Capitulo 8: El pecador se confianza

Todo ocurrió tan rápido, su cabeza le daba vueltas y se encontraba sumamente mareado. Nunca podría olvidar el momento en que le vio tirado en el piso de granito en el jardín, negó diez vez lo que sus ojos veían; Como creer que una persona con tal fortaleza, tan centrada, tan capaz… intentara un acto tan atroz, por que Aioros sabia perfectamente que se trataba de un intento de suicidio, tal vez no del todo conciente pero si con tal fin.

A bordo de la ambulancia solo tenia ojos para Saga que con el rostro rasguñado y una que otra herida de considerable tamaño, ni siquiera podía respirar por si mismo, necesitaba ayuda de una horrenda mascara.

La camisa blanca del detective estaba manchada con la roja sangre de su prometido, incluso antes de que llegara la ambulancia le había limpiado los labios, después de comprobar que este hecho no le lastimaría más de que se encontraba.

Ahora lo único que sus fuerzas le permitían era sujetar aquella pálida mano que lucia aun más pálida por la perdida de sangre.

-Señor debe de soltarlo nosotros no encargaremos de él.- le hablo un de los paramédicos golpeándolo con la cruel realidad.

Le soltó sintiendo que con ese único movimiento se le estaba prohibiendo ver al psicólogo y él tranquilamente debía aceptarlo. Sus ojos no se apartaron de la camilla hasta que hubo atravesado la puerta giratoria del hospital y uno de los paramédicos que permanecía a su lado le llevaba a realizar todo el papeleo correspondiente.

Habían pasados aproximadamente 24 horas desde que le informaron que Saga había vuelto en si y no paraba en reclamos y suplicas hasta conseguir que el medico le diera permiso de ver aquel.

Dos horas después de que el psicólogo hubiese despertado le había mandado a llamar, una solemne figura, tan habituada aquellos lugares como a su misma casa de oración se mecía por los corredores. Como siempre que entraba a un hospital aquel aro de tristeza nublaba sus ojos azules, se acomodo la sotana y sonrió amablemente a la enfermera que le esperaba para llevarlo con Saga.

Al cerrar la puerta del cuarto claramente escucho la voz de Aioros pero prefirió ignorarla al recordar cual era su misión y anteponiéndola a sus sentimientos humanos entro.

Alguna vez, todos nosotros, hemos soñado con ese abismo negro y sin fondo que nos precipita, con la soledad y el silencio mortal que nos rodea. Saga despertó en aquella oscuridad y al abrir de nuevo los ojos se dio cuenta que él mismo emanaba esa oscuridad vertiginosa.

El padre le miro pensativo unos instante decidiéndose si era correcto que él rompiera el incomodo silencio en el que se encontraban. El caudal de sus pensamientos se detuvo con brusquedad al escuchar el rechinido de los resortes de la cama, volvió la vista para encontrarse con aquel par de esmeraldas rotas.

-Padre perdone que no me levante, pero como ve no me encuentro en las mejores condiciones- le sonrió tranquilamente señalándole una silla a su costado

-No faltaba más, Saga- se sentó acomodando una pequeña biblia con un rosario de carey sobre su regazo- ¿Quieres decirme por que lo hiciste? Sabes que el suicidio es el peor de los pecados cometidos ante los ojos de Dios.

-Por eso me gusta padre, nunca se va por la tangente- bajo la vista reflexionando un poco sus siguientes palabras-La verdad es que me sentí atraído por el vació.

-Sabes que no es cierto, ¿Por qué no me tienes la confianza suficiente como para decírmelo? ¿Es por Aioros?

Los ojos verdes centellaron con fuerza y un ligero temblor se alcanzo a apreciar en este seguido por un suspiro prologado.

-No es del todo su culpa, es mía, me deje guiar por la ingenuidad de creer que en este mundo aun podía ser feliz-"No eres nada" las palabras de Camus resonaban en su cabeza sin darle tregua- Yo no merezco ser feliz ahora me queda muy claro, no quiero dañar a Aioros.

-Hijo mío todos merecemos ser felices, no tienes por que condenarte- lanzo una mirada inquisitiva a la puerta- además Aioros no para de preguntar por ti, esta preocupado y lo sabes, lo único que logras con la actitud que estas tomando es que realmente el que termine en una cama de hospital por un colapso nervioso se él… quiero que pienses en eso muy seriamente, ¿no pretendes escucharlo? ¿Serias tan caprichoso y tan arbitrario como para no darte cuenta de lo mucho que te ama? y tomar una decisión tan radical o tajante.

No dijo nada más, Shaka se encontraba sumamente molesto, como podía el psicólogo decirle que era por el bien de Aioros si cada vez que veía al detective junto a este una sonrisa siempre adornaba su rostro y sus ojos brillaban con ese brillo que solamente puede dar el verdadero amor. Claro que Aioros había tenido también sus dudas e incluso se fue a confesar con él pero entre ambos había una química difícil de romper.

-No lo sé, pero quiero pensar que lo que hago es lo mejor para los dos- levanto la mirada, de nuevo aquellos orbes estrelladas como cristales de cuarzo; La mirada de un niño desvalido que busca respuestas que no quiere encontrar.

