Bad Romance

Juro que tenía el plan perfecto, uno al que Kurt no podría rehusarse. No había llegado a esa conclusión tan fácil pero era lo que tenía y podía servir.

Todavía afectado por su decisión de distanciarnos un tiempo, salí de casa. Normalmente unos cuantos tragos y algo que vandalizar eran suficientes para calmarme, pero como ya he dicho hasta el cansancio, eso era antes; sin embargo hay viejos hábitos que se aparecen en el camino como para recordarte lo que muy en el fondo eres.

Esa escapada en la noche, no era más que una inocente caminata, iría a donde mis pies me llevaran, lo suficientemente lejos para no tener que pensar en otra cosa que la manera de volver a casa. La brisa de aquella hora, me despejó la mente, ahora tenía una solución. No iba a desistir de permanecer al lado de Kurt a menos de que él no quisiera de verdad estar conmigo, y si su padre era el problema, entonces tendría que convencerlo a él, de que no había otra persona con la que Kurt pudiera estar mejor y protegido. Probablemente él no me creyera mi careta de chico bueno, y no pensaba que se fuera a creer el cuento de que yo era un santo, eso si, yo estaba dispuesto a todo por su hijo y si lo demostraría de alguna u otra manera.

La única cosa que se me ocurría era encararlo, iba a hablar con él y decirle la verdad, que tal vez yo era un desastre, pero Kurt me hacía mejor, y por todas las cosas buenas que él había hecho por mi lo iba a cuidar bien sin importar lo que pasara.

Sería la conversación, más rara e incómoda de todas, porque con ninguna de las chicas que había salido había pasado de su puerta, hablar con sus padres mucho menos.

Así fue como me di cuenta donde estaba, había llegado a un viejo bar al que iba más seguido de lo que debería admitir. Conocía a un par de tipos a los que no les provocaba ningún conflicto dejar que los menores entraran. Por supuesto ellos medían el potencial de quienes iban, sólo gente como nosotros los que estamos curtidos por la mala vida, así se ahorraban los problemas de que algún chico , en un intento por ser audaz terminara muerto allí. Vacilé un momento y luego recapacité, no valía la pena perder el tiempo allí, mejor iría a casa de Kurt en ese preciso instante y lo convencería de volver conmigo.

Iba a dar media vuelta cuando alguien salió del bar. Bajo la luz roja y decadente de la entrada del bar parecía que se había escapado del infierno, pero no importaría en lo más mínimo mandarlo de regreso a golpes. Nunca le iba a perdonar lo que había intentado hacerle Kurt, y lo que él y los otros imbéciles habían causado. Podría hacerlo matado en ese instante, estaba dispuesto a apostar el todo por el todo y deshacerme de él. Pero no podía, no sólo por los testigos, sino por lo que me convertiría si hacía algo así.

-Mira que tenemos aquí-dijo acercándose, mientras los dos sujetos que lo acompañaban aguardaron a una distancia estratégica.
-Lo mismo digo, ¿no deberías estar picando piedra en la correccional?
-Cuando tienes padres con dinero Puckerman todo es posible, lástima que no puedes decir lo mismo-anunció, mientras se echaba al bolsillo la abundante ración de hierba que había ido a comprar.
-Es verdad, yo no tengo quién solucione mis problemas, me encargo de ellos por mi mismo, pero, no veo a tus adinerados padres aquí, así que supongo no estás en posición de defenderte.
-Muy gracioso... entonces, ¿hoy no vienes con tu noviecito?
-No, se quedó en casa-dije sonriendo hipócritamente-ya sabes donde encontrarlo, recuerdo que dejaste algo pendiente.
-Si no te importa entonces, voy a terminar lo que empecé-sentenció.
-Díselo a alguien que le interese. Creo que querías tanto a Kurt para tí sólo que te inventaste eso de que querías hacerlo para fastidiarme...
-¿En serio?-dijo incrédulo.
-Por mí quédatelo.

Se carcajeó por supuesto, pero había logrado que dudara.

-Ya veremos... por cierto, disfruta tu última semana de dominio en la escuela, porque cuando regrese, no creo que te vayas a divertir igual.

