Disclaimer: Los personajes de KnB no me pertenece, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
.
Chapter 9: Yogur con gominolas.
Murasakibara llevaba ya dos semanas, aproximadamente, sin haber dirigido palabra a la presidenta, aunque eso no se interponía en el curso de sus vidas ya que todo seguía igual que siempre. Al fin y al cabo, siempre había sido así, ¿no? Claire nunca estuvo en su círculo de amistades, por lo que no tenía que preocuparse si no volvían a hablarse. O al menos eso es lo que tenía en mente cada vez que se cruzaban por el pasillo y ni un simple "hola" salía de sus bocas. Pero por el lado de Himuro era muy diferente, y eso le fastidiaba bastante.
Él intentaba por todos los medios no darle importancia al asunto, aunque tampoco es que le costara mucho ya que era de memoria limitada, sin embargo, para su desgracia, Himuro parecía haber comenzado una gran amistad con la presidenta porque los veía hablar demasiado e, incluso, mensajearse de vez en cuando. ¿Acaso no comprendía su mejor amigo que Claire no era parte de su grupo?
-Mm… El sabor salado de las patatas fritas después de la barra de chocolate es agradablemente necesario…
-Ajá...
-Desearía tener otra tarrina de Nerunerunerune para después de las patatas…
-Sí…
-¿Murochin también quiere? Pensé que no te gustaba la comida tan dulce.
-Claro…
-Entonces iré a comprar a la máquina.
En ese momento la narradora se dio un facepalm bien fuerte por darse cuenta de lo tonto que era Murasakibara al no fijarse en que Himuro no le había prestado ni la más mínima atención porque estaba demasiado pendiente de su teléfono móvil. Por lo que, al ponerse de pie, el pelinegro salió de su trance.
-Eh Atsushi, ¿a dónde vas?
-¿Arara? Ya dije que voy a por Nerunerunerune.
-Oh claro, no tardes que dentro de poco sonará el timbre.
9.1
Quizás si cogía dos tarrinas, una bolsa y una barrita, le salía más barato que tres barritas y dos tarrinas. La verdad es que nunca se acordaba de los precios que ponía la máquina, ya que en lo que más se fijaba era en los distintos tipos de colores que los envoltorios tenían, y así podía saber cuando venían dulces nuevos.
Ya a unos pasos del gran objeto tecnológico, sus ojos fueron directamente hacia el cristal mostrándole un único Nerunerunerune, ya que otro estaba siendo llevado en las manos de alguien. Y no, eso no lo podía permitir. Porque uno era para él y el otro para su mejor amigo. Así que, a una velocidad más rápida que cuando jugaba al baloncesto, arrancó el dulce de las manos desconocidas, y no le costó ni el más mínimo esfuerzo debido a la altura.
-Mío.
-¡Oye!
-Oh, es Claichin –ni si quiera la miró a los ojos para después meter el dinero en la máquina y pulsar los distintos botones-. Lo siento, pero me llevaré esta tarrina. Resulta que es mi favorita y Murochin quiere otra.
-¡¿Eh?! ¡Pero yo la cogí primero y da la casualidad que también es mi favorita!
-¿También lo es de Claichin? Ah… Al parecer las gominolas junto al yogur les gustan a más personas.
-¡Claro! –Claire se agachó junto a él-. Muchos dicen que es algo demasiado dulce, ¡pero yo creo que es lo mejor que tiene!
-Además de la variedad de gominolas que se pueden juntar.
-¡Sí!... Un momento… -rápidamente le arrebató el postre de las manos-. ¡Ya te dije que es mío, idiota!
Murasakibara podría estar de muy mal humor, no porque él solo quería los dulces e irse, sino porque la persona que lo entretenía era Claire. Pero no fue así, al contrario de lo que demostraba su cara de cansancio, en el fondo se divertía de la situación. Lamentablemente ni él se daba cuenta de que las situaciones con la presidenta siempre llegaban a gustarle; en cierto modo.
-Claichin ya tiene esa barra de chocolate.
-¡Esta es para Fukui-senpai! –se tapó la boca nada más gritar.
-¿Eh…? –con ya todos los snacks entre las manos, el grandullón la miró extrañado-. Pensé que a Fuchin no le gustaban los dulces.
-¿C-cómo? Tatsuya me dijo que sí…
-Hm… Juraría que le gusta más lo salado.
-¿¡Eh?! ¡Maldita sea! –volviendo a revisar su monedero, muy femenino para su forma de ser en mi opinión, se dio cuenta de que no tenía el dinero suficiente-. Ah… ¿Y ahora qué…? –se quedó agachada mientras se frotaba frustradamente la cabeza.
El grandullón no pensó dos veces lo que hizo, porque cuando se quiso dar cuenta, ya se encontraba caminando hacia la azotea donde estaba Himuro, después de haber dejado justo en frente de la presidenta esa bolsa de patatas que tantas ganas tenía de comer después de un dulce tan delicioso como Nerunerunerune; sin embargo, no se detuvo a volver a recogerlo. Por desgracia no vio la sonrisa que ese acto causó a Claire, solo oyó un lejano "Fukui-senpai, tengo esto para ti" y un alegre "¡Kaichou, muchas gracias!" por parte del rubio, y posteriormente unas cuantas risas compartidas.
Siguió preguntándose por qué había hecho lo que hizo, y aunque algo le seguía molestando en la boca del estómago, no se detuvo hasta llegar junto a su mejor amigo. Quien, en cuanto vio la cara de él, quitó su duradera sonrisa.
-Atsushi, ¿qué…?
-Murochin, ¿a Claichin le gusta Fuchin?
9.2
Para la alegría de Murasakibara, hoy no había entrenamiento ya que los senpais estaban bastante ocupados en respecto a sus exámenes finales. Así que, ajustándose la bufanda y las orejeras, salió junto a su mejor amigo hacia la calle para irse juntos a casa.
Entonces, lo que le sorprendió no fue que había una fina capa de nieve sobre el suelo, ni que no se dio cuenta de que había estado nevando a pesar de pasarse las clases mirando por la ventana. No, ese hielo blanco no le extrañó, pero el ver una pequeña figura justo a la entrada de la escuela, y tapada con gorro, bufanda y guantes era algo que no se esperaba. Y más cuando esa figura los localizó.
-¡Venga! ¿Cuánto tardáis en salir de clase?
-Kaichou, ¿hoy no tienes que quedarte por el Consejo Estudiantil?
-Por favor Tatsu-kun, ni que mi vida gire en torno a ser presidenta…
-¿Pero es así, no?
-¡Tú cállate, Murasakibara!
Entre risas, los tres comenzaron su camino hacia casa.
Para el grandullón era muy gracioso ver como a la pequeña presidenta le costaba andar entre el hielo y la nieve, por lo que no podía dejar escapar alguna corta risa, lo que hacía cabrear aun más a Claire. Sobre todo cuando casi cae al suelo, gracias a que Himuro estaba ahí y la ayudó, mientras que Murasakibara empezó a reír como nunca antes se había oído.
-¡Murasakibara!
-Es gracioso.
-¡No lo es!
-Vamos, vamos, chicos… Dejad de discutir…
La primera en despedirse fue Claire, y dio gracias de que la acompañaran hasta justo la puerta de su apartamento, porque si hubiera ido sola, podría haberse roto una pierna de camino. Así que, despidiéndose de los dos, se metió en casa.
Himuro ya comenzaba a andar cuando se dio cuenta de que su mejor amigo aún seguía mirando por donde la chica había desaparecido. Sin entender su comportamiento, se acercó a él y le agarró del brazo, haciendo que saliera de su trance y lo mirara. El pelinegro seguía extrañado por tales actos, hasta que vio como empezaba a caminar dejándole ahora a él atrás.
-¿Atsushi, qué ocurre? –esas simples tres palabras hicieron que el grandullón se detuviera en seco-. ¿Te encuentras mal? ¿Te duele algo? –aun sin mirarlo, Murasakibara negó ante las preguntas-. ¿Entonces qué…?
-Murochin –tardó en hablar unos segundos, e Himuro no pudo evitar ver como sus manos se convertían en puños apretados-. No entiendo… -el pelinegro notó el temblor en la voz del otro-. No sé por qué, pero… -entonces, Murasakibara se dio la vuelta y lo miró directamente a los ojos-. Murochin, ¿por qué me molesta que a Claichin le guste Fuchin?
9.3
Al día siguiente la nieve seguía igual, incluso cubriendo unos pocos más de centímetros. Lo que a Claire no le gustaba un pelo. No solo era muy poco resistente a las bajas temperaturas; por lo que tenía que ir abrigada hasta las orejas. Si no que tuvo que calzarse las altas e incómodas botas de agua para andar entre tanta nieve.
En el instituto a penas pasó por clase porque, por culpa del mismo factor, muchos clubs habían tenido quejas en practicar sus actividades, y Claire tenía que morderse la lengua cada dos por tres para no gritar e insultar a los quejicas. ¿Es que acaso era su culpa que nevara de tal forma? Además, por eso mismo, no pudo ver a Fukui ni un minuto en todo el día.
Acabó tan cansada a la hora de salida que lo que menos le apetecía era ir a casa, limpiar y hacerse la comida, por lo que la idea de ir al instituto de Taiga y que él hiciera sus labores domésticos le parecía mucho más apetecible. Aunque tendría que exagerar mucho su situación para convencer al pelirrojo.
Entonces, enviando un rápido mensaje a Tatsuya informándole de sus planes y de que hoy no podría ir con ellos a casa, se dirigió a la estación del metro para llegar pronto a Seirin. Ni si quiera avisó a su mejor amigo de la idea, ya que lo más probable es que le gritara y se negara rotundamente, así que aparecer por sorpresa sería lo mejor. Por lo que, mientras iba en el metro jugando con su móvil y escuchando música, pensó en la escusa que le pondría a su amigo.
Pero al levantar la mirada, apenas un segundo, se cruzó sin quererlo con unos ojos de alguien sentado justo frente a ella. El hecho de que fueran de distinto color, más la espeluznante forma en que la miraba, decidió volver a bajar la vista a su teléfono. Y ahora con los pensamientos de que su parada llegara pronto.
9.4
Que el chico de mirada bicolor se parara justo en el mismo lugar que ella le dio mala espina, pero más cuando parecía que se dirigían al mismo lugar. Él iba a unos pasos más atrás que ella, y el sentir esos ojos sobre su nuca no le hacía más que sentir escalofríos.
Cuando ya llegó a la entrada del Seirin, justo al tiempo que veía como salían los alumnos, miró de reojo unos segundos hacia el pelirrojo que estaba detrás de ella, y un salto involuntario por parte de su cuerpo salió al darse cuenta de que caminaba hacia su lado y, posteriormente, seguía hacia delante. Sintió sus músculos relajarse, hasta que el chico se paró en la misma puerta del patio.
-¡Akashi! –otro chico de mirada gatuna y pelo castaño apareció de la nada-. ¿No llevarás mucho esperando? ¡Lo siento, el profesor se cabreó con nuestra clase! –el chico parecía querer acercarse más al pelirrojo, pero no llegaba a hacerlo.
-No pasa nada –entonces, haciendo que el corazón de Claire se acelerada, el nombrado Akashi acarició la cabeza del otro-. Acabo de llegar, no te preocupes.
La pequeña presidenta tuvo que apartar su cara roja en cuanto pudo, porque si seguía mirando seguro que su nariz empezaba a dar un espectáculo de sangre. De repente, todo ese miedo que sentía hacia el pelirrojo, se convirtió en una terrible admiración, sobre todo al imaginarse de la forma tan sexy que tendría de ukear a ese chico.
Y negó con la cabeza. Por favor, que alguien la ayudara con esos pensamientos.
-Oh, ¿ese uniforme es de Yosen? –Claire levantó la cabeza y vio como la pareja la estaba mirando-. ¿Estás buscando a alguien? ¿Necesitas ayuda? –el castaño tenía una voz demasiado amigable.
-Esa chica ha venido conmigo en el metro –soltó de repente el otro-. Pensaba que la estaba siguiendo.
-¿E-eh…? ¡No, no! Yo solo… -¿tanto se le había notado?-. Yo busco a…
-¿Claire? –nunca sintió tanta alegría al ver al pelirrojo grandullón-. Oh por favor, ¿qué demonios haces aquí? –aunque se le quitó de golpe.
.
¡Nos leemos, bye!
