CAPÍTULO 7:

Por favor, escucha mi plegaria…


En el palacio de Iderland:

- Realmente me honráis con vuestra presencia, ¿a qué le debo tal honor?- pregunté incrédulo.

- A pasado mucho tiempo… -dijo mientras miraba por la ventana al patio interior de palacio -…demasiado…- dijo nostálgico- Pero nuevamente necesito de tu ayuda- le miré rudamente.

- La única vez que requirió mis servicio fue hace dieciséis años, yo apenas era un muchacho que se esforzaba por mantener a su familia con vida por culpa de la maldita guerra que lo consumía todo… guerra que surgió por su estúpido terror al heredero de los eslandienses- me levante de la cama como pude y me acerqué a él- Lo único que quería era ayudar a mi familia, por eso me uní a las tropas de mi país aun a la escasa edad de doce años, pensé que era lo mejor que podía hacer… pero una vez que ves los horrores de la guerra y participas como un animal en ellas, te va consumiendo hasta ser una persona completamente diferente…

- Shun – dijo suavemente

- Una vez que empuñas un arma, una vez que tus manos están manchadas de sangre, una vez que un hombre agonizante te mira a los ojos… Da igual la edad que tengas o el rango que lleves en el blasón, nadie es más que un animal en el momento que terminas con la vida de alguien.

Mi mirada no expresaba más que odio y frialdad, al menos eso es lo que vi en el reflejo del rey cuando me observaba atentamente.

Por una vez, hubo silencio, solo el rechinar y el crujir de la madera candente hacia eco en la sala. El rey se acercó a mi, a paso firme, sin apartar un segundo su mirada de la mía. Mi mano en forma de puño apretaba fuertemente, mientras el rey se detenía.

- Se los horrores que has tenido que pasar. Aunque no lo parezca, yo también viví de cerca los horrores de la guerra, porque "yo" también fui partidario en ella – dio más énfasis en esa palabra – No puedo saber el dolor y el sufrimiento que has vivido tu y tu familia, porque gracias a Dios no he tenido que vivirlo, pero… puedo ser capaz de sentirlo, ponerme en tu lugar…

Mis ojos no se movían de los suyos, mi respiración era firme y acompasada, estaba perfectamente pero aun así, sentía que algo no estaba bien en mi.

- Aun a sabiendas de todo lo que has pasado, una vez más…. – puso su mano derecha en su pecho- Requiero de sus servicios.

- ¿Por qué me quiere de vuelta?, pensé que ya había conseguido mi propósito al obedecer la última orden del rey – pensé.

- Y créame usted también querrá volver a su puesto una vez que sepa quién corre peligro de perder la vida en estos momentos – continuó.

- Si no se trata de mi familia, no me importa.- respondí fríamente.

- Oh, sin duda para usted es como de la familia – eso me asustó, y pensé en lo peor.

- ¡Cómo le hayan echo daño a Alis juro jodídamente que…!

- Tranquilo, tranquilo –me interrumpió – No le ha pasado nada a su querida amante, o bueno, probablemente ahora será su ¿amiga? – dijo con tonos sarcásticos mientras enseñaba una cortante y perfecta sonrisa. Me estaba cabreando – No es sobre ella, es sobre otra persona, aquella con la que fue bienvenido en este palacio. – Me asusté.

- ¿Qué le pasa a Chikane?

- Bueno… - se agarró las manos a la espalda y fue tranquilamente andando asta la ventana de la sala- Al parecer el capitán de mi guardia no ha sido del todo, como decirlo… "hospitalario" con ella y, creo que en un arrebato de celos ha conseguido que se haga justicia – dijo volteándose- A su manera.

- ¿Qué quiere decir? ¡Hablé claro, maldita sea! – me estaba impacientando.

Su mirada sarcástica y su rostro cambiaron drásticamente, de modo que ahora tomaba un carácter más frío y potente, superior, digno de la alta nobleza, de un Dios. Me quedé estático mientras se acercaba a mi.

- La única forma que tienes de ayudar a tu querida amiga es que aceptes mis órdenes, recuperes tu puesto, portes este pergamino a la plaza y detengas la ejecución gracias a tu poder en el cargo. – me entregó un pergamino enrollada en una cinta azul cián, el color real. Poso su mano derecha en mi hombro.