Cuando me dio la espalda para seguir su camino de juerga, quise correr y lo hice.

Corrí tan rápido como pude con la única intención de llegar a casa de Kurt, contarle todo y sacarlo de Ohio. Podíamos irnos lejos y vivir nuestra vida sin que nadie interviniera. Entonces, a unas cuadras antes de llegar, entendí que era una locura. No era posibe que semejante idea saliera bien. Dos adolescentes a la deriva en alguna ciudad desconocida era una llamada a más problemas y yo simplemente no podría darle una vida segura y estable. En realidad, yo sólo era un mocoso que pensaba que podía salirse con la suya con tan sólo desear mucho las cosas.

Me quedé de pie frente a su casa, desde donde vi una débil luz al interior. Era probable que Kurt también estuviera despierto, quizá sufriendo lo mismo que yo. Que él hubiera tenido la iniciativa de separarnos un tiempo, no significaba que no le afectaba.

Estaba desesperado, dándole vueltas a lo mismo. Podía decirle al señor Hummel lo que pasaba para que enviara a Kurt a otro lugar, pero él jamás hubiera aceptado sabiendo que yo me quedaba y tampoco era justo que Kurt perdiera su familia,su casa y a la gente que amaba por mi culpa. Nuestros padres no tenían el mismo poder de devolver a nadie a prisión.

Había una sóla manera, la última solución que hubiera querido usar y sin embargo, parecía la única salida. Tenía que mantener alejado a Kurt de mi, peor, tenía que lograr que él quisiera estarlo y sólo podía hacerlo si lo rechazaba abiertamente.

Me quise morir con pensarlo, conocía tan bien a Kurt, que estaba seguro de las cosas que podían herirlo y que tenía que emplear. Todos tenían que saber que él no me importaba, que creyeran que lo nuestro eran habladurías para que cuando aquel bastardo volviera a la escuela se olvidara de querer a usar a Kurt para destruirme. Quizá eso me daría tiempo, aunque tuviera que pagar el precio de perder a Kurt.

No podía volver a la escuela al día siguiente sin poder fingir lo mucho que deseaba estar con él. Era imposible ocultar lo que de verdad sentía, Kurt se daría cuenta al instante. Tampoco podía hablarle de mi plan. Lo había pensado, quería contarle que todo lo que iba a hacerle y decirle no sería en serio, pero era exponerlo demasiado. Él no era tan mentiroso como yo, la capacidad de fingir era un arte que yo dominaba, pero Kurt era un libro abierto.

Cuando volví a la escuela y lo vi junto a su locker, no creí que pudiera llevar a cabo mi plan. Pasé junto a él, sintiendo que su mirada me quemaba y no podía devolvérsela. Conocía cada uno de sus gestos, por eso apenas atisbé un movimiento milimétrico de su rostro y supe que mi indiferencia le había dolido. Un par de pasos delante de él, me sentí tentado a darme la vuelta, abrazarlo y pedirle perdón. Me repetí una y otra vez la razón por la que lo estaba haciendo, en un intento de convencerme que era lo correcto.

Tuve que dejar que lo peor de mi saliera a flote, empezar a pensar con la cabeza fría y decirle a Kurt todas las cosas horribles que se me vinieran a la mente. Y cada vez lo hería más y más, y sus ojos mostraban toda su incredulidad, supongo que al principio no me creyó capaz de dirigirme a él de aquella manera, ni siquiera en broma. Tenerlo en la banca de al lado era un infierno. Yo trataba de no pensar en los tiempos en que, mientras estábamos en clase tocábamos nuestras manos a escondidas o cuando lo abrazaba discretamente de la cadera.

Estaba perdiendo la cabeza y sólo lograba calmarme un poco faltando a las clases donde sabía que iba a encontrármelo. No soportaba estar en la misma habitación con él, teniendo que tratarlo de aquella manera. Y ese sólo era el comienzo.

