Nota: personajes de Meyer, el resto es mio (ah bueno, Nicholas es mio XD)

Bueno, tardé sólo un par de semanas solamente XD no es tanto, cierto?

Como siempre, darle gracias a las chicas que se suman con Favoritos y Alertas para seguir el fic: Tutzy Cullen, ale-lola, asnandara, crisvel, Agridulce Princesa, v3r0nika, cinderella191 y Domii23, se los agradezco montones queridas! Y A adesca, que se atreve con alerta de autor ^^ que linda que eres!

A los reviews, aunque poquitos otra vez :(, también, a las chicas que se dan el tiempecito de mandar un mensaje o dejar su opinión sobre lo que leen, grax en serio XD

No les quieto más tiempo, disfruten un nuevo cap. de De besitos y problemas.


14. Algo pasa con Bella

.

–¡Qué te tardaste amor! –el mismo panorama de siempre: Jessica esperando por él en la misma solitaria sala de Artes, nublada por el engaño de llegar algún día a formalizar y poder ser así la novia oficial de Edward Cullen–. ¿Me extrañaste?

No el mismo de siempre: ¿extrañarla? No había tenido tiempo ni espacio en su cabeza para poder recordarla. Sabía que sonaba egoísta y que aquella situación remarcaba aún más el hecho de estar, técnicamente, usando a Jessica pero lo cierto era que ya no necesitaba ni quería estar con ella.

¿Verla a escondidas sólo para disfrutar de un buen instante? Había sido un buen plan; un plan pasado ciertamente. Ahora tenía otras prioridades. Una prioridad.

–Jessica, tenemos que hablar –al grano al asunto. Se acercó a la chica quien la esperaba sentada sobre uno de los mesones del lugar; decidió mantener más distancia de la acostumbrada.

–Llevo diciéndote eso desde hace mucho amor, que tenemos que conversar también además de lo físico, tú sabes –cualquier otra chica ya lo habría entendido pero Jessica… digamos que no era una chica muy lista, bueno, por algo había estado creyendo sus mentiras tanto tiempo.

–Tenemos que terminar –le soltó de una.

–¿Qué pasa cariño? –Jessica tomó la mano de Edward y lo aproximó hacia ella; él no dio pie atrás pero logró zafar su mano en un rápido movimiento.

–Simplemente… no quiero seguir con esto.

–¿Pasó algo con Tanya? –preguntó la chica, más asustada que enfadada por lo que acababan de decirle.

–Ese es otro asunto –era verdad: aún estaba todo el asunto con Tanya.

Un silencio que duró unos minutos donde Jessica buscó las manos de Edward y entrelazó sus dedos.

–Edward, nosotros estamos bien juntos amor, nos entendemos, nos divertimos… –Jessica no reclamaba explicación, simplemente buscaba convencer al chico para no perder aquello que tenía con él.

–Es sólo que no puedo seguir con esto –el énfasis en el "puedo" se hizo notar–. Tengo mis razones que no tienen que ver con Tanya, pero que tampoco puedo decírte.

–Escúchame –la chica tomó el rostro de Edward entre sus manos y comenzó a acariciarlo– esto no tiene porque acabarse. No sé que razones tendrás pero te aseguro que podré entenderlas; yo te quiero y se que tú también lo haces –rodeó su cuello y se acercó al oído–, podemos seguir viéndonos aquí hasta que arregles tus asuntos –le susurró mientras comenzaba lentamente a besarle el cuello– porque bien sabes que lo pasamos increíble cuando estamos juntos.

Edward no se movió.

–Además… a escondidas es más excitante –fue lo último que dijo Jessica con el aliento sobre su boca justo antes de comenzar a besarlo. Justo antes de que se nublaran sus sentidos.

Era cierto lo que había dicho Jessica antes, era sólo que la conjugación temporal estaba errónea: la pasaban bien juntos. Antes. Tal vez nunca consideró a Jessica para algo más serio como un compromiso pero sí la creyó entretenida para pasar un rato a solas; ahora ni eso le interesaba.

Por lo mismo debía ser racional. Fue sólo que su lado racional no alcanzó a detener aquel beso y debió ser la inercia de su cuerpo la que lo separara de Jessica al saberse interrumpidos por alguien más que entraba al salón.

El mundo se le vino al piso: era Bella.

No supo si Jessica había dicho o hecho algo, su atención sólo se centro en la silueta de Bella saliendo del lugar. No tenía que pensarlo y fue tras ella.

En la primera sala del pasillo donde la chica se había perdido sonó un teléfono celular y luego el llanto ahogado de alguien al interior. Una molestia lo agobió por completo: Bella no debía estar pasando por eso y menos por causa de él.

–¿Bella?

–Déjame sola Edward –claro que no lo haría. Sabía que a veces lo más adecuado era darle espacio a alguien cuando lo pedía, era sólo que no podía estar tranquilo sabiendo que Bella estaba, en el mismo lugar, sufriendo.

Bella estaba sentada en el piso en un rincón de la sala, apoyada contra la pared y buscando refugio entre sus propios brazos: se veía tan frágil.

Edward se acercó en silencio lentamente, se puso en cuclillas en frente de ella temiendo alguna reacción que le impidiera abrazarla y consolarla y prometerle que todo saldría bien, aún cuando no llegó rechazo por parte de Bella, Edward no pudo hacerlo, había una fuerza invisible que lo separaba de ella; era aquello que muchos llamaban cobardía el que tomaba protagonismo en aquel momento.

La chica se limpiaba escondida las lágrimas a la vez que intentaba reprimir la tristeza: no quería que Edward ni nadie la viera en ese estado, no soportaba la idea de saberse tan vulnerable.

Edward sólo espero; Bella rompió el silencio llevada por la impotencia de momento:

–¿Por qué Edward? ¿Por qué las cosas deben ser así? ¿Por qué simplemente no son capaces de decir la verdad, admitir que todo se acabó? Admitir que ya no te quieren… –Edward pudo notar la voz quebrada de la chica mas no podía ver su rostro, ella aún se cubría.

Otro silencio los rodeó. Fue Edward quien supo que era su turno de hablar:

–Lo siento tanto Bella –algo tenía que decir: aquello era lo que quería decir y Bella supo que estaba siendo sincero.

Ella levantó la vista y al fin sus miradas se encontraron. Aquel rostro nublado por tanta tristeza terminó por acabar con Edward al llevarlo a un límite inexplorado de sus sentimientos.

Pasaron un par de minutos silenciosos. Fuera el ruido comenzaba a menguar. Edward se decidió por ocupar el sitio en el suelo al lado de la castaña, siempre con la mirada al frente. Aquello fue una segunda invitación para la chica quien volvió a hablar, pero con un tono del todo distinto al anterior:

–Me dijeron que me engañaba y yo no lo quise ver –dos lágrimas escaparon por sus mejillas pero en esta oportunidad no se preocupó de ocultarlas–. Confié en su palabra cuando me dijo que no hiciera caso de lo que hablaban, que me quería –Bella no entendía porque estaba contando esas cosas y además a Edward, si nunca antes las había hablado con alguien. Luego se pondría a pensar en lo que hacía, ahora sólo necesitaba seguir haciéndolo–. Cuando apareció con ella dos días después de terminar conmigo debí darme cuenta y, aún así, no quise verlo. Ahora me llama cuando estoy ya a kilómetros como si nada hubiera pasado entre nosotros, de seguro no le importa engañar ahora a la otra chica –su voz se mantenía firme mas sus energías se iban apagando. Sacar todo aquello si que era agotador pues significaba aceptarlo y dolía… a montones.

Edward entendió todo.

–Él simplemente no te merecía Bella. Debes estar con alguien que te merezca, alguien que te valore –cada palabra tan cierta saliendo de sus propios labios lo alejaban cada vez más de Bella pues ciertamente él no calificaba; ella merecía alguien mejor. Lo que Edward no sabía era que cada palabra dicha provocaba una sensación de calor en el interior de Bella que la dejó sin respuesta.

–Siento que tengas que pasar por todo esto –habló en un susurro–. Y siento más que lo hayas recordado sólo porque me viste con… bueno, porque me encontraste en esa situación.

Bella recordó aquella imagen y una punzada de celos quiso manifestarse mas aquello no era un tema que le incumbía, es decir, Edward no tenía culpa alguna de las cosas ocurridas antes con Nicholas por lo tanto no debía pagar por esos asuntos aún cuando no compartiera lo que él estaba haciendo. Además se la debía del día de su cumpleaños: él había respetado su espacio y su privacidad sin siquiera ella pedírselo.

–Sobre aquello, no creas que contaré algo, no es asunto mío.

Edward no pudo reprimir una sonrisa que no fue percibida: cuando creía que no podían existir más cosas que le gustaran de Bella, iba la chica y la sorprendía con algún detalle que lo encantaba aún más. Sin embargo, su sonrisa se esfumó cuando regresó el peso de lo que en verdad lo agobiaba de todo aquello.

–No me preocupa que el resto vaya a enterarse, no me importa lo que ellos digan –Bella lo miró extrañada: ¿acaso aquello con atentaba contra su popularidad?–, me importa más lo que tú vayas a pensar de mi –aquello la sorprendió aún más– o lo que ya piensas de mi.

–¿Qué? –fue lo único que Bella pudo pronunciar extrañada mirándolo directamente. ¿Acaso había escuchado bien? Aquello no tenía ningún sentido. Simplemente no era lógico que a Edward Cullen le importara lo que ella tuviera que decir–. ¿Por qué?

–No quería causarte una mala impresión –Edward no la miraba, no se atrevía a hacerlo; podía sentir la mirada de ella sobre su persona–, aunque creo que ya lo arruiné –dijo esto último soltando un respiro.

Bella no quería sonar importuna pero necesitó volver a preguntar:

–¿Por qué?

Edward al fin la enfrentó:

–Porque me agradas Bella, en verdad me agradas y bueno…quiero conocerte.

La chica desvió la mirada al instante en que enrojecía. No se esperaba aquello. Necesitó unos minutos para calmarse y asimilar las palabras, minutos en que el silencio volvió a apropiarse del lugar. Edward, por su parte, no necesitaba decir más y eso Bella lo sabía.

–No comparto lo que estás haciendo, de ninguna manera lo comparto –Edward anheló un posible "pero"–, aún así no me olvido como te has portado conmigo. Has hecho mucho más fácil mi estadía aquí y eso, en serio, te lo agradezco. Bueno… a los chicos también.

Las palabras de Bella actuaban desvaneciendo poco a poco el nudo que se había albergado en su garganta. Creyó que aquello sería lo mejor que escucharía salir de la boca de Bella, cuando ésta agregó:

–Lo cierto es que tú también me agradas mucho Edward.

Ninguno de los dos se atrevió a enfrentarse: Bella esperaba que Edward no la estuviera viendo porque sentía arder su rostro de vergüenza. Edward, por otra parte, no podía reprimir su creciente felicidad por lo que evitó mirarla o si no todo quedaría en evidencia.

Afuera ya no se oía a los alumnos.

–Debemos ir a clase –dijo Bella jugueteando con sus dedos.

Edward hubiera preferido permanecer en esa sala, en ese suelo frío sentado junto a Bella lo que quedara de la tarde pero sabía que la chica no querría faltar y menos para quedarse en ese lugar con él, así que se puso de pie y le ofreció su mano a la castaña para ayudarla a levantarse.

La chica se sorprendió un segundo. Lo vio a los ojos: Edward le sonreía torcido. Aceptó su ayuda y se levantó también.

–Tu celular –Edward le extendió el teléfono que había estado tirado en el suelo durante toda la platica.

–¡Dios! Se notará que estuve llorando –se lamentó Bella por lo bajo mientras intentaba arreglarse.

–Si quieres esperamos un rato antes de ir –era cierto, se podía ver que Bella había estado llorando, aún así Edward pensaba que lucía hermosa.

–No puedo Edward, ya vamos quince minutos tarde, además debo ponerme al día con las materias así que no puedo darme el lujo de faltar –bueno, pensó Edward, no había perdido nada con intentarlo.

–¿Qué clase tienes ahora? –se dirigieron a la puerta.

–Historia.

–¿Con el profesor Aro? –Bella asintió–, dile que tuviste que arreglar unos asuntos en secretaría y que se tardaron, no te preguntará más –Bella le sonrió en agradecimiento.

–Bien, nos vemos a la tarde –dijo Bella despidiéndose mientras comenzaba a caminar por el pasillo en dirección al aula de Historia. Edward la observaba marchar.

–¡Bella! –la chica se volteó unos metros más adelante–. Se que no debe importarte o te sonará a mala justificación pero… pero cuando entraste a la sala de Arte, aunque no lo parecía, yo estaba terminando con Jessica.

Una cosquilla subió por la garganta de Bella y, sin poder contenerse de reaccionar, sonrió; una sonrisa del todo imperceptible, pero sonrisa al fin.

–Voy a clase Edward –agregó volteándose antes de ser más evidente. Pero evidente con qué, se preguntó Bella mientras seguía su paso: evidente con la inexplicable alegría que la invadió.

Edward no tuvo más opción que marchar a su clase luego que Bella se perdiera al doblar el pasillo. Soltó un respiro: había sido tanto en tan pocos minutos.


Uy que me gustó escribir este cap. No saben lo que me cuesta controlar a Edward de no lanzarse y darle un muy beso nu más a Bella (que harto que quiere tbn).

Les gusto chicas??? Hice que todo se arruinara en el cap. anterior pero no duró mucho, vieron? Si tampoco soy tan mala. Y ya se acerca lo más importante, falta poquito en serio.

Espero más opiniones ahorita, que me digan que piensan o se pases a dejar saludos XD Recuerden que aunque no lo diga, los cariños azucarados siguen viajando para donde uds. Denle a review y le llegará sin falta!

Ahora, no quiero ser como político y prometer y prometer, pero espero tener cap. nuevo en menos tiempo, vale???

Amores y cuidense!