¿Simpatía por Malfoy?

Su primera semana había pasado rápida y borrosa ante sus ojos. Lentamente el viernes se había colado hasta convertirse en el hoy.

- Buenos días, soy la profesora McGonagall, y a pesar de serla directora, seguiré con mis deberes como profesora para esta asignatura. Así que sin más preámbulos, saquen su manual de Transfiguración Al Ser Humano y Lean el capitulo 1: Cambios simples del aspecto del hombre. – dijo McGonagall mientras escribía en la pizarra. - Después practiquen el hechizo Finite Fomicus en parejas.

Era un hechizo aparentemente sencillo, consistía en visualizar la parte del cuerpo que se deseaba cambiar antes de ejecutar el hechizo, pero el efecto era apenas efectivo durante unos pocos minutos.

- Por favor mantengan la concentración, pues cualquier distracción podría resultar desastrosa.

- Profesora, aún no tengo pareja. – Dijo Harry después de un rato, pues Ron y Hermione ya habían hecho pareja.

- Pues júntese con el joven Malfoy. – Dijo despreocupada.

¿Acaso había alguna conspiración en su contra? Esto era el colmo, había soportado suficiente esa semana de Malfoy.

- ¿Es necesario? – dijo Malfoy serio, haciendo eco de los pensamientos de Harry.

- Si señor Malfoy. – Contestó tajante la profesora McGonagall.

- Esto tampoco me agrada a mí Malfoy. – Dijo Harry. – Pero no nos podremos salvar de esta.

- Gracias sabio, no eres de mucha ayuda.

- Tal vez sería más fácil si no te quejaras por todo y haces lo que te dicen. – Dijo harto de la presencia del quejumbroso chico de a su lado.

El último periodo de clases del día había terminado por suerte para Harry, pero tanto Ron como Hermione tendrían clases de Aritmancia y seguramente después se refugiarían en la biblioteca hasta la cena. Hermione se había quejado toda la semana de que se estaba empezando a atrasar en los deberes y le hizo prometer a Ron que ese viernes irían a ponerse al corriente.

Se auguraba una tarde solitaria y aburrida para Harry. Sin planes especiales, sin compañía y sin nada que hacer sólo hacían que el tiempo pasara laxo y aletargado.

Sin pensarlo sus pasos lo guiaron hasta la lechucería. Harry extrajo de su mochila un trozo de pergamino y una pluma y su tintero.

Querida Ginny:

Espero que estés bien, por aquí las cosas están verdaderamente aburridas, ojalá tú lo estés pasando mejor. ¿Sabes que otra vez soy el capitán del equipo? Es extraño volver y seguir como si nada hubiese pasado.

¿Cómo van los entrenamientos de tu equipo? Debe ser emocionante dirigir la selección nacional de un país.

Sin más por el momento ya que no tengo más por contar me despido.

Te quiere Harry.

Esperó un poco a que la tinta secara mientras buscaba a Pigwidgeon, la ruidosa lechuza de Ron. Cuando le halló ató el sobre con la carta a su pata derecha y esta salió disparada. Extrañaba a su vieja amiga Hedwig.

No teniendo más que hacer en ese lugar repleto de aves y el piso forrado de sus desechos, Harry salió al nublado día. Solo había pasado media hora desde que salió de clase y ya se moría de aburrimiento.

Caminó sin rumbo fijo por quince minutos, tal vez menos. Ese estado solitario resultaba abrumadoramente aburrido, pero tendría que acostumbrarse a pasar por estos un par de ocasiones.

Se sentó a observar la reluciente superficie acuosa del lago. Le resultaba agradable y pacífico el sonido suave del agua y el crujir de los pasos de las personas en las hojas secas de los arboles.

Pero algunos pasos que se dirigían hacia él lo tomaron por sorpresa.

- ¡Harry! – Dijo la voz que menos deseaba escuchar en ese momento. – Que bueno que te encontramos por estos lugares. – Romilda Vane estaba flanqueada por dos chicas que se veían más grandes que ella (aproximadamente de quinto y cuarto curso), y tres que aparentaban tener la misma o menor edad que ella.

- Solo quería invitarte este domingo a que nos acompañes a nuestra primera reunión del club "Nuestro Héroe de Ensueño" en el aula de Historia de la Magia.

- ¿Hablaran de sus héroes de comics o algo parecido? – Harry deseaba con fuerza que solo fuera eso y no lo que su mente macabra suponía que era.