- Necesito que el Comandante vuelva a su puesto e imponga orden- terminó de decir.

Yo ya no sabía que hacer. Por una parte si aceptaba estaría dejando atrás mi vida con mi familia y con Chikane, y mi tapadera se vería descubierta. Pero por otro lado si no acepto, la vida de Chikane terminaría, y no podría vivir con la culpa. Así que…

- De acuerdo… - susurré.

El rey esbozo una sonrisa de victoria. Había ganado la primera batalla.

- Tu caballo te está esperando en el patio.


Plaza mayor, pueblo:

- ¡NOOOOOOO!- chillé- ¡NOOOOOO! ¡SOLTADME, SOLTADME! – intente zafarme- ¡CHIKANE, CHIKANEEE!

Daba igual como de fuerte gritara o como de fuerte golpeara y zarandeara a los guardias que me retenían contra mi voluntad, era como si nadie más que yo estuviera en ese lugar, en ese infierno. Mi infierno.

En el súbito momento en el que vi a Chikane caer, en el momento que vi la soga tensarse, el dolor de su rostro al ahogarse, su leve tambaleo en el aire, sus ojos agonizantes posándose en los míos… Mi mundo se derrumbo, ya nada podía hacer. En un solo instante me arrebataron la vida, el alma. Cómo podía luchar contra esto. Cuando los tambores dejaron de tocar su música, mi aliento se atascó en mi garganta, sin dejar entrar ni salir al aire. Miré a Chikane con mis ojos hinchados y rojos, ella me miró y creí notar que decía algo pero sin decir nada. Cuando me quise dar cuenta su mirada se habían apagado y sus ojos se habían cerrado.

- No… - susurré temblorosa. Mis mejillas se humedecieron de nuevo. - ¡AAAAAHHHH!- chillé.

Mi cuerpo, aunque estuviese sujeto por los guardias, se dejó caer en el suelo de la plaza. Todos los ciudadanos, campesinos y guardias, incluido los dos que me estaban sujetando, se sorprendieron. A mi no me importó solo seguía con mi agonía.

Aun no me lo podía creer, ¿cómo era posible que se haya ido? No puede ser verdad. Esto tiene que ser un sueño. O más bien una pesadilla. De las peores. Dejé de mirarla, solo tenía la cabeza agachada, dejando que mis llantos cayeran al suelo. Estuve así durante un buen rato hasta que algo llamó mi atención. Unas pisadas acompasadas venían hacía a mi de manera lenta. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, se detuvieron y yo, iba alzando la cabeza poco a poco. Mis ojos se encontraron con una fría mirada, y un rostro sin expresión alguna.

- Ves lo que pasa cuando no actúas adecuadamente, cuando no actúas como una princesa – mis lagrimas seguían surcando mis mejillas – Esto – dijo señalando a Chikane colgando de la soga. Dios esa imagen me destrozó de nuevo. – Es lo que pasa cuando te enamoras de quién no debes. Esa cosa, era una sabandija asquerosa, una rata, que debía morir. Si alguien toca a la realeza, mi deber y obligación es encargarme de esa amenaza. Y cuando vi a la caza recompensas más buscada del reino a tu lado, to- tocándote … mi cuerpo se vio envuelto en una niebla roja, y el odio y la rabia me cegaron, y cuando quise darme cuenta, ya la estaba golpeando y sentenciando a muerte.- le miré asombrada.

- ¿Acaso estos repentinos y horripilantes sucesos son producto de un brote psicótico por parte del capitán de la guardia real? – pensé . No, es demasiado cruel para que sea solo eso. No recuerdo a mi mejor amigo de la infancia así, de esa forma. Como un asesino.

- Entiende, que esto lo hice por tu bien – no podía salir de mi asombro. De todas las cosas que podía haber dicho, esta es sin duda la que colmó el vaso.

Le miré, y le miré de la forma más fría posible. Mis ojos seguían rojos y mis mejillas húmedas, sin embargo el efecto que supuso mi mirada en el capitán, no se hizo esperar. Se había asombrado.

