Disclaimer: Todos los personajes conocidos pertenecen a J.K. Rowling y a su mundo mágico.

/./././././././././././././././././././././././././

CAPÍTULO 1: Un plan.

Ella todavía se preguntaba el por qué había aceptado aquella locura. ¡Y que gran locura! Se encontraba frente a una gran puerta, paralizada, tan pálida como un muerto. Retorcía sus manos con nerviosismo y respiraba de forma exagerada, como si momentos antes hubiera corrido. Se maldecía una y otra vez en su pequeña cabeza de largos cabellos rojizos. Recordaba aquel instante que la había metido en aquel lio, y regañó su poca fuerza de voluntad.

Aquella mañana había recibido una carta vía lechuza. Era una de las pocas lechuzas que había llamado su atención en mucho tiempo, y a la vez le parecía tremendamente familiar. De color negro azabache, para nada sombrío pues poseía hermosos reflejos, se posó en su ventana. La mujer cogió la carta con mucho cuidado y procuró darle un pequeño premio a la lechuza que esperaba sin prisa y que lo aceptó con mucho gusto.

La mujer miró el remitente llevándose una sorpresa. Entrecerró los ojos intentando buscar una respuesta lógica al por qué aquella persona le escribía una carta a ella. Si mal no recordaba las pocas veces que habían hablado solo había sido por fuerza mayor, con un castigo de por medio.

- Entiendo… eres la lechuza de Sirius Black – le acarició la cabeza – Ya te recuerdo. Tu también estabas en Hogwarts.

Sin esperar más tiempo abrió el sobre y leyó el contenido. Bastante vago en realidad. Quería reunirse con ella en un bar mágico de Londres, en el cual ella solo había estado una vez. Parecía bastante acogedor en ese tiempo. ¿Habría cambiado? Respondió con simpleza y entregó la carta a Osiris, así había llamado Sirius a su lechuza. Lily Evans pudo recordar como él, durante su estancia en Hogwarts solo le hacía caso a tres cosas. Las mujeres, sus amigos y la mitología egipcia. El conjunto le pareció aterrador, no tenía sentido.

Se presentó en el bar a la hora prevista. No se tomó la molestia de arreglarse mucho, no hacía falta. Saludó con la cabeza a uno de los camareros y se sentó en la mesa de la esquina, una que estaba en el fondo del local. Le gustaba la privacidad y más si no sabía de lo que iba a conversar con un chico al que no veía desde hacía dos años. Corrección, un hombre.

Lily saludó a Sirius que lucía un impecable traje, que le sentaba de maravilla algo que ella pudo percibir. Parecía perdido hasta que divisó a la pelirroja, avisó a su acompañante y ambos se encaminaron y sentaron frente a la mujer. Quien identificó al otro hombre como Remus Lupin, algo que la alegró. Conoció durante su juventud muy bien a Remus.

- ¡Dichosos los ojos, Lily! – sonrió el licántropo.

- Evans – saludó el heredero de la fortuna Black.

- Remus, Black. Es un placer volver a verlos- quiso ser demasiado correcta pero al ver la mirada extrañada de Remus y la de poca paciencia del otro decidió ir al grano – Bien… ¿Qué es lo que necesitan de mi? Me ha sorprendido bastante recibir una carta de ti, Black.

- La verdad es que queríamos pedirte una especie de favor – pausó mientras intentaba ordenar las ideas – Un favor que será recompensado, eso está claro. No voy pidiendo a nadie sin dar.

- Si puedo ayudar en algo…

- Si, Evans. Nos ayudarás mucho y sólo tendrás que hacer una cosa.

- ¿Qué cosa? – preguntó Lily extrañada.

Remus y Sirius no paraban de mirarse mutuamente, intentando hablar con la mirada. Remus negó la cabeza, dándole a entender que era idea suya y que él nunca había estado de acuerdo. Sirius resopló y miró suplicante a su amigo. Recibió otra negativa.

- Está bien, serás tozudo – le dijo Sirius al moreno – El caso Evans, es que a cambio de una gran cantidad de dinero…

- ¿Dinero? – interrumpió contrariada – Yo no quiero tu dinero, ni el de nadie.

- Evans sé que estás más seca que…

- Lo que queremos decir – Remus cerró la boca de su amigo con una pequeña colleja – Es que estamos al tanto de tu difícil situación financiera.

- No me lo puedo creer. Nunca pensé que fuerais tan rastreros de sacar los trapos sucios de la gente. ¿Cómo os atrevéis a espiar en mi vida privada? – levantó tanto el tono que todo el local se giró a mirarles.

- Lily, tranquila nosotros…

- No me digas que me calme, Remus. ¿Quién demonios…?

- Pelirroja haz el favor de callarte – sabiendo que eso no iba a servir de nada, Sirius la hechizó – Ahora. Mucho mejor.

Lily intentó pronunciar alguna palabra pero lo único que salió de su boca fue aire. Muy furiosa miró a Sirius Black y sintió ganas de matarle.

- Sirius eso no está bien – suspiró cansado el amigo - Deshaz el hechizo.

- No hasta que nos escuche. Después que grite lo que quiera. – guardó su varita y ojeó la pequeña lista de bebidas que se encontraba en la mesa. – Bien. No te hagas la indignada Lily Evans. Necesitas dinero y rápido. Yo soy tu solución y tu eres la mía. Nado en la abundancia y eso lo sabes de sobra.

Jamás en su vida había conocido a alguien tan arrogante como Sirius Black, pondría la mano en el fuego jurando que nadie podría serlo tanto como él. Y si existiera… pobre de sus amigos. Si es que los tenía. Desgraciadamente el hombre de pelo negro los tenía, no comprendía cómo pero los tenía. Resopló con desesperación y asintió por darle el gusto.

- De acuerdo. Pagarás tus deudas… - ante la mirada fulminante de la pelirroja rectificó – Pagarás todos tus gastos y podrás permitirte el estudiar en Francia. Tal como querías en el colegio. ¿No es así?

La mujer asintió sorprendida de que recordara eso. Continuamente lo repetía en Hogwarts, con sus amigas, con los profesores. Iría a Francia para estudiar en una de las escuelas más prestigiosas de Pociones. Solían algunos, reírse diciendo que sería la compañera de Severus Snape y que ambos serían una familia feliz con numerosos calderos en la cocina. Ella solo sonreía. Severus Snape siempre le cayó bien. Incluso pudo considerarlo como amigo en Hogwarts. Sin embargo al acabar, se fue a realizar el sueño que compartían los dos, mientras Lily se quedó en Londres trabajando para ganarse la vida.

- Bien. Espero haberte preparado lo suficiente. – Sirius cogió aire y soltó de sopetón el pedido – Tienes que enamorar a James.

- James. James…¿James? - gesticuló con la boca Lily mirando incrédula a los dos hombres.

No podían estar refiriéndose a aquel James. Señaló su boca con desesperación, pero hasta que Sirius no estuvo seguro de que la pelirroja no les nombraría con unos apelativos nada cariñosos no le quitó el hechizo. Lily se levantó de la silla con intenciones de estrangular al heredero de los Black, pero Remus la detuvo.

- Lily, sé que no tiene sentido. Ya se lo he dicho. Pero cree de verdad que puedes conseguirlo.

- ¿Conseguirlo? Enamorar a James, ¿no?- preguntó la mujer.

- Si, enamorarlo hasta la… - el carraspeo de su amigo le hizo rectificar – la locura. Yo Sirius Black, te pido a ti Lily Evans que enamores a mi amigo fuera y dentro de la cama. –Se rió de su propio chiste pero las miradas que recibía no eran nada buenas.

- ¿Qué James? - preguntó ella poniéndose cada vez más nerviosa.

- ¿Cómo que qué James?

- Si, no sé a que James te refieres.

- Evans, ¿A cuántos James crees que conocemos tu y yo? – el hombre de pelo negro rodando los ojos.

- Bueno yo no sé tu pero mi vecino se llama James Hill, el hijo de mi jefe también se llama James y…

- Es el único que tenemos en común, Evans. James Potter.

No quiso escucharlo y cerró los ojos, pero eso no evitó que su nombre se colara dentro de ella. El jodido James Potter.

- Estás loco – sentenció Lily recogiendo sus cosas – Jamás, ¿me escuchas? Jamás saldré con ese lunático, hipócrita y creído de James Potter. Le odio.

- No estás siendo racionable, pelirroja. Yo no he dicho nada de salir. – señalizó Sirius.

- Lily, solo piénsalo. – dijo Remus dándole un pequeño apretón en el hombro – Si no aceptas no te culparemos. Es una locura del, como bien has dicho, loco de Sirius.

- Y mejor que también pienses en esas facturitas – se rió el "loco".

- Black… que te den. – se despidió la mujer.

Lily salió de aquel bar como alma que lleva el diablo. Negaba una y otra vez con la cabeza pensando en la petición. Aquello no merecía ni siquiera un segundo de sus pensamientos, era una incoherencia, una estupidez, una locura. Y sin embargo no se podía librar de él, de su nombre.

En el bar el licántropo observó la marcha dramática de la pelirroja. Se volvió hacia su amigo y le dio otra pequeña colleja que recibió una protesta.

- ¡Ey! ¿Qué haces? – se sobó la nuca – Eso duele.

- La verdad es que eres idiota. – sonrió Remus.

Momentos más tarde Lily se encontraba sentada en la cocina de su pequeño piso. Ojeaba sin querer hacerlo un montón de papeles, que represantaban sus facturas no pagadas. Sus padres habían muerto al año de salir de Hogwarts en un accidente doméstico, no podían ayudarla. La casa de su infancia no le aportó mucha ayuda económica, al venderla junto a su hermana, después de los desperfectos del incendio. Y Petunia... simplemente finjía que no existía.

Estaba sola en el mundo, viviendo un presente que detestaba y ahogada en deudas. Cogió un trozo de pergamino y escribió un sola palabra que cambiaría todo. Aunque Lily todavía no lo sabía.

Acepto.


- No me lo puedo creer - dijo atónito mientras cogía el pergamino que le pasaba Sirius. - Tenías razón...

- ¡Claro que tenía razón! Siempre la tengo. Remus tienes que aprender que todo lo que idea esta cabeza, no es pura fantasía sino una realidad. Evans no ha podido resistirse tal como planeé. Ahora llega el momento más complicado.

- Tal vez deberíamos dejarlo, Sirius. James no será capaz de soportar, cuando todo acabe, que Lily se aleje de él otra vez. Ya viste como le afectó en Hogwarts.

- Si todo sale bien...

- ¿Dudas? - preguntó el licántropo con las cejas alzadas y cierta diversión.

- Con James y Lily nunca se sabe - adimitió derrotado.

- ¿Lily? Lo de Evans...

- Sigo llamándola Evans - replicó Sirius - Pero, ellos dos... no hay otra forma de decirlo. La historia de James y Lily... Se podría escribir un libro

- Y yo espero que no lo hagas tú - rió su amigo - Me marcho, ya me dirás que tal te va con Lily. Tienes que explicarle muchas cosas.

- No puedes dejarme.

- Oh, si que puedo - contestó Remus mientras se ponía el abrigo - Como ya has dicho, es tu idea.

- Pero me dejas la parte más difícil.

- Que pena - ironizó.

- Evans se pondrá hecha una furia - suspiró Sirius mientras su amigo se desaparecía.