- Claro que no tontito. – Dijo melosa Romilda mientras varias chicas miraban a Harry de forma demasiado sugestiva para tener entre 14 y 16 años. – Es tu club de fans oficial. – Harry luchaba fuertemente contra un impulso de salir corriendo. Definitivamente no había sido su semana. - Esa niña no tiene límites. – Pensó Harry.

- Sabes que Romilda, tengo muchos deberes que hacer y no puedo retrasarme mucho.

- ¿No necesitas ayuda? – Dijo deseosa una de las chicas que parecían mayores.

- No lo siento, de hecho, estoy buscando algunas branquialgas silvestres. – mintió Harry mientras examinaba el pasto.

- ¡Oh, bueno, es que eres tan responsable Harry! – Dijo Romilda y todas las chicas suspiraron al unísono todas las chicas haciendo que a Harry se le erizaran los cabellos de la nuca.

- Entonces ya no te molestaremos a cambio de un favor. – Dijo temeraria una de las más jóvenes del grupo.

- ¿Cuál? – Harry desafino por los nervios.

- Fírmanos nuestras gorras oficiales. – Esto estaba superando su tolerancia al máximo.

- ¿Es necesario? – Dijo Harry planeando de nuevo su huida.

- ¡Por favor! – Rogaron todas ronroneando.

Firmó a regañadientes las seis gorras de color azul marino con su nombre bordado en letras doradas. Harry consideraba seriamente guardar su capa invisible siempre en su mochila, hasta que Romilda se hartara o él se graduara.

Incómodo por culpa de las chicas decidió que el lago ya no tenía esa paz que buscaba y que arruinaron en pocos minutos.

Comenzó a caminar lentamente con el seño fruncido durante un rato, tratando de olvidar el hecho de que ya contaba con su propio club de fans. Era la situación más ridícula que había vivido, salvo la vez que Gilderoy Lockhart le había hecho posar para el profeta en el callejón Diagon mientras compraba sus libros de segundo grado.

De repente su atención se centró en la plática de dos chicas que caminaban pocos pasos delante de él.

- ¡Qué raro fue que regresaran Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley al colegio! ¿no es así? – Decía una chica rubia de segundo a otra de cabello largo y oscuro.

- No me sorprende, después de todo no terminaron la escuela. Seguramente McGonagall les dejo volver porque son los héroes del mundo mágico moderno o algo así, según el profeta. – Comentó la otra.

- ¿Y qué hay de ese otro chico entonces? El rubio de Slytherin, dicen que era un Mortífago. – Dijo en susurro, pues a pesar de haber acabado ya la pesadilla de Voldemort, el solo nombrar algo que proviniese de él o sus macabros seguidores seguía poniéndole los pelos de punta a los habitantes del mundo mágico.

- Cierto. - Pensó la chica de cabello oscuro - A mi me da un poco de miedo, pero hay que reconocer que es muy guapo.

- Pero no más que Harry Potter, ¿has visto sus ojos? – Harry dejó de prestar atención deliberadamente. Era una plática que no quería continuar escuchando hasta el final.

Continuó caminado cerca de la orilla del lago, sus pasos lentos le dirigían a entrar al castillo, pero una figura en posición fetal llamó su atención.

La lacia y rubia cabellara de Malfoy era inconfundible, pero el propio Malfoy estaba en una pose totalmente desconocida para Harry. Con su mano derecha buscaba pequeños guijarros y los aventaba a la superficie del agua.

Ahora que lo pensaba Malfoy se veía triste ya que no caminaba pavoneándose orgulloso delante de su sequito de seguidores de Slytherin, asustando a los de primero o molestando algún Gryffindor. Él se veía… ¿Vulnerable?

- ¿Malfoy? – El aludido volteó para ver quién le llamaba.

- ¡Ah eres tú Potter! – Se volteo decepcionado al encontrarse sus ojos.

- ¿Qué haces? – Preguntó Harry desesperado por una conversación que no fuese para firmar autógrafos y encontrarse con su nuevo club de admiradoras. En ese momento hasta puede que una pelea le resultara entretenida

- ¿Te importa? – Dijo tajante el rubio

- Discúlpame por preguntar. – Contesto Harry.

- Piérdete Potter.

- ¿En donde están tus guarda espaldas, eh? – Dijo Harry receloso.

