Nota: NO está demás decir que los personajes son de propiedad de Meyer.
He vuelto... unos días en el campo aislada de todo, descansando.
Pero justamente hoy llegué a revisar de inmediato el capítulo para subirlo y aquí está.
Espero la gente se anime a leer mi fic.. que seguro, promete ^^
Ojalá lo disfruten tanto como yo escribiendolo!!
4. Las primeras impresiones siempre son buenas
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–Bella, estos son mi novio Jasper… –Alice se había puesto de pie para hacer las presentaciones; Bella estrechó la mano con Jasper mientras pronunciaba un ligero "hola" – y mi hermano Edward –éste último se levantó para estrechar también un saludo con Bella. La chica no pudo dejar de reparar en que aquel muchacho era en verdad bastante guapo y además tenía algo extraño en la forma en la que se había quedado mirándola fijamente; se sonrió al verse pensando aquellas cosas tan de adolescente–. Chicos ella es Bella Swan, mi nueva compañera de cuarto –Edward se movió un puesto para que Bella pudiera sentarse, ella le sonrió en agradecimiento pero por alguna razón, pudo sentir que aquella segunda sonrisa no era tan cálida como hubiera querido.
–¿Bella? –preguntó Jasper.
–Ajáh, toda la vida me han llamado así y lo prefiero la verdad –los pocos estudiantes que estaban en el casino a esa hora ya habían reparado en la presencia de Bella, por supuesto, Bella también había reparado en sus miradas poco disimuladas y se permitió sentir incómoda.
–Y bien, ¿dónde vamos a comer? –preguntó Alice.
–Y esa Bella –habló Edward por primera vez; la forma tan directa con la que se había dirigido hacia ella tal cual como si se conocieran de toda la vida provocó otro tanto de sensaciones en su interior– es la cortesía de mi hermanita personificada, ¿no Alice? –Jasper rió por lo bajo, Alice sólo atinó a sacarle la lengua a su hermano quien en ese momento sonreía mientras que Bella mostraba una expresión de perplejidad–. Pero espera, en un segundo ella misma nos dirá exactamente donde vamos a comer –dijo Edward para que Bella entendiera. La castaña se sonrió: debía ser que Alice era la que siempre decidía todo.
–Bueno… había pensado en ll Toby –todos los chicos se sonrieron de cómo Edward se había anticipado a la actitud de la morena– pero por supuesto que podemos cambiar si quieren.
–Eso suena bien –habló Bella pues quería salir pronto del lugar. Alice se levantó de golpe, sonrió a Bella y dijo:
–En verdad tú y yo nos vamos a llevar in-cre-í-ble –los chicos se levantaron riendo por la tan espontánea reacción de la morena, y los anteriores pensamientos de Edward sobre su hermana y la castaña comenzaron a hacerse ciertos.
* * *
Habían llegado a un restaurant de comida italiana. En el toldo que colgaba fuera se podía leer Il Toby. Dentro el aroma y la calidez eran estimulantes en contraste con el frío que comenzaba a llegar a las calles; Bella se sintió relativamente repuesta cuando cayó en cuenta de eso: respiró profundo y cerró instintivamente los ojos en un rápido movimiento.
Edward, justamente, la miraba en aquel momento y el accionar de la chica supuso un misterio, que se permitió rápidamente quitar de su cabeza.
La mesa a la que los dirigieron era de medio círculo, con un sillón acolchado en forma de U. Los chicos dejaron que ellas pasaran y luego Jasper se sentó al lado de su novia. Edward no tuvo más remedio que ocupar el lugar al lado de Bella.
–Hola, soy Caroline y voy a ser su mesera esta noche –una linda chica rubia, vestida de negro se había acercado a la mesa y estaba poniendo un menú delante de cada uno–, ¿quieren pedir de inmediato los refrescos o cuando tengan decidido que comer?
–Yo quiero una Sprite –habló Jasper– ¿Alice? ¿Bella?
–Para mí un jugo natural. Frambuesa –dijo Alice.
–Una Coca-cola está bien –respondió Bella.
–Que sean dos –habló Edward.
La chica se retiró a la cocina.
–Muero de hambre –Alice comenzó a hojear su menú. Todos la imitaron al momento.
Luego de unos veinte minutos Caroline volvió con la comida de cada uno –Alice había pedido unos ravioles de carne con boloñesa al igual que Jasper, lasaña de espinacas con salsa blanca para Bella mientras que Edward se había decidido por los canelones de atún y bacon– y les dejó dicho que cualquier cosa sólo la llamaran por su nombre.
