Algo que me causaba curiosidad acerca de Kurt es que al verlo por primera vez cualquiera pensaría que no había más sentimientos detrás de su arrogancia y sus locuras con la moda. Él tenía esta manera cortante de contestar a los demás y de hablar directo sin rodeos. Pero lo más gracioso, es que no ofendía a nadie realmente y su forma de ser era aceptada por todos. Claro, lo que no sabían los otros es que debajo de esa superioridad, había un chico noble y lo que yo solamente sabía es que era mucho más vulnerable de lo que aparentaba y por lo mismo no podía darse el lujo abandonar su fortaleza frente al resto de la gente.

Kurt además siempre había sido bueno con su familia, osea su padre. Nunca se metía en problemas para no preocuparlo y además lo atendía en sus necesidades diarias. Pronto comprendí que aunque su padre lo apoyaba mucho, Kurt era el pilar de su casa y era difícil decir quién cuidaba de quién. Pensé que eso era un peso sobre sus hombros, ningún chico tendría porqué sentir que carga al mundo y pienso así porque toda la vida la he pasado con la libertad que te da ser joven e irresponsable. Por esa razón cuando estábamos juntos me empeñaba en hacerlo feliz y mientras se reía, me imaginaba en un montón de posibilidades para que él estuviera bien. Cuando sonreía me sentía afortunado, porque rara vez alguien lo veía así en la escuela. Era nuestra sonrisa solamente.

Caí en la cuenta de que había aprendido mucho sobre Kurt en el tiempo que llevábamos juntos y que desde que estaba con él, yo me detenía a pensar mucho más las cosas. En cierta forma había sentado cabeza, pero eso no me molestó. Ni me avergonzaba tampoco. Me sentía mucho mejor al lado de Kurt que golpeando gente y metiéndome en líos.

-¿Qué tramas?-me dijo una noche en casa, mientras tumbado en el sofá descansaba sus pies en mi regazo. Kurt había estado leyendo en silencio mientras yo veía un partido en la televisión

-Nada-respondí con verdadero desconcierto-¿De qué estás hablando?

-No quería decirlo porque has sido genial pero… creo que últimamente te preocupas demasiado por mí, estoy bien.

Por lo visto, no lo había podido ocultar.

-Lo sé, sólo quiero que siempre estés bien, ya sabes para el futuro.

-Wow, ¿ya piensas en nuestro futuro? Eso es muy lindo-dijo inclinándose para besarme en los labios y luego volvió a su sitio.

-En realidad pensaba en el tuyo, si alguien tiene futuro y boleto de salida de aquí eres tú.

-No digas eso, tu eres muy inteligente, no eres un genio en las clases pero es porque no te gustan. No soy tan frágil como piensas Puck. Es genial que quieras protegerme, sólo que me duele que te preocupes más de lo que deberías.

Imprimió un beso en la yema de sus dedos y luego sopló sobre su mano en dirección a mi, antes de volver a leer el libro en silencio. Yo no estaba nada de acuerdo con su respuesta pero no iba a poder hacerlo cambiar de opinión.

Seguí viendo el partido.

Sólo nosotros podíamos estar así, con el volumen muy alto y él leyendo en absoluta concentración, no sólo no se perturbaban nuestras costumbres sino que encajaban a la perfección.

Y aunque prometí que cambiaría mi punto de vista, la realidad me daba señales de que tenía la razón en sentirme alarmado. Un día mientras hablábamos como no queriendo la cosa junto a su locker, varios tipos del equipo de futbol pasaron insultándolo. Por supuesto pensaban que yo lo estaba molestando y querían hacer su parte del trabajo. Quise correr a partirles la cara, pero Kurt me apretó la mano a escondidas y me miró suplicante.

-Ignóralos.

-Si crees que voy a dejárselos pasar…-dije entre dientes con la vena de la frente a punto de estallarme.

-Por favor, te mandarán a detención o te suspenderán, déjalo así.

-¿Cómo se supone que esto es cuidar de ti si dejo que te insulten?

- Lo haces bien y los insultos seguirán por mucho tiempo, así que te recomiendo que lo olvides-dijo con una sonrisa forzada-prométeme que no importa lo que escuches te mantendrás al margen.

Cerró sus dedos discretamente sobre mi mano que quedaba junto al locker y me lanzó otra mirada lastimera.

-Por favor...

Sacudí la cabeza, queriendo sacudir también la frustración y la rabia, finalmente asentí.

-Esta bien. Lo prometo.

Fui poco convincente, era casi imposible que yo aceptara quedarme cruzado de brazos, sin embargo Kurt creía en mí y la idea de fallarle me ponía entre la espada y la pared.

