Disclaimer: Los personajes de KnB no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
N/A: ¡Gracias a Miss Truth por sus reviews, son un gran ánimo!
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Chapter 6: Midorimaho.
Había pasado la noche mucho mejor que la anterior. No solo la fiebre se esfumó por completo, sino que Kagami se mantuvo despierto hasta tarde, lo que la permitió pedir cualquier tipo de comida sin reproche alguno. Era cierto: cuando enfermaba, su apetito no podía ser saciado, y agradecía a los dioses que su amigo se encontrara allí.
Al dirigirse al salón, pensando que el pelirrojo le estaría preparando ya el desayuno, pudo asombrarse ante aquella, en cierta manera, tierna escena: su amigo de la infancia tumbado, como podía, sobre el sofá, durmiendo plácidamente. Hasta la pequeña gota de baba que se deslizaba de sus labios a la barbilla le hacía lucir como niño pequeño.
-Taiga… -Claire suspiró sonriendo; era normal que estuviera cansado. Entonces, echándole una manta por encima, se dirigió a la cocina (que era más bien una barra separando al salón de esta) y se colocó el delantal-. ¡Muy bien! Taiga, hoy seré yo la que cocine para ti –y se hubiera puesto a ello, si el móvil de Kagami no hubiera recibido tantos mensaje seguidos.
Claire no era una persona interesada en la vida personal de lo demás; le gustaba conocer lo justo y necesario en su círculo de amistades. No porque no le importara o le diera completamente igual, sino porque así evitaba que preguntaran sobre ella. Eso sí que sería un problema porque, aparte de Kagami, nadie más sabía sobre su vida personal, y pretendía que las cosas siguieran así.
Pero en este caso era algo diferente.
A cada vibración del móvil, señalando un nuevo mensaje, las ganas en su interior de mirar quién insistía tanto en contactar con su amigo iban aumentando más y más. Hasta que, de forma inexplicable, el aparato tecnológico acabó entre sus manos. Intentó por todos los medios no mirar la pantalla parpadeante, sin embargo no pudo controlar sus ojos, y acabó leyendo un único nombre.
"Kuroko: Buenos días, Kagami-kun."
"Kuroko: ¿Cómo te encuentras?"
"Kuroko: ¿Qué tal está tu amiga?"
Claire se sorprendió al ver esa pregunta, ¿Taiga le había dicho a ese chico que se encontraba con ella? ¿Cuándo? No recordaba haberlo visto coger el móvil en ningún momento que estuvieron juntos.
"Kuroko: Es una pena que tuviéramos que cancelar nuestra cita."
¿Cita…?
"Kuroko: Pero sé que esa chica es una gran amiga de Kagami-kun, así que lo comprendo."
"Kuroko: ¿Nos podemos ver hoy?"
Leyó una y otra y otra y otra y otra y otra vez los mensajes de ese tal Kuroko. Y los leyó otra vez por si estaba equivocada, hasta que tuvo que confirmar su hipótesis; ¿¡ese chico era la pareja de su amigo?! Es decir, ¿¡Taiga estaba saliendo con el tal Kuroko?! Era cierto que ella sabía sobre su homosexualidad, bueno, no lo podía asegurar al 100%, pero las chicas, en cierta manera, tienen un sexto sentido para verlo, y sobre todo si era con su amigo de la infancia. Aunque el afirmarlo de tal forma no era como había esperado.
Obviamente miró la foto que estaba asignada a ese contacto, suponiendo que era Kuroko, y sonrió de una manera casi atontada, porque aunque no pareciera un chico que llamara mucho la atención a simple vista, le resultó la pareja perfecta para su amigo. Sin poder controlarse, su mente de fujoshi (que intentaba ocultar a toda costa) salió a la luz, haciéndola imaginar cualquier tipo de situaciones embarazosas que la hizo sonrojarse y cambiar su sonrisa a una pervertida.
Y entonces comprendió la situación: por su culpa, Taiga no había podido salir con ese chico. Por lo que su cerebro realizó un rápido plan para compensar lo que el pelirrojo había hecho por ella.
6.1
El desayuno, si podía tener ese nombre, que le había preparado ese pequeño diablo todavía tenía ganas de salir de su estómago. Claire podía tener muchas virtudes, pero el cocinar no era una de ellas, y Kagami, por obligación más que educación, tuvo que sufrir más de una vez sus bentos. Como había ocurrido esa misma mañana.
Él se despertó tranquilamente, sin percatarse de que, del puro cansancio, se había quedado dormido en el sofá. No le apetecía preparar para su amiga y él mismo el desayuno, pero, al ver la extraña sustancia que se encontraba en la mesa, lo hubiera hecho sin queja alguna. Al mirar a Claire, parecía completamente orgullosa de su obra maestra, pero Kagami dudó que algo que no dejaba de moverse fuera comestible. Aún así tuvo que acabárselo todo.
