Capitulo 6: La cena.
El joven abogado de 27 años fue prácticamente arrastrado por su esposa, para ver a un cliente justo en el momento preciso en el que Saga y Camus subían al elevador, los últimos no le vieron pero si les vio Shura.
Shura había sido compañero de Aioros en la escuela, en la secundaria y preparatoria, eran dos buenos amigos que como todos los chicos de su edad siempre andaban metidos en uno que otro problema.
Shura aun que acepto las preferencias de Aioros, nunca le gusto que este estuviera saliendo con Saga. Para él Saga era un persona anormal, demasiado frío, muy prepotente … incluso en una noche de copas con el detective, en la que misteriosamente, alegaría después, fueron a caer con una bruja…Shura le pregunto si Saga no le había hecho vudu o tenia amarrado a Aioros.
Saga era una mala espina y el pelinegro lo sabia, cuando hablaba de esto con su esposa Marín, la cual cabe destacar que ya estaba más que harta con esta mentada discusión, solía decirle que cuando se encontraba con Saga le dolían los huesos, ese peliazul o era un brujo o bien una mala persona, por que solo le pasaba esto cuando veía a gente de esa calaña.
Lo cierto es que a Shura no le simpatizaba Saga por que sentía que este se había llevado a su mejor amigo.
Toda la mañana se le había pasado paseándose en su habitación, pensando si debería decirle lo que vio a Aioros. Por un lado este era su mejor amigo debería creer en sus palabras, pero si Aioros llegaba a pensar que él tendría celos de Saga y todo lo decía dominado por los celos. Si Marín le engañara ¿Le gustaría que se lo dijeran?.
Por fin se decidió le diría a Aioros que vio a Saga irse con un pelirrojo, pero incluso lo que vio podría ser refutado con facilidad. Encendió la televisión buscando algo en que entretener su mente, con el comando a distancia paso por los primeros 5 canales sin que nada llamara su atención hasta que llego a las noticia.
-El famoso millonario Camus Depardieu- decía la reportera, mostrando en la pantalla unas imágenes del pelirrojo a quien había visto en compañía de Saga el día anterior.
En el reportaje mencionaba que este sujeto era el único heredero de la familia Depardieu y que siempre se encontraba viajando alrededor del mundo, algunos de los negocios en los que se encontraba el francés y conocidos del mismo…incluso se llego a mencionar que para verlo había que hacer una cita con por lo menos 3 años de anticipo pues su agenda siempre se encontraba atascada.
El ruido seco del comando a larga distancia sonó en el cuarto cuando Marín preocupada por la actitud de su esposo toco la puerta asustando a Shura que dejo caer el mencionado aparato.
-Cariño ¿te encuentras bien?- pregunto la pelirroja realmente preocupada
-Si, en un momento bajo a desayunar no te preocupes- trato de afinar su voz puesto que en esos momentos esta se negaba a salir- ¿Quién eres Saga?- termino murmurando antes de apagar la televisión.
Un hombre que tenia tales influencias no era un hombre cualquiera, si Saga conocía a esa clase de gente es que no era un simple psicólogo. Camino como zombi hasta el teléfono marcando el número de la casa de Aioros.
-Si, ¿Quién habla?- escucho la voz del castaño un tanto cansada, se pregunto mentalmente si realmente debería responde a aquella pregunta- No estoy para juego, quien es o…
-Perdóname Aioros, soy Shura pero es que me distraje un segundo- Aioros sonrió incluso rió un poco, Shura siempre fue así de cortes incluso cuando ya tenían varios años de haberse conocido seguía tratándole de esa forma- Oye no te rías- esa fue la gota que derramo el vaso Aioros ahora reía ampliamente.
-Lo siento pero tú tienes la culpa- tomando aire un par de veces recobro la compostura para continuar- ¿Para que me querías?
-¿Estas con Saga en este momento?- debía llevar la conversación hacia donde quería y como abogado no se le ocurría otra forma
-No, se fue hace una horas, ayer el noche cenamos y se quedo a dormir en mi casa…dijo que tenia que entregar unos papeles por eso se fue temprano.
-¿Anoche cenaste con él, seguro?- su voz sonó extraña, ahora comenzaba a dudar de lo que vieran sus propios ojos, ¿era posible que hubiera visto mal? Solo había una posibilidad que Saga no se hubiera quedado mucho tiempo con Camus…aun así por la hora y la distancia, es lo menos probable.
-Shura no pienses mal, solo cenábamos yo estaba muy mal para hacerle algo más que unas codornices en salsa- Afortunadamente Aioros había malinterpretado las cosas, por lo cual agradeció mentalmente- Mira llego a las 9 y cenamos una hora después.
-Bueno no importa, solo quería invitarlos a los dos a cenar- recordó que el cliente para el que trabajaba un excéntrico dueño del estadio estatal, un hombre rico e influyente le había invitado a él a su esposa y dos amigos a la cena de gala que organizaba cada año
-¿En tu casa o en donde?
-No, mira el señor Rickestes para el que trabajo actualmente me dio 4 entradas para asistir a la fiesta de gala, que él mismo organiza, de este año…me encantaría que Saga y tú vinieran es esta noche- tendría que decirle a su esposa que les había invitado, por que hasta donde la pelirroja sabia, no irían- Se que es muy precipitado y que probablemente ya tengan planes…pero de verdad me gustaría que fueran.
-No creo que haya problema Shura- Siguieron hablando por más de media hora, hasta que Aioros se percato de la hora y colgó agradeciendo de nueva cuenta la invitación
Justo después de colgar le mando un mensaje al celular de su pareja pidiéndole que fuera a verlo a su oficina.
Saga iba bajando de la habitación de Camus por el elevador cuando su celular comenzó a sonar avisándole que había recibido un mensaje. Lo leyó y sonrió con ternura
-Aioros parece que aun eres un niño- Tomo un taxi que le llevo directo a su casa, se dio un baño rápido, cambiándose de ropa una muy ligera e informal.
Vestía una camisa de mangas ligeramente acampanadas, de color azul marino con cuello en v, pronunciado, con un pequeño listo que unía ambos extremos de la prenda, muy al estilo oriental, el borde del cuello era de color dorado, unos pantalones negros de talle recto que le daban el justo toque de formalidad que necesitaba. Su piel blanca lucia aun más por el contraste de los tonos oscuros que vestía.
Tomo un taxi en la avenida central que lo llevo hasta donde trabajaba el detective, al bajar del vehiculo un par de prostitutas se le insinuaron.
-¿A donde vas precioso?, ¿necesitas compañía?- le atajo en la entrada una rubia de exuberante figura que vestía un ajustado vestido rojo chillante que apenas y alcanzaba a cubrirle.
Las 4 prostitutas eran llevada a pasar una corta estancia dentro de la cárcel, era sujetadas por dos policías uno de ellos conocía bien a Saga el otro solo era un novato.
-Ya veo que las perras saben reconocer a las de su calaña- le dijo en voz alta el policía al novato, aun que sus palabras no fueran para este. Sánchez era amigo de detective negro, Wilson, que había pedido unas semanas de vacaciones después del encuentro que tuvo con Saga.- Chicas ni se molesten a ese le gusta el arroz con popote…aun que podría ayudarles en su trabajo.
Saga adelanto su caminar para llegar antes que los policías y las prostituías que comenzaba ya a mofarse de él cerrándoles la puerta de departamento de policías en el rostro, con suficiente tino como para golpearle el rostro a Sánchez. Sonrió con cinismo antes de tomar el ascensor que lo llevara al segundo piso donde trabaja su amante.
Entro en la oficina de este y no le vio por ningún lado, seguro se encontraba hablando con su jefe, cerro la puerta y al hacerlo se percato que en el estante que quedaba al lado izquierdo de esta había una pequeña cajita azul con su nombre.
-¿Qué pretendes?- Decidido a tomarla camino hacia el estante aun que la caja se encontraba en el último nivel así que se tuvo que parar de puntitas para alcanzarle, cuando sus dedos apenas y la rozaron, unos fuertes brazos le sujetaron por la cintura obligándole a desistir.
