Capitulo II: Hermandad entre Ranas. ¡De Arimasu!

Aquella mañana en la casa de los Hinata, todo seguía el curso que debía tener, Keroro hacia el aseo matutino como le había ordenado Natsumi, esforzándose al máximo (no por que quisiera, sino por un buen suelto y comprar sus maquetas); pero mientras que por un lado, Keroro seguía en su trabajo; Giroro se encontraba en el jardín, metido en sus pensamientos y recuerdos con un álbum de fotos, encontrando una suya con sus amigos de la infancia, Keroro y Dororo.

-¿Recordando viejos tiempos, gozaru? –dijo una voz apaciguante detrás de el, interrumpiendo a la rana roja y haciendo cerrar el álbum de golpe.

-¿Do-Dororo?, ¿a que vienes aquí? –dijo con el tono gruñón de siempre.

-¿Un servidor no puede venir a visitar a sus viejos camaradas?

-Ten en cuenta que seguimos siendo camaradas, Dororo, lo recuerdas muy bien, ¿cierto?

-Como si hubiese sido ayer, maese Giroro, mucho más el trato que me dio, no olvido ni un día nuestros días de niñez…

-No es para tanto, un soldado jamás deja a un camarada en apuros, menos con Keroro al mando, y lo sabes…

Pero tenía razón, la niñez de Dororo hubiera sido peor por culpa de Keroro, de no haber sido por las intervenciones de Giroro.

{-Flash back-}

El entrenamiento inicio casi puntualmente, de no haber sido por la demora de 3 renacuajos traviesos, quienes recibieron una nueva queja de su maestro.

-¿Por qué tienen que llegar tarde?, saben perfectamente que el entrenamiento empieza a la 800 horas…

-Pero…800 horas es mucho, no hay mucha prisa en llegar tan temprano, de arimasu…-dijo la ranita verde del grupo, rascándose detrás del gorro con la estrella y riéndose.

-Tonto, se refiere a que tenemos que venir siempre a las 8 en punto de la mañana, ¡y tú dijiste que seria a las 10! –le reprocho la rana de gorro color granate.

-Fue un simple error, hombre, que no se te cocinen las ancas, de arimasu –dijo con toda tranquilidad el joven Keroro.

El único que permaneció callado, mientras Keroro y Giroro seguían su riña, era la rana azul cielo con la boca cubierta, Zeroro, en ese entonces.

-E…este…Keroro-san…-dijo con voz queda.

Ni Keroro ni Giroro parecía escucharlo, sin mas, Zeroro se resigno a quedarse callado…de nuevo.

Tras una larga hora de entrenamiento para los pequeños, les dejaron ir a jugar más temprano por el esfuerzo general, aunque no de todos.

-¡Zeroro! ¡Giroro! ¡Vengan! –les llamo Keroro a sus compañeros desde la entrada del bosque.

-¿¡Ahora que, Keroro? –le grito Giroro, sin soltar de la mano a Zeroro, que se quedaba atrás.

-Tenemos una importante misión solo para nosotros, kerokerokero~ -dijo entre risillas.

-¿¡Eh? ¿Hablas en serio?, pero… ¿Por qué nuestro maestro no nos dijo nada de ello? –dijo con un dejo de sospecha la rana roja.

-Pues por que es una misión secreta, ¡tontuelo!, ¡no se puede decir una misión secreta a todo el mundo!

-Pu-pues Keroro-san tiene razón…

Giroro aun parecía dudoso, pero no pudo decir algo más que no fuera un suspiro, asintiendo con la cabeza, haciendo a la rana verde festejar de alegría.

Momentos más tarde, el trío de renacuajos ya se había preparado para su "misión", llevando todo lo que fuese necesario: agua, bocadillos, linternas, brújulas, etc; aunque Keroro no se encargo de llevar como debía hacerlo, o mejor dicho, no lo hizo lo suficiente.

