Nota: NO está demás decir que los personajes son de propiedad de Meyer.
Antes que todo, decir que la historia sufrió un cambio radical de título (antes el relato se llamaba "Una sencilla historia de romances") pero en verdad aquel nunca me convenció. Y bueno, nunca he sido buena resumiendo en tres o cuatro palabras toda una historia, pero hice un intento y éste si es el definitivo: "De besitos y problemas"
Aquí va el segundo capítulo y, aunque sé que es un Edward-Bella, pronto van a entender la participación de Jacob.
Agradecer a las lindas las chicas que me alentaron a seguir. Espero le siga gustando.
Y espero que otros le den una oportunidad a mi fic.
Ahora, a leer y disfrutar!
2. De romances y misterios
El frío que se colaba por la ventana aún abierta hizo que Bella se despertara. Iban a dar las nueve cuando la chica tomó su celular para verificar la hora; tenía tres llamadas perdidas: Reneé y Charlie debieron haber esperado que ella les avisara que había llegado bien.
Se levantó de su cama y encendió la luz. La chica que compartiría la habitación con ella aún no volvía. Cerró las ventanas y las cortinas y se dirigió al baño para lavarse y sacarse la flojera que aún insistía en aparecer. Era muy notorio que a la chica que dormía ahí le gustaba ornamentar los lugares, el baño estaba muy bonito, las cortinas y todos los utensilios combinaban entre si y, además, el orden reinaba en el lugar.
No había más que decir que el dormitorio estaba en las mismas condiciones. La habitación era bastante amplia, su cama estaba dispuesta de lado en la parte izquierda viéndolo desde la puerta del baño. A un lado tenía una mesita de noche y al otro, pegado a la pared, una repisa donde podría, pensó, dejar sus accesorios. Al lado de la mesa de noche estaba su escritorio que separaba la puerta del baño y la del dormitorio en una especie de pasillo; esto se acrecentaba más porque alguien, Bella supuso que la chica que dormía ahí, había puesto unos vistosos colgantes: uno detrás de su escritorio y otro en la mitad de la habitación, separando ambos lados. Si bien no cruzaban todo el cuarto, le agradó pensar que, aunque fuera con ese tipo de medida, podría tener cierta intimidad.
El closet estaba al lado derecho del baño y la mitad de este estaba vacía. Bella comenzó a ordenar las cosas tranquilamente, la ropa, los accesorios, los zapatos.
Cuando estaba todo listo, Bella sacó su laptop y lo conectó al Internet pues le habían dicho en secretaría que el lugar contaba con Internet inalámbrico. Lo primero que hizo fue abrir su correo electrónico y su programa de mensajería instantánea. Nada había. O, mejor dicho, nada que le interesara. Desde que había tomado la decisión de marchar, o tal vez desde antes, Bella acostumbraba a hacer lo mismo cada día y a cada momento con la esperanza de encontrar alguna palabra de Nicholas que hubiera quedado pendiente al momento de distanciarse. Como todas las veces, no había rastro de aquello. Y tal era la confusión en la cabeza de Bella que hasta esa ausencia suponía para ella un respiro, como si en el fondo no quisiera que esas palabras apareciesen.
Se duchó y cambió. Miró el reloj, faltaban quince para las once, tal vez su compañera no llegaría esa noche. Llamó a sus padres y luego volvió a dormirse.
A la mañana siguiente Bella notó que, tal como había anticipado, aún seguía sola. Se lavó y vistió: su atuendo constaba de jeans pitillos y una camiseta de tiritas ajustada negra, sobre ésta se puso una polera holgada color gris que caía encima y mostraba sus hombros. La Converse que siempre la acompañaban eran negras esta vez.
Antes de salir a conocer Boston, cosa que se traducía para Bella en buscar una buena biblioteca y pasar la mayor parte del tiempo ahí, la chica revisó nuevamente su laptop: su miraba neutra indicaba que todo seguía igual.
Cuando Bella salía del Instituto pudo notar ciertas miradas que la seguían en sus movimientos mas eso no era extraño pues era nueva en el lugar, lo que supondría, sabía ella, ser el centro de la atención sólo un par de días, si es que su lado irlandés no explorado y los duendes de la suerte la acompañaban.
Lo primero que Bella buscó fue un Starbucks o algo que se le pareciera pues el hambre había inundado su mente, claro, si lo último que había comido había sido la escasa comida del avión. A los minutos vio en una esquina no lejos del instituto, dado lo que había caminado, la cafetería que estaba buscando, compró un mokaccino y un sándwich y desayunó mirando por la gran vidriera del lugar como las calles se llenaban poco a poco de vida.
