Una semana después, Diamante caminaba hacía la biblioteca para ordenar algunos libros que había olvidado el día anterior, pensó en Serena, no la había visto en siete días y no se atrevía a preguntarle a su hermano como se encontraba, decidió que así era mejor todo, aunque en aquella semana algo estuvo fastidiándolo todo el tiempo, algo que lo hacía sentir dudoso, en continua pelea con sus pensamientos, siempre mirando en todas direcciones para ver si se encontraba con aquella cabellera rubia, se odiaba a si mismo por no poder olvidar la suavidad de su piel, por recordar en cada minuto aquel aroma que emanaba su calido cuerpo, recordó lo frágil que era, también el como recargó la cabeza sobre su pecho. Sacudió la cabeza, tratando de olvidar.

Ensimismado en sus pensamientos olvido fijarse por donde iba, caminaba a toda prisa por los pasillos, como si eso hiciera que Serena se borrara de su mente, sin importarle nada ni nadie, aceleró el paso, chocando con un cuerpo esbelto, regando sus libros por todas partes.

Se agachó rápidamente, maldiciéndose por ello, recogió los libros y sintió que la chica lo miraba, al levantar la mirada se topo con dos enormes ojos azules, y una sonrisa divertida. Por un momento sintió que sus mejillas se encendían, se puso de pie y le entregó los libros como automáticamente, sin poder mencionar palabra alguna.

-Gracias.-dijo Serena.

-Me da gusto ver que ya te recuperaste…-respondió Diamante, tímido, nervioso, estúpido… ¿qué le sucedía?, no quiso mostraste débil ante ella, por lo que le dio la espalda tan rápido como pudo y se alejo casi corriendo.

Serena lo vio alejarse, confundida por la reacción de Diamante, no pudo olvidar el como la observó durante largo rato sin decir palabra, como si la estuviera estudiando, eso la hizo sentir mariposas en el estómago y no pudo evitar sonreír como idiota, por un momento creyó que Diamante se quitaba aquella capa de frialdad que lo envolvía, pero volvió demasiado rápido, y al verlo alejarse de ella sintió un choque de emociones, hacía una semana que no sabía nada de el, y verlo, por alguna razón, la hacía sentir diferente, debía aceptar que aquellos días le habían parecido sumamente largos.

Serena llegó al salón de clases y se sentó junto a Hotaru, quien la miraba alegre al darse cuenta de que ya podía caminar con normalidad. Las horas de clases pasaron lentas, contestando miles de preguntas, entregando montones de tareas atrasadas, al final del día moría de hambre y no pudo resistir correr hacía la cafetería, donde seguramente estaría lleno, por la hora. Dejo su bolso en la mesa en la que se encontraban las chicas y se formo para coger algo de comer, al volver las chicas parloteaban acerca del próximo baile que sería dentro de tres días.

-Serena, ¿con quien irás al baile?-preguntó Mina, ansiosa por averiguarlo.

-La verdad es que no tengo idea, nadie me lo ha preguntado.

-¡Por Dios!, por que no has salido de tu habitación, solo espera a que los chicos te encuentren sola, o acompañada…no pararan.-rió.

Mina iría con Yaten, según escuchó, Unazuki asistiría con Darien, mientras que Molly llegaría con Neflyte, algo que a las demás les molestaba, Amy aun no decidía ir, todas trataban de convencerla, Taiki se lo había propuesto, pero Amy, por su rivalidad no había respondido, terminaron por convencerla de que le dijera que si. Serena terminó su cena y se dirigió al bote de basura para tirar los restos.

Del otro lado de la cafetería, los chicos miraban a su alrededor, Zafiro comentaba que le diría a Serena que fuera con él al baile, Diamante solo decidió ignorarlo, de cualquier forma no quería ir al baile, siguió comiendo hasta que todos parecían entretenidos con alguna escena, Diamante también miro y vio a Serena tirando algo al cesto de basura, de pronto Andrew Furuhata llegó a su lado y la entretuvo preguntándole algo, miro a su hermano, con el rostro enrojecido de coraje, murmuro algunas blasfemias mientras se cruzaba de brazos.

Serena escuchaba atentamente a Andrew, quien le pedía de manera amable que fuera con él al baile.