-Keroro-san…ya tengo hambre, ¿podemos descansar un poco? –dijo Zeroro, arrodillándose en el suelo.

-¡De eso nada, debemos continuar nuestra misión secreta!

-Pe-pero…-dijo con ojos llorosos el renacuajo azul.

-Zeroro tiene razón, Keroro, debemos descansar y comer algo si queremos seguir adelante –apoyo Giroro, deteniéndose y buscando en su mochila.

-¡¿E-eh? ¡pe-pero no es necesario comer, podemos seguir sin comer nada, ¿verdad?, de arimasu! –exclamo Keroro con nerviosismo, algo iba mal con respecto a la comida.

Y fue así, en las mochilas de Giroro y Zeroro no había más que migajas de la única comida que habían traído, notando que Keroro aun tenía restos de comida alrededor de la boca y gorro, deduciendo al instante quien había sido su "hurtador".

Giroro tomó a Keroro del pecho con ira, sacudiéndolo -¿¡Como pudiste acabarte toda la comida, Keroro?

-¡N-no pasa nada, hombre! –dijo entre las sacudidas, soltándose- Estamos en el bosque, ¿no?

-¿Y eso que? –dijo un Giroro muy molesto.

-Pues que podemos comer lo que nos provea la naturaleza, tontuelo~ -dijo mientras tomaba unas bayas de un arbusto cercano, dándole algunas a Zeroro y luego a Giroro.

-¿E-esto es seguro, Keroro-san? –comento Zeroro, examinando las bayas.

-Claro que si, están en el bosque, ¿no?, todo es seguro aquí, de arimasu.

Sin embargo, Giroro seguía muy inseguro de ello, dejando las bayas y examinando alrededor del arbusto, encontrando un par de animalitos muertos y restos de las mismas bayas, lo que significaba…

-¡No las coman, son venenosas!

Tras el grito de alerta de Giroro, Keroro escupió y tosió las bayas, limpiándose la lengua como pudo.

-Uff, menos mal que eres precavido, Giroro, de arimasu –dijo con calma la ranita verde.

-¡Idiota! ¡Esa cosa podría matarnos! –le reclamo su compañero.

-Chicos…

Y Keroro y Giroro de inmediato se acordaron de Zeroro, tenia el rostro rojo y pálido, acercándose el segundo a este, posando su mano en su frente de inmediato.

-Zeroro, ¿te comiste las bayas?

-Es que tenía hambre, y Keroro-san dijo…

-Olvida lo que dijo, será mejor que regresemos a casa antes de que empeores –dijo mientras le quitaba el peso que llevaba con la mochila- Keroro, lleva las mochilas, ¡regresaremos a casa de inmediato!

-¡¿Eh? ¡Pero si estamos muy cerca!

-¡No en el estado de Zeroro, tus estupidas bayas le dieron fiebre, o regresamos, o te vas tu solo!, ¡me importa un anca lo que quieras! –se agacha- Zeroro, sube a mi espalda, pronto.

-Pe-pero…Giroro-san….-pronuncio apenas, sin estar muy seguro.

-Tranquilo, adelante, necesitamos que te recuperes, no dejare a uno de los míos así…

Sin mas que decir, Zeroro obedeció a Giroro, aferrándose lo mejor que podía a su compañero, alejándose ambos de Keroro.

-¡B-bien! ¡No los necesito, conmigo me basto yo solito! –dijo con su falso orgullo, viéndolos alejarse. El viento soplo en señal de su perpetuo silencio, y con arrepentimiento, toma las mochilas y corre tras sus camaradas.

La noche cayó sobre los 3 renacuajos rápidamente, y seguían sin poder hallar el camino de regreso a casa.

-Keroro…¡¿por donde diablos nos haz llevado? –dijo Giroro, exhausto de tanta caminata.

-Pues por el camino a casa, ¿por donde mas?