- Crabbe murió en batalla, ¿lo olvidas? Goyle está en Azcaban por tu culpa Potter

- ¿Y Parkinson?- Dijo Harry para evitar ese tema.

- Se graduó ya el año pasado, ahora vive en Hungría.

Bueno, pues ya tenemos algo en común, estamos solos los dos. – Dijo afligido Harry. Sorprendió a Malfoy y a él mismo por una afirmación tan sincera y deprimente.

- ¿De qué hablas?, tú tienes a Granger y a toda la familia Weasley, sin contar a tus fieles seguidores. – Dijo con un falso desdén que reflejaba a leguas de distancia envidia. – Y sin duda tu amado mundo muggle te debe de adorar como a un santo.

- Estás totalmente equivocado, en el mundo muggle no soy nadie, una persona insignificante más. Solo aquí soy leyenda. De hecho ni mis únicos parientes muggles me odiaban. – Dijo Harry melancólico.

- ¡Ay por favor! – Dijo incrédulo Malfoy.

- Es la verdad, para ellos era un fenómeno de circo. Incluso hasta que me admitieron aquí me dieron una habitación. Yo dormía en la alacena. – Harry enrojeció ante tal afirmación. ¿Por qué le estaba rindiendo explicaciones a Draco Malfoy?

- ¿Es enserio? – Preguntó en tono socarrón el Slytherin.

- Si. – Respondió molesto Harry.

- Lo siento, es que me cuesta creer que Harry Potter, "El niño que vivió", con los muggles era un inadaptado. – dijo tratando de esconder una risita maliciosa.

- Ja ja ja, que risa. – Dijo Harry sarcástico mientras Draco ahogaba su risa. - No sé por qué demonios te estoy contando esto. – Acto seguido se alejó a grandes zancadas de la orilla del lago. Por alguna razón el enojo de Harry hizo mella en el ánimo de Malfoy. ¿Por qué no le alegraba haber ganado una discusión con él? Generalmente ese era el plan ver quién salía del recinto molesto y humillado. Y aunque no le gustaba aceptarlo, la mayoría de veces que él perdía lo hacía de forma humillante, mientras Potter salía airoso. Varias veces lo llegó a imaginar desternillándose de risa mientras le contaba a todos los sucios Gryffindor festejando con él.

Algo andaba mal con Potter. Ni siquiera habían empezado a insultarse como Dios manda. Se levantó y corrió para disculparse, ya se las cobraría cuando Potter recobrara algo de su carácter necio e impulsivo de siempre.

- ¡Potter, espera! – Jadeó Draco tratando de alcanzar a Harry.

- ¿No te has cansado de molestar? – Dijo Harry molesto por la insistencia de Malfoy.

- ¡Eh escúchame!

- ¿Qué quieres? - Dijo mientras se paraba en seco para encarar al rubio.

- ¿Me excedí en lo que dije en el lago?

- No. – Harry siguió caminando.

- Es solo que me pareció que te molestaste.

- Y, ¿qué no es tu juego favorito? - Continuo Harry su camino.

- Entonces si te molestaste. - Malfoy alzó una ceja.

- No te voy a dar el lujo de que te conteste. - Se sintió como un total tonto al contestar de esa forma.

- Si, definitivamente estas molesto. – Cada paso que daban la paciencia de Harry estaba más cerca de su límite.

- Mira, tengo cientos de cosas más importantes para estar molesto. Créeme si te digo que tú eres de las que menos me preocupo. – Harry siguió su marcha hacia con paso firme el castillo.

- Solo quería disculparme. – Gritó Malfoy.

Harry se paró en seco, realmente había oído aquello. Malfoy se acerco de nuevo.

- ¡¿Qué dijiste? – Dijo Harry incrédulo ante semejante muestra de educación de Parte de Malfoy.

- Dije que lo siento, parece que cruce la línea esta vez.

- Supongo que no hay problema. – Dijo Harry carraspeando ante lo extraño de la situación.

- Eh, hasta luego, supongo. – Ambos se separaron sintiendo una sensación extraña en el estomago, Harry nunca había imaginado que Malfoy le pidiera disculpas y éste no concebía al Harry Potter que conocía bajo el pedestal de estrella que creía él se daba.

Harry se encaminó a su sala común pensando en su conversación con Malfoy. Le resultó agradable, a su pesar, conocer un Malfoy más… ¿amable tal vez?