Incondicional

Escuchó a Rachel reír con fuerza y casi al instante disculparse con Quinn, solo para seguir riendo.

-¿Así? – Preguntó Quinn ignorando la risa de Rachel, aunque sonriendo con gracia.

Era la segunda vez que vestía mal a su hija. Al parecer los bebes incluso en primavera debían llevar tres prendas y cada una era más complicada que la anterior, sobretodo porque los bebes se aburrían luego de tener que estar en esa incómoda posición.

Ella lo entendía, tampoco le gustaba que la obligaran a quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, y siendo Em su hija probablemente iba a ser igual de impaciente. Ni que hablar de Rachel, la morena era una máquina de la eficiencia y organización. Era bueno conocer ese lado de Rachel, era totalmente diferente a la relajada chica que había conocido en el refugio de indigentes, pero incluso ella se sentía diferente ahora que conocía la existencia de Em. Solo no podía permitirse errores.

Excepto si se trataba de vestir a Emeli. En eso había fallado considerablemente.

La primera vez había olvidado pasar los brazos bracitos por el primer enterito que debía ponerle, era de una tela ligera y blanco con dibujos de patitos. La pobre Em no había advertido a su despistada madre de que sus bracitos habían quedado dentro y solo cuando Rachel llego para ver como Quinn le ponía ya la tercera prenda se dio cuenta de su error. Rachel había reído durante todo un minuto y su hija solo la miraba sin entender porque no podía mover los brazos.

-Así está bien – La tranquilizó Rachel pasando su mano por el brazo de Quinn.

Era un gesto que se había vuelto muy común durante toda la tarde, y ella no podía decir que no le agradara.

-Ven aquí –dijo Quinn a Em, tomándola en sus brazos cuando vio a la bebe comenzar a quejarse por la posición en la que seguía.

Lo único que había hecho bien desde que entro por ese apartamento, fue tomar a Em en sus brazos. Em solo la había observado como si la conociera desde siempre y se había relajado de inmediato, cosa que tranquilizó a la rubia enormemente, ya que había estado temblando de pies a cabeza desde el día anterior.

Incluso paso toda la noche leyendo un libro, que había cogido de la biblioteca que estaba frente al parque y que trataba del cuidado de los bebes.

No le había servido de nada, había olvidado todo en el momento en que cruzo la puerta. Fue Rachel quien la ayudo a saber cómo cuidar a su propia hija durante esas dos horas que habían pasado las tres juntas.

Se dirigieron a paso lento al salón, sobretodo porque Quinn tardaba varios segundos en avanzar un metro con Emeli en sus brazos.

-¿Ahora si puede comer? – Preguntó Quinn con la esperanza de poder darle su biberón a Em.

-Sí, solo dame un momento para cambiarme – le pidió Rachel dejando a la rubia extrañada en el sofá.

Pensó que la morena quizás solo se sentía incomoda. Pero luego la vio llegar con una remera diferente, más holgada y sentarse justo a su lado pidiéndole a Em con los brazos.

Quinn no quería dársela, estaba muy a gusto con la bebe y pensó que ella era quien la iba a alimentar.

Rachel vio la duda en el rostro de Quinn y sonrió un poco.

-Solo mientras le doy de comer – Quinn no pudo ocultar la desilusión esta vez, era obvio que la morena no la creía lista para hacer algo así. Quizás si no hubiese sido tan torpe al intentar cambiarle la ropa…

Suspiró y con cuidado dejó que Rachel se hiciera cargo.

-Quinn – la llamo Rachel consiguiendo que la mirara a los ojos – No siempre le puedo dar el biberón – Comentó, adivinando el pensamiento de la rubia – Solo se lo doy cuando estamos fuera, o cuando dejo a Em con las chicas, pero siempre es mejor darle su comida desde la fuente… - Le explicó a Quinn que parecía no enterarse. Suspiró y lo intentó de nuevo – Em aún se alimenta de mi pecho – le soltó Rachel con calma, alzó las cejas al ver a Quinn formar una gran O con la boca.

-Ohhhhhh – Fue lo único que dijo Quinn sintiendo los colores venirse a su cara. Tenía que ser una broma, definitivamente no sabía nada de bebes – Lo siento, creí que… pensé que estaba siendo torpe y no querías que la siguiera cuidando – Se excusó aun avergonzada.

-Lo estás haciendo increíble – Dijo Rachel con seguridad – Estoy segura de que vas a poder hacerte cargo sin mi ayuda en solo unos días.

Quinn sonrió a gusto, aunque por dentro sintiera los nervios consumiéndola. ¿Ella sola hacerse cargo? Aun no estaba segura de eso…

-Tú lo haces increíble – dijo Quinn – Haces que todo parezca tan fácil…

-Es fácil – dijo Rachel comenzando a bajar su remera, para luego desprender el corpiño desde delante, dejando su seno izquierdo a la vista de una Quinn que ni siquiera se inmuto.

Por alguna razón le había parecido un acto tan natural que le parecía ilógico imaginarlo de otra manera. Incluso ahora prefería ver a Rachel hacer eso un millón de veces antes de darle de nuevo un biberón a su bebe. Sobre todo cuando vio a Em buscar el pezón de Rachel por instinto y comenzar a succionar con fuerza.

El gesto de dolor de Rachel no pasó desapercibido para Quinn, que se movió inquieta en el asiento

- ¿Estas bien? – Preguntó preocupada

-Sí, solo… siempre lo hace con fuerza al principio – explicó Rachel a una Quinn que de a poco se iba tranquilizando – No es algo nuevo Quinn – le sonrió a la rubia – Tu hija come por cinco bebes normales – Eso saco una sonrisa de Quinn – Siempre tiene hambre – siguió explicándole Rachel – Y si pasa un minuto desde que comienza a inquietarse por la comida, es el fin del mundo para tus oídos – Ambas rieron con gracia. Quinn había sido testigo de esto el día anterior.

-Ya sabemos de quien lo sacó – Rachel se hizo la ofendida – Esos gritos solo pueden venir de ti.

-Ya sabemos de quien saco el gusto por la comida también – contraatacó la morena.

-Ja, eso era antes – le aseguró la rubia – Ahora me alimento muy bien, no más pizzas, no más waffles, no más caramelos…

-Así veo… - Soltó Rachel en un murmullo tratando de no mirar demás el cuerpo de Quinn.

Estaba demasiado guapa para ser verdad.

-Yo más o menos tengo la obligación de comer bien – comentó Rachel – Sino Cassandra July, a.k.a eminencia de todas las cosas vivas, no me deja entrar en su clase. Se sabe el peso de todos nosotros y nos obliga a mantenernos tres kilos por debajo de nuestro peso ideal.

Quinn abrió los ojos sorprendida.

-Eso no puede ser bueno para tu salud – Dijo Quinn frunciendo el ceño.

-A decir verdad… Tengo mucha más energía desde que comencé mis clases con ella. Bueno… al principio fue insoportable. La rutina que llevaba era prácticamente no dormir más de cuatro horas al día, comer cualquier cosa que Santana preparara – Le envió a Quinn un gesto de complicidad y recibió una mueca llena de empatía. Santana cocinaba arroz y salchichas, aparte de eso no sabía hacer nada mas – No es que me pueda quejar, de haber estado sola probablemente pesaría diez kilos menos y no me podría mantener en pie por el cansancio.

Quinn tragó con fuerza intentando no dejarse llevar por el sentimiento de culpa que la invadió y Rachel no pareció notarlo ya que estaba cambiando de posición a Em, que ahora se quejaba por interrumpir su momento con la comida.

Paso a descubrir su otro pecho y siguió alimentándola.

-Como sea… - Siguió Rachel – Es una mujer insoportable, pero sabe lo que hace con sus alumnos, y se preocupa por cada uno en particular.

-Es bueno que lo veas así – dijo Quinn.

-Supongo… Al menos Britt aprueba la mayoría de sus métodos, me ha acompañado a sus clases en un par de ocasiones y me aseguró que es una gran profesora, sobretodo en Jazz contemporáneo – Quinn asintió con real interés, no sabía nada de lo que decir Rachel, pero siempre le había gustado escucharla hablar de las cosas que le apasionaban, y al parecer el teatro le había ganado a todo lo demás.

La escuchó durante diez minutos, en los que incluso tuvo la oportunidad de hacer eructar a Em, sonriendo cuando escuchaba los ruiditos que hacia.

