Disclaimer: Los personajes de KnB no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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Chapter 7: No rompamos nuestra amistad.
Aunque fuera más que lógico que las clases pasaran lentas y aburridas, ese lunes se llevó el premio al más fatídico de todos, y eso que no habían tenido ningún examen sorpresa. A pesar de ser un costoso día, Murasakibara se lo pasó como cualquier otro: comiendo dulces y sin prestar ni el más mísero caso a las clases, ya que la ventana resultaba ser mucho más interesante. Y en ningún momento llegó a girar la cabeza hacia el pupitre de su mejor amigo, y mucho menos, al de la presidenta.
Quizás lo más perezoso del día sería el entrenamiento de baloncesto que le tocaba hacer ahora, ya que los senpais les habían pedido, o más bien obligado, a que hicieran este deporte más a menudo. Pero, de cierta forma, llegó a entender que lo único que estos querían era pasar más tiempo con el equipo porque en nada tendrían que graduarse y dejar a sus kohais seguir con el trabajo.
Himuro y Murasakibara ya se dirigían al gran gimnasio de Yosen cuando una pequeña figura se cruzó en el camino con ellos.
-Domo.
-Oh Kaichou, ¿qué haces aquí? –el pelinegro ni si quiera se fijó en el ligero sonrojo en la cara de Claire-. ¿Has venido a vernos entrenar? ¿Acaso es otro de tus deberes como presidenta?
-Ah… N-no… ¡Vengo a hablar con Fukui-senpai!
-Pues Fukuchin está justo ahí –la presidenta llevó la vista al lugar donde Murasakibara señalaba. Pareció que su mirada fue demasiado llamativa, porque el rubio giró su cabeza hacia ella-. Oh, nos vio –y el senpai se acercó en unos segundos.
-¡Hola Kaichou! Y vosotros dos… ¿A qué estáis esperando? ¡A entrenar!
-Hai…
Cuando los dos amigos desaparecieron por la puerta del gimnasio, Fukui recibió la mirada de la pequeña presidenta.
-Hm… Senpai, ¿cómo…?
-Wow, ¿a mí sí me llamas senpai? –interrumpió el rubio-. Me siento alagado.
-¿Q-qué…?
-Oh, ya sabes –Fukui alzó las manos haciendo un intento de gesto intimidante-. La gruñona y malhumorada presidenta quien a nadie tiene admiración, para la que nada está suficientemente bien… -entonces sonrió-. Que me llames senpai, es un alago.
Dio gracias al cielo porque el vice-capitán no había llegado a fijarse en la exageradamente roja cara de ella. Y, sin saber qué contestar, se aclaró la garganta.
-¿C-cómo conseguiste mi número? ¿Y qué es lo que querías?
-¡Eso no importa, Kaichou! –colocó las dos manos en sus hombros-. Dime, dime, ¿qué ocurre entre vosotros tres?
-¿Nosotros tres…?
-¡Ya sabes! Entre Himuro, Murasakibara y tú –la sonrisa en el rubio no había desaparecido-. Antes nunca os vi juntos pero de repente… ¡Pum! ¡No os separáis! –soltó una carcajada-. ¡Vamos dime! Esos dos siempre estaban por su lado, y tú… Bueno, creo que solo te veía con los del Consejo Estudiantil, no parecíais llevaros para nada –como si se le hubiera ocurrido la mejor de las ideas, Fukui abrió los ojos de sobremanera-. ¿Acaso es uno de esos triángulos amorosos? –fingió entristecerse-. Seguro que a Okamura no le gustaría oír eso –aunque no quitaba que el senpai hubiera soltado demasiada información para analizarla toda de golpe.
-Eh… Y-yo… -por lo que Claire se quedó en blanco.
-¡Lo sabía! ¿Entonces es que le gustas a Murasakibara, pero a ti te gusta Himuro? ¿O es al revés? ¡Dime, dime!
La presidenta, por todos los medios, intentó comprender todo lo que le había dicho Fukui. Y también asegurar que ese era realmente su senpai porque de verdad parecía otra persona, ¿por qué estaba tan interesado en la relación que tenía ella y los otros dos? ¿Y por qué se veía tan extrañamente entusiasmado en que le gustara uno de ellos?
