En una semana completa Puck no fue a la escuela y cada día fue una agonía. En total, llevaba 2 semanas ausentes: la que pasó en el hospital y una más después de que hablamos. No tenía idea de lo que iba a decirle o cómo comportarme cuando lo viera, así que cada en clase y en los ensayos del Glee club se me aceleraba el corazón en cuanto la puerta se abría. Al ver que no era él sentía una mezcla de alivio y decepción.
En casa me sentía tentado a llamarlo o enviarle un mensaje de texto, pero no estaba seguro de lo que le diría. ¿Cómo puedes pedirle a la persona que quieres que se aleje de ti y luego esperar que te permita saber cómo está? Esa era mi dilema, aunque no estuviéramos juntos quería saber de él, que estaba bien.
Todos daban por hecho que Puck seguía recuperándose de las heridas, y yo sabía que no era así. Desde aquella noche no había vuelto a saber de él, porque tampoco se había comunicado conmigo ni una vez. Lo extrañaba. Lo extrañaba muchísimo.
Cuando estaba en los casilleros a media mañana en uno de esos días, al fin lo vi al otro extremo del pasillo. Se veía radiante. Con esa seguridad y esa sonrisa que lo hacía parecer el amo y señor de la escuela. Venía hacia mi y al instante me sentí sumamente nervioso. ¿cómo debía hablarle y sonreírle sin hacerle creer que había cambiado de parecer? No era conveniente darle ni un pequeño margen para que me convenciera de desistir en mi decisión. Y es que me sentía tan sólo sin él, que probablemente terminaría cayendo en sus redes.
Hasta que lo tuve a un par de pasos de mi, me di vuelta para darle la sonrisa más amistosa posible, Puck volteó, arqueó una ceja de manera petulante y... siguió su camino. La sonrisa se borró de mi rostro y me quedé con la boca abierta, luego escuché una risita proveniente de un grupo de chicos y chicas que estaban en los casilleros de enfrente, habían presenciado todo. Los ignoré por supuesto porque lo que me asombraba era lo que había pasado. Los chicos se alejaron cuchicheando y yo me quedé con los libros aplastados contra mi pecho, sin entender la reacción de Puck.
Me dirigí a la clase siguiente tratando de digerir lo sucedido y lo comprendí. Puck había hecho exactamente lo que le había pedido. Quizá sólo me sorprendía que hubiera acatado ignorarme y que le hubiera salido tan bien.
Las sorpresas no cesaron cuando llegué al Glee club. Rachel y el Sr. Schue habían decidido hacerle una pequeña bienvenida, pero como nadie sabía cuando iba a regresar, me preguntaban todos los días por la fecha de su regreso. Daban por hecho que yo tendría esa información de primera mano, pero por supuesto yo no podía decirles algo que desconocía. No era tan fácil como llegar de pronto y anunciarles que ya no estábamos juntos, además, tampoco conocía las intenciones de Puck y hubiera sido ridículo decir algo que luego él podría contradecir.
Los chicos quitaron la improvisada decoración. El señor Schue se veía desconcertado como los demás y Rachel estaba furiosa. Ella se acercó a mí cargando una caja que contenía gorritos de fiesta y vasos desechables.
-¡¿Sabías que Puck iba a renunciar al club?! ¡Pero como pudo! ¿por qué no nos dijiste nada?
Tartamudee.
-Oh...¿No lo sabías?-preguntó consternada al ver mi cara de despiste total.
-Yo... yo...
-¿Pasó algo malo?-susurró
No respondí.
-Pues, ni siquiera vino a decir que renunciaba personalmente, fue Finn el que le dijo al señor Schue. ¿puedes creerlo? Envió un mensajero.
Todos fuimos a nuestros lugares y el señor Schue pidió a los chicos que mantuvieran la calma. Estaban preocupados porque teníamos un integrante menos. Mi cara se enrojecía mientras repasaban la manera de convencerlo de volver o buscar un suplente, yo no tenía respuesta, no podía darles ninguna certeza y pronto me vi abrumado por las especulaciones y comentarios de su renuncia.
-¿Está todo bien?-me preguntó tiernamente Mercedes que estaba sentada a mi lado, y a la que yo había mantenido al margen de mi ruptura.
-¡Si Mercedes, todo está BIEN!-dije en un tono más alto de lo que me propuse y aquel "bien" había sonado más sarcástico de lo que quería.
Sentí las miradas sobre mi, pero no expliqué más y después de un rato de incómodo silencio, la clase se reanudó sin que Puck volviera a mencionarse.
Nadie me dirigió la palabra durante el ensayo, ni siquiera el señor Schue. Mi actitud les advertía que estaba de un humor de perros.
Pero había algo que no me parecía normal. Una cosa era que Puck me ignorara y otra que evitara los lugares donde podía toparse conmigo, como por ejemplo, las clases que tomábamos juntos. Además, no era justo que nuestros problemas arrastraran al club. Y a Puck le gustaba el club, así que no tenía sentido.
Estaba decidido a buscarlo y a explicarle que había otras maneras de lidiar con lo nuestro sin que afectara a los demás, pero no lo encontraba por ninguna parte.
Iba a hacerle una llamada cuando me arrepentí.
Ahora lo tenía claro, Puck estaba jugando, específicamente estaba poniéndome a prueba. Sabía que si recurría a un método extremo me haría enfadar y yo iría corriendo a reclamarle. En su universo, un reclamo y una reconciliación estaban a un paso, y confundido como yo estaba por su nuevo comportamiento, sería arcilla fresca en sus manos. Así que me contuve y decidí no caer en su juego.
Por un momento me emocioné pensando que podía ser una divertida competencia, que yo también podía jugar, pero no lo era, porque se trataba de mantener a Puck lejos de mi.
Todavía no podía quitarme de la cabeza lo que había pasado aquella noche. Me torturaba haberlo rechazado, haber escuchado por primera vez que me amaba y no poder decirle que yo también. Supongo que no pude ocultar la angustia de que me lo dijera en un momento de frialdad de mi parte. Pero él jamás entendería lo que ya había intentado decirle antes: que me preocupaba por él, que era más vulnerable de lo que él creía.
Después del ataque yo estaba decidido a llegar hasta el fin del mundo a su lado, creía que los dos podíamos cuidarnos mutuamente, pero había algo más que echaba abajo mi optimismo: Puck ahora tenía un punto débil que le hacía perder el control. Y yo odiaba ser ese punto débil, ser un blanco fácil para quienes lo detestaban.
Mientras le contaba a mi padre cómo se había dado mi relación, me dí cuenta que las señales de alerta siempre habían estado allí. Puck iba a perder la cabeza cada vez que se tratara de mi, actuaría de forma impulsiva siempre que algo me amenazara. Y los últimos incidentes eran apenas el principio. Me temía que a ese paso terminaría muerto.
Recordé lo difícil que había sido evitar que me besara, cómo había tratado de permanecer inmutable cuando sus manos me acariciaban y la forma desesperada en que trataba de retenerme. Me mataba verlo así, adolorido y con las heridas todavía visibles sin poder confortarlo, quería decirle que había aprendido a amarlo y que lo hacía ciegamente, como nunca lo había imaginado. Pero no podía.
Cuando volví adentro me recargué en la puerta y me deslicé hasta el piso, no quería llorar. El pecho me dolía tanto que no podía respirar, incluso mi padre por poco llama a emergencias. Tardé cerca de veinte minutos para recuperar el aliento con normalidad.
-¿Estás seguro de esto?-me preguntó papá cuando recuperé la calma, todavía asustado por la escena que acaba de presenciar.
-No... pero no se me ocurre nada mejor para que este bien.
-Tal vez no estás confiando lo suficiente en él, mira Kurt no quisiera que esta conversación se extendiera mucho, pero sé un par de cosas sobre tipos rudos y creo que él se sabe cuidar.
-No lo dudo, pero no quiero que se exponga sin necesidad, papá, Puck no se detiene a pensar en los riesgos, es impulsivo por naturaleza y yo... en fin...perdón por involucrarte en esto... la verdad no pensaba que fueras tan buen actor.
-Me siento mal por ese chico-dijo encogiéndose de hombros. Ahora él estaba seguro de que la magnitud de mis sentimientos por Puck era mayor de la que mis palabras le habían podido describir, cuando le hablé de lo nuestro.
-Al menos no lo sacaste de la casa a golpes-respondí bromeando forzadamente, porque estaba devastado.
Papá había sido convincente y mi argumento y actitud con Puck también. El pobre se lo había creído todo y es que si le decía la verdadera razón por la que quería alejarlo de mi, no lo hubiera aceptado ni un millón de años. Era preferible que creyera que mi padre me tenía prohibido verlo y que yo estaba dispuesto a obedecerlo, en lugar de decirle que temía la manera en que le afectarían las consecuencias de un peligro futuro. Por eso quise dejarle claro que a pesar de todo lo quería, no debía dudarlo ni un instante. Tal vez con un distanciamiento físico y emocional, Puck tendría reacciones menos intensas. Si las cosas se enfriaban lo suficiente entre nosotros, podríamos estar cerca el uno del otro manteniendo su integridad a salvo.
Por lo tanto la reacción de aquella mañana me parecía lo opuesto a lo que yo había esperado. Pero no sería nada comparado con lo que sucedería los días siguientes.
Apenas había sonado la campana, el aula de historia se iba llenando, fuí a mi lugar de siempre en la segunda fila, todavía nervioso porque Puck solía sentarse a mi lado. Aquel lugar junto a mí había estado vacío en las últimas dos semanas y tal vez así seguiría, lo que podía anular la posibilidad de hablar con él. Tenía que hacerlo recapacitar de volver al club y de volver a todas las clases aunque nuestros horarios coincidieran.
Entonces él llegó. Fue casi de los últimos en entrar pero pasó de largo y se colocó en un lugar vacío al rincón de la última fila. Aquello me desconcertó.
El maestro de historia le pidió a Puck que ocupara el lugar a mi lado, porque siempre que trabajábamos en pares éramos un equipo, además pensaba que yo podría ayudarlo a regularizarse con la materia. Pero Puck no se movió de su lugar aunque el maestro insistió.
-No quiero ir allá o todos pensarán que es verdad que también soy marica.
No pude ocultar mi asombro, me volví hacia él todavía incrédulo por lo que había escuchado, sintiendo que la sangre del rostro se me iba hasta los pies. Hubo un montón de risas y los chicos fanfarrones chocaron sus manos en el aire. Vi a Puck despatarrado en la banca y con una sonrisa socarrona. Era como si de verdad lo disfrutara, como si lo hubiera dicho en serio y si llegó a mirarme lo hizo de forma jactanciosa. No quise ver más, clavé la vista en la superficie de mi banca completamente aturdido y mi cara empezó a enrojecer.
En otras circunstancias yo habría respondido algo igualmente ofensivo o hubiera ignorado el comentario sin que me afectara, sin embargo escucharlo de su boca era un golpe bajo.
Debido a la insistencia del profesor, Puck tuvo que hacerle caso entre protestas y mientras venía hacia a mi, enrosqué las manos sobre la banca, apreté los puños hasta hacerme daño con las uñas. Quería salir de ahí, el ambiente me sofocaba. Sentí a Puck acomodarse junto a mi y no me atreví a mirar, cerré los ojos y me quedé quieto como si lo que tuviera a mi lado fuera una bomba nuclear que estallaría al menor movimiento.
En vano, intenté reponerme del impacto, sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo a unos centímetros de mi. Había sido el mismo cuerpo que me envolvía y me reconfortaba en mis peores días ¿qué significaba ese comportamiento agresivo? Una parte de mi quería gritarle, montarle una escena pero no tenía el valor para hacerlo.
El maestro fue entregando las hojas de trabajo, le dio a Puck la mía y el se limitó a arrojarla por encima de su hombro, sin verme siquiera. Conseguí atraparla en el aire, pero no escribí nada en ella. Tenía que intentar hablarle al menos para hacer la actividad, me aclaré la garganta y entonces el volteó.
-Deja de mirarme degenerado-soltó despectivamente en voz alta.
El maestro lo hizo callar aunque se escucharon unas risitas al fondo. Tragué saliva con dificultad, estaba muerto de vergüenza y no sabía dónde esconderme. Nunca me había sentido tan intimidado por él, ni siquiera cuando recién nos conocimos y me molestaba. Al sonar la campana se levantó de inmediato y entregó su hoja a medio llenar, los demás del grupo hicieron lo mismo y yo me quedé paralizado, mirando mi hoja en blanco.
Puck recuperó muy rápido su estatus, incluso los que habían creído el rumor de nosotros juntos ahora lo dudaban seriamente. Rara vez estaba solo y era acompañado, la mayoría de las veces, por novatos o chicos de nuestro grado que buscaban una buena oportunidad para formar parte del equipo de futball y llenar las posiciones disponibles. Claro que querían tener su aprobación, así que nunca lo cuestionaban.
Los días de escuela se convertían en una pesadilla, en la que buscaba por todos los medios evadir a Puck y a su séquito. No estaba dispuesto a probar hasta dónde era capaz de llegar, porque era evidente que él sabía cómo herirme. De vez en cuando y en su ausencia, alguno de los chicos aprovechaba la oportunidad para acosarme de formas quizá inofensivas pero no menos molestas. No era raro que me insultaran o tiraran los libros de las manos a mitad de los corredores.
En una de aquellas ocasiones Finn pasó por allí y me ayudó a levantarlos.
-Parece que necesitas un guardaespaldas.
-No es para tanto-respondí, recordando que al lado de Puck era más o menos lo mismo, pero él mantenía a los abusones menores lejos de mi.
-¿Por qué ha vuelto a comportarse como un idiota? Este no es el mismo Puck que ví en el hospital.
Y tenía razón, este no era mi Puck.
Estaba indeciso entre contarle nuestra última charla, pero no estaba seguro. Quizá debía dejar de ser egoísta, cerrar la boca y permitirle a Puck desahogarse a su manera. Esta era la oportunidad que yo andaba buscando para dejarlo al margen de mi vida y por lo tanto a salvo. Pero lo cierto es que su trato me hería demasiado.
-Puedo manejarlo, no te preocupes.
-Bien, porque ninguno de nosotros entiende que pasa con ustedes, como sea no los perderemos de vista.
-De acuerdo-respondí tratando de sonreírle y lamentando que Finn me tuviera lástima.
Entonces tomé una decisión, no iba a permitir que Puck me tratara de esa manera. Yo no era ninguna víctima y no me dejaría amedrentar por su actitud infantil .Lo buscaría donde quiera que estuviera, sin importarme que tuviera que pasar por encima de su nuevo grupo.
Con determinación lo busqué por toda la escuela, me salí de todas las clases a las que él faltaba con tal de encontrarlo y plantarle la cara. Recorrí cada rincón, incluso el lugar en donde nos habían atacado y detrás del campo del futbol. Recordé cuando allí aceptamos que había llegado el momento de confrontar a los demás por estar juntos. En esos lugares me sentí desolado, habían sido testigo de nuestros mejores y peores momentos.
Recuperé un poco de coraje, estaba decidido a confrontarlo. Si aquella era su reacción producto del amor herido, lo obligaría a que buscara otra manera de canalizarla.
Finalmente lo encontré solo en las gradas del campo. Yo estaba agotado, pero aún así no pude contener la sorpresa cuando lo vi fumando y bebiendo cerveza.
-Tienes que estar bromeando, creí que ya no hacías ninguna de esas cosas.
-Ah, eres tu-dijo con indiferencia, mirándome apenas y luego regresando la vista al campo de juego.
-OK Puck, sé que nuestra última conversación no fue muy agradable pero no debiste renunciar al Glee club y tampoco tienes derecho a tratarme así.
-Yo te trato como se me da la gana-respondió muy resuelto-tuviste tu cuento de hadas, pero se terminó princesa-dijo enfatizando de forma burlona.
Esbocé una sonrisa nerviosa ante la expectativa de que lo dijera en serio o estuviera jugando. Él sabía cuanto odiaba ese sobrenombre. Dio un último trago a la cerveza y luego arrojó la botella muy lejos con furia. Aún cuando se fue a estrellar al pasto me estremecí.
-¡Ya basta Puck! Sé que te pedí que fueras indiferente conmigo, pero te la has pasado humillándome en frente de los demás y sigues haciéndolo ahora-le dije con la cara roja.
-¿Y tu crees que yo sigo las reglas de alguien más? ¿Que te iba a hacer caso sólo porque me lo pediste?
Titubee y terminé asintiendo.
- Pensé que lo tomarías de otra manera.
-Y lo hice, verás voy a concederte una última explicación-dijo dando una calada al cigarro y luego lanzando descaradamente el humo hacia donde yo estaba.
-¿Qué quieres decir con última?-pregunté horrorizado, pero el ignoró mis palabras.
-Esa noche lloré como una niña en casa y juré que haría lo que fuera para recuperarte pero...-sacudió la cabeza sonriendo como si aquello fuera muy gracioso-¿sabes que hice al día siguiente? En lugar de venir a la escuela, terminé en la estación de autobuses y pasé el resto de la semana recorriendo el estado. Me topé con todas las cosas que solían gustarme antes.
-¿Cómo qué?-pregunté retorciéndome los dedos de una mano y sintiendo que las piernas me temblaban.
-Tu sabes bien qué, el alcohol, los líos, las chicas...
-Lo dices para hacerme sentir mal, ¿A dónde quieres llegar con esto?-pregunté tímidamente; pensé que la rodillas se me doblegarían en cualquier momento.
-Que recordé todo lo que me estaba perdiendo por estar contigo.
Solté una carcajada.
-Es la historia más tonta que he escuchado, no pudiste haber cambiado de parecer de la noche a la mañana.
-Cambié por tí ¿no?
Sentí pánico.
-Es verdad pero... ¡Es ridículo tu...
-Tal vez soy más voluble de lo que creías.
-Vamos Puck, esto no es necesario te dije que te quería, deja de castigarme.
-Mm, déjame ver, lo que tu pretendías es que fuéramos "amigos".
-Si, eso quería, sólo te pedí tiempo y... perdón, pero no creo que hayas dejado de quererme en una semana-repuse con una sonrisa tímida y tratando de creer mis propias palabras.
-Quién sabe, en una semana pasan muchas cosas-dijo con el humo saliendo de su sonrisa.
Enfurecí y con un movimiento rápido me acerqué y la quité el cigarro de la boca, apagándolo de un pisotón.
-Este no eres tú, deja esta estúpida actuación y habla bien conmigo.
-La cosa es que me di cuenta que desde que te conocí me empezó a ir mal, todo era simple hasta que te cruzaste en mi camino
-¿Disculpa? Tu fuiste detrás de mi, te convertiste en mi sombra, te dejé entrar en mi vida aunque desde el principio supe que no debía hacerlo, que...que ¡era un error!
Me tapé la boca horrorizado. Lo peor de todo es que aquellas palabras me habían salido con absoluta sinceridad, inconscientemente yo pensaba de esa manera y no me había dado cuenta o bien, lo había pensado antes pero había tratado de ignorarlo.
Tenía miedo de lo que Puck haría, sin embargo permaneció inexpresivo.
-A... aún así...-proseguí con la voz quebrada- decidí correr el riesgo porque fuiste bueno conmigo y me hacías sentir seguro, por favor... no seas cruel conmigo-dije enterrando la vista en mis pies.
-¿Y qué es lo que querías? ¿Que fuera amable contigo, que te rogara por volver hasta que se te diera la gana?
-¡No! ¡Lo juro! ¡No!-exclamé con un grito ahogado-te portas como si me odiaras y ya no lo soporto. ¡Te amo también! ¿Me oyes? Sólo necesitaba tiempo.
Puck se inclinó hacia mi con una mirada fría.
-Por tí lo perdí todo y estoy dispuesto a recuperarlo, y para hacerlo tengo que olvidar nuestro pequeño error. Voy deshacerme de cada lazo que tenía contigo y si eso significa tratarte como basura que así sea-sentenció emprendiendo la marcha.
-¡Es mentira, tu me quieres igual que antes!-dije estirando mi brazo hasta tocar su hombro, pero él me empujó del pecho.
-¡No me toques! No vuelvas tocarme, a acercarte a mi, ni a mirarme siquiera-dijo amenazándome con el dedo índice frente a mi cara-si lo haces te arrepentirás.
No pude quitarle la vista de encima mientras yo retrocedía, el corazón me palpitaba con fuerza. Puck me había asustado de verdad, quise huir de esa mirada asesina. Era imposible aquel odio manifiesto hacia mi, por desgracia parecía muy real.
Fui dando tumbos por el corredor vacío, recargándome en las paredes cada tramo, negándome a creer lo que pasaba. Quizá había sido muy ingenuo por suponer que Puck haría las cosas a mi manera, sin consecuencias. Mi dolor iba más allá de mi corazón roto, se manifestaba de forma física. Estaba demasiado aturdido, un pinchazo agudo me recorría todo el cuerpo y subía hasta mis oídos en un zumbido incesante.
Llegué hasta los sanitarios preguntándome si del amor al odio hay un paso, también podía ocurrir a la inversa. Devolví el estómago y lloré a todo pulmón, ya no tenía fuerzas pero no podía contener las lágrimas. Lo había perdido, realmente había perdido a mi Puck.
Me lavé la cara tratando de calmarme hasta que Finn me descubrió. No obstante su preocupación, se fue sin decir nada y unos segundos más tarde volvió junto con Mercedes.
-Se terminó- le dije y ella se apresuró a abrazarme.
-¡Ese imbécil! pero no lo entiendo, que fue todo eso de decirnos a todos que salía contigo... ¿fue sólo un juego?
Irónicamente, eso era lo que yo había querido que todos pensaran, para que los enemigos de Puck no volvieran a usarme de carnada para herirlo. En la realidad, eso me hacía sentir fatal.
-No-respondí-no era un juego... o tal vez si, ya no lo sé.
-Me va a escuchar-dijo ella.
Al salir de clases, Mercedes fue a mi encuentro en el estacionamiento. Por supuesto yo me había quedado escondido hasta que la campana anunció la salida. Se veía exasperada y confundida, se notaba que Puck la había hecho rabiar.
-¿Y qué te dijo?-pregunté por mero compromiso, porque ya no podía escuchar nada peor y sólo yo conocía la verdad. Nadie podía ayudar, pero no quería rechazar su intento por hacer algo por mi.
Mercedes tomó aire y me pasó el brazo por lo hombros.
-Está bien bebé, es un imbécil...dijo que todo había sido una broma que se salió de control.
Sonreí apenas, si eso hubiera sido cierto, quizá no me habría sentido tan mal. Era mil veces peor saber que me había querido y que ahora, iba intentar por todos los medios deshacerse de ese pasado que nos unía.
Al día siguiente, comprobé que hablaba en serio porque lo vi con mis propios ojos, de otro modo, no lo habría creído. El procedimiento de Puck para cumplir su promesa fue certero e inesperado. En plena cafetería, se besaba apasionadamente con una de las porristas. Cada vez que compartían su aliento yo sentía que perdía el mío y junto con el lo que más había querido.
Aquellos labios ya no me pertenecían, era inútil cualquier reclamo. Esbocé una sonrisa amarga, llegando a la conclusión de que quizá era lo mejor para él, estar con una porrista lo libraba de todos los problemas que le acarreaba mi compañía. En pocas palabras yo no podía competir con eso y como había comprobado, lo único que podía ofrecerle, eran dificultades.
Ya no tenía nada que perder.
No le dije nada a mi padre para que no supiera lo mal que había resultado mi plan de velar por la seguridad de Puck. Él sólo pensó que estaba deprimido por la separación, ignoraba por completo las cosas que debía aguantar ahora que Puck estaba al mando. Los otros chicos me molestaban enfrente de él, pero yo no me tomaba ni un segundo para comprobar su reacción. Siempre que me pasaba cerca, con una chica del brazo por supuesto, bajaba la mirada y eso estaba mal para mí, que iba por la vida con la frente en alto a pesar de todo. Había perdido mi orgullo de la forma más dolorosa.
Ni siquiera sentía rencor ni hacia Puck ni hacia los chicos, ellos sólo eran un montón de tontos inofensivos que querían jugar a los malos, saber hasta donde tenían poder y ganarse la aprobación de su nuevo líder. Finn estaba disgustado con él, había tratado muchas veces de hacerlo entrar en razón aunque se dio por vencido. Él, Mercedes y Rachel estaban dispuestos a permanecer cerca de mi cuando Puck y los suyos andaban cerca, pero yo no quería tenerlos de guardaespaldas, porque al final sólo conseguía ser humillado frente a ellos.
Por las noches, sin poder dormir, me preguntaba si mi sacrificio valía la pena. Había momentos en que me arrepentía de haberle pedido tiempo y luego me convencía de que era lo mejor, aunque el resultado me afectara de esa manera. Cuando lograba conciliar el sueño, dormía enroscado abrazándome a mi mismo. Echando de menos las veces en que soñaba en los brazos de Puck. Probablemente mientras la soledad me envolvía en la oscuridad, él estaría con alguna chica, probándose a si mismo que lo nuestro había sido una etapa. Algo pasajero que no le restaba sus méritos de macho alpha. Estrujé la sábana en un puño, mientras las lágrimas me salían sin esfuerzo. Yo debía estar muy mal por mi carencia de celos, por mi estúpido altruismo en lo que a Puck se refería.
Aquellos días suponían una prueba de fortaleza para mi. No sólo porque nuevamente sufría del acoso escolar, sino por quien estaba detrás de todo eso. Y tener la esperanza de que Puck estuviera actuando, no me ayudaba en absoluto. Si todavía me quería y aún así era agresivo conmigo, era doloroso, si ya no quería quererme y empleaba esos métodos era peor.
Descubrir la verdad de su comportamiento parecía una posibilidad remota, dado que la mayoría del tiempo soportaba las bromas o bien, buscaba la manera de escapar de ellas.
Supe que era oficial que ahora regía el New world order cuando al llegar a la escuela me encontré al séquito de Puck, luciendo sus flamantes chaquetas del equipo de futbol. Estaban recargados en el contenedor de basura. Pasee la mirada en todo ellos, menos en Puck claro, midiendo sus intenciones, lo cual era una tontería. Estaban allí por una razón que tenía que ver directamente conmigo. Resignado, dejé que me tomaran de brazos y piernas, sin protestar por mantener mi mochila a salvo. Al caer al fondo, me creí dentro de un portal del tiempo. Parecía que las cosas estaban condenadas a repetirse, pero el sentimiento hacia ellas era diferente. Se escuchaban las risas de los muchachos, que una vez cometida la fechoría se alejaron de allí. Yo no quería moverme a pesar de lo desagradable que era, prefería eso a salir y pasar otro día con la única certeza de que en cualquier momento sería blanco de otra broma o que presenciaría otra escena de Puck besando a alguien que no era yo.
A ese punto, lo demás no me sorprendía ni me lastimaba. Había perdido la capacidad de sentir lástima por mi mismo. Sólo pensaba ¿por qué? Y me despreciaba por no poder odiar a Puck. En tan solo unos días el había derribado el mundo que él mismo había construido para mi, y que después, nos encargamos de mantener juntos. Y aún así no lo odiaba. Allí rodeado por la basura, me preguntaba si todo había sido un sueño, si aquel primer paso de Puck por acercarse a mi había pasado en mi mente.
Al final tuve que aceptarlo, no podía esconderme para siempre y tal vez algún día lamentaría que mi Marc Jacobs se hubiera estropeado. El día no detendría su curso sólo porque yo estaba triste y la clases mucho menos. Ya no podía pasar nada peor…
O me equivoqué…
Por que ocurrió algo que de ninguna manera creí posible. Era una visión infernal en los corredores que no daba crédito. Por instinto me llevé una mano al cuello, porque cínicamente se cruzaba en mi camino el sujeto que me había atacado. No me pude mover.
-Tú, me debes una-me dijo, acercándose a mi en plan amenazante.
Intenté dar un paso pero interpuso su brazo en el locker, impidiéndome pasar.
-Yo diría que es al revés-respondí intentando sacar valor- más vale que guardes tu distancia si no quieres ganarte un viaje sin regreso a la prisión.
-Ja, soy intocable imbécil, si no, mírame-dijo alardeando de su libertad- tú y tu novio me las van a pagar.
Palidecí.
-No…tengo ningún… novio- aclaré retrocediendo, decirlo en voz alta me hizo sentir fatal.
-Si, claro-dijo con incredulidad y luego repuso-aunque no me extrañaría, quién querría estar con un marica.
-¿Tú?-lo desafié-¿o quieres que te refresque la memoria? Oh, espera, supongo que te acuerdas cada vez que te miras al espejo ¿no es ese el ojo que te puse morado?-continué jugando con fuego.
-Tienes suerte de que no te de tu merecido ahora-dijo apretando los dientes y sujetándome de la camisa- y para que te quede claro imbécil, tu no vales nada, íbamos por ti para fastidiar a Puckerman.
-Dime algo que no sepa-pensé-Tendrás que arreglar eso directamente con él-dije soltándome y deseando con toda mi alma que no me tomara la palabra-además, si me pones una mano encima otra vez, no creo que tu suerte se repita.
-No he terminado contigo-dijo cuando se vio acorralado.
Echó a andar y yo me voltee hacia él, con miedo claro está, pero tratando de no demostrárselo.
-Acércate a mi otra vez y la correccional te estará esperando-le espeté.
En el otro extremo, vi a Puck, en una escena que ya era recurrente, pero que no por ello me afectaba menos. Se trataba de una más de sus sesiones de besos.
El tipo se detuvo al verlos y luego como si yo no hubiera tenido suficiente soltó una carcajada.
-Así que sólo eras su perra.
Logré controlar mis ganas de lanzarle un golpe y me limité a cerrar los ojos, pensando que su teoría sería inofensiva y conveniente para nosotros, por mucho que aquellas palabras me agredieran.
-Supongo-respondí, todavía con los ojos cerrados y con la cara roja.
-Bah, qué pérdida de tiempo-dijo con el tono más despectivo que le fue posible y caminó hacia Puck.
Al encontrarse los dos adoptaron posturas desafiantes, como dos leones que se disputan el domino de la selva. Se amenazaron mutuamente antes de que fueran por caminos diferentes.
Con las manos temblando telefonee a mi padre para decirle lo que pasaba, teníamos que ver al Director Figgins y cuestionarlo sobre el regreso de aquel maleante. Mientras tanto necesitaba un lugar donde refugiarme antes de que papá llegara. No iba a exponerme a que ese sujeto me encontrara solo, pese a que había quedado claro que yo ya no le interesaba en lo más mínimo.
Terminé en el despacho de la señorita Pillsbury, que al verme entrar de forma brusca, abrió sus ojos descomunalmente. Le conté la razón de mi pánico y ella se encargó de averiguar con el servicio administrativo las causas del regreso de aquel chico.
Al parecer, sus padres habían logrado sobornar a las autoridades para liberarlo de la correccional, mientras que la junta de padres (los influyentes por supuesto) habían presionado a Figgins para que lo aceptaran de nuevo en la escuela. Para ellos, lo ocurrido era un incidente menor que había sido dramatizado por nosotros. No había que pensar mucho en las razones por las que subestimaban el ataque: éramos nosotros. Puck, uno de los chicos problemáticos de familia modesta y yo, el único gay de la escuela, a ninguno de ellos les preocupaba lo que pudiera pasarnos.
Mientras imaginaba el reclamo que le esperaba a la escuela por parte de mi enfurecido padre, me fui tranquilizando. La señorita Pillsbury, empezó a distraerme, sin darme cuenta, con preguntas de rutina sobre mi desempeño escolar en las últimas semanas.