- No pretendas ocultar tu culpa detrás de tu deber y trabajo, porque eso ahora de nada te va a servir. – mi voz al igual que mi mirada, helaba - ¿Crees que perdonaré lo que has hecho?, ¿qué pasaré por alto este tormento que me has impuesto?, ¡¿acaso crees que matándola, arreglarías algo?! – le grité enojada –¿ Sabes que te digo? ¡ERES UN JODIDO PSICOPATA AL QUE NO LE IMPORTA LOS SENTIMIENTOS DE LOS DEMÁS, POR MI COMO SI TE PUDRES EN EL INFIERNO! – se asustó de tal manera que logré que se moviera dos paso para atrás.

- Hi-Himeko…

- ¡Soltadme! – los guardias miraron al capitán, y este después del susto, asintió dándome por fin la libertad. Me acerqué a él y le dije a un costado suyo sin mirarle a los ojos. – Ya no eres mi guarda espaldas, ni mucho menos mi amigo. A partir de ahora, te trataré como si nunca te conociera.

Al fondo de todo este ambiente se escuchó una especie de estruendo en las calles. Parecía como si una estampida de caballos se acercara a la plaza. Cuando me fijé, estaba en lo cierto. Una serie de veinte jinetes o más se acercaba, portando el estandarte real. Me asombró, de echo. Pero lo que más me asombró fue ver a un arquero disparar una flecha. Y la dirección que tomó esta fue justo a la soga que se tambaleaba, cortándola y dejando caer el inerte cuerpo de Chikane dentro del foso.

- ¿Pero qué…?- escuché decir a Souma. Aun que mi preocupación era otra.

- ¡Chikane! – salí corriendo hacía el foso.

Logré encontrar la entrada que utilizan los guardias para recoger los cadáveres de los condenados. Aunque ahora mismo no quiero pensar en cadáveres. Encontré a Chikane tirada en el suelo. Mi primer acto reflejo fue tirarme a donde ella. Acto seguido le aflojé lo que le quedaba de soga y se la saqué.

- Oh por favor… - mi voz se empezó a quebrar y las lagrimas no tardaron en salir – Por favor, por favor devuélvemela, no me hagas esto – le rogaba misericordia a un ser divino llamado Dios – Por favor… - la tenía entre mis brazos, le acariciaba la mejilla suavemente, parecía que dormía – Por favor, escucha mi plegaria…

No reaccionaba. Creo que había llegado tarde. La tenía ahí, en mis brazos, durmiendo un sueño eterno. Se acabo. Esto termino, y termino de la manera más asquerosamente horrible y cruel posible. Se había ido de mi lado. Nuestra historia, tan espontánea, tan real, tan dulce y romántica, tan corta… había terminado. Mis lágrimas surcaban libres por mi rostro. Me guardé el sollozo. Lloré en silencio.

- No es justo… no es justo… - repetía en susurros.

- ¡No te rindas!

Acaso mi mente ya alucinaba, acaso realmente había escuchado una voz, una voz clara y dulce en el mismo lugar en el que me encontraba. Decidí alzar la cabeza para comprobarlo y, efectivamente, aun no me había vuelto loca, creo…

Frente a mi había una pequeña figura encapuchada que venía corriendo hacia mi. En un primer momento me extrañó. Pero lo que vino después me descolocó de una forma que quise chillar. Me había apartado bruscamente de Chikane, de tal forma que me restregué en el suelo. Justo en el momento que elevé la cabeza con una mirada llena de ira, y justo cuando iba a decir una serie de barbaridades contra la persona que ahora tumbaba a Chikane en el suelo, abría su boca, tapaba su nariz y la besaba… - ¿Espera..? ¡¿La está besando?! – Cuando me quise dar cuenta la pequeña figura que interrumpió en aquel lugar, empezó a besar y a apretar acompasadamente el pecho de Chikane. Todo esto repetidas veces. Sentía como mi rostro ardía y ardía. Me levanté apresuradamente, y a punto estaba de maldecirla y de apartarla de una bofetada, pero algo me detuvo. El repentino estruendo de una potente tos.

Bajé mi vista y… ahí estaba, moviéndose hacia un costado para poder recuperar mejor el aliento.

- ¡Gracias a Dios! – suspiró alegremente la figura encapuchada que estaba a su lado

- ¿C-Cómo?, ¿q-quién eres?, ¿por qué…?- no lograba formar una frase coherente, solo palabras sueltas. Bajé la vista.

- C-Chikane… - me arrodillé a su lado, le acaricié el rostro.

- Hola… - dijo en un susurro. Le costaba hablar- ¿acaso la bella princesa de Iderland no tendrá un poco de leche y miel a mano, verdad? – se estaba quedando conmigo, lo notaba en su larga sonrisa – No se porqué, pero me duele un poco la garganta…

Mis ojos seguían llorando a la par que una enorme sonrisa se manifestaba en mi rostro. Una leve risa salió de mi boca y lo primero que hice en respuesta a ese inesperado e ingenioso comentario, fue darle un profundo y largo beso. Un beso que me supo a gloria y al metal de la sangre. Ella lo correspondió con la misma pasión. En aquel acto, sentí como volvía la vida a mi. Mi corazón volvía a latir fuertemente y mi alma volvía llena de pasión. No quería que aquel beso terminara nunca, pero debíamos volver a recobrar el aliento. Chikane sobretodo. Así que nos separamos levemente.

- Estoy aquí contigo Himeko – me susurró mientras me acariciaba la mejilla – Estoy aquí… - una sonrisa se dibujó en su rostro.

Una última lágrima surcó mi rostro. Ya no quería llorar más, ni nunca más. Me habían devuelto a mi Chikane, mi vida. Nunca podré olvidarlo. Ahora se, que la pesadilla, había acabado. De repente volví a acordarme de la figura encapuchada y rápidamente levante la vista. Ahí estaba, arrodillada al suelo, viéndonos sonrojada.

- Realmente te debo la vida – le dije amablemente- Gracias de verdad, me has devuelto lo más preciado y amado que tenía, gracias de veras – le sonreí – Si hay algo que quieras, por favor no dudes en decírmelo, recompensaré con lo que sea a la persona que salvó a…

- ¡Oh no, por favor, no se preocupe! – me interrumpió. Ahora que me daba cuenta, su voz era femenina – Es mi labor ayudar a la gente herida, soy curandera, mi princesa – se sacó la capucha y se dejó ver. Realmente quedé impresionada.

Delante de mi había una hermosa y joven chica, de rasgos arios. Ojos azules, pelo rubio y tez blanca. De baja estatura y emanaba un aura de bondad y amabilidad. Realmente era una chica hermosa, pero no tanto como Chikane.

- Pero… realmente me gustaría recomp-

- ¡Lo siento pero me tengo que ir¡ - me interrumpió, volvió a ponerse la capucha y rápidamente se levantó y empezó a correr hacia la entrada del foso. La misma que había usado yo.

- ¡Espere, por favor! – le grité - ¡ Ni siquiera se su nombre! ¡ por favor, dígamelo!

La chica se paró en seco y dio media vuelta quedando mirada con mirada, sonrió y dijo:

- Muy pronto lo sabrá - y volvió a correr.

- ¡Espere! – grité.

- Lo siento, tengo que irme – dijo mientras se alejaba por la puerta.

- ¡Espera! – volví a gritar, pero ya era tarde. Se había ido.


En el mismo lugar:

- Lo siento, tengo que irme – digo mientras me alejo y paso por donde entré.

- ¡Espera! – escucho decir a la princesa, pero ya había salido fuera.

Aliviada de que mis dotes medicinales y de reanimación funcionaran, me propuse a buscar a mi compañera, pero al parecer esta me leyó el pensamiento pues estaba ya a mi lado.

- ¿Por qué has tardado tanto?

A mi lado, apoyada en la pared, se encontraba mi compañera; una persona introvertida, espontánea, sarcástica, valiente e irritante. Cualquiera con solo ver; su cabello desgreñado, sus rasgos serios y fríos, y su mirada apagada; podría pensar que esta persona era de la peor calaña. Pero a mi no me lo parecía.

- He tenido algunos problemas a la hora de reanimarla – dije mientras me quitaba la capucha – Al parecer estaba más cerca de la muerte de lo que pensaba.