-Saga…- Un pastor no puede escapar a una mira así, intento decir más pero la voz le falto al ver a joven darle la espalda. El brillo en sus ojos había desaparecido, dando la sensación de que la oscuridad había absorbido todo rastro de humanidad en aquella criatura. Se puso en pie y le abofeteo, Saga alzo la vista y le sonrío.

Una sonrisa extraña basto para descolocarlo completamente, no era sin duda la sonrisa sino el cuadro completo. Los ojos sin brillo como dos pozos de acuarela que te invitaban a sumergirte en ellos para no ver la luz nunca más. Shaka retrocedió sin poder apartar aquella extraña sensación que dominaba su cuerpo, agito la cabeza cerrando los ojos con fuerza al abrirlos Saga seguía de espaldas a él.

Solio molesto de aquel cuarto, la cabeza le dolía lo mismo que el pecho, no sabia bien el por que pero de pronto se sentía decepcionado como si aquello en lo que creía de pronto terminara por ser menos que nada, pero aquello que le desepcionaba no era el amor.

-Señor tiene que entenderlo el joven Gemenaus apenas y esta conciente de lo que pasa a su alrededor se siente aturdido y me temo que, aun que él no lo dice, su cuerpo debe de estarle punzando-Aioros no se sorprendió ante el galeno, recordaba bien que le habían dicho que poco falto para que se fracturara algo más que un par de costillas, pero Saga, como era su costumbre, no dejaría que nadie supiera lo mucho que le dolía todo en esos momentos a pesar de las fuertes dosis de analgésicos que le había inyectado.

-Me lo ha repetido miles de veces y no puedo consentir en escucharle una vez más, lo siento doctor pero necesito verlo- como ultima carta agrego en tono demandante- Mi trabajo no puede esperar y necesito saber como esta mi prometido… piense usted el problema que le traería a este hospital si digamos- El alumno había aprendido más de un truco que no le importaba representar- un detective "incomodo" y con conexiones se metiera a jugar un rato, a demás el nombre tanto del paciente como de la familia a la cual pertenecía la casa donde este se accidentó están en juego.

-La verdad es que no puedo permitirle el paso- Aioros parpadeo un par de veces incrédulo tratando de encontrarle sentido aquellas palabras sin tener éxito, el galeno al ver que le tenia que dar más información soltó al fin- Se me ha pedido que bajo ninguna circunstancia le deje entrar, fue una orden del joven Saga.

-Me esta mintiendo, él nunca diría algo así- sujeto a galeno del cuello de la bata amenazándole- Fue Camus esa es la única solución razonable.

Las miradas sorprendidas que se posaban sobre el detective le hicieron soltarlo, el medico le sonrío con amargura entendiendo en cierta medida su preocupación, se arreglo la bata quitándole toda importancia al abruto comportamiento del detective.

-Por lo mismo me pondría en un dilema medico el dejarle pasar…- mientras el galeno hablaba consigo mismo, el detective ya había visto la forma de entrar a ver a Saga, ya que nadie custodiaba la puerta.

En un descuido había corrido como niño pequeño escapando del sermón del maestro que le ha prohibido a su discípulo el tocar algo. Cuanto más grande es la prohibición más grande es la tentación.

-Señor…- solo alcanzo a escuchar detrás suyo cuando hubo emprendido la marcha.

Saga después de la visita del padre Shaka, habido gastado la poca fuerza que le quedo cayo en una ligera ensoñación, regresando en si de aquella vertiginosa vorágine de luces y sombras, cuando Aioros, molesto ante la prohibición hecha entro cerrando la puerta con seguro para que nadie los interrumpiera, se quedo quieto sin saber que hacer por primera vez en muchos años.

Solamente mirando al psicólogo, tenia los ojos cerrados y los labios entre abiertos, esta era la única costumbre infantil que no había podido superar, al moreno le gustaba verle así, le prefería indefenso y sin la mascara de frialdad que solía tener.

-Pensé que aun te encontraría despierto-hablo en voz alta mientras que una bella sonrisa se colaba en sus finas facciones, con pasos lentos, temiendo que lo que no hizo su voz lo hiciera el más mínimo ruido, termino sentado aun lado de cuerpo de Saga- No he tenido demasiada suerte últimamente.

Sonrió acariciando los suaves mechones azulinos que se mostraban necios a dejar su posición natural. Un suspiro apagado salio de sus labios al darse cuenta de lo mucho que le hacia falta verlo.

-¿Es verdad? - su mano se dirigió hacia los carnosos labios de su amanté apenas y tocándolos con la punta de sus dedos- no lo entiendo, por mucho que le doy vueltas al asunto- guardo silencio sorprendido de lo que estaba a punto de decir- niégame lo que me han dicho, dime que nada ha pasado y te creeré

-No puedo negar lo que te han dicho por que es verdad. En realidad solo tenian que acatar una simple orden- abrió los ojos fijando su mirada azul verdosa en los ojos del detective este dio un paso a tras de forma instintiva, había tomado ya una decisión y no se retractaría pero aquello que veía en ese par de ojos profundos y tormentosos no le gustaba nada- ¿Te resulta difícil entender que no quiero verte?

