"Soy un cobarde", pensó Diamante mientras se dirigía a la cafetería cuidando de no encontrarse con Serena. La había estado evadiendo durante días, sin saber exactamente por que, aunque tenía inmensas ganas de verla, al mismo tiempo temía encontrársela. También había evitado hablar con su hermano, se había enojado con él por lo que había hecho, aun no podía aceptar toda aquella situación. Comió lo más rápido que pudo, como lo había estado haciendo y se devolvió a su habitación. Al llegar escuchó la regadera, por lo que supuso que Zafiro se estaba dando un baño, se recostó en la cama y se dedico a leer, para ver si así se distraía un buen rato.
Minutos después escuchó como la puerta del baño se abrió, Diamante bajo su libro para preguntarle algo a Zafiro y se sorprendió por lo que vio. Serena Tsukino se encontraba delante de él, envuelta en una toalla, estaba pálida y enrojecida. Diamante la observo de pies a cabeza, sus piernas largas y finas resplandecían, sus pechos se notaban a través de la toalla, perfectos.
Al verlo se devolvió corriendo al baño y salió tiempo después cambiada, se miraron de nuevo, Diamante no pudo pronunciar palabra, ni ella tampoco, tanto tiempo tratando de evitarla y todo para nada, la encontraba en su habitación, tenía que hacer algo para disipar aquello.
-¿Qué haces…aquí?-preguntó Diamante nervioso, con el corazón acelerado al máximo. La hermosura de Serena lo distraía y no lo dejaba pensar con claridad.
-Yo…usaba el baño, no hay agua en mi habitación y…
Diamante se acerco a ella inconcientemente, para verificar que fuera real, aunque no la toco, sintió su calor, su esencia, aspiro su aroma a rosas, ese aroma que tanto lo atormentaba cada vez que estaban cerca, su cabello brillaba por el agua recién caída, y que decir de sus ojos, tan azules y destellantes que lo fulminaban, que parecían atravesarlo.
Serena se sentía a punto de desfallecer, a pesar de que había estado esperando encontrarse con él, no creyó que al momento de hacerlo todo fuera difícil, no lograba controlar sus pulsaciones, quiso preguntarle mil cosas, sin embargo apenas pudo contestar su pregunta, quiso lanzarse a sus brazos también, pedirle que volviera a besarla, pero tampoco se atrevió, pero lo contemplo, lo estudió con detenimiento, hasta el último detalle, sus ojos grises y oscuros parecían querer pedirle algo, pudo observar lo suave de su piel, incluso sin tocarla, hubiera deseado llenarlo de besos.
Zafiro entro a la habitación y se detuvo al ver que ambos se encontraban ahí.
-Oh, lo siento, será mejor que me vaya.
-¡No!-casi gritó Serena.-Yo…me voy, solo venía a la ducha…
Serena no se despidió de ninguno, simplemente salió de la habitación con los nervios al ras del suelo y con la mirada de Diamante clavada en su espalda.
Diamante se sentó, pensativo, mientras Zafiro lo observaba, estaba seguro de que entre ellos dos había pasado algo.
-¿Por qué no me avisas que ella iba a estar aquí?
-No creí que volverías tan pronto, no creí que te importara.
-No vengo todos los días esperando encontrarme a una chica en la habitación.
-¿Por qué has estado huyendo?
-No sé de que hablas.
-Has evitado a todo el mundo, en especial a Serena.
-¡Ya lo sabía!, todo fue tu culpa, ¿cierto?, tu me dejaste esa nota y yo pensé que alguien quería que yo fuera al baile…tu organizaste todo para que nos encontráramos.
-Entonces si sucedió algo, por eso estas así de raro, por eso no quieres hablar con ella, ¿qué sucedió?
-¡Pensé que te gustaba!, ¿Por qué ahora tratas de que tengamos algo?
-Solo dime que paso.
-¡Nos besamos!, ¿contento?
Zafiro no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.
-¿Por qué sonríes?, ¡te estoy diciendo que estoy molesto!, tu tuviste la culpa de todo, no te entiendo, Zafiro, primero luchas por ella y ahora, ¿Qué?, ¿quieres entregármela?, ¡no sé que tienes!, pero tu sabes que yo no puedo permitirme querer a nadie más.
-¿Por qué, Diamante?, tienes derecho a hacerlo, estoy seguro de que a Serena la querrías igual que a la pequeña.
-¡No!, yo siempre la voy a querer a ella, ¡solo a ella!, y a Serena Tsukino la odio por que se parece demasiado, y yo no puedo soportarlo, no puedo.
-¡Tienes que ser fuerte!, esa niña no es la única mujer a la que puedes querer, puedes buscar bien, fijarte en tu alrededor, podría estar tan cerca de ti.
-¿Por qué dices eso?, no sé a que te refieres, ¿qué quieres decir?-preguntó Diamante con desesperación.
Zafiro lo miro, desesperado, pero sabía que no era el momento adecuado para confesarle la verdad, él mismo debía averiguarlo, debía darse cuenta de que estaba enamorado de Serena y de que esa chica era la misma que había querido por tantos años.
-Por nada, debes enfrentar tus acciones, yo sé que ella te quiere, además debes darte cuenta de que aunque yo planee todo para que fueras al baile, fuiste tu quien la invitó a bailar, y fuiste tu quien la besó, eso no pude planearlo yo.
Zafiro prefirió salir de la habitación para no seguir con esa conversación. Diamante aturdido por las palabras de su hermano decidió a tomar aire fresco también, no entendía muy bien lo que pasaba con el, por un lado no dejaba de pensar en su pequeña, y por otro no podía apartar a Serena de sus pensamientos, en todos los momentos juntos, malos y los pocos buenos, su corazón era un mar de emociones que no lograba controlar, no podía sentir algo por Serena, su corazón tenía dueña, y no debía dejarla así como así.
Días después, Serena se encontraba acomodando unos libros en la biblioteca, Diamante no se había aparecido en todo el día, estaba confundida por su actitud, no sabía que sentir o pensar, por un lado sentía que empezaba a quererlo demasiado, y por el otro no se sacaba de la cabeza a su amor imposible, ese que años atrás la había querido como a nadie, ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?, deseo que ambos pudieran ser la misma persona, pero sabía que eso era imposible, Diamante era frío, duro, ajeno, alejado, mientras que su pequeño era alegre, feliz, cariñoso y protector, no tenían nada que ver el uno con el otro, pero ese día en que sus labios se juntaron pudo sentir algo, algo muy fuerte, en ese momento había sentido que lo amaba intensamente, y por días había anhelado volver a besarlo y hablar con el, pero Diamante no aparecía, y ese día que se vieron en la habitación, de nuevo la miro de esa manera que la confundía, con esa mirada llena de amor, lejana, impaciente, incrédula.
Recordó los muchos momentos en que Diamante la había tratado mal, ¿Qué pasaba entonces?, no podía creer que fuera el mismo quien la besara cuando incluso le había gritado "te odio", "te pareces tanto a ella", había dicho, por el momento no entendió sus palabras, ¿a ella?, ¿Quién es ella?, quiso saberlo, quizá el motivo por el cual Diamante era así era por que una mujer lo había dejado herido, y se sintió mal por el, odio sentir que otra lo lastimó. De cualquier forma sabía que algo comenzaba a sentir, no lograba explicarse muy bien por que se ponía nerviosa ante su presencia, o por que su corazón se aceleraba, o por que al tenerlo tan cerca su cuerpo vibraba, pero debía averiguar que sucedía.
Diamante sin cuidar quien estuviera dentro entro sin tocar, se quedo pasmado al encontrarse con la rubia dentro, abrió los ojos como platos mientras Serena lo miraba de la misma manera, dejo los libros sobre la mesita y quiso salir de inmediato de ahí, pero debía acomodarlos, no sabía como le haría para estar tan cerca de ella por tanto tiempo. Más tarde ambos habían terminado, solo faltaban unos cuantos, durante todo ese tiempo ninguno habló, se conformaron con sentirse cerca, pero Serena estaba ansiosa por averiguar que sentía ella y él, y no quería dejar pasar la oportunidad.
-Diamante.-dijo antes de que pudiera irse.
Diamante se volvió y la encontró de pie, con la mirada agachada.
-¿Qué sucede?-preguntó fríamente.
-Han pasado muchos días ya.
-¿Y eso que tiene?
-Han pasado muchos días desde que…nos besamos.-se atrevió a decir.
Diamante se puso rígido, había estado temiendo por esta conversación durante mucho tiempo.
-Y… ¿eso que tiene?-dijo con la voz entrecortada.
-Quisiera saber por que lo hiciste, yo pensaba que tu…me odiabas, y me confundió el hecho de que me hayas besado, créeme que es muy difícil para mi estarte preguntando esto ahorita.
-Yo…no estoy muy seguro de por que lo hice, simplemente en ese momento tuve que hacerlo, por que estabas cerca…por que en ese momento eras toda para mi.-respondió Diamante dándole la espalda.
-Diamante…al principio no supe que hacer, pero después…después sentí ganas inmensas de hacerlo también, y quisiera saber por que…no sé tu…pero hay algo que me atormenta.
-¿De que se trata?
-Quisiera saber por que dices que me parezco a "ella", quiero saber quien es ella.-dijo decidida.
A Diamante se le paralizó el corazón al escuchar su pregunta, Serena quería saber quien era ella, debía alejarla, debía hacerlo pues el solo podía quererla a ella. Se volvió y la miro directo a los ojos, quiso ser sincero con ella.
-Ella, ella es la mujer que yo amo, y que solo puedo amar, por eso no sé por que te besé, hace tantos, pero tantos años que no la veo, que no sé donde esta, no sé como es, pero no puedo quitarla de mi cabeza, y tu…tu eres tan parecida a ella que me atormenta, no puedo soportarlo, y es que no puedo dejarla de querer, ¡no puedo!
A Serena le hirieron sus palabras, pero al mismo tiempo le sorprendió su historia, a Diamante le sucedía algo parecido a ella.
-Puedo comprenderte, Diamante, también quiero a alguien, y hace mucho tiempo que tampoco sé de el, el era dulce, amable, alegre, feliz, cariñoso…me protegía, ¡me quería!, pero vengo aquí y me encuentro contigo, y tu eres duro y frío conmigo, me insultas, me maltratas, sin embargo…tienes la capacidad de hacerme sentir que puedo volver a amar, ¡carajo!, ¡estas haciendo que me enamore de ti!
A Serena se le llenaron los ojos de lágrimas y Diamante se sorprendió por su respuesta, ella también estaba enamorada de alguien mucho mejor que el, pero también estaba comenzando a quererlo a el, que la trataba mal, no lo comprendió, pero se sintió extrañamente dolido.
Serena se dio la vuelta para salir de ahí, pero algo provoco a Diamante para que la detuviera, la tomo por el brazo bruscamente y la obligó a mirarlo, ella lloraba y Diamante no soporto verla así, la rodeo con sus brazos pidiéndole que dejara de llorar.
-No llores, por favor.
Serena por un momento pudo controlarlo, solo por que se sintió protegida, por que sintió los brazos de Diamante rodearla, ella se apretó contra el, temiendo que se alejara en cualquier momento.
Diamante confundido y llevado por la emoción levantó su barbilla y la observó durante un largo tiempo. "¿Por qué es tan hermosa?" se preguntó, incluso así, llorando, lo era. No lo resistió más.
Presiono sus labios suavemente sobre los de ella. A Serena se le paralizó el corazón por unos segundos, saboreo el dulce sabor de los labios de Diamante, se movían al mismo tiempo, al mismo ritmo, Diamante la apretó más contra si, esa linda sensación de sentir sus labios lo invadió de nuevo, parecía que moriría ahí mismo, a causa de la hermosa pero mortífera sensación de ese momento.
Al separarse Serena lo miró, con incredulidad, con amor, con sinceridad, con confusión, pero recordó sus palabras, ¿Por qué lo había hecho de nuevo?, no soporto estar más ahí, cerca de él, estaba en peligro de caer rendida a sus pies, decidió salir corriendo de ahí y alejarse lo más que pudo.
Diamante la miro alejarse rápidamente, conmocionado se tumbó al suelo, con la cabeza entre las rodillas, pensando en lo que acababa de pasar, ¿Por qué de nuevo la había besado?, y es que se acababa de dar cuenta de que cada vez que estaba junto a ella le resultaba imposible querer abrazarla y querer sentirla, ¿Por qué ella, precisamente ella le hacía eso?, el no podía quererla, por que quería a su pequeña rubia, sin embargo al sentir sus besos se olvidaba de absolutamente todo, y solo la quería a ella, ¿Qué debía hacer?
¿Luchar…o…rendirse?