-Pues no parece que vayamos por el camino correcto…-mirando a los alrededores, viendo en el suelo las mismas migajas de comida que había sacado de su mochila- ¡Keroro!

-¡¿Qué? –dijo asustado.

-Nos estuviste llevando en círculos, ¡volvimos al mismo lugar!

-N-no es mi culpa que la brújula no sirva, de arimasu…

-¡Tu cerebro es el que no sirve!, ¡Jamás volveremos a casa por tu culpa! –esto ultimo lo dijo con mas ira, casi con ojos llorosos, después de todo, seguía siendo un niño.

-Gi…Giroro-san…-dijo Zeroro desde la espalda de Giroro, tratando de calmarlo.

La ranita de gorro escarlata solo suspiro, dejando con cuidado a Zeroro recostado en el suelo, sin mirar a Keroro, revisando su agua.

-Cada uno tiene agua para 2 días, quizás menos…-mira a Zeroro respirando un poco agitado en su respiración, producto de la fiebre, mirando a Keroro con ira en sus ojos, mostrando el gris de sus pupilas, haciendo retroceder a Keroro –Espero que estés contento con esto…

-¡Gero, p-por supuesto que no lo estoy!

Resignándose, Giroro bebió un poco de su agua, dándole la botella a Zeroro sin mirarle, para sorpresa del segundo –Necesitas hidratarte, mas aun con tu fiebre, Zeroro…

-Pe-pero…Giroro-san, necesitas agua también…-dijo con voz queda la rana celeste, tratando de mantenerse firme.

Le miro, sonriendo un poco –Eso no importa, no dejare a ningún soldado atrás, menos si esta enfermo…

Keroro solo observaba a sus compañeros, comparado con él, había sido un idiota egoísta en toda su misión, apretando un poco sus puños, saca su botella de agua de su mochila, cediéndosela a Zeroro.

-¡Toma de la mía también! Solo no te la termines toda, debemos ahorrarla si vamos a estar dos días aquí, ¿no? –dijo, alternando la mirada entre Zeroro y Giroro.

-Ke-Keroro-san…-dijo con un tono alegre y ojos llorosos la sensible ranita.

Todo parecía un aura de compañerismo y unión, cuando escuchan un extraño ruido de los arbustos cercanos, provocando el espanto de Keroro, escondiéndose detrás de Giroro, quien se levanto para investigar.

No parecía haber nada fuera de lo común, cuando de pronto, un saco pequeño cae frente a el de pronto, examinándolo con sumo cuidado antes de tomarla.

-¿Q-que es eso, de arimasu? –pregunto Keroro, escondido junto a Zeroro.

Al revisar adentro, para su sorpresa, era precisamente lo que necesitaban en aquel instante.

-Son…frutas medicinales, ¡esto curara a Zeroro en un santiamén! –dijo con alegría, enseñando la bolsa a sus camaradas, quienes festejaron también. Pero antes de regresar, encuentra lo que parecía un objeto de madera, llevándolo consigo.

-¿Oh?, ¿Qué es eso, de arimasu? –pregunta Keroro de nuevo.

-E-es una flauta de pan, un instrumento que se usaba hace ya varios años, solo por algunos ermitaños de los bosques profundos, esta parece hecha a mano…-respondió Zeroro.

-¿Qué hacia una cosa de estas en medio del bosque? –se pregunto Giroro a si mismo, soplándola un poco, haciendo sonar una nota.

-¡Gero!, ¡suena bien! –exclamo Keroro, a punto de tomarla entre sus manitas, pero siendo arrebatado por Giroro- ¿Gero?

-Alguien seguro que nos observa, y es el dueño de esta flauta…-una sonrisa se dibujó en el rostro de Giroro –Le pondremos una pequeña trampa a nuestro espía…

-¿Trampa? –dijeron Zeroro y Keroro al mismo tiempo con confusión.