-Andrew yo…aun no sé si iré al baile…no quisiera que dependieras de mi, podrías preguntarle a alguien más…

-No tienes que responderme ahora, querida, te buscaré mañana.-dijo sonriendo.

Diamante vio a Serena regresar a su mesa con un semblante preocupado, como si la idea de que Andrew Furuhata le pidiera ir al baile no le agradara, eso lo hizo sentirse extrañamente tranquilo.

Una hora más tarde, se encontraban todos platicando alrededor del gran roble, Diamante leía, apartado de los demás, algo sobre Nietzsche, Serena lo observaba disimuladamente, Zafiro le contaba algo, pero no le prestaba mucha atención.

-¿Serena?-dijo Zafiro en un tono más alto.

-Lo siento… ¿me decías?

-No importa ya…mejor prefiero preguntarte otra cosa.

-¿Qué sucede?

Antes de que Zafiro pudiera hablar, Seiya Kou los interrumpió.

-Serena, que bueno que te encuentro, es mi oportunidad, iré directo al grano, ¿quieres ir conmigo al baile?, vamos bombón, di que si.-rogó Seiya con una amplia sonrisa.

Diamante miro la escena desde donde se encontraba, ¿también Seiya?, debió suponerlo, noto como su hermano cerraba el puño con fuerza y miraba hacía otro lado, luego miro de nuevo a Serena, quien lucía confundida.

-Yo…no sé, Seiya, en realidad ni siquiera sé si iré al baile.

-¡Vamos!, es tu primer baile universitario, debes venir.

-No estoy muy segura…lo pensaré…

-Gracias, bombón, te buscaré mañana para saber que decidiste.-Seiya le sonrió y volvió junto a los demás.

Serena lanzó un pesado suspiro y luego se volvió hacía Zafiro.

-Lo lamento, Zafiro, ¿Qué me ibas a preguntar?

Zafiro la miró durante un largo rato sin decir palabra, y entonces lo comprendió. Diamante estaba bastante cerca para escuchar, su hermano también lo haría, su estómago se revolvió, "no lo hagas, Zafiro", pensó.

-Oh no… ¿Zafiro?, no me digas que…

-Serena, por favor, soy tu mejor amigo, a mi debes decirme que si.

Diamante rodó los ojos al escuchar esto.

-Pero Zafiro, ni siquiera sé si iré, no es algo que llame mi atención y…

-Anda, no seas tonta, ven conmigo.-Zafiro tomo la mano de Serena.

Diamante ya ni siquiera se daba cuenta que había dejado la lectura por escuchar y observar, le molesto ver a su hermano tomar a Serena de la mano, ignorándolo siguió escuchando.

Serena se puso de pie.

-No lo sé, Zafiro, tengo que pensar esto…dos personas me lo preguntaron primero que tu, no sé siquiera si tengo ganas de ir…

Zafiro agacho la mirada y Diamante prefirió volver a la lectura. Un rato después terminó de leer y quiso retirarse a su habitación a dormir, mientras caminaba vio a lo lejos a Serena, sentada, pensando en algo, cuando paso frente a ella no pudo evitar detenerse y mirarla. Serena también lo miro, su pulso se acelero al verlo frente a ella. Diamante se había quedado sin habla mientras la observaba, ¿por qué se detenía?, ¿qué quería decirle?, no tenía la más mínima idea…

-Serena.-fue lo único que dijo.

-¿Diamante?

-Yo…me pregunto…

-Diamante, ¿tu también?, ¿estas tratando de invitarme al baile?-dijo Serena, incrédula.

Diamante de inmediato se asusto, ¿lo estaba haciendo?, ¡no podía ser!, la odiaba, la detestaba, debía hacerle saber que su idea con respecto a ella no había cambiado.

-Dios, ¡no!, ¿por qué habría de hacerlo?, no podría ir al baile con nadie…menos contigo, ¡no deseo ir al baile!, ¡menos contigo!, no te creas tan pedida, no soy estúpido, si quisiera ir al baile, podría pedírselo a quien sea, ¿no crees?

Serena se quedó mirándolo, sorprendida por su respuesta, agacho la mirada, Diamante tampoco supe que hacer, había contestado por impulso, así que decidió continuar su camino, era lo mejor que podía hacer.

