Tres semanas, lo sé, pero al fin aquí les traigo actualización.

(:


24. La seguridad de los objetos

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Bella aún se encontraba en el baño cuando Edward regresó a la habitación trayendo el desayuno. El chico anunció su regreso y Bella, desde dentro, le respondió con un "salgo de inmediato".

Acomodó la bandeja sobre la cómoda, echó otro vistazo a la puerta del baño –ella aún seguía dentro– y tomó su celular de la mesita de noche. Rápidamente tecleó un mensaje:

"No se les ocurra venir al dormitorio".

Se lo mandaría a Jasper y quedaría en manos de él que ni Emmett o las chicas interrumpieran esa mañana. Chicas. Alice. Se aseguró con una última frase:

"Y como puedas, mantén, por favor, a Alice lejos de aquí".

Sonrió ante las últimas palabras. Pero conocía a Alice, era su hermana. De seguro Jasper ya estaba poniendo todos sus esfuerzos en que no llegara de improviso al lugar.

Y lo envió. Con eso tendría tiempo suficiente para disfrutar junto a la castaña. Sabía que después de ese mensaje no podría sacarse de encima a ninguno de los chicos ni se libraría de ninguna de sus preguntas, pero ahora eso no era tema.

Su tema acababa de salir del cuarto de baño. Y con esa imagen confirmó que cualquier martirio que le esperara después valía totalmente el esfuerzo. Bella en esa facha era un pecado andante: vistiendo una camiseta blanca –su camiseta blanca– y un pantalón de pijamas a cuadros –su pantalón de pijamas a cuadros, que bueno, realmente nunca usaba– y con el cabello húmedo sobre sus hombros… bueno, se veía hermosa; se convertía en una tentación para el castaño.

Edward se recordó mantener la mente fría. Bella era deseable, sí, pero no era el momento para pintársela deseable. Es decir, aún no había habido ni un segundo beso. Y no es que eso no le molestara –esperaba ese beso hacía mucho– pero entendía que las cosas estaban avanzando con sus respectivos tiempos y pausas que nunca les había concedido a una relación pero que con Bella estaba dispuesto a experimentar.

–No encontré nada de Alice –dijo Bella ante la atenta mirada de Edward sobre su persona–. Creí más conveniente usar tu ropa que la de Jasper. Espero que no te moleste –dijo mordiéndose el labio con nerviosismo.

–Sería un completo idiota si me molestara. Estás perfecta – agregó con una sonrisa. Tenía que admitirlo, su cara de embobado ya había hecho la mitad así que simplemente lo soltó. Bella se estaba prácticamente disculpando por usar su ropa. Por él, que Bella vistiera cada día con sus camisetas.

Ambos sonrieron y ninguno supo que más decir. El silencio era incómodo pero incómodo agradable. De esa tensión que se disfruta al contemplar al otro.

Y Edward recordó algo. Rebuscó en su bolsillo y sacó un cepillo de dientes nuevo.

–Te compré esto –dijo extendiéndole el envoltorio–. Puedes dejarlo aquí y así no tendrás que preocuparte por traerlo cada vez que te quedes.

Está bien. Lo admitía. Aquello había sido increíblemente cursi. Dulce. Rosa. Patéticamente meloso. Pero no le importaba. Cuando Bella le dijo esa mañana que lo más conveniente era marchar a su dormitorio el miedo llegó a él. Imaginársela lejos... simplemente no podía. Y cuando salió por desayuno y pasó por el lado de aquella tienda, no se lo pensó dos veces y compró un cepillo de dientes para Bella.

Un segundo. ¿Y si sonaba a mucho compromiso? ¡Demonios! Tal vez se había apresurado mucho. ¿Un cepillo de dientes? ¿Qué estaba pensando? Para la otra y llegaba con un anillo de compromiso…

Pero Bella no pensaba igual…

La chica alcanzó el cepillo de dientes en sus manos, se tomó unos segundos para calmar todo lo que ese gesto le provocaba, y se decidió.

En un movimiento rápido –si no era así se acobardaría– se acercó a Edward y depositó un suave y fugaz beso en sus labios. Logrado el primer paso, se alejó con la secreta esperanza de refugiarse, otra vez, en el baño antes de que el sonrojo en sus mejillas quedara en evidencia.

Esperanza fue, porque la fuerte mano de Edward la sorprendió asiendo una de sus muñecas y tirando de ella. En el instante tenía otra vez el rostro de Edward a corta distancia; frente a frente, al momento en que su propio rostro era atrapado por la otra mano de chico. Y no calculó en que momento entre el acercamiento y la sorpresa volvía a sentir el aliento y los labios de Edward, otra vez, sobre los suyos, acariciándolos en un delicado pero igualmente necesitado beso.

Sintió los labios del castaño dibujando un par de caricias sobre los suyos mientras su mejilla recibía sutiles cariños que quemaban en aumento; el agarre de su muñeca ya había sido soltado.

Bella no alcanzó a reaccionar, cuando asimiló la idea y quiso hacer partícipe del juego a sus inertes brazos o, incluso mejor, a sus propio labios Edward ya había interrumpido el contacto. Unos centímetros los separaban y sintió de inmediato la angustia en su interior pidiendo paso para entrar.