Pude jugar a ser valiente por un tiempo, mientras estaba acompañado, pero cuando Kurt llegó buscándome al campo de futbol y no había señales de rencor en sus ojos, creí que me daría por vencido. En cambio, podía sentir que conservaba la esperanza de que todo fuera un malentendido. Tuve que hacer un doble esfuerzo para que mis palabras lo hirieran lo suficiente, pero él no se rendía y entonces cuando dijo que estar juntos había sido un error, confirmé la dolorosa verdad.

No había duda de que los dos estábamos concientes de los riesgos de estar juntos, era un hecho desde el principio que no podía funcionar. Y aunque yo lo hubiera sabido, preferí ignorarlo porque me encantaba ser estúpidamente feliz con él.

Ya no había marcha atrás, necesitaba tiempo; alejarlo cuanto pudiera era la única manera de momento. Y mientras trataba de resistir a la tentación de decirle que mi comportamiento era fingido, él se aferraba más, intentando que el telón cayera y yo le revelara la verdad. Cuando lo rechacé de forma abrupta, supe que lo había aterrorizado y roto su corazón. Al ver que se alejaba, me pregunté si estaba haciendo lo correcto y si acaso, tendría una segunda oportunidad.

Cada noche apenas si podía dormir, y mi mamá que parecía estar al pendiente de mis movimientos, me preguntaba si estaba bien, claro que mi cara de insomnio y el plato de comida que apenas picaba, eran prueba de que no lo estaba, porque yo podía comerme un caballo incluso sin hambre.

-Tienes que ponerle un alto Noah-dijo ella, sin sospechar nada de mi plan y sin saber quién había salido de la correccional- tienes que hacer algo o esta situación te va a matar.

-Estoy en eso- respondí, aunque ya no sabía lo que estaba haciendo, ni a dónde íbamos a parar.

Estaba asqueado de todo. Tenía que levantarme para ir a la escuela recordando que debía actuar como el idiota jactancioso de antes. De aparentar ser un machote descerebrado con los nuevos chicos, de volver a jugar al casanova. Aquella fachada me consumía y desgastaba a tal punto que yo era como un robot, fingiendo emociones y reacciones, cuando en el fondo me sentía vacío. Pero los que me rodeaban parecían encantados con ese Puck; yo sabía como darle gusto a la gente.

Creo que me sentía un poco mal por ellos. No eran todos tan idiotas, sólo que todavía vivían del otro lado, como yo lo había estado. La vida fácil, divertirse a costa de los demás, te daba una sensación de poder a la que te acostumbras y la mayoría de esos chicos querían sentirlo y ser aceptados. Cuando estaba con Kurt, ni siquiera tenía esa opción, lo mejor era andar a escondidas. Quizá ninguno de los dos pensáramos en lo diferente que sería si todos nos hubieran dejado ser...

Ahora, yo sólo era el idiota que lo fastidiaba, el que se encargaba de que todos los días le jugaran una mala pasada, teniendo que asegurarme de que él supiera que yo lo aprobaba y por otro lado, velar porque no fueran hacerle demasiado daño. Era patético. No había manera más bizarra de cuidar a alguien a quién quería.

Habría muerto mil veces por estar con él, como aquellas tardes tumbados en la cama besándonos, oliendo su cabello, riéndonos por nada, que perder el tiempo con aquellos chicos.

La consejera escolar llegó un día de esos para que fuera a su despacho. El padre de Kurt y mi madre iban camino a la oficina del director.

Me di cuenta en el lío que me había metido, yo no había llamado a mi madre y seguramente el señor Hummel se había encargado de eso. Ella debía estar preocupada, sorprendida y furiosa por el regreso de aquel chico, y sobre todo a causa de mi silencio. Yo no tendría manera de justificarme, porque no se me había ocurrido nada todavía para deshacerme de él y en cambio, hacía un infierno de la vida de Kurt.

-Estoy segura de que el director Figgins tiene todo bajo control... sus padres tendrán una respuesta y... bueno, no tienes nada de que preocuparte-dijo con la voz temblorosa mientras abría la puerta.
-No estoy preocupado.
-Oh, no no, claro que no y eso es... positivo, pero a veces las discusiones sobre asuntos escolares pueden resultar estresantes, así que, espera aquí.
-Tampoco estoy estresado-dije con las manos en los bolsillos.
-Um.. ah... qué bien... pero insisto-balbuceó y como al parecer no confiaba en que fuera a quedarme después de que ella se marchara a la oficina de Figgins, me condujo al asiento y luego se acomodó detrás de su escritorio-si todos toman las cosas con calma, sé que llegarán a una solución armónica y satisfactoria.
-Dá igual-dije y ella respondió con una sonrisa nerviosa.

Llamaron a la puerta y la consejera dio permiso de pasar.

-Dime Kurt...
-Eh... me envían de la dirección-escuché decir.
-Si claro, pasa pasa.

Kurt se sentó a mi lado y no despegué la vista de la pared de enfrente.

Hubo un largo silencio, mientras que la señorita Pillsbury nos miraba a los dos, sumamente incómoda.

Él tuvo un sobresalto y empezó a titubear.

-Olvidé que me enviaron de la dirección escolar, quieren que usted vaya-dijo al fin, como si le costara mucho trabajo dar el mensaje.

Ella pareció liberada y se puso de pie sin ocultar el alivio de evitar aquel momento tan tenso.

-Para su protección, les pido que no se vayan hasta que regrese- era evidente que su petición iba dirigida a mi- tal vez sus padres quieran llevarlos o casa y así sabrán donde encontrarlos.

Cuando se fue, Kurt y yo , nos quedamos otro rato más en silencio. Podía escucharse a lo lejos, los murmullos dentro de los salones. Iba a apoyar un codo en el descansa brazos y Kurt hizo lo mismo, de modo que nos rozamos. Era ridícula la manera en la que estábamos sincronizados, por supuesto los dos nos separamos rápido.

-Puck...

Me quedé helado cuando lo escuché decir mi nombre, permanecí quieto viendo al frente.

-He pensado mucho sobre si debía hablar contigo o no... entre otras cosas, sólo quiero decirte que no te puedo odiar. Así que no importa lo que hagas, no podré hacerlo.

-¿Por qué?-pregunté al fin, tratando de usar un tono despectivo. Era muy complicado estar ahí solo con él, sin nadie más entre nosotros, no tenía donde esconderme- Creo que fui muy claro, no te quiero cerca.

-La verdad, no me importa lo que hagas o lo que digas, yo sé que no es cierto.

-¡Ja! y ¿por qué estás tan seguro?
-Porque confío en tí-dijo, volteando a verme.

Paseé los ojos con incredulidad en su rostro, tratando de evitar los suyos, pero no podía. Allí estaba su mirada sincera y penetrante, con la que siempre lograba descubrir mis verdaderos pensamientos.

-¿Es que no entiendes que no quiero...?
-Que no me quieres cerca, si, ya lo dijiste. Mira, no digo que voy a perseguirte pero quiero que sepas que entiendo de que va todo esto.
-Sorpréndeme-dije.
-Bueno, la Señorita Pillsbury me ayudó a aclarar algunas cosas y me di cuenta de que finges que no me quieres para que todos crean que no te importo. No lo entendí al principio, pero ahora sé que fue por el rufián, ¿cierto?

No respondí.

-Tu crees que de esta forma vas a protegerme, y como yo traté de hacer lo mismo, te entiendo. Nuestro método fue estúpido, pero tenemos 16 años, así que somos estúpidos por naturaleza.

Hice un esfuerzo por no reírme.

-Como te dije antes confío en ti, porque yo estuve allí cuando todo estaba bien entre nosotros, te conocí y sé que fue real, y esa clase de cosas no se pueden olvidar de un día para otro.

-¿Por qué estás tan seguro de que eres importante para mi?
-No me preguntes, sólo lo sé.

Estaba tan cerca, que podía oler su cabello, era como la primera vez que me enloquecía su aroma, cuando no podía hacer nada al respecto. Lo quería todo de él en ese instante y me vi tentado a decirle la verdad y terminar de una vez con tanto sufrimiento. Pero no podía, y lo peor es que las dos opciones eran egoístas: estar con él por mi propio deseo o mantenerlo alejado por mi idea de protegerlo.

