Nota: personajes de Meyer. Yo sólo me hago de sus personajes y me invento un cuento más o menos.
Al fin!
Mi año universitario terminó hace unos días y dispongo de tiempo para retomar el fic, como prometí.
Se que fueron muchos meses los que dejé de publicar, y por lo mismo quiero pedirles como favor personal que se atrevan nuevamente con De Besitos y Problemas, que continúen leyendo como lo hacían y dándome el mismo apoyo de siempre; ahora los capítulos no tardarán en llegar. Les aseguro que dentro de una semana tienen uno nuevo.
Eso, no les quito más tiempo (fue mucho).
Disfruten y comenten al terminar, los reviews siempre son bienvenidos!!!
Gracias por la comprensión (:
AVISO DE UTILIDAD PUBLICA (el nuevo capítulo al fina de este comentario)
Chicas, acabo de leer un review de Amelie 666 donde expresa la dificultad para seguir el fic dado el tiempo que me tomé. Gracias niña por tu comentario, que me ha dado una idea.
Para que puedas entender sin problema De Besitos y Problemas sin volver a leer los 14 capítulos anteriores, he aquí un fugaz resumen:
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Bella es una joven de 16 años que se muda a un instituto en Boston para superar una decepción amorosa provocada por Nicholas, quien la cambió por otra chica.
En Boston conoce a Jacob, hijo del dueño de una librería con quien entabla amistad, aún cuando por parte de Jake las cosas aspiran a ir un poco más allá.
Alices, novia de Jasper y melliza de Edward, es la compañera de cuarto de Bella. La invita a comer y esta conoce a los chicos con quienes entabla una buena relación.
Edward es el más popular y mujeriego del instituto, quien está de "novio" con la también popular Tanya, además de vivir un affaire con Jessica, la chica fácil. Edward le teme al compromiso y nunca ha presentado una novia a su familia, ni siquiera a Tanya.
Bella, en su segundo día, hace caer a Jessica con su bolso y la guerra nace entre ellas.
Edward poco a poco comienza a interesarse por Bella.
Jacob descubre que Bella está de cumpleaños. Edward También. Ambos la sorprenden pero Nicholas llama y es quien se lleva la atención de la chica.
Edward cree que Bella está interesada en él y comienza a conquistarla en clase de gimnasia. Bella, simplemente, le sigue el juego.
Bella se entera que Nicholas sigue de novio y decide superarlo yendo a una fiesta ilegal en el colegio. Ahí juegan a la botella y Bella, un tanto controlada por el alcohol y ya en su dormitorio, intenta besar a Edward. Es el momento en que Edward se da cuenta que está enamorado de ella.
Es así como decide terminar con Jessica, pero Bella justo los sorprende besándose.
Edward se disculpa. Bella le cuenta del engaño de su ex novio Nicholas. Edward le dice que le agrada. Ella también.
Ahora Bella y Edward deben hacer un trabajo juntos para la clase de Literatura del profesor James sobre los mundos fantásticos…
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Ahora si, a leer!!
15. Arde Troya
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–… y así es como termina por configurarse lo fantástico en función de lo real –dictó Bella dando por finalizado el trabajo que tenían para Literatura.
–Listo –terminó de tipear Edward a su lado.
Era lunes en la tarde y ambos se encontraban en la habitación del chico como habían acordado el día anterior; Edward estaba sentado sobre la cama, apoyado en la pared con el laptop sobre las piernas, Bella a su lado se encargaba de buscar bibliografía en los libros que la rodeaban.
–Lo reviso –dijo Bella recibiendo el laptop y apoyándolo en sus piernas.
–Está bien –Edward la observó concentrada en la pantalla y descubrió una nueva faceta de Bella que terminó también por encantarlo. Estaba tan absorto viéndola trabajar que decidió ponerse de pie y salir de su lado pues con eso sólo conseguiría ponerse en evidencia, más de lo que ya podía controlar.
Se dirigió al baño. Ahí se mojó el rostro, respiró profundo y se miró al espejo. Esos segundos contemplándose le revelaron una verdad que, sin poder negar, ya sospechaba: por primera vez en la vida sentía nervios frente a una mujer; como nunca Edward Cullen se ponía nervioso en presencia de una chica. No cualquier chica. Bella. Esa Bella que esperaba en la habitación contigua.
Y no le quedaba más que armarse de valor. Es decir, llevaban ahí casi tres horas entre trabajo y conversaciones triviales y las cosas habían avanzado por su propia cuenta. Ahora que el informe estaba terminado no le quedaba más remedio que salir y hacer aquello que meditó durante los segundos en que su cerebro le jugó una mala pasada y lo hacían concentrarse más en quién dictaba el trabajo que en el trabajo mismo.
La observó, ahora desde la puerta: ella seguía sobre su cama concentrada en el documento. Y no supo, otra vez, cuanto tiempo se quedó embobado mirándola pero al momento ella estaba viéndolo.
–Creo que no hay más que hacerle, diría que está terminado –dijo Bella para cortar un silencio que comenzaba a hacerse notorio.
–Genial –¿qué diablos le pasaba a su cabeza? ¿"genial"? ¿Acaso su cerebro se había atrofiado que no le permitía articular ninguna palabra más interesante que un patético "genial"?
Y otra vez fue sólo el ventilador del laptop el que se dejó oír.
–Bueno… –agregó Bella dejando la computadora a un lado y haciendo además para levantarse– será mejor que me marche.
–-Te parece si… –las palabras escaparon de sus labios; se concedió un tiempo para ordenar las ideas y continuó–: ¿Qué tal si vamos a comer algo? Después de todo el trabajo, creo que nos lo merecemos.
Bella se quedó sentada en la cama meditando la invitación, según lo que Edward pensó; lo cierto es que Bella estaba paralizada. Sabía que no debía darle tanta importancia a gestos como aquel los cuales, lo más probable, era que sólo supusieran amabilidad por parte de Edward, pero su cerebro acostumbraba a jugarle ese tipo de pasadas y darle más vueltas de las necesarias a cosas como aquellas. Y la última semana si que quería volverla loca.
–No lo sé, debes estar cansado –no estaba buscando una excusa fácil para librase de aquello, es más, casi el 95% de su cuerpo le pedía a gritos (¿a gritos?) que aceptara la invitación que el chico le estaba haciendo; es sólo que no quería que Edward se sintiera obligado a hacerla.
–Vamos, no nos tomará mucho, hay un Starbucks cerca, podemos tomarnos un café, comer algo y volver.
Bella se tomó un par de segundos para responder, los que en tiempo cronológico no suponían mayor espera, aún así, para Edward resultaron abismales, donde sólo pudo rogar (¿rogar? aquello sí que era nuevo) que la chica respondiera de forma afirmativa.
–Está bien –accedió y al fin Edward, sin que ella lo notara, pudo volver a respirar.
* * *
Ella no era de las chicas que acostumbraba a aceptar regalos de nadie, no le gustaba sentirse en deuda con la gente por lo que la mayor parte de las veces lo evitaba, era sólo que Edward parecía ser del tipo de gente que no aceptaba un no a la hora de hacer un regalo, y ahí estaba, ofreciéndose a pagar la cuenta completa.
–Bella yo invité, no tienes que preocuparte.
–Lo mismo dijiste la última vez que cenamos –le recriminó Bella.
Estaban en la fila para pagar las bebidas y los emparedados. El cajero esperaba sonriendo algo impaciente que los chicos se decidieran.
Edward sin dejarse contradecir otra vez sacó dinero y canceló ante la negativa impuesta por Bella y, sin dejarla reprochar, agregó con una sonrisa mirándola a los ojos:
–La próxima vez invitas tú, prometo que te dejaré.
Y un escalofrío se coló por la espalda de Bella y recorrió el camino completo hasta su nuca. Tragó pesado y al fin pudo procesar la última información: ¿Edward esperaba que hubiera una "próxima vez"? ¿Acaso Edward quería que existiera una "próxima vez"?
Y sintió su rostro arder, por suerte Edward estaba recibiendo la bandeja con la comida y no se dio por aludido.
–… entonces llegó Charlie y comenzó a híperventilar por mi salud. Si hasta ese momento había logrado pasar desapercibida, con Charlie todos en el colegio terminaron enterándose de mi accidente –Bella estaba entretenida contándole anécdotas a Edward de la época en que había vivido con su padre. Edward sólo escuchaba y sonreía ante el panorama que tenía: una Bella sonriente y del todo radiante.
–Debe haber sido difícil para tu padre dejarte marchar tan lejos.
–Lo fue. Supongo que no pensé en él cuando tomé la decisión –dijo Bella un poco desanimada ante el recuerdo de Charlie.
Entonces Edward recordó las palabras de Bella el día que la había conocido (lo cierto es que podía recordar cada conversación que había tenido con ella) cuando les había contado que sus propios padres le habían ofrecido la posibilidad de vivir en Boston. No quiso preguntar pues no quería incomodar a la chica: si ella decidía contarle las verdaderas razones, la escucharía, si no era así, no la presionaría a que lo hiciera.
Pero Bella sí había notado el cambio en Edward cuando hizo el comentario, recordó a Nicholas y todo lo que ese nombre encerraba y, sin más, quiso continuar.
–Lo cierto es que mis padres me hablaron de este colegio hace dos años y me ofrecieron la posibilidad de venir, yo no quise hacerlo. Pero el verano pasado… –Bella se detuvo y extendió la mirada a Edward quien no perdía pisada de sus palabras. La calidez con la que éste la veía invitaron a Bella a seguir–: el verano pasado Nicholas me dejó y yo… yo simplemente no lo pude superar y me alejé. Era demasiado cobarde para quedarme.
–No es un asunto de cobardía Bella, pero a veces las cosas son demasiado difíciles cuando hay sentimientos de por medio –Bella sólo lo observó–. Y está claro que tú lo quieres mucho –y como le costó admitir que Bella necesitara tanto de alguien más como él necesitaba de ella.
–Lo quise mucho –se atrevió Bella. Y Edward entero reaccionó–. En parte la idea de alejarme era poder superarlo y… por suerte ha dado resultado –sonrió tímidamente.
–No sabes cuanto me gusta escuchar eso –fue un impulso que no pudo detener.
Y Bella al fin se perdió en los ojos de Edward. Y Edward no quiso disimular esta vez. Y el tiempo avanzó como siempre, segundo tras segundo.
Y Bella reaccionó de golpe.
–Ahora tendré que esperar hasta navidad para ver a Charlie, digo, es bastante imposible viajar un fin de semana al otro lado del país y volver el lunes a clases, ¿no? –bromeó inquieta; no sabía que hacer con sus manos ni donde mirar.
–Es un poco difícil, es cierto –le concedió Edward sonriendo– pero bueno, los fines de semana que no viajes a Washington, te vienes con nosotros a Connecticut.
–¿Yo? –Bella se dejó mostrar sorprendida.
–Claro. Y no podrás negarte, Alice no lo permitirá –"y lo cierto es que yo tampoco" completó Edward en su mente.
Y aquello, a pesar de lo extraño que pudiera parecerle, no le resultaba así. Nunca había querido presentar formalmente a Tanya, ni siquiera a su hermana aún cuando estudiaban en el mismo lugar y podían cruzarse en cualquier minuto. Pero con Bella, la que ciertamente estaba a años luz de convertirse en algo más, no aguantaba el momento de presentarla a sus padres; que tuvieran también la posibilidad de encantarse con ella tal cual había ocurrido con él.
–Bueno, gracias por la invitación –fue lo único que Bella pudo decir. Y para él fue lo único que necesitó escuchar.
Bella sacó el celular y miró la hora: faltaban diez para las diez de la noche. No es que quisiera irse de aquel lugar ni menos terminar ese "algo" que estaba ocurriendo entre ella y Edward, pero al otro día tenía clase y era hora de marchar.
–Será mejor que nos vayamos.
Edward miró su propio reloj pues necesitaba convencerse de cortar ese increíble momento que estaba teniendo.
–Tienes razón, se hace tarde.
Ambos se pusieron de pie y se dirigieron a la puerta y, aún cuando las posibilidades eran ínfimas, justamente ese día a Billy Black, tentado por un joven universitario que se había pasado por la librería con un café extra fuerte con esencia de amaretto, le dio por probar aquella bebida que, aún contraria a todas sus creencias anticapitalistas heredadas de su cultura nativa, olía de maravilla. Y tras meditarlo durante el resto de la tarde, le pidió a su hijo que le consiguiera uno de esos benditos cafés.
Fue por esas casualidades que, justamente al momento en que Bella y Edward abandonaban el local, Jacob Black entraba en él.
–Jake –exclamó la chica cuando se topó de frente con él.
–¡Bella! –fue lo primero y lo único que dijo Jacob antes de abrazar efusivamente a la chica quien, sin dudarlo, lo recibió gustosa. Edward a su lado, observando aquel efusivo panorama, sintió arder su interior.
Y luego de separarse, Bella supo que era el momento de la verdad: al instante en que había visto a Jacob entrando justo cuando ellos salían supo que tendría que introducir a ambos en aquella situación. Lo cierto era que presentar a Jacob a Edward y a Edward a Jacob no debía ser tan difícil mas no entendía porqué aquella situación se tornaba terrible en su mente. Se sentía tensa e incómoda… y las razones no las conocía.
Tomó un respiro, segundos en que los chicos, sin conocerse aún, ya se desafiaban con la mirada.
–Jake, eh… Jake este es Edward, un amigo del instituto –el odio dentro de Edward se apaciguó un instante cuando escuchó a Bella llamándolo aunque fuera "amigo" y no dándole de calificativo un simple "compañero"–. Edward, él es Jacob, un amigo que hice en Boston –y el odio, en gloria y majestad, volvió a controlar al castaño.
Dos tiempos dudaron antes de extender sus manos y estrecharlas. Sólo ellos pudieron sentir que tan fuerte estaban presionando los segundos que aquel contacto duró. Ni que decir de las miradas que se echaban.
–Y Jake, tú… por acá, a estas horas –sabía que estaba haciendo un estúpido comentario, era sólo que en ese encuentro los nervios la hicieron presa y no podía pensar con claridad. Además, estaba la incertidumbre viviente del "porqué" y esas incesantes miradas de… ¿ira? que Edward y Jake no desestimaban en echarse.
–Billy quiere probar uno de estos cafés –Bella asintió algo incómoda–. ¿Y tú? ¿ustedes…? –Jacob evitaba hacer preguntas en plural pues suponían darle más crédito del que quería a la figura de Edward.
Edward se reservó un comentario algo sarcástico con el que responder: no era adecuado en ese momento.
–Vinimos por un café, estuvimos trabajando toda la tarde –silencio tenso–. De hecho ya nos íbamos, se nos hizo algo tarde –Bella no podía controlar el movimiento de sus manos.
–Bueno… –Jacob se acercó a despedirse de ella y luego se permitió hacer un comentario del todo explícito del que Edward no perdiera pisada–: pásate luego por allá, así podemos volver a salir por ahí –Edward, ese intruso, debía saber que había habido una "primera vez".
–Bien, nos vemos –Bella salió del lugar apresurada. Edward la siguió luego de ver por última vez a Jacob para dejarle en claro que entre ellos no habría, precisamente, una buena relación.
Jacob, por suerte, también pretendía lo mismo.
Ya sabes, cualquiera sea tu opinión, dale a Review y escríbelo, no te quedes con las ganas de comentar, y hazme feliz XD
Otra vez niñas, mil gracias por su compresión.
Ánimo todas las que estén terminando su año esolar, suerte!
Cariños y soles.
:D