- Ya veo – se acercó a mi, a paso lento y firme, colocando su mano vestida de cuero negro en mi barbilla para levantarla, obligándome a mirarla.

Por culpa de su capucha, aquella que odiaba tanto, y aquella que nunca me dejaba ver la expresión de mi compañera; no pude saber qué estaba tramando. De repente su dedo pulgar recorre la comisura de mi labio inferior y siento como mis mejillas empiezan a arder.

- Al parecer no te importó el echo de que estuviese sangrando- dijo en un leve susurro – Te has llevado un pequeño recuerdo suyo, ¡que romántico! – dijo en tono sarcástico mientras me enseñaba su pulgar manchado de carmesí. Me enojé.

- Sabes que es mi trabajo- dije mientras me apartaba de ella.

- ¿Tu trabajo consiste en ponerme celosa?

- Espera… ¿qué…? – fue lo primero que pensé.

-¿Qu….?- fui interrumpida por unos fuertes brazos que agarraron y elevaron mi cintura. Mi nariz ahora estaba tocando la suya.

Nunca se que hacer cuando se pone así. Mi cuerpo es prisionero del suyo, mi alma es dominada por la suya, y mi corazón baila por el suyo. Debido a que es notoriamente más alta que yo, puesto que me saca una cabeza o más, cuando me atrapa mi cuerpo queda sostenido en el aire, y no me queda otra que aferrarme a él. Mientras siento su aliento en mis labios y como mi corazón va a estallar.

- Y- Ymir… - por primera vez me digno a verle los ojos y a contemplar su fría mirada.

Esos ojos caramelo me envuelven en una locura de la que quiero escapar, pero no puedo. Siento como me aprisiona todavía más. Su boca coge aire. Se acerca a mi oído y me susurra algo. Yo cierro los ojos.

- Solo era una broma…

Mis mejillas arden. Pero no solo arden por el atroz y embarazoso momento que acaba de pasar. Sino más bien arden de ira. La misma ira que en ese preciso instante se vio representada en un fuerte cabezazo en la nariz.

- ¡AH!- gritó.

Me soltó y se llevó las manos a la nariz, que no paraba de sangrar.

- ¡Ah, no tenias por qué pegarme!- siguió agarrando fuerte su nariz - Por Dios, ¡solo era una broma!

- Ya, ya, siempre dices eso y siempre acabas igual – le incriminé, ya me empezaba a hartar - ¿Es que nunca te cansas? – me cruce de brazos.

- Es que… - sus fríos ojos me miraban, sentí mi cuerpo temblar - Lo siento, pero no pude evitarlo – agachó la mirada y de nuevo su capucha cubrió casi todo su rostro. La fiereza de su voz había acabado, dando paso a un tono más ameno, más… pasivo.

Es por este tipo de cosas que se que Ymir no es la clase de persona que la gente piensa. Se que debajo de esa máscara de indiferencia y frialdad, hay un alma amable y cálida. Por eso nunca me puedo enfadar indefinidamente con ella.

Me acerco y le entrego un pañuelo.

- Ponte esto en la nariz, intenta parar la hemorragia. Aprieta fuerte.

- ¡Oh…! – dice mientras lo coge. - ¿Me va a dar una prenda como respuesta a su enamoramiento hacía mi, mi dulce princesa? - Su tono es sarcásticamente seductor.

Me sonrojé y aparte la mirada.

- Solo haz lo que te digo, ¿quieres?

- Vale, vale – dice y pone suavemente la capucha de nuevo en mi cabeza. Yo la miro – Debemos irnos, venga – Agarra mi mano y empieza a correr.

- Realmente odio cuando hace bromas.


De nuevo en la plaza:

- ¿Qué está pasando aquí?, ¡¿Qué es todo esto?! – escuché quejarse al capitán a lo lejos.

Yo y mi ejercito, aunque no abarcaba tal magnitud puesto que solo éramos unos veinte soldados, incluyéndome a mi, nos paramos justo en frente de los ciudadanos que estaban en la plaza. Algunos soldados del capitán se interpusieron en el camino. De entre ellos salió el capitán. Como ya me esperaba, estaba descolocado y enfadado. Acerqué mi corcel blanco hasta donde estaba él. No me digne a bajar.