-He visto que tus calificaciones han bajado un poco, lo cual no es habitual en ti-dijo la señorita P. echando un ojo a la relación de notas escolares.
-Hay un montón de cosas que ya no son habituales-le dije.
-Bien, Kurt a veces las relaciones amorosas… difíciles… tienden a afectar otras áreas, y me preguntaba si, bueno, si era verdad que tu… y Puck, estaban ya sabes…en una relación.
-¿Importa?
-Eso es un sí o un no.
-¿Qué más da?-dije encogiéndome de hombros.
-Es que no me queda claro, se que ustedes eran…eh… discretos, lo que no significa que no fuera perceptible que eran cercanos. Pero ahora…
Pensé en lo irónico del asunto, al parecer ella estaba al tanto de nuestros altibajos amorosos, y no así del acoso escolar que llevaba persiguiéndome todo ese tiempo. Y era tan increíble que casi me reí, si no hubiera sido porque lo que diría después.
-Ahora no sé…-prosiguió- porque los he visto alejados pero, la manera en que te mira…
-¿Qué?-dije retomando el hilo de su conversación, yo no recordaba que Puck volteara a verme nunca y si lo hacía era con indiferencia o socarronería.
-La forma en que te mira cuando tu no te das cuenta es…-respondió elevando sus hombros y mirando hacia arriba con una expresión soñadora, se tomó un poco de tiempo pensando en las palabras que fueran adecuadas a lo que intentaba decirme- yo lo definiría como una mirada de puro amor.
-Eso es imposible porque…-vinieron a mi mente todas las razones, la forma en que me había rechazado en el campo de futbol, las humillaciones y las chicas con las que se besaba por toda la escuela-¿usted como puede saberlo?
-Bueno Kurt, soy una mujer adulta y veo adolescentes enamorados todos los días, sus emociones son mucho más evidentes de lo que creen.
-Si le interesa saber, lo mío y Puck es… fue complicado, y creo que es lo mejor.
-Tú no pareces estar mejor.
-Ta… tal vez no… pero… lo estaré… algún día…
Me miró prolongadamente, esperando a que las palabras salieran de mi boca.
-Por ahora, al menos uno de los dos está bien… supongo que con el tiempo yo recuperaré mi propio ritmo. Es sólo que… todo se salió de control.
-Debes saber Kurt, que el miedo es algo normal, pero no se puede controlar todo, es por eso que para que una relación funcione se necesita un compromiso.
-¿Compromiso?
-Tienes que creer y comprometerte con el otro, que estarán juntos pase lo que pase.
-Eso quisiera…, es sólo que, ya no creo que haya marcha atrás.
-¿Se han hecho daño?
-Por decirlo así…
-Kurt, sé que aún son jóvenes para entender ciertas cosas, pero cuando se trata de sentimientos el corazón no miente, tu puedes saber qué es real y que no, sólo que a veces uno no quiere enfrentar la verdad.
Me quedé meditando sus palabras.
-Sé que no es fácil para su… situación, y los demás siempre tendrán una opinión sobre ustedes, lo que importa es lo que ustedes sientan el uno por el otro, necesitarán mucha, mucha fuerza para comprometerse, perdonarse y perdonarse a sí mismos.
-Es que… me da miedo lo que pueda pasarle por mi culpa…-dije apretando los labios y tratando de contener las lágrimas. Ella no mentía y yo tampoco me equivocaba en que el regreso del sujeto era una amenaza para Puck-esto es más fuerte que yo.
-Bueno, debes trabajar en eso para empezar, pero si fuera tu, no perdería la oportunidad de estar con la persona que me hace feliz. Tienes suerte de haberlo encontrado tan pronto-dijo sonriendo dulcemente.
-No creo que él me siga queriendo…
-¿Estás seguro?
-….
-Piénsalo, porque no creo que la forma en que te mira sea falsa, lo único que puedes hacer es que, dado que no lo has notado, te preguntes a ti mismo si lo que viviste con él fue real y de ser así ¿es posible que sus sentimientos hayan cambiado?
Cerré los ojos, buscando en mi interior la respuesta, tratando de nadar contracorriente al miedo, de esquivar las heridas. Recordando desde el principio: el temor de aceptar lo que sentía por él, lo increíble que era sentirse amado, mi miedo a perderlo, las palabras hirientes, su violento rechazo…todo era tan confuso que parecía que había muchas respuestas y a la vez una sola. La respuesta por la que deseaba inclinarme, parecía la más equivocada.
-¿Entonces?
Había hecho mi elección.
-Señorita P… yo…
*** Creo que debí advertir: "Léase acompañado de pañuelos desechables".
**Perdón por lo largo del fic, así ha salido