Daba gracias porque en la calle corría algo de aire que le refrescaba un poco la cara, haciendo que las ganas de vomitar fueran menguando.
Extrañamente Claire había insistido demasiado en ir a la cancha de baloncesto esa mañana. No paró de repetir que le enseñara cómo había ganado a los bloqueos de Murasakibara y al espejismo de Tatsuya. El tomar aire libre y, además, jugar un rato al baloncesto, le vendrían más que bien, así que no pudo negarse. Es más, aceptó encantado.
-...Entonces Kiyoshi-senpai hizo algo espectacular… Algo como wash y swash –Kagami movía mucho las manos mientras explicaba el partido intentando imitar los tiros que nombraba, lo que hacía reír a Claire-. Y Murasakibara se veía muy cabreado, ¡fue grandioso verlo! –empezó a reír orgulloso-. Kiyoshi-senpai es genial.
-¡Wow, es impre…! Kya –el andar al revés para hablar cara a cara con Taiga había sido una mala idea, Claire lo pudo asegurar cuando notó como su espalda chocaba contra alguien y la hacía caer. Por suerte, una mano la agarró con fuerza del brazo justo a tiempo-. ¿Eh…? –al darse cuenta de la vergonzosa forma en que ese chico la sujetaba, o más bien, abrazaba, tuvo que despegarse rápidamente-. Hm… L-lo siento, fue mi culpa.
-¡No problemo! –el chico soltó una corta risa, hasta que su cara cambio de golpe al clavar sus ojos en el otro-. ¿Oh? ¡Eh, Kagami!
-¿Takao?
-¡Sin-chan! –el nombrado Takao giró la cabeza hacia otro chico que se había entretenido atándose las deportivas, quien miró hacia arriba en cuanto oyó su nombre-. ¡Mira, mira! ¡Es Kagami!
Cuando el llamado se puso de pie, Claire tuvo que dar un paso hacia atrás para ponerse más cerca de su amigo. No, no era el pelo verde lo que le había sorprendido, sino su extraña aura; parecía querer atacar a Kagami en cualquier momento. Y cuanto más se acercaba hacia ellos, más lo confirmaba la pequeña presidenta.
-Yo, Midorima.
-Hola Kagami.
Wow, ¿era ella o la tensión en el ambiente podía cortarse con un cuchillo? Primero miró a Taiga y alzó una ceja, ¿qué tenía su amigo con algunos chicos? Parecía que todos lo odiaban; primero Tatsuya, y ahora ese tal Midorima…
-Sin-chan y Kagami no se llevan muy bien –cuando miró a su derecha confirmó que fue el tal Takao quien había dicho eso casi susurrando en su oído-. Nuestro instituto jugó contra el suyo hace unos días… Y a Sin-chan no le sentó bien perder. Aunque es normal, que a un miembro de la Generación de los Milagros como es él le ganaran de tal forma… Ché ché –Claire lo miró sorprendida.
-¿Taiga ganó a otro de ellos? –Takao asintió-. Wow, así que no solo a Murasakibara…
-¿Eh? ¿Conoces a Murasakibara?
-Ajá, vamos a la misma clase.
El pelinegro parecía una persona alegre, pero al oír esas palabras sacó una gran sonrisa que realmente parecía de felicidad, y decidió expresarlo a los cuatro vientos.
-¿Has oído, Sin-chan? –Midorima rompió la batalla de miradas contra Kagami por culpa de ese grito-. ¡La novia de Kagami va al mismo instituto que tu amigo de Teiko, Murasakibara-kun!
-¿Mi novia…?
-¡No somos novios! –el sonrojo en la cara de Claire decía lo contrario, pero más que de vergüenza, era de rabia, ¿¡por qué un chico y una chica que se llevan bien tienen que ser novios?! -. ¡Somos amigos de la infancia, nada más!
-Oh, encantado –Claire miró al de pelo verde para asegurar que se dirigía a ella-. Soy Midorima Shintarou, del instituto Shutoku.
-Y-yo soy Claire Granger, del instituto Yosen.
-Hm… Lo siento, ¿tiene que ser una verdadera molestia estar en la misma clase de Murasakibara, verdad? –Midorima habló tan serio que Claire no pudo suponer que estaba bromeando-. Lo digo por experiencia. Ese gigantón no para de comer y comer, es… Irritante.
Esperaos un momento… ¿Ese gafotas acababa de insultar a Murasakibara Atsushi? ¿Al mismo Murasakibara Atsushi de su clase? Es decir, ¡¿ese personaje que estaba justo en frente de ella había menospreciado a uno de sus compañeros de instituto?! No solo como presidenta sintió un gran cabreo, sino que, por suerte o desgracia, ese gigantón, como él había dicho, estaba dentro de su círculo de amistades. Y nadie podía meterse con sus amigos.