Se enteró de que Rachel había recibido una beca en esa escuela y solo pagaba el treinta por ciento de lo que pagaba el resto de sus compañeros. Que había sido el doctor Will quien las había ayudado a Rachel y Britt a conseguir tales beneficios al estar de novio con una importante actriz de Broadway que además hacia clases esporádicamente en la universidad. Santana por otro lado había rechazado totalmente la oferta y seguía sin querer decir a las chicas a que se quería dedicar más adelante, solo que tenía que trabajar mucho para poder conseguir el dinero que necesitaba.

La morena solo llevaba dos meses asistiendo a clases y había sido muy duro para ella, ya que hace tan solo tres meses y dos semanas había dado a luz. Teniendo que asistir a terapias en la clínica de Will Schuester para poder adecuar su cuerpo lo antes posible. Era una oportunidad que no podía dejar pasar. Britt por otro lado llevaba casi ocho meses en clases de danza en la misma universidad, y cuando Rachel llegó para comenzar sus clases, se dio cuenta de que su amiga ya había logrado hacerse una reputación envidiable incluso para quienes llevaban más de dos años allí.

Quinn le habló a Rachel de su trabajo, de cómo había descubierto la habilidad que tenía para tocar la guitarra y lo mucho que amaba lo que hacía.

-Aunque siento que debo terminar de estudiar – dijo con suavidad Quinn mientras miraba a su hija dormir en sus brazos. Se sentía tan a gusto mirándola que se le hacía inevitable no dejar un beso en su cabecita cada tres minutos.

Rachel asintió dándole la razón – Si es lo que quieres hacer… - Aun estaba sorprendida por como Quinn había ido encarrilando su vida, parecía que lo tenía todo tan resuelto – Me parece que lo llevas haciendo muy bien hasta ahora, no sabía que te gustaba tanto la música.

-Ni yo – se encogió de hombros la rubia –Solo surgió luego de conocer a un chico que vivía de lo mismo en Perú, un Argentino que odiaba tanto su antiguo trabajo de oficinista que un día decidió simplemente… irse, con su guitarra y su mochila. Ganaba suficiente para vivir cómodo durante todo el mes, entonces le pedí que me enseñara, y el tiempo que paso conmigo lo dedicaba a hacerlo. Me llevo muchas veces a ver como trabajaba y entonces… supe lo que tenía que hacer – Dijo Quinn sonriendo al recordar a su amigo en ese viaje – Claro que no me arriesgue a comprar mi primera guitarra hasta después de dos meses, pero al menos aprendí suficiente como para saber que no iba a ser un desperdicio – Levantó la vista para mirar a Rachel y la descubrió mirándola también, fijamente.

Se ruborizó un poco y movió las piernas con nerviosismo quitando la vista de esos ojos, solo para volver a elevarlos y descubrir a Rachel sonriéndole con ternura. Quinn le devolvió la sonrisa durante unos segundos hasta que recordó algo muy importante que no podía esperar más tiempo. Lo había olvidado tantas veces que sentía vergüenza por hacerlo recién ahora, después de haber visto a Santana más de cinco veces ya.

-Cielos, tengo… - Se quiso levantar y descubrió que no podía teniendo a Em en su regazo - ¿Puedes…?

-Sí, tranquila – Rachel se levantó de inmediato y tomo con calma a Emeli de los brazos de Quinn ¿Estas bien? – Le preguntó preocupada a Quinn al verla tan inquieta.

-Si… Es que olvide entregarles algo – Dijo apenada Quinn – Es el sobre con dinero que nos dio Sugar cuando… cuando terminó todo.

Rachel no podía lucir más sorprendida. Sabía que había existido ese dinero, pero no le había importado en lo absoluto ni había pensado en recibirlo incluso si encontraban a Quinn en ese momento, o si Quinn las encontraba a ellas.

Era dinero sucio, venia de cosas que ni siquiera quería recordar.

-No – Negó Rachel rápidamente – Quinn, no voy a recibirlo – señaló, sorprendiendo a Quinn que ya estaba buscando entre sus cosas los sobres con el dinero.