Un día de tantos, escuché a los otros chicos tramando algo contra él en los vestidores. No era la primera vez que se traían algo entre manos, o que se referían a él de forma ofensiva y perversa, pero conforme mi relación era más profunda, más me irritaba lo que dijeran.

Antes escuchaba esas cosas todo el tiempo y no me afectaban de la misma manera que ahora.

Quería matarlos a todos, los habría matado allí mismo por hablar así y los habría revivido para matarlos otra vez si le tocaban un sólo cabello.

La sangre me hervía, no me importaban las burlas dirigidas a mí y a Finn por estar en el Glee club y las alusiones a que los dos nos disputábamos a Kurt. No podía escuchar nada más que sus risas estúpidas que anticipaban su futura victoria, una vez que consiguieran jugarle una broma pesada y peligrosa a Kurt. Cerré el locker azotándolo y estuve a punto de lanzármeles encima hasta que Finn intervino.

-Ríanse todo lo que quieran, pero si dejamos el equipo no volverán a ganar; dependen de nosotros para no ser unos perdedores. Así que mejor, cuiden sus palabras-dijo con la cabeza fría.

Finn asumió que me enfurecí porque cuestionaban mi hombría, pero eso ya no me importaba. A esas alturas me daba cuenta que querer a otro chico no me hacía menos hombre. Sólo me preocupaba Kurt y nada más.

Cada día estaba alerta a los movimientos de los demás, buscando una señal que me indicara el momento en que irían tras Kurt. Puse menos atención en las clases, y en los corredores estaba siempre atento, ya que Kurt y yo nunca estábamos juntos en público. Le mandaba mensajes de texto sobre cualquier cosa con tal de saber que estaba bien, y cuando su respuesta demoraba, me suponía lo peor.

Sólo en el Glee club o cuando estábamos en casa me sentía tranquilo.

Una tarde en la que se suponía que debíamos estar trabajando para una tarea de el señor Schue, yo no dejaba de abrazarlo y besarlo.

-Muy bien, creo que tenemos que hablar-dijo Kurt cuando nuestros labios apenas se separaron y él seguía debajo de mi, sobre la cama.
-¿Sobre qué?-indagué sorprendido, mientras sus dedos dibujaban el contorno de mi cara.
-Sobre ti, sigues comportándote de un modo muy extraño-luego colocó sus brazos alrededor de mi cuello y pegó su nariz a la mía-¿ sabes que mi buzón de mensajes está saturado? ¿Tienes idea de cuantos mensajes tiene que haber enviado una persona para que eso pase?

Me encogí de hombros inocentemente y luego Kurt soltó mi cuello, desplomándose sobre la cama con una sonrisa.

-¿Qué?
-Dime que no es cierto-dijo cubriéndose los ojos con las manos y riéndose- realmente estas obsesionado con la idea de que algo malo me va a pasar.

-Si, es cierto, pero no me digas que no tengo motivos.

-No los tienes Puck, son suposiciones, esos chicos sólo son fanfarrones si hubieran querido hacerme algo, lo habrían hecho cuando estabas de su lado.

-¡Pues yo no estoy tan seguro!- dije levantándome bruscamente- ¡no puedo creer que no te importe!

Kurt me miró con los ojos muy abiertos y después se sentó en la orilla de la cama.

-No quiero pensar en eso porque toda mi vida he tenido que vivir en alerta por mi forma de ser, y ahora que soy feliz quiero disfrutarlo. Podemos pasarnos todo el tiempo pensando en las cosas malas que pueden pasarnos o podemos pasarlo bien y llegado el momento... enfrentarlo simplemente.

-¡Eso no es un buen plan!
-No dije que fuera un buen plan, pero es mejor a vivir con miedo-dijo acercándose a mi.

No importaba que yo estuviera furioso como un toro, bastaba con que Kurt me rodeara con sus brazos para sentir que me tranquilizaba.

-Perdón-murmuré con mis labios rozando su cabello- es que... nunca me había sentido así de... asustado.
-Es el karma baby, tienes suerte de que esté contigo para ayudarte.

Puse mis manos alrededor de su cara y lo besé muy despacio. Era verdad. Yo era un maldito afortunado.

Al día siguiente traté de ir a la escuela más calmado. Pensé que Kurt tenía razón en no desperdiciar nuestros días juntos hasta que noté algo sospechoso en las prácticas de futbol. Yo conocía esas miradas de complicidad, sabía bien cuando un montón de sujetos se traían algo entre manos porque yo había sido uno de ellos y conocía esa actitud. Tenían a alguien en la mira.

Traté de no perderlos de vista durante las prácticas, porque a esa hora, sólo estábamos nosotros y el Glee club en la escuela. Si Kurt se separaba de los demás y alguien del equipo daba con él estaría perdido.

Entonces, en un descuido en los vestidores perdí de vista a la mitad del equipo.

-¿A dónde se fueron?
-¿Quienes?-dijo Finn, volteando hacia los demás, no me había dado cuenta de que había pensado en voz alta.
-Los otros-le dije, mientras caminaba hacia la salida, con la vista perdida.
-¿Puck? te pusiste pálido, ¿qué rayos te pasa?-iba tras de mi.
-No te importa-respondí y luego, eché a correr hacia la escuela, escuchando que Finn me llamaba.

Sin detenerme, intente llamar a Kurt y no respondió. Desesperado corrí más rápido y poco antes de entrar a la escuela, vi al grupo de chicos dirigirse detrás de una de las aulas.

La función había empezado. Cuando aquella manada de gorilas se ponía en círculo, siempre había una víctima en medio, alguien que era golpeado sin piedad, como ocurría en aquel momento. Mientras me acercaba deseaba tener más rapidez, para impedir que aquellos puños subieran y bajaran tantas veces, para evitar las implacables patadas.

Como mi cuerpo no podía soportar la idea de imaginar a Kurt agredido de esa manera, mis sentidos se bloquearon y quedó lo único que me había acompañado siempre: una ira ciega.

No recuerdo cómo ni en qué momento solté el primer golpe, ni tampoco todos los demás, tampoco supe cuantos recibí. Pero no sentía nada, no escuchaba nada y era como si tampoco viera nada más que un montón de bultos que tenía que golpear. Hasta que alguien me detuvo.

Era Finn, que a tirones me separó de los demás, mientras yo luchaba por librarme de él.

-¡Ya basta Puck! ¡Y ustedes, deténganse!- gritó con la voz autoritaria con la que hablaba durante los partidos.

Como los demás habían sido atrapados en medio de una fechoría, obedecieron a Finn y cuando se apartaron, pude ver que Kurt no estaba, en su lugar había dos tipos de mala reputación que siempre iban a buscar problemas a nuestra escuela. Yo estaba confundido y no alcanzaba a sentirme aliviado todavía porque no se trataba de Kurt.

-A este imbécil nadie lo llamó-dijo uno de ellos, empujándome con todas sus fuerzas.
-¡Dije que basta! Ahora lárguense todos si no quieren que el entrenador Tanaka los suspenda y ustedes que los arresten por entrar aquí.

Me limpie la sangre de la boca con el dorso del brazo y justo cuando Finn iba a decir algo, me fuí de allí.

Caminé rumbo el salón de música, sintiendo que el corazón me palpitaba en los oídos. Al abrir la puerta, vi a Kurt sentado frente al piano, tocando.

Yo estaba exhausto, pero al verlo, sentí que las piernas me flaquearon, el sonido de mi respiración agitada llamó su atención y sus dedos se posaron sobre las teclas con un sonido violento.

No tuvo tiempo de terminar de preguntarme lo que me había pasado porque lo abracé con todas mis fuerzas y ahogué, sin querer, sus palabras en mi pecho. Besé su frente y me aferré a su espalda, pensando que en cualquier momento algo o alguien llegaría a quitármelo.

-¿Por qué estas herido Puck?-me preguntó con los ojos llenos de lágrimas y sujetando mi cara tan manchada de sangre como mi camisa.

Pero no tuve tiempo de responder, mis ojos se cerraron y las piernas ya no pudieron sostenerme más.

Cuando desperté, iba en el asiento trasero del auto de Kurt. Todavía estaba aturdido y muy adolorido así que no pude incorporarme.

-No te muevas-dijo Kurt, mirándome por el retrovisor-ya casi llegamos al hospital.
-¿Qué? No lo necesito, he estado en cientos de peleas, esto no es nada-respondí, pero mi voz sonaba seca y enferma.
-Tu preocúpate por descansar, yo me encargo del resto-me dijo ignorando mis palabras.

Una vez que el doctor se aseguró de que no tenía golpes internos graves y que estuvo contento con el número de puntadas en mi ceja izquierda, me dejó en paz. Kurt apareció por fin y corrió la cortina que me separaba de los demás pacientes. Se sentó en silencio en mi camilla, mientras yo miraba las gotas gruesas de sangre que se habían impregnado en su ropa.

