San

"I don't think they know what it means, I don't think they know what love is, throw it around like it's worthless…"

Los dedos de su mano izquierda presionando con firmeza las cuerdas, la agitación de las mismas en su mano derecha y la harmonía envolvente que creaba el sonido repercutiendo en las personas que la rodeaban era todo lo que necesitaba en ese día para saber que la vida valía la pena.

Agradecía de alguna manera todas las risas y burlas que se ganó en la secundaria, le habían dado el coraje que necesitaba para enfrentarse a una audiencia, por muy pequeña que esta fuese.

Vio por el rabillo del ojo a una anciana dejar un billete en la funda que había puesto justo bajo sus pies.

Ese era otro motivo por el que la vida valía la pena, y no, no se refería al dinero, sino a saber que las personas apreciaban su intención de vivir de la música.

También tenía otros hobbies, por supuesto.

De tres a ocho de la noche se dedicaba a cantar en esa esquina de Broadway, todos los días sin falta, ya que no existían los feriados, los domingos o los descansos cuando se trataba de uno los barrios más bohemios de todo Nueva York y para ella sería una pérdida de tiempo dedicarse a cualquier otra cosa cuando su mañana también estaba tan bien organizada.

De siete a ocho de la mañana salía a trotar o hacia ejercicio en su apartamento. Era una costumbre adquirida después de tener que caminar por todo el continente Americano, sobre todo cuando había perdido tantos transportes por no saber español, y lo que duro cinco meses de caminatas exhaustivas se convirtieron en una costumbre aun después de haber comenzado a aprender frases completas o al menos poder decir "me podría decir donde está la estación de trenes" sin avergonzarse de su existencia.

En esa hora trataba de abarcar cada calle que no conociera en el barrio donde había alquilado su apartamento, en Brooklyn.

Claro está que no vivía cerca de Broadway, tendría que trabajar durante un año para poder alquilar por un mes un apartamento en el sector, y quizás estar durante tres meses más en la lista de espera que había para poder vivir allí.

Ninguno de esos lujos le importaba, había luchado para poder tener legalmente esa esquina solo para ella durante tres meses, debiendo enviar multitud de solicitudes a la municipalidad y respaldar su talento a través de material audiovisual.

Material audiovisual que grabo con la cámara de fotos que le había regalado Sugar hace más de un año, hecho que no quería recordar ni por asomo y del que no quería hablar con nadie. Suponiendo que alguien quisiera hablar con ella en primer lugar…

De ocho a nueve se daba un baño y se preparaba para comenzar el día. De nueve a diez preparaba tanto su desayuno como su almuerzo, y luego de desayunar y leer el periódico tomaba nota de las nuevas canciones que quería aprender para la próxima semana, y entonces practicaba media hora o más.

Si le sobraba una hora entre su práctica y su almuerzo, tomaba la máquina de fotos y se entretenía con ella o con algún libro viejo de su autor favorito, Charles Darwin.

Y en esas líneas se resumía toda su semana.


Suspiró al terminar la canción y se limitó a asentir con humildad a quienes la felicitaban por su interpretación de "Sea Creatures".

No sabía nada de música, quizás ellos al estar rodeados de arte todo el tiempo supieran algo más que ella, pero si de algo estaba segura es de disfrutar su trabajo como sabia muchos no disfrutaban de los suyos.

Amaba su maldito trabajo, y lo mejor era que podía sobrevivir gracias a él.

35 Dólares en una hora no estaban nada mal considerando que eran las cuatro de la tarde de un día lunes, por lo que continuo durante una hora antes de tomarse un descanso. Cinco horas de hacer música era algo que no cualquiera podía soportar

Pero Quinn no era cualquiera, nunca lo había sido.

-¡Cariño, estoy en casa! – Gritó a nadie en específico. Espero dos segundos en la puerta sabiendo que no iba a recibir una contestación y sonrió a si misma por su tonta broma.

Eran las nueve y media de la noche, con los ciento sesenta dólares que había conseguido ese día se fue a buscar algo de comida para rellenar su pequeño refrigerador.

Una vez acomodadas todas las cosas, saco algunas rebanadas de pan, las puso sobre un plato y las unto con mermelada de mora, su favorita.