-Entonces es verdad, por un momento de verdad creí que…

-¿Cuantas neuronas ocupaste para razonarlo? por que seguramente son más de las que usas para abrir un frasco, vamos Aioros no eres un niño de preescolar o un retrasado, entraste a la fuerza te pido que te largues tu presencia me enferma… no me hagas perder más mi tiempo, además tengo que llamar a Camus para que recoja mis cosas me voy del país

El castaño sabia de antemano que Saga resultaba hiriente si se veía en desventaja, con el las palabras no eran suficiente para entenderle, las sobrepasaba, las palabras cambiaba de significado con una facilidad alarmante. Para el psicólogo no todo lo que se hacia era lo que debía ni lo que decía la verdad o falsedad sino una mezcla de ambas.

Seria absurdo negar que aquellas palabras le causaban dolor y mucho, pero no eran estas las que le herían cruelmente en lo más profundo de su alma sino la mirada que el psicólogo le dirigía. Le miro tranquilamente a los ojos, esa sonrisa altanera no se apartaba de su rostro pero un destetillo dorado le hizo pasar su atención a su mano. La sortija seguía ahí prueba irrefutable de que no todo lo que decía era cierto.

El psicólogo siguiendo rápidamente la analogía de que Aioros permaneciera en relativa tranquilidad después de la sorpresa inicial, los ojos del detective se habían apartado de los suyos por una milésima de segundo pero suficiente como para que Saga lo entendiera todo.

Paso su mirada sobre el objeto que había llamado la atención de su pareja, la pequeña sortija dorada que relucía en su mano derecha, sin mucha algarabía la retiro dejándola sobre el tocador del cuarto y con un pequeño empujoncito la lanzo hacia el castaño.

-Te devuelvo tu compromiso- giro el cuerpo para darle en lo posible la espalda, más este gesto igual que el anterior no era sino vergüenza. El padre Shaka tenia razón era un egoísta pero Aioros no se merecía lo que podría pasarle si seguía a su lado- Ya no tienes nada que hacer, por favor vete y no te preocupes Camus vendrá a encargarse de mi.

La mención de aquel nombre le hizo hervir la sangre, entonces era verdad, aquella parte violenta de su ser rompió las cadena que le ataban dejándose llevar por los instintos básicos de un animal, le amaba y le demostraría que era el único capaz de hacerlo.

Un par de fuertes manos le sujetaron por los hombros obligándolo a voltearse y encontrarse con los nada amistosos ojos aceitunados del detective.

-Mírame Saga, si me vas a rechazar dímelo cara a cara- la presión que ejercía sobre los hombros del psicólogo se hacia más intensa con forme pasaban los segundos y este no contestaba.

-Vete, yo no te amo y nunca te ame- una sonrisa sarcástica adorno sus labios- Como crees que puedo amar a un pobre muerto de hambre, piénsalo bien…tengo el cielo con Camus y contigo lo único que me espera es la decadencia.

Por un instante le soltó aventándole contra el colchón de forma despectiva, estaba valorando el irse pero no podía su vida dependía de tenerle entre sus brazos ¿A que grado se había entregado al psicólogo? Ya ni el mismo lo sabía. Le tomo de las muñecas aplastándolas con tal fuerza que la intravenosa se enterró sin piedad en la piel del más joven.

Saga no protesto solo entrecerró los ojos, molesto y arrugo el entrecejo como respuesta por las acciones del detective. No entendía si se debía a la sorpresa, al dolor físico y emocional que le estaba causando, la persona por la que algún día pensó dejarlo todo… incluso la venganza.

-¿Qué crees que haces? suéltame- reclamo forcejeando, aun más al sentir el peso del moreno sobre su abdomen, lo único que logro fue que la alargadera del equipo de venoclisis se soltara de la aguja y regara todo el suero en las blancas sabanas junto con unas cuantas gotitas de sangre.

Aioros ya no era dueño de si mismo solo sentía el deseo y el odio recorrer su cuerpo, se sabia aventajado no solo por la experiencia que da el trabajar en la calle, sino también por la debilidad del otro… no le importaba haber caído tan bajo lo único que buscaba era el demostrarle a Saga quien mandaba.

-Para que te vayas a arrojar a los brazos de ese francés- se burlo a escasos centímetros del rostro de su compañero, este ladeo la cabeza para no verle, Aioros aprovecho esto para dejar una mordida bastante fea en el cuello albino. Que más tarde haría juego con la marca que sus manos habían dejado - No, no te voy a dejar por que ¿sabes? Eres mío, yo soy el único que puede tenerte.

Las palabras, las frases, son algo que perdura incluso al pasar de los años, aquello que nos sorprende, resulta romántico o incluso moralista tendemos a guardarlo, por lo cual resulta lógico que recordemos, con mayor intensidad, aquellas frases hirientes.

-Aioros, esta es tu última oportunidad- le advirtió tomando una actitud mucho más relajada que lo único que hizo fue confundir al detective.

-Tienes razón y pienso aprovecharla- le beso de forma violenta- ¿También tus gemidos eran falsos? vamos que se que te gusta cuando te estoy jodiendo, él lo hace también supongo y donde quedas tú ¿como una pieza al mejor postor? - Humillación tras humillación, no es difícil perderse en ellas.

-Así que eso soy para ti- Pero el psicólogo ya había superado aquella vertiginosa pendiente. Con coraje le escupió el rostro mirándole decepcionado- Bien hazlo, divierte, de todos lo podría esperar menos de ti…No eres el primero en tratarme como basura y recordarme siempre lo mucho que me quieres, no seas hipócrita ya tuve suficiente de esa clase de gente con mi padre.

¿Dónde habían quedado aquellos juramentos de amor incondicional?

Le comparaba con su padre y claramente veía el dolor en sus ojos, el mismo dolor que se siente al destrozar los sueños más anhelados.

Aioros fue dejando de hacer presión sobre las muñecas de su amante pero sin bajarse de en cima suyo, en cuanto se sintió libre, aun adolorido, hizo resonar por la habitación una sonora cachetada.

-Vete, vete, aléjate de mi vista, lo que has hecho es imperdonable- Hablaba de actos imperdonable cuando claramente sabia que su egoísmo era el causante más probable de ser el detonante de aquellas acciones.

-No, se que lo que hice esta mal- Ahora era él el que estaba perdiendo el control, estiró la mano tomando el anillo entre sus mano y aventándolo a la cara del detective, este lo esquivo por muy poco, terminando por chocar contra la pared blanca- Escúchame por una vez en tu maldita vida, no seas tan terco.

La tranquilidad recubrió el lugar pero muy por debajo de aquellas aguas calmadas azotaba la tempestad. Aioros se bajo tomando una silla que se encontraba cerca de la cama para sentarse.

-No te entiendo, te gusta poner mi mundo de cabeza- sonrió tratando de aminorar la tensión-Perdona por haberte dicho cosas tan fuera de lugar.

- Si lo único que quieres es que te disculpe para sentirte menos culpable adelante.

-No es por eso- sus dedos tocaron apenas la mano que descansaba lánguidamente sobre el colchón de esta aun escurrían lentamente unas cuantas gotitas de sangre que aumentaban su culpa-Es por que no quiero que me vuelvas a mirar de esa forma… no sabes lo mucho que me molesto pensar que después de todo lo que paso te apoyarías en él- aun en esos momentos no diría su nombre- Y no en mí ¿tan desagradable soy? ¿Tan poco valgo?

-Contigo no se puede hacer nada- cerro los ojos, cansado de tanto ir y venir, de sus decisiones y consecuencias- No quiero lastimarte, solamente ve como esta ¿realmente piensas que esto tiene futuro?

-Para mi tiene futuro, pero no quiero obligarte a buscar ese futuro a mi lado sino lo quieres, ¿Saga, amas a Camus? - pregunto el detective alzando la vista, notando que los ojos de Saga lucían un tanto diferentes a como los recordaba, más agresivos; Sin saber si esto era más una sensación por lo sucedido que una observación sacudió la cabeza acostumbrándose tras unos cuantos parpadeos.

-Lo vez incluso ahora te preocupas más por otros que por ti- su voz sonaba seca carente de inflexiones aunque su rostro fuera una mascara perfecta- Esa es una de las tantas cosas que odio de ti, la otra es que no te para a pensar en lo que vendrá, eres impulsivo.

-Solo dos cosas, me hubiera gustado pensar que eran más- ladeo la cabeza intentando controlarse. El psicólogo había evitado la pregunta y había contraatacado directamente a sus sentimientos lo cual era una buena señal.

-Las demás son superables, pero en esas dos radica el verdadero problema. No soy una hembra a la que debas impresionar con esos aires macho bravo- Estaba perdiendo terreno y lo sabia. No solo eso aquella partecita de si mismo incluso había tomado mayor gusto del que deseara por el detective.

-Si quieres ir por ahí adelante- sus dedos subieron lentamente por su brazo en una suave y tentativa caricia, como esperando a ser detenidos en algún momento- Tus dos grandes defectos son la manía que tienes por estar un paso adelante del mundo y el deseo a no salir lastimado por lo que te escondes de todo y todos tras una mascara de cera.

-Vaya, linda forma de pedir disculpas… tengo tanto miedo de darlas- le dirigió una mirada fulminante aunque no se moviera ni rechazara el contacto.

-Mentiroso, estas que te mueres por que no me vaya- contesto suavemente. Tenia que hacerle cosquillas al psicólogo para que abriera un poco su concha.

-Tú egocentrismo y el mío no caben en el mismo cuarto, vete aun puedes elegir algo mejor para ti- agrego con cierta malicia- Más normal.

-Pese a todo te elijo a ti- le sonrío sabiéndose vencedor al escuchar como un pequeño suspiro se escapa de los labios de su amante. La puerta estaba abierta solo tendría que tocar para ganar.

Se paro de la silla sin hacer ruido, sus dedos dibujaban el contorno del hombro del menor por encima de la tela de la bata. La diestra le acariciaba con suavidad el cuello animándolo a moverse. Por fin cuando los ojos esmeralda le rehuyeron supo que había ganado la batalla

El más joven estiro una mano para acariciar con un suave gesto la mejilla de Aioros, este con una sonrisa traviesa en los labios ladeo el rostro para recibir mejor aquella caricia que le prodigaba. Le había perdonado, ambos se habían perdonado y con aquello aceptaban sus sentimientos.

-No le amo, te amo a ti, pero aun no te perdono lo que hiciste hace rato- la verdad era que le aterraba el hecho de enfrentarse a Aioros en esas condiciones, Aioros le miro de muy mala gana, aun que sabían que Saga solía decir aquellas cosas muy a menudo

Todo regresaba aquella normalidad que tanto extrañaba y le daba seguridad, aun que claro Saga tenia razón y debía trabajar para arreglar aquel desperfecto

-Trabajare por que me perdones entonces, por que sabes que lo único que me importa sinceramente es verte bien, feliz y a mi lado- termino diciendo con malicia, apoyo el rostro sobre el pecho de Saga- No vuelvas a preocuparme tanto.

-Pareces una novia melodramática y muy cursi, creo que prefiero al macho bravío de hace rato- contesto el psicólogo con sarcasmo acariciándole el cabello, una sonrisa inofensiva se formo en sus labios desesperando aun más al detective

-No te hagas el gracioso, sabes perfectamente a lo que me refiero-No concebía un mundo si él, a tal grado había llegado su dependencia por aquél muchacho que relacionaba su propia existencia con la de este.

-Lo sé- hablo con sinceridad tironeando delicadamente de la manga de su amante para obligarle a sentarse junto a él y abrazarlo como si fuera a perderlo en cualquier momento- Yo no soy quien tu crees, no sabes nada de mi y me hablas como si lo supieras.

Un momento de silencio reino en aquel lugar. Aioros procesaba aquellas palabras, realmente significaba tan poca cosa para Saga o bien era resultado de la baja autoestima que este se tenia, que raro sonaba decir eso… es más días antes lo habría encontrado ridículo cuando ciertamente se trataba de una realidad.

-Si, tienes razón no te conozco… no tendría por que preocuparme por ti, no tendría por que amarte, por que desearte e incluso quererte- sus palabras eran duras, aflojo un tanto el abrazo al que había sometido al prometido.

Saga lo miro inexpresivo pero el latir de su corazón le decía claramente al detective lo que sus labios se negaban a decirle "Detente, no me dejes" todo se resumía a eso, pero esa mirada extraña aun estaba ahí.

Aunque doliera era lo mejor, no podía simplemente exponer así a Aioros por que aun que el claudicara y decidiera quedarse a su lado Camus no pensaría lo mismo y tampoco le trataría con la misma sutileza con la que él había tratado al castaño.

Si Saga no dejaba a Aioros, Aioros dejaría a Saga.

Reina roja, Reina blanca…. ¿Son realmente incompatibles?

-No quiero aceptar lo que me dices- terco como siempre, una sonrisa vaga se formo en los labios del psicólogo pero desapareció tan pronto como su pareja le tomaba del mentón obligándolo a verle a la cara, pensando que la locura había vuelto a dominarle por completo. Aioros sonrió como siempre lo hacia con ese toque de ingenuidad y eterna travesura- Piensas, sinceramente, que me voy a creer esos cuentos…yo se como piensas Saga, te conozco más de lo que tú crees y nada de lo que digas o calles hará que me aparte de ti. Lo siento mucho pero cuando te puse el anillo no fue un quiero casarme con condiciones…

Tantas palabras comenzaron a marearlo ¿Por qué no se callaba de una buena vez?, seguramente Aioros esperaba el momento en que el otro ya no aguantara tanta charla y buscara escabullirse de sus brazos, tomando ventaja de su breve distracción le besaría de nuevo; Abrió los ojos como platos cuando fue el mismo Saga quien lo beso de una buena vez para se callara sin haberse movido un solo centímetro.

-Si tanta curiosidad tienes podrías preguntar- había vuelto lo sabia muy bien aunque no del todo, los ojos fríos del psicólogo seguían ahí pero había una pequeña diferencia muy sutil pero de un valor claramente incalculable.

Saga veía al mundo con la misma frialdad pero Aioros no estaba incluido en ese mundo, se encontraba detrás de aquella barrera invisible- Mi madre se caso muy joven con mi padre, cuando se casaron todo el mundo dijo que era la pareja más bonita y dulce que hubieran visto, años después ella quedo embarazada y la cosa cambio mucho en especial cuando nacieron sus dos hijos un par de gemelos…

Levanto una ceja confundido siempre había pensado que Saga era hijo único, inevitablemente a su mente llego el recuerdo el ultimo asesinato eran dos niñas, y gemelas además, ¿Era relevante al caso?...

-Mi gemelo se llama Kanon, cuando yo los deje después de la muerte de mi padre, a él y a mi madre, tenia 10 años poco más poco menos, me fui con Camus a Francia, me cambien el apellido como lo haría cualquier persona que quiere olvidar- haciendo un pequeña pausa para dejar en claro que no volvería a hablar de lo que sucedió en aquella época- eso ya lo sabes, el punto es que quiero que lo conozcas vive en esta ciudad y seguramente ya se abra enterado de lo que paso.