Sólo dos segundos alcanzaron a avanzar en el reloj. Fueron los necesarios.

A Bella no le importó tener sus dientes lavados a medias –antes, en el baño, había hecho lo posible sólo con pasta dentrífica a su disposición; eso antes de que Edward llegara con increíble detalle para ella– sólo procesó que era su turno de corresponder y que, además, quería corresponder por lo que sus brazos subieron, al fin, decididos hasta el cuello del castaño, prácticamente lanzándose sobre él, al momento en que por tercera vez estrellaba sus labios sobre el objeto de su afecto.

Y Edward no necesitó más señal.

Sus manos tomaron la cintura de la chica y atrajo su cuerpo al de él. Acercamiento inesperado que liberó las mariposas en el estómago de Bella y desató descargas eléctricas que recorrieron la espina dorsal de la chica, estremeciéndola.

Los labios de Bella se acoplaban a los de Edward, calmando dicha necesidad, pero era como llenar un vaso roto porque por más que se besaban la necesidad aumentaba. Fue la lengua de Edward la que se aventuró primero y al sentirlo, Bella no desestimó aquella invitación permitiendo que el beso aumentara en intensidad, aumentando con él la temperatura en el lugar.

Su cuerpo ardía ante el contacto de Edward, su cuello quemaba y sus manos se ocupaban en el cabello del chico mientras sus labios seguían pulsando por más caricias que parecían no terminar.

Sólo parecían. Fue necesario detenerse –aunque ganas de hacerlo no habían– y poco a poco, lo más lento que se pudo, lo más posible que lograron extender el momento, Edward y Bella se separaron. Solo unos centímetros, pero lo hicieron.

Edward fue el primero en abrir los ojos. Aún recordaba que Bella abriendo los suyos era una de sus imágenes favoritas, entre muchas, pero aún así no quería perdérsela. Y ahí estaba, y sí, diría que podía ser la primera en su lista.

Ver a Edward a sólo centímetros de ella la intimidaron. Bella quitó sus brazos rápidamente y, como siempre cuando estaba nerviosa, comenzó a jugar con sus manos mientras se mordía el labio, saboreando aún el sabor de Edward en su boca. Cepillo en mano, comenzó a caminar hacia el baño, sin voltear. La mirada de Edward la acompañaba.

–Será… voy… –Bella no podía articular una idea; le era difícil si el beso seguía ocupando su mente– re-regreso en un momento –dijo al fin y se escabulló al baño.

Edward se quedó observando el espacio vacío donde antes había estado Bella. No podía parar de sonreír, reía de sí mismo, sabiéndose así de enamorado como nunca imaginó podía llegar a estar. Se revolvió el cabello y volvió a su cama a esperar por Bella.

A los minutos la chica regresó a la habitación:

–¿Qué vemos? –preguntó fijándose en la televisión mientras se acomodaba al lado de Edward; la bandeja estaba frente a ellos.

–La Rosa Púrpura del Cairo(*) –respondió el chico.

La banal conversación no daba cuenta de lo que había pasado sólo minutos atrás entre ambos. Y no importaba.

–Me gusta esa película.

–Al fin coincidimos en una –Bella asintió sonriéndole–. Bien, ¿qué quieres desayunar? Hay… café normal, café con leche, mokaccino y jugo natural de… –dijo fijándose en las etiquetas de cuatro vasos que reposaban en una pequeña bandeja– frambuesa. No sabía que preferías, así que traje uno de cada uno.

–Me quedo con el mokaccino –Edward le extendió el vaso.

–Aquí hay tostadas, medialunas y… traje fruta, por si quieres.

–Muy bien –premio a los segundo más adorable: Edward comprando la cafetería completa por complacerla.

Y el desayuno comenzó. Aunque la película en televisión era buena, ninguno de los dos estaba poniéndole atención. Se perdían instantes en el otro: cuando Bella no estaba viendo, Edward no dejaba de mirarla; y cuando Edward se ocupaba de algo más, Bella aprovechaba de verlo furtivamente.

En un momento, el celular de Edward sonó. El chico rebuscó en su pantalón: mensaje de Alice:

"Te exijo que me digas que pasó con Bella o en un segundo me tienes allá. Y no es gracioso que mandes a Jasper a retenerme".

Edward sonrió. ¿Cuando llegó siquiera a concebir la idea de que Alice se quedaría tranquila sólo porque se lo pedían? ¡Era Alice! No podía hacer mucho con ella.

Bella lo miró atenta. El chico le extendió el celular y Bella leyó. Ella también sonrió:

–¿"No es gracioso que mandes a Jasper a retenerme"? –preguntó devolviéndole el celular.

¡Demonios! ¿Tan estúpido te volvía el amor? ¿Cómo le mostraba eso a Bella?

–Digamos que… les hice una advertencia para que no nos molestaran –reconoció el chico. El rubor subía por sus mejillas.

–Parece que eso sólo la alteró más –bromeó–. Ya se, dame el celular –Edward así lo hizo.