-No seas curioso eso viene más tarde- El psicólogo hecho el cuello hacia atrás para hablarle al oído a su pareja, dejándole al mismo tiempo disponibles sus labios y cuello cosa que el castaño no desaprovecho y comenzó a devorarle con ansias.
Pudieron llegar a algo más pero el sonido de la perilla girando y el picaporte rebotando les hizo detenerse, en el preciso momento en el que el jefe de Aioros entraba en el oficina de este.
Miro atentamente a los dos chicos que lucían aun sonrojados y no se atrevían a mirarle a la cara, se disculpo sabiendo que había entrado en un mal momento, a él no le importaba lo que hicieran o dejaran de hacer los oficiales a su cargo, claro siempre y cuando no fuera algo ilegal, mientras hicieran bien su trabajo. Le entrego un fólder amarillo al detective agregando que podría tomarse la noche libre como lo había solicitado, antes de despedirse de ambos cortes mente.
Saga por su parte inquieto se fue a sentar en la silla del detective esperando que este terminara de hablar con su superior.
-La próxima vez cerramos con llave ¿no te parece?- le pregunto con una sonrisa picara en el rostro, Saga solo suspiro y giro el asiento para que diera a la ventana, Aioros aprovecho esto para bajar la pequeña caja azul que entes el gemelo buscaba, saco algo de su interior guardándolo en su bolsillo izquierdo.
-Oye, ¿para que me querías?- Se volvió para encontrar el rostro de Aioros muy cerca del suyo, tanto que un nuevo sonrojo adorno su rostro, evitando esa mirada tan penetrante volvió su rostro mirando el reloj que marcaba las 4:30 de la tarde.
Aioros complacido con la respuesta de su pareja le tomo del rostro para obligarlo a mirarle, cuando lo logro paso una mano por los azulinos cabellos de Saga peinándole de esta manera, delineó su cuello y labios antes de sellar sus labios con los del psicólogo.
-Saga, creo que ambos estamos plenamente enamorados- se hincó en el suelo tomando una de las manos del otro entre las suyas- yo te amo como nunca he amado a nadie y llega el momento en el que las relaciones no funciona como lo han hecho hasta el momento, creo que es tiempo de pasar al siguiente nivel.
Saga lo escuchaba atentamente con las pupilas dilatadas mientras su corazón bombeaba a toda su capacidad, estaba emocionado y no podía ocultarlo.
- ¿Saga, te casarías conmigo?- pregunto tímidamente antes de sacar la pequeña cajita de terciopelo de su bolsillo y abrirla delante del peliazul mostrando una hermosa argolla de compromiso- Se que no tengo mucho que ofrecerte pero me honrarías si decides aceptar.
-Tonto- los latidos del corazón del moreno parecieron detenerse, por el tono tan frió que escucho de las palabras de Saga- A mi no me importa nada de eso, no soy un fanático ni de los bienes ni de la comodidad…eres un tonto si te preocupa eso, yo te quiero a ti solamente a ti… y si acepto
Suspirando profundamente Aioros podría jurar que volvió a escuchar como su corazón latía normalmente o incluso con un poco más de bríos. Tomo la sortija de la caja y se la coloco en el anular a peliazul que ahora ya no seria su novio sino su prometido.
-Debemos ir a festejar- le tomo de la mano dejando su oficina cerrada con llave antes de partir en su automóvil con el gemelo- Iremos a la fiesta de gala de la familia Rickestes, apenas y nos da tiempo para cambiarnos.
-Momento, como que vamos a ir, sabes que hay que llevar invitaciones- Aioros se volvió sacando del sobre blanco que se encontraba en el asiento de atrás dos invitaciones que le dio a Saga- ¿De donde las sacaste?
-Me las mando Shura es su abogado y se las dieron- Saga sentía la misma simpatía hacia Shura que este asía él, pero lo sabia disimular muy bien.
Primero pasaron a la casa del peliazul a recoger algo de ropa antes de ir a la del detective, cambiándose en esta ultima, Aioros lucia un precioso frac negro con una camisa blanca, mientras que Saga prefirió un traje un tanto mas informal con una camisa de seda color palo de rosa con botones color melocotón, sin corbata.
Llegaron a la fiesta en el coche del gemelo que insistió en que llevaran el suyo, el lugar estaba repleto de gente famosa, en la política, los espectáculos, las finanzas, etc. Para Aioros era un mundo raro, para Saga era como estar en casa.
-Pero mira muchacho como has crecido, te nos habías desaparecido- una mujer ya mayor llamo la atención de Saga y de su pareja saludándole efusivamente, se trataba de la baronesa de Lancrel luciendo como siempre todas las joyas que podría cargar sin irse de boca- Saga no sabia nada de ti desde Viena o fue en Londres.
-Me disculpo por mi descortesía baronesa, pero había tenido asuntos pendientes-Los ojos de la baronesa se pasaron de los del peliazul al castaño y le sonrió con complicidad.
-Ya veo que estaba muy ocupado, mira que eres un rompe corazones, no me presentas al caballero- Saga volvió a sonreír. Aioros no entendía esa actitud, ni mucho menos como conocía a ese tipo de gente.
-El es mi prometido, Aioros
-Vaya al fin vas a sentar cabeza, me alegra por ti muchacho aun que se que alguien no va estar muy conforme con esa decisión…Camus tuviste tu oportunidad pero lo dejaste ir, ahora nuestro niño se casa.
En la cabeza del detective esa palabras no le sentaron muy bien, ¿Quién era Camus? Y cual es la relación que tenía con él gemelo. No se consideraba celoso pero el tono que utilizo la baronesa no le gusto para nada.
Despidiéndose cortes mente se dirigieron a ocupar la mesa que les correspondía, Shura y Marín ya habían llegado, les saludaron y comenzaron a platicar. Aioros no prestaba mucha atención a la platica, ya que no podía evitar fijarse como varios de los comensales veía al gemelo y le saludaban como viejos amigos, claro que no fue el único que le sorprendió esta actitud el pelinegro a su lado tampoco paso por alto este hecho.
Hacia rato que Camus había visto llegar a Saga, pero no había encontrado el momento preciso para acercársele, al fin lo encontró después que la señora de Valvuena se acercara a su mesa para saludar a gemelo.
-Saga, hace tiempo que no te veo- sonrió al posar sus manos sobre los hombros del psicólogo y sentirle temblar- aun que no has cambiado nada sigues siendo igual de guapo que antes.
Camus como todo rico era un excelente actor, se volvió hacia los otros tres mirándoles con aparente vergüenza, disculpándose por no haberles saludado.
-Disculpen caballeros, señorita- haciendo una reverencia ante Marín- creo que no me he presentado mi nombre es Camus Depardieu, en verdad siento haberme portado tan descortés, pero es que deben de entender la alegría que me invadió al ver de nuevo a Saga…este niño me dejo después de varios años.
-Si estas tan resentido a que vienes- le reclamo el gemelo con sarna- deja que te los presente ellos son Shura y Marín, son esposos- señalando a los ya mencionados, Camus tomo la mano de la pelirroja entre las suyas dejando un ligero beso sobre esta y estrecho la mano de Shura.- Y el joven castaño aquí presente es mi prometido, su nombre es Aioros- recalco las ultimas palabras.
-Mucho gusto en conocerte Aioros, me alegro por ti, de verdad que tienes un exquisito prometido, te envido tienes suerte.
Sin lugar a duda ese era el Camus al que la baronesa se refería, se sintió impotente, al ver el mundo del que venia el gemelo, un mundo que él nunca podría darle, Camus Depardieu era uno de los hombres más ricos del mundo, como es posible que Saga prefiera un simple detective sin clase a un hombre con él.
-El placer es mió y en realidad creo que si tengo suerte de que Saga desee casarse conmigo- reafirmo sus palabras abrazando fuertemente al peliazul.
-¿No te importa si le doy un regalo a tu novio entonces?- Aioros negó débilmente, cosa que Camus aprovecho para quitarle a Saga de los brazos y sacar un cajita alargada de su bolsillo, durante el movimiento pudo ver la argolla que lucia en la mano el gemelo, una argolla barata a su parecer, pero que en aquella mano lucia por demás perfecta. Saco de la caja un broche antiguo, hecho con las puntas de los cuernos de ñu, perfectamente afilados unidos por el centro con un pequeño disco de oro con tres círculos pequeños dibujados y recalcados con plata, el círculo más pequeño se encontraba una flor de lis, en los dos siguientes se podían distinguir pequeñas flores grabadas, sin duda alguna era un trabajo arqueológico. Se lo mostró a Saga que ni siquiera se inmuto ya estaba acostumbrado a esa clase de regalos por parte del pelirrojo, como traía el cabello suelto Camus tomo una par de mechones y les sujeto con aquel extraño prendedor.
-Contento, ahora si nos permites, estábamos platicando de algo importante- le sonrió tranquilamente mientras que sus ojos le amenazaban con que sino partía se arrepentiría de por vida.
Como sabia Camus que irían a esa fiesta, no dudaba que el pelirrojo tuviese gente siguiéndole las 24 horas del día, para un Depardieu nada era imposible incluso conseguir una invitación a ultima hora o bien él habría sido quien insistiera a Rickestes para que le diera las invitaciones a Shura si esto ultimo era verdad entonces ¿como sabia que Shura invitaría a Aioros? Saga sabia que él y Shura no se llevaban y que siempre buscaba la manera de que se apartara de Aioros, ¿Podría ser que por un descuido Shura supiera de su relación con Camus? O peor aun ¿Qué tenia un gemelo?. Tendría que esperar un poco más para preguntarle a Camus cual de sus conjeturas era la correcta.
-Saga- era la cuarta vez que llamaba a su pareja desde la llegada del pelirrojo, que seguramente era su ex, se había comportado por demás extraño. Puso una de sus manos sobre el hombro del psicólogo moviéndole para que despertara de aquel transe, cosa que logro.
-Lo siento Aioros ¿me decías?- Camus estaba logrando lo que quería desconcentrarle, estaba cayendo en su juego, no podía permitirse ese lujo.
-¿Qué si quieres bailar?- Saga afirmo, tomando de la mano a Aioros antes de ir directo a la pista de baile, la primera parte de la melodía era lenta y romántica, ambos se dejaron llevar por el amor que se tenían entregándose a esos momentos de paz.
Aioros llevo una de sus manos a la cabeza del peliazul acariciando sus mejillas y labios como siempre lo hacia antes de besarle, pero esta vez el beso fue diferente, al intentar profundízalo colocando su mano tras la nuca de Saga, el broche que le regala Camus le pincho un dedo haciéndole sangrar, sin duda alguna esos cuernos se encontraba bien afilados y más con la punta de metal con la que estaban rematados.
-Te lastimaste, déjame ver- Con mucho cuidado Saga tomo la mando del detective y se dispuso a analizar la herida- sabias que estas cosas normalmente estaban envenenadas… aun que Camus nunca me daría algo así, podría pincharme yo mismo y eso no le agradaría- bromeo al mirar que la herida aun que era profunda no era grave, se llevo a los labios el dedo lastimado del detective saboreando el saborcillo metálico de la sangre.
-Creo que deberé sentirme agradecido por que tu amiguito no tenga esa clase de intenciones- le siguió el juego a Saga apretando los dientes cuando la lengua de este paso varias veces sobre la herida.
-Camus no es mi amigo, nunca lo fue…es mi maestro- reviso de nueva cuenta la herida asegurándose que no siguiera sangrando, sonrió cuando noto que no lo hacia- Es alguien de mi pasado, aun que creo que él aun se siente mi dueño.
Esas últimas palabras preocuparon seriamente al detective, que prefirió volver a mesa a tomar algo antes de que sirvieran la cena. Camus les miraba desde la barra muy discretamente sabia que el único que se percataría de esa vigilancia seria el mismo Saga.
