Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenece. Graciasporrecordarmelo.

Loveness

&

Capítulo 4: Silliness

(De Chicos Futboleros a Rechazos)

.

.

Por un momento no pude creer lo que estaba viendo, llámame exagerada pero después de tanto tiempo sin ver fútbol de verdad era increíble verlo de pronto y mucho más en un lugar como éste.

Lo primero que noté fue que eran sólo chicos y de mi misma edad. Diez en total. Parecían ser increíblemente buenos a juzgar por sus movimientos, casi igual de buenos que mi equipo. Bueno, el que alguna vez fue mi equipo. Observé sus rápidos pases, tan organizados y bien realizados, simplemente era genial.

A uno de ellos le daban un pase relámpago e inmediatamente la lanzaba directo a la portería en lo que me pareció el chut más potente del mundo, incluso mucho más que Kate. Pero cuál fue mi sorpresa, el chico que estaba de a portero logró parar el chut! Increíblemente impactante.

Y de repente, mientras observaba a los chicos reanudar su partido, sentí que mis tenis comenzaban a picarme y en los pies sentí un hormigueo. La sensación y tentación de querer ir corriendo hasta allí y dominar la grandiosa pelota me invadió y casi venció. Pero sabía que no podía, no sería muy agradable irte metiendo así. Por la forma en que jugaban estaba segura de que eran chicos tan futboleros como yo.

Supongo que me acerqué demasiado, o hice demasiado ruido al arrastrar mis pies adoloridos sobre la tierra, quién sabe, pero fui consciente de que ellos me vieron en cuanto escuché a uno de ellos decirme algo que no entendí pues había estado tan sumida en mis pensamientos.

Debía de verme como idiota allí parada. Habían dejado de jugar, ahora me miraban a mí y me sentía un poco torpe y… ¿cohibida? ¿Yo cohibida? Simplemente maravilloso.

—¡Hey, tú! ¿acaso estás sorda o qué? —exclamó uno de ellos. Fijé mi vista en él y a lo primero que se dirigió mi nada discreta mirada fue a su sorprendente y extraño cabello. Vale la pena describirlo, así que diré que estaba estupendamente despeinado, apuntando hacia todos lados, increíblemente perfecto a juzgar por lo húmedo que estaba. Y el color, el color, de lo más extraño que haya en este planeta. No sabría decir qué color exactamente, pero el anaranjado se le acercaba mucho más. Sí, eso.

Era de ojos verdes, casi tan pálido como yo, bastante delgado y no demasiado alto, apenas lograba pasarme por unos cuantos centímetros. Fruncía el ceño, en sus labios había una mueca algo burlona, no me gustó su expresión, parecía ser de esos niños que eran unos diablillos.

No contesté. Dirigí mi mirada curiosa hacia el resto de los chicos que habían estado jugando, todos me miraban extrañados y algo sorprendidos, como si estuvieran viendo a un marciano o a un perro bailando. ¿Qué tenía de sorprendente? Nada. Sólo era una niña común y corriente de doce años.

—¡Hey! —volvió a decir el niño del cabello raro. Volví a mirarlo encogiéndome de hombros, queriendo darle a entender qué no le había escuchado.—¿Quién eres y qué haces aquí?

—Hum, soy Bella, sólo ando en mi bici —dije alzando un hombro. Me di cuenta entonces que ellos no habían visto mi bici, casi quise enrojecer, pero en cambio permanecí impasible mirándolos. Los ojos de chico viajaron a mi bici, pude ver primero una expresión de confusión en su rostro, luego frunció el ceño y finalmente, después de unos instantes de observar mi bici, me volvió a mirar. Había una mueca burlona en sus labios y sus ojos me miraban con diversión y burla también.

—Linda bici —me dijo con un tono socarrón que me irritó un poco, pude escuchar una risita de por allí, pero no le hice caso—¿No te ha alcanzado para las llantas?

Los chicos se rieron burlonamente, casi quise pegarme en la frente por lo tontos que parecían. Pero en vez de eso permanecí quieta y los seguí mirando.

—Así me gusta, es creativa —dije con una gran sonrisa desafiante. Pareció como si hubiese desconcertado al chico durante un momento, pero luego volvió a aparecer ese aire de suficiencia y burla.