-Zeroro, comete estas bayas, bebe agua y descansa, prepararé la trampa, seguro estarás mejor para ver de quien se trata…-tras entregarle el saco, el joven soldado rojo se encamina a preparar su plan de captura.

Tras unos momentos, el trío de ranas aguarda con impaciencia (más por parte de Keroro) a que su espía cayera en su trampa, escondidos cautelosamente tras unos arbustos, algunos de ellos desesperados por dormir un poco, puesto que la media noche ya había llegado hace un par de horas.

Esperando casi al límite de la fuerza de sus parpados, finalmente una silueta se asomo y cayó en la trampa de la ranita roja, gritando victorioso.

-¡Lo tenemos! –dice en pos triunfante, corriendo hacia la red puesta al aire junto a sus compañeros, notando al curioso espía. -…¿Esto es un ermitaño del bosque?

La rana, sentada cómodamente en el interior de la red, no parecía mal por haber sido atrapado por unos niños, al contrario, se veía placidamente contento, portaba una vieja boina negra y una medalla colgaba de su cuello, era un recluta, o quizás un sargento.

-Una buena trampa a mi parecer, aunque la vi a un par de kilómetros antes de llegar –dijo el forastero.

-¡U-un segundo, ¿es un sargento, o será capitán? ¡Esas medallas no las lleva cualquiera, mi papá tiene varias de esas! –exclamo Keroro, con exagerado asombro.

Se rió con sereno encanto el forastero. –Sargento, apenas hace un año, y pues así es, no cualquiera se gana medallas como estas, aunque no quería llevarla hoy, era en conmemoración a algo…-dijo con un cierto tono de pesar en su voz.

-… ¿Un funeral? –menciono Zeroro al acercarse, los otros dos se le quedaron mirando, volviendo a ver a su espía, confirmándolo por su prolongado silencio. -…Lo sentimos…

Les sonrió con tranquilidad. –No se preocupen, esas cosas pasan, y ahora…-esta vez doblo una ceja, en punto dudoso- ¿Podrían bajarme de aquí, por favor?...

-Un minuto, antes de eso, ¿Qué es lo que haces por aquí?, ¿Por qué nos espiabas? –dijo Giroro, sin confiar aun en el sujeto.

-No les espiaba, solo paseaba por los alrededores, y los encontré deambulando por aquí, y al ver a su compañero enfermo, decidí ayudarles a que se recuperará, y veo que sirvió mucho, ¿no?

Zeroro solo pudo asentir, con un leve rubor en sus mejillas.

-Pero dijiste que habías visto la trampa, ¿Por qué de cualquier modo caíste? –dice Giroro, no convencido aun.

-¡Ya, ya, Giroro, que no hace falta presionar así a un superior, de arimasu! –comenta Keroro, entusiasmado.

Luego de un rato de plática, finalmente Giroro accede a liberar al sargento.

-Son un grupo de niños realmente encantadores…-se pone en cuclillas, quedando a la altura de los renacuajos. –Serán grandes un día, de eso no cabe duda alguna, y no lo digo por el puesto o cargo que posea algún miembro de su familia, sino por ustedes mismos…

Los infantes le miraron algo confundidos, aunque algo emocionados por sus palabras, aun sin haber entendido casi nada.

-¿C-como se llama, señor? –pregunto Zeroro con timidez.

-Pues…me pueden decir Faroro –se puso derecho y se da media vuelta, comenzando a caminar, pero deteniéndose, mirándolos de nuevo- Por cierto…-señala al frente- la salida esta por aquí, puedo llevarlos al pueblo si quieren, seguro que están hambrientos y cansados, ¿no?

Los estómagos rugientes y cabezas cabeceantes fueron respuesta suficiente para Faroro, y los renacuajos le siguieron ansiosos, aunque a la final, tuvo que ser Faroro quien cargara a Keroro en su cabeza, y a los otros dos en sus brazos.

