Bien, éste es el segundo capítulo de esta serie, pronto vendra lo bueno, espero les agrade leerlo tanto como a mi escribirlo. Por cierto, esta historia va dedicada a mis amigas Akira Janetsu y Medusina. Perdon si no lopuse en el primer cap., pero era el de prueba
Motivos
Animadamente los tres amigos subieron las escaleras hasta su vieja y confortable sala común. La Señora Gorda los recibió con gran efusividad y afecto al llegar al retrato.
- ¡Miren a quién tenemos por aquí! – Dijo cantarina la estruendosa voz de una mujer enfundada en un exótico vestido rosa pintada en el oleo que cubría la puerta secreta a la sala común. - ¡Nuestros héroes han vuelto a casa!
- Héroe es una palabra muy exagerada, ¿no?- Dijo Hermione ruborizada. – El único héroe es Harry en todo caso.
- ¡Hermione! – Dijo Harry enojado.
Cuando lograron superar diplomáticamente la charla alegre de la dama encontraron a una sala común completamente en silencio, todos los presentes les miraban descaradamente y con la libertad que no tuvieron en la cena de hacía pocos minutos.
- Así que van a ser unas semanas difíciles. – Comentó Harry, quién instantáneamente ya pensaba en las rutas que podría usar para escabullirse sin problemas de estampida a sus clases.
- ¿Yo no sé cómo lo has soportado tantos años? – Comentó cohibida Hermione ante las miradas de varios chicos.
- Supongo que habrá que resignarnos. – Comentó Ron en un fallido intento de ocultar lo encantado que se encontraba en tal situación.
- Al menos tú tienes algunos meses de práctica Ron. – Dijo irónica su novia.
- ¿Qué? – Dijo Harry confuso.
- ¡Hermione! – Susurro Ron tentado a darle un codazo a su chica.
- Es que Ron ha dado explicaciones y pequeñas entrevistas mientras trabajaba con George. Me enteré cuando la señora Weasley me envió a dejarles su almuerzo olvidado y lo vi contando sus hazañas a unos niños. Después George me contó que accedieron a ser parte de un reportaje para El Profeta sobre los sobrevivientes.
Se sentaron alrededor de la chimenea mientras a Ron se le desvanecía el tono ya morado de vergüenza de las orejas. Les fue fácil ignorar los mormullos de todos los presentes hasta que alguien rompió el silencio.
- ¡Oh Harry, sabía que lo lograrías! Eres mi héroe. – Dijo melosa y cursi una voz que Harry ya reconocía y que sabía que tendría que esquivar por mucho tiempo. – Yo nunca dude de ti, es que eres tan fuerte y tan guapo. - Romilda Vane se sentó descaradamente muy cerca de Harry mientras le hacía cumplidos bastante vergonzosos. A medida que seguía Harry tomaba un rubor muy intenso en sus mejillas y poco a poco toda su cabeza tenía una coloración rojiza uniforme. Hermione y Ron hacían grandes esfuerzos por contener su risa.
Por suerte una voz hizo callar a la chica. El profesor Flitwick miraba desde abajo a la chica sentada con Harry.
- Señorita Vane, necesito hablar a solas con Potter, Weasley y Granger, así que, si no le importa, me los llevaré. – La chica avergonzada salió corriendo escaleras arriba.
Jóvenes, acompáñenme por favor. –Los tres le siguieron hacia la que era la oficina que ocupaba la profesora McGonagall. Harry y Hermione supusieron que él era el nuevo jefe de Gryffindor y que deseaba darles la bienvenida, como todos.
El despacho de McGonagall era prácticamente igual que siempre, las únicas diferencias radicaban en una pequeña escalinata móvil que Flitwick remolcaba con la varita para ocuparla en ese momento para escalar hasta su alta y elegante silla, que de paso tañía varios libros para compensar la escasa altura del profesor.