—Cómo sea. ¿Qué quieres? Dínoslo de una vez y esfúmate, que has interrumpido nuestro entreno —replicó cruzándose de brazos.

—¿Entreno, dices? —pregunté sin poder contener mi emoción.—¿Puedo…?

Él pareció captar lo que quería puesto que antes de que terminara la frase abrió mucho los ojos y luego se echó a reír a carcajada abierta. Los otros le miraron confusos, pero él seguía riéndose sin parar.

—No hablarás en serio, ¿verdad? —dijo todavía riéndose.

—Pues sí, lo digo muy en serio, ¿por qué? —dije algo enfadada cruzándome de brazos también. No me gustaba la actitud de ese chico.

—Pues no me lo creo.

—Hey, Edward, espera, ¿de qué me he perdido? —preguntó el chico que había visto en la portería. Edward. Así que ese era el nombre de ese chico tan jocoso. Me pareció un nombre un poco extraño y anticuado para un niño como él. Al parecer sólo Edward había captado mi mensaje, los otros habían estado demasiado ocupados burlándose de mi bici.

—Ella… ¡ella quiere entrar al entreno! —exclamó Edward riéndose de nuevo. Algunos de los otros chicos se rieron también. Yo sólo los miré algo desconcertada e irritada, la verdad no le veía nada de gracioso al asunto. Sólo quería jugar un rato, ¿qué tenía de malo eso?

—¡Basta! —grité dando patadas en el suelo después de ver que seguirían burlándose de mí. —¿Qué mierdas es tan gracioso?

—Oh, vaya —dijo Edward dejando de reír, pero aun sonreía socarrón.—Pero en fin, no, no puedes.

—¿Ah, no? ¿y por qué no? —cuestioné sorprendida y extrañada. Edward rodó los ojos y resopló.

—Porque no, ya hemos terminado el entreno, aparte.

—¿Ah, sí? ¡Pues me acabas de decir que querías regresar a tu entreno! —exclamé algo confundida por su estúpida razón de no querer dejarme jugar con ellos.

—Bueno, te diré la verdad, aunque no necesitas saberla ¿Es que no te has dado cuenta?

—¿De qué? —pregunté ladeando la cabeza. No entendía para nada de qué rayos me estaban hablando.

—¡Eres una chica! —esta vez fue el turno del chico portero de decir. ¿Una chica? ¿qué tenía eso de malo? No le encontraba sentido a eso como para no dejarme jugar. Me encogí de hombros, dando la señal de que no le veía nada de malo.

—Pues… ¡pues las chicas no juegan fútbol! —dijo entonces Edward incrédulo.

—¿Por qué no? ¡Yo sí juego!

—¡No me jodas! Seguramente ni sabes dominar el balón, no quiero que te rompas la cabeza —me eché a reír histéricamente. No entendía cómo habíamos llegado hasta esta conversación pero comenzaba volverse algo idiota.

—¿Cómo lo sabes? ¿es que acaso me has visto jugar?

—¡Rayos y centellas! ¿Siempre eres así de pesada? ¿¡Por qué no lo captas y te esfumas de una vez!? ¡Quiero seguir jugando! —me soltó empezando a malhumorarse.

—Sí, vete a jugar con Campanita y con Barbie —terció el grandote de cabello oscuro. Los chicos comenzaron a reír, ¿campanita? ¿Barbie? ¿Pero qué…?

—Oh, sí, es cierto. Así tendrán a quien peinar y dejarán de molestarme —se burló Edward riéndose.

—¡Eso... eso… es lo más estúpido que he escuchado en mi vida! Que sea chica no significa que no pueda jugar y hasta superarte en el fútbol… —exclamé pero me callé cuando Edward se dio una palmada en la frente, exasperado. Me sentía algo patética.

—Eso sería bastante divertido de ver, ¿por qué no la dejas? —intervino otro chico con una sonrisa burlona y divertida. Éste era rubio, igual de alto y delgado que Edward.

—¿Qué? —exclamaron varios chicos haciendo muecas de asco. Definitivamente estos tíos odiaban a las niñas. Unos completos mini machos descerebrados.

—Qué sarta de estupideces dices, Jasper! —dijo Edward mordazmente. El chico llamado Jasper rodó los ojos. Edward se volvió hacia mí —Ya te lo he dicho. Nosotros no jugamos con niñas. Y tampoco me interesa tu "desafío" —dijo haciendo comillas en lo último —No quiero ridiculizarte ni hacerte llorar —añadió de guasa.

—Bien, cómo quieras! —salté alzando los hombros, fingiendo una indiferencia que por supuesto no sentía. Me sentía molesta y ridiculizada. Nunca me había pasado algo como esto. Bueno, pensándolo bien sí, pero jamás me habían rechazado a una reta ni a jugar fútbol. Agarré el manubrio de mi bici dispuesta a regresar por donde había venido cuando me di cuenta de que esos tontos seguían mirándome.

No lo soportaba y seguramente era por mi bici, en otro momento lo hubiese ignorado, pero en estos momentos estaba de muy mal humor.—¡Dejen de mirarme! ¡No soy un jodido marciano! —exclamé levantando los brazos de una manera exagerada quizá.

Sin decir una palabra más me volví y seguí caminando con mi bici rápidamente, ansiosa por salirme de allí y perderme en lo más perdido del mundo o… esconderme tal y cómo lo haría un topo. Sí, un topo. En cuanto me hube alejado de allí me monté en la bici y pedaleé lo más rápido que pude, de nuevo sin fijarme por donde iba.

Eran… unos completos niños tontos e inmaduros. Especialmente ese tal Edward. Bah! ¿no podía entrar a su entreno sólo por el hecho de ser una chica? ¿Qué clase de idiotez era esa? Simplemente no se me hacía justo. Jamás me había pasado nada parecido a esto.

Principalmente porque nunca le había pedido a un grupo de chicos que me dejasen jugar con ellos, siempre se lo había pedido a chicas. No tenía idea de la razón. Pero ahora había estado tan desesperada que me había atrevido hacerlo y ahora me sentía estúpida y algo ansiosa.

Aun cuando me habían rechazado y se habían burlado de mí quería entrar a su equipo. Deseaba jugar fútbol y no quedarme sentada aburriéndome como si fuera un bebé. ¿Pero qué podía hacer si ellos no me lo permitían?

Estaba segura de que podría vencerlos fácilmente y me encantaría hacerlo. Sería muy satisfactorio ver la cara burlona de ese niño convertirse en una de vergüenza y rabia. Demasiado satisfactorio.

Ya no pude seguir pensando en esa pandilla, quedaron por el momento en el olvido, porque pronto llegué al frente de una casa que parecía un castillo, por lo enorme que parecía ser. Cómo ninguna otra. La más grande del mundo. De esas que en cuanto las ves sabes que cuestan millones y millones. Miré con curiosidad la casa, ¿quién viviría en medio del bosque?

Bajé de la bici y caminé con mi bici sin apartar la vista de la extraña y enorme casa, hasta que más o menos loa rodeé y estuve enfrente de lo que parecía un patio o algo así. Para mi sorpresa allí habían dos niñas, de mi edad, aunque si decimos la verdad no me entusiasmaba mucho. Ellas parecían ser de esas chicas que había conocido en mis otras mudanzas, que se preocupaban sólo por invitaciones, por maquillajes, peinados, zapatos, ropa y "novios".

De inmediato me quité esos pensamientos de la cabeza. A lo largo de mis viajes había aprendido a no prejuzgar ni criticar por las apariencias. Quizás ellas eran diferentes, aunque la verdad no me interesaba.

—¡Hey! Hola, ¿quién eres? —reaccioné. No tenía idea de cuánto tiempo les había estado mirando, pero supuse que demasiado porque se habían dado cuenta de que estaba allí. Una de ellas me estaba hablando y me hacía señas. Me parecía que hoy estaba bastante idiotizada, me pregunté a qué se debería. Quizás la falta de fútbol.—¿Hola? ¿Estás aquí?

Sacudí la cabeza y la miré fijamente. Ella era muy pequeña, más delgada y chica que yo incluso, tenía un cabello genial. Negro como un balón y sus puntas apuntaban a direcciones imposibles, me ganaba por mil veces en lo pálida. Tenía unos alegres ojos verdes, lo mismo pasaba con su rostro. Casi brillaba o algo así.

En cambio la otra parecía ser un poco más seria y… fría. Ella incluso era mucho más guapa que la otra, me recordó a las muñecas Barbie que le había visto jugar a mis compañeras de los diferentes institutos a los que iba. Estúpida comparación, pero eso fue lo primero que vino a mi cabeza. Se parecía mucho por el cabello dorado, la palidez, lo delgada que era y obviamente lo guapa. Las dos me miraban con curiosidad al igual que yo a ellas.

Caí entonces en la cuenta de que ellas debían ser Barbie y Campanita las que había mencionado el chico de la panda de Edward. No quise pensarlo ni verme mala pero la verdad es que tenían cierto parecido.

—Hola —contesté sin saber qué más decir.

—¿Qué haces aquí? —preguntó. Alcé un hombro.

—Sólo… paseo en mi bici —atiné a contestar. Ellas miraron entonces mi bici por primera vez, recordé la llanta rosa trasera extra súper ancha. Dirigí mi mirada hacia ella antes de volver a mirar a las chicas.

—Linda bici —dijo con una sonrisa divertida la de pelo negro parecido a Ash. Casi quise reír en ese momento también.

—Gracias —repliqué encogiéndome de hombros.

—Por cierto, soy Alice y ella es Rose —comentó Alice señalando a la rubia de al lado. Me sorprendí cuando ella me dio una pequeña sonrisa.

—Ehm… soy Bella.

—Y Bella ¿eres nueva por aquí?

—Sí, acabo de…

—Oh, sí, ya recuerdo. ¿Eres la hija del jefe Swan, cierto? —inquirió Alice emocionada.

—Sí, lo soy —suspiré, luchando contra el impulso de poner los ojos en blanco.

—Pues espero que no te la estés pasando tan mal —suspiró Alice. La miré confundida.

—Este lugar es más aburrido que nada —comentó Rose haciendo una mueca. Les daba la razón de todo el planeta. Era el infierno.

—Entonces… ¿no hay mucho que hacer aquí? —dije aunque probablemente la pregunta era un tanto obvia.

—En realidad no, pero hacemos lo posible por no aburrirnos —Alice se encogió de hombros. —Justo ahora íbamos a entrar para ver qué hacer, ¿quieres venir?

Me pregunté la razón por la que invitaría a una completa desconocida a entrar a su casa, pero seguramente no me veía muy peligrosa. La verdad no me entusiasmaba mucho la idea, pero era mucho mejor que hacer nada. No veía muy grave eso de entrar a la casa de esa niña, así que me encogí de hombros y asentí.—Claro.

Aventé mi bici a un lado y las seguí adentro de la casa que por cierto era mucho más grandota de lo que aparentaba, estaba al cien segura de que podría perderme en este lugar. Por lo que pude ver no había nadie.

—¿No hay nadie? —pregunté con curiosidad al no escuchar ni un solo ruido. Era una tranquilidad casi inquietante, no me gustaba. Pasamos por lo que me parecieron muchas habitaciones. O quién sabe, en realidad no puse mucha atención a pesar de que miraba para todos lados como si se tratase de un museo muy interesante.

—Sólo mi mamá, pero ella está trabajando —contestó Alice mientras subíamos unas amplias y elegantes escaleras. Entramos a lo que parecía ser su habitación, juraba que su tamaño era dos veces mi casa entera. Su cama era grande por supuesto y había un gran ventanal que dejaba entrar un montón de luz; apostaba que la luna debía de verse genial aquí. Una televisión, un juguetero en forma de casa, una cómoda, una mecedora, un escritorio y un gran closet en el que presentía había un montón de juguetes. Lo malo de esto que es que había un orden insoportable, dudaba que algún día tuviese mi habitación ordenada de esa manera tan… perfecta. Y menos alguien como yo.

—¡Rayos y centellas! ¿Esta habitación es para ti sola? —no pude evitar preguntar. Ella asintió y sonrió.— Guau, es demasiado grande. Observé la habitación un poco más, vi algo que me llamó mucho la atención. Un globo terráqueo. Era redondo. Redondo como una pelota. Tuve el impulso de tomarla y patearla para romper el ventanal.

¿Y cómo qué vamos a hacer? —dije mientras alzaba una ceja.

—Mmm, no sé, ¿te gustan las muñecas? —La miré con los ojos muy abiertos mientras negaba con la cabeza rápidamente. Ella pareció sorprendida —¿No? ¿por qué?

