-Leche de soja – Santana tacho con aburrimiento el nombre de la lista que tenía en la mano y siguió con la misma emoción a su amiga.

-¿Crees que necesitemos vainilla? Últimamente no hemos hecho muchas recetas dulces – preguntó Rachel mientras tomaba de una estantería un pequeño frasco con un líquido negro dentro y lo agitaba en dirección a Santana.

-No me mires a mí, sabes que no se cocinar – Santana se encogió de hombros – Si alguien cocina cosas dulces en casa esa es Britt y no creo que tenga tiempo para hacerlo – Suspiró – ni para eso ni para muchas cosas.

-Hey – La llamo Rachel dejando a un lado la vainilla – No seas injusta San, sabes porque lo hace, no tiene muchas opciones ahora mismo.

-Santana mantuvo la vista en Rachel que la miraba fijamente para finalmente bajar la cabeza derrotada.

-Lo sé, ya sabes que… - Comenzó San, mientras avanzaba–…Esperaba que yo consiguiendo dos trabajos ella decidiera dejar el suyo – respondió tomando una caja de cereales y mirándola con poco interés.

-Estoy segura de que lo va a hacer dentro de poco, es decir, nadie puede mantener ese ritmo durante tanto tiempo, aunque sea Britt de quien hablamos - Trató de consolarla sin éxito Rachel, y rió cuando la latina soltó un gracioso gemido de frustración.

-¿Por qué no puede simplemente tomar cinco clases, todos sus compañeros tomaron cuatro – Señaló mostrándole a Rachel con sus dedos de que hablaba – Tomo siete Rachel, ¡Siete! E insiste en terminar la escuela en dos años y no en tres como todos, y eso que está a un nivel mucho más avanzado que la mayoría, no necesita demostrar nada a nadie ¡Pero no! Siempre tiene que estar desafiándose a sí misma – Dejó de con enojo la caja de cereales en la estantería y tomo otra para ponerla en el carro de compras.

-¿Vamos a hablar de lo mismo por quinta vez? – Le preguntó Rachel con seriedad.

-No… solo… - Santana suspiró con cansancio – No hemos tenido sexo desde hace tres semanas – Dijo en un susurro.

-La, la, la… - Rachel tapó sus oídos.

-¿Es en serio virgen maría? – Santana se burló de Rachel mientras apuntaba a la pequeña bebe que se removía en la parte superior del carro – Este pequeño bulto me hace dudar de tu santidad.

-Voy a ignorar eso – Negó Rachel sonriendo a su bebe – Además, pienso que estas exagerando, estoy segura que escuche la semana pasada unos ruidos extraños a las dos de la mañana.

Santana se sonrojó y se volteó haciendo como que buscaba algo en las estanterías provocando que Rachel riera con fuerza.

-Bueno, quizás no sean dos semanas.

-Dijiste tres – La corrigió la morena mordiéndose el labio

-Tres, dos, una… Si fuesen dos días sería demasiado tiempo.

-¿Dos días? ¿Estas bromeando? No tienes control sobre ti misma San.

Santana se volteó a mirarla alzando una ceja – No todos podemos soportar meses sin sexo RuPaul.

Rachel asintió – Touché. Y no me llames así, sabes que lo odio

-Creo que es el mejor sobrenombre que te han dado desde Manhands.

-¡Esos apodos no tienen ninguna lógica! – Exclamó la morena mirando sus manos - ¿has visto lo hermosas que son? – Le preguntó mostrándole el dedo del medio a su amiga, haciéndola reír.

Tuvieron que aguantar la risa cuando una señora pasaba con su hijo de unos once años por el lado de ellas y las miraba con desaprobación mientras el chico les sonreía con gracia.

-Como sea… vamos a terminar con esto, mis pies no dan más – Dijo la latina haciendo estiramientos en medio del pasillo de las conservas.

-Sí, creo que Em tampoco va a aguantar mucho más el paseo – Dijo señalando a la bebe que ya comenzaba a intentar meterse todo el puño en la boca, clara señal de su impaciencia.

-Quizás quiere amor de su tía Sanny – La latina dejó sus estiramientos y se acercó al carro lleno de las compras del mes, con cuidado quito los seguros que mantenían a la bebe en su lugar para

posteriormente tomarla y acurrucarla en sus brazos – ¿Lo ves? Solo necesitábamos salir a mirar el mundo mami – Le dijo a Rachel con voz aniñada.

Eran muy pocas las ocasiones en que Rachel podía disfrutar de ver a su amiga sin esa capa de seguridad y frialdad que le mostraba al mundo y se convertía en una chica sensible y atenta, así que en vez de responderle o intervenir, se dedicó a observar a dos de sus tres mayores amores en la vida.

Estuvo buscando y tachando ella misma todos los productos que quedaban en la lista por los próximos diez minutos y cuando al fin terminó, Santana se acercó nuevamente a ella para poder mostrarle a Emeli ya durmiendo tranquilamente en sus brazos.

Pagaron las compras y en media hora estaban en el apartamento que alquilaban en Brooklyn. Sacaron las compras del auto y Santana tuvo que hacer malabares para llevar siete pesadas bolsas en cada brazo.

El conserje del edificio al verla se apresuró a ayudarla mientras Rachel con la bebe en sus brazos llamaba al ascensor.

Las ayudó a cargar las bolsas hasta el apartamento y cuando estas le agradecieron, se fue regalándoles una amable sonrisa a cada una sin decir una palabra.

-Ahí va el amor de mi vida – sentenció la latina mirando a la puerta por donde había salido el anciano de piel oscura – Don Jonah es el único hombre que podría conquistar mi corazón. Es amable, fuerte y no habla – Rachel rodó los ojos.

-Lo mismo decías de Don Ethan, y ya ves… - Le recordó Rachel sentándose en el sofá del salón con la bebe en sus brazos.

-¿Quién hubiera dicho que le sacaba esas fotos a la señora Delawny? – Dijo Santana frunciendo el ceño – Se veía muy decente, venía a trabajar de traje – Se justificó Santana

-El traje no hace a la persona.

-El traje no hace a la persona – Repitió Santana asintiendo mientras comenzaba a sacar las cosas de las bolsas de compra para guardarlas en las repisas de la cocina.

Escucharon unas llaves moviendo el seguro de la puerta y sonrieron cuando vieron a una alegre rubia atravesar la misma con varias bolsas en sus manos.

-¡No! – Exclamó Britt borrando la sonrisa de su rostro cuando vio lo que hacía su esposa – Se supone que yo hacia las compras esta semana – Señaló las bolsas que cargaba.

Santana y Rachel se miraron entre ellas y compartieron una mirada llena de confusión.

Britt al observarlas se acercó silenciosamente para dejarlo todo en la encimera y sentarse en uno de los taburetes con una mirada triste.

-Soy una idiota – Se lamentó haciendo un puchero.

-Noo Britt… - Empezó a decir Rachel apenas volteándose mientras daba de comer a Em.

Santana dejó de lado lo que hacía y se acercó a abrazar a su esposa por detrás y besarle con cariño la sien.

-No eres idiota – le susurró – No dijimos quien iba a hacer las compras esta semana, Rachel necesitaba comprar muchas cosas para Em y ya sabes que la máquina de hacer popo no puede pasar un día sin sus pañales – Le dijo al oído a Britt haciéndola sonreír un poco.

-Escuché eso – Escucharon a Rachel desde el salón.

La pareja rió por lo bajo y siguieron abrazadas durante un minuto antes de que Britt se atreviera a interrumpir el silencio

-¿Hablaste con Rach…? – Le preguntó en un murmullo a la latina

-No…

-San…

-Lo sé, Britt, no puede pasar de mañana – Suspiró Santana – No es fácil cuando tiene tantas cosas en su cabeza…

-No puedes decidir por ella San – La enfrentó Britt. Santana bajó la mirada – Necesita saber de Quinn, hemos pasado por demasiadas cosas, ella ha pasado por demasiadas cosas – Señaló a Rachel que parecía no enterarse de la conversación – Y su vida avanza a pasos gigantes y…y… Quinn no puede seguir perdiendo el tiempo de conocer a Em – Le recordó con una seriedad que pocas veces veía Santana en su esposa, a lo cual solo pudo darle la razón.

