Nota: mi historia jugando con los personajes de Meyer.
Todos los nombres de los capítulos, tanto de Por Carretera como de De Besitos y Problemas, son títulos de películas modificados según la necesidad. El crédito no es mio.
A años luz, lo se, pero traigo nuevo capítulo.
Disfrutenlo, les digo en serio!
(:
26. De besitos y problemas
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La noticia de que Edward Cullen estaba saliendo con Bella Swan se expandió tan rápido como pólvora encendida. Todos comentaban la noticia del momento y cada uno quería contar con más exclusividad lo que "había visto" con sus propios ojos. Otro tanto no se tranquilizaba con saber que Cullen se había rendido a los encantos de una simple chica e inventaban toda clase de teorías que pudieran dar respuesta a tan sorprendente acto: que era una apuesta, que estaba probando harina de otro costal, que lo había embrujado, etcétera; incluso algunos llegaron a amasar la idea que Edward, simplemente, se había vuelto loco.
Bella soltó un suspiro, resignada. Creyó que con los días los cuchicheos y las desagradables miradas a mitad de pasillo acabarían. Pero no, se había equivocado. Aún cuando ya habían pasado dos semanas desde que, oficialmente, se había hecho novia de Edward y se habían expuesto tomados de la mano a todo el instituto, las cosas seguían igual. Es cierto, habían disminuido en intensidad (los primero días habían sido del terror) pero ahora mismo estaba en clase de biología oyendo a dos chicas, que ni siquiera conocía, hablar de su relación con Edward y la posible demencia de él por estar con alguien como ella.
Apoyó la cabeza entre sus brazos y volvió a soltar otro suspiro. Podía escuchar al profesor Molina dictando la clase pero también seguía oyendo a esas dos tras su espalda.
–Tienen algo de razón, ¿sabes? –la aterciopelada voz de Edward, sentado a su lado, llegó en un susurro perceptible sólo para sus oídos a escasos milímetros de su boca–. Estoy loco por ti.
Bella sonrió al escuchar sus palabras. Miró a Edward por entre sus brazos y lo vio directo a los ojos. Esos ojos que había llegado a necesitar en exceso ese último tiempo. Esos ojos que no hacían más que mirarla con admiración. Adoraba que Edward la viera así. Sabía que mientras Edward la mirara de ese modo no tendría que temer, sin importar que todos a su alrededor destrozaran su naciente relación.
–Se que estas dos semanas han sido un infierno, sobre todo para ti amor –volvió a decir Edward mirando al frente como si prestara atención a lo que el profesor hablaba pero igual de cerca de Bella que antes–. Pero créeme, no las cambiaría por nada.
El estómago de Bella se llenó de mariposas y sus mejillas se sonrojaron cuando Edward la sorprendió con tal halago. Se fijó en el chico pero éste había vuelto a su posición original, erguido y vista al frente, inmóvil; sólo la gran sonrisa que llevaba en el rostro denotaba la conversación que ahí estaba ocurriendo.
Es cierto, las dos últimas semanas habían sido un verdadero infierno (ciertamente en aquel instituto existía un gran número de personas que necesitaba de forma urgente comprarse una vida); ahora mismo tras de ella se daba una muestra de aquello, y, aún así, a pesar de todo lo malo, eran dos semanas que nunca cambiaría. Aquella era su mejor temporada desde que Christian había roto con ella, y se sentía mejor que nunca.
Adoraba estar con Edward. Adoraba estar con él, recostados en su cama mientras veían (y de paso comentaban) alguna mala película, adoraba que cogiera su mano cuando caminaban por los pasillos, le encantaba que la sorprendiera con un beso en la mejilla cuando llegaba de imprevisto a su lado, y adoraba que, simplemente, la reconfortara… a cada momento, como si le debiera quererla tanto.
