Esta es la adpatcion de uno de mis fics preferidos ,espero les guste.
Creadora Stamie.
ReaccionaEstaba en un invernadero. Nunca había estado en uno, era muy extraño. El aire era más fresco y más limpio, respiraba con normalidad y olía a clorofila por todas partes. Era un lugar precioso y estaba rodeada de flores y plantas, algunas me resultaban familiares y otras totalmente desconocidas pero tremendamente atrayentes.
Miré a través de los cristales del invernadero, fuera sólo había jardín y árboles, árboles que no me dejaban ver el bosque. A mi lado una mesa llena de utensilios de jardinería, tijeras de podar, cuchillos, rastrillos... y parecían todos ensangrentados. Me sobresalté, aquello definitivamente no era normal.
Empecé a ponerme nerviosa y dejé de sentirme cómoda allí. Di un par de vueltas sobre mi misma y vi pasar a mi lado a la chica del espejo, piel pálida y ojos negros. Ni me miró. Caminaba cabizbaja, llorando y levando una larga cuerda que arrastraba. La miré detenidamente y quise decirle algo, pero no me salía la voz, ni siquiera lograba gritar. La miré aterrorizada cuando la vi subir las escaleras de caracol hasta la galería superior del invernadero y colgar la cuerda de una de las bigas.
Quería gritarle que parara, que no lo hiciera, pero no podía. Sentí una mano fría en mi hombro y el aliento congelado en mi cuello.
-No puedes impedirlo... ojalá yo hubiera podido- le miré, Edward me devolvió una mirada triste y me besó en el cuello.- Tú serás la siguiente.
Abrí los ojos, aterrorizada, no quería mirar, pero Edward me obligó. Quería gritas, correr, pero seguía muda y clavada al suelo. Ella se ahorcó, se ahorcó delante de mí y yo sentí que ya no podía respirar. La presión en el cuello hizo que se me hincharan los ojos, el dolor era insoportable y caí al suelo, sujetándome el cuello. Edward me sujetó y me tendió en el suelo, acariciándome el pelo, sonriendo con calma. Una lágrima resbaló por su mejilla. ¿Por qué no me ayudaba?¿Por qué no hacía nada por ayudarme? Él ya no podía salvarme, pero quizás yo pudiera salvarle a él... no entendí por qué ese pensamiento se me pasó por la cabeza, pero enseguida la vi a ella detrás de él, negro sobre blanco. Tenía una de las tijeras de podar en la mano y golpeó con ella al chico en la cabeza.
Me desperté de golpe, empapada en sudor. No podía respirar, me temblaban las manos y me dolían mucho los ojos. Acababa de tener una pesadilla y, a pesar de no recordar prácticamente nada, reconocía esa sensación de miedo y preocupación. Miré el reloj despertador sobre mi mesilla, eran ya las seis y media.
No me merecía la pena intentar volver a dormirme, uno: porque no lo conseguiría y dos: porque en media hora iba a sonar ese desquiciante pitido que anunciaba el comienzo del lunes. Iba a ser un día largo, por ser el primero, y por tener el trabajo añadido de esquivar al médico, al que no había ido a ver el domingo.
Me levanté y fui a correr las cortinas y a subir la persiana. Hacía mucho que no contemplaba un amanecer y he de reconocer que la vista desde el ventanal diagonal de mi celda abuhardillada era preciosa. Me quedé de pie, contemplándola durante unos minutos y después fui a darme una ducha. Me sentía como la protagonista de Psicosis, como si en cualquier momento alguien fuera a correr la cortina de la ducha y a clavarme un cuchillo. Pero no, estaba todo en mi cabeza, demasiado afectada por las buenas películas antiguas.
Cómo aún tenía mucho tiempo antes de bajar a desayunar, me ricé las puntas del cabello con el secador. No era por presunción, no pretendía destacar o ir arreglada, pero necesitaba pasar el tiempo, pensar en cualquier cosa que me ayudara a no recordar fragmentos de mi pesadilla. Pronto llegaron las ocho y yo debía bajar a desayunar. Había mirado el plano del colegio y creía saber cómo hasta el comedor, así que cogí mis llaves y los libros y salí.
Hacía calor desde primera hora y el chaleco de lana sobraba, así que me lo quité una vez pasada la escalera de caracol. Lo llevaba en la mano, suponía que nadie me diría nada. Aflojé la corbata y desabroché un par de botones... eché de menos poder remangarme, pero no quería que todo el mundo viera mis marcas, aunque estaba segura de que todos sabían que estaban allí.
Al entrar en el comedor quise morirme. Todos me miraban, y no era sólo sensación mía. Todos iban impecablemente vestidos, con todas las piezas del uniforme, y yo llevaba la falda remangada, la camisa arrugada y la corbata floja. Tenía el chaleco en la mano y los calcetines a distinta altura ¿cómo iba yo a saber que aún muriéndonos de calor debíamos llevar todas las prendas? En la normativa no decía nada.
Fui hasta la barra de la cafetería y cogí una bandeja. Sólo quería café, mucho, así que me serví dos tazas, y también una pieza de fruta, aunque al final no me la iba a comer, seguro. Me senté sola y me dediqué sólo a mi bandeja, sin tratar de mirar a nadie aunque todos me miraran a mí.
-Hola- me estremecí, alguien me saludaba ¿qué debía hacer? Era tan obvio que ni se me pasó por la cabeza- ¿Estás ahí?
-...-Levanté la mirada y vi a un chico alto, de al menos un metro noventa, piel bronceada y una brillante sonrisa. Tenía el cabello oscuro y recogido en una coleta y los ojos profundos y oscuros como el azabache.-Hola- dije finalmente.
-Soy Mike... - Ya, era todo un detalle por su parte acercarse y presentarse y blablablá. Ero es que me daba igual, no tenía intención de ponerme a socializar y a hacer nuevos amiguitos-.- Tú eres Isabella ¿verdad?- asentí.,Bella- le corregi.
Se tomó licencia para sentarse delante de mí, como si fuéramos amigos.- ¿Qué te parece el colegio,Bella?
-¿Quieres algo de verdad o sólo vienes a molestar?
-Te dije que era un poco borde- dijo una voz a mis espaldas. Esa voz sí la reconocí, tan aguda y molesta, sin duda era la de Rosali Hale, que se sentó a mi lado ¿POR QUÉ?
-Hay más mesas libres- bufé.
-A mi me gusta esta mesa ¿A ti no, Topher?
-Sí, me encanta- "Si lo sé desayuno en un baño" pensé, sonriendo de lado, resignada.
Me había puesto a ojear el libro de normas, que ya me había leído, sólo para que pareciera que estaba haciendo algo. Sin embargo, ignorarles no les hacía desaparecer, seguían ahí, esperando a que yo iniciara una conversación, que les hiciera alguna pregunta o les agradeciera haberse acercado. Podían ponerse cómodos, porque no tenía intención de hacerlo.
Lo sé, lo sé. Me mostraba hostil, yo no solía ser así, pero me había levantado muy nerviosa por culpa de mis pesadillas y me sentía superada por la situación, me daba la sensación de ser yo contra todos los demás...
-Vaya, no he traído xirope para las tortitas- dijo Rosalie, mirando triste su plato- Ahora vuelvo- anunció antes de levantarse para ir a buscarlo. Noté como Mike se me quedaba mirando.
-Yo también odiaba este lugar cuando entré...
-Pero ahora te encanta ¿verdad?- aventuré.
-No- dijo sonriendo- Ahora lo odio más que nunca- abrí los ojos, sorprendida y le miré, chocándome con su perfecta sonrisa.- Estás en el cuarto individual número cuatro ¿no?- asentí con curiosidad.- A estas alturas lo sabe todo el mundo... te han dado el peor cuarto.
-Pues a mi me gusta- de repente me vi interesada en la conversación.-¿Qué tiene de malo?
-¿De malo?¿Qué es malo?- preguntó la aguda y agobiante voz de rosalie a mi espalda, haciendo que la mirara con odio. Se sentó y virtió al menos la mitad del bote de xirope sobre sus tortitas, prácticamente las ahogó.
-El individual número cuatro- dijo el chico.
-¿El cuarto de Millie?
-MI cuarto- ¿quién era esa tal Millien? Porque el cuarto número cuatro era mío, era bonito y me gustaba, a pesar de mis estúpidas pesadillas que, de todas formas, tendría en cualquier parte.
-Ahora- musitó Rosalie, cortando la comida con ansiedad.
-Rosalie, cállate- dijo Mike fulminándola. Se llevó el tenedor a la boca, pero esa mirada pareció frenarla y volvió a cortar la comida nerviosamente.
-No me mires así, tarde o temprano se enterará. No hagas caso de lo que la gente diga de tu cuarto, son tonterías- me advirtió antes de llevar el tenedor a la boca.
-¿Qué dicen de mi cuarto?- pregunté. De nuevo la frené antes de que comiera.
-Tonterías- exclamó Mike antes de que Rosalie pudiera contestar.
-¿Por qué no se lo dices?
-¿Por qué no te callas?- Rosalie miró fatal al chico y después abrió los ojos, preocupada. Miró su reloj y se puso de pie.
-Dios, qué tarde es y no bajé la mochila. Nos vemos en clase- y sin decir más se levantó y se fue corriendo. Miré su plato, todavía lleno.
-No ha comido nada- musité.
-Ya...- dijo él triste- Tiene un desorden alimenticio...
-Vaya- me sentí fatal. La había tratado muy mal, centrándome en mí, como si sólo yo tuviera problemas, pero ella también los tenía, no era sólo una niña bien de voz insoportable.
-¿Tú tampoco comes?
-No es lo mismo- se me escapó, no quise decirlo de ese modo, pero lo hice. Mike me miró extrañado.- Es que no tengo hambre.
-Estás muy flaca.
-Eso es problema mío- me terminé mi primera taza de café de golpe y me levanté.
Fue culpe mía por no mirar por dónde iba... lo que no sabía era lo que eso desencadenaría...
Al darme la vuelta, enfadada y sin querer mirar a Mike, me choqué con un chico alto, pálido y pecoso. Tenía el cabello Negro y los mismo ojos verdes de Edward, con una diferencia, los suyos eran tristes, apagados, ni brillaban como los del chico de mis sueños.
-Lo... lo siento- murmuré. Había derramado el zumo sobre la bandeja, inundando su plato de tostadas.
-¿Por qué no miras por dónde vas, estúpida?- me quedé paralizada, no me esperaba esa reacción, no tan exagerada. Dejó su bandeja de mala manera sobre la mesa más cercana y me miró de arriba a abajo, me dio la sensación de que le resultaba repulsiva.
-Oye, ya te he dicho que lo siento ¿cuál es tu problema?- antes de que pudiera contestarme apareció Edward y se metió por el miedo, sirviéndome de escudo.
-Ya, ya. Venga, Emmet, ha sido un accidente.
-Ed, apártate- dijo remangándose la americana del uniforme. ¿Por qué yo no la tenía?
-¿Vas a pegarme?- dije sin pensar. Noté cómo todos los ojos se fijaban en nosotros, para querer pasar desapercibida, estaba cantando demasiado.
-No seas ridícula- me espetó el tal Emmet.
-Hermano, ya ¿qué problema tienes?
-¿Por qué la proteges?¿Eh? No es nadie.
-¡Oh! Discúlpame por existir- y encima iba de perdona vidas, había que fastidiarse. Edward se dio la vuelta y me miró, o más bien, me hipnotizó.
-Bella, así no me ayudas- finamente eso significara que estuviera calladita. Se volteó de nuevo y encaró a su hermano, mayor, supongo- Yo te iré a por otro zumo ¿sí? Ahora márchate y déjala en paz. - Emmet me miró con desprecio y se dio media vuelta, seguido por su séquito de matones.
-¿Qué mierda ha pasado?- pregunté enfadada.
-Para tener unos labios tan bonitos, tienes una boquita de camionero- ¿en serio acababa de decirme eso? Fijo que nunca había tenido novia.
-Disculpa si tus oídos sufren con mi manera de hablar, pero tu señor hermanito me ha llamado estúpida y...- me puse nerviosa, quise controlarme, pero estaba alzando el volumen de la voz. Edward hizo el amago de agarrarme y yo me aparté, chocándome contra la mesa de la que me había levantado. Miré hacia atrás y Mike ya no estaba.
-Es muy complicado...
-Me da igual... todos tenemos problemas, dile a tu hermano que pague los suyos con sus amigos- o con quien fuera, pero no conmigo, ni siquiera me conocía.
Salí a paso rápido del comedor y gracias a Dios nadie me siguió. No quería llorar, pero noté como se me anudaba la garganta y como se me llenaban los ojos de lágrimas, así que salí corriendo por los pasillos hasta que no aguanté más el peso de la mochila, hasta que noté como casi no lograba respirar. Entonces paré. Parecía desierto, así que me deslicé contra una pared hasta quedar en el suelo y me eché a llorar. Parecía una cría en el primer día de guardería, era ridículo, YO ERA RIDÍCULA.