Terminado el desayuno fue hora de unírseles a las tantas personas que comenzaban su día domingo, por lo que emprendió su lento recorrido por Boston. La cuidad era muy tranquila y el barrio en el que se encontraba también, muy de vida adolescente: muchas universidades coronadas de grandes áreas verdes e imponentes institutos, que traían consigo la otra parte de la vida universitaria, calles vestidas de cafés, pubs y locales de comida que ya al mediodía, concentraban varios visitantes.
Y claro, en un lugar así, no podía faltar aquello que Bella tanto anhelaba. Y ahí estaba, justo en la cuadra siguiente frente a un vídeo club, una pequeña y escondida biblioteca que rebosaba de recomendaciones de libros en la vitrina y que además ofrecía la venta de libros usados. Al entrar al lugar, un olor reconocido la inundó mientras que una campana tintineaba sobre su cabeza.
* * *
Jacob Black vivía en Boston con su padre Billy, quien era dueño de una pequeña pero rebosante biblioteca. Jacob, a sus 17 años, acostumbraba a trabajar el ella, atendiendo al público durante las tardes de los días de semana y hasta las 2:00 los sábados y domingos. Hacía esto porque decía que así se ganaba el dinero que su padre le daba y podía tener para sus gastos, además era una manera de alivianarle la tarea a su progenitor.
Físicamente, Jacob era un alto y esbelto muchacho, de piel morena terrosa y largo cabello pelinegro que llevaba recogido en una coleta. Sus ojos también eran oscuros, pero acostumbraban a brillar cuando el chico sonreía ampliamente. Y esto era la mayor parte del tiempo pues su alegre y optimista personalidad potenciaba aquella virtud de sonreír con la mirada.
Aquel domingo, Jacob estaba recostado sobre la silla detrás del mesón del fondo de la tienda con los pies sobre una caja que contenía varias enciclopedias. Dibujaba garabatos en una raída y pequeña croquera mientras tarareaba bajo una canción de rock que había escuchado hacía un rato en su Ipod. La campanilla de la puerta le avisó que había llegado un nuevo cliente. Cuando miró de quien se trataba, vio a una joven chica, bastante guapa, que observaba el lugar embelesada. La siguió con la mirada atento a cada movimiento, la vio pasarse por estanterías y mesones deleitándose con un libro tras otro. Notó que le llevaría bastante tiempo antes que tuviera que dirigirse a él, así que volvió a tomar su croquera para seguir con su dibujo que había quedado a medias.
Estaba tan absorto, iniciando otro diseño en una nueva página del cuadernillo, que no advirtió la presencia de la chica hasta que estuvo a su lado y le dijo:
–Me gustaría registrarme –Bella llevaba los papeles que le acostumbraban pedir cuando quería registrarse en alguna biblioteca: su identificación y un documento que certificaba donde vivía; ahora, era un documento del Instituto de Arte de Boston. Se los extendió a Jacob quien en vez de fijarse en ellos, dirigió su mirada al libro que Bella cargaba: "Jane Eyre".
–No necesitas registrarte si quieres sacar ese libro, es más puedes llevártelo y no molestarte en regresarlo –dijo Jacob poniéndose de pie y refiriéndose al libro que Bella cargaba; una sonrisa se ocultaba tras su seria estampa.
–¿Disculpa? –Bella no comprendía a que se estaba refiriendo aquel chico.
–¿"Jane Eyre"? ¿en serio? –dijo esto último como si querer leer aquella novela fuera la peor cuestión en la tierra.
–Oh, comprendo, veo que no te gusta la novela romántica –a Bella no le parecía que aquel chico la estuviera, de cierto modo, juzgando, porque eso era precisamente lo que hacía al criticar la lectura que escogía.
–Es algo anticuada, ¿no?
–Bueno, es de otra época, ¿no? –hablaba con el mismo tono con el que Jacob se había dirigido a ella, pues aquello si era evidente: el libro era de otro siglo, ¿qué más pretendía encontrar en el?
–Y es ahí donde debería estar, en un baúl con el resto de las reliquias –Jacob le sonreía
–Y según tú, ¿qué es lo que yo debería leer? –dio énfasis en el pronombre.
–Mmm… –entrecerró los ojos e hizo como si analizara un poco a Bella, luego terció seguro–, Agatha Christie.