–¿De dónde vienes Bella? –Jasper siempre había tenido la facilidad para conversar con la gente. Solían decirle que era el más maduro de todos y eso se acercaba bastante a la verdad.
–De un pequeño lugar de Washington. Forks.
–¿Y por qué decidiste mudarte tan lejos?
–Bueno… pretendo venir a la Universidad de Boston así que, cuando mis padres me hablaron de este instituto, que además era de arte, no lo dudé. Es decir, hacer el inevitable viaje dos años antes… dos años después, no veía mucha diferencia –en verdad Bella omitía la verdadera razón de aquello pero prefería guardarse esa información por el momento. Y nuevamente otra punzada la invadía; punzadas que llevaban un nombre propio que Bella se forzaba a olvidar, o por lo menos espantar aquella noche.
Edward miraba atento lo que la chica decía. Bien, Bella era muy linda, ya había caído en la cuenta de eso cuando la vio en la puerta del casino pero ¡vamos! él podía controlarse, no era que no lo hubiera hecho antes, si tampoco era un animal donde reinaban los instintos. Es más, no dejaba de mirarla, no porque le gustara, si no porque podía sentir que la mirada de Bella era más triste de lo que en verdad quería mostrarse. Aún así, se permitió la posibilidad del error.
–¿Por qué? ¿qué quieres estudiar? –dijo Alice sorbiendo un poco de su bebida.
–Literatura. He tomado los electivos de Literatura en el Instituto.
El Instituto de Arte de Boston dictaba, además de los cursos básicos de secundaria –lenguaje, matemáticas, historia, biología, idioma o alguna ciencia, filosofía y educación física– cursos electivos en diferentes áreas artísticas. Estas eran cine, literatura, teatro y danza, música, dibujo y plástica. Cada área contaba con tres electivos.
–Entonces vamos a tener algunas clases juntos –dijo Edward en una suave voz; Bella se giró a mirarlo–, Yo estoy en Cine, los de cine y los de literatura comparten redacción juntos, ya sabes, por lo de los guiones y eso y además yo tomo el electivo de literatura de forma opcional –se explicó.
–Edward cambió su clase de biología por aquel electivo –dijo Alice.
–No soporto la biología –volvió a explicarse el chico.
–Que no te oiga papá –luego agregó dirigiéndose a Bella–. Papá es médico y siempre albergó la esperanza de que sus hijos estudiaran Medicina. Sólo nuestro hermano mayor Emmett seguirá sus pasos.
–Estoy en el optativo de Crítica de Cine –Bella recordó que había escogido ese curso; sentía cierta afinidad por el Séptimo Arte–, supongo que también tienes ese curso.
–Lo jueves en la tarde –dijo Edward asintiendo–. Es bastante bueno, digo… la primera y única clase que hemos tenido fue de lo más constructiva. Así que también te gusta el cine –Edward comenzaba a interesarse en aquella conversación.
–Algo así, creo que… tiene bastante en común con la Literatura –los tres rostros la miraban atentos; se explicó–: me refiero a que tienen este mismo punto de partida… el crear historias, realidades, personajes. Es… básicamente la misma fórmula pero desarrollada de manera distinta –Edward volvió a comer. Era extraño, pero ésta chica a quien no conocía, lo ponía a pensar.
–¿Y no has pensado más seriamente en el cine? –preguntó Jasper.
–No, claro que no –dijo segura Bella–, yo no soy audiovisual. Soy del todo abstracta, aún pienso en palabras –los chicos sonrieron ante la verdad de la castaña. Edward volvió a notar que aquella sonrisa tenía algo extraño, ¿en verdad podía ser tristeza?
–¿Y ustedes que clases toman? –preguntó a Alice y Jasper.
–Yo los electivos de dibujo y Jasper los de música.
–Mi hermana Rosalie también está en el Instituto, ella asiste a teatro y danza.
–Tu hermana es… –Bella indicó a Jasper–, la novia de su hermano, ¿no? Emmett, ¿cierto? –ahora se dirigía a Alice y Edward.
–No se te escapa nada Bella –Alice le sonrió, Bella se sonrojó–. Bueno, Emmett conoció a Rosalie a los meses que comenzamos a salir con Jasper. Como ellos son de Chicago, se venían con nosotros a Connecticut los fines de semana que viajábamos y bueno… a Emmett le encantó. Empezaron a salir y ya deben llevar… más de un año, ¿no?
–Así es –le secundó su novio.
–Y eso que Emmett también decía que el compromiso no era lo suyo –Alice miró a su hermano con cara divertida. Edward le devolvió una expresión que prácticamente la obligaba a retener cualquier palabra que quisiera o no salir de su boca–, ¿y ahora? Más enamorado, imposible –sonrió con el mentón en alto.
No había rastro de comida italiana en los platos de los jóvenes. Caroline se había acercado ofreciéndoles la carta de postres o algo más para comer o beber. Lo chicos se excusaron y siguieron conversando.
–Acaba de entrar Tanya al restaurant Edward –dijo Jasper de repente pues tenía panorámica de toda la entrada del lugar. Todos se giraron.
Tanya Denali era una atractiva estudiante de tercer grado del Instituto de Arte de Boston tal como Edward, Jasper y Alice. Con ésta última compartía algunos electivos pues también gustaba del dibujo y la pintura, y con Edward compartían una relación: era su novia, si es que podía llamarse de aquella forma, y había sido siempre su única novia. La relación de ellos era un tira y afloja constante. Habían terminado ya incontables veces, algunos períodos más extensos, otros más breves, pero siempre volvían a lo mismo. Podían pasar uno buen tiempo juntos y lo siguiente podía ser el infierno. Ella era la única pareja que se le había conocido al castaño pues Edward, si bien acostumbraba a salir con muchas chicas, nunca terminaba concretando con ninguna, mas Tanya surtía cierto efecto en él que lo llamaba nuevamente. Ella también lo veía de la misma manera, podía citarse con otros chicos pero, finalmente, si Edward no la buscaba, ella terminaba haciéndolo. Y sólo así podían entenderse.
–¿Me disculpan un momento? –Edward se levantó y fue donde la chica.
–Esa –dijo Alice indicando con la cabeza a la rubia chica a la que Edward se acercaba– es Tanya Denali, la única chica que ha logrado que Edward tenga cierto compromiso –a Bella, nuevamente, le costaba seguir el hilo de todo lo que le decían.
–Edward no es muy bueno con eso de mantener relaciones estables –explicó Jasper–. Sale con una chica, luego con otra pero nunca concreta, dice que el compromiso y la formalidad no son lo suyo –el chico intentaba sonar despreocupado pues aquello tampoco era "hagámosle mala fama a Edward Cullen"–, y bueno… con Tanya tienen todo este asunto, terminan, vuelven, una y otra vez. Ya no se en verdad en que están ahora mismo, me cansé de preguntar.
–Pero eso si, nunca nos la ha presentado directamente. Es decir, todos en el instituto se dan cuenta de que son alguna especie de novios pues los ven juntos y a nosotros nos ha dicho que, claro, tienen una relación, pero nunca, nunca ha salido con nosotros si está con ella. Prefiere marcharse pero no la trae con él si vamos a algún sitio a bailar o a comer. Ahora mismo él fue donde ella y no dejó que se acercara. Está claro que no quiere que nos relacionemos, si ni mis padres la conocen, supongo que es por si llegan a terminar de forma definitiva –Alice hablaba rápidamente. Sentía la necesidad de poner a Bella al día en todos los asuntos que se había perdido en estos años, bueno, mal que mal ahora iba a ser uno de ellos.
–¿Sobre qué tanto hablaban? –dijo la voz de Edward acercándose. Se sentó a la mesa otra vez.
–Nada interesante hermanito, ¿nos vamos? Ya se hace tarde.
Luego de pagar la cuenta, que Edward se ofreció costear no sin antes tener que convencer a Bella que aquello era una invitación como bienvenida, salieron del lugar. Iban caminando de regreso al Instituto y Bella aún pensaba en lo último que Jasper y Alice le habían contado sobre el castaño.
Así que Edward Cullen era algo como el casanovas del instituto, quien iba por la vida tomando chica tras chica sin reparar en ninguna, recordó Bella y se sonrió ante su forma tan novelesca de verlo.
Se fijó en él buscando encontrar en su estampa algo de esa personalidad de la que le hablaban y, en un fugaz momento, cuando Edward reparó en que lo veían, sus miradas se juntaron. Bella le sonrió y para Edward esa sí que fue, al fin, una sonrisa sincera.
Era extraño, pero a ella le había parecido, en verdad, un muy buen chico.
Va de a poquito la cosa, no?? La interacción entre el par es lenta.. pero segura!
Ya saben.. piensen lo que piensen me lo hacen saber: cualquier saludo, sugerencia y comentario,no duden en decirlo, se les agradecerá montones.
Recuerden, cada reviews que dejan devuelve al instante una encomienda de cariños azucarados.
Cuidense y amores!
