Sólo teníamos dos opciones: seguir adelante o desmentir los rumores. Y yo estaba considerando seriamente optar por lo segundo. Al ver en sus ojos supe que Puck se moría de miedo por tener que encarar su nueva identidad. Y tenía razón. No era cualquier cosa haber vivido pensando que eras de una manera y que después, gran parte de lo que te definía, había cambiado por completo y peor, que los demás lo supieran y te juzgaran por eso.
Yo sabía que Puck siempre sería Puck, pero no podía negar que ya no era la misma persona. Por mucho que quisiéramos vivir en nuestra burbuja, esta se iba a reventar tarde o temprano y teníamos que aceptar las consecuencias.
-Vamos a la escuela-me dijo Puck-ya es hora.
-¿Estás seguro?
-No, pero no nos podemos quedar aquí todo el día.
Mientras caminábamos hacia la escuela, pensé en lo mucho que Puck se preocupaba por mi. Cómo enviaba mensajes de forma compulsiva y la manera en la que me miraba cuando estábamos juntos. Era raro para mi sentir que alguien podía quererme así, al grado de anteponer su bienestar al mío. Y la cosa era que ninguna de sus manifestaciones de cariño y protección eran inoportunas ni forzadas.
Esa fue la razón por la que me sentí mal por él. Quizá pensara que era su responsabilidad cuidarme, pero yo también me preocupaba. Cuando una persona va por la vida siendo fuerte todo el tiempo, llega un momento en que se derrumba y la caída es muy dolorosa.
Al ver a Puck golpeado y cubierto de sangre en el salón de música, supe que era sólo una prueba de lo mal que lo estaba pasando, de todos los miedos con los que no podía lidiar y que había perdido el control.
Quizá por eso, cuando tenía a Puck inconsciente en mis brazos sobre el suelo y vi a Finn en la puerta, no me sobresalté. Finn se acercó a nosotros y me dijo que había seguido a Puck después de la pelea.
Finn tan sólo se veía desconcertado, y quería asegurarse de que Puck estaba bien. Abracé a Puck y bajé la mirada, no era necesario que le diera muchas explicaciones para que entendiera qué estaba pasando.
-Vamos a llevarlo al hospital, yo te ayudo-dijo y los dos lo subimos al auto.
No quise decirle a Puck que Finn nos había visto.
Más tarde, mientras yo estaba en la sala de espera Finn llegó.
-Va a estar bien-le dije luego de balbucear-pero el doctor quiere estar seguro, están suturándole la herida.
-Menos mal... tú sabes, él ha estado un poco alterado y no habla conmigo.
-Lo sé, no es algo que quisiera contarte. Finn... quiero a Puck y él a mi, estamos juntos y esa es la verdad, sé que ya te diste cuenta, pero quería que quedara claro.
-Bueno... no es que sea fácil asimilarlo... no me lo imaginaba, aunque... si ustedes son felices... no importa lo que yo piense.
-Gracias..., entiendo si te sientes raro y te parece una locura-le dije con una sonrisa- a veces a mi también me lo parece.
-Qué alivio que lo digas así-dijo resoplando- porque no quería parecer una mala persona, por… eh... sorprenderme... digo es Puck, se pasó todo el curso molestándote.
-Si, es extraño pero... ¿puedo pedirte un favor Finn?
-Seguro.
-Quisiera que cuidaras un poco de él, sé que no escucha razones, pero necesita a un amigo, alguien que esté a su lado y le impida cometer tonterías, tú eres la persona más indicada. Sólo no le digas todavía que sabes que estamos juntos. No creo que esté listo.
-Prometo no decirle nada. Es un trato.
Finn extendió su mano y cuando la estreché, pensé que era muy graciosa la forma en que había girado mi vida. Antes habría matado por ese apretón de manos y ahora, únicamente me agradaba su gesto amistoso. Era la última persona que hubiera pensado que podía ser mi cómplice.
Si, Puck iba a necesitar un amigo y yo a alguien que viera por él.
Al llegar a la escuela, fuimos directo al salón de música sin toparnos con nadie. Me senté junto a Mercedes y Puck fue a la última fila. Noté cierta expectación en los demás y Mercedes murmuró en mi oído que el rumor ya había llegado al Glee club, pero no todos lo creyeron.
-Quinn lo escuchó hace solo un rato y vino directo a contárselo a Brittany y a Santana-me susurró.
Me volví hacia Puck y vi que los chicos lo miraban de soslayo, seguramente tratando de adivinar si era verdad lo que se decía. Tenía que detener esa locura. Iba a negarlo todo por el bien de Puck y lo haría ya.
-Señor Schuester-dijo Puck interrumpiendo la clase- ¿puedo hacer un anuncio?
El señor Schue se mostró confundido pero le cedió la palabra. Seguí a Puck con la vista mientras se ponía en frente de todos.
-Sé que han escuchado cosas sobre mí, que estoy saliendo con Kurt-dijo con las manos en los bolsillos.
Los demás murmuraron y algunos, como Santana soltaron una carcajada.
-Pues es verdad, Kurt y yo estamos juntos. Si no lo entienden está bien, no me importa, pero no fastidien.
-No… no tenemos porqué-dijo Finn.
Mercedes me tomó de la mano.
-Además somos un equipo y tenemos que estar más unidos que nunca-dijo Rachel, parándose junto a Puck con una sonrisa grande y entrelazando las manos sobre su regazo- si alguno de ustedes necesita ayuda yo tengo amplia experiencia con romances masculinos... ustedes saben, mis padres son gays y...
-De acuerdo Rachel-dijo el señor Schue interviniendo-ya todos sabemos eso, lo único que importa es que sepan que aquí tienen un grupo de amigos que los apoya.
Fuí incapaz de reaccionar, las chicas me abrazaron en señal de solidaridad y no pude decir absolutamente nada. Estaba abrumado por la reacción de todos, especialmente de Puck, porque se había adelantado a mis planes. Había perdido cualquier oportunidad de librarse del peligro de admitir abiertamente quién era.
-Podemos estar juntos aquí sin tener que escondernos- me dijo cuando la clase terminó. Yo seguía en mi lugar- sin secretos es mejor, ya verás.
Se veía tan tranquilo que me convenció. Todo lo que él necesitaba era confrontar las cosas para liberarse y aunque yo no estaba de acuerdo, decidí que lo mejor para él también debía alegrarme.
Los días que siguieron tomé una nueva actitud. Tenía que estar orgulloso de que tenía novio, y no uno cualquiera, sino uno que había sacrificado su imagen de tipo duro con tal de admitir lo que sentía por mi. Sin embargo en la escuela no se hablaba de otra cosa, a pesar de que a nadie le constaba que era verdad y nadie me iba a preguntar, porque a los perdedores de la escuela no se les pregunta nada, sólo se habla a sus espaldas para disfrutar del chisme.
Dios, que se destapara la primera pareja chico-chico les daba mucho de qué hablar. Por suerte Mercedes, Tina y Artie siempre estaban a mi lado y Finn acompañaba a Puck.
Uno de esos días me quedé hasta tarde en la biblioteca y Puck me envió un mensaje. Estaba desesperado porque íbamos a volver juntos a casa y cuando iba a encontrarlo vi a los chicos del equipo caminar hacia mi.
Intenté ignorarlos y pasarlos de largo, cuando uno me agarró fuerte del brazo.
-No tan rápido te tenemos una sorpresita-dijo uno de ellos.
-Yo no voy a ningún lado con ustedes-le respondí con desprecio y me solté.
Enseguida volvió a agarrarme.
-Tenemos algunas cuentas que saldar contigo.
-Por querer convertir en maricas a los nuestros.
Le di una bofetada. El tipo escupió sangre y los demás se echaron a reír. Enfurecido, me arrastró hacia un lugar alejado, mientras yo trataba de soltarme. Los demás lo siguieron.
Sólo podía imaginarme lo peor y ese pensamiento me daba la fuerza para luchar aunque fuera inutil, aunque tuviera tanto terror que apenas pudiera respirar.
-A ver que cara pone con lo que le vamos a hacer a su princesita.
Cuando mi espalda chocó con el suelo y el tipo se puso encima de mí, entendí qué estaban tramando. Me defendí a pesar del dolor agudo en la espalda que descendía hasta mis piernas, sabía que no tenía oportunidad de escapar, pero no me iba a rendir tan fácil.
El pánico me orillaba cada vez más a perder el conocimiento, y todo se volvía sombras amenazadoras y las voces y los gritos eran sonidos ahogados.
Cuando sentí unos labios asquerosos y húmedos en mi cuello, alcancé a ver a pocos metros algo que me hizo saber la magnitud del daño que pensaban causar. Tenían a Puck sujeto por los brazos, estaba golpeado y tenía la herida de su rostro abierta. Nos vimos a los ojos, y noté su desesperación a pesar de la cortina de sangre que los cubría.
No era justo que quisieran destruirnos de esa manera, y aunque tenía mucho miedo, no iba a permitir que nos quitaran nuestra felicidad tan fácilmente.
Con una mano libre, le di un golpe al tipo sobre mi en la cara. Los demás empezaron a reír, creyendo que se trataba de una pobre defensa; el tipo bajó la guardia y lo golpeé otra vez, con todas mis fuerzas arrojándolo hacia atrás. Pude levantarme, pero si todos iban sobre mi no tendría esperanzas.
-Cerdos-dije fatigado y limpiando la saliva de mi cuello.
Puck me dijo que corriera. No había manera de que yo aceptara hacerlo, los tipos lo soltaron arrojándolo al suelo cerca de mi y me arrodillé frente a él quitándole la sangre de los ojos con el dorso de la mano.
Ignoramos las burlas y las obscenidades que nos proferían.
-Vete- me dijo al oído.
-Estamos rodeados Puck, y no tengo pensado dejarte.
Tal vez las cosas no serían iguales para nosotros al día siguiente, si es que no nos mataban. El hecho de que se tomaran la molestia de llevarnos a un lugar apartado significaba que estaban decididos a seguir con su plan.
-Ya les dimos su tiempo señoritas-dijo uno y todos se echaron a reír.
-Te dije que podía cuidarme Puck, tienes que confiar en mi.
-¿De qué hablas?
-Vamos a enfrentarlos, pero no quiero que te preocupes por mi, sólo ocúpate en dar tus mejores golpes.
Me miró horrorizado.
-Sé como golpear y no voy a dejar que me pongan una mano encima sin dar batalla. ¿ok?
-Estás loco si crees que te voy a dejar pelear.-dijo poniéndose de pie con dificultad frente a mí.
Puck dio un golpe y luego otro.
Realmente era una locura. No teníamos muchas posibilidades, él estaba agotado y ellos eran muchos, pero yo también estaba allí y no tenía un par de puños por nada. Y Puck se había peleado cientos de veces en las mismas condiciones, la única diferencia, es que estando yo allí su concentración disminuía.
Luego, cuando vi que uno de los puños se estrelló en su cara, enfurecí. La adrenalina recorrió todo mi cuerpo y el miedo se esfumó. Sólo quedaba el deseo de saldar cuentas, de sacar eso que me llenaba las venas y que ocupaba mi mente. No había una voz interna que me advirtiera las consecuencias, ni que me censurara. Estábamos Puck, yo y mis instintos básicos de proteger lo que nos pertenecía.
Mis nudillos se entumieron al golpear la mandíbula del sujeto, y lo único que sentía era la sed de arremeter contra el siguiente y así lo hice. Tampoco me importó cuando me tocó a mi ser golpeado, ese momento que había temido toda mi vida, pareció insignificante, porque aunque podía sentir dolor lo ignoré.
Creo que hasta entonces, Puck supo que no le mentía cuando le dije que sabía como golpear. Supongo que eso le dio la confianza de pelear como sólo él sabía hacerlo.
Perdí la noción del tiempo hasta que escuché la voz de Finn.
-¡Imbéciles déjenlos!
Nadie le hizo caso y Finn intervino, empujando a uno que acababa de golpearme.