Apoyó su frente sobre sus manos entrelazadas, se fijó en su novio (porque era su novio y amaba repetírselo internamente) y volvió a sonreír de forma inconciente. Y ante la penetrante mirada de Bella, Edward se volteó. La chica le hizo un gesto con el dedo de que se acercara y Edward inclinó su cuerpo hacia ella. Bella hizo desaparecer la poca distancia que separaba sus rostros, y dijo en susurro:
–¿Recuerdas aquella vez cuando Jessica nos sorprendió en el pasillo?
Edward arrugó el ceño y miró al techo fingiendo que pensaba –Recuerdo que me defendiste con dientes y garras –respondió con un tono presuntuoso.
Bella dio un disimulado golpe en el hombro de Edward mientras que éste, también de forma disimulaba, se sobaba la zona donde había ido a parar el puño de Bella. La chica soltó una risita pero pronto volvió a ponerse seria. Tomó un respiro y continuó –¿Recuerdas lo que dije?
–Dijiste muchas cosas, amor. Partiendo por que insinuaste que Jessica tenía ladillas.
Bella sonrió ante aquel recuerdo que pasaba a ocupar uno de los primeros lugares en su lista de momentos placenteros. No el primero, evidentemente. Recordó lo que quería decir y continuó:
–Dije que no sabía si estaba enamorada de ti –Bella miró la mesa buscando algo más en que entretenerse al momento en que Edward posaba ahora toda su atención en ella. Se armó de valor y levantó la vista cuando agregó–: lo estoy.
La sonrisa de Edward se ensanchó mientras que no podía dejar de verla como hipnotizado.
–Sabes que podría besarte ahora mismo –Edward a duras penas podía contener su alegría.
–Estamos en medio de la clase –respondió Bella alejándose unos centímetros del rostro de Edward (quien seguía con la misma expresión). Está bien, si hubiese estado en sus manos, también se lanzaba a besar a Edward ahí mismo.
Y parece que su advertencia sonó más fuerte de lo que quiso:
–Señor Cullen, señorita Swan –dijo de repente el profesor Molina quien sólo logró concentrar la atención de los muchachos interpelándolos directamente–, ¿algo que quieran compartir con el resto de sus compañeros? –bromeó el hombre al verlos tan cerca uno del otro.
Las burlas de sus compañeros no se hicieron esperar y el sonrojo de Bella por no poder pasar desapercibida llegó.
–Lo siento –se disculpó la chica haciéndose lo más pequeña que podía en su puesto.
Edward a su lado disfrutaba de la situación. De repente, decidido, se puso de pie más alegre aún (si eso era posible) y dijo:
–La verdad, sí, hay algo –para Bella fue como si de repente la voltearan de los pies. Miró a Edward con cara de súplica esperando que no hiciera alguna locura–. La amo –dijo el chico indicando con su mano la figura de Bella a su lado, más disminuida aún–. Estoy enamorado de Isabella Swan y si quieren hablar, que hablen de esto. Es la verdad –dijo con total soltura. Y sonriendo. En cada palabra que salía de su boca, sonreía.
Bella cubrió su rostro con sus manos y soltó un pesado suspiro. Cuando dijo locura se refería exactamente a eso. ¿En qué demonios pensaba Edward cuando se le ocurrió hacer algo así? ¿Cómo se le ocurría ventilar esos asuntos en medio de la clase?
Los gritos de júbilo de algunos, uno que otros aplausos y, en contraste, unos pocos cuchicheos no se hicieron esperar. Edward volvió a tomar asiento riendo con la situación (y haciendo una mala actuación de agradecimiento) mientras que el profesor de a poco intentaba imponer algo de orden entre sus alumnos.
–Muy bien, muy bien chicos –habló el profesor Molina haciendo un gesto con sus manos para hacer silencio–. Me alegro Edward que tu vida amorosa ande tan bien con la señorita Swan –Bella sonrió tímida ante la mención de su nombre– pero tenemos que seguir con la clase, ¿entendido? –se oyeron unos pocos abucheos–. Vamos chicos, que la mitosis no puede esperar –y el silencio volvió a hacerse poco a poco mientras el profesor Molina retomaba ciertos asuntos de profase y metafase.
