- Ese algo, que jamás pude olvidar… eres tu.

Era increíble lo rápido que podía cambiar de expresión. De un momento a otro, pasaba de estar seria y triste, a estar nerviosa y sorprendida, llevando consigo una intenso color escarlata en sus mejillas.

Pensé que se derrumbaría, que rompería en llanto, que me abrazaría, que me perdonaría por abandonarla, que me daría otra oportunidad para demostrarle mi amor... Pensé que, siendo una persona tan amable, buena, con un semblante pacífico y tranquilo, pero a la vez dulce y frágil… podría perdonarme enseguida. Ya que eso era lo que más ansiaba sobre todas las cosas. Pero me equivoqué.

Después de quedarse unos segundos sorprendida, pasó a tener un semblante frío y una mirada sería. Eso me sorprendió, y ahora era yo el que la miraba atónito.

- ¿De verdad crees que con unas simples palabras amables y empalagosas, te perdonaré?- me respondió con esa mirada helada.- ¿Crees que diciéndome todo eso me derrumbaré ante ti?, ¡¿qué te perdonaré sin más después de romperme el corazón, abandonándome para irte a cumplir una misión absurda?!- me dijo enfadada- Pues te equivocas, porque en el momento en que me diste la espalda, en ese mismo momento en el que destrozaste mi corazón, en ese mismo momento en el cual me demostrabas con tus acciones que te estabas olvidando de mi, yo…

- ¡Eso no es verdad!- la interrumpí- No te estaba dando la espalda, no me estaba olvidando de ti y no te estaba abandonando, pues sabía perfectamente que volvería tarde o temprano.

- Para…-susurró.

- ¿Acaso crees que iba a abandonar a la mujer de mis sueños, por una simple orden del Rey?- le contesté intensificando mi voz.

- Calla…-dijo mientras se intentaba alejar de mi.

- ¿Acaso crees que haría algo como eso sin tener un motivo más que suficiente para hacerlo?- le dije mientras le agarraba por los hombros para que no se alejara.

- Por favor…- dijo apartándome la mirada.

- ¡¿Acaso sabes lo que me estaba jugando si no cumplía con la misión que se me encomendó?!- le grité.

- Shun, basta…- podía notar como se le empezaba a quebrar la voz.

- ¡No, no voy a parar!- le grité mientras la zarandeaba para conseguir que me mirara, pero no lo conseguía- Ojalá pudiera contarte mi verdadero motivo por el cual acepté la misión, ¡PERO NO PUEDO!- le grité, pues la rabia que sentía por verla enfadada y sabiendo que el motivo de su enfado era yo, era algo que me consumía y que no podía perdonarme- Alis, por nada del mundo iba a dejar sola a la mujer de mi vida, mi amor, mi razón de vivir… Se que he sido un egoísta pero, por favor perdóname, te lo pido de corazón- le dije mientras levantaba su barbilla con mi dedo índice, a lo que ella se resistía- Por favor, yo te am..

- ¡CALLATE!- me abofeteó, y tan rápido como lo hizo, se levantó y me lanzó una mirada mezclada con rabia y tristeza.

Sus lágrimas no cesaban de recorrer su hermoso rostro, y yo, no hacía nada más que mirarla atónito a los hechos que estaban sucediendo, mientras me tocaba la mejilla que estaba ardiendo por el impacto. Ella lo único que hizo fue estar en silencio, pero solo por un minuto.

- No quiero que me digas nada más, no tienes el derecho a hablarme de esa forma, no quiero escuchar tus mentiras- tenía la mirada en el suelo y continuaba derramando lágrimas en silencio- Tu me abandonaste, y tiraste por los suelos el amor que yo te tenía, y eso… no lo puedes arreglar.

- Por favor, Alis -le dije mientras me intentaba levantar, pero un fuerte dolor en el vientre hizo parar mi movimiento, al parecer la herida no se había curado- Dime… ¿qué puedo hacer para enmendar mi error? Haré lo que sea por tenerte otra vez a mi lado- le supliqué, ya que la idea de tenerla lejos de mi, me estaba destrozando el alma.

