Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenece. Graciasporrecordarmelo.

~Muchas gracias a: M.L.F. Elektragedia, Vampirita-Sexy-Cullen, EdwardKaname, KETSIA, Ericastelo, verodelprado, viszed, littlevampire91, Mary de Cullen, Cherrie SA, RosalieHaledeCullen por sus maravillosos reviews =D

Capítulo 5: Formidableness

(De Videojuegos a Desquites Personales)

.

.

—¿Por qué estás tan segura de qué lo lograrás? —preguntó Alice.—Es decir, conozco perfectamente a mi hermano y a su panda de idiotas y sé muy bien que no te lo pondrán difícil.

—Porque lo sé —contesté con suficiencia.—Sé que soy igual o más buena que ellos. Me dejarán.

—Pues espero que sí, buena suerte con ello, sería genial verlo —apoyó Rose.

—¿Y ustedes sólo juegan con muñecas y casitas? —pregunté un poco desanimada, mirando alrededor de la habitación.

—Ya lo sabes, no hay mucho que hacer por aquí —contestó Alice encogiéndose de hombros.

—Y… ¿no hay más niñas o algo así con quién jugar?

—¡Oh, debes de estar bromeando! —dijo Rose, le miré confundida, ¿qué quería decir con eso?

—¿Por…?

—¡Pues es verano! Nadie se encuentra en casa durante el verano, la mayoría de los niños de aquí suelen irse muy gustosos de vacaciones… sólo los más desafortunados nos quedamos a aburrirnos —contestó Alice antes de que pudiese preguntar algo.

—Bueno, tiene sentido pero no entiendo qué hacen entonces ustedes aquí —repliqué.—¿Por qué no han salido de vacaciones?
—Papá se encuentra en una convención fuera del país o algo así —rodó los ojos Alice—Así que no podemos ir sin él, sería algo así como traicionarlo.

—Mis padres no quisieron esta vez, salimos el año pasado —contestó Rose alzando un hombro.

—Bueno, yo tuve la tonta decisión de venir de vacaciones aquí —suspiré frustrada mientras pensaba en todo lo que podría estar haciendo en estos momentos en vez de estar aquí hablando con estas chicas sobre vacaciones.

—¿Sólo vienes de vacaciones? —preguntó algo sorprendida Alice.

—Algo así, vengo a quedarme por un buen rato, al menos hasta que harte a Charlie o me harte yo misma —repliqué, antes de que pudiesen preguntarme algo más expliqué: —Mamá está casada con un tipo beisbolista que obviamente tiene que viajar por muchas partes para torneos y esas sandeces.

—¡Oh! ¡Pero eso debería de ser muy emocionante! ¿No? Viajar por muchas partes… —replicó Rose. Suspiré frustrada porque al aparentemente ellas no parecían ver lo que yo veía desde mi punto de vista.

—No, no lo es. Al menos para mí no lo es —dije haciendo una mueca.—Es… nos mudamos cada tres meses o cuatro, y nunca suelo adaptarme o acostúmbrame a mi nueva escuela porque siempre termino cambiándome. No me gusta ser la nueva.

—Oh, entiendo, a mí tampoco. Antes solíamos viajar mucho por los trabajos de papá y sus convenciones —terció Alice.—A Edward y a mí no nos gustaba ser los chicos nuevos porque todos nos miraban, además no teníamos muchos amigos, pero papá entendió eso y hace dos años nos mudamos aquí, cuando papá consiguió un trabajo en el hospital del pueblo.

—Oh, vaya, tienes más suerte que yo. Mira, yo de todas formas terminaré regresando con Renée y Phil y volveré a la misma vida de siempre —resoplé frustrada. Qué triste era mi situación.

—En fin… hay que hacer algo de una vez, comienzo a aburrirme —se quejó Rose, levantándose de la cama.

—Pero… no hay nada que hacer —dije con pesimismo. Claro que no había nada que hacer. Al menos mis posibilidades y mundo se cerraban si el fútbol no estaba involucrado.

—Bella no quiere jugar con muñecas, entonces… —comenzó Alice, pero terminó la frase.

—¿No tienen bicis? —pregunté de repente. Ellas negaron y yo no pude más que suspirar frustrada. Esto era demasiado aburrido…—No se me ocurre que podríamos hacer, pues.

—Podríamos jugar juegos de mesa, dar un paseo por el bosque, ver la televisión, películas, jugar los videojuegos de mi hermano…

—¿Videojuegos? —pregunté emocionada. Alice asintió —Pero sabes jugar, ¿cierto?