Fue a mensaje nuevo y escribió:

"¿De qué me hablas? Bella se fue esta mañana a su habitación".

Y le dio a "enviar".

–Eres mala, ¿lo sabes? –dijo Edward mirándola divertido.

–No fui yo quien primero la privó de enterarse de lo que estaba ocurriendo –respondió la chica siguiéndole el juego.

–¿Y qué está ocurriendo? –Edward la sorprendió.

Bien, aquello ya no era un juego. Los nervios volaron a Bella.

–Eh… –la palabras salían difíciles–, bueno… –¡Dios! Tenía que dejar de sonrojarse como estúpida–, ya-ya sabes… –¿qué podía decir? ¡Oh cierto! El dormir juntos, los besos que nos dimos sin razón aparente, el no dejar de vernos como idiotas…

Salvada por la campana: un nuevo mensaje de Alice justo en el momento preciso. Como nunca, adoró su forma entrometida.

Ambos se fijaron en el mensaje:

"No me hace gracia Edward, Bella está contigo, no lo ocultes. ¿No nos quieres por allá? ¡Entonces da señales de vida!".

–Es bastante terca –con lo poco que Bella conocía a Alice y no le extrañaba su reacción.

–Demasiado. Mandémosle otro mensaje –aquello se estaba volviendo divertido: hacer enojar a Alice. Era como jugar con fuego, pero era divertido.

Ante la mirada de Bella, fue Edward quien respondió esta vez:

"Está bien enana, ¿quieres respuesta? Bien, le he pedido a Bella ser mi novia".

Se detuvo un momento cuado sintió a Bella tensarse a su lado. Sin voltearse a verla continuó escribiendo:

"Ella lo está pensando. Te contamos luego".

Y lo envió. Ya no había más que ver en la pantalla así que levantó su mirada. Era momento. Bella no lo veía.

–Es cierto lo que escribí, es sólo que ahora te lo pediré –una enrojecida Bella al fin se enfrentó a su mirada. Unos segundos pasaron y Edward volvió a hablar–. Te quiero Bella –dijo sin más–, es más, me encantas... Yo-yo quiero estar contigo, ¿es posible que quieras estar conmigo? ¿Qué quieras ser mi novia?

"Si" fue lo primero que pensó Bella. Era increíble. Escuchar a Edward diciéndole que la quería era totalmente ilusorio, pero no lo era. Acababa de pedirle ser su novio. Y ella sólo no respondía porque sus palabras eran más lentas que sus sentimientos.

–Claro que si –dijo al fin. Y la alegría en el rostro de Edward se ensanchó.

El chico comenzó a acortar la distancia: era la mejor forma de sellar su reciente noviazgo. Sintió otra vez el aliento de Bella a tan sólo centímetros mientras veía los ojos de ella cerrarse lentos. Y el timbre de los mensajes volvió a interrumpir.

Bella sonrió sobre los labios de Edward. Y se separó.

–Tu hermana si que es inoportuna.

–No me lo recuerdes –agregó Edward con tono molesto–. Dice –leyó el chico– "Dile a Bella que no sea idiota. Ella te quiere tanto como tú, Jasper me lo dijo" –Edward terminó de leer y la enfrentó sonriente–: ¿es cierto eso?

–Dame eso –Bella tomó el celular otra vez y escribió tan rápido como pudo:

"Dile a Jasper que no sea bocotas. Le he dicho que si. Ahora NO MOLESTES.

Bella"

–Con eso te aseguro que no seguirá. Alice tiene su carácter pero yo tengo el mío –dijo Bella con suficiencia. Edward no tuvo más opción que reír.

–Ven acá.

El celular se perdió entre las mantas cuando Edward aprisionó a Bella entre su abrazo y la cama y, para su gusto, volvía a besarla.

Acomodado a su lado, se separó de ella y, dejando caricias sobre su rostro, peguntó:

–¿Quieres hacer algo hoy? –era cierto, habían pasado la noche juntos, desayunaban juntos… pero no perdía nada preguntándole a Bella si quería seguir a su lado.

–¿Qué tienes en mente? –respondió la chica jugando con el cuello de la polera de Edward.

–Podemos salir a algún lado, a pasear por ahí, dar una vuelta, o… podemos quedarnos aquí, si quieres.

–Me gusta la idea de quedarnos aquí –respondió

Edward sonrió feliz.

–También a mí.

Un beso más. Ya se estaba haciendo costumbre.


(*) Película de Woody Allen. De las primeras; excelente.

Chicas, chicas. El tablero dice: ¿Besos? 5; ¿noviazgos consolidados? 1; ¿hermanas entrometidas? 1. No odiemos a Alice. Es, bueno, Alice.

No tengo más tiempo para comentar. Lo se, tres semanas me tardo y ni comentarios les dejo. Lo siento, son las 2 de la mañana y debo levantarme a las 7 :(

Les agradezco a todas sus reviews, favoritos y alertas! El capítulo es para todas ustedes queridas! En el próximo capítulo (que por supuesto NO tardará tanto) les dejo cariños una por una.

Mil amores, saludos de otoño!

Me voy a dormir, espero reviews!

(: