En los capítulos anteriores…
Quinn fue secuestrada al igual que Santana, ambas por separado.
Don Vito es un hombre de poder que busca saber cosas del pasado de Quinn y todo lo que aconteció hasta que llegaron a elaborar El Gran Robo.
Rachel tiene un bebe… ñe.
Anne es todo un personaje importante aquí… Aún no voy a revelar quién es, mientras solo la conocemos como la que pregunta cosas por Don Vito.
En los capítulos anteriores… En el pasado…
Quinn tiene que largarse del almacén junto con todos sus amigos.
Sugar los recompenso con más dinero y ninguna otra explicación.
Puck traicionó una vez más a Quinn, engañando a Holly por dinero.
Rachel se entera de que está embarazada.
En este capítulo existe el último salto en el tiempo. Entonces la historia sigue desde allí.
…
Lo que hicieron por Rachel
-¿Embarazada?
Santana tenía la cabeza enterrada en la camilla de hospital que en ese momento utilizaba Rachel.
-Maldita sea, por decimoquinta vez, ¡SI!
-¡Santy! – la regañó Britt.
-Es que… ¡lo ha preguntado quince veces! – se exasperó la latina.
-Es una sorpresa para ella, no seas así con Rachie.
-No lo entiendo… usamos protección – sollozó Rachel… por decimoquinta vez.
-Ahí vamos de nuevo… - La latina se hundió en su asiento al sentir la mirada amenazante de su Britt-Britt – OK, solo son cosas que pasan Rachel. Y, Will te explicó que tendrías que haber usado anticonceptivos. Según él, Quinn es un poquito más grande que la media – movió las cejas sugerentemente.
Rachel sonrió más que nada con tristeza.
Habían pasado tres días desde que Rachel se había enterado de que estaba embarazada. Tres largos días en los que la angustia no la dejaba dormir. Ahora no solo tenía que pensar en qué hacer en su futuro para mantenerse sobreviviendo, sino también tenía que hacer que su bebe lo hiciera con ella.
-Que haré ahora… - Preguntó para sí misma.
-Que haremos ahora - la corrigió Britt – Somos una familia Rach, vamos a salir de esta como sea.
Rachel le sonrió agradecida.
-¿Saben algo más de los chicos?
Las chicas se miraron entre ellas con complicidad.
-¿Qué? – preguntó Rachel recobrando energías de pronto.
-No se si lo vas a querer saber Rach – respondió en un suspiro Santana.
Santana y Britt salieron esa mañana como casi todas las mañanas para poder encontrar a Quinn.
Eso era lo que había pedido Rachel como único favor después de que la separaran de su chica, y las chicas con culpabilidad habían accedido inmediatamente, pero cuál fue su sorpresa cuando a los tres días después de haber estado en el almacén por última vez, este se encontraba completamente vacío.
Gritaron buscando a alguien pero todos se habían ido, las preguntas eran ¿Dónde y Por Qué?
-Dimos con Mike – terminó de decir Santana – Lo encontramos en el restaurant con Tina, dijo que todos tienen un plan, algo que hacer desde ahora, menos Quinn.
-Pero entonces debe estar en un alberque – se apresuró a deducir Rachel – Seguro no la buscaron bien. Mi pobre bebe, ¡está sola San! O peor aún, está con Puck – se lamentó cayendo en su almohada con dramatismo.
-Tranquila, diva, lo único que sabemos es que aún no decide que hacer, es un poco difícil ¿sabes? Buscarla, quiero decir, solo han pasado tres días pero esta ciudad es enorme – Santana frunció el ceño pensando – Con Puck es imposible que esté, eso te lo puedo asegurar – sonrió malévolamente atrayendo nuevamente la atención de Rachel. Britt estaba siendo Britt en la pecera del pasillo.
-Odio tus gestos, los odio – sentenció Rachel – ¡Dímelo de una maldita vez! – golpeó fuertemente a San en el hombro.
-¡Au! Eres un monstruo – Dijo Santana sobándose el hombro – Quinn le dio la paliza de su vida a Puck.
La cara de Rachel era todo un poema.
