La peor parte de estar en un hospital es que tienes demasiado tiempo para pensar, no hay nada con que distraerse lo suficiente. Le das vuelta a los mismos pensamientos una y otra vez hasta que pierden el sentido. Fue cuando llegué al punto de hacer un recuento de lo que había pasado con mi vida en los últimos meses.

Si alguien me hubiera dicho al inicio del periodo escolar que iba a besarme con Kurt y a acostarme con él, lo habría matado. Habría tomado aquello como una ofensa, pero hubiera tenido una excusa. Estas eran cosas meramente físicas, y en la mente de un tipo duro esto no significa tanto, siempre te puedes salvar diciendo que te has burlado del otro chico, pero cuando lo físico da paso a los sentimientos no tienes excusa alguna. En el mundo de los machos yo estaba frito, porque me había enamorado de Kurt. Y no hay marcha atrás para eso.

Tuve una recuperación rápida pero no menos dolorosa. Si estornudaba sentía que los huesos se me iban a romper. Estuve una semana exacta en hospitalización. Finn y Rachel venían todos los días y en una de esas visitas, a él se le salió decir que había ayudado a Kurt a traerme al hospital la primera vez que me golpearon.

Até cabos, Finn sabía que Kurt y yo estábamos juntos.

-¿Asi que te has estado haciendo el tonto todo el tiempo?-le dije.
-Hey, sabía que te enfadarías si lo mencionaba y tu no habías dicho nada al respecto... eh... iba a ser incómodo y yo... no me sentí con derecho de indagar.
-Imbécil, me conoces demasiado bien.

Él tenía razón, incluso lo habría negado . Mi relación con Kurt no era algo que quisiera discutir con Finn.

-Y a todo esto ¿dónde está él?-preguntó Finn-no lo hemos visto por aquí en tres días.
-Eso quisiera saber.

Toda la información que tenía me la daba Rachel. Según ella, Kurt y su padre habían estado muy ocupados lidiando con abogados y asegurándose de que los que nos atacaron se quedaran en la correccional por un largo tiempo. Lo que significaba que Kurt tuvo que sobrellevar las malas miradas, los cuchicheos y los reclamos de quienes nos culpaban por haber dejado al equipo con la mitad de jugadores. Por más que él quisiera no le permitían olvidar el incidente, ya que los que no estaban disgustados, seguían preguntándole si estaba bien.

-Estoy segura que tiene una buena explicación-dijo Rachel colándose a la habitación-es decir si no te ha dicho nada por teléfono es porque no debe ser la gran cosa.

Tragué saliva con dificultad, no habíamos hablado. Kurt sólo mandaba unos cuantos mensajes y no contestaba la mayoría de los míos. Era frustrante, porque una enfermera malencarada siempre llegaba a ordenarme que apagara el celular. No le hacía caso por supuesto, en cuanto se daba la vuelta lo encendía de nuevo pero Kurt no respondía.

En cuanto volví a casa, quise ir a buscarlo.

-Tienes que descansar Noah-suplicó mi madre-apenas puedes caminar.
-Hay algunas cosas que tengo que hacer ya- le espeté, estaba harto de escuchar ordenes, de estar sometido a lo que dijeran los demás: los doctores, las enfermeras, la opinión de los chicos de la escuela y mi madre, pero ella no iba a detenerme de ir a buscar a Kurt.
-Cualquier cosa puede esperar.
-Esto no-dije dando un paso adelante pero ella me interceptó con decisión.
-¿Cómo se llama, Noah?
-Mamá...-protesté entornando los ojos, no me iba a quedar a discutir mi vida amorosa con ella.
-¿Cuál es su nombre eh? No quería mencionarlo pero me da gusto saber que ella te ha cambiado para bien, ¿es esa chica, la que se llama Santana?

Ella no podía ocultar la emoción en su voz, tenía los ojos húmedos y una sonrisa en los labios. Hacía mucho que no la veía tan feliz. Estaba demasiado orgullosa por mi regreso al buen camino, (si es que alguna vez anduve por tal) mis calificaciones eran mejores y excepto por las golpizas a causa de mi relación con Kurt, no me había metido ni en la mitad de líos que antes. Me miraba como si estuviera frente a un milagro, se notaba que llevaba mucho tiempo queriendo demostrar su alegría por mi. Quizá por eso me sentí mal. Iba a derribar su castillo en el aire en cuanto supiera que no había una "ella" que se relacionara con mi cambio.