Ella solo se quedó estática, sin mover un solo músculo, continuando con su mirar en el frío y blanco suelo de mármol. Justo cuando pensaba que no me iba a dar una respuesta que pudiera apaciguar mi desasosiego, se dio media vuelta y me dijo:

- Nada, no puedes hacer nada para enmendarlo- dijo con una voz firme y seria- Y ahora, si me disculpas, voy a avisar a una sirvienta para que te cambie las vendas y te limpie de nuevo la herida- empezó a caminar hasta donde estaba la puerta, y sabía que si no hacia algo, la volvería a perder.

- ¡Espera por favor!- me levante de golpe, pero el dolor pudo conmigo, y nada más ponerme de pie me vi cayendo al frío suelo.

Entre un mareo inmenso y el dolor que me estaba quemando las entrañas, pude ver que Alis seguía sin mirarme, pero terminó con su andar.

- Alis, ¿por qué no puedes quedarte aquí conmigo, y cuidarme tú las heridas?- le pregunté mientras me posicionaba para estar de rodillas y me apretaba la herida con la mano. Al parecer, se había abierto.

- No creo que sea lo suficientemente fuerte como para estar contigo a solas en una habitación, sin empezar a llorar y a recordar en el dolor que me causaste, y que aun me causas.- sentenció para mi, mientras proseguía su andar hasta girar el poco y abrir consigo la puerta.

- Espera, ¿que aun le causo dolor?, ¿quiere eso decir que aun tiene sentimientos hacia mi?, ¿qué todavía no me ha olvidado y alejado de su vida?- pensé.

Pero cuando iba a decirle que no se fuera, que la quería como a nada en el mundo, que ella era mi Reina y yo un juglar* que cantaba alabanzas sobre su belleza, que ella era, era… ¡Ah!, no logro encontrar algo tan grande que pueda definir todo lo que siento por ella. Cuando pensaba en todo eso, ella ya se había ido, dejándome solo en esta gran y lujosa habitación, que para mi me transmitía un sentimiento de tristeza, amargura y soledad.

Himeko:

Durante unos segundos no se escuchó nada en la habitación, ni siquiera mi llanto, puesto derramaba lágrimas silenciosas. Entonces, mientras continuaba con los ojos cerrados, escuché como un cuerpo caía al frio y duro suelo. Asustada, abrí mis ojos y observé que Souma me había hecho caso, había soltado a Chikane y esta yacía inconsciente en el suelo. Lo único que hice en ese momento fue tirarme rápidamente hacia donde estaba Chikane para comprobar si estaba bien.

- ¡CHIKANE!- grité mientras la sostenía entre mis brazos- Chikane, oh Dios mío…- dije entre lágrimas- no puedes… no puedes irte, no te vayas… por favor…- continué con mi súplica y ruego mientras mis lágrimas no cesaban.

- Himeko- escuché como me llamaba Souma. En ese momento no quería verle, pero un sentimiento de temor por que esto volviera a suceder, me inundó el cuerpo, y con frialdad, busqué su mirada. Lo que encontré fue a un Souma que nunca había visto.

Esa mirada, ese semblante, ese aura de ira que desprendía… estaba más que segura de que el Souma que tenía enfrente, no era el mismo del que conocía de toda la vida. Yo lo estaba observando atónita y asustada. Cuando dio un paso, lo único que hice fue aferrarme más al cuerpo de Chikane, ya que, tenía miedo de que le volviera a hacer daño. Ante esto Souma retrocedió y dio media vuelta.

- Himeko- dijo con una voz seca y ronca- no sé lo que te ha hecho esa indeseable- notaba como poco a poco tensaba sus músculos- pero, quiero que te quede claro una cosa- giró la cabeza y me lanzó una mirada que hizo que se me congelara el alma y que mi cuerpo temblara del terror- no voy a tolerar que esa… ¡basura! vuelva a acercarse a ti, como tampoco pienso permitir que tú lo hagas.

- S- Souma…- fue lo único que pude decir, ya que mi mente se encontraba perdida en algún remoto lugar, debido a la terrorífica mirada de mi guarda espaldas.

- ¡GUARDIAS!- gritó a viva voz, haciendo que en un abrir y cerrar de ojos, los guardias que anteriormente estaban vigilando la puerta, apareciesen detrás de él- Llévense a esta alimaña a donde debería estar… en las mazmorras.

- ¿Qué..?- dije ilusa y a media voz, mientras se acercaban los guardias para quitarme a Chikane.

No sé cuando fue el momento en el que me la arrebataron de mis brazos, solo sé que cuando vi a los guardias llevándola a rastras lejos de mi, un sentimiento de soledad, tristeza y amargura inundó mi cuerpo y mi alma. A cada paso que se alejaban los guardias, sentía cómo mi corazón se iba rompiendo en trozos diminutos. Y lo peor era que, cuando me fije más en ella, pude apreciar como la herida que tenía en la espalda, se había abierto, pues la venda que la envolvía estaba empapada de sangre. Soy ignorante del cómo y el cuándo se abrió, pero debo suponer que fue cuando Souma la soltó contra el suelo, o porque los guardias la estaban arrastrando y sujetando por los brazos, haciendo que estuviera en una posición de crucifixión… mientras pasaba todo esto, yo… no cesaba de llorar.

Estaban a punto de cruzar la puerta cuando escuché la voz de mi guarda espaldas.

- Esperen- dijo, y acto seguido se detuvieron, yo levanté la mirada sorprendida.

Me quedé viendo a un Souma que se dirigía hacia mi, con paso lento y firme, y una mirada que… de no ser por la borrosidad que veía gracias a las lágrimas, juraría que era una mirada de… lástima. Pensé que por fin había recapacitado, y que permitiría que Chikane se quedara aquí, en esta habitación… Craso error. Lo único que hizo Souma fue apartar la mirada de la mía y agacharse a mi costado, haciendo que sintiera un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Yo seguía mirando al frente, donde estaban los guardias y Chikane… no me atrevía a mover ni un músculo.

Cuando Souma se levantó y seguidamente dio media vuelta prosiguiendo con su andar, esta vez, a donde se encontraban los guardias. Pude apreciar que en su mano derecha llevaba una de las sábanas que anteriormente tapaban el cuerpo desnudo de Chikane. – Un momento, ¿desnudo…?- pensé, y entonces rápidamente observé a Chikane. Estaba expuesta completamente de cintura para abajo. Rápidamente mis mejillas se calentaron y pude notar que los guardias estaban totalmente rojos e intentando no mirarla. Pero eso siempre es un intento fallido, pues la inmensa belleza que tenía Chikane, era digna de admirar.

- Será mejor que la tapemos antes de que empecéis a babear- dijo un secante Souma, mientras se agachaba y cubría con la sábana el pálido cuerpo de Chikane, haciendo que se sujetase por medio de un nudo, que Souma había atado sobre el hombro bueno de Chikane.

Esa acción tan inesperada me sorprendió, ya que Souma se había mostrado completamente frio, firme y desagradecido con ella. Si, demasiado desagradecido diría yo, puesto que fue ella la que hizo su trabajo salvándome la vida y él no hizo más que atacarla.

Al ver esa acción hizo que reaccionara y, antes de que salieran por la puerta, me levanté y fui corriendo tras ellos.

- ¡Espera Souma!- dije alzando mi voz para llamar su atención, cosa que funcionó, y enseguida lo tenía mirándome.

No se dignó a hablarme, solo me miró con el mismo semblante frío que desprendía, a lo que yo solo pude contestarle.

- Souma, escúchame por favor- le dije afligida por lo que estaba pasando- Por favor… deja que Chikane se quede… en esta habitación.- le dije pausadamente ya que mi corazón latía a un ritmo desenfrenado. Estaba demasiado nerviosa.

- Un momento…- dijo Souma con los ojos abiertos de par en par, pero manteniendo esa mirada congeladora- ¿Acabas de llamarla por su nombre…?- prosiguió mientras poco a poco se iba acercando más a mi- ¿Sin usar ningún tipo de formalismo ni tratándola de a usted?- terminó de preguntar. Ante esto, yo solo tragué saliva, para humedecer mi garganta.

- Y- yo…- no tenía palabras, eso me había pillado por sorpresa.

- Contéstame Himeko…- dijo en el momento en el que noté sus manos agarrando mis brazos, con tal fuerza, que en cualquier momento podrían desprenderse de mis hombros.

- ¡S- Souma, me haces daño!- dije con la intención de hacerle ver que me estaba lastimando, pero eso no funcionó. Su agarre se iba intensificando cada vez más y con él mi dolor.- Souma detente…- dije a medio susurro, ya que mi voz empezaba a sufrir los primeros síntomas de un llanto inminente. Pero él seguía apretando más y más, mientras continuaba viéndome con unos ojos que ahora expresaban ira…

- No te soltaré hasta que lo digas…-dijo con un tono seco pero fuerte. -Espera, ¿decir el qué?- pensé.

Es verdad que la había llamado por su nombre, pero eso es porque ella me dejó llamarla así, es más, yo también. Fue un acuerdo mutuo. -Entonces… ¿a qué se refiere?

- ¿A qué te refieres…?- pregunté dubitativa.

- No te hagas la tonta- me dijo mientras acercaba más su boca a mi oído- Recuerda bien aquel día, ese día que me dijiste algo que necesitaba escuchar, para tener paciencia y esperanzas.

Yo no estaba entendiendo nada de lo que me decía. -¿Qué le dije? ¿qué día fue ese?- pensé. No conseguía recordar nada ya que me era muy difícil pensar con el intenso dolor que estaba sintiendo en los brazos. -Es como si me estuviera cortando el brazo- pensé.

Y entonces, como la luz de un rayo, una serie de recuerdos empezaron a venirme a la mente. De aquella tendríamos 13 años y nos habíamos perdido mientras galopábamos con nuestros caballos. Estábamos Souma y yo en un bosque, en un día sombrío y acababa de acontecer algo aterrador para mi…

Flashback...

- ¡Vámonos de una maldita vez, no quiero que nos descubran!- escuché a un hombre a lo lejos.

- ¡Ya nos vamos, ya nos vamos, tr- tranquilo!- escuche a otro hombre contestarle- N-no necesito que me repitas las co- cosas.

Esto nos sorprendió a mi compañero y a mi, así que decidimos bajarnos del caballo y caminar hasta donde pudiéramos divisar lo que estábamos escuchando.

- ¡¿Que yo repito las cosas?! ¡¿Y tú qué?!- le grito al otro- El tartamudo que no sabe ni decir bien su propio nombre. Que la gente piensa que te llamas Gilipollas en vez de Giacomo, de lo que tardas en pronunciar la siguiente sílaba- contestó un hombre de compresión fuerte, tez morena y cabello oscuro.

- ¡O- O- OYE, T- TU TE CALLAS!- respondió enfadado y con un ligero sonrojo el hombre que lo acompañaba.- N- no es mi cu- culpa ser a-así- tenía un cuerpo menos formado que el otro, el cabello castaño y la tez morena.

- Ya, ya, déjalo, sino no terminaríamos nunca- le contestó más calmado- Además lo importante ahora es escapar.

Mientras ellos seguían hablando, mi amigo y yo, nos ocultábamos entre los árboles para no ser descubiertos y así, que no hubiera problemas, al menos eso decía él. Aunque yo le decía que podríamos preguntarles a eses hombres para que nos ayudasen a salir del bosque, él se negó rotundamente, diciendo que podría ser peligroso hablar con extraños, aunque sinceramente, tenían más pinta de ser unos cómicos de la vida, a ser gente peligrosa.

Rápidamente pudimos escuchar ladridos de una jauría de perros que se estaba aproximando a la posición de los dos hombres, y por tanto, también a nosotros. Nuevamente volvimos a prestar atención a lo que decían.

- Te- te dije q- que esto de r- ro, robar estaba m-mal- dijo el tartamudo mientras miraba de un lado a otro, con una cara de desesperación.

- ¡Ah, ya cállate!- le gritó- sabes que tenemos que alimentar a nuestra familia de cualquier forma, ya sea de forma honrada o no. Además, esto no es robar. No es delito cazar una o dos liebres.- respondió mientras encorvaba una ceja.

- ¡E- es delito si-si-si cazas en un c- co- coto pri- privado!- le gritó el tartamudo- ¡Y más pe-peligroso aun si es del R-Rey!

- ¡Oh vamos!- respondió indignado el hombre corpulento- El Rey tiene a todo los sirvientes que quiera para que le cacen la comida en cualquier otro lugar, ¿y justo tiene que cortar la parte más abundante del bosque para su propio beneficio? ¡Pues no es gusto!- gritó, lo que hizo que el tartamudo se sobresaltara.- ¡Me niego a que el Rey se llene la panza con toda la comida que quiera, mientras todo su pueblo pasa hambre!-le gritaba al tartamudo, pero, cuando noto que se había descontrolado un poco, cogió aire, miró a la abundante hierva del lugar, y prosiguió más calmadamente- Ojala que su mandato termine pronto, así viviríamos mejor…

Ante esto, mi cuerpo reaccionó solo, y ya no me podía ocultar detrás de los frondosos árboles.

- Himeko, ¿qué estás haciendo?- escuché como mi amigo me decía mientras yo salía a la vista de los dos extraños- ¡Himeko!- repitió nervioso y alterado, pero yo continué.

No podía quedarme callada después de escuchar todas las barbaridades que habían dicho sobre mi padre. Puede que donde estemos ahora sean sus tierras, a pesar de que están a mucha distancia del palacio, pero eso no le da el derecho a hablar mal de él. Mi padre, el Rey, es un gran hombre y un buen padre. Considerado, amable, bueno, atento, fuerte, valiente, sabio y sincero. Solo busca ayudar al pueblo, como cualquier Rey que se precie haría. Gracias a él, estas tierras y todo lo que viene con ellas, resurgieron de las cenizas, pues hace mucho tiempo, se desató una horrible guerra entre el reino vecino, Eslandor ,y el nuestro, Eiderland. Pero gracias a Dios, pudimos ganarla y arreglar todas las calamidades que con ello conlleva la guerra.

Por todo lo que había hecho mi padre, por reconstruir el casi afastado del mapa reino de Eiderland, por llenar de nuevo vida estas llanuras y montañas, por salvar de la muerte a muchas personas, por todo eso… me era imposible quedarme callada ante lo que el hombre corpulento decía sobre mi padre.

- ¡Oiga usted!- grite para que prestasen atención a mi presencia, pues no me podían ver ya que estaban de espaldas hacía mi. En cuanto me miraron se sorprendieron, pero yo seguía con mi semblante enojado.

- ¿Te refieres a mi, niña?- respondió el corpulento encorvando una ceja y señalándose con el dedo.

- ¡SI, justo a usted!- grite furiosa- ¿cómo se atreve a hablar así de mi padre?- le encaré, y él solo se sorprendió aun más, al igual que su compañero.- ¡No tiene ni idea de cómo es mi padre, ni de lo que ha hecho por este reino!- le grite y pude escuchar como mi amigo salía de entre los árboles.

- ¡Himeko, para!- gritó mientras me agarraba del brazo y me intentaba alejar de ellos, pero no lo consiguió.

- No me digas, ¿qué tú eres la pequeña princesa de Eiderland?- preguntó con una sonrisa malévola mientras se acercaba a mi- ¿la princesa Himeko?

A cada paso que daba se acercaba cada vez más, y si a eso le sumamos aquella sonrisa, presentía que el resultado no iba a ser nada bueno.

Mi padre y mi madre tenían razón en cuanto a ocultarme al pueblo. Sería muy peligroso si el pueblo conociera la identidad de la única heredera del reino. Ahora me daba cuenta de que tenían razón en cuanto a no dejarme salir de palacio, a menos que sea acompañada de la guardia real. Yo siempre protestaba ante esa injusticia, porque no me parecía justo que ellos puedan ver el mundo más allá de los muros de palacio y yo me quede encerada, como las princesas de los cuentos de hadas. Con todo esto pasando por mi mente, un gran mano intento tocarme, de no ser porque mi compañero se lo impidió apartándola de un golpe.

- Ni se te ocurra ponerle un solo dedo encima bastardo- de dijo secamente y con voz firme, sin ningún rastro de terror.

- ¡Aparta niñato!- el corpulento le arreó una fuerte cachetada con el lomo de la mano, que lo tiró rápidamente al suelo.

- ¡Souma!- grité preocupada mientras me intentaba agachar para ayudarle, pero algo me lo impidió.

- Y bien… ¿qué tenemos aquí?- dijo el corpulento mientras me agarraba del pelo y me levantaba la cabeza para que lo mirara. Me encontré con una terrorífica mirada, que proyectaba unos intensos ojos rojos. Juraría que se trataba del mismísimo diablo- parece que un pequeño conejillo se ha metido en la cueva del lobo.

- Suéltame, por favor- le supliqué, mientras lágrimas salían de mis ojos como resultado del dolor que me estaba causando.

- ¡Cyrano, b-basta!- le decía el tartamudo a su espalda- ¡S-si nos pillan ha-haciendo daño a la prin- princesa nos e-echaran de comer a los pe-perros hambrientos!- decía nervioso mientras miraba de un lado a otro.

- ¡Cállate imbécil, o nos encontraran por tu culpa!- le gritó a su compañero, mientras que en el fondo del bosque se podía escuchar aullidos de perros y caballos que relinchaban- Mierda… - susurró el corpulento mientras su agarre perdía intensidad, y notaba como poco a poco me iba soltando- Tenemos que irnos Giacomo, ¡rápido!

- Tu no vas a ninguna parte- se escucho de pronto y, en un abrir y cerrar de ojos, vi a un Souma clavarle una daga en la pierna al corpulento.

- ¡AAAAAAHH!- gritó de dolor mientras se desequilibraba y se llevaba la mano a donde estaba incrustada la daga para luego sacarla.

- ¡Señor, creo que he ido un grito proveniente de allí!- se escuchó a un hombre entre los árboles.

- ¡Estúpido niñato!- gritó el corpulento mientras se giraba con la daga en la mano y le rasgaba todo el pecho de Souma, haciendo que saliera muchísima sangre.

- ¡SOUMA!- chillé, y en ese momento cayó de espaldas al suelo.

- ¡C-Cyrano, pe- pero que has hecho!- le gritó el tartamudo completamente sorprendido por la escena.

- ¡Vámonos, rápido!- le dijo mientras corría intentando no apoyar mucho la pierna dañada- ¡vamos ayúdame, no te quedes ahí parado!- le dijo una vez que estaba a su lado, y rápidamente pasó el brazo de su compañero por su cuello y los dos desaparecieron por la frondosa vegetación del bosque.

- ¡Souma, Souma, Souma!- repetía continuamente mientras lo sujetaba en mis brazos y lágrimas recorrían mis mejillas.

En ese momento abrió poco a poco los ojos y me lanzo una tímida sonrisa. Eso me sorprendió un poco y, aun preocupada, le pregunté.

- ¿Q-qué pasa?, ¿por qué sonríes?

- Sonrió… porque estoy feliz- me dijo quejándose un poco de la herida.

- ¿Eh?- volví a preguntar aun más extrañada.

- Si.. cof, cof- tosió- feliz, por escuchar a mi princesa llamándome por mi nombre- contestó volviendo a sonreír de la misma manera.

- Idiota, eres un completo idiota, Souma- le dije agachando la cabeza- eres un grandísimo idiota- continué aún sin mirarle, mientras mis lágrimas continuaban cayendo por mis mejillas- un idiota…

- ¿Por qué?- preguntó- ¿por qué estoy feliz?, ¿es por eso por lo que soy un idiota?

- No…-le dije- eres un idiota por pensar en tonterías como esas en vez de preocuparte por la terrible herida que tienes en el pecho- mi voz se intensificaba cada vez más- ¡acaso no te das cuenta que puedes morir!

Por unos segundos hubo un silencio entre nosotros, solo se podía escuchar los ladridos de perros y el galope de los caballos. Yo… solo continuaba con mi llanto en silencio, angustiada porque mi compañero se encontraba herido de gravedad. Y aún sabiendo que solo es un sirviente de palacio, era mi único y mejor amigo.

- Princesa- dijo para mi sorpresa, y entonces lo miré a los ojos- contésteme a una pregunta por favor- me dijo y yo asentí- ¿soy alguien importante para vos?- la pregunta que formulo me sorprendió aun más y creo que lo notó, ya que puede que mis mejillas me delataran. Pero yo le conteste rápido.

- ¡P-por supuesto que si!- le dije y él se sonrojó- Eres mi mejor amigo, ¿o acaso crees que trataría tan descortésmente a alguien con el que no tuviera tanta confianza?- le terminé de decir, haciéndole ver lo que había dicho anteriormente sobre su nombre.

- Así que… ¿te diriges a las personas por su nombre solo, si tienes una intensa confianza con ellas?- me pregunto de nuevo. Yo ya empezaba a estar un poco harta por su persistencia al tema.

- ¡Sii..!- le afirmé- ¡Y deja ya de decir tonterías!, tenemos que pedir ayuda para que vengan a rescatarnos- le contesté mientras miraba a un lado y al otro, en busca de algún rastro que me dijera que los soldados ya hubieran llegado.

- De acuerdo- contesto Souma mientras apretaba fuertemente la herida con la mano.

Y en ese momento, vi aparecer a una decena de hombres que pertenecían a los guardias de palacio y, detrás de ellos, pude apreciar la enorme y grandiosa aura de mi padre.

Y bien Himeko, ¿lo recuerdas?- me sacó de mis pensamientos la seca voz de mi guarda espaldas- ¿recuerdas aquel día? Porque yo me acuerdo perfectamente, ya que tengo una marca permanente que me lo demuestra- podía notar que estaba enfadado.

- S-Souma…- le dije sorprendida- ¿te refieres a aquella vez que me dirigí a ti por tu nombre?- le pregunté. Podía notar como poco a poco su agarre iba disminuyendo- ¿Acaso te refieres a aquel día, Souma?

- Je, veo que te acuerdas.- me contestó soltándome del todo- Empezaba a pensar que ya no era nadie para ti- volvió a decir mientras daba media vuelta para estar de espaldas hacia mi.

- ¡Souma, sabes que eso no es…!-intente contestarle pero él me interrumpió.

- Escúchame Himeko, porque solo lo voy a decir una vez más, así que atiende- me dijo con tono firme y girándose para estar frente a mi, yo lo miraba un poco desconcertada- No voy a permitir que vuelvas a estar cerca de ella, ¿me entendiste?- me contestó con el mismo tono de voz y con una mirada helada- Quiero que a partir de ahora te olvides de su nombre, te olvides de que alguna vez intercambiarais palabras y, ante todo, te olvides de su mera existencia- cada palabra que decía se sentía como una daga atravesando constantemente mi corazón- Será mejor que te olvides rápido de ella, porque no creo que vaya a durar mucho en las mazmorras.

- ¿A-a qué te refieres?- le pregunté temerosa y atónita.

- Me refiero a que, como ya te he dicho antes, ella es una criminal, una delincuente, una sucia rata de alcantarilla…- dolía escuchar esas palabras- Y… como toda rata acaba muriendo, esta… no va ha ser la excepción- no se exactamente cuando empecé a llorar de nuevo.

- N-no te entiendo…-le dije dubitativa.

- Es muy fácil de entender, Himeko- me dijo con una media sonrisa- Quiero decir que…- se acercó más a mi hasta estar cerca de mi oído y prosiguió muy a mi pesar, ya que no quería escuchar nada más- Como toda delincuente, ella, será juzgada y, por todo lo que ha hecho, estoy seguro de que el Rey sabrá castigarla de la forma más, como decirlo… -pensó en voz alta- Ah si… de la forma más justa respecto a sus delitos-prosiguió- Así que te sugiero, que tengas muy en cuenta mi consejo- dijo mientras me daba la espalda para dirigirse hasta donde estaban los guardias- Aun que, más que un consejo, es una orden- sentenció, y eso hizo que me desconcertara aún más.

- Tu no puedes darme órdenes, Souma- le dije con tono frío- Yo tengo más poder que tú, Souma. Yo mando sobre ti, puedo tratarte como se me antoje y puedo ordenar que te castiguen por tu osadía- no podía controlar todos los sentimientos y pensamientos que estaban aglomerados en mi mente- Así que, si no quieres ser castigado, te ordeno que dejes a Chikane donde estaba, que te disculpes conmigo por encararme y que desaparezcas de mi vista, ya que no quiero volver a ver tu cara- le dije sin darme cuenta, ya que en ese momento no era yo la que hablaba, sino todos los sentimientos que surgían en mi interior.

Souma en un primer momento detuvo su andar y se quedó rígido en el sitio, podía notar como su cuerpo y sus músculos se tensaban. Pero no se dignó a mirarme, solo siguió dándome la espalda.

- Pues lo siento por ti Himeko, pero el Rey y yo, ya hemos tomado medidas y hablado sobre lo que haríamos con ella.- me contestó- Y esta, es la conclusión a la que llegamos- se dio la vuelta para estar frente a mi- No podrás salir de tu habitación, a no ser que sea en compañía de un guardia; serás vigilada por dos de mis mejores hombres durante todo el día; y no se volverá a hablar de este tema nunca más, ¿entendido?- me dio de nuevo la espalda- Y ahora si me disculpas- nada más terminar empezó a andar hasta donde estaban los guardias y, con ello, hasta donde estaba Chikane.

Mi cuerpo estaba estático, frío y temblando. Mi cara solo expresaba una mezcla de dolor, sorpresa y terror. No quería hacer caso a lo que me estaba diciendo, solo quería creer que lo que me decía era una sarta de mentiras, que en verdad no le iban a hacer daño, que me dejaría verla, que, que… Chikane no se separaría jamás de mi lado.

- Chikane…-pronuncié su precioso nombre en mi mente mientras la veía aún inconsciente, sujetada por los dos guardias, que aguardaban pacientes la orden de su superior.

- Vámonos- dijo Souma, mientras abría la gran puerta, para que sus hombres pudieran pasar.

Y ahí me encontraba yo, sola, sin poder hacer nada. Ese sentimiento de impotencia me inundó y un horrible terror se manifestó en mi cuerpo a modo de escalofríos. No podía hacer nada, y eso lo odiaba con todo mi ser. Quería correr, detener a los guardias y abrazar a Chikane para que me dejaran estar con ella. No se que me pasaba con esa chica, solo se que desde que la conocí, algo despertó en mi; un sentimiento nuevo afloró en mi corazón; un sentimiento que me decía que la ayudara pasara lo que pasara; un sentimiento que provocaba que mi corazón latiera a un ritmo desenfrenado, cada vez que veía esos profundos ojos… Un sentimiento que provocó que mi cuerpo, cayera rendido ante ella, debido al electrizante y suave contacto de sus labios…

Me llevé la mano hasta la altura de mi boca y, con los dedos, rocé suavemente el contorno de mis labios, intentando recordar sus labios.

- Chikane…-susurré, mientras unas silenciosas lágrimas rozaban mis mejillas, hasta caer al frío suelo.

continuará...

Hola y muy buenas a todos, ante todo quiero disculparme por la tardanza en publicar el nuevo capitulo, pero es que estuve muy liada estos días, tanto en casa como en el instituto. Estoy en los exámenes finales y esto es muy duro -_-' (seguro que alguno o alguna sabe como me siento XD) Bueno como recompensa este capítulo es más largo que el anterior, y siendo sincera, pensaba escribir más, pero como tardé mucho en publicar... jajjaja Espero que a todos le agrade este episodio y no olviden las críticas, que me encanta ver que hay gente que le agrada lo que escribo :D

Que tengan todos un buen día, y no se metan en líos jajajjaXD

saludos