—Claro que sí, de algo debe servir tener un hermano, además no iban a estar allí botados todo el día ¿o sí?

—Entonces juguemos, ¿qué videojuegos tiene tu… hermano? —pregunté corrigiéndome a tiempo, puesto que hermano no era exactamente la palabra que quería decir.

—Oh, tiene millones… nunca acabaría… —dijo Alice.—Vamos.

Salimos de su habitación y andamos por el pasillo y llegamos a la puerta de lo que supuse que sería la cueva del encantador de Edward. Alice abrió la puerta y entramos.

—¡Por la calavera de ojos saltones de Nosferatu! —exclamé sin poder evitarlo cuando mi vista recorrió toda la habitación. Simplemente era genial. —Este tío sí que es afortunado.

En ese momento sentí un poco de envidia por ese Edward, todas las cosas que tenía en su habitación eran dignas de admirar todo el día y dignas de envidiar todas las horas. Ya quisiera que me compraran todo esto. Videojuegos de todo tipo, avionetas, pelotas de fútbol, posters de los grandes del fut, figurillas… Vaya mierda.

Casi todo era sobre el fútbol, parecía gustarle tanto como a mí y sabía que nos llevaríamos bastante bien si no fuera un completo tipejo.

—Hey, ¿y te deja entrar como si nada su habitación? —pregunté sorprendida, acordándome de repente.

—Oh, no, desde luego que no —replicó Alice con una sonrisa traviesa.—Pero será divertido hacerlo enojar.

Le devolví la sonrisa, claro que sería divertido.

Había tantos videojuegos y consolas, que no tenía idea la razón por la que las tenía si no las utilizaba, que nos fue difícil escoger un buen juego. Alice resultó una buena jugadora, Rose no tanto pero se defendía, yo obviamente, (¡qué modesta!) fui la que mejor jugué de ellas tres.

Pero me sentí un poco triste al recordar que a veces en las pijamas que hacíamos en Phoenix solíamos hacer esto mismo, jugar y jugar videojuegos sin parar. Aquí también era divertido, pero ya no sería lo mismo, la diferencia era que a pesar de que Alice y Rose parecían ser unas chicas muy agradables, no compartíamos el mismo sentido y amor por el fútbol, más bien a ellas no les atraía en lo absoluto. En cambio, con mis amigas y ex compañeras de equipo fiero compartíamos ese amor, pasión, adicción y sentido por el fútbol. Era como una mayor parte de nuestras vidas. Nuestro complemento.

Y así parecía ser con aquellos chicos. Cosa que me hacía querer entrar todavía más al equipo. Que por cierto mientras jugaba o esperaba mi turno, en lo más recóndito de mis pensamientos seguía pensando cómo le haría para entrar a ese jodido equipo. De que haría algo lo haría, pero aún no sabía qué.

Unas cuantas horas pasaron, y como teníamos mucho que escoger, jugamos muchos juegos diferentes. En ese momento se me pasó gran parte de mi aburrimiento, aunque aún seguía faltándome ese complemento que era completado jugando al fútbol.

Pero entonces nuestra partida de juegos fue interrumpida cuando la puerta de la habitación de Edward se abrió de golpe. Caca de vaca. Era Edward.

A juzgar por su expresión no parecía muy contento de vernos allí, sentadas en su cama, con sus controles de consola jugando sus videojuegos. Él frunció el ceño y sus labios en una furiosa expresión.

—¿¡Qué carajo hacen en mi habitación!? —exclamó rabioso y yo me aguanté las ganas de reír.—Jodidas niñas, ¿quién les ha dado permiso?

—¡Edward! —se escuchó una voz molesta desde otra habitación.—¿Qué tipo de vocabulario es ése?

—¡Mamá! Alice y compañía se han metido a mi habitación! —gritó Edward mirándonos con rabia. Ninguna de las tres nos movimos, yo estaba allí disfrutando de la escena y ellas… bueno en realidad sólo me importaba en ese momento la expresión de rabia que tenía Edward.

El pobre quejándose con su mamá… qué lindo.

—¿Qué…? —comenzó una mujer apareciendo al lado de Edward. Parecía ser muy amable y agradable, era muy bonita, ahora me daba cuenta de donde habían agarrado esa belleza estos dos niños. Era igual de pálida y tenía un bonito cabello color caramelo. Me recordaba a mamá porque podía sentir en ella ese instinto maternal.

Ella reparó en mí y ladeó la cabeza, mirándome bien, antes de que pudiese decir algo Alice habló:

—¡Hey, ella es Bella, acaba de mudarse aquí!

—Oh, ¿eres la hija del jefe Swan? —me preguntó y asentí. Ella me dirigió una sonrisa encantadora.—Mucho gusto, querida.

Antes de que pudiéramos decir algo más, Edward interrumpió todavía muy molesto.

—¡Diles que se salgan de mi habitación! —exclamó señalándonos.

—Edward, no seas descortés, ¿Qué te he enseñado? —le reprendió su madres con expresión severa. Edward rodó los ojos y resopló.

—¿Y bien?

—Alice, querida, ya sabes cómo se pone tu querido hermano cuando invades su habitación —dijo la madre de Alice.—Vamos, salgan antes de que se moleste más —añadió haciendo una expresión cómica.

—¡Vamos, lárguense! —apuró Edward, ganándose una mirada reprobatoria de su madre.

—Edward, basta. No seas descortés con los invitados —le dijo su madres mientras Alice y Rose se paraban y les seguía hacia la puerta para salirnos.—Querida, espero que puedas perdonar a mi querido Eddie le hacen falta unos cuantos jalones de orejas —dijo mientras le jalaba suavemente su oreja izquierda.

—¡Ouch! ¿Qué te pasa? —se quejó Edward dándole mala cara. Bella no pudo evitar reírse disimuladamente.

—No se preocupe…

—Llámeme Esme, por favor, querida —me dijo con una sonrisa. Asentí.—Cualquier cosa que necesites aquí estoy, ¿de acuerdo?

—Sí, gracias —contesté sonriendo encantadoramente. Esme nos dejó y yo me quedé allí parada junto a Edward que me miraba con el ceño fruncido.

—Vaya, al parecer has seguido mi consejo muy rápido, ¡las encontraste! —se burló él riendo.—Vamos, anda, seguramente empezarán ya a jugar muñecas. No querrás perderte la diversión ¿o sí?

—Oh, no, claro que no —le seguí la burla.—Muchas gracias, Eddie —Él frunció el ceño todavía más, yo simplemente me eché a reír caminando hacia la habitación de Alice antes de que dijera algo más.—Nos vemos.

Cómo yo seguía sin querer jugar a las muñecas, jugamos un juego de mesa que después de todo no fue aburrido como aparentaba ser. No sé cuánto tiempo estuvimos haciéndolo, pero cuando dirigí mi mirada hacia la ventana me di cuenta de que ya casi vendría la anochecida.

Tenía que irme ya si no quería que Charlie me castigara de por vida.

—¡Rayos y centellas, tengo que irme! —exclamé parándome rápidamente. Ellas me miraron sobresaltadas.—Es algo tarde ya, tengo que irme o sino Charlie me castigará de por vida.

—Oh, bien —dijo Alice levantándose también.—Vamos.

Bajamos por las escaleras, no sin antes despedirme de Esme y asegurarle que podía irme muy bien sola. Alice y Rose me acompañaron hasta afuera de la casa para ir por mi bici. La levanté del suelo y me volví hacia ellas.

—Entonces… bueno, supongo que nos veremos —dije.

—Nos veremos —replicó Rose con una sonrisa.

—¡Sí, deberíamos de vernos! —exclamó Alice contenta.—Nos la hemos pasado de maravilla, ¿no?

—Sí, claro que sí —contesté con sinceridad. Tenía que admitir que no había sido tan aburrido como pensé en un principio, cuando apenas llevaba cinco minutos en la casa. No se comparaba con el fútbol ni tampoco era igual de divertido que con mis ex compañeras de equipo, pero se defendía.

—Adiós —me despedí haciendo señas con la mano y comenzando a subirme a mi bici.

—Adiós —contestaron las dos al mismo tiempo.

Sin volver a mirar atrás pedaleé rápidamente, quería llegar lo más pronto posible a casa, sin que me agarrase la noche porque estaba segura de que Charlie se molestaría o quién sabe. Uno nunca sabía.

N/A:

Ya lo saben, las adoro por sus lindos comentarios. Perdonen la tardanza, es que he estado repartiendo mi tiempo en otros dos fanfics que tengo en proceso en este momento jajaja

Me alegra mucho que les esté gustando la historia ;) Espero que sigan leyendo y comentando ^^ Bueno me voy, que me muero de sueño.

Nos leemos, cuídense mucho!!

Leon.-