–Tú si que estás loco –moduló Bella lentamente sumado al gesto de locura con su mano para que Edward entendiera que estaba diciendo.
Edward sonrió ampliamente –Ya te dije cariño, estoy loco por ti –respondió el chico, también en susurros casi inaudibles.
Y, aún cuando la vergüenza de Bella insistía en persistir, la chica no tuvo más remedio que rendirse a esas palabras. Y sonrió mientras intentaba, ahora sí, aprender algo de la clase.
El timbre sonó, el "nos vemos la próxima clase, chicos" se escuchó y todos comenzaron a retirarse del lugar. Por supuesto, las miradas de sus compañeros no dejaron de ser evidentes en lo que duraba el recorrido hasta la puerta.
Bella arreglaba sus cuadernos en el bolso cuando la mano de Edward tiró de ella (a esa altura ya no quedaba nadie en el lugar, incluso el profesor se había retirado deseándoles una "bonita relación").
–Ven acá –dijo el chico acercándola a él, quien permanecía sentado en el banquillo del laboratorio de modo que Bella quedó a mayor altura. La abrazó por la cintura y Bella rodeó su cuello con sus manos. Edward apoyó su frente en la de Bella y pidió en susurros–: ¿me repetirías lo que dijiste al inicio de la clase?
Bella entendió de inmediato a que se refería Edward y quiso jugar un poco con él. Se echó hacia atrás y devolvió la pregunta falsamente extrañada:
–¿Qué fue lo que dije? No recuerdo haber dicho algo –dijo acariciando suavemente el cabello tras la nuca de Edward.
–Que estabas enamorada de mí –Edward había entendido de inmediato el juego propuesto, porque la voz con la que respondió invitaba a la provocación. Sus palabras salieron lentas y suaves… del todo coquetas.
–Mmm, ¿y si no quiero? –continuó Bella.
Edward rió ante los intentos de provocación de Bella. ¡Demonios, se oía tan malditamente sensual! –Tendré que obligarte.
Bella fue quien rió ahora. Apoyó sus brazos en los hombros de Edward y se hizo más atrás para observarlo en su total extensión –¿Y cómo vas a hacer eso, querido?
Edward se levantó (quedando a mayor altura de Bella), tomó la cabeza de la chica entre sus manos y, sin previo aviso, la besó. La pasión con que lo hizo fue tal, que provocó que Bella inclinara su cuerpo hacia atrás a lo que Edward, ágilmente, reaccionó llevando una de sus manos hasta la espalda baja de la chica, sosteniendo su peso y atrayéndola hacia él. Bella sólo atinó a poner sus manos sobre el pecho de Edward, era la actitud que menos torpeza le generaba. Lo cierto es que en ese momento estaba sintiendo los dulces (y novedosamente salvajes) labios de Edward, su cálido aliento entremezclándose con el suyo, y su juguetona lengua (deliciosamente experimentada) que osaba rozar sus labios, para adentrarse en su boca y corretear con la propia. Fue por todas esas sensaciones, que Bella no pudo aspirar más allá que posar sus manos sobre el pecho de Edward y así simplemente disfruutar.
Poco a poco (mucho a mucho los besos aún) Edward fue atrayendo a Bella de vuelta hacia él para que retomara su postura y estabilidad. Volvió a subir su mano hasta la cabeza de ella (los besos seguían, sí, pero la intensidad se hacía caballerosa y se volvía más decente, más "apta para todo público") y caricia, tras caricia fue separando sus labios de los de ella. Sólo los labios, sus rostros siguieron a corta distancia uno del otro.
Edward abrió sus ojos (aún no se cansaba de ver el rostro de Bella post besos compartidos) y la observó. Bella (para placer de Edward) aún no abría los suyos, a diferencia de su boca, que permanecía entreabierta, incitando tentadoramente a un segundo round con los labios masculinos.