Tomo el plato y su bolso, teniendo que avanzar solo cinco pasos para llegar a la puerta de su habitación.

El apartamento en si era pequeño, muy pequeño, pero había sabido organizarse lo suficiente para que se sintiera acogedor. No tenía mucho para rellenar los espacios que seguían quedando vacíos, como el masetero sin una planta en él, la verdad no tenía sentido alguno que siguiera allí, pero mientras no pudiera comprar todo lo que le gustaría se tendría que conformar con tenerlo en la esquina del living-comedor.

Al llegar a su habitación se encontró con un poco de lo mismo, espacios vacíos rellenados con objetos sin sentido, como una maleta en una esquina, un horrible cuadro de un hombre gritando que había tenido que voltear y poner cerca de la ventana por el miedo que le causaba en las noches, o la aspiradora de mano que había colgado en la pared al sacar el cuadro. No tenía sentido alguno, como ella, pero amaría cada espacio de su nuevo hogar por muy vacío que estuviera, como ella…

Su rutina fue un éxito durante un mes y medio, de hecho, si pudiera decidirlo habría seguido realizando lo mismo cada día, de cada semana, de cada mes hasta que sus manos se agrietaran o se rompieran por la dedicación que le daba a su oficio, pero todo lo que nos ocurre en nuestras vidas es una decisión propia hasta que las decisiones de otros nos impiden seguir maniobrando con libertad.

Y fue una cara conocida la que quito a Quinn la libertad de alejarse de su pasado.


-Un frappuccino mocha, sin crema, por favor – Pidió al guapo chico que la atendía. Todos allí eran hermosos, hermosas personas con hermoso vestuario e incluso sus palabra se oían más hermosas, casi se sentía como una extraña en un mundo de Barbies y Kens, pero no le dio mayor importancia, de todos modos nadie parecía prestarle atención.

El chico le sonrió y velozmente anotó su nombre cuando se lo pidió, cuando le dijo que podía quedarse con el cambio sonrió aún más y le dijo que era política de la empresa no aceptar propinas.

Eso la sorprendió, debían ganar muy bien para no parecer disgustados por algo así.

Recibió su café y fue a sentarse a uno de los cómodos sillones que había en el centro de la sala. Bebió su primer sorbo y casi gime del gusto que le provocó el agradable sabor del café junto con el chocolate amargo, nunca había probado algo así y se prometió que sería un lujo que se daría al menos una vez al mes.

Después de un tiempo no sabía que hacer más que seguir bebiendo. Normalmente se sentiría cómoda consigo misma, pero extrañaba la compañía de alguien, y no tenía un teléfono celular para entretenerse como todos allí, ni siquiera sabía que podía hacer con uno de ellos.

Justo cuando estaba levantándose para marcharse escucho a alguien llamándola.

-¿Quinn?

Se paralizó en el acto, no volteo a ver quién la llamaba pero reconocería esa voz donde sea. La sorpresa no la dejó reaccionar a tiempo cuando alguien estaba aferrándose a su cuerpo desde su espalda.

-¡Quinn! Oh dios, oh dios, oh por dios, ¡Quinn! – Si, era Santana, definitivamente eran sus brazos estrangulándola.

Se dejó abrazar por unos segundos y por instinto se aferró a las manos de Santana en su cintura, extrañaba tanto ese tipo de cariño que no pude evitar tragar con fuerza con un nudo en su garganta.

Cuando al fin salió de su estupor físico, su estupor mental la dejó en evidencia.

-¿San? Como… ¿Por qué…? – No se había imaginado un encuentro así con una de sus amigas, aun menos cuando había pasado un año o más sin verla, y sabiendo la conexión que esta tenía con los pensamientos que había estado evitando - Estas…

-Estoy trabajando aquí – Al fin Santana soltó a Quinn para dejar que esta se volteara y la viera, estaba más delgada, más esbelta y más guapa de lo que Quinn la recordaba, y más feliz, definitivamente no reconocía el rostro de San sin el ceño fruncido – Quinn – Santana se volvió más seria – Te buscamos durante meses – señalo con algo en su voz que Quinn reconoció como angustia – Ya no sabíamos a que recurrir, incluso Rachel…

-¿Rachel? – Soltó de pronto Quinn con el corazón bombeando a mil. Llevaba demasiado tiempo sin escuchar su nombre en los labios de alguien – San, yo… yo viajé… - Quiso continuar cuando Santana la interrumpió con un dedo.