Al siguiente día Diamante temía encontrarse con Serena, aun no comprendía el por que la había tratado de aquella manera cuando su perspectiva comenzaba a cambiar. Decidió que trataría de no chocar con ella, de estar cerca de ella lo menos posible. Mientras caminaba hacía la biblioteca escucho unos sollozos, trato de llegar siguiendo el llanto, hasta que se topo con una pequeña niña que lloraba, como si estuviera perdida, se acercó a ella sin pensarlo dos veces y se sentó junto a ella.

-¿Qué sucede, pequeña?-dijo Diamante retirando su cabello rosado del rostro de la pequeña.

-No encuentro a mi hermana, estoy perdida, solo quería verla y…

La niña se cayó al ver a Diamante, lo observó con detenimiento y le sorprendió lo guapo que era. Diamante también la estudió, su rostro le recordaba a alguien, tenía enormes ojos azules como los de…

-¿Cómo se llama tu hermana?-dijo con curiosidad.

-Se…

-Serena.-terminó Diamante.

-¿Cómo lo sabes?-dijo alegremente la niña.

-Te pareces mucho a ella.

La niña lo abrazo fuertemente y Diamante se sintió extraño.

-¡Por favor!, llévame con ella.-dijo suplicante.

-No puedo hacer eso…si algún prefecto te ve por aquí, nos regañaran, a ambos, deberíamos llamar a tus padre.

-¡No!, ellos no saben que estoy aquí, no me dejaban venir a ver a mi hermanita.

-Pero…

La niña lo miro con dulzura y no pudo resistirse, asintió lentamente mientras trataba de encontrar una solución.

-Me llamo Rini, ¿y tu?-pregunto divertida.

-Diamante.

-Tu nombre es muy bonito, como el de mi hermana.

-Rini…tendré que esconderte un rato, mientras encuentro a tu hermana, ¿esta bien?

-¿Dónde tendré que esconderme?

-Sígueme.-dijo Diamante poniéndose de pie.

Rini corrió tras Diamante y le tomo la mano, Diamante la miro extrañado, pero no le incomodó, la llevó hacía el almacén de libros y le pidió que esperara ahí.

Salió de la biblioteca con el propósito de encontrar a la rubia. Busco en los lugares comunes y al no encontrarla fue a su habitación, tampoco estaba ahí, se topo con Hotaru y Zafiro.

-¿Dónde esta Serena?-pregunto sin importancia.

-¿Para que buscas tú a Serena?-dijo Zafiro extrañado.

-La necesito.

-Claro…

-Ella no esta por aquí, no la he visto en todo el día.-respondió amable Hotaru.

Diamante comenzó a alejarse hasta que sintió la mano de Zafiro en su hombro.

-¿Para qué la quieres?, no me digas que tu…

-No deseo invitarla al estúpido baile, es un asunto importante.-contestó dándole la espalda.

Continuó buscándolo hasta que la distinguió entre la multitud, se dirigió a ella apresurado, como si temiera que desapareciera en cualquier momento.

-Serena.-dijo tomándola del brazo fuertemente.

Serena se extraño al ver a Diamante tomarla del brazo, la arrastró alejándola de la gente, sin decir palabra, Diamante la condució hasta la biblioteca.

-¿Qué sucede, Diamante?, no tenías que jalarme…pude haber venido sin necesidad de esto, yo sé que tengo trabajo que hacer y…

Diamante, ignorándola, la introdujo a la sala contigua al almacén, era una sala muy estrecha y solo contenía un pequeño sillón, apenas cabían bien los dos, Diamante cerró la puerta y cuando miró a Serena estaba sonrojada. La tenía bastante cerca, se dio cuenta de que sus manos estaban entrelazadas, la soltó poco a poco, Serena quiso hacerse hacía atrás, pero el sillón se lo impidió y la hizo tropezarse, pero Diamante logró sostenerla a tiempo, por lo que sus cuerpos estuvieron más cerca que nunca, Diamante había sostenido a Serena por la cintura, mientras que Serena había rodeado inconcientemente el cuello de Diamante, sus respiraciones eran entrecortadas, Serena sentía que su corazón saldría disparado, mientras que Diamante no lograba controlar su ritmo cardiaco. Se miraron durante un largo rato, sin hacer ningún movimiento, solo se quedaron unidos.

Diamante no quería seguir en aquella situación, temía no poder controlarla, desenrolló su cintura lentamente y espero a que Serena hiciera lo mismo con su cuello, fue ella quien rompió el silencio.

-¿Por qué me trajiste aquí?

La pregunta golpeó a Diamante, había olvidado por completo por que se encontraban ahí, abrió la puerta del almacén y sacó a Rini de dentro. Serena abrió los ojos como platos cuando la vio, Rini corrió a abrazarla y Diamante vio como Serena derramaba algunas lágrimas.

-Rini, ¿Qué haces aquí, mi amor?

-Quería verte, Serena, mi padre no me dejaba…y escapé.

-¿Por qué?, ¡santo Dios!, si saben que estas aquí nos regañaran mucho a ambas…

Serena se hizo conciente de que Diamante aun se encontraba ahí y se puso de pie, tomada de la mano de Rini.

-Gracias, Diamante, si la hubieran encontrado…

-Descuida, creo que me iré ahora.

-¡No te vayas!-gritó Rini.-Él es mi amigo.-dijo sonriendo mientras con su mano libre tomaba la de él.- ¿Podemos tomar un helado?

-Rini, él tiene cosas que hacer, no seas mal educada.

-No me molestaría ir a comprar un par de helados, pero no podemos ir a sitios muy concurridos.

-¿Lo ves?, Diamante es mi amigo.-rió.

Caminaron juntos, Rini tomaba las manos de ambos, se dirigieron al jardín trasero, donde casi no iba nadie y esperaron a que Diamante regresara con los helados, Diamante escuchó todas las cosas que Rini le contaba a Serena y por un momento le encantó ver a Serena en aquella situación, en verla preocupada por su hermana, pudo darse cuenta de que la quería mucho. Rini se distrajo con una catarina que merodeaba por el lugar, Serena se volvió hacía Diamante.

-Gracias, Diamante, ella…no la veía desde que entré aquí, la quiero mucho y la necesito mucho, si no me lo hubieras dicho yo…

-Esta bien, Serena, me pareció una niña muy agradable, y lo más correcto me pareció ayudarla.

Hubo un silencio prolongado hasta que Serena habló de nuevo.

-Entonces… ¿no irás al baile?

-No me agrada mucho… ¿y tu?

-Creo que tampoco iré…no quisiera disputas entre nadie.

Diamante la miró, Serena observaba a Rini juguetear, los rayos del sol hacían brillar su cabello intensamente, era como ver a un ángel, imágenes de su pequeña Serena llegaron a su cabeza corriendo, ¿por qué la recordaba siempre que estaba con ella?, quiso tomarla entre sus brazos y decirle que la necesitaba, por que le recordaba a su amor, pero luchó contra esa idea, la joven que tenía junto a el no podía ser su pequeña…pero parecían tener la misma belleza impresionante.

-Debo irme, Serena, te ayudaré para que nadie vea a Rini…al menos alguien importante, no te preocupes, quédense aquí por lo pronto.

Diamante se retiró, en realidad no debía irse, solo lo perturbaba demasiado estar tan cerca de la rubia, su aroma perfumado se introducía por todo su cuerpo, rosas, fresas, árboles, todos esos olores se centraban en ella, cada vez que la mirada se encandilaba, así que decidió alejarse mientras lograba controlarse.

No fue hasta que Diamante se fue que Serena logro quedarse tranquila, su pulso se controló, ¿por qué se ponía tan nerviosa con aquel chico de cabellos plateados?, cuando sus ojos oscuros y azules la miraban, parecían poder leerle la mente, ver más allá de su rostro, recordó como sus fuertes brazos rodearon su cintura y se estremeció, recordó como habían estado tan cerca, tan juntos, como la había tomado de la mano, el cosquilleo que sintió al sentir sus dedos enredarse con los suyos, sacudió su cabeza intentando borrar aquellos recuerdos y no pudo evitar acordarse de su amado Diamante, ¿dónde estaría?, ¿Por qué no estaba con ella?