—No, no mucho. Es sólo que no se me hacen muy interesantes, prefiero hacer otras cosas —repliqué alzando un hombro. Ellas se sentaron en la cama de Alice, empezaron a hablar de lo que supuse que podríamos hacer. Mientras yo me dediqué a según observar la habitación aunque no con mucho interés.

Pronto el recuerdo de esos niños volvió a mi cabeza. Sentí un extraño sentimiento surgir en mi interior. De repente me pregunté algo, ¿ellas los conocerían? ¿sabrían de ellos?

—Hey, ¿conocen a los chicos futboleros? —pregunté. Quizás ellas no entendieron mi término porque fruncieron en ceño confundidas, pero luego el entendimiento se cruzó en la cara de Alice.

—¡Oh! ¿Te has encontrado con ellos?

—Sí, ¿los conoces?

—Uno de ellos es mi hermano, Edward…

—¿Así que ese crío es tu hermano? —exclamé sorprendida sin poder contener mis palabras. Me di cuenta de que había metido la pata. Es su hermano tonta.—Oh, lo siento —dije avergonzada.

—No te preocupes. Te entiendo. Es un pesado —dijo Alice encogiéndose de hombros.—Por lo que puedo ver no te ha ido muy bien con él y su panda, ¿verdad?

—Yo… yo les pedí que me dejaran jugar al fútbol con ellos, pero…

—Oh, no. Ellos odian a las niñas —intervino Rosalie.—Jamás de los jamases dejan jugar a niñas con ellos.

—Piensan que son tontas, detestables… —dijo Alice.

—Y lo más asqueroso de este planeta —terminó Rosalie.

—Bueno, eso es un poco drástico y cruel, ¿no creen? —comenté sorprendida. Ellas se encogieron de hombros.

—Es lo que ellos dicen, pero supongo que exageran entonces —replicó Alice rodando los ojos.

—¿Entonces ni siquiera a ti te deja jugar?

—No. Dejando a un lado que a mí no me agrada mucho el fútbol, también es un tonto conmigo. Peleamos casi todo el tiempo, aunque eso no quiere decir que nos queramos —contestó Alice.—Mamá a veces lo obliga a llevarme con él para "jugar" con su panda, pero siempre termina botándome por allí.

—¿A ti te gusta el fútbol? —preguntó Rose.

—Sí, claro, me encanta —dije casi sorprendida.—Pensé que aquí no conocían el fútbol, pero cuando los vi pensé que podría jugar con ellos y bueno… —añadí suspirando.—Simplemente es demasiado aburrido.

—Qué mal. Pero mejor no te hagas ilusiones, ellos no te dejarán ni en broma y si lo hacen, seguro que te hacen maldades —dijo Rose.—Además, deben de gustarte otras cosas aparte de jugar al fútbol, ¿no?

—No… ¡Es mi vida! No sé qué se supone que voy a hacer sabiendo que ellos están allí jugando mientras que yo… estoy aburriéndome —resoplé enfadada y frustrada.—Tengo que entrar a ese equipo.

No sé cómo le haría, pero estaba segura de que intentaría todo lo posible por entrar a ese equipo. Eso lo podías tener por seguro.

N/A:

Quedó medio raro este capítulo, pero me gustó mucho en realidad. Espero que no los haya decepcionado XD Y les siga gustando, muchísimas gracias por sus reviews. No puedo responderlos, porque sigo castigada (el viernes me quitan el castigo) Se supone que en estos momentos debería de estar haciendo tarea, pero en vez de eso me dije ¿por qué no demonios adelantas tus traducciones? Pero al final no pude resistirme y decidí ponerme a escribir el cap de este fic XD

Prometo actualizar el fin de semana The Devil'st Toy, vale? Que la mayoría está esperando esa historia…

Fue a lo que me dediqué toda la tarde en realidad. ¡¡Mil gracias por los reviews!! Las amo.

En serio, no sé qué sería de mí sin sus coments, me encantan. También gracias a las personas que la han puesto en favoritos, lamentablemente son muchas más. ¡¡Vamossss! Anímense a dejar un pequeño review. Me gustaría saber que están allí. Actualizo rápido y todo, no pido mucho ¿o sí?

¿¡Review!?

Leon.-