-Senpai, no me gusta Murasakibara, ni tampoco Tat… Himuro –Fukui la miró dejando de sonreír y ciertamente sorprendido por la cara tan seria que ella tenía-. Y tampoco le gusto a ninguno de ellos. Quizás nos llevemos mejor ahora porque… Bueno, al fin y al cabo estamos en la misma clase y vivimos muy cerca los tres, pero no tenemos nada más que amistad –"aunque Murasakibara esté increíblemente insoportable últimamente" le hubiera gustado decir.
-Entonces…
-Aun así –siguió Claire-. Eso no quiere decir que no me guste alguien –ella sonrió, pero Fukui se vio incluso más sorprendido-. Pero ese será nuestro pequeño secreto, ¿de acuerdo, senpai?
El vice-capitán del equipo se tomó unos segundos para reaccionar, hasta que mostró una sonrisa extrañamente alegre.
-Kaichou, ¿por qué no te quedas a ver el entrenamiento? Seguro que para los de primero será un empujón a esforzarse más.
7.1
Al principio le resultó un equipo normal: con sus jugadas expertas y sus tontos fallos. Tenían una entrenadora dura y justa, a la que había empezado a admirar en cuanto la vio dar el primer golpe con su shenai. También estaba el tema de cómo la había acosado el capitán Okamura justo cuando entró por la puerta, y las miradas extrañas que le habían lanzado los de primero al verla ahí; pensando seguramente en qué hacía ella allí con la cantidad de trabajo que tenía por delante, o por lo menos eso creía Claire.
Sí, todo muy normal: un equipo unido en donde se insultaban cuando había estúpidos fallos y reían cada vez que uno hacía una tontería. Hasta que vio el partido amistoso del final. Cada uno parecía que daba lo mejor de sí; incluso Murasakibara se veía mucho más animado. No solo le sorprendió la coordinación que tenían él e Himuro, porque todo el equipo resultó igual de bueno. Pero cuando Claire miró a la entrenadora Masako y la vio tan seria, llegó a la conclusión de que ellos podían llegar a ser incluso mejor.
-Así que no es un simple club… -dijo en un susurro, aunque desde las gradas ninguno podía oírla-. Taiga tenía razón –llevó la vista a Murasakibara, quien acababa de encestar-. Realmente disfrutan haciendo esto.
7.2
Al terminar el entrenamiento, Claire no había dudado en esperar a sus compañeros de clase, aunque lo empezó a hacer cuando vio la cara extrañada de Himuro al verla en la puerta. ¿Acaso pensaba que se iba a ir así, sin despedirse ni nada?
-¡Claire-chan todavía no se ha ido! –Okamura intentó abrazarla, pero la baja estatura la ayudó a escapar de su agarre-. ¡Oh, me encanta que sea tan fría!
-Tengo algo que decir –soltó de repente, llamando la atención de los presentes-. ¡Masako-sensei es mi nueva ídolo! Y… -se aclaró la garganta-. Creo que sois un equipo muy bueno, estoy completamente sorprendida –después desvió la cara avergonzada por cómo la miraban los demás-. Como presidenta voy a intentar que el Club de Baloncesto tenga un campamento de entrenamiento pronto.
Todos se quedaron callados unos segundos hasta que, como si estuviera ensayado, rieron a la vez. Aunque fue Masako la que le habló a ella directamente, agradeciéndole el gesto y esas palabras. Entonces, mientras los demás demostraban su alegría entre gritos y risas, Claire se acercó a Himuro.
-¿Podemos hablar?
Con un asentimiento de cabeza por parte del otro, los dos se apartaron del grupo. Lo que, obviamente, no pasó desapercibido para los demás miembros del quipo.
-¿Una declaración de amor? –dijo Liu.
-¡Oh sí! –gritó Fukui.
-¡Oh no! –se quejó Okamura-. ¿Por qué Himuro se las lleva todas?
-¡Queréis callar! –gritó Masako, demasiado interesada en la escena.
Murasakibara no dijo palabra.
Por otra parte, aunque sabiendo que todos los estaban mirando, Himuro aseguró que desde esa parte no podían oírlos, así que con su sincera sonrisa, indicó a la pequeña que hablara.