-No podemos hablar ahora – Le señaló con la cabeza a una muchacha al otro lado del salón que se veía bastante molesta – La chica de allí es algo así como mi jefa, o al menos eso cree ella, es la supervisora y creo que está enamorada de mi – Sonrió San – ya sabes cómo están todas por mi – Quinn volteó los ojos y no pudo evitar sonreír al tiempo que San soltaba una risotada – Tengo que volver al trabajo – añadió recuperando la seriedad – Dime tu numero para que nos mantengamos en contacto, me faltan aún tres horas para salir…

-No tengo un celular – Confesó Quinn avergonzada-

-¿No tienes un…? –San suspiró, por supuesto que Quinn no tendría un celular – Necesitamos hablar Quinn – Quinn asintió con algo de duda e inocencia, ese gesto tan familiar hizo sonreír a Santana con algo de nostalgia, había algo diferente en ella, estaba bronceada, con el cabello más largo y lacio y la delgadez que poseía Quinn cuando la conoció se veía reemplazada por un cuerpo mucho más tonificado y fuerte, se veía incluso más guapa. Pero a pesar de todos los cambios físicos había algo en su postura que le hacía saber que hablaba con una Quinn mucho más segura de sí misma.

-Puedo esperar – Aseguró Quinn.

-¿Tres horas? – Preguntó Santana – No te hare esperar tres horas…

-Puedo hacerlo San, todos los días tengo cosas que hacer, no sé cuándo más voy a poder reunirme contigo.

-Está bien, está bien – Aceptó Santana. Maya, su "jefa" había comenzado a hacerle gestos con la mano – Nos vemos en la entrada en tres horas.

Quinn asintió y se atrevió a levantar su mano y lentamente apoyarla en la mejilla de su amiga, lo cual sorprendió a Santana. Quinn no era una persona afectuosa físicamente, nunca la había visto hacer algo así en los meses que vivieron juntas, de todos modos aceptó el gesto y le sonrió a Quinn – Te extrañe rubia. Te extrañamos.

Quinn tragó con más fuerza y casi sintió las lágrimas agolparse en sus ojos. Antes de que pudiera decir algo San se volteó y regreso con su jefa. Las vio intercambiar algunas palabras y entonces la chica mayor desapareció por una puerta que daba a lo que supuso era el almacén. Vio a Santana voltear a verla rápidamente y encontró algo en su mirada que la sorprendió.

¿Culpa? ¿Remordimiento? Se miraron durante cinco segundo y Quinn finalmente tomó la decisión de salir de la cafetería con todas las dudas surgiendo en ella de nuevo.

El pasado acababa de encontrarla.

Estuvo dando algunas vueltas alrededor de la cafetería, vivía a solo quince cuadras, pero quería evitar llegar tan pronto a su apartamento, así que se quedó mirando las tiendas cercanas al barrio, era un lugar muy concurrido por lo que se le hizo fácil mezclarse entre la gente y distraerse de los pensamientos que la acosaban, sobretodo de los pesimistas que la hacían sentir culpable por no haberlas buscado con mayor precisión, era como si se las hubiera tragado la tierra, como si no quisieran ser encontradas. Entonces recordó la mirada de San hace unas horas y las conclusiones que creaba su cabeza la comenzaban a atemorizar.

Sabía que Rachel había estado con Will, pero entonces el no supo que decirle cuando había preguntado por ellas.

¿Y si le había mentido?

Will no parecía un mentiroso, ¿o sí?

No sabía cómo lucía un mentiroso, no era tan sabia para saberlo.

Los chicos del almacén tampoco le habrían mentido, eran sus amigos.

Sabía que había creado roces por la llegada de Puck al almacén, pero ellos también conocían su amor por Rachel, ellos le habrían dicho dónde encontrarla si supieran algo ¿O no?

Y San había sido una de sus mejores amigas, ella no la hubiera apartado de Britt o de Rachel, mucho menos de Rachel.

Pero una vez más, no sabía cómo lucía siempre un mentiroso.

