Esta es la adpatcion de uno de mis fics preferidos ,espero les guste.

Creadora Stamie.

Tócame

Noté cómo su mano derecha se deslizaba bajo mi falda. Yo estaba a punto de explotar, de gritar, de arrancarle la camisa, pero por alguna razón me estaba conteniendo. Él me besaba apasionadamente, sujetándome con firmeza y a la vez dulzura por la nuca, con la mano libre.

Hundí la mano izquierda en su cabello y bajé la derecha por su espalda hasta llegar al cinturón, que sorteé con cierta dificultad. Afiancé ambas piernas alrededor de su cintura para atraerlo hacia mí todo lo posible Nuestros labios se fundían en un beso ardiente, apasionado, tan apasionado que me sentía abrumada, deseable y querida, aunque yo no correspondiera ese sentimiento.

Sus labios se deslizaron por mi cuello, deteniéndose allí y yo abrí los ojos. Evalué la situación y me di cuenta de que aquello no era real, no estaba sucediendo. Ahora era capaz de darme cuenta, dentro de mis propias pesadillas, de lo que era real y lo que no, era capaz de darme cuenta de que estaba dormida, soñando. Noté un intenso dolor en las muñecas y me puse rígida, entonces él paró, se separó unos centímetros y me miró. No me lo podía creer.

Ojos verdes, tez pálida, cabello pelirrojo. No era quien yo creía, quien yo deseaba. Le miré aterrada y noté como un hilo de sangre resbalaba por su cuello.

-¿Millie, ocurre algo?- No, Bella, era yo no ella ¿Qué ocurría?¿Qué me estaba pasando?

Emmet vio la sangre gotear sobre mí, tenía la camisa del uniforme abierta y las gotas me quemaban sobre la piel del pecho. Noté cómo se me iba la vista, esa sangre no era suya, era mía, de Millicent. Me miré fijamente los brazos y no pude reprimir una arcada. Las cicatrices estaban abiertas, recientes, la sangre se escapaba de mi cuerpo y la vida se me iba poco a poco. Emmet intentaba reanimarme, mantenerme a su lado. Gritaba mi nombre, su nombre ¡Millie!¡Millie! Pero nada, tenía sueño, estaba cansada… estaba muriendo.

-Isabella ¡Isabella!- la voz venía de lejos, procedía de fuera de mi sueño. Me desperté de golpe cuando Rosalie me dio disimuladamente un codazo ¿Cómo podía haberme quedado dormida en clase de historia?- Señorita Swan ¿Le aburren mis lecciones?

-¿Qué? Eh… no, no- Miré a mi alrededor, avergonzada y vi a Edward conteniendo la risa y mirándome con cariño.

-Quizás cree que puede echarse una siesta porque ya se sabe la lección completa ¿por qué no continúa usted?

-No, por favor…- aún estaba algo desorientada y no sabía de qué había estado hablando.

-Claro que sí, deléitenos con sus conocimientos sobre el descubrimiento de América y la hegemonía de poder español en el sigo XV- Mierda, mierda… ¿y qué se supone que debía decir?

Me hundí en la silla, ojeando rápidamente un par de páginas de mi libro y dije lo primero que se me ocurrió, tal y como me vino a la cabeza.

-Sí, em… América fue descubierta por accidente en 1492 cuando Colón buscaba… buscaba una ruta hacia las Indias. Esto… partió en verano en ¿julio?- no- ¿agosto? Sí, eso agosto, desde el Puerto de Palos con tres naves más o menos… más o menos grandes ¿no? Con marineros y provisiones y cosas… náuticas- por el amor de Dios, que ridículo.

-Ya, ya está bien. Señorita Swan- dijo el profesor parándose ante mi mesa- Usted no narra la Historia, usted masca las palabras y luego las escupe- el único que escupía era él, pero al pronuncias las pes. –Espero que una tarea extra de veinte folios sobre el descubrimiento del Nuevo Continente la haga aprender algo y le recuerde que no debe dormirse en mi clase.