-Seré directa, Tatsuya –el pelinegro dejó de sonreír ante tales palabras-. Acepto tus sentimientos, pero lo siento… A mí no me gustas de esa manera –primero se hizo un corto silencio, y justo cuando Himuro iba a hablar, Claire continuó-. Pero quiero que sigamos siendo amigos. La verdad es que… Desde que me junto contigo y Murasakibara me siento… Más contenta –sonrió de manea nostálgica y llevó la vista al cielo-. Nunca me he sentido del todo sola, ya que siempre he tenido a Mike y Sakura –al ver la cara de interrogación de Himuro, ella rió-. El tesorero y la secretaria del Consejo Estudiantil… Bueno, ellos son algo así como mis amigos… Sin embargo, vosotros dos, en tan pocos días, habéis hecho que sienta la amistad –cogió aire-. Así que, por favor… Sigamos siendo amigos.
Realmente, Tatsuya no sabía qué contestar ante tales palabras. ¿Era realmente la presidenta quien estaba delante de él? Ahora mismo, aunque su físico era igual, le resultaba una persona diferente y completamente desconocida. ¿En serio Claire era así en su interior? ¿Enserio tenía todo eso guardado dentro? Todavía no podía aceptar que Claire tuviera una máscara y se la hubiera quitado delante de él; así que de verdad sí valoraba la amistad que habían formado en estos días.
-Claro que seguiremos siendo amigo, Kaichou –Himuro sonrió, haciendo que ella sintiera un sentimiento cálido en el pecho-. P-principalmente porque a mí tampoco me gustas de esa manera.
-¿E-eh…?
-¿Te lo ha dicho Atsushi, cierto? –ante el silencio de la presidenta, él solo pudo reír nerviosamente-. Ya le dije a ese idiota que no era así… Se le metió en la cabeza que estaba enamorado de ti porque hice un montón de cosas para poder llevarte los deberes, pero solo fue para… -calló antes de soltar las verdaderas intenciones-. S-solo quería ver qué tal te encontrabas, ¡y-y él también quería!
-¿N-no te gusto…?
-Eh… Yo, pues… No…
-¡Ah, no puede ser! –Claire se llevó las manos a la cabeza-. ¡Por favor, dime que todo lo que te acabo de decir solo lo he pensado! ¡Dime que no te he confesado lo que pienso! –Himuro no contestó, por lo que ella volvió a gritar desesperada-. ¡Maldita sea! ¡No ha sido un sueño!
La presidenta se acuclilló en el suelo, sin dejar de frotarse la cabeza desesperada. Analizando la horrible situación: había dejado que uno de sus compañeros de clase la viera de una manera en la que solo la conocía Taiga. No, no era una horrible situación, ¡era catastrófica! Le había costado demasiado guardar las apariencias y ahora le pasaba esto.
Entonces, sintió una mano en su hombro, que la hizo levantar la vista encontrándose con el ojo visible de Himuro y su radiante sonrisa.
-Tranquila, tu secreto está a salvo conmigo… Te lo prometo, Claire.
No sabía qué había visto en su mirada que le hizo creer plenamente en sus palabras. Así que, suspirando, se puso de pie dejando atrás el gran peso que había sentido. Sin saber por qué lo hacía, envolvió a Himuro en un abrazo; gesto tan raro en ella que, los demás del equipo situados a unos metros de ellos, se quedaron perplejos. Incluso se pudo oír los quejidos silenciosos de Okamura.
-Te confesaré otro secreto –dijo ella sin soltarlo del abrazo.
-Te escucho –contestó él de igual forma.
-Sí hay alguien que me gusta… -Claire suspiró-. Y es del equipo de baloncesto –no pudo mirarlo a la cara pero, al no oír contestación, tuvo que hacerlo, y su asombro fue demasiado al ver la gran sonrisa en la cara del pelinegro-. ¿Qué ocu…?
-¡La sabía! –dijo, agarrándola por los hombros-. ¡Sabía que entre tú y Atsushi había algo! –Claire ni si quiera pudo soltar palabra-. Era cuestión de tiempo que esto saliera a la luz. Ah… Qué bien sienta tener razón, ¡y estoy feliz! Nunca pensé que fuera tan bueno percibiendo este tipo de cosas.
-¿Q-qué? ¡No, Tatsuya!
-¡Y el tonto de Atsushi sin darse cuenta! Será ingenuo…
-Que no, que yo…
-Claire –Himuro la miró-, te apoyaré en todo lo que necesites, y si quieres yo…
-¡Tatsuya, no me gusta Murasakibara! ¡Yo estoy enamorada de Fukui-senpai!
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¡Nos leemos, bye!