¿Por que no le parecía extraño todo eso? Bueno si Saga no le estaba tomando el pelo y tenia un gemelo era natural que se enterara de lo sucedido aun sin haberle llamado, la noticia no podría pasar desapercibida mucho tiempo

-Quiero que lo conozcas- sonrió, esta vez sin ninguna otra emoción que opacara aquella bella sonrisa solo se trataba de una sonrisa sincera

-Bien lo conoceré- respondió no muy convencido de la situación… esperando que Kanon fuera una pieza valiosa para resolver el rompecabezas que era su hermano.

-Esta bien ¿que sea pasado mañana en la noche?- dudas y una que otra rabieta asomaron por la puerta, a caso espera irse caminando como si nada después de todo- No esperaras que me quede aquí sin hacer nada por quien sabe cuanto tiempo, de hecho no soporto esta aquí ni un minuto más.

-No te dejaran salir- sentencio Aioros mirando divertido el puchero que se formaba en el rostro del menor y tentado a tocar aquella piel de porcelana, cosa que no resistió, termino por llevar su diestra a la mejilla de Saga- Pero se que te las arreglaras para salir no importa lo que ellos diga, la verdad es que no se como lo haces pero lo haces.

-Simple, se llama poder de convencimiento- Un suspiro se escapo de sus labios cuando escucho sonar el teléfono del cuarto, le levanto escuchando a los médicos deshacerse en miles de disculpas por lo sucedido. Les silencio rápidamente arto de tanta zalamería-Lo vez hasta ellos lo entienden, de hecho con el único que no me funciona es contigo

-No me refiero ha eso, sino a que es como si todo el mundo- incluyéndome yo pensó- temieran hacerte enojar o lastimarte, dos sentimientos bastante ambiguos y hasta cierto punto caprichoso.

-¿Acaso no le puse llave a mi cajón de notas?- pregunto alzando dudativamente una ceja divertido, Aioros había cambiado mucho su vocabulario no solo su persona desde que había empezado a salir con él- Utilizas palabras rimbombantes para confundirme pero no creas que puedes hacerlo con tanta facilidad.

-Lo olvidaba tú eres el psicólogo y yo solo tu humilde aprendiz-se jacto siguiendo la broma que había comenzado su amante- Saga no es por eso, es más bien una sensación, como la de una mariposa atraída por el fuego… sabe que morirá pero aun va a el y termina por quemarse las alas- atracción fatal, Saga tenia razón se comportaba como un paranoico- Vendré más tarde a verte o a recogerte dependiendo de lo que pase primero.

-¿Por qué no te quedas?

-No puedo a un que quisiera, anoche se cometió otro crimen que parece estar relacionado con los otros dos- al escuchar aquello el psicólogo tembló con fuerza, eso no podía ser verdad y menos en ese momento- según tengo entendido la nueva victima se llama Oscar Villegas es un narcotraficante.

-¿Cómo sabes que se relaciona con los otros dos casos?- le pregunto enderezándose en la cama una ligera descarga en su costado derecho le llamo la atención por tan desconsiderado movimiento.

-Simple, esta vez solo necesite ver la carnicería en la que se había convertido su casa, para darme cuenta- antes de salir ladeo el rostro, algo crispado y ansioso por no seguir hablando de el caso- No esta el esqueleto.

Una hora más tarde desde que Aioros se había marchado del hospital dos toquitos le hicieron volver la cabeza, Saga pensando que seguramente aquel moreno tan despistado había terminado antes su trabajo y había vuelto para verle de nuevo.

La verdad es que no entendía de todo como se estaban dando las cosas durante su inconciencia, el mundo no giraba en torno suyo como había aseverado el detective pese a los intentos del psicólogo por hacer parecer lo contrario.

-Saga, me dijeron que ya habías tenido visitas- durante sus reflexiones había permanecido con los ojos cerrados meditando lo que diría y lo que harían en cuanto saliera de ese horrible lugar con olor a formol y mal desinfectante en los pasillos, por eso cuando escucho aquellas palabras los abrió de golpe volviéndose con violencia a ver al recién llegado- No creo que esperaras que fuera él quien viniera a verte, pero al menos te agradecería que no me subestimaras ni despreciaras mi visita.

El hombre que entro no aparentaba más de unos 35 años, conservaba un físico envidiable, de porte intimidante y sonrisa sádica, iba vestido con un traje de cromática formal.

-No me gustan las personas que se dan aires de grandeza- le sonrió al joven postrado en la cama que ante la llegada de este se había erguido lo más posible- No tienes por que fingir ante mi, no soy Camus pero se quien eres tú.

-Entonces no entiendo- este era el momento de cobrar venganza- sino te agradan ese tipo de personas que hacen con el pesado de Depardieu… no me importa, pero dime que es lo que se propone, ¿Por qué esta actuando de esta forma?

-Igual que tu no conozco mucho de los planes de Camus, solo puedo adelantármele unas jugadas- le contesto sinceramente cerrando la puerta tras de si y llevando una silla al lado de la cama del de cabello largo para sentarse a su lado- Por cierto te envió algo.

Saga aun con el seño fruncido tomo la caga alargada que le entregaba DM y la abrió cuidadosamente, en su interior forrado de color dorado varios huevitos envueltos con papel lustroso de color rojo relucían como gemas.

-Son chocolates o al menos eso creo- aclaro el mayor aflojando su corbata- también me pidió que habla contigo… ¿te molesta si tomo uno?- Saga asintió y dejo que otro se comiera uno de los huevos de chocolate.

-Sabes una cosa, sino creyera que Camus esta perdiendo su toque y que no tiene las agallas para matarme no hubiera dejado que te lo comieras- contesto con simpleza.

Mirando la caja tomo uno de los huevos macizos, al menos así lo sintió por su peso, para jugar con él entre sus dedos. DM lo miro divertido animándole a que hablara

- Quiere recordarme que aun soy la reina roja pese a mis intentos por no serlo, son 21 chocolates uno por cada año de mi vida seguramente son amargos- sonrió con sarna al pensar en que no podrían ser de ningún otro sabor- y los primeros diez serán de chocolate oscuro, la caja fue un buen detalle aunque los haya mandado hacer excesivamente para mi se nota el toque de sutileza- comió uno de los chocolates y efectivamente eran amargos, demasiado amargos para su gusto además que al final tenían un sabor que no pudo definir.

-Detesto cuando se valoran mutuamente- alzo los hombros restándole valor sus palabras de hastió, había vivido 10 años de lo mismo y comenzaba a resultarle aburrido- Dime, Saga, realmente piensas abandonarlo todo por seguir una estupida quimera que a la larga solo te llevara a sentirte vació.

-No se cual sea tu definición de vació pero al menos la mía es mucho más estricta ¿sabes? Y en cuanto a abandonar las cosas, nunca abandonare mi principal ideal pero todo lo demás es remplazable incluso Camus.

-¿También lo es Aioros?- pregunto con aquel tono lleno de burla que tanto había hecho enojar a Saga durante su estancia con el francés. Un silencio sepulcral se vertió sobre ambos, DM sabia bien que Saga no le respondería aun así quería pincharle un poco más y ver hasta donde era capaz de llegar- Lo siento su majestad olvidaba que llevas el blanco en vuestro blasón

-Déjate de tonterías y vele a decir a ese maldito que se aleje de mi vida, que no interfiera más en ella- desvió la mirada hacia la ventana- Las cosas se darán poco a poco no hay que forzarlas y si estoy en un error me arrepentiré por ello más tarde, también dile que recuerde Marsella y lo que me enseño ahí.

-Te diré algo niño caprichoso- Saga ni se inmuto ni mucho menos volteo- La vida no es una rueda que solamente gire cuando esta bien afinada, las cosas se rompen y debes estar consiste de las pequeñas estrías que dejan en el camino…porque te arrepentirás sino te percatas a tiempo.

Sin decir nada más se levanto y salio del lugar había visto el brillo cristalino en los ojos del gemelo y no quería lastimarlo más de lo que seguramente ya estaba. Saga solamente espero a que se cerrara la puerta para dejar caer de sus ojos unas cuantas lagrimas cristalinas que fueron a estrellarse con violencia en contra del sus puños cerrados que apretaban las blancas sabanas.

La puerta se volvió a abrir aun no superaba la vista hecha por DM, limpiando con fuerza sus ojos para evitar cualquier rastro delator de aquella humedad se volvió para encarar al nuevo visitante.

-Shura me sorprende que me vistes, pero lamento decirte que Aioros no esta aquí- se burlo endureciendo un poco más su corazón- si me lo permites me encuentro demasiado cansado como para discutir con niños de preescolar pero te puedo hacer una cita para ayudarte con tu complejo, no aceptado, de que estas enamorado de mi prometido.

Aquellas palabras no hicieron efecto en Shura que solo se sonrió sentándose en la misma silla que lo hiciera minutos atrás DM.

-Saga, mi estimado Saga, me alegra que no hayas perdido tu toque- sus sonrisa se incremente haciendo que el más joven se enojara realmente, no le encontraba lo divertido a aquella situación, probablemente el moreno se reía de su desgracia, de que estuviera hospitalizado eh incluso si se aventuraba a pensar un poco más haya, que después de lo que hizo su relación con Aioros se vendría a bajo- Saga Hansford deberías ser más amable con las vistas.

Las pupilas se dilataron al escuchar el apellido que había utilizado Shura e incluso palideció ¿cuantos años no escuchaba su nombre seguido de aquella palabra? Un nudo se le formo en el estomago y le dieron ganas de vomitar más no demostraría flaqueza frente a Shura.

-Quizás tu amado padre no te educo correctamente después de todo- apoyo la cabeza sobre una de sus manos- o serás que te fue tu madre la que falló.

-No me vengas hablar de tonterías- se encontraba ansioso por saber que tanto conocía de sus pasado el abogado.

-No son tonterías Sr. Hansford- su sonrisa se volvió más acida- perdona si te llamo así no sabrás si le hablo a Saga Hansford o a tu hermano Kanon- Saga estaba a punto de ponerse en pie y terminar de una buena vez la discusión pero Shura le salto en cima sujetándole ambas manos con una sola.

El psicólogo era conciente de que después de lo vivido estaría débil pero no consideraba que su debilidad llegara a ese grado, dejándole indefenso había algo más en todo eso, quizás la respuesta idónea era de que la persona que enfrentaba a Shura no era Saga Gemenaus sino el maldito bastardo Saga Hansford.

-No te muevas precioso que no te voy a lastimar, no al menos como tu piensas- claro si es que aun puedes pensar algo coherente se dijo a si mismo- Sabes desde que te vi salir de aquel edificio con ese tal Camus me llamo mucho la atención quien eras en verdad, tengo amigos muy influyentes, claro no como los tuyos, pero si se saben mover…contrate a un detective que busco en tu pasado y sabes que encontró- el sometido negó débilmente con la cabeza, comenzaba a tener migraña- No existes, no hay datos tuyos, claro que papeles abundan pero esos son fáciles de encontrar cuando buscas quien los respalde ahí esta el problema.

-Explícate de una buena vez- replico sintiendo nauseas

-Tu padre era un hombre en apariencia benévolo con su familia pero los vecinos no piensan lo mismo, no te gustaba vivir en esa casa-se agacho para susurrarle al oído tranquilamente-¿Es que no disfrutabas que te trataran como lo que eres?- lanzando palabras como flechas agudas siguió- Pero lo más interesante es que la muerte de tu padre es realmente un nudo, por decirlo de una forma elegante, muerto en medio de un tiroteo y tu madre ¿que hace días después de su muerte? quiere una reunión familiar ¿aun te despiertas en las noches de tormentas?

Le soltó quedándose sentado sobre él, saco de uno de sus bolsillos un encendedor automático y le prendió pasándole varias veces la flama enfrente de los ojos, el psicólogo arrugo la nariz sin dejar de ver aquella flama. Frunció el seño cuando su nariz reconoció que aquel olor tan desagradable, eran unos cuantos de sus cabellos quemándose

- ¿Ya no hueles a gas ni vez las flamas danzar enfrente de tus ojos?

Por fin la cordura pareció volver a Saga y de un manotazo tiro aquel encendedor en su rostro lucia la misma expresión animal que la que tenía cuando enfrento al negro de la comisaría.

-Y yo que pensaba que solamente eras un abogado jodido- Shura frunció el seño, ¿Cuándo habían cambiado los papeles? Se supone que él tenía el control de la situación, pero Saga ya no parecía temerle, sus ojos se posaron en el rojo centellante de la caja que había sobre el tocador.

La reina roja ya había valorado la situación y sabia que Shura debía de usar sus mejores cartas en la primera mano por lo tanto no sabia nada más de lo que le dijo, dudaba que Camus no estuviera consiente de la investigación del abogado, e incluso que aquello fuera una prueba, por lo que no le dejaría que se acercaran tanto a la verdad.

-Pequeño bastardo- Intento golpearle pero Saga paro el golpe, ya había tenido suficientes molestias por un solo día.

-Escúchame bien Shura, que yo soy mucho más benigno que él- Sonrío de lado mostrando una mueca llena de crueldad e indiferencia propia de un depredador que sabe que su victima esta en agonía y disfruta con ello- Si valoras tantito tu miserable vida no volverás a llamarme en tu vida Saga Hansford

-Te crees muy chulo para venir a darme ordenes ¿no?- había algo hipnotizante en aquellos ojos que no podía dejar de mirarlo, incluso había bajado el tono de su voz sin ser conciente de ello- Se lo diré a Aioros.

El psicólogo soltó una risita divertida y altanera, suavizando su mirada para con el otro, levanto una mano acariciándole el rostro acercándolo lentamente al suyo.

-¿Qué edad crees que tengo? ¿Te escuchaste? Piensas acusarme con Aioros como si fuera mi padre- recalco las palabras dichas por él otro. Shura al escuchar lo que había dicho en los labios del otro frunció el seño- Camus esta perdiendo su toque, no contrataste a un detective o si lo hiciste le dejaron ver lo que querían.

Eso explicaba el saborcito amargo al final de los chocolates, una buena jugada por parte de su maestro pero no más que eso, un leve tentempié para entretenerse. Camus no quería que perdiera la practica por estar en hospital, ni por haber salido a buscar su propia muerte.

Por su parte el abogado le miraba confundido, en cierta medida el psicólogo tenia razón el día anterior había llegado a su casa una carta un tanto particular. Pidiéndole de favor a un viejo amigo que investigara sobre esta encontró que todo lo dicho era verdadero

-Aléjate contigo no tendré las mismas consideraciones que con Aioros.- Esta vez su sonrisa pareció un tanto provocativa, empujo el cuerpo levemente haciendo que sus caderas se rozaran- Si te preocupa Marin debes salir ya.

Poseído por el extraño efecto que provocaban los ojos verdes del psicólogo en él asintió aun dentro de esa especie de trance saliendo del cuarto de hospital. Las frías gotas de lluvia empañaron su rostro y su cuerpo.

-¿Quién eres Saga Hansford?- las personas pasaban a su lado buscando un refugio donde no mojarse, mirando extrañados aquel hombre que se mantenía quieto bajo el torrencial en el centro de la plaza.

Recargado en uno de los pilares DM jugueteaba con un cigarrillo en sus labios mirando fijamente aquella silueta que se perdía en el chubasco. Le comprendía y le molestaba su presencia en partes iguales, la primera por que él mismo se sentía perdido dentro del juego que mantenían Camus y Saga mientras que la segunda y mucho más clara era razón de que interrumpiera las jugadas de Camus.