¿Veinte? No podía llenar ni dos, la vida de Colón no daba para tanto. Respiré y no me quejé, pero escuché a alguien reír a mis espaldas y, por desgracia, el profesor también.

-¿Le hace gracia, señor Newton?- Mike dejó de sonreír de pronto.

-Sí ¡quiero decir, no!

-Pues a ver si le hace tanta gracia hacer el trabajo conjunto con la señorita Swan…

Genial, dos castigados.

En las últimas dos semanas las cosas habían ido a mejor. Las pesadillas había remitido en gran medida gracias a la nueva medicación que me daban para dormir, los flashbacks iban y venían, pero parecía que todo se estaba calmando, incluso daba la sensación de que estaba haciendo algunos amigos.

Resultó que Rosalie era una chica genial. En verdad estaba algo loca y tenía una mente muy infantil, pero era una gran chica. Lo extraño era que cuando estaba con, por ejemplo, Mike, Edward no se me acercaba y si estaba con Rosalie, Emmet ni siquiera me saludaba

Él era quien más me evitaba desde que había salido de la enfermería y no le culpaba, pero me preocupaba la forma en que se miraban él y Rosalie. Era muy extraña, sospechosa. Edward se portaba muy bien conmigo, me hacía reír, pero a veces se pasaba de entrometido… de ¿místico? No sé si esa era la palabra, pero era como si tratara de pintarse como un súper héroe delante de mí. Mike hacía el papel de hermano mayor, me protegía, me sobreprotegía, pero no podía quejarme, era atento y no parecía querer nada a cambio.

Sí, nos llevábamos bien, pero aún así traté todo lo posible de no abrirme, de guardarme mis problemas para mí, de mantener una distancia de seguridad. Yo seguía siendo yo, aunque tratara de ser más amigable.

-Por el amor de Dios, Bella- me dijo Rosalie a la comida, alterada- Estás ardiendo ¿seguro que estás bien?

-Sí- repetí por enésima vez- Es este calor… no lo soporto.

-Pues yo no lo noto- bufó MIke, aún enfadado por el castigo del profesor de historia.

-Es cierto, no hace nada de calor.

-Lo sé, soy yo… desde que me desperté en clase ¡Dios!¿Cómo pude dormirme en historia?

-No es tan raro… esas clases son un aburrimiento.

Me abaniqué con unas cuantas hojas de papel, aquel calor era insoportable y sólo yo podía sentirlo. Mis mejillas estaban rojas y todas y cada una de las partes de mi cuerpo ardían.

-Necesito una ducha fría- musité.

-Si no me pareciera ridículo diría que tienes un buen calentó encima, Bella- dijo Mike divertido y, desgraciadamente, no muy alejado de la realidad. Me quedé pensando. Mi acaloramiento comenzó tras el sueño en el que Millie y Emmet hacían el amor, quizás tuviera algo que ver o quizás yo fuese una pervertida.- Oye… que era broma- exclamó el chico al ver que yo no decía nada.- Bella ¿estás ahí?

-¿Eh? Sí, claro ¿decías?

-Nada…- Rosalie rió, tragándose a duras penas la poca comida que le había obligado a poner en su bandeja. -¿Vamos ahora a la biblioteca a hacer el trabajo?

-Dame una hora, necesito urgentemente una ducha- no era sólo calor, era sudor, todo aquel acaloramiento me empapaba en sudor, parecía que el verano había continuado sólo para mí.

-Como quieras, te veo en la biblioteca en una hora.

Me despedí de ambos y me fui a mi cuarto. No fui tan drástica cómo lo era en mis curas de realidad, no me di una ducha de agua helada, sólo templé el chorro de la ducha y me mantuve debajo hasta que mi cuerpo recobró su temperatura normal, ni un grado más ni uno menos.

De todas formas, nada más salir de la ducha, el calor comenzó de nuevo. Quise ignorarlo, pero era imposible y tuve que echar mano de la ropa que ya creía desterrada por ser demasiado veraniega. Me puse unos vaqueros desgastados y un top de tirantes blanco. Era muy descocado, demasiado para una biblioteca, así que me puse por encima una camisa floreada de manga corta, de gasa muy fina, para taparme un poco sin pasar demasiado calor. Eso y unos tenis y así me encaminé a la biblioteca. La idea de pasarme toda una tarde, o más de una, con aquel estúpido castigo era agobiante pero, una vez más, mi héroe de ojos esmeralda me salvó.

Caminaba por un pasillo cuando él dobló la esquina y se apoyó contra la pared, abanicándose con unos papeles. Sin duda me estaba esperando y sonrió jactancioso al verme.

-Antes no dormías y ahora duermes demasiado…

-Déjame en paz- dije mirándolo enfurruñada.

-¿Sabes que es esto?

-¿Fotos tuyas ligerito de ropa?

-Sólo estaría así de sonriente si las fotos fueran tuyas.

-Que te den, tengo prisa- la conversación era un sin sentido y no ayudaba nada a rebajar mi calor corporal.

-No, no, no espera- pidió agarrándome del brazo- Mira, lo bueno del profesor de historia es que no es nada original poniendo castigos. El trabajo que te ha mandado de castigo es el mismo que pidió a final del primer cuatrimestre al curso de Emmet el año pasado.- Le miré extrañada y sonreí- Él sacó un sobresaliente… y le pedí que te lo prestara.

-¿Y el aceptó?

-¿Por qué no iba a hacerlo?- preguntó sonriente, tendiéndome el trabajo, pero apartándolo justo antes de que pudiera hacerme con él- ¡Ah, ah, ah! Esto tiene un precio.

-¿Cómo?- ¿Qué podía tener yo que él quisiera? Porque no iba a sacarme fotos de ningún tipo.

-El sábado celebro mi fiesta de cumpleaños y quiero que vengas- no era una petición descabellada, aunque no tenía demasiadas ganas de ir a una fiesta- …como mi pareja.

-¿Cómo tu qué? Edward, ¿qué estás diciendo?

-O vienes a mi fiesta y te lo pasas de vicio, o te quedas sin trabajo.

-¿Quieres obligarme a pasármelo bien un sábado por la noche y ahorrarme el esfuerzo de hacer un trabajo pesado? Eres una persona horrible- bromeé, cogiendo el trabajo de Emmet y aceptando así el trato.

-Lo sé, soy maquiavélico. El sábado a las once y media en el salón grande que hay los sótanos.

-¿Abajo?

-¿Crees que van a dejarnos celebrar una fiesta en un salón arriba?- No, probablemente no- De hecho, no saben que hay fiesta, pero ser delegado tiene sus ventajas… ya te contaré- dijo haciéndose el interesante- Ve a trabajar, irresponsable.

Hice todo el camino a la biblioteca sonriendo como una idiota y Mike se quedó alucinado cuando me vio. Me senté a su lado en la mesa que él había escogido y le pasé discretamente el trabajo, que miró de mala gana.

-¿De Cullen?

-Edward me lo prestó, no podemos copiarlo, pero puedo hacer una buena versión… siempre es más rápido- no parecía convencerle y yo sabía que era por toda esa historia de Millie, había estado colado por la novia de un Cullen y lo peor para él es que nunca fue un secreto.

-No, sé, creo que paso. Deberíamos hacerlo nosotros.

-No seas así, lo ha hecho con buena intención.

-Ya, seguro ¿y no te ha pedido nada?

-…- Dudé un instante- No, claro que no- supuse que él no estaría en lista de invitados a la fiesta de cumpleaños de Edward, así que me callé ese detalle.

-Tú misma- bufó tirando las hojas sobre la mesa.

-Mira, lo haré yo. Me lo leo y lo voy escribiendo de nuevo, no me llevará más de una hora u hora y media y luego pongo nuestros nombre- era un buen trato.

-No, no vas a hacerlo tú todo.