-Noo…
-¡Sí! – Exclamó emocionada Santana – Finn y Sam buscaron a Sugar y Artie, pero solo encontraron a Artie, el muy traidor está viviendo en una mansión con Sugar. Lo único que le pudieron sacar fue que al parecer fue Puck quien logró que el padre de Sugar terminara su relación con Holly, el muy imbécil drogó a Holly, la metió en la cama semidesnuda y espero a que llegara el papá de Sugar, entonces… ya te imaginaras que sucedió.
-… Ya no me importa lo que suceda con ellos – decidió Rachel con cansancio – Solo quiero encontrar a Quinn.
Un año después…
En un año todo puede cambiar.
Seguro es la frase más utilizada por aquellos que se adentran a la aventura de la vida, quienes cambian sus expectativas cada año y con humildad absorben experiencias y enseñanzas del resto, la sabiduría los hace planear, en alguna fecha determinada, cuál va a ser el paso siguiente, cuales sueños se van a cumplir esta vez.
En un mes todo puede cambiar.
Todas las experiencias en la vida son diferentes, quienes han perdido a las personas que más se aman lo saben, saben que no hay sentimiento que iguale la perdida y que todo el dinero del mundo no va a cambiar este hecho. Este tipo de personas asimila la vida como un ser viviente aún más espontaneo. Los que han logrado amar, también.
En un día todo puede cambiar.
Esto bien lo sabía Quinn.
-¿Tiene una reserva? – Pregunto la joven recepcionista, sonriendo demasiado para gusto de Quinn.
- No, pero es temporada baja, digo, deben tener alguna habitación – dijo Quinn, rascando su cabeza, preguntándose si fue una mala idea llegar allí sin aviso.
La joven suspiró, era un trabajo difícil recibir viajeros, pero no cualquier tipo de viajeros, sino los que solo llevan una mochila, su carisma y algo de dinero encima quizás para quedarse una o dos noches. Definitivamente no era fácil tener que decir que no o no dejarse llevar por la simpatía de todos cuando pedían cosas imposibles – Normalmente estamos completos, pero una chica se fue anticipadamente esta mañana, así que creo que podríamos designarte una cama, claro, tendrías que compartir con otras dos chicas el cuarto – Le advirtió la chica retomando un semblante más serio.
-No es problema, he dormido sobre tablas de madera en medio de la nada, puedo lidiar con dos chicas – Sonrió alegre la rubia, esa iba a ser una buena noche si tenía una cama.
-Está bien – suspiro por segunda vez la joven. Había escuchado peores anécdotas en ese lugar – Tu cuarto es el 403, es decir, está en el cuarto piso. Puedes dejar tus cosas en un locker con un candado, así que cualquier pérdida será de tu responsabilidad. No hay hora de entrada o salida, el agua caliente está disponible todo el día, al igual que la cocina y la clave de internet está escrita en un papel detrás de la puerta de tu habitación. Si necesitas algo más puedes venir a preguntar en cualquier momento – Quinn no prestó demasiada atención y se dedicó a juntar los billetes arrugados que mantenía en su bolsillo, los estiro con concentración y conto uno por uno hasta llegar al total, solo le quedarían cinco dólares luego de pagar por todo aquello. Cinco dólares con los que tendría para comer durante un día, dos si podía distribuirlos bien - ¿Hola?
-Lo siento – se disculpó la rubia recuperando la atención – ¿El desayuno está incluido?
La joven recepcionista balbuceó tratando de no sentirse ofendida por la falta de interés de la rubia – c…claro, servimos a las 9:30 – respondió confundida.
Quinn tomo las llaves que estaban en el mesón y dejo el dinero aun algo arrugado sobre el mismo. Sin decir otra palabra cargó su mochila y se dirigió al ascensor, dejando atrás a una sorprendida joven.
El lugar era grande.
Cinco pisos con diez habitaciones en cada uno, es decir, no había momento del día en que no te cruzases con una persona. En los pasillos, la cocina, los baños, la terraza, los salones de descanso y demás. Todo completamente habitado.
Eso no era un problema para Quinn, en algún momento se había acostumbrado a tener que saludar tantas veces, a recordar tantos nombres y estrechar tantas manos, o besar tantas mejillas. Todo era parte de la vida que había comenzado muchos meses atrás.
Al llegar a la habitación trato de abrir la puerta pero esta estaba cerrada, por lo que asumió que no iba a encontrar a nadie dentro, y acertó al descubrir que efectivamente estaba vacía. Solo había dos mochilas sobre una de las camas y algunos objetos sobre un tocador ubicado justo al lado de otra puerta que dirigía a un pequeño balcón, que permitía apreciar las vistas de un viejo y sucio callejón.
Otro viejo y sucio callejón.
Parecía que la vida la seguía dirigiendo a lugares como esos, viejos y sucios callejones, viejas y sucias avenidas, viejos y sucios hoteles, viejos y sucios hábitos.
Por eso renuncio a seguir viajando, no porque la experiencia en si le trajera malos momentos, sino porque sus viejas y sucias costumbres no la abandonaban por más que frecuentara hermosas aldeas, monumentos, personas, ciudades, selvas… y más personas. Sus viejas y sucias costumbres eran la manifestación del poco amor propio y del poco trabajo personal que había hecho en si misma en toda su vida, y luego de llorar, renunciar a la vida, volver a adorarla y perdonarse por querer renunciar a todo, había decidido volver para comenzar a aprender de nuevo, no como se lo habían enseñado a vivir, sino como ella quería ser para sí misma.
Quería un hogar, un perro y un vecino al que pudiera saludar todas las mañanas. Quería poder ir a comprar un desayuno en alguna cafetería de barrio y de tanto frecuentarla conocer a quien le servía su café y agradecer por el mismo por la gratitud que sentía por un acto tan simple, no por educación. Quería poder llegar a fin de mes sabiendo que todo lo que compro, fue por haber conseguido su dinero con el esfuerzo de un trabajo digno, no por robar.
Supo que quería todo eso porque en su viaje de regreso recorrió los mismos lugares que visito en la ida y lo vio todo desde su nueva perspectiva. Todo era más bello, más limpio, más amplio, mas colorido, las personas no parecían infelices esta vez, los días nublados no eran nublados porque el día estaba triste y las personas comprando cosas a su alrededor no habían robado para conseguirlas.
Ella si
O al menos así lo sentía, que ese dinero que cargo y gasto en toda la mitad de su viaje era dinero deshonesto y sucio. Luego de reconocerlo, apenas tuvo la oportunidad, le obsequio los últimos trescientos dólares a una niña que mendigaba con su madre en una localidad al Norte de Argentina, cerca de las Cataratas de Iguazú.
Los últimos trescientos dólares luego de comprar una guitarra… y esa guitarra significo su pase a un nuevo mundo que no conocía hasta ahora. ¿Quién iba a pensar que podía conseguir tanto dinero aprendiéndose los acordes más básicos en una guitarra y usando unas pocas horas al día su voz?
Al menos ella desconocía que se pudiese ganas esa cantidad haciendo ese tipo de cosas.
Y aquí estaba tres meses después, en un balcón que dirigía a un sucio callejón mirando a un vagabundo gritarle a un gato llamado "Farol" por orinarse en su gorro de lana y preguntándose en qué momento decidió comenzar su vida en ese hostel.
Ah, por supuesto, solo tenía dinero para eso luego de arrendar por un mes un piso en cerca de ese barrio.
¿Por qué no estaba en su piso?
Porque el mundo parecía tener algo en su contra y habían tenido que desalojarlo cuando una matriz de agua explotara en el primer piso, dejando sin agua a todo el edificio. Un día viernes.
Al menos tenía el consuelo de poder salir el día lunes a trabajar a las avenidas de Broadway.
Cerró con fuerza sus ojos para no tener que lidiar con la imagen que aparecía en su mente ante esa palabra.
Broadway.
Suspiró y renunció a seguir pensando en eso. Se daría un baño y saldría a comprar algo para comer.
Un día. Solo un día en ese hostel y luego comenzaría a vivir como ella quería hacerlo.
A veces creemos tener el control de nuestra vida, pero Quinn sabía que en un día todo podía descontrolarse sin que pudiésemos hacer algo al respecto.
Lo sé, por favor no me odien, este fic lo deje tan de lado que subo un nuevo capítulo avergonzándome de mi misma (o no…).
Es corto el capitulo pero no podía ser mas largo porque es una introducción. El próximo capitulo va a estar en una semana y va a ser mucho mas largo.
Lo voy a continuar hasta terminarlo porque tengo un fic Clexa en mi imaginación que quiero pasar al papel, pero la obligación es terminar este primero.
Saludos a todos/as.
