ADVERTENCIA:Este capitulo contiene algo de Gore (sangre y muertes) y algo de Yaoi, así que, sino les gusta, absténganse de opinar, gracias.

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Capitulo IV: El Sacrificio del Marionetista ¡De Arimasu!

-"Sangre…pintura y sangre, era todo lo que tenia en mis manos…sin embargo, jamás iba a imaginarme que todo iba a terminar de este modo, sin siquiera haber luchado, sin levantar un dedo, lo hubiera hecho todo, lo que fuese, solo por él…por quien siempre me comprendió, por quien siempre había permanecido a mi lado...por él, quien solo se sacrifico por mi…"

… … …

Fue un día mas para la Shurara's Corp, quienes aun ideaban un plan para llevarse la estrella del líder de la tropa encargada de la invasión de Pokopen. Cada quien se encontraba en sus aposentos, sumidos en sus asuntos personales ó hobbies particulares, por desgracia, uno del grupo no parecía del todo contento.

La psicotica rana se rascaba hasta el cansancio las ancas, solo por ver plasmado en su muro algo nuevo, el frustrado artista, Putata, comenzaba a perder la paciencia, debía encontrar una idea nueva para capturar la estrella del Sargento Keroro.

Sin más en mente, se sienta en el suelo, siendo rodeado su cuello por su amado Nyororo, frotando su cuerpo contra la mejilla del artista, tratando de reconfortarlo.

-Yeah yeah, no pasa nada…solo necesito algo de tiempo libre…-le afirmo la rana, correspondiendo la caricia a su amado Nyororo, siendo interrumpido por alguien que cruzaba el umbral de la puerta.

-¿S-se puede?...-pregunto con voz tímida un keron encapuchado de negro, asomando su cabeza apenas al interior de los aposentos de su colega.

-Yep, si se puede, Mekeke –con canturreo juguetón, el keron de capucha negra se sintió mas confiado y entro con cierto aire alegre- ¿Se te ofrece algo?...-preguntó Putata con curiosidad, sin quitar su tono divertido.

-Y-yo nada, solo…quería acompañarte, Putata-san…-aun tenia ese tono tímido en su voz, era de esperar que no hablara mucho.

-Pues adelante, hace un día muy aburrido hoy, ¿no crees? –palpo el suelo junto a él en un ademán de que su compañero marionetista se sentara junto a él.

Siguiendo la indicación y asintiendo con la cabeza en respuesta a su pregunta, el tímido keronense ocupo su puesto, ahora en total silencio.

Putata miro el techo con ojos distantes, algo no muy propio de él, pero sonriendo como era de esperarse, sin quitar su mano de la cabeza de su Nyororo.

-¿Recuerdas…aquel día?...

-¿Eh? –las palabras no salían de sus labios, pero si sabia a que se refería, volviendo ha asentir con la cabeza, viéndolo atentamente.

-Fue extraño como nos congeniamos tan bien como equipo, ha pasado mucho, mucho tiempo…-a lo siguiente rió un poco, probablemente por algún incidente, su primera misión juntos, o quizás alguna torpeza de Mekeke, provocando el sonrojo del titiritero.

El pintor se dio cuenta, sonriendo un poco mas, dejando al Nyororo a su lado y recostándose en el suelo, estirando los brazos a todo lo que daba, siempre se sentía mejor con la sola presencia de Mekeke, aunque fuese tan callado, tímido y reservado, se sentía liberado a su lado.

-Que buenos tiempos aquellos, ojala volviesen un día, cuando terminemos con el sargentucho y le quitemos su estrella, ¿te apetecen unas vacaciones, solo nosotros dos? –tras lo ultimo dicho, miro a Mekeke y le guiño el ojo en señal de confianza, aumentando el rubor de su compañero, del mismo modo las risas de Putata.

-N-no creo que a Shurara-sama le guste la idea, Putata-san, nos podrían relevar o algo peor…-comento temeroso Mekeke.

-Venga –se incorporo y se acerco mas a Mekeke, sonriéndole con la hiperactividad de siempre- ¿No nos merecemos unas buenas vacaciones fuera de trabajo?, seguro que todos querrán unas buenas y largas vacaciones, así no tendrás que entrenar tanto con las marionetas…-le miro con ojos algo mas condescendientes, tiernos mas bien- No tienes que entrenar tan duro todo el tiempo, ya eres un gran marionetista, Mekeke…

El titiritero le miro con cierto asombro, en todo el tiempo que había estado aliado a Putata, no había escuchado palabras como esas jamás, sonriendo alegremente. Ambos se acercaron un poco, rozando apenas sus cabezas, frente contra frente, ahora ambos permanecieron en un profundo pero cómodo silencio, no necesitaban palabras, eran aliados desde tiempos de inicios de la tropa de Shurara, incluso podrían decir que se conocían mejor que cualquier otra pareja de equipo.