Quería pedirle perdón por la decepción que le esperaba, y entonces sentí un vacío en el estómago.

Tendría que confrontar a mi madre.

Nunca se me había ocurrido que ese momento iba a llegar. Hablar con ella al respecto, era una de tantas cosas que no había pensado . Estaba concentrado en disfrutar cada momento al lado de Kurt y en sortear los altibajos, que no planee aquella charla con mi madre. Quizá tampoco quería hacerlo. Quizá había una parte de mi que quería dejar un sitio en el que no tuviera que lidiar con las consecuencias de querer a Kurt . Lo que pensaran en la escuela ya no me importaba, pero ¿qué con mi madre?

-Después te digo-le respondí y salí en medio de la noche.

Camino allá pensé que su padre podría atender a la puerta, en todo caso no se me ocurría que decirle. Era estúpido pero no quería causar una mala impresión y poner a Kurt en problemas. No creía que a su padre le fuera a hacer gracia la clase de calaña con la que andaba su hijo.

Pero fue Kurt quién abrió, por su cara, estaba claro que no me esperaba.

Me pareció que llevaba siglos sin verlo y me lancé a abrazarlo con tanta fuerza que me dolió el costado. Me aparté doblado por el dolor y quejándome un poco. Se preocupó por mí, preguntando si estaba bien y enseguida me recompuse.

-No pasa nada... ¿pensaste que te ibas a deshacer de mi?-dije, sujetándole la cara con ambas manos y acercando peligrosamente mis labios a los suyos, olvidando que su padre podría aparecerse en cualquier momento. Pero él esquivó mi beso.

-Tonto-respondió abrazándose de mi cintura-deberías estar descansando.

-Y lo haría si al menos me dieras señales de vida-le reproché apartándole el fleco de los ojos.
-Ah, eso-dijo con una mueca, se soltó de mí y caminó lentamente hacia el comedor. Se acomodó en una de las sillas y luego, se retorció las manos en silencio sin perderlas de vista.

No era nada bueno.

Me acomodé junto a él, esperando que empezara a hablar. Estábamos a media luz y la tensión se podía cortar con un cuchillo. Parecíamos un viejo matrimonio discutiendo cuando los niños se han dormido.
-¿Qué pasa?-le pregunté con un temblor en la voz que no pude ocultar y enrosqué mis dedos en una de sus manos.
-Sabes bien que te quiero ¿no?-dijo sin verme, y sin una gota de sentimiento en su voz.

Asentí torpemente, sin poder creer a dónde pretendía llegar.

-Pero...-continuó.
-¿Pero? ¡¿Cómo qué PERO?!-dije exasperado.

Kurt abrió la boca pero no alcanzó a contestar, su padre estaba adormilado y molesto en la estancia. Le di torpemente las buenas noches al tiempo que Kurt y yo nos poníamos de pie como dos criminales a punto de escuchar la sentencia.

-Él es Puck papá-dijo poniendo su mano en mi espalda y quitándola muy rápido.
-Señor Hummel... me siento muy mal por todo lo que pasó.
-No, no lo creo-dijo secamente.

Se hizo un nuevo silencio, mientras el Señor Hummel me lanzaba una mirada fulminante. Kurt nos veía alternativamente, quizá esperando cuál de los dos iba a dar el primer golpe. Su padre y yo éramos temperamentales a nuestra manera, y seguramente, si las cosas llegaban al extremo, él era de los que defendía sus intereses con la fuerza bruta, tal como yo.

-Sé que no lo sientes de verdad-dijo apretando los dientes-porque esto es una consecuencia de estar jugando con mi hijo.
-¿Qué? ¡No estoy jugando con él!-dije tratando de contener la desesperación, perdí el color de la cara, pero no por la vergüenza de que el Señor Hummel supiera que yo era quien salía con Kurt, sino por lo que creía de mi.

