Hola a todos primeramente.
Quisiera solo decir unas cuantas cosas antes de esta capitulo y pido que las lean.
1.- Por razones escolares me es imposible estar escribiendo y subiendo muy seguido.
2.- También pido su ayuda para retroalimentarme. Entre ensayos y proyectos escolares, además de mis proyectos en mi taller literario me exprimen el cerebro. Así que si les interesaría que parara algo con esta historia haganmelo saber en reviews.
3.- Referente a este capitulo. Sé que desde mi summary advertí que sería un fic de temática slash y que van cuatro capitulos sin acción alguna, pero ya se acerca el momento.
Soledad mutua
Ron y Hermione aparecieron justo cuando Harry se disponía a cruzar el cuadro para bajar a cenar. La pareja dejó sus pertenencias en una mesa de trabajo, por lo visto Ron había persuadido a Hermione para tomar un descanso para cenar.
Harry les contó todo lo de Romilda Vane durante el camino y les dijo que planeaba cargar su capa en su mochila el resto del curso.
- ¿No crees que exageras? – Dijo Hermione divertida
- No la conoces todavía. – Espetó sombrío Harry mientras probaba un bocado de su tostada con jalea.
- Es un poco obsesiva es todo. – Dijo Ron mientras se metía a la boca de sopetón un emparedado entero.
- Mastica Ron. – Dijo Hermione autoritaria. Harry observó al glotón de su amigo medio ahogarse tratando de pasarse de golpe todo lo que se metió. – Sabes, es normal en una chica comportarse así cuando admiran a alguien, ¿no has visto a todas las adolescentes alocadas cantando a todo volumen las canciones de sus grupos favoritos?
- Ese es el problema, esa es una fanática desquiciada que tiene a su ídolo al alcance de su mano. – Harry frunció el seño al pensarse a sí mismo como un ídolo de la juventud. Francamente detestaba la idea.
- No creo que sea para tanto. – comentó escéptica la chica.
- En sexto año trató de enamorarme a la fuerza con chocolates envenenados, que por cierto se comió Ron. – Ron recordó aquella vez con un nudo en la garganta. – Creo que hay límites Hermione.
- Tiene razón. – Ron se puso de parte de Harry.
- Aún creo que exageras, recuerda que no ha sido la primera admiradora que has tenido.
- Ginny jamás lo acosó, al contrario, no podía estar en la misma habitación que él. – Replicó enfadado ante semejante comparación, Ron miró algo ofendido a Hermione por comparar a la loca de Romilda con Ginny. Hermione no podía rebatir ese argumento.
- Es raro que Malfoy se siente solo. – Comentó Hermione distraída después de unos segundos. Los chicos voltearon hacia la mesa de Slytherin, donde efectivamente estaba Malfoy tan solo como un perro abandonado. – Bueno, supongo que es normal, todos sus amigos ya se graduaron, así que nosotros no podemos desperdiciar esta segunda oportunidad… - Hermione se enfrascó en un sermón que ninguno de los dos hombres escucharon. Ron puso los ojos en blanco mientras se embutía en la boca un pastelillo de chocolate. Harry se preparó una tostada con mantequilla y tomó un sorbo de leche. Él ya había olvidado por completo su extraño encuentro con Malfoy, iba a contárselo a los chicos, pero Hermione se enfadaría si le cortaba su charla sobre cómo aprovechar lo que les quedaba de escuela y evitar los problemas. Tal vez se lo contaría a Ron en la habitación.
Regresaron a la torre agotados, pero para desgracia de Ron, Hermione le obligó a quedarse en la estancia para acabar los deberes. Harry subió lentamente los escalones de la torre hasta su habitación. Harry calló cual roca en la cama. Durmió hasta entrada la mañana.
La luz brillante del sol penetraba sus parpados. Se levantó a regañadientes de la cama. Del vidrio de la ventana pendían cientos de gotitas. La tormenta descargó durante la noche y aún así no pudo despertarlo. Había sido una semana muy pesada y era lógico que cayera cual piedra a dormir.
Después de coger del baúl unos vaqueros y un jersey negro se preparaba a salir a un brillante y despejado día. Ron y él habían esperado desde hacía semanas un día como ese en casa para salir a practicar Quidditch, pero entre el estudio y el trabajo de verano de Ron los días buenos y malos se consumieron entre cajas de Sortilegios Weasley y las páginas de El Monstruoso Libro de los Monstruos. Para mala suerte de ambos Harry encontró una nota de Ron que decía que fue raptado por Hermione para un bello día de campo en la biblioteca.
Harry bajó con pereza los escalones de los dormitorios de hombres. No deseaba bajar hasta el primer piso al Gran Comedor. Empezaba a aburrirse en la sala común, así que salió a vagar un poco por el castillo.
Los desiertos pasillos del castillo eran maravillosos para relajarse, pero unas cuantas voces hicieron que a Harry se le erizaran los cabellos de la nuca, cortando su inspiración.
- ¡Tenemos que invitar a Harry a celebrar nuestro festival de cocina! – Dijo Romilda Vane a lo lejos.
- ¡Qué mejor que cocinar para Harry Potter! – Agregaba otra chica remarcando casi ahogada cada silaba del nombre. – El tiene que ser nuestro catador oficial.