-Pu-putata-san…yo…-tartamudeaba como era su costumbre, intentaba decir algo, pero ni su lengua ni el rubor dejaba que dijera algo concreto, trago grueso, en verdad tenia algo que decir.

Pero antes de poder articular sus palabras, la alarma de misión sorpresa había sonado, rompiendo con el hermoso silencio que los había acogido esos minutos, tomando sus armas, si dirigieron a la sala de reuniones.

-Ya hablaremos luego, Mekeke, ¡otra misión más nos espera, yeah!

… … …

Ya reunidos, Shurara inicio con los detalles.

-Hemos recibido un llamado de emergencia del sector 8, no muy lejos de Pokopen, irán en parejas y a distintos puntos para una emboscada exitosa, pero recuerden: si se separan de su pareja, ¡cada quien por su cuenta!

Tras una afirmación y vibración múltiple de las ranas, partieron sin demora al sector indicado.

Todo era ciertamente desolador, algunos miembros; unos mas que otros, lucían asustados por la presencia pesada y sombría de aquel paraje desesperanzador, por un momento, Mekeke se había aferrado al brazo de Putata, este solo se quedo quieto, un muy leve rubor cruzo su rostro. Comenzó a caminar, sin esperar a que su compañero se alejara, ya que, aunque no lo admitiese, también tenia algo de miedo, no sabia de que, pero tenia miedo de lo que pasara en aquel lugar.

Llegaron a una bifurcación donde todos se separaron en sus respectivos grupos, el pintor y el titiritero siguieron caminando juntos, sin separarse jamás uno del otro. Mekeke aun parecía muy inseguro de lo que vendría.

-Tranquilo…ponte en guardia, Mekeke, lo haremos bien…-le susurro Putata a modo de alentarlo, levantando el pulgar en alto para darle coraje, la idea de no sentir el tacto de su compañero no le gustaba, pero debían estar preparados para que lo fuese.

Mekeke obedeció y activo su anti-barrera especial, siendo reemplazada su presencia por la de su doble de madera y agujas, de pronto, la marioneta se puso en posición de ataque, Putata hizo lo mismo al ver lo que parecía venir hacia ellos: un ejercito de cerberos espaciales, al menos el triple de grandes que los normales. La batalla dio inicio…

Se puso caliente la lucha al ser Putata el primero en dar su ataque, pintando una enorme planta carnivora, chasqueando los dedos, al son de los sonidos metalicos de las agujas de la marioneta contra sus oponentes, la planta devoradora de carne parecia hambrienta, descuartizando poco a poco ha algunos de los cerberos, pero no fue suficiente para los demas que vinieron mas atrás, el doble de los que habia antes.

Putata seguia pintando todo clase de criaturas, llamandolas con su chasquido, algunas siendo detenidas por los poderosos ataques de los cerberos, siempre tratando de evitar que le quitaran su pincel, por Mekeke no debia preocuparse, estaba bien puesto en guardia, por el contrario del titiritero, moria de ganas por ayudarle a su compañero.

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El pintor y el marionetista se encontraban en plena desventaja, Putata seguía pintando todo lo que podía, pero dentro de nada se le terminaría la tinta de su Nyororo, y la marioneta de Mekeke no iba a soportar muchos golpes más, eran tan fuertes que estaban por destrozar al Mekeke falso en cuestión de minutos.

El ataque continuo a diestra y siniestra contra el dúo, y finalmente ocurrió, la tinta de Putata se había agotado, exhausto y hecho un blanco perfecto a los ataques, el enemigo se lanzo a terminar con él, pero fue la marioneta de Mekeke quien intercepto lo ataques como un escudo, devolviendo parte de los ataques y haciendo caer las defensas de sus oponentes.

Tras la retirada, creyeron que todo había terminado para ellos, pero de entre las sombras, surgió el jefe de los seres que custodiaban el sector, rugiendo con tal fuerza que provoco la caída de Putata, ya no le quedaban fuerzas en lo absoluto, volviendo el muñeco de Mekeke como el escudo personal de Putata.

-{¡Detente, idiota!} –las palabras no salían en lo absoluto, solo se pudo limitar a pensar la rana psicotica, si su compañero continuaba así, terminaría destruyendo su muñeco, pero ya era tarde.

La marioneta, tras unos cuantos impactos mas, cayó en mil pedazos al suelo, junto al exhausto marionetista, sus manos temblaban por su uso constante, y sus tendones no parecían responderle por la sangre que resbalaba de los cortes de sus manos, estaba ya en su límite, estaban acorralados totalmente.

La criatura se incorporo, rugiendo más fuerte que antes, lanzando un ultimo ataque para terminar con la lucha, Putata solo pudo cerrar los ojos ante el impacto, sintiendo uno distinto, un empujón mas bien, abriendo apenas los ojos para ver los de Mekeke, segundos antes de verse las manos cubierta de sangre, y los ojos de su colega nublarse y ponerse en blanco.

Su cuerpo estaba salpicando, totalmente, de la sangre de su compañero, no podía creerlo hasta que lo vio yacer frente a sus ojos, sobre su pecho, con una curiosa y graciosa sonrisa grabada en su rostro. Putata no reacciono al momento, instintivamente, saco su pincel, acercando su Nyororo al cuerpo sin vida de Mekeke.

Con mirada ensombrecida, absorbió la humedad del cuerpo de su compañero, recargado más que nunca, hizo una última pintura, y tras un chasqueo de dedos, provocando un eco, un rugido de sufrimiento de la criatura se escucho a la lejanía: la misión, había sido cumplida…pero al costo más alto que el artista pudo haber imaginado jamás.

… … …

Más tarde, en el cuartel de Shurara's Corp, todos parecían contentos por el éxito de su misión, pero tras la llegada de Putata y su compañero en su espalda, se dieron cuenta de que algo había salido mal.

Todos, incluyendo a Shurara, permanecieron en completo silencio, siendo roto por los pasos que se alejaban de la sala, los pasos de Putata, rastros de gotas de agua acompañaban a su camino silencioso.

Fue un día gris, el mas gris que todos pudiesen recordar en sus vidas. Ni las caricias del Nyororo podian reconfortar al pintor keronense, el shock seguía azotándolo con la fuerza de un huracán, como si se hubiese tratado de un mal sueño, una horrenda pesadilla de la cual quería despertar, reaccionando de pronto, cubriéndose el rostro y entrando en gritos de dolor interno, haciéndose en un acurrucamiento de su cabeza contra sus piernas, estaba destrozado, pero aun se preguntaba, ¿por que?...¿por que se sentía tan mal por la muerte de Mekeke?

¿Era culpa?, ¿furia por sentirse inútil en la lucha?, ¿Qué mas podía ser?...No encontraba la respuesta a ninguna de esas preguntas, el olor de la sangre aun seguía impregnado en sus manos, el dolor se hacia mas intenso en su pecho,

-¿Por qué me duele tanto ahí?... -se pregunto Putata una y otra vez, hundiéndose mas entre sus piernas, parecía que no iba ha aguantar más aquel dolor interno.

Probablemente se había quedado dormido, ya era temprano en la mañana, los rayos del sol cruzaron el umbral e interrumpieron su siesta sin sueño, no había soñado nada, todo había sido en blanco, pero fue mejor para él, no quería ver otra cosa en su mente.

Se vio junto a su Nyororo, este ultimo aun durmiendo cómodamente sobre sus piernas, una sonrisa cruzo su rostro, y tras una caricia, se levanto para estirarse un poco, era su hora ideal de inspiración, y su colega al pincel le ayudaría.

Una pintura normal, de vez en cuando jamás estaba mal, según pensó a si mismo. Sus ojos aun parecían soñolientos al sueño que abandono hace minutos atrás, pero estaba mejor, estaba vivo, aun sin su compañero a su lado, sabia que este lo había dado todo solo para protegerle.

El dolor seguía presente en su pecho, recordó entonces muy distantemente algo que había olvidado, se lo había dicho Shurara a todos los miembros.

-Tendrán unas merecidas vacaciones, ya podremos continuar luego con nuestra misión en Pokopen…

Vacaciones…hasta ese instante no había recordado las vacaciones prometidas a Mekeke, pero…sonrió con ironía, finalmente Mekeke tendría un descanso, uno temporal hasta que un día, se volviesen a encontrar.

Tras terminar su última obra, se dirigió al salón de reuniones con el resto del grupo, dejando atrás una pintura de él y Mekeke en su primera y mejor misión.

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Ya se, a lo mejor estuvo muy triste este fanfiction, me dio cosa hacerlo así, pero quería hacer algo trágico y medio romántico desde hace tiempo, espero que les gusten xP, desde ahora pondré comentarios propios al final de cada fic, o al menos espero que no se me olviden xD

© Putata, Mekeke y todos los miembros del Shurara Corp pertenecen a Mine Yoshisaki