Quería coger mi móvil y llamar a casa y rogarle a mi padre que viniera a recogerme. Dejaría de quejarme, dejaría de ser borde y si era necesario haría cualquier cosa, humana o sobre humana, para terminar con las pesadillas. Cualquier cosa con tal de salir de allí.
Lloraba, lloraba encogida, abrazándome las rodillas, sin lograr respirar. Cada vez que lo hacía mis mejillas y la punta de mi nariz se coloraban, se me hinchaban los ojos y terminaba despeinada de tanto negar con la cabeza y pasarme las manos por el cabello. De nada me había servido peinarme.
-¿Por qué lloras?- paré en seco, como si no sólo yo me hubiera quedado helada, también lo hicieron mis lágrimas. Reconocí esa voz. Negro sobre blanco... Alcé la cabeza, con miedo y la vi allí, mirándome con curiosidad.- ¿Por qué lloras?- repitió. Si esperaba una respuesta no la obtendría, no me salían las palabras- Aún no es el momento.
¿Qué? Un parpadeo, sólo un parpadeo y desapareció. Mis lágrimas se descongelaron de golpe y el nudo de mi garganta se apretó, ahogándome. Volví a llorar, desconsolada, pero me daba miedo quedarme allí. Estaba en mi cabeza, no era real, no había estado allí. Eché a andar, sin saber a donde iba, quizás por suerte encontraría mi cuarto, pero no lo encontré...
Llegué a un baño, por suerte vacío. Ya habían comenzado las clases y no había nadie que pudiera molestarme, a no ser que fuera una urgencia. Dejé mi mochila en el suelo y me miré al espejo. Estaba horrible. No quedaba nada de la chica que había sido un par de años atrás y me daba miedo, me daba asco.
Flaca, pálida y llorosa. Mis mejillas estaba coloradas y también mi nariz. Con los ojos hinchados, húmedos y levemente inyectados en sangre. Me temblaban los labios."...unos labios tan bonitos...", nunca me había dicho algo así. Me mojé la cara con agua fría y respiré profundamente, con las manos apoyadas en el lavabo, tratando de serenarme. Entonces escuché la puerta y me erguí, nerviosa, no sabía como disimular.
Me sorprendió verle allí, tanto que ni me molesté en disimular que lloraba.
-Bella- susurraron sus ojos verdes.
-¿Qué haces aquí?
-Te estaba buscando...
-Me refiero a aquí, en los baños de chicas- concreté. En ese momento aún no había asimilado eso de que me buscara.
-No son de chicas, son mixtos- Me di la vuelta y vi los carteles en las puertas. Cuatro cubículos, dos para chicas y dos para chicos y el lavabo común.-¿Qué te pasa?¿Por qué lloras? ¿Es por Emmet? Lo siento, se comportó como un completo idiota y...
-No- dije tajante- No tiene nada que ver con tu hermanito- añadí con desprecio.
-Venga, cede un poco ¿sí? Quiero echarte una mano.
-¿Disculpa?- pregunté sorprendida- ¿A caso yo te pedí ayuda?
-En parte sí- le miré muda, incrédula- La forma en que me miraste...
-No necesito tu ayuda- me apresuré a contestar negando con la cabeza.- Así que déjame- agarré mis cosas y me dirigí a la puerta, pero él me agarró.
-No te he visto nunca pero te conozco- me susurró al oído, sin forzarme a mirarle- Sé que te conozco y vi tus brazos, eso es lo que le molesta a Emmet. No lo juzgues, el conoce ese mundo.
Y tras eso me soltó, me dejó ir y estaba tan impresionada, tan abrumada, que me marché. Directa a mi cuarto, o esa era la idea, porque me llevó un buen rato encontrarlo. Una vez llegué no sabía qué hacer y sólo se me ocurrió meterme en la ducha y abrir la llave del agua fría ¿Por qué? Para reaccionar, para darme una lección, para infligirme una dosis de realidad.
Yo le conocía, yo le había visto... y estaba sintiendo algo extraño, diferente, algo que me aterrorizaba y, por una única vez, no era miedo.
Gracias por leer este fic ,espero mas gente la lea ,subire el proximo capitulo inmediatamente porque el finde estare ocupada xd
.Otra cosa ¿Vieron Eclipse? Omg la ame me encanto la mejor de las tres hermosa especialmente mi Edward xd