-Perdón... debí haberte escuchado y... empeoré las cosas y...
Kurt movió su cabeza negativamente.
-No estoy aquí para regañarte tonto. Detesto que a veces, como hoy por ejemplo, seas tan cabezota, pero así te quiero-dijo acariciando mi brazo con la punta de sus dedos.
-Oh, eso no me lo esperaba.
-Eso no quiere decir que esté de acuerdo con tus ideas paranoicas, se tienen que terminar ya.
-Si... eh... lo juro.
Me miró con los ojos entrecerrados y sacudió la cabeza sonriendo.
-No te creo nada. Pero si este episodio paranoide sirvió de algo, fue para darme cuenta de que hasta hoy pude entender tu miedo.
-¿En serio?
Asintió.
-Cuando te desvaneciste en el salón de música, tuve un miedo irracional... sabía que no estabas muriéndote ni nada, pero, tuve pánico de que te pasara algo horrible y sólo podía pensar que iba a perderte.
-Creo que no somos tan diferentes, también eres algo cabezota.
Se echó a reír a pesar del par de lágrimas que se le debordaron, le acaricié el rostro como si quisiera memorizarlo y luego hice lo que mejor sabía hacer, besarlo hasta quitarle el aliento.

Esa noche, me llevó a hurtadillas a su casa y me quedé allí. Kurt cuidó de mi a pesar de que no estaba tan mal y me consintió a tal grado que me dio de comer en la boca. Ni siquiera me sentí estúpido. Había sido un día agotador, me dolía todo el cuerpo pero sobre todo sentía que mi cabeza ya había tenido suficiente de pensamientos negativos. Dormimos abrazados , sin decirnos nada, pero seguros de que podíamos cuidar bien el uno del otro.

-Eh... ¿Todo está bien Puck?-preguntó Finn en uno de los recesos.
-No podía estar mejor.
-OK, si tu lo dices pero tienes que... ser más cuidadoso o... te echarán del equipo.
-Claro Finn lo que tu digas-respondí evadiéndolo y entonces mi celular timbró.

Era un mensaje de Kurt. Quería verme detrás del campo de futbol con urgencia. Ya había sonado la campana y el resto de los chicos se metían a los salones, pero de vez en cuando los demás me miraban. No era raro, tenía la ceja suturada y varias señales de que me había peleado.

El campo de futbol tenía el silencio de un cementerio y cuando vi a Kurt, estaba inclinado sobre si mismo sujetándose el estómago. Fui corriendo, pensando que lo habían golpeado. Tal vez todavía estaba a tiempo de alcanzar al imbécil que lo había hecho y darle su merecido, pero al acercarme Kurt se lanzó sobre mi y me abrazó sin decir nada.

-Mercedes me dijo que hay rumores sobre nosotros en el blog de Jacob y alguien envió una foto de nosotros juntos fuera de clases.
-¿Y qué con eso? son sólo rumores.
-Los creerán Puck, ellos saben que no hay una razón para que tu pases tiempo conmigo aparte del Glee club.
-No entiendo, tuvimos mucho cuidado... ah... por eso me miraban así hace un rato...
-¡Eso ya no importa! ¡Lo saben!-dijo con la voz quebrada- ¿Tienes idea de lo que nos espera? ¿De lo que a TI te espera?
-Kurt, no es la gran cosa algún día lo iban a saber-dije acariciando su rostro, buscando la manera de tranquilizarlo.
-Dices eso porque no sabes a lo que te vas a enfrentar. Pero yo si lo sé. Puck, he pasado años soportando las burlas y a veces simplemente te acostumbras a vivir en un infierno, pero ¿tu?- me abrazó fuerte y luego empezó a llorar sin poder hacer nada para impedirlo.

Esperé con paciencia a que se desahogara. Trataba de decirle que todo iba a salir bien y lo estrechaba con fuerza. Pero tenía razón. Yo me sentía fuerte porque estábamos juntos y eso no significaba nada a la hora de enfrentarme solo a la verdad. Kurt había pasado toda su vida asimilando su identidad, luchando por ser él mismo sin importar las consecuencias. Yo era nuevo en eso.

Visto de cierto punto, no era raro que los demás se fueran a escandalizar. ¿cómo era posible que el macho abusivo de la escuela tuviera un novio de la noche a la mañana? ¿y que se tratara del mismo chico al que se había encargado de molestar personalmente todos los días? Era una locura. Y todas esas cosas que nunca había pensado me golpearon de repente. Tendría que verles las caras a los chicos del equipo de futbol, ¿qué pensaría Finn, el señor Schue y los demás? ¿y mi madre? Tendría que explicarle que podía irse olvidando de verme llegar a casa con una novia judía.

Estaba horrorizado y nadie podía hacer nada por mí.

La función había empezado.