Capitulo 4: Rojo

El lugar al que se refería Saga era un restaurante, algo alejado de la ciudad, que se encontraba lleno de asiáticos. Amplio totalmente recubierto de una madera perfumada y tapices de color negro con adornos en color borgoña.

El hoster saludo cordialmente a Saga diciéndole algo así como "Señor hace mucho tiempo que no nos visitaba", el peliazul solo le sonrió secamente. El hoster llamo entonces a uno de sus mejores acomodadores para que les llevara a la mesa que Saga siempre utilizaba cada vez que iba ahí.

-Oye Saga, ¿eres cliente frecuente?- le pregunto el detective mientras examinaba inquisitivamente una extraña pasta rosada con puntos verdosos, su pareja le miro extrañado, tomo uno de los palitos de pan y le hundió en la pasta.

-¿Esta bueno no quieres?- El castaño negó, aquella pasta tenía un olor raro y más que eso si le gustaba a Saga entonces era un sabor por demás particular, no entendía como era posible que alguien despreciara una hamburguesa por un plato de viseras sazonadas.

-No gracias, pero no me respondiste- El psicólogo si que se enojo ante la insistencia que presentaba el otro, aun que realmente este era un motivo secundario seguía molesto por lo que había pasado en la casa, su extraña platica con el padre Shaka y lo que intentaba decirle. Era odioso sentirse así.

-¿Es una respuesta importante?- se volvió completamente para mirarle y hablarle sarcásticamente- Que ganas si te digo que si o que no, Aioros por favor no insistas con algo tan trivial- inclinando la cabeza de cierta manera dejo al descubierto un par de moretones en su cuello, unos moretones que Aioros conocía muy bien por que él se los había hecho.

Una forma sutil de invitarle a que guardara silencio, una acción de culpa, clara y concisa, Saga adoraba esa parte de si mismo…y lo reflejaba en sus ojos aun que estos no fuera visto por Aioros.

El mesero llego a salvar de aquel silencio fatal al moreno entregándole la carta a él y a su pareja. Aioros abrió el menú ocultando la mitad del rostro bajo el mismo, y entonces lo vio, esos mismos ojos que no eran propios de un psicólogo, incluso diferentes en todos los aspectos a los de Saga, el tono verde azulado de sus ojos era un tono de fría muerte. El peliazul al sentirse observado devolvió la mirada agregando a la macabra escena de la que era testigo el detective una sádica sonrisa.

-No entiendes nada ¿verdad?- Cambiando totalmente sus facciones por unas más gráciles, le sonrió de nuevo pero esta vez con plena dulzura, lo que obviamente desconcertó al castaño que negó dos veces con la cabeza- Ya veo, ordenare por los dos… dos menudos especiales por favor.

Anotando lo que querían el mesero se retiro y con esto la actitud de Saga mejoro aun más, se levanto de su asiento para besar a su novio y volverse a sentar enfrente de él como si nada hubiera pasado.

-Los viernes suele hacer concursos de bebidas en este lugar-la pasta rosa volví a ser invadida por otro palito de pan- para entrar debes tomar una mezcla que se llama "ángel azul", es divertido en verdad, lastima que no sea viernes- un mordisco al palito que enterró nuevamente en la pasta- ¿sabes lo que te dan en esa botellita azul?

-¿Que tiene que ver eso en esto?

-Nada y todo- de nuevo sonriéndole, refirmándole lo mucho que le amaba, saco de su bolsillo la ficha donde venia grabado SF- cada botella trae una ficha de estas, cada mes cambian de color y en este mes el color es rojo.

La copa de vino que se encontraba en la mesa tambaleo hasta verter su contenido en la mesa, todo por el fuerte golpe que Aioros soltó con los puños cerrados sobre la mesa, Saga le miro divertido, no se esperaba esa reacción, alzando su propia copa para que no sufriera la misma suerte que la del castaño. Los demás clientes comenzaban a murmurar y a dirigirle una que otra mirada despectiva a quien armaba tal escándalo.

-Lo siento- le miro de lado intentando que en su rostro se formara una sonrisa- creo que este día estoy demasiado sensible.

-Ya me di cuenta- El mesero regreso trayendo consigo una bandeja hueca con un plato de salsa rojiza en el centro y trozos de carne oscura a los lados- Gracias, Aioros quizás no sea relevante pero pienso que el asesino es un extranjero.

Aioros aun sonrojado por su anterior actitud se volvió para mirarle tras haberle dado un vistazo a la carne que le hera servida, e imitando a su compañero tomo dos o 3 trozos bañándoles con aquella salsa rojiza, para su sorpresa el sabor era agradable.

-¿Por que lo crees así?- tomo un poco de vino tinto antes de arrancar de su brocheta improvisada otro trozo de carne.

-Ve el lugar al que vino, ¿vez alguno "patriota" aquí?- sus ojos inspeccionaron curiosos el lugar, encontrándose que efectivamente todos los presentes eran extranjeros- Tu perfecto homicida no es más que un extranjero y con dinero, este lugar no es nada barato, educado por que no lo ha demostrado.

No se dijo nada más ambos se sumieron dentro de sus pensamientos buscando ese algo que faltaba en el caso de Aioros y en el caso de Saga ¿Qué es lo que estaba haciendo mal?

Terminaron de comer y gracias a los contactos del peliazul pudieron obtener la lista de participantes de aquella noche, pero la mitad eran solo sobrenombres que no sirvieron realmente para nada.

-En donde quedaron los nombres comunes.

-Cuando entras en un concurso realmente no quieres llamarte Arturo o Gabriel, necesitas un nombre que te de fuerza y seguridad.

-Yo trabajo con criminales todos los días y te diré que no hay uno solo que tenga esta clase de sobrenombres- con la punta de dedo anular comenzó a buscar aquellos que a su parecer eran los más "normales"- Cabeza de toro, Sangre negra, Cobra rosada- Saga soltó una pequeña risita al escuchar el ultimo sobrenombre- por que te burlas del pobre Cobra Rosada, por que no es venenosa ya la vas a despreciar, por que mira que ya es suficiente tragedia el hecho de que este rosada.

-No es por eso, bueno lo admito si es un poco por eso pero no lo es del todo, mira estas acostumbrado a nombres como…Demonio o Hijo de Satanás, pero esos sobrenombres que acabas de mencionar son los más infantiles los que te parecen "raros" tienen un verdadero significado, por ejemplo un equivalente de Demonio es Rhaska en hindú, tienes que tomar en cuenta que no es lo mismo nuestra forma de vida a la de ellos lo mismo pasa en el lenguaje.

-Y a ti te encanta darme esas lecciones verdad- por un instante el peliazul frunció el ceño, disgustado por la entonación que daba el otro a sus palabras- En mi vida he trabajado en muchos casos parecidos a este, pero no se en verdad que tienen este en especial que hace que se me calen los huesos.

-Solo necesitas descansar Aioros- El moreno pudo leer en los ojos de Saga una mirada maliciosa la cual respondió al entender a lo que este se refería.

-Con el pecado capital que tengo por novio no creo poder descansar mucho- sonrió cuando vio formarse un puchero en los labios del psicólogo, muy pocas veces este se dejaba llevar por un comportamiento tan infantil y eso le encantaba- Es que eres la soberbia en persona, no hay nadie más que tenga la razón, eres la ira cuando tomas las cartas en tus manos…pero para mi siempre serás lujuria que me insita con una sola mirada y me mata con un beso

Ya en el hogar del detective, Saga se encontraba recostado en la cama, escuchando unos extraños ruidos provenir del baño, Aioros llevaba ahí más de 30 minutos. Preocupado por eso sus esmeraldas brillaron un segundo antes de ir y tocar quedamente la puerta.

-¿Qué es lo que tienes?- le pregunto mientras se recargaba de lado en la puerta- mejor dicho ¿Qué medicamento necesitas que te traiga?

-No lo se, tengo revuelto el estomago- ni bien terminaba de decir eso cuando de nuevo se inclinaba para vomitar- creo que me hizo mal la comida.

Una sonrisa maliciosa se escapo de entre los labios del peliazul, mientras murmuraba por lo bajo un "te lo merecías".

-Puede ser que tengas razón, la carne que comimos es un platillo típico de Asia, es una especie de carne tipo tártara- se llevo un dedo a la boca pensando como podría expilárselo mejor a su pareja- Miran son trozos de carne bañadas en una salsa especial, se les mete en una pequeñas ollas hasta que su color cambia a un rojo oscuro, cuando esto pasa hacen una salsa de frutillas rojas y nueces, bañándole con esta salsa.

-Me llevaste a comer carne cruda…

-No, no es carne cruda digamos que esta 2 quitas partes- su celular comenzó a sonar, en la pantalla se podía leer numero publico-Si habla Saga…Eres tú, ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames de un teléfono publico?...sino quieres que te trate así mejor no me hables…disculpas aceptadas.

Entre tanto el castaño había dejado de vomitar al parecer su estomago por fin le dejaría en paz, alcanzando a escuchar algo de la conversación de la conversación de su pareja.

-Lo siento se me olvido que era hoy… No, esta bien dame la dirección de donde estas y voy por ti… quien te entiende, me sacas de quicio…Si estoy con Aioros…no tengo que pedirle permiso ni decirle a donde voy…mira mejor cállate que no estoy dispuesto a seguir discutiendo contigo por teléfono… que no es verdad- Saga comenzaba a fastidiarse por lo que sobaba con insistencia sus cines tratando así de prever un futuro dolor de cabeza, es que el hombre al otro lado de la línea podía ser tan terco en ocasiones-entre tu y yo sabes que hay unos lazos irrompibles, no puedo dejarte ni creo que tú me dejes.

Colgó el teléfono guardándole en el porta celular colgado a su cadera, justo en ese momento Aioros salio del baño había alcanzado a escuchar un poco más de la conversación de Saga con aquel sujeto. Si su pareja era tan selectiva con sus amistades, siendo sinceros no le conocía ningún amigo o amiga, solo compañeros uno que otro que el peliazul apreciaba en cierta medida pero nada más, así que una llamada de ese tipo quería decir mucho y nada al mismo tiempo.

-¿Vas a salir?- le pregunto curioso cuando le vio entrar al cuarto que compartirían el resto de la tarde, o por lo menos esos eran los deseos del detective, desgraciadamente estas no eran las intenciones de Saga.

-Si, nos vemos mañana para cenar- El frió se podía escuchar claramente en su voz y algo más que solo frialdad reflejaba su rostro, sus facciones se descomponían levemente en muestra del enojo que le invadía en esos momentos.

Saga parecía otra persona, no era quien Aioros había conocido, claro que nunca fue una persona, demasiado cariñosa, demasiado espontánea; Pero en estos momentos a lo único que parecía es que Saga luchaba con todas su fuerzas para no hacer algo contra él, ¿pero que?

Tan solo se había perdido unos instantes en su mente que cuando volvió a la realidad, el peliazul ya no se encontraba más en su casa, ni siquiera se despidió de él.

Aun así no daría marcha atrás en su proyecto le propondría matrimonio, ¿quizás Saga ya se había percatado de eso?, ¿seria acaso esa la razón por la cual el psicólogo le traba de esa forma?

El teléfono comenzó a sonar, sin negar que por su mente el primer pensamiento que cruzo fue el de que Saga había cambiado de parecer y quería ver si aun estaba en casa le asalto, grande fue su desilusión al escuchar la voz de su hermano.

Su padre así como el resto de su familia habían dejado de hablarle cuando se enteraron de las preferencias sexuales de Aioros, por tal motivo le sorprendió esta llamada, aun que su hermano aun le hablaba de vez en cuando no era normal, algo en el tono de voz que utilizaba se lo decía.

-Hermano, tienes que venir…nuestro padre esta muriendo y…

-No digas más haya voy- Quizás el vivir tanto tiempo con una persona te lleva a compartir una que otra costumbre, como la que acababa de suceder, Aioros normalmente alegre se comporto muy frió y colgó sin dar explicaciones.

¿Como saber si iba a ir?, ¿Sus palabras eran sinceras? Preguntas como estas rondaban en la cabeza de su hermano un chico de brillantes ojos verdosos de nombre Aioria, el actual "primogénito" como lo había ordenado su padre, aquel que traería de nuevo la decencia al hogar…pero más que nada quien conservaría el apellido.

En menos de dos horas de camino Aioros se detuvo en frente de la vieja casita pintada de blanco, con dos grandes macetones en la entrada, un pórtico algo desvalido por el tiempo…todo era como lo recordaba en su infancia, una sonrisa distraída se formo en sus labios al recordar aquellos tiempo.

Aioros había crecido dentro de una familia estable, de clase media alta, su padre no comenzó a caer en excesos sino hasta que el detective cometió el error de decirle que le gustaban los hombres, ironías de la vida, el primer y único hombre que le presento fue a Saga…creyendo engañosamente que la perfección que este poseía podría demostrarle que incluso como homosexual se podía triunfar. En aquel entonces quería que el brillo del éxito de Saga le hiciera brilla también a él, después de aquella breve visita, su padre no volvió a contestar ninguna de sus llamadas ni cobrar los cheques que se iban almacenado, amontonándose uno sobre otro, acumulando un dinero del cual solo el banco sacaba provecho. Ante estas negativas por parte de su padre y el resto de su familia ya no volvió a buscarles, ni siquiera a mandarles dinero.

Como todos los niños, cuando son pequeños quieren imitar a sus padres, el padre de Aioros fue un gran detective en su tiempo, el pequeño castaño siempre quiso ser como él en cuanto entro a la academia el primer fantasma que debía vencer era el hecho de ser el hijo de su padre, debía demostrar que valía por si mismo.

Vacilo al tocar el timbre, pero finalmente se decidió, una de sus hermanas le abrió la puerta con un claro enfado dibujado en el rostro, la furia de su padre parecía haberse también apropiado de sus hermanas de forma exponencial.

-¿A ti quien te llamo?- pregunto descortésmente Ester con su típica flema

-Eso no te importa no pienso dejar que el viejo se muera así…

-Ya veo así que lo que tú quieres decir es que vienes a atormentarlo más dentro de sus desgracias, eres tan patético Aioros, lárgate de aquí antes de que me enoje en verdad.

Una mano sujeto con fuerza la puerta para evitar que Ester le cerrar la puerta en las narices a Aioros, se trataba de su hermano Aioria, la casa de los dos morenos se regia por un régimen patriarcal y ya que su padre estaba a punto de morir el señor de la casa era Aioria y sus hermanas no podían contradecir esto, quizás el pequeño Stefan podría pero con tan solo 12 años de edad, no entendía muy bien por que su hermano mayor era tratado de esa forma, a los ojos del pequeño no había hecho nada, de hecho Stefan no conocía a Saga.

-Yo le llame, déjale pasa- Ester a regañadientes se aparto de la puerta dejan pasar a Aioros quien solo tenia ojos para su hermano, y en los ojos de este Aioria solo podía encontrar preguntas que ni él mismo le podría responde, como el hecho de ¿por que se encontraba ahí?

Ya a solas en el pasillo en frente de la recamara de su padre, los recuerdos le golpeaban la mente, todo parecía igual a como lo dejo la ultima vez que estuvo en esa casa, enfrente de la recamara de su padre se encontraba la suya, un temblor le invadió por completo, estaría igual su habitación como el resto de la casa…el árbol en el que su madre solía medirlos toco gentilmente con sus ramas la venta a un lado de Aioros, como dándole la bienvenida, Aioria había entrado unos instantes para decirle a su padre que Aioros se encontraba ahí. Curioso asomo la cabeza a través de la ventana, a lo lejos aun podía ver al ganado pastando, a las ovejas sonando escandalosamente las campanas que traía atadas al cuello junto con los corderitos que saltaban de un lado para otro, esa escena le hacia creer que el tiempo no había pasado que todo era una mentira.

-Aioros pasa- la voz de su hermano le saco de su ensoñación- ¿Estas bien?

-Si, no es nada

-Creo que deberían hablar a solas…no te preocupes nadie les molestara- el menor de los hermanos le sonrió con ternura al tiempo que le empujaba para entrar en el cuarto cerrando tras de si la puerta.

El castaño avanzo lenta y desganadamente hasta el lecho en el que descansaba el cuarto de su padre, jalo una silla labrada de roble para sentarse en ella aun lado de la cama del viejo.

-Padre se que nuestra relación no ha sido la mejor en estos últimos años hace tan solo 2 años aun me hablabas, no crees que es irónico- el viejo que hasta entonces le daba la espalda se volvió para mirarlo directamente a los ojos, de acuerdo con Aioria este ya deliraba y no solía formar muchas frases coherentes.

-Aioros, perdóname es solo que…no soy un buen padre.

-No hay nada que perdonar, pero con esto tampoco quiero decir que puedas hacer que cambien quien soy…de hecho si Aioria no me hubiera llamado, el próximo domingo tenia pensado hacerlo- un leve sonrojo adorno sus mejillas- quería decirles que me casaba con Saga.

El anciano le miro horrorizado, crispando todo su cuerpo, sus ojos azules fijos en los de su hijo, la boca entreabierta dejando salir un pequeño hilo de saliva, apenas y se podia ver una lengua ligeramente morada y el rostro encendido.

-Tú no te puedes casar con ese hombre- por fin logro formular una frase.

-¿Por qué?- pregunto dudoso el detective a su padre

-Jack esta es una misión de dos…no fue mi culpa, no debí matarle así…ese niño lo vio todo- para Aioros su padre ya había comenzado a alucinar, intento salir pero la mano de su padre le sujetaba con fuerza de la manga de su camisa- Esos ojos verdes me miraban como si yo fuera el criminal, de su cuello colgaba un pendiente pendular de cristal…el pendiente se mancha con la sangre de aquel hombre, el niño llora y a lo lejos se puede escuchar que lo llaman por su nombre…

Aquellas fueron las ultimas palabras del padre de Aioros antes de morir, su hijo piadosamente cierra los ojos abiertos del cadáver y sale del cuarto para anunciárselo al resto de su familia.