- Deje que le explique – me saqué el casco y noté como se sorprendió drásticamente – Mi nombre es Shun Novák, comandante de la Real División de la Armada de Iderland, y general de la Armada Real – noté un gran murmullo entre los ciudadanos y los soldados que estaban detrás del capitán, quien por cierto, estaba bastante estático – Vengo a informar de la detención de ejecución.

- ¿Quién lo ordena? – respondió secamente.

Yo saqué el pergamino que me había entregado el rey y se lo entregué. El alargó el brazo hasta arriba y lo cogió de mala gana. Cuando lo abrió empezó a leerlo. Su mirada de torno aun más enojada y seca. Alzó la mirada como si buscara más respuestas. Aclaré mi garganta con un carraspeo.

- Por orden real de nuestro amado rey Dirk Gunner,

la mujer que había sido condenada a muerte, queda oficialmente libre de condena. – se descolocó aun más.

- ¡Pero no puede ser! – se quejó – Hasta hace poco el rey estaba de acuerdo conmigo con la ejecución, ¿qué le hizo cambiar de opinión?

- Eso pregúntaselo a él – le alegué - ¡Escuchad soldados de Iderland, a partir de ahora, yo estoy al mando de esta legión y de por supuesto toda la Armada Real!- grité a los soldados - ¡Volved a palacio, es una orden!

- ¡Tu….!- me miró un capitán bastante enojado. Podía ver como apretaba fuertemente su mandíbula.

Volví a ponerme el casco, cogí las riendas y le miré seriamente.

- Es una orden, capitán…- puse énfasis en esa última palabra. Su mirada no cambió. Todo su cuerpo se tenso. Sabía que estaba aguantándose las ganas de matarme, pero no me importó.

- ¡TODOS, CABALDAD!- ordené.

Nuestra legión se vio tapada por una estela de polvo. El único que no cogió las riendas de su caballo fue el capitán.


Palacio de Iderland, en ese mismo momento:

- No sabéis la alegría que me da que hayáis llegado- nos dijo a mi y a mi marido, mi adorada hermana – Tenéis que disculparnos, mi hija salió a cabalgar hasta el pueblo, y mi marido llegará ahora de su despacho- nos explico – Pero por favor, sentíos como en vuestra casa.

- Muchas gracias, querida hermana – le dije mientras le daba un gran abrazo - Y no te preocupes, ya sabes que Himeko es muy espontánea. Cariño ven, es tu tía Elisabeht – le dije a Illya. Se acercó a mi hermana y le dio dos beso y un gran abrazo.

- ¡Hola tíaaa! – dijo mi hija.

- ¡Hola Illya, cuanto has crecido! – le respondió mi hermana. Hacía dos años que no veníamos aquí.

Miré a mi alrededor, nada había cambiado. El palacio, el reino y su gente, seguían siendo la misma. Tan encantadora, tan apacible y cálida. Busqué con la mirada a mi marido, estaba a mi espalda, atendiendo a los acontecimientos. Cuando me vio, me sonrió disimuladamente y yo le devolví la sonrisa. Pero me di cuenta que, detrás de mi marido, estaba mi guardaespaldas personal. Mi querido caballero, Saber. Cuando notó que le sonreía a Kiritsugu, apartó su mirada de la mía. Lo que en gran medida me entristeció y ligeramente me enojó. Así que me propuse arreglarlo.

- Cariño puedes vigilar a Illya – le dije a mi marido- Voy a ir un momento a mis aposentos, necesito ir a refrescarme y a prepararme para la cena – le alegué refiriéndome a que tenía que ir al lavabo y a cambiarme.

- No te preocupes querida. – dijo mientras me daba un corto beso en los labios, lo que me preocupó un poco.

Levante la mirada y encontré lo que ya me esperaba. Mi querida Saber tenía la mirada fija en el horizonte. Seria, distante. Yo me alejé de mi marido y me aproximé a las escaleras principales para llegar a mi alcoba. Antes de subir el primer peldaño, me dirigí a ella.