-Venga, en cierto modo, estás castigado por mi culpa… déjame redimirme- pedí, mirándole con ojos de niña buena.- Porfa…

-Está bien, pero no te esfuerces demasiado o el carcamal de historia sabrá que no he hecho nada.

-Descuida. Anda, márchate y déjame trabajar.

¿Sabéis ese refrán que dice 'la curiosidad mató al gato'? Pues quizás en mi caso sea demasiado decir, pero posiblemente, tras abandonar la biblioteca, mi curiosidad me había dejado, por lo menos, coja.

Necesitaba saber más sobre Millie, sobre el cuarto individual número cuatro, sobre la historia de Greenwood Place. Necesitaba saber quién era la chica de cabello negro, qué le había ocurrido para llegar a suicidarse.

Busqué en libros y en todos los papeles disponibles, miré antiguos anuarios uní piezas. Averigüé cosas nuevas, algunas no me gustaron nada, pero la mejor información la encontré en Internet, en antiguos recortes de periódicos y presa sensacionalista. Unir las piezas era difícil y los primeros resultados fueron macabros.

Una sensación terriblemente poderosa y placentera se apoderó de todo mi cuerpo. Estaba rodeada de plantas por todas partes, todo a mi alrededor era verde. Me llegaba el embriagador olor a flores y clorofila y eso aumentaba todavía más mi deseo. Yacía apasionadamente con un joven en los invernaderos del colegio, un chico al que no conocía de nada.

Sus manos exploraban cada parte de mi cuerpo, su lengua recorría mi cuello, mis hombros y volvía a subir de nuevo en busca de mis labios, con pasión y desenfreno, esta vez sí, sí era correspondido, fuera quien fuera aquel chico de olor almizcleño y tez oscura. Sus ojos miel, su pelo trigueño y su sonrisa perfecta me embaucaban, estaba haciendo de mí lo que quería…

-Claudine ¡oh! Claudine- jadeaba, en éxtasis.

No sabía a quien se refería, pero de nuevo me di cuenta de que estaba soñando, de que no era real y en el mismo instante en que lo noté me enfrié.

Contemplé la escena desde fuera, de modo objetivo y no estaba sola. Claudine era la muchacha que retozaba con su amado entre las frondosas plantas del invernadero. Claudine era la chica de tez pálida y cabello negro, de ojos oscuros y profundos, de mirada fría. Claudine era quien se había ahorcado, quien se colaba en mis sueños haciéndome sentir auténtico terror.

Sin embargo no parecía tan mala en ese momento, disfrutando de su desenfreno secreto. Hasta me daba reparo estar allí de pie mirando, aunque evidentemente ellos no podían verme.

De repente pararon y Claudine de abrochó de nuevo su camisa y la chaqueta raída de lana que llevaba puesta y el chico rubio se abrochó los pantalones, ambos parecían acelerados y muy preocupados. Algo había escapado a mi percepción… me había perdido algo.

-¡Intolerable! Malditos niños cochinos, impuros, pecaminosos- una mujer entró en el invernadero, en su mano derecha una fusta y en su rostro una marcada mueca de asco.- Debería daros vergüenza, retozando como animales… bastardos.

Pude ver un rosario con cuentas de madera colgado de su cuello y no dudé ni un instante en que era religiosa. Agarró a Claudine por el pelo y tiró d ella con violencia. El chico quiso detenerla porque Claudine no dejaba de llorar, pero la mujer le golpeaba una y otra vez con la fusta, haciéndolo doblarse de dolor, abriendo heridas en su cara, en su torso y en su espalda desnuda. La joven pedía clemencia para su amado y, por un instante, pareció ser concedida… por un instante.

-Esto no quedará así, cerdos- gritó, arrastrando a la chica hacia la salida- Seréis castigados.

-¡NO!-suplicó ella- Otra vez no.

-Tú te lo has buscado, sólo de esa forma aprenderás, sólo con sangre.

