La noche llegó. Diamante y Serena yacían recostados sobre el pasto, abrazados, con las manos entrelazadas. Miraban el cielo lleno de estrellas brillantes que parecían estar igual de felices que ellos.

Una lágrima resbaló por la mejilla de Serena. Diamante la capturó con su dedo índice.

-¿Qué sucede, pequeña?

-Es que no puedo cree todo esto…he estado sufriendo por tanto tiempo y ahora…tu apareciste, y algo me decía todo el tiempo que eras especial.

-Serena yo…no te lo he dicho pero quiero disculparme por como te traté todo este tiempo, fui un patán. Pero en verdad, desde que te perdí yo…no volví a ser el mismo.

-Siempre has sido ese Diamante dulce y lindo que yo conozco, tan solo decidiste encerrarte bajo una capa de cristal, y me alegro de que haya desaparecido, ¡te extrañaba tanto!

-Esta vez no quiero perderte, Serena, no podría soportarlo.

Serena sonrió de oreja a oreja.

-¿Qué harás para evitarlo?

Diamante la aprisionó con sus brazos mientras la miraba directamente a los ojos.

-No te dejaré ir así de fácil.-sonrió.- ¿Quisieras ser mi novia?

A Serena se le detuvo el corazón por un momento, no lograba captar lo que Diamante acababa de pedirle.

Para su respuesta solo basto un dulce besos en los labios.

-Por supuesto que si, tontito.-dijo Serena al separarse.

Se pusieron de pie y se dieron un último abrazo largo y duradero.

Regresaron a la escuela tomados de la mano, sin importarles lo que la gente dijera o que los viera, estaban demasiado felices para pensar en alguien más.

Mientras caminaban por los largos pasillos de la facultad, la gente, extrañada, los miraba con sorpresa, algunos con recelo. Como Rei Hino.

-¡¿Qué hace esa estúpida tomada de la mano de MI Diamante?-gritó enfurecida.

Andrew Furuhata, que se encontraba con ella, abrió los ojos como platos y se puso rojo de coraje.

-¡Maldito!, eso no puede ser cierto.-se unió al grito de Rei.

Diamante y Serena ignoraron a todos y todo, no podían dejar de mirarse ni hablar entre ellos.

Zafiro y Hotaru se encontraban caminando en dirección a la cafetería cuando los vieron tomados de las manos, ambos se miraron sorprendidos, ninguno podía creerlo.

Serena los miró y apresuraron el paso hasta ellos.

-¡Zafiro!-dijo Serena lanzándose sobre él.- ¡Eres un tonto!, ¡tanto tiempo ha pasado!

Diamante sonrió.

-¿Ya lo sabías, cierto?, por eso tratabas de juntarnos…

Zafiro de inmediato entendió todo, Diamante y Serena ahora sabían quienes eran, lo habían descubierto al fin y no pudo más que alegrarse por aquella situación.

-¡Lo han descubierto!

Serena le dio un abrazo a Hotaru y luego regresó al lado de Diamante.

-Zafiro me lo ha contado todo, me alegro mucho por ustedes.

-Ustedes dos han pasado bastante tiempo juntos.-insinuó Serena.- ¿Qué se traen?

Hotaru se ruborizó al instante y a Zafiro se le heló la sangre.

-Nosotros…nos estamos conociendo.-intervino Zafiro.

-¡Déjense de tonterías!-dijo Diamante mientras hacía que Zafiro se acercara más a Hotaru.-Hacen muy buena pareja.-guiñó un ojo.

Zafiro sonrió y le dio un beso en la boca a Hotaru, lo cual la sorprendió bastante.

-Chicos, ¿qué tal si vamos a la cafetería?, hemos estado todo el día fuera sin comer nada.-dijo Serena hambrienta.

Caminaron todos juntos a la cafetería.

Al entrar todos miraron extrañados a ambas parejas. En especial la mesa en la que se encontraban los Kou.

Los 4 se sentaron en una mesa vacía y las chicas de inmediato se acercaron a abordarlos de preguntas, a las cuales solo respondieron que sin pensarlo se habían enamorado, nadie necesitaba saber la verdadera historia detrás.

Los hermanos Kou se acercaron, Seiya lucía sorprendido y ciertamente celoso.

-¿Diamante?, ¿tu y Serena están…?

-Juntos.-respondió Diamante sin dejarlo terminar.-Enamorados.-Le dio un beso en la mejilla.-Y no planeamos separarnos por el resto de nuestras vidas.

Serena sonrió y aunque se sentía algo mal por Seiya sabía que nada la podía hacer sentir triste, ahora no dejaría de estar contenta.


Meses después, Serena y Diamante se dirigían caminando, tomados de la mano, como les encantaba hacerlo, hacía casa de su madre.

Al llegar frente a la puerta, a Serena le tembló la mano antes de tocar, pero logró hacerlo.

