Nota: persoanjes de SM. yo sólo me invento la historia.
Vuevo, tarde pero con nuevo capítulo (:
Como siempre, mis comentarios y los suyos al final!
Disfruten leyendo como yo escribiendo!
19. Todos dicen te quiero
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No había transcurrido ni un minuto desde que la puerta se había cerrado y el silencio se había creado en gloria y majestad, era sólo que los segundos avanzaban pesadamente dentro de los límites del reloj haciendo del tiempo cronológico un deseo del todo lejano; sólo dos respiraciones dentro de cuatro paredes.
Necesito hablar con Bella.
Aquella frase no dejaba de dar vueltas en la cabeza de Bella buscando alguna explicación para el giro que habían vivido los acontecimientos en esos últimos minutos. ¿Qué podría necesitar hablar Edward con ella para que llegara de esa manera y pidiera quedarse a solas?
Bella lo intentaba cada vez más pero la mirada de Edward, tan malditamente encantadora pero igualmente egoísta, no cedía ni un paso en lo que a esclarecimientos se refería, haciendo que la incertidumbre de la que era presa no aflojara.
Y no es que Edward estuviera maquinando todo para no dejarse en evidencia tan pronto. Él simplemente estaba de pie mientras le daba tiempo a sus neuronas de organizarse para que al abrir la boca, pudieran salir de ella algo más que frases sin hilar.
–Siento haber llegado de esa manera –fue lo primero que pudo decir.
–No hay problema.
Y Bella se puso de pie; ¿su excusa? remover un par de objetos de su mesa de noche. Lo cierto es que necesitaba cortar el contacto visual con Edward porque se estaba convirtiendo en un imán de verdades y no quería… no podía decirle aquello que estaba sintiendo.
–Bella… –adoraba llamarla por su nombre. Con esto tenía la absoluta certeza que Bella se ocupaba, aunque fueran ínfimos segundos, solamente en él; y no estaba equivocado, pues al momento en que la castaña escuchó salir su nombre de aquellos tan reservados labios, se permitió atrapar otra vez por el campo magnético que suponían esos ojos.
Y Edward supo como iniciar aquella, hasta hacía minutos, difícil declaración:
–No se si había algo más que necesitaras agregar hace un rato, en mi habitación –Edward sentía que sí había algo más pero no quería presionar a la castaña. Había llegado hasta ahí para hablar y no obligarla a ella a hacerlo.
Bella tragó pesado en un intento de deshacerse del nerviosismo que provocaba el saber que Edward estaba muy cercano a la realidad. Realidad que no estaba preparada para las palabras que el chico agregó:
–Yo si tengo algo más que decir.
Y otra fue la sensación en Bella: a las ya acostumbradas mariposas inquilinas de su estómago, se sumaron unos agentes algo más atrevidos que comenzaron a erizar la piel desde su nuca, a través de su espalda y brazos, aún cuando ninguna brisa se movía en la habitación.
–Hoy en el almuerzo, cuando dije aquello –visto desde cualquier ángulo, cualquiera creería que Edward estaba dándole algo de suspenso a la situación; lo cierto era que la pausa que se tomó el chico fue necesaria para calmar las ansias de decirle "te quiero" en el instante–, me refería a ti.
Y Edward, sin darse cuenta, estaba respondiendo a la duda que había aquejado a Bella desde el mediodía cuando sus ojos esmeraldas habían decidido comportarse tan condescendientes y le habían contado lo que sus palabras sólo habían parcialmente revelado.
–No me importó cuando me di cuenta que todo el instituto hablaba a mis espaldas. Tal vez hubiera sido mejor si los chicos lo hubieran sabido de antes –era el momento y, extrañamente, no estaba nervioso–, pero me tranquilizaba que tú ya lo sabías y entendías la situación, aún cuando sigo creyendo que las circunstancias en que te enteraste no fueron las mejores.
Bella intentaba seguir a Edward en cada palabra que osaba articular más le era imposible no detenerse en algunas frases que la dejaban sin aliento: … cuando dije aquello, me refería a ti, … cuando dije aquello, me refería a ti, … cuando dije aquello, me refería a ti. ¿Acaso no era eso lo que había querido escuchar? Y ahora sentía que aquello no tenía sentido: ¿ella?
–¿Por qué? –la frase sonó tan despacio desde su boca como dentro de su cabeza, aún así Edward no tuvo problema para entenderla; hasta el silencio se escuchaba en aquel espacio de aire compreso.
Y sonrió. Al escuchar la pregunta de Bella, Edward sonrió.
–Pensé que te habías dado cuenta –Edward mantenía la vista fija, al frente, donde descansaba la figura de la chica. Bella, por otro lado, era quien se daba por vencida a ratos en ese juego intenso de mirarse–. Me interesas Bella. Cuando a uno le gusta alguien… importa lo que esa persona piense de ti –con eso daba por hecho que Bella había comprendido la intención de sus palabras. Pero ya estaba en eso, qué más daba confirmarle los hecho con las palabras precisas que estaba orgulloso de sentir:– Y tú… tú me gustas, Bella.
Y otra vez el mismo eco repitiendo otra frase del todo pronunciada en la voz de Edward y aún así inverosímil para los oídos de Bella: …tú me gustas. Me gustas. Palabras fuertes.
Edward no esperaba que otra declaración continuara a la suya, menos que Bella saltara a sus brazos jurándole amor eterno –aunque nada costaba soñar–. Lo cierto es que no sabía que esperar, era sólo que aquel silencio, antes su compañero mientras pensaba que decir, ahora le daba la espalda y comenzaba una lenta tortura.
Y tuvo que hacer algo con aquello. Se atrevió una vez más con sus ojos en los de Bella y admitió lo que deseó no haber tenido que admitir.
–Entiendo que no sientas lo mismo.
¿Lo entendía? Ahora sonaban a palabras fuertes. No lo entendía. No quería entender que ella no sintiera lo mismo. Era sólo un asunto de cordialidad. Debía ser cordial, era lo correcto. Por lo mismo las palabras sonaban pesadas en su cabeza, pero en algún momento entendería, ahora no quería hacerlo.
Y por primera vez en todo ese instante que se estaba desarrollando, Edward tuvo que apartar la mirada. No quería que sus crecientes sospechas se confirmaran en los ojos de la chica. Y fue Bella quien continuó:
–Quise ser yo –lo dijo lo más despacio que pudo con la oculta esperanza que el chico lo pasara por alto. Hasta tuvo que volver en sus palabras para comprobar si habían salido de su boca o simplemente eran producto de su mente. Ocurre que Edward se había parado frente a ella y había dicho todas esas cosas –que ciertamente le costaba comprender y creer–, así que iba siendo hora que ella fuera valiente y terminara lo que había empezado.
–¿Qué? –Edward se aferró a esas tres palabras significaran lo que significaran.
–Cuando dijiste eso al almuerzo... –sonrojo. Bajó la mirada, jugó con sus dedos. Se tocó el cabello, se mordió el labio. Examinó de lleno su habitación. Todo en un fragmento de minuto. Y volvió a ver a Edward y tuvo que saber continuar–: Quise ser yo de quien hablabas.
Nada se movió ni escuchó.
–Está bien –Edward se compuso en su lugar. Bajó la mirada para analizar la situación y, contemplando otra vez a Bella, le comunicó su decisión firme y claro –: Voy a besarte Bella –aquello no era una pregunta.
Y Bella no se movió ni escuchó.
Edward, sigiloso, avanzó hasta ella. Ahora entendía que era verse en los ojos de Bella porque estaban frente a frente. Nada los separaba. Ni siquiera ella…
–Edward… –Edward tomó el rostro de Bella de forma suave entre sus manos y la chica no pudo continuar. No recordaba que pretendía decir. De seguro no era importante, no más importante que estar sintiendo su rostro arder con el contacto frío de Edward, no más importante que estar comprobando que esos ojos sí eran un par de imanes.
–Por favor no me pidas que no lo haga –Edward no quería detenerse. Bella no pretendía detenerlo. El aliento cálido de Edward rozó los labios de Bella; sí había una brisa en la habitación, una brisa que cada vez se volvía más intensa–. Por favor…
Y en ese instante…
Jasper jugaba con los dedos sobre la mesa del casino mientras, a su lado, Alice le contaba su quinta teoría de cómo Edward se declararía; el jefe Swan le pedía los documentos a una pareja que viajaba a exceso de velocidad por la carretera a la Push; Ángela tipeaba una crítica acerca del poco valor de la elección de rey y reina en los bailes escolares; y Emmett, en medio de un control, dejaba a escondidas su propio celular dentro de la mochila de un compañero para jugarle una broma…
… y en ese instante Edward al fin pudo saber como era sentir los labios de Bella. De todas las formas en que lo había imaginado, de todas las expectativas que se había creado, nada se comparaba a lo que era en realidad el toque de los labios de Bella sobre los suyos. Sintiéndolos. Acariciándolos. Besándolos. Porque sí, Edward Cullen estaba besando a Bella Swan.
… y en ese instante las palabras de Edward aparecieron en sus ojos y fue lo último que Bella supo. Cerró los suyos y ya no vio, ya no oyó, sólo sintió. Sintió sus labios reconociendo otros que no eran los suyos. Una reacción irracional convertida en caricia. Una caricia lentamente tortuosa; otra caricia tímidamente osada; otra caricia adictivamente necesaria; una última caricia malditamente agridulce que traía consigo la reinvención del espacio y la distancia entre sus cuerpos.
Y en ese instante el tiempo también aprovechó de reinventarse. Los ojos de Bella se tardaron un par de segundos más que los de Edward en abrirse. Y fue algo que el chico agradeció: había descubierto su imagen favorita.
Silencio acompañado de respiraciones agitadas, en vano disimuladas. Y sólo la voz de Edward aventurándose:
–No voy a disculparme por esto –dijo sin soltar el agarre suave que le proporcionaba el rostro de la chica.
Y le dedicó una sonrisa que, sin saberlo, provocó lo contrario a lo que una sonrisa debe conseguir: la razón bajó de golpe a la realidad de Bella. Y Edward lo notó.
–¿Qué ocurre?
–Esto está mal –Bella habló sin una pizca de convencimiento.
–Creo que difiero contigo –el chico volvió a sonreírle. Se atrevió con una caricia sutil sobre la mejilla de Bella.
–No Edward… –Bella tomó entre sus manos las muñecas de Edward y las bajó. Debía soltar ese agarre que le impedía anclarse a lo concreto. Atravesó la habitación y desde la mayor distancia que aquel espacio de cuatro por cinco le permitía, continuó–: esto no está bien.
Edward se giró pero no avanzó.
–¿Por qué lo dices?
Había funcionado. Sus sentidos y toda su cordura se habían dejado vencer por las sensaciones producidas por la cercanía a Edward pero ahora, fuera de su asombroso contacto, podía pensar con claridad. Sabía todo lo que Edward le provocaba, sabía ahora lo que, inexplicable e increíblemente, Edward sentía por ella, pero también sabía en que no quería convertirse. Saber que en algún momento estuvo casi muerta por dentro al enterarse que había otra en la vida de quien amaba le recordaban que no estaba en sus planes convertirse en eso. No quería ser la otra de nadie. Nunca.
¿Tiraba por la borda su mejor oportunidad? Era una cosa o la otra. Y su elección estaba clara:
–No sabiendo que hay terceros implicados –y como nunca tuvo el valor para mantener la vista al frente sin titubear–. No me pidas que me convierta en esa persona.
Había alguien más y Bella se lo estaba comunicando elegantemente, de la forma más cordial que encontraba; por lo visto se parecían en algo. Ella sentía algo más por alguien y no quería engañarse, ni engañarlo; Bella era así. Y él no estaba en posición para tratar el tema.
–Entiendo –¿qué más podía decir? No podía obligarla a quererlo pero tampoco se arrepentía de lo hecho–. Perdona si no puedo disculparme por besarte. No lo lamento –y no lo lamentaría. Si todo pasara de nuevo cambiaría otras cosas, pero no ese momento.
En cambio Bella si lo hizo. Y dolió.
–Lo siento –dijo en un susurro.
–No lo hagas. Nada tiene valor si uno no se lo concede, así que no te preocupes –no podía hacer más que otorgarle la libertad de olvidar el beso si ella así lo quería.
–No digas eso…
–Será mejor que me vaya.
En ese instante Jasper, aún en el casino, le rebatía a Alice la séptima de sus teorías de cómo Edward se declararía porque, según él, el director Thomas no dejaría entrar mariachis al instituto; el jefe Swan les entregaba la multa a la pareja que conducía a exceso de velocidad, quienes la recibían con cara de pocos amigos; Eric le prohibía a Ángela publicar su nota en el periódico escolar pues las bajas de éste aumentarían; y un celular, con Barbie Girl de ringtone, no dejaba de sonar en la sala donde Emmett rendía su examen mientras éste no dejaba de reír disimuladamente.
En ese instante el tiempo se detenía sólo para Bella y Edward.
No saben lo difícil que me fue escribir este capítulo. Mi idea era que se extendiera la mitad de lo que en realidad dura para continuar con la historia, pero las reacciones, los pensamientos, las sensaciones (bueno, tal cual lo leen) de Edward y Bella a cada segundo me fluían y, según yo, no eran desechables. El resto de los besos serán más explícitos, mas pasionales, más descriptivos; éste, como primer beso, casi robado por parte de Edward, me llamaba a la sutileza, a lo más sensitivo para poder generar una atmósfera, que espero haber logrado. Además el primer beso debe ser especial, o no? Qué piensan?
Con respecto a la historia, les prometo que el asunto de Tanya pasará luego, muy pronto porque no da para más. Edward tiene claro que quiere, y a quien quiere es a Bella. Otra cosa, disculpen a las fanáticas de Rosalie o Emmett (ya que lo nombro en este capítulo) por sus pocas apariciones. A mi también me gustan mucho como personajes, es sólo que me ha sido difícil introducirlos en el relato y no quiero forzar las cosas.
Las dejo invitadas a que le den a los ya famosos Reviews (: y opinen sobre esto y mucho más XD
Amelie 666, Edward se puso los pantalones, no? a medias pero lo hizo. Con respecto a tu petición de que sean novios, me aventuraría a decir (y revelar) que eso no pasa de los cuatro siguientes capítulos. Es mucho??? Kisses para ti.
Agradecer a ceara cullen potter, AngeliqueCullen y labruja165 por sumarse a favoritos y alertas de De Besitos y Problemas :D Además agradecer el lindo review de Jen Cullen 89, bienvenida a seguir mi fic! Por lo visto los papeles de quien hace sufrir se invierten, no? Con respecto a Tanya, ya pasará.
sarita-26, las cosas avanzaron porque beso hubo pero te me adelantaste con la trama XD
eviita cullen, con respecto a que Bella sólo oyera eso, creo que me fue más fácil inventarmelo en la cabeza (lo tengo mucho más visual) que escribirlo. Es una cosa como de titubeo frente a la puerta. Lo siento si no quedó claro. Y si no es verosímil, bueno, es para que la trama avance. Mordidas de vampiro para ti.
Taniiah Darcy, ahora es en serio que adoras el fic o ahora es en serio lo de Edward? XD Si es por el fic, siempre es buen momento para que lo adoren XD Darcy... por el señor Darcy de Orgullo y Prejuicio? (AVISO DE UTILIDAD PÚBLICA: tal cual Bella es fanática de la novela Orgullo y Prejuicio (Pride and Prejudice), les recomiendo la película, la versión del 2005 con Keira Knightley; es PRECIOSA en todos los aspectos. Y el señor Darcy un encanto n.n)
Me alegro que hayas adorado el capítulo Iviiis Cullen. Y bueno, los hombres son hombres, tampoco podemos pedirles mucho XD, y Bella... es Bella, siempre con la inseguridad a flor de piel. Actualizo lo más veloz que puedo querida, te dejo miles de cariños (:
***Se me olvidaba, la declaración de Edward más la reacción de Bella está del todo basada en el capítulo "Stolen Kisses" de la tercera temporada de Dawson's Creek para quienes, como yo, vivieron el tiempo de amores y desamores de Dawson Leerey XD
Eso, ya saben, comenten-comenten!
Mis cariños como siempre, y soles de verano para todas!
(:
