A unos minutos de que empiece el partido del Bicentenario (en serio, ¿a quién se le ocurre conmemorar la guerra de Independencia con un partido de fut? No es que no me agrade la idea - ¡extraño el mundial! - pero... en verdad, se me hace graciosísimo), les traigo el gran final de "Allées et venues". Les cuento que este capítulo fue el que más trabajo me costó - siempre he pensado que los finales son más difíciles que los inicios. Espero que les agrade.
Antes de dejarlos con el capítulo, quiero dar las gracias a quienes semana a semana lo siguieron y a quienes se tomaron un ratito de su tiempo para dejarme un review. ¡Son lo mejor!
Con mucho cariño, para todos ustedes.
IV
- Hermanos, estamos aquí reunidos para unir a estas dos almas en santo matrimonio.
Tenía un rato que no había asistido a un evento de esa clase - en verdad, con tantas guerras y venganzas a penas si tenía tiempo para entrenarse. No obstante ahí estaba, al fondo de una pequeña capilla decorada con flores rosas cortesía de Ino. Miró a la pareja que había enfrente y no pudo sino desearle suerte a la novia por atreverse a contraer matrimonio con el novio. Pero en el amor, bien lo sabía, la lógica no pintaba para nada.
Mientras el sacerdote decía un montón de palabras que lo tenían sin cuidado, su mente no pudo evitar divagar al bien sabido y atormentador "¿qué pasaría sí...?". En esta ocasión, la involucrada era la novia, Hinata, heredera del Clan Hyuuga. No sabía mucho de ella, sólo que habían estado en la misma clase cuando niños. Sin embargo, los chismes corren rápido - y más cuando eres un ninja y no tienes nada de qué platicar durante las misiones. Cierta vez el novio, Kiba, le había contado - gracias a unas copitas de más - que Naruto era la razón por la cual Hinata nunca se dio por vencida pese a las pocas esperanzas que su propio padre tenía en ella: en el examen Chuunin, Naruto le había echado porras e incluso casi llegaba a los golpes con Neji para defenderla.
Y Hinata, le había dicho Kiba amargamente, se había terminado enamorando de Naruto. Imaginó que Kiba le contaría muchos intentos de Hinata para conseguir el amor de su susodicho, por lo cual activó su sharingan para ponerlo a dormir. No estaba de ánimo para oír esas historias tan absurdas. Sin embargo, se sorprendió al oír que Hinata se había atrevido a defender a Naruto en contra de Pain y, antes de que éste le diera la patiza de su vida, le declaró su amor. Eso ya era distinto.
No todo mundo sacrifica su vida por alguien todos los días y que Hinata lo hubiera hecho por Naruto hablaba de la sinceridad de sus sentimientos. Se preguntó entonces la razón por la cual Naruto no le correspondió a lo que Kiba le dijo - ¡maldición! ¡Lo había dicho en voz alta! - que se debía a que Naruto era un imbécil que no sabía ver a la maravillosa persona que tenía en frente. Fue entonces cuando, antes de que se pusiera más impertinente, Sasuke lo puso a dormir.
Aquel recuerdo hizo que, en medio de la boda, pensara en qué hubiera pasado si Naruto, en lugar de padrino, hubiera sido el que estuviera en el altar. Hinata era una hermosa kunoichi y, lo más importante, lo amaba. Si se quedaba con ella, Naruto no tendría ningún problema para convertirse en Hokage, es más, contaría con el apoyo de los Hyuuga. Un día de éstos, se dijo, zapearía a su rubio amigo por dejar escapar la ocasión que le abriría las puertas a la vida que se merecía.
Volvió a mirar al altar y vio cómo los novios intercambiaban anillos. Recordó que Naruto no era tan tonto como parecía y supuso que, a lo mejor, había visto más allá de lo evidente. Tal vez las técnicas de ermitaño le habían dado el don de clarividencia y, gracias a él, se dio cuenta de que Hinata sería más feliz con Kiba… pero conociendo a Naruto… lo más seguro es que haya confundido el amor de Hinata con el de una hermana. ¿Dónde había escuchado esa historia antes?
El sacerdote bendijo a la feliz pareja de recién casados y en toda la capilla sólo se escucharon aplausos. Bien, momento de felicitarlos para después irse de ahí. Ya no tenía más asuntos qué atender en Konoha.
- ¡Hey Sasuke! - le llamó Kiba.
- Hn - respondió y se encaminó hacia la feliz pareja.
- Nos alegra que vinieras, Sasuke-kun.
- Al contrario, gracias por invitarme - sacó una pequeña caja negra de uno de sus bolsillos y se la tendió a Hinata.
- ¡Son hermosos, Sasuke - kun! ¡No tenías por qué!
- Guau, Sasuke.., en verdad... - Kiba se quedó sin palabras.
- Eran de mis padres - comentó mirando la pequeña caja con los dijes que sostenía Hinata - Me honraría que ustedes los tuvieran ahora.
- Gracias, Sasuke - kun.
- Gracias, Sasuke. ¡Te esperamos en la fiesta! ¡Y te emborracharemos hasta que ya ni te acuerdes de quién...!
- ¡Kiba! - lo reprendió Hinata.
Sonrío y dejó que otras personas felicitaran a los novios. Comenzó a caminar cuando vio que una cabeza rubia le cerraba el camino. Ni siquiera se sorprendió al verla. ¿Es que siempre jugarían a lo mismo? Maldijo porque había olvidado en la habitación del hotel sus tapones para los oídos: con los gritos de Naruto, sí que los iba a necesitar.
- Bastardo - lo llamó.
Hn al rescate.
- La última vez ni siquiera te despediste.
Hn, bendito seas.
- Aunque tuviste la decencia de dejarme en mi cama y arroparme. Supongo que debería darte las gracias.
Hn alabado sea el momento de tu aparición.
- Vamos a entrenar.
- ¿Qué no tienes una boda qué atender? Eres el padrino - Naruto se sorprendió por oír más de dos palabras salir de la boca de su amigo.
- Pero la recepción empieza hasta dentro de dos horas. Nos sobra tiempo.
- Paso.
- ¿Qué... tienes miedo de que te pateé el trasero? - lo retó.
"Oh, no de nuevo", dijo Sasuke para sí. ¿En serio tenían que pasar por esto otra vez? ¿Por qué simplemente Naruto no lo dejaba estar? Maldito idiota hiperactivo.
- No Naruto, ya me cansé - respondió alejándose del lugar - Esta vez, me dejarás marchar y tú te quedarás aquí a embriagar a toda Konoha.
- Soy padrino, no barman - replicó mientras lo alcanzaba - No eres el único harto. Estoy cansado de sacarte las cosas a cuenta gotas. Vienes, vas, te vuelves a ir... ah, eso sin contar los "polvos intermedios".
- Hn - ¿por qué esa palabra mágica no le ahorraba los momentos embarazosos?
- ¡Y nunca dices nada!
- No tengo por qué - espetó Sasuke retomando su camino.
- ¿Sabes qué? - preguntó Naruto mientras agarraba a Sasuke del brazo para impedir que se fuera - Podríamos evitarnos este numerito si de una vez por todas me dices qué es lo que quieres.
- Eso no cambiaría en nada las cosas - y, para Sasuke, así era. Lo que él quisiera no debía interferir en el rumbo que la vida de Naruto tomaría. Ya la había torcido suficiente en el pasado para continuar haciéndolo.
- ¡¿Cómo puedes saberlo? ¡Mierda, Sasuke! ¡Pensé que después de que la guerra terminara encontrarías la paz que buscabas! Pero ¡oh no! ¡Tenías que venir a complicar todo con tus idas y venidas! Cada que te largas, pienso en que tal vez fue la última vez que te vi. Eres tan bastardo que, de seguro, un día vas a dejar de venir por tus caprichos. ¡¿Y yo qué? ¡Al menos dime hasta cuando piensas seguir así para saber a qué atenerme!
- ¿En verdad crees que voy a hacerte ese favor?
- ¡Arggg! ¡BASTARDO! - gritó Naruto lanzándose hacía él pero Sasuke detuvo su puñetazo con una de sus manos.
Ah… cómo iba a extrañar provocar a Naruto. Mentiría si dijera que, después de andar planeando venganzas, era su pasatiempo favorito. Pero, a juzgar por la mirada de angustia de su amigo, ése no era un buen momento para andarlo fastidiando. Naruto quería una respuesta y sabía que le seguiría insistiendo hasta conseguirla. Además, sabía que ya había llegado el momento de hacerse un lado.
- Está bien, porque hoy me siento generoso te diré - y suspiró, preparándose para revelarle la verdad - quiero que tengas todo lo que nunca tuviste de niño. Quiero que cada que llegues a casa alguien te pregunte como estuvo tu día, quiero que ya no despiertes solo cada mañana, quiero alguien que te ayude a cuidar de tus plantas cada que sales de misión, quiero que tengas alguien a quien le cuentes los chistes malos que te sabes, quiero que tengas una casa llena de niños que te atormenten y te despierten a media noche con sus llantos, quiero que esta maldita aldea te reconozca por quién eres, no como el héroe de la guerra que derroto a Pain, quiero...
"Guau - pensó Naruto admirado - y pensar que en la mente del bastardo cabe más de una persona".
- ¿Y sabes qué es lo peor? ¡Que siempre mandas a volar las oportunidades para ser feliz!
- ¿Y por eso te pusiste todo emo la semana pasada? - preguntó Naruto incrédulo.
- Ya deja de aferrarte a mí Naruto - siguió Sasuke - No sé si no te has dado cuenta, pero yo no soy ni puedo ser lo que buscas.
- ¿No crees que estás siendo un poco dramático? - la cara de pocos amigos que le dirigió su quién-sabe-que fueran-en ese momento le respondió - Oh bueno, no te enojes, yo sólo decía. ¿Crees que yo no me he puesto a pensar en ello? Si la abuela rana me lo dice todo el tiempo, "ese Sasuke no te quiere bien, te va a raptar, te deshonrará y luego te dejará como novia de pueblo".
Sasuke ni siquiera se dignó a contradecir a Naruto. Sólo se limitó a arquear una de sus cejas.
- ¡Era broma! Lo que tengo qué hacer para levantarte el ánimo. Mira, Sasuke, toda la semana le he dado vueltas al asunto y no me gustó admitir que tienes razón. La gente siempre está muy al pendiente de lo que hacen sus líderes y si descubren que tú y yo... ya sabes... no nos las vamos a acabar. Tú eres el último de los Uchiha, ex - vengador, héroe de guerra y yo soy el jinchuriki del Kyuubi, defensor de esta aldea y el niño de la profecía. Por eso te dije que nos muriéramos juntos y tú ni caso me haces.
- Ya deja de decir estupideces - interrumpió Sasuke intentando reprimir una sonrisa amarga.
- La vedad es que nuestros nombres pesan mucho y así será siempre hasta el día de nuestra muerte. Pero al menos a mí no me importa lo que digan. Es más, para ser más exacto, no me importa lo que tú digas.
"No pues sí - pensó Sasuke - si de eso ya me di cuenta desde hace varios años".
- Para mí es suficiente con molestarte cada mañana. No pido más. Además, tú ni siquiera tienes en cuenta qué es lo que yo quiero, bastardo de mierda.
- ¿Y crees que eso me importa? - preguntó Sasuke divertido.
- No, pero de todas maneras te digo - Naruto se volvió hacia su amigo y tomó su rostro entre sus manos - Yo sólo te quiero a ti, desgraciado.
Lentamente Naruto se acercó hacia Sasuke, quien, al sentir la respiración de su amigo sobre sus labios, cerró sus ojos, esperando perderse, una vez más, en todo lo que era Naruto… y así habría sido de no ser por…
- ¡Auch! ¡Maldito idiota! - se quejó sobándose la frente. Naruto lo había engañado: en lugar de un beso, le había dado un fuerte cabezazo.
- ¡Ja, ja, ja! ¡Toma eso, bastardo! ¡Por hacerme vivir una semana horrenda! ¡Debiste ver tu cara! ¡Ja, ja, ja! - reía Naruto, quien también pasaba su mano por su adolorida frente.
Un chirrido similar al de las aves distrajo a Naruto de sus risas.
- Oh, bastardo, no es para tanto. ¡Auch! - gritó cuando una de las chispas del chidori alcanzó sus brazos - anda, no seas necio y guarda eso.
Sasuke iba a responder cuando Naruto se volvió a acercar y le besó.
- Si fuera Hokage - le confesó a unos milímetros de distancia - te pondría a hacer toda clase de misiones idiotas sólo para verte sufrir. Pero no te preocupes, eso no va a pasar.
Sasuke, quien ya había deshecho el jutsu, le miró confundido y frunció el ceño.
- Sasuke… que estés aquí conmigo... vivo... para mí es más preciado que cualquier otro sueño que pueda tener. Así es que perdóname por no querer lo que tú quieres.
Sasuke recargó su cabeza sobre el hombro de Naruto y suspiró derrotado:
- Claro, porque siempre te ha valido lo que yo te diga, ¿verdad?
- Ji, ji, ji, ji, ¡ese es mi camino del ninja! - reía Naruto mientras lo abrazaba - Lo único malo es que como ya no seré Hokage, ya no podré ordenarte que barras las calles de la villa.
- Como si lo fuera a hacer - respondió Sasuke - ¿Arriesgarías la villa a una batalla campal?
- Por verte en mandil barriendo las calles de la aldea... sí, valdría la pena.
- Idiota.
- Vamos Sasuke, como si no hubiera otras maneras de proteger esta aldea. Jiraiya y tu hermano lo hicieron y no fueron Hokage y mi padre... bueno, ni duró cinco minutos en el puesto. Esta vez, vamos a ser tú, yo, mis plantas y el ramen.
- Hn.
- Tomaré eso como un sí. Anda, vamos, hay una fiesta que arruinar - dijo Naruto deshaciendo el abrazo.
- Bueno, es tu decisión. No vengas a lloriquearme después - le advirtió en un tono muy serio. Y Naruto, sabiendo que la hora de la verdad había llegado:
- Ya es demasiado tarde como para arrepentirse, ¿no crees?
Caminaron un rato en silencio hacia el jardín donde se llevaría a cabo la fiesta. Sin embargo, antes de entrar, Sasuke decidió sacarse la espinita de la duda:
- Oye, imbécil. ¿Por qué no Hinata? - ¿Por qué yo, de entre todas las personas?
Un poco sorprendido por la pregunta, Naruto lo miró y le respondió:
- Pues porque tú ya habías dado tu vida y tus sueños por mí. Y ahora yo quiero hacer lo mismo por ti.
- Oh. - "¿Quién diría que lo que pasó hace tantos años en el país de la Ola nos llevaría a esto? En verdad, jamás vuelvo a salvarle la vida a alguien"
- ¿Te acabo de develar mi más oscuro secreto y me respondes con un "oh"? Mejor vamos a la fiesta, que Kiba ha de andar todo histérico porque su padrino no ha llegado.
- Como si pudieras ayudarle en algo. Suerte que me tienes para arreglar todo el desastre - comentó Sasuke muy orgulloso de sí.
- Ya quisieras, bastardo.
Mientras se dirigían a alcanzar a Kiba, Sasuke se preguntó si el vínculo que compartían sería suficiente para llenar el vacío que dejaría en Naruto renunciar a convertirse en Hokage. Pero al ver sus ojos brillar, recordó que, hasta la fecha, Naruto siempre cumplía sus promesas.
Y dudaba en que algún día dejara de hacerlo.
¿Qué les pareció? Al final, Sasuke no era tan malo como parecía - sobretodo, si recordamos el primer capítulo. Espero que este pequeño fic les haya dado un momento agradable y que hayan disfrutado leerlo tanto como yo disfruté escribirlo.
¡Muchas gracias a todos! ¡Hasta la próxima!
Pd. ¿sabían que dejar un review evitará que Paris Hilton siga lanzando discos?