-Shin-chan…
-¡No vuelvas a hablar así de Atsushi! –en ese instante, Claire recordó el miedo que le tenía apenas un minuto, pero poco le importaba ahora-. ¡Puede que sea un glotón, un pasota y un cabezahueca, pero no te atrevas a insultarlo! Quizás tú lo conoces de antes, ¡sin embargo ahora está en mi clase y no en la tuya! ¡Por lo que solo yo puedo juzgarle! –Midorima tuvo que abrir los ojos ante tales frases-. ¡Solo yo hablo mal del idiota de Atsushi! ¿Vale, Midorimaho?
-¿M-Midorimaho…? –Kagami se tapó la boca para no soltar una carcajada, pero entonces su mano fue agarrada por la de la presidenta-. ¿Eh…? ¿Claire, a dónde…?
-¡Vámonos! ¡No quiero tener a alguien así frente a mis narices!
Y así, siendo tirado por la pequeña demonio, Kagami desapareció junto a su amiga por una de las calles perpendiculares. Dejando a Midorima completamente plantado en el sitio.
-Hm… Clai-chan me cae bien –dijo Takao, esperando una represalia por parte del otro, la cual no llegó-. Supongo que a ti no, ¿verdad Sin-chan? Aunque… Me gusta su forma de ser, en cierta manera –el pelinegro sonrió abiertamente.
-Te equivocas, Takao –el nombrado miró a Midorima sorprendido-. Su determinación es buena. Se podría decir que… A mí tampoco me desagrada.
Takao reprimió una risa; su amigo era la cosa más tsundere que conocía, pero eso era algo que realmente le gustaban de él. Entonces, dejando la risa de lado, puso morritos en forma de puchero y lo abrazó de forma desprevenida.
-Pero no te enamores de ellas, eh… Sin-chan es solo mío.
-¿¡EH?! ¿¡Qué tonterías dices, Takao?! –intentó librarse del agarre, pero fue imposible-. ¡Ah, suéltame idiota!
6.2
A los dos, aunque especialmente a Kagami, les encantaba ese tipo de escenas: las canchas llenas de jóvenes jugando al baloncesto callejero. Les recordaba tanto a su infancia en Estados Unidos que no podían evitar sonreír cada vez que veían una. Pero en estos casos era el chico quien expresaba mejor su felicidad porque, en cuanto pisó el suelo cementado, corrió hacia una de las canastas con el balón que Claire había cogido y lo encestó sin problema alguno.
Claire lo miró mientras suspiraba; para ella sería siempre imposible hacer ese tipo de cosas, no solo por su corta estatura, sino porque tenía una terrible puntería. Aunque tampoco pudo evitar correr junto a su amigo y quitarle el balón en un descuido, ya que ese era una de las ventajas de su estatura; su pequeña habilidad en el deporte. Pero Kagami no fue menos y, acorralándola dejando de lado las normas habituales del baloncesto, la cogió entre sus brazos para ponerla frente a la canasta y que encestara con toda la facilidad del mundo. Entre tonterías y risas, los dos comenzaron un partido uno contra uno, saltándose prácticamente todas las reglas del juego.
El balón chocó contra el aro dando vía libre a Claire para atraparlo pero, justo cuando este iba a aterrizar en sus manos, otras que obviamente no eran de ella, lo detuvieron unos metros más arriba.
-¿Estabas jugando sin mí? Vaya… Me defraudaste, Bakagami.
-Ahomine.
Aunque no entendía lo que pasaba, Claire no pudo evitar reírse ante tales apodos entre esos dos, sin embargo, al notar la morena mano sobre su cabeza paró el gesto de golpe y miró directamente los ojos azulados de ese chico que, ahora que se fijaba, le recordaba bastante a Kagami.
-Mira, mira… -Aomine empezó a acariciar la cabellera de la pequeña presidenta-. Si a tu noviecita le gusta que te insulte… Que monada –soltó una sonora carcajada sin dejarla de despeinarla, hasta que se llevó un manotazo-. Oh, la renacuajo tiene agallas.
-¿Por qué todo el mundo piensa que ese idiota es mi novio…? –dijo, sobre todo para ella misma.
El moreno empezó a carcajearse mientras se dirigía a Kagami, a quien le pasó el brazo por sus hombros.
-Menos mal… Ya pensé que me estabas engañando –el gesto de Claire cambió ante tales palabras-. Pero veo que eres fiel a tu dueño, Bakagami.
-¡No digas tonterías, Ahomine! –Kagami tenía un ligero sonrojo-. ¡Y suéltame!