-S-señor…¿usted es medico? –pregunto Zeroro con voz queda.

-Algo así, soldado enfermero por así decirlo…

-Por eso supo el tipo de bayas que debía comer Zeroro, ¿verdad?, gero~ -pregunto Keroro.

-Si estudian duro y se esfuerzan siempre, sabrán mas cosas que quizás no les enseñen en la milicia…

-Pero en la milicia enseñan de todo –dijo Giroro con tono gruñón.

-Pero siempre habrá algo que no les dirán, y quedara de ustedes saberlo, ahora, duerman un poco, llegaran a casa dentro de poco…

Giroro siguió dudando, pero la mirada calmada de Zeroro le aseguro que aquella rana era de confianza, y que llegarían los 3 sanos y salvos a sus hogares para una cama tibia, y una deliciosa comida libre de venenos.

-¿En verdad era un ermitaño? –pregunto una ranita color rosa.

-Bueno, no precisamente era un ermitaño, ¡pero si era un sargento, de arimasu! –contó Keroro a Pururu y un grupo de ranas de su clase.

-Fue muy amable con todos nosotros, nos saco del bosque, y cuando despertamos, estábamos en nuestras casas –continúo Zeroro.

-Aunque no estoy 100% seguro de que sea el verdadero dueño de esa flauta…-pensó Giroro en voz alta.

-¡Hubiera sido genial escuchar una canción! –comentó una de las ranitas.

-Una lastima que no sepamos donde esta ahora –comentó de nuevo otra ranita.

De pronto, el silencio del pensamiento de los infantes, se lleno de una dulce melodía, idéntica a la que resonaba la caja de música del renacuajo azul, ahora rompía el silencio del viento veraniego con aquella melodía mas suave que las propias nubes, ninguno podía determinar de donde venia, pero el trío de ranas pudo saber, aun sin verlo, quien era el autor de aquella canción, tocada en una flauta de pan.

{-Fin del Flash back-}

-Si…fueron muy buenos tiempos…-comento Giroro, volviéndose a ver a su compañero, en un rincón, metido en su trauma- ¿Dororo?

-¿Por qué Keroro me dijo de esas bayas? –dijo entre algunos lloriqueos la traumada rana.

-¡Caporal Giroro, Cabo Dororo! Iré con el sargento a la ciudad a comprar maquetas, ¿no desean venir a pasear con nosotros? –les comenta Fuyuki a las ranas, mientras Keroro salía entusiasmado de la casa.

-¡Vengan, mis compatriotas, como en los viejos tiempos! –dijo con alegría el sargento, si por las maquetas o por ir con sus amigos de la infancia a por un paseo por los recuerdos.

Ambas ranas dudaron, pero sin más, le acompañaron a su paseo a su sargento y el pokopense. Usando la anti-barrera, y luego de comprar su amada maqueta, el sargento paso horas conversando todo el camino, no había mucha prisa en realidad en llegar a casa, contando entre ellos anécdotas de su niñez, y luego de un par de traumas por parte de Dororo, el día termino bien, mas aun, al escuchar aquella melodía una vez mas.

-¿Y esa música?, ¿de que será?, ¿una flauta?...-pregunto Fuyuki, cautivado.

-Una flauta de pan de hecho…-comento Dororo, con los ojos cerrados para deleitarse más con la canción.

-¡¿Estará aquí en verdad, de arimasu? –exclama Keroro, buscando a los alrededores con emoción.

-Ojala que no te vea en lo holgazán y patético que te haz vuelto, Keroro –dice en el mismo tono gruñón la rana roja.

-Y a ti en lo gruñón y tosco que te haz vuelto, gero~

Tras una nueva pelea entre Keroro y Giroro, Fuyuki y Dororo solo pudieron reírse, mientras Giroro perseguía a su sargento por toda la manzana, mientras una silueta, desde lo alto de un árbol, les veía con una sonrisa en los labios.