El round podía esperar. Ese beso había salido de algo:
–¿Y bien? –la boca de Edward se detuvo en el oído de ella, el rostro de Bella aún entre sus manos.
Bella inspiró-expiró profundo. Sus ojos aún entrecerrados (a esta altura, el paraíso de Edward) –Te amo –las palabras sonaron imperceptibles.
Edward acarició delicadamente mejillas, pómulos y párpados de la castaña. Al abrir sus ojos Bella descubrió un Edward serio, que la miraba profundo como si quisiera ver a través de ella. Incluso, dentro de ella.
–¿No eres de las personas que piensas que estar enamorado y amar son etapas diferentes? –cuestionó con voz grave.
A Bella no le era difícil seguirle en sus cavilaciones –Soy de esas personas –afirmó sonriendo dulce–. Pero contigo es como si no existiera diferencia. No se que me hiciste Edward Cullen pero en menos de tres meses lograste que te amara –se quejó Bella mientras lo acusaba con su dedo índice sobre el pecho de él.
Edward envolvió el dedo de la chica con su mano y la atrajo hacia él otra vez, retomando la posición inicial: sentado y ella de frente entre sus brazos –Si es por eso, usted señorita me volvió loco a la semana de conocerla. Y yo no me quejo de eso.
–¿Una semana? –Bella enarcó una ceja–. ¡Wow! Si que te tardaste en actuar querido –se burló Bella.
Edward las acercó más a si (si acaso eso era posible) y dijo –Y por eso ahora no desaprovecharé ningún minuto contigo. Ahora ya todos saben de nuestro romance y que me traes loco, así que no tengo obstáculos para besarte a cualquier hora del día –dijo Edward complacido.
–Hey, sobre eso –la chica recordó la vergüenza propinada a causa de Edward–. ¿Sabes que lo que hiciste nos traerá muchos problemas?
–Unos cuantos, si tenemos suerte –bromeó el chico–. Pero no me niegues que te gustó –comentó Edward con aire seductor.
Eso le había encantado de aquí a la Luna, es cierto. Pero también tenía razón en lo que decía: llevaban casi dos semanas luchando por que el resto de los alumnos decidiera hacer su propia vida y se olvidara de ellos (sin contar su inicial lucha personal por pasar desapercibida desde que había llegado al instituto) para que Edward les diera nuevos motivos por los cuales molestar.
–¿Qué expusieras nuestros asuntos privados a todas la clase incluyendo al profesor? –por más que intentaba ponerse seria y fingir enojo, ver a Edward reír y coquetearle de esa manera suponía toda una tentación, aún así mantuvo su papel en aquella nueva dinámica.
–No –respondió el chico pero ahora no había rastro de burla en sus palabras–, que dijera que te amaba sin dudar.
Y eso también lo adoró.
–Sólo nos traerá problemas –respondió más bajo y menos a la defensiva. Edward, sabiéndose ganador, sonrió y depositó un suave beso en sus labios. Bella puso labios de puchero y, como acostumbraba (y como a Edward le encantaba), continuó quejándose–. ¿Viste? Para eso sirven los hombres, sólo para dar problemas –contra-atacó.
–Hey, no sólo para eso servimos –se defendió el castaño. Lo pensó un poco y agregó–: la verdad, servimos para dos cosas.
–¿Dos? –fue el turno de Bella de burlarse–. Uy, yo no me sentiría tan orgullosa si perteneciera al género masculino.
Edward hizo como si no oyera –Es cierto, damos problemas. No lo voy a negar –aceptó conciliadoramente a lo que Bella asentía con suficiencia.
–Dan problemas –repitió.
–Pero –Edward hizo un freno a las bromas de Bella–, pero sabemos arreglarlos… dando besitos.
Quiso acortar la distancia que lo separaba de los (a esta altura frecuentados) labios de Bella. Pero la chica fue más rápida y volvió a ganar el espacio entre ellos echando su cabeza hacia atrás.
–¿Dan besitos? ¿Así de simple?