-¿Qué dices? Es tuyo Rachel, es de ustedes – le explicó Quinn – Yo ya recibí mi parte, los chicos también… Finn, Sam, mercedes… Todos recibimos algo por…

-Por intentar robar – La interrumpió Rachel – Quinn, ¿no ves que lo que hacíamos estaba mal? – Quinn no dijo nada, solo se quedó con tres sobres en la mano mientras miraba hacia Rachel frunciendo el ceño.

-Lo sé, pero esto puede ayudarlas ahora, ha pasado demasiado tiempo… Em necesita… - No pudo terminar cuando recibió una mirada llena de enfado de parte de Rachel.

-¡No me digas lo que Em necesita! ¡He cubierto cada uno de sus gastos desde antes de que naciera! – exclamó Rachel por lo bajo sin intencion de despertar a la bebe. Sabía que estaba reaccionando mal y aun así no se podía detener – No voy a pagar las necesidades de mi hija con dinero sucio. Ambas sabemos cómo terminaron las cosas para Holly y para nosotros debido al trabajo que hacíamos.

-Nuestra… - Soltó de pronto Quinn por lo bajo, mirándola con amargura.

-¿Que? – La cuestionó la morena intentando calmarse.

-Dijiste… Mi hija – respondió Quinn mientras lentamente dejaba los tres sobres en la mesita de centro – Es nuestra hija, Rachel.

Rachel miró a su hija un momento y se dio cuenta de su error – Quinn… no quise deci…

-Puedes hacer lo que quieras con el dinero, Rachel – Dijo Quinn señalando los sobres sin dejar que Rachel se disculpara. Suspiró con pesar y miró a su hija unos segundos – No es mi problema en que lo gastes… Yo regalé el mío apenas me di cuenta de… todo lo que significaba, pero si queremos cambiar las cosas de manera positiva en nuestras vidas, simplemente cambiemos su significado – Se encogió de hombros y con mucho pesar tomó su bolso del suelo y lo cerró – Compré mi viaje y mi guitarra con ese dinero y creo que soy una mejor persona de lo que era en ese tiempo.

Rachel se le quedó mirando sin saber que decir.

-Lo siento – Se disculpó al fin – No quise decir mi hija, Quinn, no pienso que sea solo mía. Nunca lo hice… Es solo que llevo tanto tiempo pensando en lo que hacíamos allí, lo que teníamos que vivir a diario, como arriesgábamos todo lo que teníamos solo para conseguir algo de dinero – Se le cortó la voz y tragó con fuerza evitando mirar a la rubia, que solo le dirigía la vista a su hija y evitaba hacer contacto visual con ella – No quiero comprar nada para Em que provenga de ese dinero. No me alcanza ni para comprarle un sonajero, pero ¿sabes qué? No me importa, mientras aun pueda pasar tiempo con ella haciéndola reír por cosas simples – Besó con cariño la cabecita de Em y miró a Quinn sintiendo su cuerpo relajarse.

-Ni digo que compremos juguetes o ropa para ella… - Se explicó una vez más Quinn – Pero podría servir en un futuro. Mi trabajo y el tuyo podrían alcanzar para darle las comodidades más básicas pero quizás… quizás quiera ir a la universidad– Se encogió de hombros sintiéndose más pequeña ante la mirada de Rachel. Estaban a dos metros de distancia y ese debate había abierto una brecha entre las dos de la que quería deshacerse lo antes posible – Quizás quiera que paguemos por clases de pintura… o unos patines nuevos – Se pasó la mano por la cara para terminar desordenando su cabello con frustración. No sabía qué demonios estaba diciendo, solo quería que Rachel recibiera el dinero e hiciera algo bueno con el.

Rachel se estaba debatiendo entre seguir discutiendo con ella o sonreírle con ternura. Sabía que Quinn no tenía malas intenciones, de hecho su discurso acerca del futuro de Emeli casi la había convencido para recibirlo, pero aún se sentía mal de solo de pensar en tener que gastarlo un día.

-No lo sé, Quinn… - dijo ya más calmada Rachel – Llevamos tiempo sobreviviendo con lo justo y necesario y somos realmente felices – Le sonrió de medio lado a la rubia pero no recibió una sonrisa de vuelta, solo una mueca de desagrado de parte de Quinn. No porque no le gustase que todos fuesen felices, sino porque sabia que no estaba convenciendo muy bien a la morena – Hey – La llamó acercándose a la rubia – Tampoco tienes que darme dinero para pagar los gastos de Em, lo sabes, ¿Verdad?

-Claro que debo hacerlo – le dijo Quinn sin dejar su seriedad ni por un segundo – Quiero hacerlo, no es algo que me vaya a costar hacer… Trabajar para cuidar de mi hija no es ningún sacrificio.

-Lo sé, no me refería a eso… Solo creí que al estar recién comenzando tu trabajo necesitarías un tiempo para adaptarte y ahorrar…

-Gano al mes casi la misma cantidad que está en uno de esos sobres – Dijo Quinn sin intentar presumir de ello. Rachel miró uno de ellos imaginando cuanto habría dentro, no podían ser menos de tres mil dólares, que ya vendría a ser el triple de lo que Rachel ganaba haciendo cuatro horas diarias, de lunes a domingo, en la cafetería. Eso sin contar las propinas… que realmente eran algo así como un cincuenta por ciento mas de su sueldo – Me ha costado adaptarme, es verdad, pero solo estos primeros meses. Cuando pueda comprar el móvil y el amplificador que necesito, voy a poder ahorrar al menos la cuarta parte de lo que gano.

Rachel la miró totalmente sorprendida. ¿Cómo cantar en la calle podía dejarle tal cantidad de dinero?

-Debes estar de broma – Quinn sonrió divertida – ¿Me dices que ganas tres veces más que yo… cantando en una avenida la misma cantidad de horas que yo trabajo? –Rachel no salía de su estupor, estaba considerando seriamente dedicarse a lo mismo.

-No lo sé – Se encogió de hombros Quinn – Pero tuve que pedir un permiso municipal tres meses antes de comenzar, incluso me hicieron dos entrevistas y tuve que grabarme demostrando que podía hacerlo. Es algo así como una ayuda que el Estado da. Es ilegal hacerlo de otro modo, sobre todo en las avenidas de Broadway, pero es una ventaja también porque las personas que lo frecuentan son quienes más aprecian el arte – Terminó de explicar Quinn.

Rachel seguía mirándola como si acabase de llegar a su casa en una nave espacial. No podía creer que Quinn se hubiese incentivado a hacer tantas cosas, no es que dudase de sus capacidades, pero ambas sabían lo mucho que a Quinn le costaba tomar decisiones de su propia vida… O eso creía hasta hoy.

Ante el mutismo de Rachel, Quinn nuevamente tomó la iniciativa – Vamos a hacerlo juntas, ¿Si? No quiero estar en otro lugar del mundo en este u otro momento Rach, solo aquí.

Rachel sintió derretirse de nuevo ante la persona que tenia enfrente.

No pudo mas que cerrar los ojos y bajar la cabeza para observar a su bebe. Estaba pasando todo tan rápido. Hace tiempo habia perdido la esperanza de reencontrarse con Quinn y entonces la rubia aparecía nuevamente, mas hermosa, sensible y madura que nunca y pretendia introducirse de lleno en la rutina de su dia a dia.

Lo amaba.

Amaba ver como parecía adorar a su hija a pesar de haberla conocido hace solo un dia. Parecia que habia nacido para sostener a Em entre sus brazos, y los besitos que le regalaba a la pequeña hacían latir su corazón a mil por hora. No se iba a engañar, amaba lo que Quinn hacia en su vida desde que se habían conocido y ahora no iba a ser una excepción.

Levantó la vista y observó esos ojos verdes, que brillaban con más intensidad que nunca y asintió.

-Vamos a hacerlo.

HOOOOOLA

No se como agradecer suficiente a quienes se dedican a seguir leyendo.

Ni hablar de quienes también me dejan un comentario… Lo único que se me ocurre para hacerlo es seguir y seguir escribiendo, a pesar de que mañana tenga parcial y por estar haciéndolo vaya a reprobar, por ustedes vale la pena xD.

Es broma, estudie hace días y ahora me doy el lujo de escribir… ¡No dejen de lado los estudios!

Saludos a todas/os.

PD: Nunca se puede tener suficiente de Emilia Clarke *-*