-¿Crees que no investigué? ¿y qué fue lo que me dijeron los demás estudiantes?

No quería oír. Clavé la vista en el piso, apretando los puños.

-Papá... no...

-Dime, ¿es verdad o no que lo molestabas todos los días? ¿qué lo arrojabas al contenedor de basura?

Tragué saliva.

-¡¿Si o no?!-gritó y su voz me ensordeció.
-Si...-admití agachando más la cabeza y muerto de vergüenza.
-Puck es un buen chico papá... eso pasó hace mucho... y además me quiere-dijo con un tono conciliador.
-Es cierto-dije sosteniendo la mirada del padre de Kurt, arriesgándome a que creyera que lo estaba desafiando.
-Sal de aquí- dijo señalando la puerta con un cabeceo.

Cuando me encaminé hacia la puerta añadió.
-Y no te quiero cerca de Kurt.

Puse un pie afuera y luego otro, la cabeza me zumbaba porque había llegado a un callejón sin salida.

-¡Puck!-escuché. Me di vuelta y Kurt venía a mi encuentro con el rostro desencajado.
-Ve adentro o tu padre se molestará contigo-le sugerí, cuando en verdad quería llevarlo conmigo lejos, donde nadie se entrometiera, donde no tuviéramos que dar explicaciones. Pero eso no iba a pasar.
-Sólo será un segundo... mira, tienes que disculparlo él...
-Kurt, él tiene razón... cualquier padre del mundo que supiera mis antecedentes me hubiera echado de su casa, no es eso lo que me importa-me aclaré la garganta-lo que me importa es lo que estabas a punto de decirme.

Kurt retrocedió.

-No esta noche.
-Quiero saber Kurt.

Apretó los labios y miró en dirección a su casa.

-Ya has tenido bastante por hoy.

Sentí como si me hubieran dado un golpe en la boca del estómago.

-Ok-dije anteponiendo las manos- ¿osea que no quieres darme otro motivo de disgusto?

-Déjalo así.

-No, si es lo bastante malo para poner esa cara quiero saberlo ya. Hace rato pusiste un pero, me quieres pero…

Se apartó y anduvo en círculos frente a mi, mordiéndose las uñas.

-Mi padre me espera…

-Él te pidió que me dejaras ¿es eso?-dije sujetándolo por el codo y mirándolo de forma exigente.

Balbuceó.

-¿Es tu padre o eres tu el que quiere dejarme?

Se soltó de mi brazo con un movimiento brusco.

-Idiota ¿cómo se te ocurre que te quiero dejar?

-Kurt, dime la verdad, dime porque no entiendo ni un poco lo que está pasando por tu cabeza estos días. Ya no hablas conmigo y te escabulles, ¡¿qué demonios te pasa?!

Al momento en que terminé de gritar me arrepentí y eché un vistazo a su casa. La demostración de mi mal carácter, sólo le daría más motivos a su padre para conservar su pésima imagen de mí.

-¡Quiero tiempo! ¡Quiero que des un tiempo! ¿Contento?

-¿Qué?-dije con la misma perplejidad y horror que si hubiera visto un rascacielos venirse abajo- tiene que ser una broma, ¿y todo lo que hemos pasado?

-Ese es el asunto Puck, pensé que había superado lo del ataque pero no… estoy asustado.

-Pero yo te puedo cuidar tonto, ¿no confías en mí? ¿Ya no te sientes seguro conmigo verdad?

-No seas egocéntrico Puck, no se trata de ti… no puedes imaginar el asco que siento-dijo llevándose una mano al cuello con repulsión- todavía tengo la sensación de los labios de ese tipo.

Al instante sentí que la sangre me hirvió, por no haber podido evitar aquel ataque, por no haberlo defendido.

-Hay cosas como estas que no vas a poder controlar, ninguno de los dos puede. Mientras estemos juntos correremos esa clase de peligro porque el círculo en el que nos movemos es muy diferente y… siempre van a chocar. Tuvimos suerte, pero la próxima vez tal vez no tengamos tanta.