Después de unos golpecitos la puerta se abrió. Rini al ver a su hermana frente a ella saltó y la llenó de besos, lucía muy emocionada. También se alegró al ver a Diamante.

-¿Rini?-se escuchó desde dentro.- ¿Quién es?-preguntó el señor Nishimura revisando la puerta. Al ver a Serena su semblante se mostró molesto y se acercó.

-¿Qué haces aquí?, sabes que no puedes venir.

Serena entró sin invitación y Diamante entró tras ella.

-¡Detente!, ¿qué buscas aquí?

-¡A mi madre!, y a mi hermana, ellas son mi familia, usted no.

El señor Nishimura miró con los ojos inyectados en sangre a la rubia. Estuvo a punto de bofetearla, pero Diamante se lo impidió deteniéndole la mano.

-Ni siquiera lo piense.-dijo Diamante serio.

En ese momento Ikuku entró en la habitación.

-¿Serena?, ¿qué haces aquí?-preguntó desconcertada.

-Mamá, he venido ha…verte, y a Rini también. Estoy harta de que no puedan ir a visitarme, así que vendré yo a verlas, no me importa si el señor Nishimura no les permite verme, o si piensa que no debo estar cerca de ustedes.

-Ikuku, tu no puedes permitir esto, esta niña desconsiderada y ruin no puede venir aquí.

Ikuko agachó la mirada, Serena supo que su madre no diría nada.

-No importa, mamá, sé que no piensas hacer nada, solo quiero informarte que no me daré por vencida, no me alejaré de Rini solo porque este señor lo diga.

Serena y Diamante se despedían de Rini cuando la voz de Ikuko los interrumpió.

-Tienes razón, hija mía. Eres mi hija a pesar de todo, y yo más que nadie sé que no eres nada de lo que tu padrastro piensa, al contrario eres la chica más linda, inteligente, responsable y amable que pueda existir…y eres el mejor de los ejemplos para Rini, más que esa engreída de Reika, ella es una monserga, ¡no me importa lo que digas!-dijo apuntando al señor Nishimura.-Si no te gusta mi manera de pensar, nos iremos, mis hijas y yo, si no te gusta que mi hija venga a ver a su hermana y a su madre, ¡nos iremos!

A Serena le había sorprendido la firmeza de su madre, nunca en diez años la vio así, lo que la alegró bastante. El señor Nishimura no respondió, tan solo bajó la mirada y se retiró a su habitación.

Diamante, Serena, Ikuku y Rini se sentaron en la sala y Serena le platicó a su madre quien era Diamante. La señora Tsukino se emocionó al saberlo, ella también adoraba a Diamante y no podía estar más feliz de que hubiera aparecido. Salieron de ahí por la noche, después de cenar, prometieron volver para llevar a Rini a pasear.


Serena y Diamante no podían estar más felices. Todo lo que habían estado esperando durante años al fin había llegado, se amaban incondicionalmente, su amor había crecido junto con ellos, seguía intacto.

Era verdadero, especial.

Diamante invitó a Serena a su habitación a comer leche y galletas y ver un par de películas. Hotaru y Zafiro habían salido ahora que eran novios, tenían la noche para ellos solos.

Diamante miraba a Serena con dulzura, la amaba más que a nada en el mundo y no pensaba dejarla nunca más.

Serena sintió la mirada de Diamante sobre ella y también lo miró, se sonrojó. Diamante le acarició el rostro y luego le plantó un beso dulce y apasionado en los labios.

Serena se aferró contra él, invitándolo a que siguiera besándola. Diamante deslizó su mano por la cintura de ella y Serena acarició su pecho.

Diamante se detuvo un momento para tomar a Serena en brazos y llevarla cuidadosamente a la cama. La colocó sobre las sábanas y continuó besándole el cuello, lento, tierno.

Serena desabotonó su camisa y aunque sentía un poco de vergüenza supo que no importaba, que lo amaba y que deseaba entregarse a él.

Diamante se despojó de sus ropas y Serena hizo lo mismo, se miraron durante un largo rato, estudiándose, contemplándose, admirándose.

Se besaron dulcemente, apasionadamente, recorrieron sus cuerpos, conociéndose.

Se convirtieron en una sola persona. Diamante se hundió en Serena, con cuidado, demostrándole lo mucho que la quería, gritándole que no quería separarse de ella nunca más. Serena sintió que estaba en el mismo cielo, no podía estar más fácil de haberlo hecho con su único y verdadero amor.

Se movían al ritmo del viento, de la música, juntos, como una sola persona, inseparables.

Diamante tomó el rostro de Serena entre sus manos y la miró.

-Te amo.

Le dijo con todo el amor que pudo ofrecer. Serena lo besó sagazmente, mientras ambos se apretaban más el uno contra el otro.

-Te amo también.-le respondió después de el hermoso beso que acababan de darse.

Sintió que toda la magia del amor estaba concentrada en su Diamante, que se había robado toda la felicidad del mundo.

"Te amo", "Te amo".