- Saber, podrías acompañarme, necesito que me ayudes con "una cosa" – di énfasis a las últimas palabras.

Mi mirada era seductora y elegante. La suya era la misma de siempre, seria y distante, la misma que la de un caballero, pero estaba impregnada de pasión. Ese brillo que tenía en los ojos me lo recordaba siempre. Su cuerpo se enderezó y seguidamente se inclinó.

- Será un honor, mi reina – respondió y prosiguió su andar hasta estar a unos tres pasos de mi, y comencé a subir las escaleras.

Ni siquiera me fijé en si mi marido se había extrañado o incomodado, lo único que me preocupaba ahora era en llegar a mis aposentos. Habíamos terminado de subir las largas escaleras y nos encontrábamos recorriendo el pasillo. Mi querido caballero me seguía a paso firme. Cuando llegamos, abrió la puerta muy caballerosamente y me incitó a entrar. Cuando me encontraba dentro, antes de que cerrara la puerta, le ordené que entrara, a lo que obedeció lealmente. Una vez las dos dentro, le ordené que cerrara la puerta, lo que hizo. En el momento en que me iba a mirar, me acerqué seductoramente hasta que mis labios se encontraban rozando los suyos. Ella no se movió, solo entreabrió un poco la boca, lo que me hizo sonreír. Notaba su respiración en mis labios.

- Ya sabes lo que quiero que hagas… - susurré.

Tan rápido como lo dije, la besé. Pero no fue un beso lento, no. Fue un beso brusco y apasionado, mis brazos rodeaban su cuello y mis manos acariciaban sus cabellos rubios, tirando de ellos. Noté sus fuertes brazos rodeando mi cintura y como me empujaban, dándome la vuelta y acorralándome contra la puerta. Nuestras lenguas danzaban rítmicamente. Seguidamente me elevó hasta que acomodó mis piernas a su cintura, aprisionándola. Nos separamos levemente para recobrar el aliento. Mi cara estaba a pocos centímetros por encima de la suya, y mis pechos estaban rozando su barbilla. Sus ojos miraban apasionadamente a los míos, lujuriosos, mientras que nuestras respiraciones eren entrecortadas. Ninguna decía una palabra, para qué, eso solo estropearía el momento. Mis manos atraparon sus mejillas y la acerqué a mi. Nuestras narices se rozaban. Podíamos sentir el aliento de la otra.

- Haré todo lo que me ordene, mi reina – respondió con una ligera sonrisa, lo que provocó la mía.

- En ese caso, te ordeno que no te detengas – acomodé mis brazos en su cuello – Y por favor, llámame Irisviel.

La volví a besar, y no fue lo único que le hice aquella tarde.

Continuará…


Ya lo se, se perfectamente lo que me vais a decir, y no, prefiero que si me escribís algún comentario no me mandéis a la m***** por haber tardado ¿cuánto? ¿cuatro meses?. Dios... es de locos, pero es que veréis. Después de prepararme para los exámenes de septiembre, resulta que no me valió de nada, pues tengo que repetir curso. (Vida 1- lachicaenllamas 0) Mi querida abuela ya no puede valerse por si misma (Vida 2- lachicaenllamas 0) Y la chica de la que llevo enamorada desde el primer segundo que me empezó a hablar, que es mi mejor amiga, se ha tenido que ir a vivir a 200km de mi hogar (no se cuanto equivale para los que no utilizan el metro) para poder estudiar en una universidad, que por cierto, estoy súper contenta por ella. Pero ya sabeis, se la echa de menos *-* (Vida 3 - lachicaenllamas = K.O.)

Así que, cuando me valláis a insultar recordad. Cada persona tiene sus propios problemas en la vida, nadie se libra de ellos ya que nadie es perfecto. Pero sin embargo intentan hacer felices a los que le rodean, para olvidarse de sus desgracias.

Y bueno espero que les haya gustado el cap. Intentaré poner más acción, tanto romántica por nuestra querida pareja y tanto de lucha.

Os quiero mis pequeños fanáticos /(^-^)/

Por favor escribir cómo os ha parecido el cap, y si tenéis alguna sugerencia, será bienvenida^-^

(y por enésima vez, perdón por la tardanza)