-Tuvimos que habernos preguntado si estábamos dispuestos a comprometernos, lo que significa enfrentar todo juntos, pero ¿cómo demonios podemos hacerlo a nuestra edad?
-No pierdas tu tiempo-respondí, me levanté rápido y salí de la habitación, pese a que no debía hacerlo.

Necesitaba aire, y aclararme la mente, Kurt cerca de mi era una amenaza para mi cordura y ahora que estaba convencido de la razón de mi comportamiento, se me terminaban las armas.

Una vez que mi madre me encontró, descubrí qué tan furiosa estaba conmigo. Al menos, no estaba histérica. Me explicó que el tipo no tenía su lugar tan seguro en la escuela y que en realidad estaba siendo observado muy de cerca. Cualquier actitud sospechosa y sería expulsado irremediablemente. Por supuesto, no reparó en demostrarme su disgusto por haber cerrado la boca.

-Por cierto, el Sr. Hummel quiere hablar contigo-me dijo, yo no había reparado en que él estaba unos metros atrás de ella. Ya me habían confrontado bastante ese día y estaba llegando al límite, lo último que quería era escuchar un sermón-más te vale que te comportes.

Resoplé con inconformidad, pero no me quedaba de otra. El Señor Hummel y yo sólo nos habíamos visto una vez y no había sido nada agradable. En aquel entonces, él no tenía motivos para reclamarme los malos tratos que le daba a Kurt, pero ahora sí que los tenía. Cuando se acercó a mi, rompió el hielo contándome un poco sobre lo que habían hablado con el director Figgins, hasta que se acercó hacia el tema inevitable.

-Mira, no me gusta hablar de esto igual que a ti, pero hay un par de cosas que tienes que saber, número uno: deja en paz a Kurt. No soy idiota, supe lo que has estado haciendo...

Tragué saliva con dificultad.

-Conozco a mi hijo y sé que no se habría aventurado contigo si no te conociera de verdad, así que busca otra forma de cuidar de él, porque no voy a permitir que siga llegando a casa en ese estado.

-Y numero dos:no quise echarte de casa aquella noche, Kurt me pidió que lo hiciera.

-¿Qué?- entonces entendí a lo que Kurt se refirió en el despacho-¿cómo es posible?
-Si me dejas explicarte, no confío en ningún chico para que esté cerca de mi hijo, pero se ve que no hay nadie tan necio y fuerte como tu para cuidarlo. Así que has lo que debas.

Sentenció y después siguió su camino.

Estaba claro que las cosas no se iban a quedar así. No podía fiarme de que la rutina volvería a ser la misma, sin conflictos. Aquel sujeto seguro se traía algo entre manos y probablemente no olvidaría tan fácil la humillación de haber sido golpeado por Kurt. Me imaginé que quizá continuaría su venganza contra mi o en todo caso, iba a querer desquitarse con él. en pocas palabras teníamos cuentas pendientes. Intenté seguir sus pasos, espiarlo, no bajar jamás la guardia.

Entonces se me ocurrió algo brillante, tenía que funcionar. Lanzaría los dados y esperaría. Ese día tendría que ser el decisivo, pero hubo un evento inesperado.

Era la hora en que todos estarían en el coro, cuando vi a Finn, Rachel y Mercedes en el pasillo.

-Mira nada más, el desertor y nuevo rey de la escuela-dijo Mercedes con antipatía.
-¿Qué hacen aquí?
-Disculpa no sabíamos que te estorbábamos majestad.
-Estoy preguntando en serio, ¿por qué no están en el salón de música?
-Se suspendió la clase-contestó con fastidio.
-Mercedes, ¿dónde está Kurt?-le susurré apretando los dientes.
-¿Para qué quieres saber, para seguirlo humillando?
-Deja de hacerme perder el tiempo ¿quieres? te pregunto en serio.
-Pues..., mmm no sé, no lo he visto... creo que no sabe que hoy no hay clase...
-¡Maldición!
-Puck, ¿a dónde vas?

Sentí que tardaba una eternidad en llegar al salón de música y cuando me encontré ante la puerta escuché un alboroto al interior. Abrí, temiéndome lo peor, no quería ver lo que pasaba pero tenía que hacerlo. ¿Era posible que no hubiera llegado a tiempo? ¿Qué todo lo que había hecho había sido en vano? ¿Que había creído prevenir una desgracia y que sólo había provocado que ocurriera?

Allí estaba Kurt con una mirada perpleja, el otro bastardo... no estaba solo y al principio me costó comprender lo que pasaba. Había un oficial de policía sujetándolo por el brazo y a unos pasos de ellos estaba el director Figgins y la consejera escolar. Pasaron frente a mi excepto la consejera y Kurt, cuando sacaron al chico por la fuerza, la consejera se acercó a mi.

-Hoy revisamos los lockers al azar-dijo con un tono que delataba que no había sido al azar realmente- encontramos narcóticos en el locker de ese chico y...

Escuchaba su explicación a medias, mirando por encima de su hombro hacia donde estaba Kurt. que se frotaba los brazos y miraba alrededor con aire abrumado.

-No te preocupes, llegamos a tiempo-dijo dejándonos solos.

Me fui acercando a Kurt poco a poco, avergonzado y todavía con miedo de lo que hubiera podido pasar.

-¿E... estás bien?-le pregunté, sin saber muy bien cómo abordarlo.

Asintió y sonrió levemente.

-Fuíste tu ¿verdad?
-¿Qué?
-Tenías todo bajo control.
-Ya no estoy seguro...
-Bueno, pero tu pusiste la droga en su locker.
-Eso no importa... pero si quieres saberlo, si
-¿Y yo? ¿Te importo?
-Siempre-respondí con timidez- ¿estás seguro de que estás bien?-dije acercándome a él.
-Si, estaba yo solo y él llegó... supongo que tuve suerte de que vinieran por él.

Me costaba trabajo creer que pudiera hablar con tanta tranquilidad, yo sabía acerca de su capacidad para reprimir su miedo o sufrimiento, así que ya me suponía cómo estaba por dentro. Verlo en ese estado, ni siquiera me hacía disfrutar el triunfo de mi plan. En efecto, yo había orquestado todo. No había sido difícil conseguir un poco de la "Cronic Lady" que vendía el señor Ryerson, y mucho menos considerando que el tipo era adicto. Digamos que yo le había hecho un favor a la sociedad. Aunque no podía quedarme todo el crédito, la señorita Pillsbury me había ayudado, proponiendo la "inspección sorpresa".

Sin embargo Kurt tenía razón, habíamos tenido mucha, mucha suerte ¿qué si se hubieran tardado unos minutos más?

-Ya sé lo que estás pensando-me dijo inclinándose para buscar mi mirada- deja de sentirte culpable, no te va bien.
-¿Tu crees?

Me sonrió.

-Kurt, yo... no sé cómo pedirte perdón por todo lo que te dije, y lo que te hice-espeté atropelladamente, cerrando los ojos porque me avergonzaba-me siento... arrepentido... yo... hice todo mal.
-No es cierto, en todo caso ya también me equivoqué... hice cosas que no debía.
-Si, pero tu no me insultaste, ni me avergonzaste frente a todos... estaba desesperado-dije en lastimeramente.
-Es verdad pero yo sé que creíste que era lo correcto..., me arrepiento mucho de haberte pedido que te alejaras de mi, y de haber involucrado a mi padre.
-Por él no te preocupes, habló conmigo.
-¿¡Habló contigo!?-gritó, abriendo los ojos y tomándome de la manga de la camisa mientras se tapaba la boca con la otra mano-¡No puede ser!
-Pues así fue, y en realidad, resulta que es menos temible de lo que pensaba; gracias a ti si que logró asustarme antes.

Se empezó a reír y al instante sentí que el corazón me latía de nuevo. Extrañaba tanto esa risa.