-Claro que no fue suerte, sobrevivimos porque estábamos juntos y Finn nos ayudó. No estamos solos, no caímos en otro planeta ni nada parecido-dije tomando sus manos entre las mías y sintiéndome culpable por no haber podido evitar que Kurt se sintiera indefenso.

Él movió la cabeza negativamente y libró una de sus manos para ponerla en el contorno de mi cara.

-Te quiero Puck, de verdad, pero me doy cuenta que eso no significa que tengamos que estar juntos…ahora.

Aquella pausa me estremeció y ese "ahora" me pareció algo que había agregado en el último momento para que su sentencia sonara menos dolorosa y grave de lo que era.

-Pues yo no te quiero, te amo y no te voy a dejar así nada más-dije tomándolo por el brazo otra vez.

Mis palabras tuvieron un efecto opuesto al que se podía esperar, su gesto fue de dolor, de angustia y no entendí porqué. Quizá yo estaba siendo posesivo, un maniático pero no iba a rendirme tan fácil.

-Si me quisieras, te apartarías de mi camino.

-No puedo Kurt-dije dolido. Quería retenerlo y hacer que cambiara de opinión y lo deseaba tanto que apreté más y más su brazo.

-Déjame ir a casa-suplicó tratando de librarse- mi papá se va a enojar si tardo y si te ve así…-

Se me habían acabado las ideas y no podía sujetarlo con más fuerza o le rompería el hueso. No tenía caso retenerlo por unos cuantos minutos si él no quería quedarse, y a pesar de que yo entendía esto claramente, lo necesitaba ahí conmigo.

-Ya sé, estás eligiendo a tu padre-le dije soltándolo poco a poco mientras me miraba sorprendido- sé que tienes un lazo muy fuerte con él y no quieres preocuparlo ni decepcionarlo.

Asintió con cautela, mientras mis dedos todavía rozaban su piel y me preparaba para lo inevitable, pues era lo mismo que tratar de contener el agua en mis manos.

-Me da vergüenza que pienses que soy un cobarde por no enfrentarlo, por no… demostrarle lo contrario, pero no puedo, al verlo yo… sé que esto va a sonar horrible, pero sé que tu me perdonarás.

-Claro que lo haré… y no creo que seas cobarde-dije acariciando su cuello, allí donde Kurt se sentía marcado y el sólo cerró los ojos. Se veía tenso, mientras mis dedos ascendían hasta su rostro. Luego, con los pulgares dibujé despacio sus párpados. Me moría por besarlo, por borrar los últimos días y ser sólo él y yo.

Retrocedió un poco.

-Hay una cosa más-anunció con timidez- tal vez… para hacerte las cosas más fáciles podrías… podrías decirle a todos en la escuela que…estabas jugando conmigo, que era parte de una broma pesada que se salió de control.

Me quedé sin aliento.

-¿Qué? ¿Perdiste la cabeza? ¿Por qué haría eso?

-Porque así te dejarían en paz.

-Qué estupidez, lo más seguro es que no lo hagan, pero eso no me importa… Kurt, ¿pretendes que te ignore en la escuela? ¿Qué me porte como si no te conociera? Eso no es tomarte un tiempo es cortar de tajo conmigo.

-Lo haces parecer peor de lo que es…

-No soy tan idiota Kurt, parece que no me conoces, si me empujas demasiado lejos yo haré lo contrario, te perseguiría a donde quiera que vayas.

Soltó una risa nerviosa.

-Si te conozco, pero quiero confiar en ti. Una vez dijiste que si no quería nada contigo tu te apartarías, ¿recuerdas?-dijo frotándose un brazo y con la mirada distraída.

-¡Pero eso fue porque no estaba seguro de que querías estar conmigo!

-Ahora sabes que te quiero…

- Pero no quieres estar conmigo-dije chasqueando la lengua y con las manos en la cintura-claro que es mucho peor. Mi opinión también debería contar, me estas haciendo a un lado.

-Tienes que entender-dijo en voz baja y posando su mano sobre mí pecho. Me estremecí y odié la idea de no volver a sentirlo otra vez. Le aparté la mano con brusquedad en contra de mis verdaderos deseos, porque estaba furioso.

Cuando lo encaré vi su expresión de asombro ante mi rechazo y se me partió el corazón.

-¿Cuánto tiempo necesitas?

-¿Cómo voy a saber?-respondió encogiéndose de hombros.

Mis esperanzas de estar juntos de nuevo se esfumaban.

Iba a decirle algo y en un movimiento rápido, él me abrazó fuerte, muy fuerte. Aferró sus manos a mi espalda y enterró su cara en mi pecho. Mis brazos no respondieron a tiempo, unos segundos después caminó hacia la puerta, ya era inalcanzable. No soporté el silencio de la noche y volví a casa.

Tenía la cabeza y el estómago revueltos. Me pregunté una y otra vez si podía hacer otra cosa para recuperarlo. Di vueltas en mi habitación, confundido y furioso como una bestia enjaulada. Nada tenía sentido. No se suponía que terminaría así.

Aquella rabia y frustración me llenaba por completo, el yo de antes hubiera encontrado al menos tres maneras de calmarlas, pero todas eran cosas que implicaban un arresto. Empecé a arrojar cosas contra la pared y a maldecir, en un intento patético por desquitarme.

-¡Noah!

Me di la vuelta y vi a mi madre asustada.

-¡Ahora no! Por favor déjame-dije dándole la espalda.

-¿Qué te pasa Noah?

-¡Nada!

-No te atrevas a hablarme así, Noah-dijo tomándome de los hombros y obligándome a voltear hacia ella.

Lo último que quería era lidiar con ella, ya tenía suficiente de intervención paterna por esa noche.

-Te exijo que me digas qué te pasa.

Sonreí de forma amarga.

-Cómo si fuera a gustarte lo que tengo que decir.

-Ya he escuchado cosas terribles, ¿qué es diferente?-preguntó enterrando sus dedos con urgencia en mis hombros y mirándome con preocupación.

-En serio, no quieres saber-dije apartándome de ella y dándole la espalda otra vez.

-¿Tú y esa chica terminaron? ¿Es eso lo que te tiene tan molesto?

Entorné los ojos y volteé hacia ella, más furioso que antes.

-¡No hay ninguna chica! ¿De acuerdo? ¡Es un chico!, Me enamoré de un chico que ya no me quiere a su lado ¿feliz?

Me senté en la cama y recargué la cara en la palma de mis manos. En muchas maneras estaba derrotado y no pude evitar que se me salieran unas cuantas lágrimas. Había perdido las fuerzas y no deseaba ver la reacción de mi madre.

-No te lo dije porque ni siquiera se me ocurrió y ahora…

Ella se colocó junto a mí y me pasó el brazo por los hombros.

-Shhh, está bien Noah, está bien-dijo consolándome- me habrías dicho cuando estuvieras listo.

-Como si importara, te sentirías decepcionada tarde o temprano.

-Claro que no. No lo esperaba porque siempre salías con una chica diferente, sólo me preocupa como a cualquier madre, sé que los demás chicos son muy crueles… ¿fue por eso que te golpearon?-dijo, entendiendo al fin el motivo de la despiadada golpiza.

-Si, fue por eso.

-¡Malditos mocosos!

-Supongo que ya no tienes de qué preocuparte-dije con una sonrisa a medias-ya nada importa…

Esa noche hablé con mi madre como nunca y ella escuchó atenta cada una de mis palabras, y fue paciente cuando mi garganta se cerraba, teniendo que esperar en silencio a que retomara mi historia. Le conté como era Kurt, su forma de ser cariñosa y sencilla cuando estaba conmigo y la manera en que me había enamorado a primera vista, de mi etapa de confusión y de lo feliz que había sido con él. Al final de mi recuento, sentí que me había quedado con las manos vacías.

¿Qué podía hacer? ¿Debía apartarme como me lo pedía? ¿O debía luchar hasta asegurarme que no debíamos estar juntos? Y en tal caso ¿yo lo aceptaría?

Pasara lo que pasara, yo, como buena bestia aprovecharía esa noche para lamer mis heridas y levantarme al día siguiente con nuevas fuerzas. Una vez que decidiera mi jugada me sentiría seguro de nuevo, porque siempre tenía un As bajo la manga.