Tragué saliva, el panorama era desolador. Claudine era arrastrada llorando y gritando hacia un inevitable castigo físico y el chico yacía en el suelo, sangrando, sin a penas lograr ponerse en pie ¿Por qué había tenido que ver esto?

El calor no descendió. Cuando me desperté estaba empapada en sudor y me ardía el pecho. Busqué a tientas el interruptor de la lámpara de la mesilla y, al encender la luz, no pude evitar proferir un sonoro chillido.

A los pies de mi cama estaba ella, Millie, mirándome con una gran sonrisa. No, no podía ser, tenía que estar soñando pero ¿cómo? Si acababa de despertarme. Me temblaban las manos y era incapaz de moverme, sólo suplicaba para mis adentros que no me hiciera daño.

-Pareces un angelito cuando duermes… menos por algunas caras que pones- parecía estar pasándoselo pipa y yo estaba aterrorizada.- Necesito tu ayuda, Bella, necesito que ella no les haga daño.

-¿Qué quieres de mi?

-Tienes que advertirles sobre ella, sobre la chica de pelo negro… yo no lo hice y ahora estoy muerta- me mostró sus cicatrices, afligida.- Lo que ves es real, ves lo que yo vi, sabes lo que yo sé… y poco a poco sabrás más cosas, lo sabrás todo y tendrás que ayudarles.

-¿A quiénes?

-Edward, Emmet, Rosie… y Mike- a él le dejó para el final y tras nombrarlo susurró- No te creerás, tampoco me creyeron a mí, será necesario que pase algo, algo malo para que se den cuenta.

-¿El qué?

-Yo no lo sé… sólo ella lo sabe. Yo fui el primer aviso, mi muerte fue el primer aviso y si no cortas esto de raíz morirá más gente.

-No… no…- no quería creer eso, no quería imaginarlo.

-Pregunta… lo primero que debes hacer es conocer mi historia, TODA la historia- dijo con énfasis- y rellenar tus lagunas, luego todo irá tomando sentido.- Sentí como mis lágrimas resbalaban por las mejillas, sin tener ningún permiso para hacerlo.

-Que no te vea llorar, eso le enfurece mucho… sé fuerte y despierta.

-¿Qué?

-DESPIERTA.

El incesante pitido del ordenador me asustó cuando recobré la consciencia. Me había quedado dormida sobre el teclado mientras buscaba información del colegio y el tener presionadas todas las teclas había echo pitar al aparato de forma escandalosa. Estaba sola en la biblioteca y nadie se había molestado en despertarme.

Todo había sido muy extraño, nunca había salido de allí, todo, desde la ducha al encuentro con Millie había sido producto de mi subconsciente.

Me froté los ojos y me estiré. Aún tenía miedo, temblaba y lo único real que conservaba de mis sueños eran las lágrimas. Miré la parte inferior derecha de la pantalla del ordenador, el reloj marcaba la una y media. ¿Cómo podía dormir tanto ahora? ¿Tantas cosas tenía que ver? Porque a esas alturas una de dos, o estaba totalmente loca y no lo aceptaba, o todo era real… algo así no podía generarse solo en mi cabeza.

Cerré una a una las ventanas abiertas y cuando llegué a la última me fijé en una pequeña noticia bajo un gran titular en una página de un periódico local con bastantes años. Cuando la leí me quedé paralizada.

"ADOLESCENTE EMBARAZADA MUERE EN LOS BOSQUES TRAS ESCAPARSE DEL HORFANATO DONDE ERA ACOGIDA"

La imagen adjunta, pequeña y de dudosa calidad era, sin dudas, la de Claudine. Algo no estaba bien, ella se había ahorcado, no se había escapado, ella… estaba embarazada.


Bueno volvi de Vacaciones antes de ayer pero nesecitaba descansar igual ,estaba en la Tirana para quienes la conocen,bueno aqui nuevo capitulo espero les guste mas tarde subo el siguente y mañana el otro besotes a todos gracias Bay

Pd: recomienden la historia porfisss