–¿Quieres que te lo vuelva a demostrar? –respondió Edward presuntuoso. Ya sabía él que el beso anterior había hecho estragos en la chica. Y Bella, sabiéndose dueña de esa condición sólo esperaba, y deseaba, por más.
–Por supuesto –concedió Bella mas solamente era un permiso de cortesía.
Edward ya había decidido volver por otra dosis de aquel beso. Y así lo hizo. Esta vez no cambiaron posición. Bella se inclinó sobre Edward de modo que mayor estabilidad (y sentido de poder, por supuesto) le proporcionaron mayor participación a sus manos, que recorrieron osadas hombros, cuello, mejillas y nuca (dedos enredados en cabellos) del castaño, y de vuelta, nuca, mejillas, cuello y hombros en un ir y venir constante y desesperado. Las manos de Edward, por otro lado, hicieron su parte en la espalda, espalda baja, cintura y, a ratos, hasta caderas de la castaña. En ese tanto bocas ya se habían abierto y ojos entrecerrados. Encuentro de lenguas y alientos. Y otro beso desesperado.
Las respiraciones agitadas más que de costumbre, y la necesidad de respiro más intensa que lo acostumbrado provocaron (paulatinamente) la disminución de amor pasional y una cuota de cordura entre ambos. El repaso de las mismas (y habituales) acciones: los ojos de Edward que se abrieron y esperaron, los ojos de Bella que se abrieron y se encontraron con los verdes de su chico. Y segundos de silencio.
Bella fue quien rompió el silencio:
–Esta vez tienes razón. Problemas y besitos, una buena combinación.
-FIN-
Todo llega a su fin. Y era momento que De Besitos y Problemas concluyera. Dije "par de capítulo", lo se. Bueno, se reduce a uno y epílogo. Todo está más que resuelto entre Edward y Bells y el amor fluye entre ellos, ¿no? (si que dan caries estos dos).
Agradezco sus reviews del capítulo anterior: Taniiah Darcy (a todas no llega que no hayan Edwards dando vueltas por ahí *lágrimas*), Amelie 666 :), vip twilighters :D, AleCullen10 (doy noticias pronto en Por Carretera sobre el nuevo fic XD), vale (que dejó cariños en el cap. 14 ^^), Isuldory (uy chica, mil grax por leer en tiempo récord la historia, pronto viene el epílogo, y aunque supongo no cubrirá tus ganas de más capítulos, tengo prometido nuevo fic, que desde ya te invito a leer), JAM Masen (de nada querida, con que la sigan me hacen más que feliz. Y sobre la U.. no comentarios ¬¬), Ness nrn87 (por carretera ya viene-viene), alejandra87 :D, Catali (la U me secuetra y no me suelta por nada. Cuabdo logro tiempito, escribo y subo capítulo XD), Diana Prenze (grax por el review compatriota!) y Alejandra-Z-J :D
Y por supuesto, las chicas lindas que me suman a Favoritos y Alertas (de autores tbn! hay más! ^^): Isuldory, Mimoko Brandon, Ness rnr87, laue06, Pily14ccs, Lucree, Catali, Diana Prenze, Alejandra-Z-J, VAMPIRIC-OBSETION, alejandra87, Saaphiiree y Fearlesswhitedemon, mil Gracias! Y de Autores: Deshi-Masen-97, Diana Prenze y Alejandra-Z-J (otra vez XD)
Y en general agardecerles a todas las que siguieron De Besitos y Problemas en cada actualización y a quienes me dejaron cariños. Me siento más que pagada ver tantos Favoritos y Alertas además de los reviews (para haber sido mi primer fic). En serio, mil gracias queridas!
Me marcho ahora, la hora que es (2.43 de la madrugada) y mañana debo ir a clase :P
Nos leemos pronto en el peílogo y en Por Carretera! (Atentas a información del nuevo fic, pronto-pronto)
Cariños otoñales lleno de dulce de membrillo!
(:
