Capítulo 5: Amor prohibido

Chikane:

- ¡Souma detente!- escuché como gritaba Himeko al verme suspendida en el aire por culpa de ese idiota.

- ¡Tu… sucia alimaña, ¿cómo te atreves a tocar a la princesa?!- dijo con voz ronca y firme, mientras le lanzaba una mirada fría y me agarraba a su brazo con mi mano buena- ¡NO LO PIENSO TOLERAR!- volvió a gritar, solo que esta vez de una manera aun más furiosa.

- ¡Souma, por Dios, detente!- volví a escuchar la dulce y desesperada voz de Himeko mientras podía ver por el rabillo del ojo como le pegaba en la espalda- por favor… detente- volvió a repetir entre sollozos y disminuyendo sus golpes

Mi fuerza empezó a disminuir, mi respiración empezó a ser pesada y dificultosa, mis oídos dejaron de oír, mi vista se empezó a nublar, mi cuerpo quedó casi inerte… Sentí que los latidos de mi corazón se proyectaban en mi cabeza, noté como mi mano dejaba de sujetar el brazo de ese indeseable, y vi como la dulce princesa pronunciaba unas palabras que para mi, ya no eran audibles…


- ¡DESPIERTA, ALIMAÑA!

- Mmm…¿qué…?- empecé a abrir los ojos por el escandaloso sonido, pero tuve que cerrarlos rápidamente por el contacto repentino del agua helada- ¡cof, cof!, ¡¿pero qué..?!- volví a ser interrumpida por otra ráfaga de agua.

- ¡Despierta, el capitán quiere verte!- pude escuchar a un hombre con la voz muy ronca, algo que me indicaba que tenía práctica en pegar esos gritos.

- ¿Capitán…?- exhalé, mientras me posicionaba, ya que sentía, por el dolor de mis muñecas, que estaba en una posición incomoda.

Comprobé que no podía mover bien mis brazos, ya que los dos estaban sujetos por esclavas* que estaban completamente apretadas a mis muñecas, provocando que el más mísero roce, hiriera mi piel y empezará a sangrar.

- Mierda…- maldije por lo bajo.

A parte de eso, estaba mi hombro. Sentía continuas punzadas, y un dolor que quemaba, lo que me llevo a pensar que la herida se había abierto, y eso, no me agradaba nada.

- Vaya vaya, pero mira a quien tenemos aquí…- escuche esa voz que provocaba en mi una rabia y una agresividad que nunca antes había sentido con otro ser humano. Yo solo levante la mirada curiosa y expresando una mirada de indiferencia.- ¡Pero si es la rata que asomó su hocico por palacio!- sentenció, pero eso no hizo que me intimidara.

- ¡Vaya, vaya, pero si es el patético guarda espaldas que no sabe proteger a su princesa!- le encaré, recordándole lo que había pasado hace días en el mercado.

Yo le lancé una sonrisa pícara y él, como respuesta a lo que le dije, me abofeteó muy fuertemente con la palma de la mano.

- Grr…- me quejé- vaya, que fácil es provocarte.- le comenté volviendo a posicionar mi cabeza de modo que lo observase por el rabillo del ojo- ¿No sabías que un caballero no debe pegar a una dama?- le pregunté con tono sarcástico.

Él sonrío y, estallándose los nudillos, volvió a mirarme con esa mirada psicópata que antes había visto. Esa mirada que había visto en la alcoba de Himeko.

- Se perfectamente eso- me dijo mientras se acercaba más a mi- pero, la diferencia contigo y con una dama, es…- se acercó tanto que notaba su aliento en mi oído- …que una dama no intentaría besar a otra.- susurró.

Eso me descolocó, no me lo esperaba, y mucho menos me esperaba el rodillazo que me envistió en toda la nariz, provocando un sonido a hueso roto.

- ¡AAAAHHH!- grité con todas mis fuerzas. Me daba igual que se complaciera con mi sufrimiento. Me dolía, y eso no podía ocultarlo.

- Como osaste tocar a la delicada princesa con tus sucias manos.- dijo con un tono neutral- Como fuiste capaz de seducirla para que te dejase hacer lo que quisieras con ella.- me agarro los cabellos y tiró hacia arriba, haciendo que me quejase de dolor- Como hiciste… para enamorarla…

Si ya estaba confusa ahora lo estaba más.- ¿A qué se refería con eso?, ¿qué yo la había enamorado?, ¿en serio?- pensé, y una inmensa felicidad inundó mi corazón, haciendo que saliese al exterior por mi rostro en forma de una alegre sonrisa. Pero parece que aquel indeseable se había dado cuenta y, sin esperármelo, me propinó otro golpe en la boca del estomago, lo que hizo que dejase de respirar.

- Fuese lo que fuese e hicieras lo que hicieras, la princesa no es como tú.- continuó con su habla mientras daba vueltas frente a mi, lentamente- Ella no es una rata asquerosa que solo busca algo que llevarse a la boca.- seguía insultándome, pero en ese momento solo me preocupaba respirar- Ella no es un desecho de la sociedad, que vaga por ahí como una asquerosa caza recompensas.- cuando recobré parte del aliento, levanté la cabeza para verle- Ella no es de tu misma clase social- comprobé que su mirada era oscura, y no lo digo por la falta de luz del lugar- Ella no es alguien con las manos manchadas de sangre.- tanto insulto me empezaba a molestar y poco a poco iba tensando mis músculos- Ella no es incrédula y estúpida como tú.- apreté con todas mis fuerzas mis puños, para no saltar y pegarle una patada- Y… por supuesto, ella no es una desviada…-sentenció-… como tú.

No aguante más y me lancé hacia él con todas mis fuerzas y con toda mi rabia contenida. -¿Quién se creía ese niñato malcriado para insultarme de esa manera?. Vale, concuerdo en todo lo que dijo al principio. Que Himeko no es de mi misma clase social, que ella no se ha ensuciado las manos de sangre, pero… ¿qué yo soy un desecho social?, ¿qué soy una rata en busca de algo que llevarse a la boca?, !¿qué soy incrédula y estúpida?! ¡Ah!, y mi favorito…¡¿QUÉ ELLA NO ES UNA DESVIADA COMO YO?!- fue lo que pensé para mis adentros en el corto tramo que me separaba de él y de su barbilla.

Pero, como mi fortuna no ha mejorado desde que estoy aquí encerrada, tampoco ha cambiado en el momento en que mi pie pasó rozando su mejilla, haciendo que solo golpease aire. Ante esto, él no esperó ni un segundo para cruzarme la cara de una patada, provocando que saliese de mi boca gran cantidad de sangre.

- ¡Cof, cof, cof..!- tosí por la sangre que se me había introducido en la tráquea- Hijo de perra…- dije con la poca fuerza que me quedaba.

- Di lo que quieras, me da igual- dijo con una media sonrisa en su rostro- Disfruta de tu última noche, ya que no podrás presenciar ninguna más.- dijo dando media vuelta para dejarme sola de nuevo en la húmeda y oscura mazmorra en la que me encerraron.

- ¡Espera!- grité y parece que me escuchó, pues había detenido sus pasos- ¿A qué… te refieres con eso?...-le pregunté cortadamente, pues me costaba mucho respirar.

Él solo giró su cabeza para mirarme y lanzarme una sonrisa de satisfacción, lo que me molestó de manera inexpresable.

- Oh.. ya lo verás.- dijo con una mirada satisfactoria pero a la par que terrorífica- No quiero arruinar la sorpresa que te tenemos preparados.

- ¿Sorpresa?...¿tenemos?, ¿tu y quién más?- pregunté un poco nerviosa y asombrada.

- Ya lo verás, todo a su debido tiempo- contestó mientras proseguía su camino hasta cerrar la puerta tras de sí, dejando tan solo abierta la pequeña rendija por donde el alguacil de vez en cuando me vigilaba- Solo voy a decirte una cosa más.- me dijo desde el otro lado, yo puse atención- Himeko es mía y de nadie más, fui yo el que siempre la protegió de todo peligro, y así seguirá siendo.- eso me molestó en gran cantidad y mi sangre empezó a arder, estaba ardiendo - Me importa un bledo lo que ella diga sobre ti, yo sé perfectamente que no eres trigo limpio.- volvía a tener ganas de romperle la cara a ese indeseable- No pienso tolerar que ella vuelva a verte, a excepción de mañana, ya que esa será la última vez que la veas.- me asombre con esa afirmación- Permitiré que mañana todo el pueblo te vea esposada y condenada; permitiré que el pueblo te abuchee y te tire fruta podrida, mientras estas en lo alto del foso; y… por supuesto, permitiré que la princesa te contemple una última vez, agonizando por la falta de aire, tambaleándote en el aire… por causa de la soga.

Mi corazón dejo de latir y mi sangre se empezó a helar, no podía creer lo que estaba escuchando.- ¿Acaso… mañana…?, no, no puede ser…- pensé- Yo no puedo terminar así, no después de todo lo que he pasado, no después de haber escapado de la muerte innumerables veces, no después… de haberme encontrado con un ángel tan encantador como Himeko.

- Nos vemos mañana al alba.- prosiguió después de un silencio molesto- No puedo esperar…- y con unos pasos que se escuchaban alejándose, terminó la conversación.

Y me volví a quedar sola, allí, en ese horrible lugar, acompañada solamente de ratas y de una tenue luz de la luna, que asomaba desde la diminuta ventana con barrotes que tenía mi celda. No paraba de darle vueltas a lo que ese despreciable me había dicho- ¿Será verdad todo lo que dijo?, ¿mañana será mi último día en la tierra?... Si, debe ser verdad, no tendría por qué mentirme. Pero… si así fuese, entonces…¿dijo la verdad cuando habló de que Himeko se había enamorado de mi?- pensé.

- No… no puede ser…- dije en un pequeño susurro- Como él dijo, ella no es como yo… no es como yo…

Y, como un rayo, la imagen de la persona que ahora ocupaba todos mis pensamientos, se me apareció de nuevo, provocando que unas ligeras lágrimas surcasen mis amorotonadas mejillas.

- Himeko...

Alis:

- ¡¿Cómo que no puedo ver a la princesa?!- le grité al guardia que estaba escoltando la puerta que conducía a la alcoba de la princesa.

- Lo siento, pero las ordenes del capitán son muy claras- dijo sin apenas mirarme- Nadie, a excepción de su alteza el Rey y el capitán, pueden ver a la princesa.

- Entonces me quieres decir ¿cómo piensa hacer la princesa Himeko para vestirse, lavarse, peinarse, y alimentarse ella sola?- le pregunté al cabeza hueca que habían puesto por guardia- Porque no creo que lo haga sola- le dije riéndome.

- B-Bueno, yo…- dijo nervioso.

- Mira amigo- le dije encarándolo, y él puso atención- Solo estoy aquí para traerle la maldita cena, a la que ella no pudo asistir porque unos mastodontes como vosotros no la permitieron salir en toda la tarde.- dije aludiendo también al otro guardia que estaba allí- Y todo por motivos que hasta el mismísimo Rey desconoce.- terminé de decir.

- P-Pero yo solo cumplo órdenes… -dijo casi temblando, al parecer mi carácter le hizo temblar.

- ¡Oh, bueno vale!, ¿acaso quieres darle tu la cena a la princesa?- le pregunté- Mira que por mi no hay problema pero… ¿qué pensará el capitán de tu osadía?- le advertí y pude notar como le surcaba una gota de sudor por la frente- Seguramente mandaría cortarte los huevos y dárselo a los cuervos para que los devorasen como simple carnada.- eso lo sorprendió de gran manera, ya que casi estaba tiritando del miedo, y su compañero tan solo intentaba aguantar la risa- ¡Si, creo que eso es lo que haría! Pero bueno, puede que me equivoque, así que, ¿por qué no vamos y se lo preguntamos personalmente? a ver que le parece…- ya me estaba dando media vuelta para andar por el pasillo y dirigirme directamente a los aposentos del capitán cuando una voz potente y llena de miedo me frenó.

- ¡ESPERA!- di media vuelta- P-Por favor no se lo cuentes al capitán- me dijo con ojos temerosos- Te dejaré pasar pero solo para ayudarla con sus quehaceres y para alimentarla.- dijo lanzando una mirada a su compañero para que abriera la puerta. Su compañero asintió y obedeció.

- ¡Muchas gracias!- dije con una sonrisa de satisfacción, mientras empujaba el carrito que llevaba la cena de la princesa hacia dentro- Los hombres de hoy en día son cada vez mas idiotas…-exhalé.

Cuando quise darme cuenta estaba adentrándome en un lugar oscuro y lúgubre, las cortinas estaban abiertas pero como ya había anochecido, solo se asomaba la ligera luz de la luna. Casi no se podía ver nada.

- ¿Princesa…?- la llamé a media voz.

No obtuve respuesta, y me empecé a asustar. No era normal que la princesa no contestara mis llamadas, y no era normal que la princesa estuviera a oscuras en su alcoba. Era una chica que le encantaba la luz, el día…, porque resplandecía mucho más cuando el radiante sol llegaba a iluminar su ser. Eso lo sabíamos todos los del palacio.

Al llevar tiempo sin recibir ninguna respuesta, en medio del siniestro silencio de la atmósfera, pude escuchar un ligero ruido, un ruido que no estaba segura de qué se trataba.

- ¿Princesa?- volví a preguntar- ¿es usted?

Y nada mas terminar mi pregunta volví a escuchar ese pequeño ruido. Así que, deje a un lado el carrito donde llevaba su cena, y proseguí a paso lento hasta lo que mis ojos podían catalogar como el lecho de la princesa. Cuando ya estaba a escasos metros, pude apreciar un pequeño bulto sobre las sabanas. Y el ruido que antes no podía diferenciar, ahora mi mente sabía perfectamente de que se trataba.

- Snif, snif…

Era el llanto de la princesa.

- ¡Himeko!- dije asustada, mientras me sentaba en el lecho y tocaba lo pude diferenciar que era su hombro- ¿Estas bien…?

- Snif, snif…- seguía con sus sollozos- Alis…

Cuando escuché mi nombre, pude notar que su voz era quebrada y, cuando estaba dándose media vuelta para verme, aún con la escasa luz que había en la alcoba, pude notar que sus ojos estaban vidriosos y muy rojos, síntomas que me decían que había estado llorando por un largo rato.

- Himeko… - no supe que más decir, su mirada… nunca había visto esa mirada en ella, nunca vi tanta pena y tristeza reflejada en un rostro.

- Alis…- dijo en un susurro- ¡Alis!- gritó mientras se lanzaba a mis brazos para que la envolviera en un abrazo. Rompió en llanto.

No sabía muy bien que hacer o que decir, así que solo me molesté en devolverle el abrazó y quedarme en silencio. Ahora mismo, lo que ella necesita es un hombro en el que llorar. Pero, después de pasar un rato, y ver que ella no apaciguaba su tristeza, me vi en la obligación de preguntarle por su desasosiego. -¿Qué era lo que le pasaba para que tuviese tanto dolor?- me pregunté a mi misma. Tenía que saberlo, por una parte me preocupaba por ella, y por otra, la curiosidad me mataba. Así que, cuando noté que empezaba a gastar sus fuerzas y sus lágrimas, comencé a hablar.

- Himeko… ¿qué es lo que ha sucedido?, ¿qué ha pasado para que te encuentres así?- le pregunté alejándola un poco de mi abrazo.

- No es lo que ha pasado, Alis- dijo sin mirarme- es lo que me han hecho.

- ¿Lo que te han hecho?- pregunté- ¿quién, quienes?, ¿qué clase de personas podrían hacerte tanto daño?- no entendía nada, lo único que hizo Himeko fue mirarme a los ojos solo que ahora, su mirada estaba llena de rabia.

- Las únicas personas que creía que nunca me harían daño, pero fui una ilusa y una idiota al creer eso- dijo muy seriamente.

- ¿Quiénes son, Himeko?

- No seré capaz de perdonarles, nunca- hizo caso ameno a mi pregunta- y tampoco podré verlos otra vez con los mismos ojos.

- Himeko, por favor, dime ¿qué te han hecho?

- Dios… como pude pensar que me iba a hacer caso, soy una completa idiota.

- ¡Himeko!- le grité mientras la zarandeaba- ¡dime de una maldita vez qué te han hecho, y quiénes te lo han hecho!

Tardo un rato en contestar, tal vez estaba pensando en cómo me contaría las cosas, y en que orden, para que lo pudiera entender mejor, pero finalmente habló.

- Las personas que más me han decepcionado, son las que menos me esperaba que fueran- suspiró, mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano- Nunca pensé… que Souma y mi padre pudiesen hacer algo tan horrible… y tan injusto.

- ¡¿Mi hermano y el Rey?!- pregunté- ¿qué te han podido hacer ellos para que estés así?, dilo Himeko.

- ¿Recuerdas a la persona que me salvo ayer?, la chica misteriosa, la misma con la que me encontraste esta mañana en esta misma alcoba- hizo una pequeña pausa, pude notar cómo se sonrojaba- Puedes…¿recordarla?

Ya comenzaba a recordar a la chica, y esa escena tan comprometedora volvió a aparecer en mi mente, haciéndome sacar una fugaz sonrisa. Me hizo mucha gracia recordar esa escena, sobre todo recordar la cara que puso Himeko cuando las encontré juntas.

- Si, me acuerdo- de dije intentando ocultar mi sonrisa cómplice.

- No hace gracia, Alis- parece que se dio cuenta- nada de esto tiene gracia…- y empezó de nuevo a llorar.

- Perdóname Himeko, yo no quería…

- No pasa nada- dijo limpiándose las lágrimas y respiraba hondo- te contaré lo que tanto me acongoja.- por fin me lo va a rebelar así que puse extrema atención- Todo esto comenzó cuando el capitán nos encontró a mi y a mi salvadora, juntas…

Shun:

-¿Quién anda ahí?- pregunté en la oscuridad- ¿Quién interrumpe mi sueño?- volví a preguntar mientras me estiraba para coger mi pequeña daga situada en la mesilla del lecho. Pero nadie contestó.

- No tengo miedo a usarla…-volví a decir con tono desafiante.

- Vaya, ¿así que es así cómo acoges a tu rey?- me respondió la oscuridad.

Y mientras afinaba mi vista, de la oscuridad apareció una figura grande y robusta que conocía muy bien. Si no fuese por la luz de la luna, no me creería que el mismísimo rey de Iderland* me este visitando después de tantos años.

- Sigues siendo tan rudo y tan tosco como siempre, verdad?... Comandante Shun- me dijo mientras yo me quede sin palabra alguna hasta que dijo mi título militar, ese que hacia mucho no escuchaba.

- Hace mucho que nadie me llama así- le dije con tono serio- desde que deserté de su ejercito - proseguí mientras me incorporaba hasta estar sentado- o desde que su majestad me pidió que vigilase a la pobre huérfana, por si sabía de sus orígenes.

- Has hecho un buen trabajo durante estos últimos ocho años- me dijo con tono seco- Fue cuando te pedí que salieras del reino… tú y tu familia, claro- prosiguió- Y dime, ¿cómo está tu madre?- y esa pregunta no me la esperaba.

- Ella… murió, cuando yo tenía 20 años, el mismo día que nos mudamos del reino…

Y un incómodo silencio se extendió por toda la alcoba, por parte mía y por la del rey. Aunque ya lo había superado, el Rey había tocado un tema sensible para mi, y él lo sabía.

- No lo sabía… -dijo con tono suave y sincero- Ya sé que es demasiado tarde pero… siento mucho su pérdida, Comandante.

- No se preocupe, su majestad…- le dije mirando al suelo- Pero gracias.

- Bueno y… ¿cómo ha pasado el tiempo en el pueblo vecino? ¿como se ha ganado la vida?- me preguntó, intentando cambiar de tema.

- Pues nada más irnos y dejar toda mi vida atrás, mis hermanos y yo nos vimos en la obligación de encontrar una forma de sustentarnos, y ya que yo y mi hermano teníamos experiencia militar, decidimos trabajar cómo caza recompensas.- le dije con tono neutral.

- Ha llegado a mis oídos que la dama que ha llegado con vos a este palacio, a la cual le doy cobijo y alimento, y cuya persona ha salvado a mi querida hija de morir…- dijo mientras me lanzaba una mirada interrogante- No es otra que la más conocida y peligrosa caza recompensas del reino.- continuó- ¿Estoy en lo cierto?

- Tan cierto cómo que el cielo es azul- le respondí y el rey se sorprendió.

- Vaya, creí que vos erais el más fiero luchador del reino, pero parece ser que lo han destronado.- dijo con una pequeña sonrisa.

- Descubrí que, luego de enseñarle unas cuantas cosas básicas sobre la lucha y la caza, resulto ser muy hábil con el arco y la espada, y también reveló unos sentidos extraordinarios para la lucha.- dije con mucho orgullo. Si, me sentía orgulloso de ser el maestro de Chikane- Resultó ser tan buena que, nada más comenzar su trabajo como caza recompensas ya había arrestado o asesinado a los mas fieros y sangrientos malhechores que rondaban por el reino, y por los pueblos cercanos. Consiguiendo así una fama enorme e irrefutable de la más fiera caza recompensas.

- Estoy anonadado por lo que me cuentas Comandante, realmente has hecho un buen trabajo con la joven dama.- me respondió- Solo espero su presencia no provoque estragos en palacio. No quisiera que hubiese una calamidad.- decía mientras andaba a paso lento hasta lo que venía siendo la gran puerta de la alcoba. Supongo que su visita ya llegaba a su fin.

- No se preocupe, su majestad- le contesté- Nunca ha hecho algo ilegal o ha provocado a la autoridad. Y si lo ha hecho, yo no estuve observándola.- dije con tono firme.

- Confió en vos, mi comandante- contestó mientras abría la puerta- Ha sido un placer volver a verlo.

- Lo mismo digo, su majestad.- y agaché la cabeza en signo de respeto, mientras cerraba con sutileza la puerta.

Fue sorprendente y a la vez extraño volver a encontrarme con él. Hace ocho años él mismo me había dejado bien claro que no volviese por el reino a no ser que descubriese algo de suma importancia sobre Chikane. Sabía que no teníamos que venir al reino, pero lo hicimos ya que estábamos persiguiendo a un muy escurridizo asesino, al que perdimos de vista y por eso nos separamos en el mercado para encontrarlo. Pero lo único que encontré fue a Chikane luchando contra unos mugrosos ladrones. Y luego llegamos hasta aquí, supongo que con la ayuda del Rey.

Aun no entiendo por qué el Rey vino a visitarme esta noche, tampoco sé por qué intento entrar sin que lo viese, y tampoco sé qué es lo que intentaba averiguar. El Rey de Iderland es famoso por su gran habilidad en combate, pero aun más por su extraordinaria habilidad estratégica. Nunca da un paso en falso sin antes pensar en la estrategia que va a usar. Nunca llegué a comprender qué era lo que se le pasaba por la mente. Y me temo que eso es algo que nunca entenderé.

Souma:

Tengo unas ganas terribles de contemplar a esa sucia y asquerosa rata colgada en la plaza principal del reino; tengo tantas ganas de ver cómo es odiada por todo el pueblo y ver cómo le lanzan comida podrida; tengo tantas ganas de ver cómo agonizaría por la falta de aire; tengo tantas ganas de ver cómo desaparece de la vida de Himeko…

- ¡Vaya, vaya, pero si es el patético guarda espaldas que no sabe proteger a su princesa!- volví a recordar y me maldije por eso.

- Maldita sea…- desde que hablé con esa indeseable, no pude dejar de pensar en lo ciertas que son esas palabras.

Odio admitirlo pero esa rata tiene razón. Fue ella la que salvó a Himeko, y no yo. No tuve los suficientes reflejos como para actuar. En ese momento solo se me pasó por la mente en cómo esa alimaña había logrado predecir el lanzamiento de la flecha de un arquero, y en cómo le había dado suficiente tiempo como para empujarme y que no llegase a clavarse en mi.- Ahora que lo pienso, también me salvó a mi, ¿por qué?¿con qué propósito?- intenté razonar.

- Tal vez… no sea tan mal persona como dicen…- logré decir en un diminuto susurro, casi inaudible siquiera para mis propios oídos. Pero, inmediatamente esa teoría se vio destruida por las terribles, espantosas y asquerosas imágenes que tenía de esa rata con la dulce y débil princesa Himeko. Esas en las que aparecían las dos a una distancia nula de sus cuerpos y de sus labios. Solo de pensarlo me daban escalofríos- Imposible… esa asquerosa solo quiere lo que todos andan buscando.- me auto respondí- Solo busca riquezas, fama, poder, y si le viene a tiro, deshonrar a una bella princesa.- dije mientras apretaba fuertemente mis puños- Es asqueroso tan solo de pensarlo… tan solo de pensar que esa asquerosa y la princesa estén juntas. La sociedad nunca lo aprobaría, ni siquiera lo hace la Iglesia.- miré a la gran luna llena que me brindaba su luz a través de la ventana- Nunca lo aceptarán.

Y reafirmando lo que era más que evidente, proseguí con mi andar hasta mi gran alcoba. Tenía que estar fresco si quería ver perfectamente el dolor y el sufrimiento de esa indeseable nada más al alba.

- Me da igual si Himeko llega a odiarme con todo su ser, nada me haría más feliz que ver como esa rata asquerosa desaparece de mi vista para siempre.- dije a media voz mientras seguía andando.

- Te he advertido muchas veces que no te refieras a mi hija por su nombre, Capitán- al escuchar esa voz paré de inmediato mi andar, solo para comprobar que un enorme escalofrío recorrió mi espalda. Rápidamente di media vuelta.

- !Su majestad!- dije arrodillándome- le ruego acepte mis más sinceras disculpas.

- ¿A qué te refieres con que mi hija podría odiarte con todo su ser?- me ignoró completamente- Explícate.

- Yo… verás, su majestad- decidí contarle lo ocurrido- Debido a los diferentes sucesos que he descubierto, todos relacionados con la asquerosa caza recompensas, a la que vos ha hospedado muy amablemente, y todos esos sucesos, en parte, han dañado a la princesa. Me he tenido en la obligación de tomar medidas al respecto. Así que me he tomado la libertad de castigar a nuestra "querida anfitriona" por su descarada osadía- terminé de contarle al Rey mientras me reincorporaba hasta estar de pie.

- Ah…- me lanzó una mirada que helaba hasta el alma más ardiente- ¿Y qué clase de castigo va a inculcarle a nuestra, "anfitriona"?- recalco esa última palabra.

- Pues, el castigo que más le conviene ya se lo he inculcado, su majestad.- le corregí sutilmente- Y el castigo que le he inculcado ha sido, la muerte por la orca.

Y en ese momento el pequeño brillo que había en los negros ojos del Rey, desapareció, pasando a ser la mirada más fría y sombría que jamás había visto. Creí haber metido la pata y que el mismo Rey me iba a castigar, pero no pasó nada. Se quedo inmóvil durante unos segundos y luego habló.

- Así que, ¿la orca…?- preguntó- Vaya… ¿qué pudo hacer esa dama para que la castigues así?- me pregunto en tono neutral- Te recuerdo que fue ella quien salvo a mi hija.- y esa imagen apareció como un rayo en mi mente.

- Su majestad, con todos mis respetos, creo que catalogarla como dama no es lo más adecuado, sobre todo si conociese las orientaciones por las que ella anda.- le dije con tono serio.

- Me da lo mismo- respondió rápido y cortante, y yo solo me asombre- Hiciese lo que hiciese, nada sería tan grave como para condenarla a muerte.- contestó mientras me volvía a lanzar esa fría mirada- Así que lo lamento, pero no puedo aprobar su condena.- sentenció- Y si me disculpa, Capitán. Volveré a mi querida alcoba con mi dulce esposa.- terminó de decir mientras comenzaba su andar en dirección contraria a donde estaba yo.

Yo no me podía creer lo que había escuchado, estaba asombrado, anonadado. Sin la aprobación del Rey no podía hacer la ejecución, el era la máxima autoridad, todo lo tenía que aprobar él.- Es tan extraño, al Rey nunca le importó que ejecutase a presos, sobretodo si habían hecho daño a su hija, esos literalmente tenían un pie dentro del Hades. No entiendo que le pasaba con esa asquerosa rata. ¿Por qué la estaba protegiendo?- Pensé para mis adentros, y no pude aguantarlo, así que con valor, di media vuelta y encaré al Rey.

- !Y si le digo que, los distintos sucesos que pasaron con la caza recompensas y la princesa, tienen conceptos amorosos!- dije con voz fuerte, casi gritando, para así llamar la atención del Rey, la cual obtuve de inmediato, ya que paró en seco.

- ¿Qué ha dicho, Capitán…?- preguntó mientras daba media vuelta para lanzarme una mirada mezclada de desafío y sorpresa.

- Lo ha escuchado perfectamente, majestad- dije con una media sonrisa pícara- He visto con mis propios ojos cómo esa indeseable se aprovechaba de los buenos tratos de la princesa, llegando a seducirla para que callera rendida ante ella, y se olvidase de la clase de persona a la que estaba ayudando.- podía notar como el Rey apretaba fuertemente sus puños y su mandíbula- Para que no se percatara de que lo único que busca gente como ella es poder y riquezas. Por eso, debe ser castigada con la más sebera de las formas.

Hubo un silenció incómodo, donde ninguno de los dos pronunció sonido alguno. Solo podía notar como el Rey observaba al vacío, seguramente intentando digerir todo lo que le había contado. Pasaron unos minutos hasta que escuche lo que quería escuchar…

- De acuerdo…- respondió el Rey, y no lo creía- Haz lo que tengas que hacer, te doy mi permiso- ya está, había ganado- Ahora si me disculpa, Capitán.- se despidió y prosiguió su camino.- Si… he ganado, al fin voy a ver como esa sucia rata muere asfixiada- dije para mis adentros mientras mostraba una sonrisa malévola.

- No puedo esperar al alba…

Alis:

- […] Y luego Souma me dijo que iba a condenarla a muerte, que no nunca más volvería a verla, que me mantendría aquí encerrada sabe Dios cuanto tiempo…-decía con los ojos más rojos e hinchados que jamás había visto, ya que, desde que comenzó a contarme los acontecimientos que la habían puesto en esta penuria, había estado llorando continuamente.-

Lo único que podía hacer era consolarla en un cálido abrazo, para que desahogase toda su pena y derramase todas sus lágrimas. Las palabras en ese momento, sobraban.

- ¿Qué es esto que tanto duele en mi corazón?, ¿por qué no puedo dejar de sentirlo?- comenzó a auto preguntarse en voz alta para que yo la escuchase- ¿Por qué no puedo dejar de derramar lágrimas?, ¿qué es lo que tengo?, ¡¿por qué estoy así, Alis?!- esta vez me lo pregunto directamente- Dime… ¿qué me pasa?

Esos ojos desgarrados por la pena, esos ojos rojos por el llanto, esa mirada llena de sufrimiento, ese rostro lleno de dolor, y esas tan acertadas preguntas… Son las misma que me formulé yo, cuando conocí a Shun. Así sabía perfectamente lo que tenía, lo que estaba sintiendo, lo que la ha llevado a sufrir tanto…

Estaba enamorada. Y pensarlo me hacía cuestionar algunas cosas sobre ella. Ahora entiendo porqué no aceptó a ningún pretendiente que el Rey le había propuesto, ahora entiendo que nunca sintiese alguna atracción por ningún hombre, ahora entiendo porqué ni siquiera se da cuenta de lo mucho que la ama mi hermano… -Pobre, en realidad me da pena- pensé. Pero bueno, el amor es ciego y a todo le puede. Lo veía muy claro ahora mismo. El amor puede hasta traspasar las barreras del género, si se lo propone. El amor es el único sentimiento que nos hace ser personas, es el único sentimiento que nos puede hacer cambiar, es el único sentimiento que nos hace ver lo posesivos que podemos llegar a ser… Es el único sentimiento que, de quererlo, nos puede arrebatar toda nuestra felicidad. Lo se de primera mano. Por eso no quiero que, a la dulce niña que he cuidado durante años hasta ser una refinada princesa, le rompan el corazón. Así que, me dispuse a hablar con ella para averiguar si mis sospechas eran ciertas. Para ver si realmente estaba enamorada, o solo era una muestra de aprecio a la persona que le había salvado la vida.

- Himeko, respóndeme a lo que te voy a decir…- dije suavemente mientras la alejaba de mi abrazo para que me viera a los ojos- Este dolor que sientes.. ¿estas segura de que es provocado por ella?

Ella me miró asombrada por mi pregunta pero, como un rayo un brillo intenso y un gran rubor, se extendió por todo su rostro. Ahí lo comprendí.

- Esto…-intentó decir mientras apartaba mi mirada- No lo había sentido nunca. Nunca había estado tan dolida y tan apenada. Jamás había tenido tanto trato y confianza con alguien que acababa de conocer. Jamás había sentido que, en verdad, podía ser tan feliz con una persona.- pude notar una pequeñas sonrisa surcar sus labios.

Ahora lo tenía claro. Lo que sentía Himeko era amor, y no un amor entre amigas, sino el tipo de amor que hace que estés llorando todas las noches por esa persona, tal cual como estaba haciendo ella… Tan cual como hacía yo.

- Vaya, parece ser que nuestra joven y dulce princesa ya se ha hecho mayor- dije mientras sonreía y ella me miraba extrañada.

- ¿A que te refieres con eso, Alis?- me preguntó y yo le lancé otra sonrisa.

- Me refiero a que por fin te has enamorado, Himeko- y ella se ruborizo hasta alcanzar un todo escarlata.

- ¿¡Q- QUÉ YO QUÉ?!- gritó nerviosa.

- ¡Venga ya!, no te hagas la tonta.- le dije mientras reía por su reacción- Es más claro que el agua.

- Pero es… es una dama…- dijo en un susurro mientras apartaba la mirada- Eso… no puede ser- pude notar su tristeza.

- Cierto, es por eso que es un amor prohibido- dije mientras levantaba suavemente su rostro para que me observase- Y es por eso por lo que debes luchar, luchar por ese amor, luchar para que ese amor llegué a ella.

- Pero… y si lo que siento, solo lo siento yo y ella no siente lo mismo; y si solo es mi imaginación, que me esta jugando una mal pasada; y si lo que siento es mera gratitud y respeto por quien me ha salvado la vida…

- Escúchame Himeko- dije con tono serio- Con todo lo que me has contado, con todos los sucesos que habéis tenido, con todo el dolor que me has contado tus penas… Estoy más que segura que la amas más que a nada, y sé que ella también te ama.- eso hizo que su sonrojo aumentase- Así que, si no quieres arrepentirte por el resto de tu vida por haber perdido a la única persona que de verdad has amado, te recomiendo que aceptes mi ayuda- terminé de decir recordando lo que no logré hacer antaño.

- ¿Cómo?, ¿cómo me puedes ayudar?- me preguntó impaciente.

- Te ayudaré a que vuelvas a ver la persona que amas- dije mientras la apartaba de mi lado para posicionarme y levantarme de la cama donde permanecimos sentadas- Te ayudaré a salir de esta prisión a la que te han condenado, y te llevaré hasta las oscuras mazmorras para que así te confieses ante tu verdadero amor.

- Himeko me observó estática, anonadada, ilusa. No se creyó lo que le dije hace unos minutos sobre su enamoramiento. No se estaba creyendo lo que hace unos segundos le conté. Y debe ser por eso que unas silenciosa lágrimas surcaron su fino rostro.

- No lloréis, princesa- le dije con una sonrisa mientras le secaba las lágrimas.

- Gra- gracias, Alis…- dijo entre sollozos- Eres la mejor amiga que he tenido. Por no decir la única.

- No me deis las gracias- le dije contenta- Ahora tengo que llevaros hasta las mazmorras sin que os vean los guardias. Y creo haber encontrado la mejor, por no decir la única forma de sacaros de aquí.- dije mientras observaba el carrito que contenía la fría cena, y el cual contenía el tamaño perfecto para llevarla mientras era tapada por un mantel.

- Rápido Himeko, no debemos perder más tiempo- le dije mientras agarraba su brazo para llevarla hasta el único medio que le daría la libertad.

Chikane:

- ¿En serio?, ¿así de triste va acabar mi vida?- pensé mientras observaba el oscuro charco de sangre que se había formado por la repentina paliza que me había dado el muy desgraciado del capitán.- Ese maldito…- dije apretando mi mandíbula- Acabaré contigo…

- ¿Qué voy a hacer ahora? Estoy con la soga al cuello, y nunca mejor dicho. ¿Cómo voy a salir de esta?- pensé mientras miraba a mi alrededor intentando buscar una mínima salida o algo que me pudiese servir para trazar mi escape, pero la escasa luz no ayudaba- Mierda…- dije derrotada- Se acabó, me rindo…- dije cansada- Jamás volveré a verla, jamás volveré a ver su sonrisa, jamás volveré a oler su dulce aroma… Jamás me querrá como la quiero yo.- me sentencié a mi misma.

En todo el tiempo que llevó bajo la oscuridad de esta mazmorra, he logrado entender que, realmente lo que sentía por Himeko era real, era amor, amor verdadero, ese que siempre he buscado muvhas veces con innumerables mujeres sin que ninguna me demostrase nada. Era solo un objeto de diversión, nunca me amaron, y eso yo lo sabía, pero no me importaba. Solo quería sentir la compañía de alguien más. Pero ahora me doy cuenta de que fui una completa idiota. Ahora me doy cuenta de que realmente estoy enamorada. Puedo decir con seguridad que estoy enamorada de la princesa de Iderland, la más bella de todas las princesas. No estoy segura de que ella también sienta lo mismo, pero de lo que si estoy segura, es que lucharé. Lucharé por ella, lucharé por su amor, lucharé por su bienestar, lucharé por mantener esa sonrisa…- ¡Dios!, ¿había algo en el mundo más bello que eso?- pensé. No me importa que la sociedad no lo permita o que me castiguen por eso. Yo la amo, y eso no va a cambiar. Aun que casi no nos conozcamos… Sé que desde que mi cuerpo actuó por instinto propio cuando la salvé de morir atravesada por una flecha, supe que algo especial tenía con ella.

Y ese algo, es amor.

- Por eso no me rendiré…- dije mientras intentaba incorporarme y aguantaba el punzante dolor- No voy a rendirme… ¡me niego!- grité mientras conseguía poco a poco ponerme de pie- Lucharé por ella, por mi amor. Encontraré una forma de salir y decírselo. Me da igual si piensa que soy una asquerosa, solo quiero que sepa que la amo- y tan rápido como un relámpago la imagen de Himeko odiándome por siempre por confesar mi amor hacía ella y horrorizándose por mi simple presencia, me heló el alma. Y como una pesada roca, caí de nuevo al frío y húmedo suelo.

- No… no puedo hacerlo, no puedo decírselo…- miré asustada al gran charco que era iluminado por la luz de la luna- No podría seguir viviendo sabiendo que me odia…

Así deje que la oscuridad me engullese de nuevo con sus fríos brazos. Derrotada por la incapacidad de no poder hacer nada, y el dolor de una amor prohibido.

Siquiera tenía esperanza alguna de que algo pudiese cambiar el curso de los acontecimientos… hasta que escuché el arrastre de algo remolcándose hasta mi posición. Y eso me sorprendió por que justo cuando el sonido había parado, se escuchó un sonido de llaves incrustarse en la cerradura de la puerta que impedía mi libertad. Así presté toda mi atención a lo que iba a asomarse por la gorda y pesada puerta. Y lo que pude apreciar gracias a la suave luz de la luna, fue tan sorprendente que creía que estaba soñando.

- Hime...ko… - dije en un medio susurro mientras unas silenciosas lágrimas surcaban mi maltratado rostro.

- Chikane…- dijo ella aclarándome de que no se trataba de un espejismo creado por mi imaginación- Chikane…- volvió a decir mientras derramaba continuas lágrimas- ¡CHIKANE!- gritó mientras corría hacía mi para lanzarse sobre mis brazos y comenzase a llorar con todas sus fuerzas. Yo al momento me quejé por el intenso dolor de mi espalda, pero al rato ya estaba disfrutando del cálido abrazo.

- Hime…- intenté llamarla pero fui interrumpida por un suave y húmedo contacto. No supe exactamente lo que era hasta que, gracias a un escaso rayo de luz, lo pude ver con claridad.

Himeko, la única princesa de este prospero reino, la princesa más querida por todos, la más deseada por todos los reyes y príncipes de los reinos próximos, la más bella y dulce de todas las damas… La única que realmente me había arrebatado el corazón… Estaba ahora mismo mostrándome el más suave y dulce contacto que jamás pude esperarme de ella. Estaba besándome.

Al principió me cogió por sorpresa, y no sabía muy bien como reaccionar, pero una vez que me deje llevar por esos dulces labios… Lo que se había convertido en un tímido beso, pasaron a ser besos cada vez más y más apasionados y lujuriosos. Y en ese momento odié con toda mi alma tener los brazos inmovilizados por esas malditas esclavas. Pero no me importaba, pues con cada beso ella logró que me perdiera en su amor.

continuará...


*Esclavas: Viene a seguir siendo una especie de grilletes que se usaban en el siglo XIII, los cuales se sujetaban con cadenas y estas se encadenaban a la pared de dicha celda.

*Iderland: Reino en el cual surge esta historia. Esta es la forma de escribir el nombre, pero su pronunciación es la de Eiderlan. (a partir de ahora lo pondré así, siento las molestias)


Hola y muy buenas a todos y a todas que leen mi historia. Se que debería estar yo en la orca por tardar lo que tardé en subir el capítulo, pero hablo en serio cuando digo que realmente no tuve tiempo en vacaciones ya que estuve estudiando todo el verano -_-´Pero por lo menos aprobé!XD También tuve muchos problemas románticos y por eso no pude concentrarme del todo en escribir. Así que si le falta algo de chispa a la historia es por eso... Pero no os preocupeis porque el siguiente capitulo si que va a ser épico, lo prometo XD!

Bueno, saludos y besos (realmente siento haber tardado tanto) :(

Dején rewiews please!