–¿Agatha Christie? ¿en serio? –Bella le había devuelto sus mismas palabras. El se sonrió, Bella también lo hizo.
–Jacob Black –dijo el muchacho, después de unos segundos, extendiéndole la mano y con una amplia sonrisa en el rostro, Bella respondió estrechándosela.
–Bella Swan –cortaron el contacto cuando Bella volvió a acercarle los papeles–. Y bien, dime… ¿todos los clientes deben pasar por este exhaustivo análisis a la hora de querer retirar un libro? –la voz de Bella denotaba calma. Le estaba siendo muy fácil conversar con aquel chico, tal vez era que la sonrisa que éste tenía le transmitía un momento de tranquilidad, de aquellos que tanto costaba que la visitaran por esos días.
–Sólo los que buscan leer algo de la señorita Brönte –Jacob había comenzado a llenar una papeleta con los datos de la chica mientras seguía con la conversación.
–¿Y aquellos que sacan uno de Christie? –Jacob levantó la vista.
–A esos les damos una atención por parte de la casa –Bella volvió a sonreír y el chico se unió al acto–. Así que del Instituto de Arte de Boston –Jacob había notado el certificado del lugar–, dicen que es un buen lugar, aunque los estudiantes de ahí no acostumbran a venir a este tipo de librerías, prefieren ir a la Biblioteca Pública que está del otro lado de la ciudad.
–Bueno… técnicamente recién mañana comienzo a ser una de sus estudiantes –Jacob volvió a fijarse en ella–. Acabo de mudarme. Ayer.
–Oh, ¿de dónde?.
–Washington.
–Entonces… estás conociendo Boston –Jacob comenzó a escribir en la computadora que había sobre su escritorio.
–Algo así –Bella observaba el lugar.
–¿Qué te ha parecido?
–Es bastante tranquilo –la campanilla sonó, los dos chicos miraron hacia la puerta. Un joven había entrado al lugar, parecía ser un universitario pues se veía algo mayor, miró hacia el mesón y saludo con un movimiento de cabeza, Jacob le respondió de igual forma, luego se perdió entre los estantes. Bella continuó–: aunque en verdad salí buscando una biblioteca.
–Estás en el sitio correcto, Boston es uno de los grandes centros literarios.
–Eso he oído –asintió lentamente. Hubo unos minutos de silencio en los que Jacob pasaba "Jane Eyre" por un sensor.
–Firma aquí –le dijo, acercándole la papeleta que antes había llenado; Bella lo hizo–. Con tu identificación puedes retirar los libros que quieras, tenemos otro tanto a la venta por si quieres mirarlos –le devolvió los documentos y le entregó el libro.
–Gracias. Bueno… –comenzó Bella.
–Disculpa, ¿"Diván de Oriente y Occidente"? –los interrumpió desde lejos el joven que había entrado. Nuevamente, ambos chicos lo miraron.
–En el tercer estante, arriba, está la obra de Goethe –le indicó Jacob, Bella se volteó sorprendida. Cuando Jacob volvió a mirarla fue cuando Bella se recordó de reaccionar y habló:
–Bueno, será mejor que marche –encogió instintivamente sus hombros en un tímido movimiento.
–Claro.
–Fue un gusto –Bella se volteó y caminó hacia la puerta.
–Bella –la llamó Jacob, la chica volvió la vista hacia él–, ¿te parece si salimos un día en la semana? –le preguntó lo más seguro que pudo–. Yo… trabajo en las tardes pero ser el hijo del jefe tiene sus ventajas, así que no tendría problema en… que se yo, enseñarte el lugar –Bella sonrió complacida.
–Con tal que me enseñes donde está la Biblioteca pública –bromeó. Jacob arqueó una ceja.
–Con eso no cuentes –respondió lento. Bella se despidió con un leve movimiento de los dedos, se giró y salió del local. Jacob sólo permaneció sonriendo en su lugar.
En ese momento, una pequeña y extraña sensación de satisfacción golpeaba una puerta esperando entrar. Bella sintió un calor en el interior.
Y eso!
A la tarde subo el otro capítulo, porque luego me iré por una semana entonces tampoco quiero hacerlas esperar, menos sabiendo que aún no aparece todos los otros queridos personajes.
No lo había dicho, pero cualquier saludo, sugerencia y comentario porfavor, no duden en decirlo, se les agradecerá montones. Y cada reviews que dejan devuelve al instante una encomienda de cariños azucarados.
Cuidense y amores!
