Capitulo 5: El extranjero

El taxi en el que viajaba Saga se detuvo enfrente de un de los hoteles más elegantes de la ciudad, el psicólogo que normalmente poseía un total autocontrol de si mismo, en estos momentos lucia como un niño primerizo.

Todo ese nerviosismo se debía a que lo vería a él, se pregunto si su vida no hubieras sido diferente de haber aceptado la propuesta de ese extranjero, negó levemente haciendo balancear sus largos mechones azulados, para sacarse de la mente esa idea que no solo resultaba imposible sino que también absurda.

-Saga, eso no es propio de ti- Escucho de nuevo esa voz tan familiar, con ese asentó que denotaba que su poseedor, aun que habilidoso en el manejo de diversos idiomas, aun conservaba el timbre de su tierra natal.

-¿Entonces que es lo que seria propio de mi, maestro?- Le contesto en un perfecto francés, girando sobre sus talones, le vio…un hombre de larga y rojiza cabellera, que años le recordaba a un río de sangre por su brillo, pero lo más atrayente de ese joven de 32 años eran sus ojos de fría caoba- Camus, no debiste haber venido…por lo menos no ahora, no es el momento y lo sabes.

-Siempre tan calido Saga, yo que esperaba que después de 3 años de no vernos me dijera algo más animado- fingiendo inocencia en su voz e ignorando por completo al peliazul continuo- ¿No me extrañaste tanto como yo cariño?

-No te queda esa fachada de niño bonito Camus- el que respondía a ese nombre le miro entre indignado y ofendido- te lo dije por teléfono…o es que comienzas a padecer de de los típicos complejos de la edad.

-Eso me tiene sin cuidado Saga- rodó sus ojos con fastidio, ¿acaso tenia que enséñale todo de nueva cuenta?

-Puede que a ti no pero a mi si, y si eso es a lo único que has venido me retiro tengo cosas más importantes que hacer que estar discutiendo del existencialismo aquí contigo…espero que nuestra siguiente reunión sea tan calida como esta o quizás más depende si se trata de tu funeral estoy seguro que será exageradamente dulce- Lo había hecho enojar más tan solo levemente, Saga siempre fue así desde que lo recordaba, no le gusta que le llevaran la contra ni que mandaran en su vida.

Ante los ojos del mayor Saga seguía igual que siempre, no había dejado de ser el mocoso irreverente que se divertía sacándolo de sus casillas y no solamente a él sino a toda la servidumbre…que tiempos aquellos, todo seria mejor si se hubiera quedado como en aquel antaño, si tan solo Saga no tuviera esa obsesión de nombre Aioros, podrían al final ser felices.

-Te invito un café- propuso el pelirrojo tomando a al psicólogo del brazo sin darle tiempo a este de si quiera protestar, cosa que de todas formas no deseaba hacer, él si le había extrañado…extraño su risa, sus ademanes, extraño cada partícula que conformaba su existencia, por que para Saga, el único que le entendía a la perfección era aquel pelirrojo que una vez le confesara que lo amo…

-Al bulevar- le indico Camus a su chofer una vez que se subió junto con Saga su limosina- Saga, dime no has pensado en volver a Francia, conmigo.

El gemelo le miro sorprendido, le sonrió compasivamente mientras entrecruzaba los brazos y afirmaba con la cabeza, para después agregar, con una voz un tanto lánguida.

-Si lo he pensado pero no puedo- su sonrisa se volvió más prominente- no puedo dejar a Aioros.

Una nube gris cubrió la frente del pelirrojo, que evitando el contacto de las verdes orbes de su compañero se giro hacia la ventana, sonrió melancólico y sin volverse continuo.

-Sabes no llegué hoy llevo cuatro días aquí- la frialdad que reflejaba en esos momentos la voz del francés, hizo que Saga temblara, recordó como la persona que se encontraba sentada a su lado le enseño todo aquello que sabia, incluso lo financió durante su carrera, lo domo…le enseño a temer.

-¿Que tanto estuviste haciendo?- pregunto temeroso incluso de sus propias palabras, sabiendo en que clase de negocios se movía el francés y que él supiera de momento no tenia ningún tipo de inversión en ese lugar.

-Tu sabes un poco de todo- se volvió mirándole sádicamente mientras sacaba de uno de los bolsos de su saco una cajetilla de cigarros- ¿Te molesta si fumo?- el menor negó débilmente, Camus le sonrió convidándole uno que el psicólogo negó, abrió la ventana de la limosina para que saliera el humo- Además que importa lo que vine o no hacer, para mi lo que me interesa, no corrijo, lo único que me importa es el verte…

-Señor llegamos- la grave voz del chofer les distrajo. Se encontraba enfrente del bulevar, Camus despidió a su chofer por las siguientes dos horas, le llamaría cuando lo necesitara, para entrar más tarde con el peliazul al bello café con música de saxofón de fondo.

-¿Qué es lo que desean ordenar?- pregunto un muchacho que fungía como mesero en aquel lugar.

-Un express bien cargado y un capuchino de crema irlandesa- le contesto sin ver la cara de molestia de su acompañante, como odiaba que eligieran por él, aun que la elección que había hecho Camus fuese del todo acertada.

Estas dos personas se completaban de tal forma que muchas veces no eran necesarias las palabras, se adelantaban a las acciones de cada uno, una especie de simbiosis difícil de explicar, más para Saga ya que este tenia un gemelo de nombre Kanon y se decía que los gemelos poseen esa característica de saber como esta el otro, pero la excepción a esta supuesta regla era el psicólogo que nunca entendió a Kanon del todo.

-Sabes que no me gustas que decidas por mi- le recrimino una vez que el mesero se fue, como el mismo Camus odiaba los espectáculos.

-Lo dices por el bastardo de tu padre- No por nada había vivido con aquel joven tanto tiempo, se jactaba de conocerle tan bien como así mismo- Saga cuando aprenderemos a dejar el pasado en el pasado…no me digas que te has vuelto abstemio por un abuso durante tu infancia- le vio fruncir el seño pero aun así no se detuvo- Cariño recuerda que yo soy tu maestro en todos los aspectos de tu vida, o ya se te olvido aquella noche en Venecia donde te me entregaste, donde te demostré lo que es en verdad hacer el amor…quizás no me haya llevado ni tu inocencia ni tu virginidad, pero si me lleve algo mucho más importante, la primera vez que realmente lo hiciste con placer, fui el primero en saborear tu esencia.

Un fuerte escalofrió sacudió el cuerpo del menor al recordar aquella mencionada noche y no solo esa sino las que le siguieron, un fuerte sonrojo lo ataco de golpe y con modestia ladeo el rostro dando así la victoria al pelirrojo que le sonreía lascivamente.

-Además ahora estas con ese fracasado detective y seguro que de vez en cuando le das el placer de tocarte, de hacerte el amor, no quiero que me mientas, entendido…de todas formas yo lo sabría.

El mesero les entrego su orden, Camus tomo el express y Saga el capuchino, ambos dieron un solo sorbo, era el turno del psicólogo para defenderse.

- A todo aquel que logra tener lo que tú no has podido le llamas fracasado, es una conducta normal entre los seres humanos- le miro inquisitivamente- y no te tengo por que negar o afirmar si me acuesto o no con Aioros- Ese nombrecito comenzaba hacerle odioso al francés, pero al mismo tiempo se moría de ganas de conocerle, siendo sinceros ya le había investigado y no parecía una amenaza.

-Buena respuesta aprendiste algo después de todo- sonrió satisfecho volviendo a beber de su café.

-Ya dime el por que estas aquí- insistió, no se dejaría engañar por la linda apariencia de Camus, ni mucho menos por las falsas palabra que este le dedicaba a menudo, se había acostumbrado a leer entre líneas y el francés le ocultaba algo, es verdad que tenían pensado verse un par de días antes del lanzamiento de su nueva novela, pero llegar con 4 días de anticipo y sin avisarle era muy sospechoso.

-¿Quién dijo que no me importaba lo que hacia en tu vida personal?, creo que se aplica lo mismo en mi caso no tengo…es más no quiero decírtelo, sino te hubiera llamado ni siquiera te habrías percatado de mi presencia, estas demasiado ocupado preparándote para el gran día o ¿me equivoco?.

-Tramposo.

-No Saga, trampa no es valerse ni del ingenio ni de las debilidades de los demás, recuerda a Mao en muchas ocasiones el peor enemigo es uno mismo.

Lo primero que paso por su mente en esos momentos fue "al diablo la filosofía barata" pero Camus no solo se refería al pequeño hecho que acaban de vivir, a ese duelo que estaba sosteniendo sobre asuntos triviales aparentemente, sino algo más profundo…se refería aquello en lo que Saga había consagrado su vida y más que eso a los hechos que estaban por darse.

Siguieron platicando por dos horas más, de lo que habían hecho cada uno después de que se vieron por última vez, de lo mucho que se extrañaban e incluso del pasado que añoraban y el futuro que deseaban.

Parecían como dos viejos amigos encontrados en una cafetería, nada fuera de lo común, ni siquiera parecían que minutos atrás hayan dicho tanto en tan pocas palabras…solo eran amigos tomando el café, cuando en realidad habían compartido muchísimo más que una simple amistad

-Es muy noche te quedaras en mi hotel ¿verdad?- le cuestiono sensualmente el pelirrojo al psicólogo que afirmo levemente, aun que solo fueran las 8 de la noche

En los pensamientos del gemelo se encendió una pequeña alerta, al parecer no iría a cenar con Aioros, tendría que arreglar ese problema.

-Si solo deja que arregle un pendiente- marco un numero en el celular y espero con impaciencia a que le contestaran, por fin sonó un calido hola- Kanon te tengo que pedir un favor.

-Si dime hermano- le contesto aquella voz tan parecida a la suya

-Tengo que ir con Aioros a cenar pero me encuentro ocupado de momento, ¿podrías ir por mi como las otras veces?- le interrogo suavizando la voz.

-No creo que deba, además te quería hablar de eso… Aioros es tu pareja ¿esta bien que le mientas?- un pequeño gruñido escapo de los labios del mayor

-No te pedí tu opinión ni un consejo si quiera, solo te pedí que fueras con él- termino diciendo ligeramente molesto, esta molestia la noto su gemelo que suspiro resignado, hasta cuando le tocaría representar ese papel, esta bien que Saga se encargaba del cuidado de los dos. Seria justo entonces que su gemelo recibiera algo cambio de esos cuidados que le prestaba.

-Esta bien, ¿En donde es la cita?- aun que este no lo pudiera apreciar el psicólogo sonrió ampliamente siempre obtenía lo que quería de todos y eso incluía a su muy amado hermanito.

-A las 9 en su departamento, quiero que regreses a casa a dormir entendido, te quiero hermano, adiós- sin más que decir y sabiendo de antemano que Kanon le obedecería colgó.

Para Kanon las cosas eran muy diferentes, la primera vez que Saga le había pedido que lo sustituyera en una de sus citas con Aioros no le dio importancia pero cuando estas se volvieron más o menos frecuentes comienzo a pensar que su hermano tenia una aventura de la cual no quería que su pareja se enterara. Pero igual que las otras veces ya lo había decidió, él debía seguirle el juego a Saga…no negaba que le daba pena el detective, las veces que había estado con él este era tan dulce con él, Saga había sido muy afortunado en encontrar a alguien que lo amara de aquella forma, por lo mismo no entendía el por que del comportamiento de su hermano.

En la limosina del pelirrojo, Saga se dejo abrazar por este todo el camino hasta el hotel donde se hospedaba.

-Aioros no sabe que tienes un gemelo ¿verdad?- le pregunto después de un rato en el que esa pregunta se mantuvo revoloteando fastidiosamente en su cabeza.

-Nunca se lo dije, el piensa que soy hijo único, ¿no es gracioso?

-No te molesta entonces que haya habido por lo menos una vez en la que haya besado a Kanon pensando que eras tú.

-¿Debería?, él piensa que soy yo así que no me engaña y celos de Kanon, no puedo tener celos de mi hermano, hubo un tiempo en el que los tuve pero ahora no.

Camus sabía que se refería al tiempo en el que su padre le violaba mientras que Kanon dormía placidamente en su camita, cuando su madre le consentía más al menor, cuando él solo era un espejo de su hermano. En aquel entonces el del carácter dominante era Kanon, es risible que los papeles se hayan cambiado de esa forma. Había sin embargo algo más en eso, Kanon sufría de culpa, una culpa por no haberse dado cuenta de lo que sucedía en su propia casa y esa misma culpa lo llevaba a comportarse tan dócilmente con su hermano complaciéndole en todo lo que este deseaba.

Subieron por el ascensor al piso en el que se encontraba la habitación del pelirrojo, sin percatarse que unos ojos negros habían visto este hecho y no lo aprobaban.

-Shura, el cliente no esta esperando- le reclamo una chica pelirroja llevándose lejos al pelinegro que respondía a ese nombre.

Esa misma noche "Saga" escucho muy atentamente el relato sobre la muerte del padre de Aioros, le consoló dulcemente. En ocasiones Aioros quedaba desconcertado ante estas actitudes, pareciera como si Saga fuera otra persona y en esta ocasión esa sensación fue más fuerte de lo normal.

Aioros le hablo de cómo había muerto el viejo en su presencia era como si lo esperara para morir. Muy poético hasta el mismo se regaño pensando ya de antemano que es lo que le diría "Saga".

-Quizás quería disculparse contigo, los padres no pueden odiar para siempre a sus hijos, ¿No lo crees, Aioros?- de nuevo persistía esa sensación, aun que le importaba más que la persona que amaba estuviera a su lado en ese momento tan difícil.

Puede ser que en los últimos años la relación del detective con su padre no fuese buena, pero eso no quiere decir que el mismo no le quisiera. No podía dejar de querer simplemente aquella persona que represento todo en su vida, aquella que fue su modelo a seguir a la que aun pasado los años de su tierna infancia con lideraba como su héroe, por él se había vuelto detective, por él era lo mejor que había en el departamento. Suena a simple vista que Aioros podría ser clasificado como una persona dependiente de la aprobación de su padre, una persona inmadura en el habito emocional, un hecho que aprobaría esta teoría , no solo es el medio en el que se desarrollo, un patriarcado, sino también la ausencia de su madre ya que esta murió tras dar a luz su pequeño hermano, al ser el mayor de la familia su padre había dispuesto su entera confianza a un joven de 17 años, en la ciudad eso no seria nada nuevo incluso podría haber cierto rechazo de parte del menor, pero en las comunidades que forma el entorno rural esa era la máxima prueba de hombría. Aioros se dedico en alma a complacer a su padre, convirtiéndose en el hijo modelo. A pesar de todo lo que hemos dicho, Aioros no poseía una personalidad débil y eso lo demostró años más tarde cuando se decidió a decirle definitivamente a su familia sus preferencias las cuales no cambio ni bajo las amenazas de su padre.

En el polo opuesto en el que ocurría esta escena el verdadero Saga comenzaba despertar al sentir los calidos rayos del sol golpeando, la noche había sido larga y tanto él como el pelirrojo se durmieron ya de madrugada.

El gemelo termino por despertarse completamente, girándose para ver a su compañero encontrando el lugar vació, una clara sonrisa de complicidad se formo en sus labios, Camus aun seguía siendo un ave madrugadora, de todo el tiempo que le conocía ni una sola vez le vio despertar a más de las 7 y en el transcurso del día aun que no hubiera dormido lucia tan fresco como una lechuga. Una puerta cerrándose le llamo la atención volviendo sus forestas hacia el baño de donde salía su compañero perfectamente cambiado con las puntas de su largo cabello aun húmedas.

-Pensé que querías dormir un poco más por eso no te desperté- le recrimino sentándose en una de las cómodas sillas delante de la cama- ¿Quiere que pida el servicio al cuarto?

-Solo quiero fruta, no tengo mucho apetito- Camus sonrió tiernamente ante la inapetencia del otro- ¿Qué no me lo vas a recriminar?

-Esta vez no, pero será un plato grande de fruta- llevándose un dedo a los labios se entretuvo pensando que tipo de fruta era la mejor, tanto por la estación, el día y las necesidades alimenticias del gemelo- Sandia, melón y melón chino, si esas son las mejores

El gemelo comió y llamo a casa para saber como estuvo la cena con Aioros, Kanon le contó que el padre de este estaba muerto, Saga balbuceo un te veo luego y colgó. Soltando una sonora carcajada por la muerte del viejo, le odiaba como a nadie más, después de aquella visita en la que Aioros prácticamente le obligo a ir a verle y no solo eso sino también esas cartas que llegaban a su despacho con la inconfundible letra cuadra de ese hombre.