-Rachel fue por el Señor Schue y el director Figgins-reiteró, pero por respuesta también recibió un golpe y se lo devolvió a su agresor.
Agradecí la llegada de Finn. Iba a ser de mucha ayuda hasta que Rachel regresara.
Los tres juntos éramos mucho más fuertes y Puck aprovechó para interponerse entre mi y alguno de los abusivos. Allí comprobé que pasara lo que pasara Puck jamás perdería el impulso de protegerme.
Un grito de Rachel cruzó el aire. Estaba horrorizada por ver a Finn, sangrando como nosotros.
La ayuda había llegado.
-¿A quién le decías princesita?-dije, y luego escupí sobre el tipo que me había besado en el cuello y que estaba tirado en el piso.
El señor Schue nos llevó al hospital mientras el director Figgins y un ejército de policías se hicieron cargo de los abusones.
Nos atendió el mismo doctor que había suturado a Puck la última vez. Supongo que se llevó una muy mala impresión de todos nosotros.
Rachel escudriñaba las heridas de Finn y luego las nuestras con un tono preocupado pero alarmista que me causaba gracia.
-Mantén la calma Rachel-le dijo el Señor Schue.
Puck y yo esperamos ser atendidos tomados de la mano. Habíamos intercambiado unas cuantas palabras, restándole importancia a lo que nos pasó.
-Golpeas mejor de lo que pensaba-me dijo besándome los nudillos ensangrentados- ¿está mal que me sienta orgulloso?-confesó.
-Ni un poco. Iba a defender la simetría de mi rostro hasta la muerte-le dije, presumiéndole que mi cara estaba ilesa.
Una hora más tarde, los tres recibimos las curaciones, pero el doctor dijo que Puck tendría que quedarse porque tenía una costilla rota. Cuando nos quedamos solos un momento en su habitación no supimos qué decir.
-Malnacidos, ¿cómo es que intentaron siquiera...?-dijo al fin, rodeándome con los brazos y apretándome contra su pecho.
-Estoy bien...-le dije, pero apenas había terminado de decirlo las lágrimas se desbordaron de mis ojos, ya no podía pretender que era fuerte.
El miedo que había reprimido antes por lo que me iban a hacer salió a flote y no pude detener mi llanto. Pero también por la manera tan sanguinaria en que habían golpeado a Puck, a mi simplemente me habían querido usar para dañarlo a él y en cierta forma lo habían logrado.
-Soy un fraude, no sé si hubiera sido capaz de detenerlos a tiempo Kurt y eso me está matando.
-Sé que sí-dije cuando al fin pude hablar-pero si no, no habría sido tu culpa. No espero que seas un superhéroe que venga a salvarme...
-Dime que vas a algún lado con esto, porque no me siento halagado.
Puse mi índice sobre sus labios para que se callara.
-Mira Puck, lo de hoy fue horrible, pero prueba que podemos cuidarnos mutuamente, que juntos somos más fuertes. Tu me haces más fuerte.
-y tú a mi-dijo dándome un beso tierno y prolongado.
Quise quedarme toda la noche con él, pero el señor Schuester ya había llamado a nuestros padres y el mío venía en camino para llevarme a casa. No le habló de mi relación con Puck, sólo le contó que nos habían atacado. Iba a ser una larga conversación.
Antes de marcharme le agradecí a Finn por toda su ayuda y por quedarse otro rato con Puck hasta que su madre llegara.
Pensaba en el mejor argumento para explicarle a papá cómo y quién era Puck, y todo se escuchaba aberrante. Nadie en el mundo encontraría medianamente razonable la manera en la que Puck y yo habíamos terminado juntos, y mi padre mucho menos, así que no le dije nada.
Y aún cuando todo podría parecer extraño, y que nuestra relación estaba fuera de ilógica y era sinónimo de peligro, yo tenía el pleno conocimiento de que era lo mejor que me había pasado en toda la vida. Y ni el dolor de los golpes ni los riesgos que habíamos corrido, eran suficientes para alejarme de él.
Lo amaba como nunca y nada cambiaría ese hecho