-Entonces, ¿Me perdonarías por arruinarte la vida?
-Puck, imbécil, eres el mayor y mejor error que he cometido ¿cómo no podría perdonarte?

Le sonreí y mientras me acomodaba en una de las sillas lo atraje hacia mi regazo, él me rodeó el cuello con los brazos. Pude aspirar otra vez el aroma que desprendía su cabello y ya sin poder resistirlo acerqué mis labios a los suyos, pero al primer roce él retrocedió.

-Aunque tengo una condición, hay algo que deberás cumplir Papá Noel.
-Lo que sea.
-No te va a gustar-dijo mordiéndose el labio, fingiendo preocupación-pero es un pequeño precio a pagar.

Una vez que me dijo al oído su deseo, intenté protestar. Era demasiado cursi para mi, y Kurt lo sabía. No me quedaba más remedio que aceptar, considerando que no me merecía tener las cosas tan fáciles.

-Hecho-dije y antes de que pudiera decir otra cosa lo besé con desesperación y por fortuna, el me correspondió de la misma manera. Pasee las manos por todo su cuerpo, en compensación por el tiempo perdido y con un poco de miedo de que todo fuera una ilusión y Kurt se desvaneciera de mis manos.

No podía respirar y no me importaba, le iba a dar el beso más largo y apasionado de la historia, que no lo quedara duda de que era la única persona a la que deseaba. Cuando nos separamos, le susurré con voz entrecortada que nos fuéramos a casa, a otro lugar, a donde fuera para terminar lo que había empezado.

-Tranquilo vaquero-dijo cuando pudo respirar- tengo clase y tu también.
-Kurt, deja de hacerte el difícil-supliqué.

Pegó su nariz a la mía con una sonrisa pícara.

-Si te sirve de consuelo, dicen que el sexo de reconciliación es el mejor.

La sóla idea me enloqueció y volví a besarlo de tal manera que quería hacerlo cambiar de opinión.

Claro que no lo logré, Kurt tenía más autocontrol y la verdad es que me tenía merecida la espera.

Salí antes de clase y Finn me acompañó a esperar a Kurt afuera de su salón. Finn le dió unos sorbos al slushie.

-¿Qué crees que haces? Te lo vas a terminar.
-Estás exagerando... ¿qué dices que hacemos aquí?
-Cállate ya verás.

Unos minutos antes de que sonara la campana, entré al salón de Kurt que me miró estupefacto por mi irrupción. Me disculpé con el profesor y lo saqué arrastrándolo del brazo.

-¿Puck, me puedes explicar que estás haciendo?- me dijo, vio a Finn recargado en los lockers y este lo saludó con un ademán.

-¿Entonces ya están bien otra vez?-preguntó Finn, sorbiendo de nuevo y se detuvo cuando lo miré de forma asesina.

-Puck...-dijo Kurt impaciente.

Le hice una señal para que esperara y cuando la campana sonó al fin y los primeros alumnos empezaron a salir de las aulas, supe que había llegado el momento. Iba a dar el paso más importante e irreversible de toda mi vida.

Lo tomé de las manos y luego puse una rodilla en el suelo.

-¿Pero... qué demonios...?- dijo Kurt, intentando que me pusiera de pie, pero lo ignoré.
-Sé que me pediste algo ridículo...
-¿Y esta es tu venganza, hacer un ridículo mayor? Está bien, si no quieres que te ponga un sobrenombre cursi, olvidémoslo.
-Déjame terminar, sólo quiero que todos sepan que estoy loco por ti y que no quiero esconder lo que siento.

Kurt se sonrojó, apenado también por las miradas de los otros.

-Y que gracias a ti, soy muy feliz- me puse de pie y lo vi directo a los ojos- y como sé que te he humillado...

Entonces le quité a Finn el slushie de las manos, di un paso hacia atrás y me lo eché en la cara.

-Y esto ni siquiera se acerca a todo lo que te hice-le dije completamente empapado.

Él paseó su mirada en mi y después saltó a mis brazos, besándome con fuerza a pesar de que su camisa se manchó de la bebida azul.

-Yo también te amo-dijo contra mis labios.
-Yo te amo más.