- Bien, como nuevo jefe de la honorable casa de Godric Gryffindor, me complace darles la bienvenida. – Dijo como formalidad inicial, tal como esperaban. –Me alegra mucho que hayan podido regresar, pero no me sorprende, pues sus talentos son excepcionales. Pero más me alegra que se acoplen de nuevo tan rápido a esta escuela. Señor Potter, no abuse de sus hazañas para galantear con las señoritas, y menos con las de tercero. – Harry se encogió en su asiento con las manos apretándose las sienes cuando el profesor se condujo hacia él, mientras Ron y Hermione soltaron una risita tonta.
- Bueno, los traje para asignarles ciertos deberes especiales de última hora. - Dijo examinando unos papeles en su mesa.
- Señorita Granger, señor Weasley, me complacería mucho si retomaran sus papeles como prefectos. Los últimos seleccionados, como el señor Longbottom y el joven Finnigan, resultaron ser un fiasco total. – Ninguno de los presentes se extraño en lo más mínimo y dado que la pasada administración estuvo bajo el mando de mortífagos despiadados y dementes, debió de ser un trabajo difícil. También pensaron en lo difícil que se vieron las cosas al tener que reemplazar a Neville por Seamus a mitad de curso, cuando Neville tuvo que huir y ocultarse durante la visita de Bellatrix Lestrange. – Y pues la señorita Patil completo ya su educación en el colegio.
- ¡De acuerdo, aceptamos! – Hermione lucía radiante.
- Señor Potter, me gustaría que retomara también su cargo como capitán del equipo de Quidditch, ya que la señorita Weasley se encuentra de intercambio en Francia. Confío en que con su ayuda y la del joven Weasley puedan crear una buena selección y ponga en alto como años atrás a nuestra casa y se alcen con la copa este año.
- Sí señor. – Contestaron al unísono Harry y Ron.
- Por cierto, mañana, después de que recojan sus nuevos horarios pasen por favor a la oficina de la directora McGonagall, desea hablar con ustedes tres para aclarar algunos puntos extras a mi jurisdicción.
Los chicos avanzaron hacia la puerta.
- Por último, la profesora me dijo que le gustaría que se tomaran un zumo de calabaza en su honor.
- ¿Qué? – Dijeron Hermione y Ron.
- Luego les explico. – Dijo Harry, quien ya sabía que eso era el santo y seña de la entrada a la oficina de McGonagall.
Cuando retornaron a la confortable sala común hablaron hasta muy entrada la noche, hasta que Hermione los obligo a subir a sus habitaciones. Ambos chicos desempacaron y se arroparon en su vieja y solitaria habitación.
- ¡Qué extraño que estemos solos! – Bostezo Ron.
- Bastante, pero prefiero estar solo que soportando cuchicheos y miraditas de los demás. – Dijo Harry reflexivo.
- Sí, ¡que incomodo! – Dijo Ron sarcástico.
El desayuno fue más relajado que la cena de inicio de curso, al menos las miradas se habían reducido en un cuarenta por ciento y ellos habían acordado ignorar las restantes.
¿Vieron ya en la pizarra nuestros horarios?, solamente tenemos Adivinación y Aritmancia con Hufflepuff; Cuidado de Criaturas Mágicas y Runas Antiguas con Ravenclaw, eso significa que Transformaciones, Encantamientos, Herbología, Pociones y Defensa Contra Las Artes Oscuras con Slytherin. – Comentó enérgica Hermione.
- ¡¿Qué? – Dijo Harry furibundo. – Esas son todas mis asignaturas para este año.
- Bueno, al menos yo tomé Aritmancia en lugar de Transformaciones, y Hermione tomó además Runas Antiguas en lugar de Defensa Contra la artes oscuras.
Genial, ahora estaría solo con Malfoy en una de sus clases. Como si lo apreciara tanto. Lo único bueno serían los muchos periodos libres que le daba su horario.
- Bueno, supongo que tenemos que ir ahora con la directora McGonagall.
Pues vamos.
Al llegar a la entrada despacho de McGonagall y subir la escalinata de espiral, llamaron a la puerta y Draco Malfoy fue quien les abrió con gesto digno. Al verlos, su rostro cambio por uno más hostil y menos refinado.
- Pasen por favor, los estaba esperando. – Dijo senada desde su escritorio la profesora.
- Supongo que se preguntaran por que los cite, ¿no es así? – Los cuatro presentes asintieron en silencio. – Pues tomen asiento, para que pueda continuar con mayor comodidad.
Los cuatro recorrieron el camino hasta las sillas frente a al escritorio de la profesora a grandes zancadas. Harry observaba a todos los retratos y le dedico una leve reverencia de saludo a la del anterior director, quien le respondió con otra reverencia más elegante.
- Como sabrán ustedes, fueron tiempos difíciles, la situación de nuestro mundo estaba por desmoronarse poco a poco. Pero gracias a ustedes tres y a muchas personas más, hemos logrado avanzar en nuestro camino para recuperarnos. – Los cuatro chicos la miraban aún sin comprender completamente su llamado. – No obstante, dado lo comprometida que estaba su posición en este recinto muchos alumnos huyeron o sus padres hicieron que dimitieran en sus estudios. Así que la junta directiva de este colegio decidió ir admitiendo poco a poco a los alumnos que tuvieron que abandonar sus estudios.
- Perdone, pero eso a que viene a afectarme a mí. – Dijo Malfoy impaciente.
- Si me deja terminar, señor Malfoy, le serán sus dudad aclaradas. – Miro a Malfoy severamente y este solo asintió con la cabeza. – Las cartas de la señorita Granger no fueron las primeras que recibí, pero si las más convincentes. Así que ahora ustedes son los primeros chicos que entran en este nuevo sistema. Su estancia aquí es un regalo, pero su permanencia es un privilegio que deberán de ganar con sus calificaciones y desempeño.
- ¿Entonces somos los conejillos de indias de la junta directiva? – Dijo Malfoy ofendido.
- Llámele como sea, pero debe recordar que sigue aquí por nosotros. – Refutó exasperada McGonagall. – Estaremos evaluando poco a poco los posibles candidatos a una segunda oportunidad, así que por eso algunos alumnos más se reintegraran al curso más adelante, por eso conservaron sus viejas habitaciones, para instalar a sus viejos compañeros en un lugar conocido y les sea más fácil acoplarse al programa otra vez. – Tomo aire y evaluó a los jóvenes y añadió. – En estos casos se aplicará de tanto en tanto pruebas de desempeño, para demostrar que son aptos para seguir y terminar su educación.
Doblemente genial, ahora tendría que estudiar el doble para mantenerse en pie, él y Ron tendrían serios problemas en ese curos, lo podía predecir claramente. Acabada su charla con la directora salieron a tomar sus respectivas clases. Ron acompañó a Hermione a Runas Antiguas y después llegaría a su clase con Harry Ahora Harry se dirigía hacia la torre del tercer piso al aula de Defensa Contra Las Artes Oscuras flanqueado por Draco Malfoy.
- Es increíble que seamos los sujetos de prueba para este sucio experimento. – Comentó Malfoy furioso.
- Va a ser un curso difícil para mí. – Dijo Harry, más para sí mismo que para el chico de al lado.
- Como si la suerte no fuera tu fiel sirviente Potter. – Dijo Malfoy arrastrando las palabras. – Todo le sale bien a San Potter.
- Agradecería si mantuvieras tu bocota cerrada. – Dijo Harry sin miramientos.
Dado su reunión con McGonagall, habían llegado diez minutos tarde a la clase de Arrow. Donde todos los asientos estaban ocupados, solo estaban los asientos traseros donde Ron ya ocupaba uno y Harry se sentó junto a él.
- ¿Cómo llegaste tan pronto? –Dijo Harry Sorprendido.
- Acabo de llegar yo también. – Dijo Ron todavía sudoroso.
- Señor Potter, no toleraré distracciones en mi clase. – Dijo estricto el profesor Arrow después de captarlos en plena charla. – Así que, señor Weasley tenga la amabilidad de cambiar lugar con el señor Malfoy. Así evitaremos las distracciones. - Harry estaba cada vez más convencido que sería un curso difícil.
La clase transcurrió lenta y aplastante, como toda clase de inicio de curso. Al salir Harry se dirigió a la sala común con Ron, donde platicaron de su itinerario hasta que Ron fue a recoger a Hermione a la Biblioteca.
