Capitulo 9: Intruso
Por suerte había aprobado matemáticas gracias a mi ángel, no iba hacer en vano el esfuerzo por culpa de mis problemas. Seguí como si nada hubiera pasado. Yendo por las tardes a la residencia Cullen. Saliendo con Emmet y May.
No podía mirar como siempre a Charlie, pero era rara la vez, que me lo cruzaba en el desayuno.
Ya estábamos casi cerca de las vacaciones. Pero seguí sin mirar a Charlie de la misma manera. Claramente él no sabía de mi romance con Edward, suponía que era un compañero y nada más.
Una noche volviendo solo con May de los Cullen, temprano vimos el auto de mi padre en la entrada. Ambas nos miramos porque era muy raro el aquí temprano.
Rápidamente entramos a la casa, vimos a Charlie en la sala sentado con un joven que daba la espalda. Al darse de cuenta de nuestra presencia ambos se pusieron de pie. Era alto de cabello negro, tez blanca y unos ojos color chocolate, carecía de imperfecciones en sus facciones.
-Bella él es Alexander y se quedara con nosotros – dijo Charlie.
-Un gusto Srtas. – dijo con una sonrisa. Llevaba una camisa blanca con los primeros botones desabotonados, un pantalón negro y unos zapatos negros.
Quedaba fuera de discusión que el intruso era bastante lindo, ambas quedamos sorprendidas.
-Hola – dijimos a coro con May.
-Aun es temprano ¿por qué no salen a dar una vuelta? – sugiero mi padre.
-Veo que me encantara Londres – dijo Alexander mirándome a los ojos. Pude ver como Charlie sonreía de la situación.
-Dame unos segundos hija para hablar contigo – pido Charlie. May se fue con Alexander al auto.
-¿Qué sucede pa? – pregunte.
-Alexander es el hijo de los Williams, una familia muy importante de nuestra asociación. Son enemigos de los Cullen…
-¿¡que!
-Veras hija, los sirvientes de los Cullen mataron por error a su única hija mujer.
-¿Es broma? ¿y lo traes aquí?
-Su familia se fue por unos asuntos, y yo le comente que tenía una hija y se vino como unas minis vacaciones, solo se quedara unos días.
-¿Una hija eh?
-Bella, solo dale la oportunidad de que se conozcan.
-Tú sabes que los Cullen son mis compañeros.
-Lo sé y el también sabrá comportarse – que mas podría suceder.
-Adiós padre.
Mi vida empeoraba cada vez más, el intruso era enemigo de mi vampiro. ¿Que pasara si él se enterara que es mi novio? Se lo contara a mi padre.
Fui hasta el auto ya para irnos. Maneje por la ciudad sin saber dónde ir aun. Nos detuvimos en el restaurante de siempre, el favorito de May.
-¿Bajamos aquí a tomar unas copas? –pregunto May.
-Claro seré la envidia del lugar al entrar con ustedes – ambas le dedicamos una sonrisa.
El encargado nos dio la mesa de siempre, ordenamos una botella de un vino importado hace unos días. Alexander, nos platico un poco sobre él, tenía unos 18 años, estaba en segundo año en Harvard. Soltero había terminado con su novia hace dos veranos.
La velada pasa rápido cuando uno se divierte, Alexander no permitió que pagáramos. Regresamos a casa y nos despedimos todas para retirarnos cada uno a su cuarto. May se vino conmigo a la mía para hablar de lo dulce que era Alexander.
Me despedí de ella porque mañana tenía instituto y me iba a costar mucho levantarme. Claro que no pude conciliar el sueño, debía encontrar la forma que Edward y Alexander no se cruzaran. La única manera era decirle una pequeña mentira a mi Ángel, confiaba que él no leería mi mente.
Me levante temprano para llamar a Edward y decirle que no pasara por mí al instituto que luego se lo explicaría.
En el desayuno me topa con Charlie, había decidido salir más tarde de lo normal. Charlamos un poco, nada importante y me fui.
Planee esperar el almuerzo para hablar con Edward. Pasaron las horas y el no me hizo pregunta alguna.
La campana sonó anunciando la hora del almuerzo, me dirigí a la cafetería, hoy nos toco estar separados en varias clases.
Estaba sentado esperándome con una sonrisa ¿cómo iba a mentirle? Tome mi almuerzo y me senté a su lado.
-Debo hablar contigo – empecé sin poder mirarlo a los ojos.
-Lo sé, dime.
-Charlie comenzó…a llegar a casa…temprano, y se va tarde a trabajar…no quiero que se entere…. – me detuvo tomando mi mano.
-Entiendo, no pasare por ti.
-¿No te vas a molestar?
-No tengo porque amor, igual te tendré en mi casa por las tardes ¿verdad?
-Claro no vas a librarte de mí – dije tomándolo del cuello y dándole un beso.
Me sentí aliviada luego de hablar con Edward. Me tomo de la cintura y beso mi mejilla.
La tarde paso lenta pero al fin termino. Conducimos en nuestros respectivos autos a la residencia Cullen.
Compartimos la merienda con su familia, como siempre los Cullen emanaban esa atmosfera paz y amor.
Subimos a su cuarto como de costumbre, el me toco el piano y yo lo miraba anonadada.
Me recosté en su cama, el estaba parado en la puerta sin decir nada, con total seriedad. No sabia que le pasaba. Me puse de pie al ver que el no me ponía atención.
-Me voy a casa – el me tomo del brazo suavemente y me beso. Claro ahora ya no me iría.
& Me beso con pasión y fuego en los labios, de inmediato abrí mi boca invitando a su lengua bailar con la mía. Lo tome del cabello, el agarro mi cintura con fuerza. Mis brazos rodearon su cuello mientras, él se apoderaba del mío con su boca. Me llevo como a una novia y me puso en la cama de nuevo. Mi cuerpo ardía. Cada roce de él era placer. Comenzó a bajar el cierre de mis jeans. No podía creer mi amor quería hacerlo justo en estos momentos. Mientras, me miraba a los ojos sacaba con delicadezas mis zapatos, seguido por los jeans hasta quedarme solo en bragas. El continuo su beso mientras me sacaba mi polera. Desabotone su camisa con violencia. No pude evitar gemir cuando sus manos se deslizaron por mis piernas. Abrí las piernas para poder sentir toda su excitación envolviéndolas en su torso. Comenzó a lamer en medio de mis pechos. De pronto tuve una necesidad.
-¡Necesito que me muerdas! – gemí, el se detuvo y me miro.
-¿Qué?
-Por favor necesito que me muerdas. Así yo estaré dentro tuyo – suplique.
-No puedo alimentarme de ti.
-Te lo voy a cobrar a mi manera – el me dedico una sonrisa.
Bajo su mano hasta mi entrepierna rozando con su dedo mi excitación, pude sentir su risa en mi cuello. Comenzó a mover su dedo con más velocidad, ente mis gemido. Edward, clavo sus colmillos sin que pensara en el dolor, solo en el placer que me estaba brindando. Sentí recorrer un calor por todo mi cuerpo y una sensación fascinante bajo mi estomago. El cogió velocidad en su mano.
-Edward…Edward – gemí. Mientras, el no soltaba mi cuello. Sentí como salió todo de mí. El, bebió hasta saciarse. Lo que me hizo sentir fue algo maravilloso. Aun sentía que mi cuerpo ardía de la excitación. &
-Te amo Isabella Swan.
-Yo a ti – me escondí en su pecho avergonzada.
-No te escondas eres más hermosa cuando te sonrojas – mire el reloj y tenía que irme aunque era lo último que deseaba.
-Debo irme – dije apenada.
-Hare que traigan el auto a la entrada.
Me fui contenta a casa, pensando en lo que me hizo sentir.
Eran cerca de las diez de la noche cuando llegue a casa.
-Regrese.
-Hola Bella, May dijo que volvería más tarde – dijo Alexander recibiéndome en la entrada.
-¡oh! Gracias por avisarme ¿te aburriste?
-No, estuve haciendo unas compras para la cena.
-Voy a darme una ducha – dije.
-Está bien, cuando bajes ya estará lista la cena.
-Es bueno tener a un hombre que cocine – bufe.
Subí a mi habitación a dejar mis cosas, mientras la bañera se llenaba. Entre al baño, me desvestí y me sumergí en el agua caliente. Estaba tan deliciosa y relajante. De pronto, vi que la habitación me daba vuelta. Estaba mareada. Luche por no cerrar mis ojos pero fue en vano.
Podía sentir la voz de alguien llamándome por mi nombre, seguí caminado a lo largo del pasillo donde la luz me guiaba.
-Bella, Bella, despierta – luche por abrir los ojos hasta conseguirlo, me encontré en mi habitación en los brazos de Alexander.
-¿Qué sucedió? – dije aun atontada no recordaba mucho en esos momentos.
-No lo sé, te desmayaste, el médico está en camino – me mire y solo me encontré envuelta en una toalla. Qué horror me vio desnuda, me sonroje de la vergüenza al darme cuenta. El médico toco la puerta anunciando su llegada.
-Adelante, lo dejo para que la revise – dijo en tono serio Alexander cerrando la puerta.
-Por lo visto es un caso de anemia ¿no te estás alimentando bien? – dijo luego de chequearme.
-Si.
-¿Entonces? Tendrás que ir al hospital así te hago unos estudios. Hoy una paciente le sucedió algo parecido luego de hacer una transfusión de sangre para un familiar –sabia el porque mi descompensación.
-Debe ser el estrés de los exámenes finales Dr. – trate de desviar el tema.
El médico dejo unas recetas con vitaminas y no sé cuantos mas, Edward había bebido demasiado hoy. Alexander pidió permiso para entrar.
-Adelante – no podía mirarlo a los ojos.