No sabía lo que iba a suceder desde ese momento. Se suponía que su vida iba a estar totalmente controlada por ella. Se suponía que Nueva York era lo suficientemente grande para que el pasado no la encontrara…


14:00 P.M

Se suponía que debía trabajar, pero había descartado hacerlo en el momento en que escuchó a San decir su nombre.

Volvió a la cafetería y vio que estaba aún más llena que antes. Una larga fila se aglomeraba hasta la salida de la tienda.

A través de los grandes ventanales vio a San con ropa casual hablar con una chica en la caja. Solo le tomo un minuto y entonces se volteo a mirarla, casi como si supiera que estaba recibiendo una mirada desde el exterior.

Sonrió nuevamente a Quinn y se acercó a paso acelerado a encontrarse con ella.

Sintió algo de tensión acumularse en sus músculos y se preparó mentalmente para lo que se venía.

-Hey… -saludó Quinn cuando Santana llegó hasta ella.

Santana usaba unas zapatillas deportivas, leggins y una sudadera que le quedaba algo grande, parecía lista para salir a trotar.

-Hey – Le devolvió el saludo a Quinn sin saber que más decir.

Se quedaron mirando a un metro de distancia durante algunos segundos y finalmente sonrieron con torpeza.

-¿Quieres venir a mi apartamento? – Preguntó Quinn.

San trató de no verse sorprendida, fallando– Está a unas quince cuadras – Quinn señaló con su dedo hacia una de las calles.

-Sí, claro… solo debo hacer una llamada – Dijo San mostrándole el móvil que tenía en la mano, el cual Quinn no había notado hasta ahora – Solo me tomara un minuto.

Quinn asintió rápidamente – Claro, podemos caminar mientras hablas.

-Sí, la verdad es que debo estar en un par de horas en otro lugar – Quinn asintió comprendiendo, tenían menos de una hora para aclarar algunas cosas.

-Es… muy poco tiempo, tengo muchas dudas San – Ahí estaba de nuevo. Quinn observo con curiosidad la expresión de San. Ella sabía mucho de sentir culpa, sabía lo que veía en San, y quizás no fuera tan sabia para notar cuando alguien mentía pero en cuando a culpabilidad era una experta.

-Debo… - Señaló nuevamente su móvil evitando mirar a Quinn de nuevo, aun así avanzaron juntas y no se separaron por los próximos cinco minutos.

Tratando de no ser entrometida, Quinn se enfocó en las preguntas que tenía para Santana en cuanto llegaran a su apartamento.

Fue casi imposible cuando escuchó a Santana hablar en español con alguien al otro lado del móvil.

"Como iba a saberlo" Entendió en primer lugar "Estaba trabajando" "si, ahora vamos a hablar" Eran todas frases referidas a ella.

Santana no sabía que ella podía entender el español, seguro por eso hablaba con esa naturalidad.

Fatal error.

El detonante para capturar por completo la atención de Quinn fue "No puedo decirle, me va a matar" "Si supiera que fui yo…" Quinn se detuvo en seco, haciendo que San se volteara a mirarla con confusión.

Estaban solo a pasos del apartamento de Quinn, pero eso no lo sabía Santana, solo que se habían detenido y Quinn la miraba fijamente frunciendo el ceño.

Estaba comenzando a molestarse, y San lo estaba notando.

-Tengo que colgar – San seguía mirándola, la vio bajar el brazo con el que sujetaba el móvil y tragar fuerte – Quinn…

-"No quería escuchar" – Le dijo Quinn en español causándole que San abriera la boca sorprendida – "Es obvio que estás hablando de mi con alguien" – Le señalo la mano a San en la que aún mantenía el móvil.

Ninguna de las dos se movió. Solo se miraron fijamente durante un largo minuto.

-San, que demonios… - Empezó Quinn – Fuiste… - No sabía cómo empezar a expresarse con el enojo aflorando en su garganta – Quieres decirme que diablos acabo de escuchar.

-Quinn…

-¡No! ¡No Quinn…! – Exclamó asustando a Santana. Santana siempre había sido muy segura de sí misma, ni ella esperaba provocarle un susto a la latina, pero parecía que la chica se veía vulnerable delante de ella, y eso le aseguraba aún más que San se sentía culpable de lo que tanto temía.