Harry tomó, sin pensarlo mucho, su vieja y confiable capa de invisibilidad y desapareció lo más rápido que pudo de su creciente club de admiradoras. Se escabulló de puntillas, a través de un cuadro en el tercer piso, del grupo que ahora tenía por lo menos cuatro miembros nuevos.
Aminoró la marcha a medida que llegaba a la torre astronómica mientras consultaba que el grupo de chicas se dirigía hacia el patio de Transformaciones. Se dejó caer en una banca del pasillo.
Terminó, sin pensarlo, en la torre del reloj. Podía oír a los demás alumnos en el patio que colindaba con el lago y el bosque, incluso podía ver como bajaban animadamente algunos entre pláticas y risas.
De nuevo, una figura conocida le sacó de su atmosfera de paz y tranquilidad.
Apoyado sobre el barandal, observando con desgana las alegres escenas que protagonizaban los demás, estaba Draco Malfoy.
Como si Harry hubiese dicho su nombre en voz alta, éste volteo y se topó con él de frente. Detrás de la sorpresa, su rostro reflejaba algo que Harry sabía reconocer bien desde siempre y que él mismo había estado sintiendo hasta antes de entrar al colegio por primera vez. Soledad.
Malfoy volteó la mirada sin decir palabra alguna. Harry lo examinaba detenidamente. Algo definitivamente no encajaba en la personalidad de Malfoy desde hacía algunos días.
La curiosidad de Harry le llevó hasta donde el chico se encontraba.
- ¿Malfoy? – Dijo con cuidado.
- Potter. – Respondió monótono Malfoy
- ¿Te encuentras bien? – La pregunta de Harry era cautelosa y sincera. -
- ¿Me veo mal? – Preguntó sin ganas el otro.
- No. Sólo me pareció que te veías algo adormilado, pensé que tal vez estuvieses enfermo. – No había sido una buena respuesta, pero Malfoy lo volteó a ver con cierto recelo. Harry miró - fijamente al frente.
- ¿Desde cuando te importa mi salud?
- Era solo una pregunta. – Contestó Harry a la defensiva.
- No, solo estoy aburrido.
- No eres el único. - Ambos guardaron silencio por un largo rato.
- ¿Qué tal las clases? – Preguntó Harry para romper el silencio.
- Supongo que bien. Deberías saberlo, tenemos casi las mismas clases.
- Entonces fatal.
- ¿Por qué?
- No soy el mejor estudiante del mundo. – Malfoy lo miró incrédulo
- ¿San Potter no es bueno en clases? – Tal vez lo mejor sería seguirle la corriente.
- No, no lo es.
- ¿Quién lo diría? – Malfoy miraba distraído a los chicos en el patio.
- ¿Qué te sorprende tanto? – Harry no entendía la afirmación del otro.
- Nada, sólo que no entiendo entonces el por qué eres el favorito de los maestros. – No ocultó para nada la envidia que le tenía a Harry.
- Salvo con Slughorn y Snape, la favorita siempre es Hermione. – rectificó Harry a la suposición de Malfoy.
- ¿Por eso te lucías con Slughorn ya que Granger te había ganado la gloria? – Dijo el chico con mucha malicia.
- Hay una buena razón para eso. – los ánimos entre ambos empezaban a caldearse.
- Quisiera oírlos. – Dijo Malfoy retándolo.
- No tengo por qué rendirte explicaciones.
- Lo sabía, no los hay.
- Porque ese hombre es un interesado, busca prospectos para su colección de trofeos y presumir de ellos. – Harry estaba llegando a su límite.
- Sí, de eso ya me había dado cuenta. – Malfoy puso un gesto de repugnancia. Harry recordaba que el viejo profesor no lo había elegido para su Club de las Eminencias por el pasado de su familia de mortífagos.
- Me tengo que ir. – Dijo Harry. Al parecer había sido una pérdida de tiempo hablar con él. Malfoy había recuperado su odioso hábito de molestarlo.
Harry salió hacia la escalera del quinto piso. Vaya día de porquería. Pensó Harry. Harry se detuvo para revisar el mapa del merodeador. Las chicas de su club de fans se iban separando en diversas direcciones, cada una a su respectiva sala común. Tendría que sacar la capa para no encontrarse con ninguna.
De nuevo en los dormitorios, Harry sacó el mapa para buscar a los chicos. Ron estaba en el Gran Comedor y Hermione en los aseos de chicas. Y un punto en particular llamó su atención. Una pequeña mota con el nombre de Draco Malfoy sobre ella estaba inmóvil en el mismo lugar en el que lo había visto la última vez.
Pronto empezaría a aburrirse de nuevo, no importase a donde fuera, no tenía nada que hacer. Tendría que empezar a pensar en algo en que entretenerse ahora que ya no tenía amigos disponibles.
La segunda semana resultó más tediosa que la anterior. El mal clima se apoderó por completo del castillo y sus alrededores imposibilitando las actividades al aire libre. Las tardes que tenían algún tiempo libre los tres eran contadas, pero cuando sucedían, los tres se sentían terriblemente incómodos: Harry sentía que interfería en la relación de Ron y Hermione, mientras que ellos no podían decidir si preferían tiempo a solas o estar con Harry.
El club de admiradoras de Harry se había convertido en su principal depredador y Romilda Vane no perdía ocasión de invitarlo a alguna de las reuniones del club o a alguna cita.