-¿Cómo te sientes? – pregunto preocupado.
-Bien…gracias… ¿podría pedirte algo?
-Lo que quieras.
-Podemos dejar lo que sucedió solo entre nosotros, no quiero preocupar a mi padre y May – el vacilo.
-Esta bien, pero ahora yo me encargare de que comas bien.
-Gracias.
-Ahora te dejare que descanses – dijo con dulzura besando mi frente.
Me escondí debajo de mi frazada avergonzada por lo ocurrido, ¿a quién se le ocurre desmayarse en una bañera? Solo a mi. Casi muero del susto.
Al quitarme las sabanas de la cabeza me encontré con mi ángel mirándome, por poco chocamos las cabezas.
-¿Qué haces aquí? – pregunte con los nervios a flor de piel.
-Te extrañe – no era un buen momento – además Charlie no vino – dijo con esa mirada seductora y risa juguetona. Zas
-¡Edward! – aun estaba nerviosa.
-Esta bien me voy – dijo refunfuñando.
-¡No! – Dije casi gritando, agarrándolo de su cuello - ¿tanto me extrañaste?
-No sabes cuanto.
-Entonces… demuéstramelo – aproveche.
# Con la punta de su lengua, recorrió mis labios. Sin poder aguantarme, introduje mi lengua en su boca.
El aparto la frazada, y se dio solo con un pequeño pedazo de tela, sin quitarme la mirada de los ojos, se deshizo de ella.
Acaricio todo mi abdomen desnudo con su lengua, llegando a mis pechos. Atrapo el izquierdo succionando con su boca. El calor se apodero de mí. Sus manos viajaban por mis piernas. Desabotone su camisa con desesperación. El continuo bajando hasta mi excitación, comenzó a jugar con mi centro, con la punta de su lengua. Trate de no gemir fuerte para que nadie oyera. Era increíble lo que me hacía sentir.
-¿Se siente bien? – dijo entre jadeos.
-Si – gemí. Podía sentir como el calor recorría mi cuerpo.
Sabía que estaba por venirme, pero era injusto yo deseaba darle el mismo placer a él. Acaricie su cabello tomándolo del rostro para que subiera.
-¿Qué sucede? – pregunto.
-Nada, es mi turno – el mordió su labio inferior e hizo esa mirada que aumentaba mi excitación.
Sin decir nada, él se entrego a mí.
Me puse encima de su torso, con delicadeza desabotone y baje el cierre de su pantalón. Baje el bóxer negro que traía. Intente disimular mi asombre al ver su miembro. Poseía de grandes proporciones. Sin pensar en el enorme placer.
Deslice mi lengua por todo su miembro terminando en su cabeza. Lo introduje lentamente en mi boca. El gemido de mi ángel fue maravilloso. Comencé a subir y bajar lento, el me todo de mi cabeza haciendo que todo su miembro entrara en mi boca.
Al oírlo gemir de placer acelere el proceso. Subí y baje con velocidad, sin que el quitara las manos de mi cabeza. Podía sentirlo aun más duro, el estaba por venirse, jugué con mi lengua combinada con mis movimientos. Su respiración se agito. Acelere hasta que el colapso en mi boca.
Sus gemidos eran música para mi, saboree su sabor, era delicioso. Ahora una pequeña parte estaba dentro de mí. Reí al pensarlo. Me tomo de los brazos y me llevo a su boca besándome como nunca. #
-Bella, eres…lo que me acabas de hacer sentir fue…muy excitante – dijo entre jadeos. Amaba hacerle sentir placer.
-Ahora es mi turno – dijo, pude sentir su sonrisa en mi boca.
Sentí tocar la puerta. Me tape hasta los ojos. En esos momentos la sangre huyo de mi rostro.
-¿Bella puedo entrar? – dijo Alexander tocando la puerta.
-Si – conteste aterrorizada. No tenía alternativa.
-Te traje algo para que coma así tengas energía.
-Gracias – dije bostezando.
-Bueno te lo dejo aquí, hasta mañana – se acerco y me beso la frente. ¿Qué más podía salir peor?
Cerró la puerta, pude escucharlo bajar las escaleras. Edward salió con fuego en la mirada de la oscuridad.
-Dame una razón para no despedazarlo – dijo apretando los dientes.
-Por favor Edward tranquilízate.
-¿Qué hace Williams aquí Isabella Swan? – ahora si le tenía miedo pero no por lo de vampiro.
-No lo sé Charlie dijo que se quedaría unos días. ¿Qué podía hacer yo?
-Su familia mato a mi hermano por vengarse de un simple error – genial mi vida se complicaba más.
-Pensé que los vampiros no… - dije tartamudeando del miedo.
-Alguien de nuestra especie lo hizo, fue comprado por sangre pura – un nudo en la garganta me atravesó
-Edward no cometas un locura – trate de tranquilizarlo.
El no respondió y me acurruco en sus brazos. Apartando las preocupaciones que me rondaban. Me dormí.