Otro minuto pasó y veía a Santana abrir y cerrar la boca sin saber cómo comenzar a explicar lo que Quinn había escuchado.

No quería romperse cuando aún estaban en mitad de una calle, rodeadas de gente extraña, pero fue inevitable cuando vio a Santana finalmente bajar la cabeza y sollozar en silencio – Como pudiste… - soltó Quinn por fin.

-Creí que… que… Estabas causando mucho daño Quinn – La chica frente a ella no se veía como su amiga, se veía destrozada e hizo que Quinn casi sintiera lastima por ella – No sabía qué hacer, tu no viste a Rachel llorar por todas las cosas que pasaban en el almacén desde que llevaste a Puck a vivir con nosotros – Sollozo un poco más y limpió sus lágrimas.

Quinn estaba tratando de no gritarle algo por todas las emociones contenidas. Le dio la espalda y agarro su cabello entre sus dedos con exasperación.

Este encuentro definitivamente no era lo que esperaba, no era la verdad que quería escuchar.

-No sabía que Rachel te iba a perdonar de todo tan rápido – Escuchó a su espalda a Santana con una voz un poco más calmada – Estuvo en el hospital durante tres días… tuve que tomar una decisión en ese tiempo.

Quinn volteó nuevamente para encararla.

-Y lo único que se te ocurrió fue alejarlas de mi – Se refería a Britt y Rachel – ¡Ustedes lo eran todo para mi San! – Exclamó con fuerza – ¡Las busque durante un mes! – La apuntó con el dedo – Un jodido mes en el que ni siquiera dormía, no comía y nadie me visitaba, ninguno de los que se hacían llamar mis amigos volvió para buscarme. El mayor error que cometí fue confiar en Puck, y si, fue lo peor que nos pudo pasar, pero aun así no fui yo quien hizo todo ese daño, fue el, no yo – Se señaló mientras se movía inquieta – No podías hacerme cargar por todo lo que él provocó – Se mordió el labio inferior y respiró con fuerza. No iba a llorar por las mismas cosas de nuevo – Ni siquiera sabía que no podía confiar en ti – Santana se tapó la boca para reprimir más el llanto. La vio abrazarse a sí misma con el otro brazo como buscando algún cobijo a sus palabras.

-Te buscamos – Fue lo único que alcanzo a decir San.

Quinn la dejo tomar un par de respiraciones antes de que continuara.

-Te buscamos - Repitió la latina – Durante meses – la miró a los ojos esta vez – Cuando Rachel despertó nos pidió buscarte, solo habían pasado tres días desde que había sucedido lo de… - Quinn asintió, el asunto de Puck no era de su interés en ese momento – Entonces Rachel despertó y… tenía muchas lesiones – le explicó Santana con sutileza, sabía lo sensible que podía llegar a ponerse Quinn cuando se trataba de Rachel, o al menos creía conocerla hasta hoy – Cuando nos pidió buscarte, le dijimos que habíamos vuelto al almacén y no había nadie. Nos encontramos con Mike y Tina en el restaurante, ellos realmente no sabían dónde estabas…

-Sí que lo sabían – Quinn la interrumpió con la sorpresa cubriendo su rostro – Incluso les escribí una dirección – negó con la cabeza varias veces, miro a San para tratar de ver si mentía, parecía tan extrañada como ella.

-Quinn, en ese momento no quería encontrarte – se atrevió a confesar Santana incomoda – Aun me mantenía firme en mi decisión. Pero… las cosas cambiaron, la situación cambió.

-¿Cómo cambiaron? – Se interesó Quinn.

-No es algo que te pueda explicar yo – negó San

-San… -advirtió Quinn

-No es algo que me corresponda a mi decir – dijo Santana con firmeza – Después de que… todo cambiara, tuve que buscarte, Rachel quería realmente que siguieras siendo parte de su vida, yo… yo también te extrañaba Quinn.

Quinn soltó una risa cargada de sarcasmo.

-Me estás diciendo que en una semana pasaste de querer deshacerte de mí a extrañarme y buscarme – Soltó otra risa sin ganas que solo hizo a Santana apretar los puños.

-No sabes cómo fueron las cosas – se justificó San.

