1+1=3


16:45

Había estado trabajando por las últimas cinco horas. Debió comenzar mucho antes para recaudar el dinero que necesita y tener tiempo de sobra para poder juntarse con Rachel más tarde.

Si, juntarse con Rachel.

Aunque aún no había comprado un móvil, Santana había coordinado todo para que el encuentro se diera ese día miércoles, a las 17:30, en un parque que se ubicaba entre el trabajo de Quinn y la universidad de Rachel. Porque Rachel iba a la universidad.

¿Cómo había sucedido todo eso? Quinn se lo preguntó durante una semana e incluso trato de obtener más detalles, haciéndole preguntas a Santana cada vez que pasaba por la cafetería. Tuvo que dejar de hacerlo después del tercer día al ver que no iba a obtener respuestas y que Santana la sacara de la cafetería picándole la barriga con un palito para revolver el café. No había sido muy amable, pero tenía que admitir que había sacado de quicio a la pobre chica.

Sonrió en medio de la canción y las personas alrededor sonrieron con ella pensando que esta lo hacía porque estaba feliz de estar ahí. No lo estaba, pero para ser justos, en lo único que podía pensar ese día era en los minutos que faltaban para reencontrarse con Rachel, y amaba su trabajo mucho menos de lo que amaba a la morena y mucho más que cualquier otra cosa.

Seguía ganando Rachel.

Después de más de un año sin verla simplemente no podía dejar de sonreír.

Tenía un trabajo soñado, un apartamento para ella sola, se había reencontrado con al menos dos de sus amigas y tenía con quien hablar aparte del pequeño cactus que había comprado.

No es que estuviese loca, es que había aprendido de buena fuente que las plantas absorbían las buenas energías cuando les hablabas o cantabas y ella recibiría las mismas a cambio. Pero ella solo quería que su pequeño cactus creciera hermoso y sano.

Era bueno tener a alguien de quien cuidar aparte de sí misma.

Lo penúltimo que estaba en su lista de cosas que la hacían sonreír era Britt, la rubia sonriente estuvo en la cafetería el segundo día que fue a molestar a Santana con preguntas y si bien el reencuentro fue increíblemente dulce y esponjoso como su cabello, palabras de Britt, la última cosa que la haría sonreír estaba ahora a una hora de suceder.

Gruño por lo bajo, se había equivocado al comenzar la canción por estar pensando en otras cosas.

Se castigó mentalmente por su falta de profesionalidad y sonrió a modo de disculpas a la pareja que escuchaba atentamente su versión acústica de "Believe" de Cher.

Había sido una opción arriesgada, pero era la tercera vez que la tocaba y tenía un recibimiento fantástico. Lo confirmo una vez más al ver a un pequeño niño detener a su madre para seguir escuchando. La joven madre le sonrió a su hijo revolviendo su cabello y le permitió disfrutar del resto de la canción.

Una nostalgia la atravesó al recordarse a esa edad y a su propia madre. Ella solo tenía cuatro años la primera vez que vio a su madre en estado de ebriedad.

Lo recordaba como si fuera ayer, porque también había sido la primera vez que la oia cantar, y aunque desafinaba y se olvidaba de algunas partes de la canción, su voz era como miel viajando a través de sus oídos, tenía una voz tan dulce que incluso su violento padre dejaba de despotricar alrededor de la casa para poder escucharla. Claro, el encantamiento duraba tanto como duraba la canción. Entonces ella deseaba que su madre cantara por siempre.

Respiro profundamente al terminar y esperó con paciencia a que dejaran dinero en el estuche de su guitarra.

Extrañaba a su madre.

Incluso si nunca la defendió como debía de su padre, incluso si no le enseño mucho de la vida, incluso si lleno su niñez de un aroma a ginebra que nunca olvidaría… En sus mejores momentos, cuando el alcohol era escaso por el poco dinero que había en casa, ella le regalaría una caricia y la miraría a los ojos con todo el amor que no había recibido durante dos o tres meses y le diría "Eres lo más hermoso que hice en mi vida"… y se volvería a perder.

Su madre se perdió como ella pudo hacerlo de no ser por todo lo que le ocurrió hace un año, por la calidad de personas que conoció.

Ella pudo haber terminado mucho peor…

Cantó una canción más y guardó rápidamente sus cosas.

Odiaba tener que llevar con ella un estuche de guitarra y un taburete entre los brazos para encontrarse con Rachel ese día, pero no podía permitirse faltar otra vez a trabajar, y hacerlo sin ese taburete, que había sacado de su propio apartamento, le daba un dolor de espalda que no se iba en días.

Como pudo cargó con todo y emprendió su viaje, diez o quince cuadras la separaban de Bryan Park. Ella ya lo conocía porque había ido un par de veces a la biblioteca que quedaba justo enfrente cuando esperaba a Puck a la salida de su trabajo. Lamentablemente el chico solo había durado un mes en esa cafetería. Según el, una chica lo había incriminado de robar dinero de la caja… Hoy en día lo dudaba bastante.

Estaba sudando y respiraba con dificultad cuando estaba a una cuadra del parque y entonces sintió su estómago revolverse de la inquietud y ansiedad que le producía toda esa situación.

Se detuvo un segundo y limpió su frente, tenía el cabello húmedo por el esfuerzo. Trato de arreglarlo todo lo que pudo pero fue casi imposible. Ya tendría tiempo para pensar en un nuevo corte.

Avanzó la última cuadra y vio que estaba a rebosar de personas. Fue hasta el centro del parque, donde había una pileta que nunca había visto antes. Se subió sobre el peldaño, que separaba del camino, la escasa agua que caía suavemente por el borde de la figura que se erguía en medio de todo ese caos.

Se lamentó en voz alta y comenzó a buscar y mirar alrededor… Ni siquiera sabía cómo iba a lucir Rachel.

¿Se habría cortado el cabello? ¿Lo tendría mucho más largo? ¿Se habría bronceado como ella? ¿Se vestía como antes? ¿Hablaba como antes? ¿Caminaba como antes? ¿Pensaba como antes? ¿Reía como antes? ¿Sentiría algo por ella como antes?

Eran demasiadas dudas en su cabeza y cuando comenzaba a adueñarse el pánico de ella escuchó su nombre…

"Quinn".

Cerró los ojos instantáneamente. Tragó. Respiró. Y volteó.

Ahí estaba, eso era todo. Una Rachel con el cabello más corto, la piel más reluciente, los ojos más brillantes y la sonrisa más hermosa le devolvió la mirada. Pero entonces…

Por mucho que Rachel hubiese encabezado la lista de "Cosas que me hacen sonreír" no lo hizo, no sonrió. Quiso hacerlo con todas sus fuerzas, pero sus ojos se dirigieron por instinto al cochecito que cargaba la morena, y vio a través de una fina tela blanca un bebe que parecía debatirse entre intentar comerse su puño o mirarla a ella.

Al parecer lo primero era más importante, y en el siguiente minuto solo pudo observarla con la mayor cara de idiota que tenía en su repertorio. Hasta que la pequeña humana consideró que morder su puño ya no era tan divertido como llorar.

Llorar realmente fuerte.

-Cielo… - Escuchó a Rachel murmurar antes de tomar el control de la situación como una experta.

La vio abrir la fina tela blanca que cubría a la bebe a través de un cierre que al parecer estaba escondido en un borde. La bebe al verla estiró sus bracitos y dejó de llorar de inmediato al quedar en brazos de la morena, la cual, al tiempo que sostenía a la bebe se agachó para recoger un biberón de un canasto que se encontraba justo debajo del coche.

Quinn abrió mucho los ojos y se debatió entre bajar de ese peldaño, quedarse ahí o decir cualquier cosa para comenzar a aliviar el trabajo que estaba haciendo su cabeza.

-Quinn – No tuvo que hacer nada, Rachel ya lo estaba haciendo por ella – Ven aquí… - le señaló el mismo peldaño donde se encontraba, solo que le estaba indicando que se sentara junto a ella.

Le costó unos segundos bajar de allí, lo hizo con algo de torpeza, pero cuando lo consiguió y dejo su guitarra y taburete a un lado, se dedicó a observar a Rachel y la bebe.

-Ella… - Comenzó Rachel mirándola a ella y luego a la bebe – Es Emeli

-Emeli – Repitió Quinn con la vista fija en la cabecita que reposaba en el antebrazo de la morena.

No sabía porque, pero esa pequeña humana le causaba un bloqueo mental que no la dejaba procesar la nueva información. Parecía como si todas las respuestas estuviesen concentradas en esa mata de cabello castaño claro y esas mejillas regordetas y ella no pudiese resolver la ecuación.

-La llamamos Em – La morena sonrió con orgullo hacia la bebe pasando una mano por su cabello en una ligera caricia y volvió a observarla esperando alguna otra reacción de Quinn que no fuera una boca semiabierta.

-Ella es… - Quiso preguntar la rubia con un hilo de voz – Es…

-¿Mi hija? – Preguntó Rachel con una seguridad que realmente no sentía – No…

-¿No…? – la cuestionó Quinn frunciendo ligeramente el ceño. Entonces la morena solo cuidaba a la bebe….

-Es… Nuestra hija… Quinn.


Rachel suspiró con fuerza y se lamentó por los cinco minutos siguientes de haberle soltado tal verdad a la rubia que tenía enfrente. La pobre se había reducido a un pequeño cachorro con la cabeza ladeada sin entender una palabra de lo que le decían.

Toda la conversación que había tenido con Britt durante horas acerca de cómo le iba a decir a Quinn que tenía una hija, se había ido al tacho de la basura tan pronto como había abierto la boca. Si era justa consigo misma, estaba temblando por dentro, estaba aterrada con ese encuentro, y casi estaba lamentando haber llevado a Em a ese parque.

Habia sido demasiado para Quinn conocer a su hija de esa manera. Era obvio que seguia siendo su Quinn.

-Quinn – la llamó Rachel por enésima vez.

Casi se atraganta cuando escuchó a la rubia hablar al fin.

-Cuando… -La rubia sacudió su cabeza y quito los ojos de la bebe para fijarlos en Rachel – Cuando fue… Cuantos meses tiene – preguntó la rubia con timidez.

Rachel la observó con el ceño fruncido y Quinn se corrigió rápidamente – No… Es que, es… Parece muy pequeñita y… es mi hija – Quinn se mareó en el pensamiento y se sostuvo del taburete que seguía a su lado.

Sabía que lo que decía no tenía lógica alguna, necesitaba centrarse en lo que estaba sucediendo si no quería arruinar todo en ese encuentro y que Rachel pensara que estaba cuestionando que era realmente su hija.

Tenía una hija.

Eso sí tenía mucha lógica, ya que tuvo sexo con Rachel sin protección muchas veces, mucho sexo.

Su hija se llamaba Em, tenía solo unos meses, el cabello castaño muy claro, casi rubio y lloraba como ningún otro bebe.

Tenía una hija.

Se perdió de nuevo mirando a la bebe que ahora eructaba en el hombro de su madre... Rachel era su madre… y ella también.

La morena frente a ella parecía estar perdiendo la paciencia y aun así trataba a la bebe con una delicadeza que ella no podría alcanzar ni con años de práctica.

Soltó una risotada inconsciente atrayendo la mirada de Rachel que la observaba con sospecha.

-Tengo… tengo una hija – Sentenció Quinn soltando otra risotada.

Rachel la observo con la sorpresa asomándose en todo su cuerpo.

-Tenemos – la corrigió la morena aun con dudas.

Quinn se removió en su asiento y se pasó ambas manos por el cabello – Oh dios, como paso esto… - Se preguntó para sí misma recobrando la seriedad – Digo… - Nuevamente estaba quedando como una idiota – Rachel, tenemos una hija – Rachel se mordió el labio tratando de aguantar la felicidad que la estaba cubriendo de pies a cabeza.

Dejó a Em en el coche con cuidado y la cubrió con una manta de verano.

-Lo sé, Quinn – Dijo volteando a ver a la rubia con una sonrisa – Perdón por decirlo de esta manera – se disculpó con vergüenza – Estuve pensando durante una semana la manera de decírtelo y créeme que esperaba que se diera… más sutilmente.

Quinn no asintió, solo se le quedó mirando con los ojos brillantes de emoción. Ya no sonreía, pero Rachel aun conocía a esa Quinn, a pesar de que Santana insistiera en que había cambiado demasiado, ella seguía reconociendo a su dulce Quinn.

Seguía siendo tan hermosa como antes, quizás incluso más. Tenía el cabello más largo, los labios mucho más rosados, muestra de lo sana que se encontraba la rubia. También noto que su ropa era diferente, ya no vestía con ropa dos tallas más grande, se veía realmente bien con esos vaqueros negros ajustados y el suéter gris con una pequeña franja rosada que le cubría hasta las caderas, se veía increíble.

Trató de terminar el escrutinio que le hacía a la rubia y se sonrojó al darse cuenta de que Quinn había notado su mirada.

-Es hermosa – dijo Quinn volviendo a centrarse en Em e ignorando las disculpas de Rachel – Es lo más hermoso que he hecho en mi vida – Dijo con un hilo de voz, sorbiendo sin poder evitarlo y dejando que cayeran al fin las lágrimas que no sabía que estaba reteniendo.

Trató de limpiar sus lágrimas rápidamente y con algo de torpeza, pero entonces sintió los brazos de Rachel cubriéndola lentamente y, aunque en un principio se resistió, terminó aceptando el abrazo y se entregó al llanto.

Pocas veces Rachel había visto llorar a Quinn. En ese momento tan emotivo esperaba que la rubia hiciese algo como aquello, también esperaba otra centena de reacciones, las había imaginado en todas las situaciones posibles, así que casi podría decirse que estaba preparada para cualquier cosa que hiciera la rubia.

-Tenemos una bebe – le susurró Racel – Sé que no era lo que esperabas – escuchó a Quinn soltar una pequeña risa y sonrió con ella – Esto tendría que haber sucedido hace mucho tiempo – dijo separándose de la rubia para mirarla a los ojos – Siento que hayamos perdido tanto tiempo, siento que no hayas podido conocerla antes.

Limpió una última lágrima que caía sin ganas por la mejilla de Quinn.

Quinn cayó en la realización de esa realidad. Se había perdido mucho tiempo, muchas cosas, demasiadas quizás, cosas irrepetibles…

-Tendría que haber vuelto antes – afirmó Quinn lamentándose.

-No podrías haberlo sabido, Quinn – trató de reconfortarla Rachel.

-Tendría que haberlas buscado mejor – Insistió – No sabía… ¡tendría que haber sabido! – Exclamó con fastidio.

-No había manera de saberlo, no puedes culparte por algo así… - Rachel trató de reconfortarla pasando una mano de arriba abajo por el brazo de la rubia – Ni siquiera yo lo supe hasta dentro de una semana después de… - No pudo terminar la frase cuando escucho un gemido de dolor de la rubia. No la estaba ayudando demasiado… - Aun tienes tiempo… toda una vida para compensar los meses que no conociste a Em – Intentó de nuevo Rachel.

Sonrió cuando vio que la rubia se calmaba con su tacto y siguió haciéndolo hasta que la rubia solo se quedó mirando a la bebe, ahora durmiendo.

Quizás no era su mano lo que estuviese reconfortando a Quinn.

-Se parece más a ti – Le dijo Quinn cambiando el tema.

Rachel volteó los ojos con gracia. Definitivamente Em iba a ser la kriptonita de la rubia, y ella no podía ser mas feliz por eso.

-Eso dicen… - comentó Rachel volviéndose para mira a su hija – tiene tu cabello… Quizás solo un poco más oscuro.

-Tiene tus labios, tus ojos, tu nariz…

Rachel rió abiertamente ganándose una mirada llena de adoración por parte de Quinn.

-Santana siempre dice que Em saco lo mejor de ambas, por eso no tiene mi nariz – Rió un poco más Rachel, negando con la cabeza.

-¡Pero yo amo tu nariz! – Exclamó Quinn frunciendo el ceño – Es hermosa, y es distinta – frunció aún más el ceño mirando a su hija y de nuevo a Rachel – Mmm, quizás no es tan parecida, pero es igual de hermosa – se encogió de hombros con inocencia sin saber que estaba haciendo sonrojar cada vez más a Rachel.

-Gracias – susurró la morena juntando con nerviosismo las manos en su regazo.

Se quedaron perdidas en sus propios pensamientos durante algunos minutos.

El cielo había comenzado a oscurecer y ambas notaron las luces a su alrededor encenderse para iluminar el parque que a esa hora estaba aún más frecuentado por quienes dejaban la biblioteca o se reunían en el césped para hablar.

-Es tarde… - dijo Rachel mirando instintivamente a Em, que dormía plácidamente sin enterarse de nada.

-Lo es – coincidió Quinn mirando también a su hija.

No se iba a cansar nunca de repetirlo. Tenía una hija.

Quería abrazarla, cuidarla y llenarla de besos. Arroparla, conocerla, cambiar su pañal, vestirla, bañarla y cualquier cosa que se pudiera hacer con un bebe. Lo quería todo.

No podía hacerlo mientras dormía, tampoco ese día. Era consciente de que Rachel vivía con Britt y Santana y debía volver a su hogar con Em. Que no la vería hasta que Rachel lo decidiera y necesitaba con urgencia que eso fuera lo más pronto posible.

-¿Crees que pueda… - comenzó a decir Quinn con inseguridad –…verlas mañana?

Rachel le sonrió con ternura –Es tu hija Quinn – le dijo – Puedes verla todo el tiempo que quieras por el resto de tu vida – la morena sonrió aún más al ver la sorpresa inocente que cubría el rostro de Quinn, haciéndola ver aún más joven.

-Tenemos también muchas otras cosas de que hablar – Dijo Rachel comenzando a levantarse de su lugar en la pileta.

No era ciega, había notado la guitarra y el taburete que estaban a un lado de Quinn, y aunque sentía mucha curiosidad por preguntar de que se trataba, tenía que ser paciente y esperar hasta mañana para hacerlo con más calma.

Quinn asintió comprendiendo y levantándose también, hubiera querido al menos sostener a Em durante unos minutos, pero no quería molestarla cuando parecía tan feliz durmiendo.

-Es… ¿Emeli Berry? – Preguntó Quinn haciendo que Rachel detuviera su tarea de guardar el biberón en su sitio – O ¿Emeli Berry-Fabray...?

-Emeli Clarke Berry Fabray – respondió Rachel, observando la duda en la mirada de Quinn – Lo sé, suena como esa chica de la serie… Emilia Clarke, ¡pero yo ni siquiera la conocía! Solo pensé que sonaba bien – Se excusó Rachel casi disculpándose con Quinn por hacerle eso a su hija.

Quinn asintió sin querer admitir que no conocía a la tal Emilia, solo le parecía que no había conocido a una Clarke antes, pero le encantaba que su hija fuera la primera.

-Es lindo – le aseguró Quinn encogiéndose de hombros

Rachel sonrió de lado asintiendo.

Se quedaron mirando unos segundos hasta que fue Quinn quien se atrevió a dar el primer paso.

Era una de las despedidas más dolorosas que había hecho en su vida.

-Supongo que… nos veremos mañana – dijo con pesar.

-Si… Yo debo ir a mis clases, Britt cuida de Em por las mañanas mientras estoy eso. Entro a las ocho, salgo a las diez, y luego trabajo en una cafetería a unas cuadras… en realidad está muy cerca de aquí – Dijo señalando sin ganas a algún punto detrás de ella – A las dos y treinta estoy disponible hasta que tengo que volver a las clases que tomo por la noche – Quinn parecía asombrada por el horario que tenía la morena, no parecía tener tiempo para cualquier otra cosa que no sea cuidar de Em, ir a clases y trabajar. Seguro era un esfuerzo haber venido a hablar con ella ese día.

-¿Tienes que ir a clases hoy? – Preguntó Quinn

-No, los miércoles y viernes no tengo clases por la noche. Solo los lunes, martes, jueves y sábados.

Ah… Solo eso. Pensó la rubia con incredulidad… Ella creía tener todos sus días ocupados, pero lo que hacía era un juego de niños comparado con lo que hacía Rachel.

-Debe ser duro… - Dijo Quinn lamentándose una vez más por no haber estado allí antes – Rachel… estoy aquí, no me voy a alejar – le aseguró tratando de transmitirle su seguridad.

Rachel solo se le quedó mirando.

Pasó tanto tiempo que creyó que la morena ya no iba a reaccionar y cuando estuvo a punto de agregar algo más, la vio acercarse y dejar un sentido beso en su mejilla.

Cerro los ojos ante la sensación y sintió la mano de Rachel sujetarse a su brazo. Fue el último tacto que sintió de la morena antes de que se separara de ella y la mirada una vez más con una pequeña sonrisa.

La vio alejarse y con maestría quitar un seguro en el coche que ella ni sabía que existía y rodarlo solo un poco para probar si se movía correctamente.

Quinn suspiró y le dio un último vistazo a su pequeña bebe para luego sonreír. Era hermosa, Emeli Clarke Berry Fabray era hermosa y ella la había creado con la persona que amaba.

El pensamiento la cubrió de una nueva energía que ni mil cactus iban a poder rellenar en su interior.

Se despidieron con pesar, no sin antes escribir ambas direcciones de sus apartamentos en una hoja y acordar que al día siguiente pasarían toda las tarde juntas. Hablando, aclarando dudas…

Disfrutando de conocer a su hija.

Tenía una hija


¡Gracias por seguir leyendo! A mí también me llena de energía saber que se aprecia que continúe la historia.

Hoy en día lo hago con muchas más ganas.

Hasta la próxima.