Los dos grandullones empezaron una pequeña disputa mientras ella los observaba con los ojos completamente abiertos. Espera, espera, espera… ¿Acaso ese era el novio de su amigo? ¿Lo de Kuroko había sido una completa equivocación? Y, lo más importante, ¿había metido la pata hasta el fondo? Ahora que los miraba bien; Taiga y ese tal Aomine hacían una pareja más que perfecta, aunque no le cayera muy bien el sujeto. Pero, para una chica como ella, ver esa situación en la que su amigo estaba tan sonrojado frente a tal chico la hacían pensar que quizás Kagami se veía mucho mejor como el pasivo en una relación, o mejor dicho, de uke. Oh no, su imaginación ya estaba comenzando a hacerla ver imágenes fuera de lugar…
Dio unos pasos hacia atrás, sujetándose la nariz para que esta no diera un completo espectáculo de hemorragia nasal. Pero, al tercer movimiento de su pie, notó pisar algo que la hizo tropezar chocando contra el duro cemento. Primero sintió un fuerte dolor en el trasero y después una cosa húmeda y áspera pasearse por toda su cara.
Un momento…
-¡AAAAAHH! –Claire se sintió completamente idiota después de gritar; era un simple perro… Bueno, en realidad no-. ¡Oh, es demasiado kawaii! –sin poder evitarlo, lo cogió entre sus manos, acariciándolo-. ¿He chocado contra ti? ¡Lo siento, lo siento! ¡Una cosa tan mona se merece una recompensa! –no preguntéis de dónde la sacó, pero Claire le entregó una galleta de chocolate al canino-. ¿Te gusta, eh? Ay, ¿quién es la cosa más mona del mundo? ¡Tú y solo tú!
-Parece que le agradas a Nigou.
Cuando giró su cabeza hacia la derecha sintió un gran escalofrío recorrerle todo el cuerpo creyendo que estaba viendo la viva imagen de un fantasma; hasta que recordó quién era ese chico.
-¡Oh, tú debes de ser Kuroko-kun! –dijo, al tiempo que se ponía de pie con el perro en los brazos-. Encantada, yo soy Claire Granger, la amiga de Taiga –le entregó el animal, quien empezó a chuparle la cara-. ¡Y tu perro me encanta! Y sois iguales…
-Encantado, Granger-san –Kuroko hizo una reverencia, una de las cosas que Claire más odiaba en los modales de los japoneses-. Nigou te da las gracias por la galleta –dijo, poniéndole al animal en frente.
-¡No hace falta que seas tan formal, Kuroko-kun! Puedes llamarme Claire.
-Oh, entonces llámame Tetsuya tú también.
-Claro… -entonces, Claire recordó la escena entre Aomine y Kagami que estaba sucediendo a unos metros de ellos-. Hm… ¿Y qué te trae por aquí, Tetsuya? –tenía que distraerle, seguramente no le gustaría ver la relación de esos dos.
-Había quedado con Kag… Oh, si está ahí –intento fallido; los vio-. ¡Kagami-kun! Y también está Aomine-kun.
-¡Kuroko! –en cuanto el pelirrojo oyó la voz del otro, se despegó por completo del moreno y corrió junto al que le llamaba-. ¿Qué haces aquí Kuroko? ¡Qué coincidencia!
-¿Eh? Había quedado con Kagami-kun, ¿no lo recuerdas?
-¿Conmigo…?
-Kagami-kun olvidó hasta nuestra cita…
-¡N-no es eso Kuroko! Pero no me doy cuenta de cuándo la hemos planeado… -Kagami se rascó la mejilla-. Si no he tocado el móvil porque no vi mensajes nuevos…
-Hablamos esta misma mañana.
-¿Esta mañana? Pero si… Un momento, ¿Claire?
Algo en la cabeza de la chica hizo un pequeño e inaudible click. Lo único que pudo pensar para hacer fue llevar la mirada a su muñeca sin reloj alguno.
-¡Pero mirad que tarde es! –ni si quiera dio tiempo a ninguno de los chicos para reaccionar cuando ya se estaba alejando-. ¡Mejor me voy, como presidenta tengo mucho trabajo!
-¡CLAIRE!
La sonora carcajada de Aomine llenó toda la cancha de baloncesto.
6.3
Volvió a suspirar con pesadez; al parecer la tarea no era tan poca como en un principio le había parecido. Y no solo estaba los aburridos apuntes de clase, sino que también tenía que solucionar los problemas que había entre el Club de Teatro y el Club de Arte; era uno de sus muchos deberes como Presidenta del Colegio Estudiantil. Aunque muchas veces dudaba del por qué se presentó y, mucho más, por qué la habían elegido.
-Oh venga… Copio este problema de matemáticas y lo dejo –se decía a sí misma-. Total… Me preocupan más los problemas de los Clubes.
Y hubiera resuelto el problema y, posiblemente, solucionado el tema de los Clubes, sino le hubiese llegado ese escueto pero llamativo mensaje.
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¡Nos leemos, bye!