-Porque no me dejaste saberlo – le reprochó Quinn. No quería comenzar esa discusión. Necesitaba otro tipo de respuestas – Donde… - Aun no estaba lista para hacer esa pregunta, pero algo la hizo preguntar de todos modos - ¿Dónde está Rachel, San? –preguntó olvidando su enojo por primera vez.

Santana se le quedo mirando un momento.

-¿Estas segura que…?

-Si – La interrumpió nuevamente

-No puedo decírtelo sin decírselo a ella primero – Respondió San recuperando la confianza, no le importaba ganarse otro enojo por parte de Quinn, debía centrarse en lo más importante, las cosas habían cambiado demasiado para que Quinn volviera a sus vidas de manera súbita - ¿Lo entiendes?

-Claro que lo entiendo – En verdad lo hacía, pero por razones diferentes a las que San tenia – No he dejado de amarla ni por un segundo – San sonrió ligeramente, esa era la Quinn que recordaba. La que la miraba con una mirada soñadora y no tenía miedo a decir lo que sentía – Ella… ¿está bien? – le preguntó con un hilo de voz.

-Está bien – asintió San – Es feliz, más feliz de lo que ha sido nunca.

Quinn sollozó sin poder evitarlo. No le importaba el otro sentido de esa oración. Si Rachel era más feliz ahora que cuando estaban juntas ella sería feliz también, incluso si eso implicaba que estuviera con alguien más.

-¿Y Britt? – vio a Santana sonreír aún más, casi quiso corresponderle la felicidad, pero aún había algo que la hacía sentir cierto rencor hacia la chica que tenía enfrente.

-Britt sigue siendo Britt – Quinn rio sinceramente a la respuesta, por supuesto que sabía a qué se refería. Britt era un alma fuerte y saludable, no se iba a dejar caer por nada a su alrededor – Estamos pensando en formar una familia – Esto último sorprendió a Quinn, que asintió sin querer entrometerse más en su vida – Pero hay muchos proyectos que aún tenemos en mente – San se encogió de hombros – Quien sabe, quizás en un año o dos podamos hacerlo.

Cada una se quedó en silencio interiorizando todas las cosas que aún quedaban por decir hasta que San miro un segundo el móvil que seguía en su mano y la escucho suspirar ruidosamente.

-Debo irme

-No… Pidió Quinn. Aun había mucho que decir.

-Nos podemos volver a ver – Quinn estuvo a punto de decirle que no era a ella a quien quería volver a ver, pero se calló – Voy a responder a cualquier cosa que quieras en otro momento, pero ahora debo irme – Sentenció con tristeza adivinando el pensamiento de Quinn.

-¿Cuando? ¿Cuándo nos veremos de nuevo? – Preguntó la rubia

-No lo sé, al parecer tu eres la de la agenda ocupada – trató de bromear Santana, pero Quinn solo frunció el ceño.

-Sí, pero aun así estoy dispuesta a dejar de lado mis asuntos por encontrarle una solución todo esto – Las señalo a ambas y Santana miró al piso avergonzada.

-Ojala pudiera hacer lo mismo, tengo que llegar a mi segundo trabajo – Quinn cerró los ojos un instante castigándose mentalmente por su falta de tacto.

-Lo siento, yo…

-Está bien – La cortó Santana – Sé que no me merezco más de ti Quinn, sé que lo arruine por completo, y pague la mitad del precio cuando Rachel se enteró de que yo la había alejado de ti.

-¿Rachel lo sabe? – Preguntó sorprendida.

-Claro que lo sabe, no le iba a mentir durante un año – Respondió Santana – Pude haber tomado una decisión equivocada pero eso no me hace una mala persona.

Quinn asintió, no era eso lo que pensaba de Santana, pero tampoco iba a ser fácil volver a confiar en ella, suponiendo que volviera a ser parte de su vida.

-Lo sé, no es eso lo que pensaba. Voy a comprar un móvil, pero necesito que nos sigamos encontrando de otra manera.

Santana estuvo de acuerdo y se pusieron de acuerdo.

Perdón por la demora. Me surgió un viaje rapido a Uruguay :D

Gracias por los Reviews, los PM y los nuevos Follows y Favs.