Ella sabía todo eso. Habían pasado casi cinco días desde que se había encontrado con Quinn por primera vez y cinco días desde que le había contado todo a su esposa. Desde el principio Britt la alentó a decirle todo a Rachel, y Santana sabía que era lo correcto de hacer pero no era fácil. Como había dicho Britt, habían pasado todas por demasiado y ya no sabía en qué lugar del corazón o mente de Rachel estaba Quinn. No quería que la morena sufriera. Ella había visto un cambio en Quinn, definitivamente no era la misma chica atolondrada a la que estaban acostumbradas a recordar, entonces no podía decir con seguridad si esta nueva chica iba a aceptar el tipo de vida que llevaba la morena.

-Mañana – Sentenció Santana con determinación

Britt la observo durante algunos segundos para notar algún atisbo de duda en su mirada, al no encontrarla asintió – Mañana – Repitió.

Besó a su esposa y se bajó del taburete para ayudarla a ordenar el resto de compras que aún quedaba en las bolsas.

Mientras tanto Rachel estaba inmóvil en el sofá, observando un sonajero sobre la mesita de centro como si fuera lo más interesante del mundo, mientras intentaba controlar su respiración irregular.

Había escuchado su nombre. Había escuchado el nombre de Quinn.

Se convenció de que si no hubiese estado sosteniendo a su bebe dormitando en sus brazos se habría levantado con ímpetu para preguntarle a sus amigas porque el nombre de Quinn se volvía a mencionar en sus vidas después de seis meses.

La otra verdad era que podría también haber dejado a Em en su cuna y haber vuelto sobre sus pies para tener una conversación con ellas. Podría haberse tragado el pánico que sintió al recordar nuevamente el rostro de la persona que más había amado. Podría haberlas llamado para que se acercaran a resolver sus dudas en la comodidad de ese sofá.

Pero no hizo nada de eso, en cambio decidió hacer lo que había estado poniendo en práctica desde hace un tiempo.

Olvidar que ese nombre existía para ella.


Quinn se encontraba ansiosa fuera de la cafetería en la que trabajaba Santana a esa hora. Cafetería que había estado frecuentando bastante desde hace una semana en los horarios en que no estuviese trabajando la latina para no intervenir en el trabajo de la chica.

Ese día Santana no tenía otro turno que cubrir por la tarde, así que estaba dispuesta a resolver cada una de sus dudas hasta descubrir todo lo que había sucedido con ellas en todo el año en que no había sido parte de sus vidas.

Aun no había podido comprarse un móvil debido a la cantidad de gastos que debía hacer al estar viviendo sola por primera vez en su vida. No había contemplado entre sus gastos el lavado de su ropa, la pintura nueva para el departamento, la cual debía ser una compra del dueño pero este no quería hacerse cargo de eso, el amplificador de la guitarra electroacústica seguro también iba a hacer una diferencia en sus presentaciones, y para que hablar del micrófono…

Todo esto lo había aprendido de las demás talentosas personas que hacían sus actos por los alrededores del barrio donde trabajaba. Específicamente habían dos o tres artistas por cuadra, casi todos llevaban mucho más tiempo que ella en el oficio, por lo tanto se había dado el tiempo para poder ir a verlos y aprender de ellos a cada oportunidad que tuviera.

Incluso el chico de la batería de barriles tenía un micrófono, así que probablemente ella que cantaba debía tomarlo más en cuenta.

Frunció el ceño cuando recordó el precio de los artefactos cuando los fue a comprar a la tienda de música.

Muy ingenuamente había creído que podía conseguir todo con el dinero que había recaudado en una semana, que equivocada estaba, tendría que trabajar todo el mes y la mitad del próximo para poder conseguir todo lo que necesitaba, sin contar que debía pagar el mes de alquiler, la comida, los gastos del edificio, los gastos del apartamento, el transporte público… Definitivamente iba a ser más difícil de lo que había creído.

En algún momento mientras se perdía en sus pensamientos, Santana se había instalado justo a su lado debatiendo internamente como acercarse a Quinn.

Finalmente decidió solo avanzar un poco más para tapar el campo de visión de la rubia y que esta notara su presencia.

Por supuesto Quinn lo hizo, y esta vez ninguna supo cómo comenzar ese encuentro.

-Hola – La saludo tímidamente Quinn levantando la mano y agitándola levemente, aun cuando Santana estaba a un paso de ella.

-Hola Quinn – Sonrió de lado Santana – Espero que no hayas esperado demasiado.

-No… estaba… - Quinn agitó su mano para quitarle importancia a lo que hacía – pensando.

Santana asintió y bajo la mirada al suelo un segundo antes de levantarla y mirar hacia la calle que las iba a dirigir al departamento de Quinn – Quinn… no sé cómo decirte esto. Quizás debería decirlo ahora antes de que nos sentemos a hablar.

Quinn la observó sorprendida y sintió su pulso acelerarse, no estaba preparada para malas noticias.

-No… No he hablado con Rachel – Sentenció Santana con una firmeza en su voz que no sentía dentro de sí misma – Necesito saber algo antes.

-¿Rachel no sabe que estoy aquí? – Preguntó Quinn cuestionando lo obvio.

-No, no se lo puedo decir aun sin saber algo.

-Me lo podrías haber preguntado hace una semana – comenzó Quinn intentando calmar la tensión que comenzaba a sentir.

-Lo sé, lo sé – dijo Santana – pero entonces no había pensado en todo esto. Es demasiado que procesar… Que llegues de nuevo a nuestra vida, no es algo que me haya planteado en muchos meses Quinn.

Quinn se pasó una mano por el rostro con desesperación, ahora que por fin tenía la oportunidad de reencontrarse con Rachel la oportunidad se le estaba yendo de las manos. La última semana había sido una tortura para su paciencia, tenía la esperanza de hoy mismo poder ver a la morena, aunque emocionalmente no estuviese lista, su corazón la impulsaba a dar el paso en su imaginación una y otra vez.

Ese pensamiento le hacía demasiado bien a su salud para dejarlo de lado tan fácilmente.

-Que quieres saber Santana – Le preguntó con frialdad.

Santana respiro hondo sabiendo que Quinn no le debía ningún tipo de amabilidad.

-Cambiaste.

Quinn la miró con la curiosidad cubriendo su rostro, no esperaba una declaración así.

-Claro que cambié, no iba a recorrer todo un continente para volver siendo la misma persona – Escupió Quinn con sarcasmo – ¿No era eso por lo que me querías lejos? ¿Porque no era buena para todos ustedes?

Santana levantó las cejas hasta un punto casi cómico – Nunca dije eso – Replicó rápidamente – ¡Quinn, nunca pensé eso! Todo lo que hice lo hice en un momento muy desagradable – frunció el ceño Santana – Perdóname nuevamente por tomar esa decisión Quinn pero no tienes idea de cómo me sentó ver a mi amiga sangrar de siete lugares diferentes – Supo que se había pasado al ver la palidez cubriendo el rostro de la rubia – Lo siento… Quinn… - Quinn negó rápidamente, de alguna manera seguía sintiendo que se merecía cada una de esas palabras. Pero imaginar a Rachel en esa situación era lo que realmente la llevaba a un nivel de baja presión.

-Quinn, necesito saber si vas a seguir alrededor – Le dijo Santana – Si llegaste para quedarte o solo te vas a ir en algún momento si las cosas salen mal – Quinn iba a protestar cuando Santana la detuvo con una mano – La situación es distinta a hace un año. Todos hemos avanzado, incluyéndote. Entonces dime si te vs a quedar aun cuando la vida de Rachel no sea lo que esperas que sea.

-No espero nada de Rachel – le aseguró Quinn creyendo saber lo que Santana estaba preguntando – Voy a aceptar cualquier cosa que me dé, incluso si no me quiere en su vida.

Santana ocultó su sonrisa y asintió ligeramente, definitivamente le gustaba más esta Quinn – Debo hacer una llamada rápida y luego tenemos que esperar.

Quinn sintió su estómago contraerse a esto, sabía que esa llamada implicaba a Rachel, de alguna manera sabía que el momento se estaba acercando y sintió su bilis subir por los nervios que la consumían.

Escuchó a Santana durante dos o tres minutos hablando muy bajito con alguien al otro lado de la línea, trató de ser respetuosa y no escuchar nada pero algunas cosas se habían colado en su mente sin que pudiera evitarlo. Para su frustración, no podía hilar todas las palabras en una conversación.

Cuando al fin la latina colgó tenía una enorme sonrisa en el rostro. Quinn solo se permitió sonreír apenas, aunque por dentro estuviese eufórica.

-Al parecer no eres la única molesta por no haberle dicho a Rachel – Santana frunció la boca con gracia – me acabo de ganar una semana sin mimos – Quinn sonrió aún más a esto – Y por cierto, Britt te envía saludos.

Quinn soltó una risa nerviosa y rasco su cabeza asintiendo.

-Se los devolveré cuando la vea.

Santana asintió conforme.

-Podemos ir al apartamento – propuso Quinn – Aun tenemos mucho de qué hablar

-Claro, pero dependiendo de cuanto tarde Britt en hablar con Rachel quizás no tengamos demasiado tiempo – Quinn abrió los ojos como platos.

-Britt esta con… - Quinn soltó un largo suspiro cuando Santana asintió feliz.

-Se suponía que yo iba a hablar con Rach ayer, pero necesitaba hablar contigo una vez más antes.

Quinn respiro profundamente sin saber que decir – Entonces supongo que… a esperar… Vamos, te voy a mostrar mi apartamento – Santana alcanzó a ver un brillo de orgullo en los ojos de Quinn antes de que esta se volteara y comenzara a avanzar sin esperar una respuesta.

Se apresuró unos pasos hasta alcanzar a la rubia y caminaron lado a lado cada una perdida en sus pensamientos.


Rachel miraba a Britt como si a esta le hubiese salido otra cabeza, y esa otra cabeza le estuviese diciendo incoherencias acerca de Quinn, un viaje, Nueva York, cambios y más cosas que no sabía cómo unir en su cabeza.

-¿Rach? – Britt la miró con preocupación cuando la morena no movía sus ojos de un punto en la pared justo detrás de ella. Incluso tuvo que voltear dos veces para comprobar que no había nadie allí – ¡Rach! – La llamo por segunda o quinta vez.

-¿Quinn? – Preguntó Rachel volviendo en si – ¿Quinn en Nueva York? – Preguntó más para sí misma.

-Eso estoy tratando de decirte Rachie – dijo con paciencia Britt – Santana esta con ella ahora mismo.

-¿Santana?

Britt suspiró, pocas veces había perdido la paciencia en su vida, pero esta Rachel embobada estaba rompiendo su record de tranquilidad – Rach, sé que es sorpresivo – Rachel la miró frunciendo el ceño – Pero necesito que te centres. Quinn está esperando a volver a hablar contigo – Rachel negó continuamente volviendo en si – Ha pasado demasiado tiempo, lo sé, pero existía la posibilidad de que volviera a nuestras vidas y tú lo sabes.

La morena siguió negando repetitivamente, aferrándose a la idea de que toda esta conversación era un producto de su mente.

Claro está que no duró más de un minuto hasta que no pudo seguir negando su realidad. Su amiga estaba allí en frente y le había estado hablando durante media hora como si ella fuera una niña pequeña a la que le cuesta entender oraciones completas.

No era una niña hace mucho tiempo y su parte más consiente ya sabía que Quinn estaba en Nueva York

-Britt, no voy a ver a Quinn – Sentenció sorprendiéndose de sus palabras.

-Como que no vas a ver a Quinn – Le preguntó Britt sorprendida – Creí que era lo único que querías.

-Lo único que quería – Estuvo de acuerdo Rachel – Pero ahora mi vida es otra. Tengo a Em, tengo un trabajo, tengo la universidad, las tengo a ustedes…

Britt soltó una risa irónica – Puedes mentirle a todo el mundo, a mí no Rachel – Había usado su nombre completo, Rachel tragó escuchando a su amiga hablarle de ese modo, no podía resultar nada bueno de eso.

-No te estoy tratando de engañar Britt – murmuró Rachel – Pero las cosas han cambiado tanto que no sé qué lugar podría ocupar Quinn en mi vida. Llevo meses cuestionándome lo mismo…

-No te digo que tengas que verla hoy – dijo Britt – Puede ser en una semana, un mes… pero no puedes sacarla de tu vida para siempre, hay una personita que las une y Quinn ni siquiera lo sabe.

He ahí lo delicado del tema, Emeli quizás era la razón más importante para mantener a Quinn lejos. No sabía con certeza si Quinn…

En realidad si lo sabía. Sabía que Quinn querría conocer a su propia hija, una personita hermosa de apenas tres meses que habían creado juntas, una personita que las iba a unir para siempre de una u otra manera, alguien de quien no se podría arrepentir nunca y a quien había prometido proteger con su vida, incluso si sus sentimientos salían dañados ella siempre iba a pensar primero en su hija.

Entonces necesitaba saber si esta Quinn que no veía hace más de un año sería la misma chica de la que se había enamorado, a quien había deseado tener a su lado en todos los momentos importantes o banales que acontecían una y otra vez cada día; en su primer antojo, en sus contracciones, en su parto, en la cuna que habían escogido para Em, en los colores que adornaban su cuarto, su primera sonrisa, su manito aferrándose a sus dedos, sus desvelos tratando de calmar su llanto, incluso sus cambios de pañal. Todo había sido hermoso, pero hubiese sido una felicidad completa si la otra parte de sí misma no se la hubiese llevado Quinn con ella.

Britt observó a su amiga con tristeza mientras la morena se debatía entre soltar el llanto que se había estado guardando hace meses o seguir ignorando lo que sentía.

Britt sabía que por mucho amor que habían tratado de darle a Rachel, por mucho que habían intentado ser una familia, una familia extraña pero una familia al fin y al cabo, esa familia nunca estaría completa sin Quinn en la vida de Rachel. Lo sabía con tanta seguridad como sabía que Rachel iba a terminar accediendo a verla.

-No tienes que ser fuerte Rach – susurró Britt frente a ella – Puedes permitirte admitir que sufres por todo esto.

Rachel soltó un sollozo mientras se abrazaba a si misma – Britt… - soltó Rachel agónicamente.

Britt se levantó rápidamente y tratando de tragarse sus propias lagrimas abrazó a su amiga con fuerza dejándola desplomar su cabeza en su hombro.

-Lo sé… - Rachel sintió a la rubia besar su cabello y por primera vez en meses sintió que podía sacarse un peso de encima y un nudo en la garganta que llevaba demasiado tiempo desarrollando.

Lloró durante largo tiempo pensando en todo lo que pudo ser. No había manera de cambiar el pasado pero por su hija tenía que seguir intentando ser fuerte para darle un futuro mejor.

Quería que conociera a su otra madre, quería que Quinn fuera parte de su vida y la de Em. Después se preocuparía de lo que ese encuentro haría consigo misma, ahora más importante era pensar en su hija, como siempre.

– Tomate tu tiempo Rach –Dijo Britt cuando sintió a Rachel calmar su respiración al fin - no porque Quinn esté esperando con Santana tienes que tomar la decisión ahora.

-¿Están esperando? – Preguntó la morena con un hilo de voz – ¿Ahora? – Se sorprendió

-Pues… si - dijo Britt dudando si había sido una buena idea soltar ese detalle – Pero no tiene por qué ser hoy, podemos dejarlo para…

-No sé si voy a poder hacerlo otro día – interrumpió Rachel limpiando sus mejillas y ordenando su cabello – No sé si voy a tener la fuerza para esperar. Tampoco sé si estoy lista – Britt asintió comprendiendo – Creo que lo mejor es que San le diga a Quinn que podemos vernos la próxima semana.

-Pero dijiste que…

-Lo sé, no creo que pueda soportar toda la semana pensando en ello, debo hacerlo de todos modos – se encogió de hombros Rachel – Tengo toda la semana ocupada y faltar a clases no es una opción, mucho menos dejar de ver a Em.

-Sabes que siempre puedo dejar de ir a una clase por cuidarla Rach – se ofreció Britt.

-Lo sé, pero no la veo todo lo que me gustaría – sonrió con pesar la morena – Incluso si quiero ver a Quinn, Em esta antes que cualquiera – Britt asintió dándole la razón.

-Una semana entonces – sentenció Britt tomando su móvil para hacer la llamada

Rachel suspiró y dudo unos segundos antes de asentir – Una semana.