Disclaimer: Los personajes de KnB no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
.
Chapter 4: El universo en contra de Kagami.
La presidenta tenía el permiso de todos los profesores para faltar a sus clases. No solo por el trabajo que empeñaba el Consejo Estudiantil, sino que además, sus notas estaban por encima de la media; no asistir algunas horas no era problema para ella… ¡Pero ese día llevaba sin aparecer por clase durante toda la mañana! Pero, aunque era notable su ausencia, Murasakibara no parecía haberle dado importancia; aunque él no le daba importancia a nada.
Sin embargo, Himuro sabía que algo no era coherente.
-Oye, Atsushi –llamó a su mejor amigo. Este simplemente dejó de mirar por la ventana; llevaba todo el día con una rabieta de niño pequeño-. ¿Te has fijado…? –Tatsuya llevó su mirada al pupitre de la chica-. La presidenta lleva sin presentarse por clase todo el día.
Fueron unas cortas milésimas de segundo, pero el pelinegro pudo ver a la perfección cómo los ojos de Murasakibara se dirigían hacia el asiento vacío. Pero, esas esperanzas de que el gigante soltara por fin todo lo que le recorría la mente, fueron esfumadas en cuanto el ceño fruncido volvió a aparecer y, apoyando su cara pesadamente en la palma de su mano, suspiró enfadado.
-La verdad es que me da igual.
Himuro también suspiró, pero su forma fue de cansancio. Conocía tan bien a su mejor amigo que pudo hacerse una irrelevante suposición, ¿quizás una pequeña discusión con la presidenta cuando ayer se reunieron? Aunque había algo que le negaba esa hipótesis: Murasakibara no duraba mucho cabreado, sobre todo si era un tema de la escuela, ya que a las pocas horas se olvidaba del asunto.
-Murochin, tengo hambre –dijo de repente, sin mirarle-. Creo que iré a por una bolsa de patatas fritas.
4.1
-Yo, Murasakibara-kun.
El gigante dejó de mirar la máquina de bolsas y comida basura para clavar sus ojos en el senpai que estaba a su derecha. Por su posición en cuclillas, tuvo que levantar la cabeza y entrecerrar los ojos para ver bien y que el sol no le entrara de lleno por las pupilas.
-Oh, Fuchin… Hola –volvió a mirar a la máquina.
Si fuera por el más joven, la conversación hubiera acabado ahí.
-¿Sabes? Okamura te vio ayer con la presidenta –el senpai esperaba una queja o una negación por parte del más alto, ¡no que se quedara como si no le hubiera escuchado!-. Hm… Salíais juntos de clase, según él… -el gigante ni si quiera apartaba la mirada de la bolsa que estaba por conseguir-. Y os ibais por el mismo camino… -una vena se hinchó en la frente de Fukui.
Cuando las patatas fritas llegaron a las manos de Murasakibara, simplemente se incorporó, dejando ver la gran cantidad de centímetros que le sacaba a su senpai. Soltó un inaudible "ahá" mientras se llenaba la boca de carbohidratos y empezó a caminar hacia su clase.
-¡Oe, oe, Murasakibara-kun! –Fukui se colocó justo en frente de él, intentando detenerlo-. ¿A dónde te crees que vas?
-Oh… A mi clase –contestó, señalando su camino.
-¡Oh vamos! –el rubio sonrió forzadamente-. ¿No le vas a contar a tu querido senpai que tienes entre manos con la pequeña presidenta? –Murasakibara surcó las cejas, realmente parecía que no comprendía la situación-. ¡Oh! No me digas que no ha venido al instituto hoy por tu culpa.
-¿Eh? –el gigante abrió los ojos y frunció el ceño-. ¡Yo no tengo nada que ver! ¡Si Claichin no quiere ser acompañada a casa es problema de Claichin! –y, tan rápido como pudo, desapareció de la vista de su vicecapitán.
-¿Ser acompañada a casa…?
Si no fuera porque Fukui era alguien "maduro de pensamientos", se hubiera imaginado la peor de las escenas.
4.2
"-Kagami-kun, ¿hoy podemos ir a cenar juntos?
-¡Claro! ¿Te parece si preparo algo en mi casa?
-Sí, perfecto."
Menos mal que se lo había pedido a penas una hora antes, porque si no, Kagami hubiera jurado que todo se lo había soñado mientras dormía en la clase de japonés.
Quizás, la idea de cenar en su casa le había parecido algo cutre, pero la leve sonrisa de Kuroko se vio del todo sincera. De todos modos, no podría darse algún capricho en un largo tiempo, porque ya había planeado el ahorrar para regalarle unas nuevas deportivas de baloncesto al chico fantasma, ¡aunque era obvio que eso no se lo podía decir a él!
La hora de matemáticas estaba a punto de finalizar, dando paso a la libertad del fin de semana y, sobre todo, a la esperada cena… Pero, interrumpiendo la vergonzosa imagen en su cabeza de lo que podría pasar esa noche, el móvil de Kagami vibró señalando un nuevo mensaje, por octava vez en el día, lo ignoró por completo. Sin embargo, segundos después, recibió otro que fue vuelto a ignorar.
No, no y no. Nadie hoy le estropearía sus planes.
4.3
La vena en la frente de Kagami se hinchaba a cada paso que daba hacia la salida del instituto. Kuroko, justo a su derecha, lo miraba con una ceja alzada sin entender el comportamiento de su compañero, hasta que oyó un pitido procedente del pantalón.
-Kagami-kun, te ha llegado un mensaje –dijo, señalando el lugar procedente del ruido. Con un chasquido de diente, el pelirrojo miró la pantalla del objeto y lo volvió a guardar en su bolsillo-. ¿No vas a contestar? –Kuroko miraba serio donde estaba el móvil.
-No –contestó, apretando la mandíbula-. No es alguien impor… -De repente, dejando de lado los mensajes, el aparato empezó a emitir una chirriante sintonía-. Oh, ¡mierd…! ¿Hola…?
-¡TAIGA!
El peliazul solo pudo oír aquel grito procedente del móvil antes de que su amigo lo tapara con las manos.
-¡Sí! ¡Ya, ya lo sé! –el humor de Kagami parecía haber empeorado-. ¡No puedo ir! ¿Sabes? ¡Yo también tengo una vida! –Kuroko solo podía mirar su ceño fruncido-. ¡Lo entiendo, lo entiendo! ¡Pero yo…!
-¡TAIGA, COMO NO HAGAS LO QUE TE ORDENO, TE JURO QUE IRÉ A SEIRIN Y ENSEÑARÉ A TODO EL MUNDO ESAS FOTOS TUYAS! ¡Y SABES MUY BIEN QUE SOY CAPAZ!
Los pitidos del final de llamada dieron lugar a que Kagami pudiera volver a guardar el móvil en su lugar. Ni si quiera se atrevió a soltar palabra, mantuvo la mirada perdida, sin expresión alguna. De verdad pensaba que el universo estaba en su contra, ¿justamente hoy tenía que ocurrirle eso?
-Oye, Kuroko…
-Lo entiendo –Kagami miró al de su derecha de manera incrédula, pero su sonrisa le hizo notar un cálido sentimiento en el pecho-. No pasa nada, Kagami-kun –enserio, en ese instante Kuroko parecía un ángel-. Dejemos la cena para otro día.
El pelirrojo dejó mostrar sus brillantes dientes en una alegre sonrisa, juraba por su vida que le compensaría, de la forma más cursi y romántica que se le ocurriera, ese favor a Kuroko. Ah, en verdad le fastidiaba demasiado el tener que arruinar sus planes, ¡hacía mucho que no comían solos! Incluso, posiblemente, el menor podría haberse quedado a dormir en su casa. ¡Maldita sea! Cuanto más se acercaba a su destino, más odiaba al demonio que le había hecho eso.
Por su parte, Kuroko observaba como su amigo se iba alejando poco a poco. Lo comprendía, aunque no fuera muy espabilado en este tipo de cosas, sabía la importancia que tendría ese asunto como para cancelar la cita. Porque, por mucho que lo negara si se lo dijera, pudo ver el destello en los ojos de Kagami cuando se lo pidió y él aceptó; ya que en los suyos hubo el mismo.
De repente, sintió una mano en su hombro, y dándose media vuelta, se topó de cara con sus compañeros de primer año en el club.
-Kuroko, ¿hoy no te vas con Kagami? –preguntó Kawahara, quien le había llamado.
-Ah, no –dijo con notoria nostalgia-. Tiene algo importante que hacer…
-Oh… ¡Entonces vente con nosotros! Furihata, Fukuda y yo vamos a ir al karaoke.
Era una petición que más bien se contestaba sola, ya que todos esperaban una negación por parte del chico fantasma, por eso su asombro en las caras de los de primero al escuchar un flojo "vale" procedente del otro fueron muy notorias. Bueno, estaba la excepción de Furihata, quien había estado demasiado concentrado en su móvil sin que Kuroko y los demás se dieran cuenta.
-¡Pues vámonos! ¿Vale, Furihata?
-¿Eh…? –el castaño guardó el aparato tecnológico rápidamente, ganándose caras extrañas por parte de sus compañeros-. Oh… No, yo… -Furihata se veían tan nervioso que ni si quiera les miraba a los ojos-. …Lo siento, no podré ir, yo… Tengo algo que hacer –los otros tres alzaron una ceja casi a la vez.
-¿Y a dónde…?
-¡Oh! ¡Ahí está! –la pregunta de Fukuda fue interrumpida-. Chicos, me voy… Nos vemos el lunes, ¿sí? –Furihata habló tan rápido al tiempo mientras empezaba a correr que apenas se le entendió-. ¡Adiós!
La sorpresa en la cara de los otros fue aún mayor cuando vieron cómo su nervioso amigo corría hasta la salida donde le esperaba, nada más ni nada menos, que una enorme limusina de lujo; la cual se llevó muchas miradas por parte de más alumnos en Seirin. Aunque el más extrañado fue Kuroko porque, aunque no recordaba de qué, ese brillante automóvil le resultaba muy familiar.
-Sales muy tarde –dijo alguien desde dentro, sin poder ser reconocido-. Vamos, entra.
-L-lo siento… -Furihata se metió en el coche-. No volverá a ocurrir, Akas… -la puerta trasera se cerró, dejando la frase a medias.
-Hmm…
Kuroko, Kawahara y Fukuda tardaron unos segundos en volver a reaccionar.
-¿Vamos?
-…Sí.
4.4
Kagami Taiga no era una persona caracterizada, digamos, por tener mucha paciencia, pero el llegar al departamento de la persona que minutos atrás le había llamado (o más bien gritado), y ver la puerta ligeramente entornada, sin cierre alguno, le sacó completamente de sus casillas.
-¡¿Cómo se te ocurre dejar esto abierto?! –gritó, sin darse cuenta de lo que había en el suelo hasta que tropezó con ello-. ¿Eh…? ¡AAAAAHHHHH!
.
¡Nos leemos, bye!
