Capitulo 2: revelaciones.
Afuera de la consulta del doctor Cullen, Alice se encontraba sentada en una de las sillas de la clínica con otro médico que vestía la misma bata blanca que Edward, solo que este era más joven, rubio y calzaba zapatillas. Ella parecía estar coqueteándole, en pocas ocasiones la había visto coqueteándole a algún chico, siempre lo hacía con alguien que le interesara.
Decidí no interrumpirla , por lo que me fui directo a la cafetería para comer algo; después de mucho mirar las vitrinas me decidí por un jugo de manzana y unas galletas con chispas de chocolate, abrí mi bolso para buscar dinero y pagar, recordé haberle cambiado a Emmett un billete por monedas para hablar por un teléfono público, no tenía ese pedazo de papel con valor monetario que me salvara esta vez, estaba perdida, debía contar las monedas y dárselas en la mano a la persona de la caja registradora.
-Hellen, lo de siempre, yo invito a la señorita- dijo aquella voz pacifica que había conocido hace muy poco, el doctor Cullen estaba allí sosteniendo su café, mi jugo de manzana con galletas en una bandeja y entregándole a la señora las monedas en su mano como si fuera lo más normal del mundo.
-Usted, ¿Qué hace aquí?- pregunte sorprendida.
-Mi turno ha terminado y mi amigo parece muy entretenido hablando con la señorita Brandon, además intuí que tu necesitarías mi ayuda- dijo el doctor Cullen tratándome de "tu", me agradaba esa cercanía que tenia conmigo, mientras no se tornara física.
En mi bolsillo tenía el dinero exacto de mi compra, así que metí la mano y dejé el lote de monedas junto al café de Edward esperando que él los tomara de la mesa.
-¿Tan grande es tu miedo que no fuiste capaz de entregarle las monedas a Hellen en la mano?- preguntó Edward refiriéndose a la señora de la caja.
Yo solo asentí avergonzada, para una persona normal eso sería lo correcto, para mí era mejor salir corriendo.
-Creo que tu problema es más grande de lo que pensé- murmuró más para sí que para mí.
-¿y qué significa eso?- pregunté atemorizada ante la perspectiva de no mejorarme nunca.
-Sé que no estamos en la consulta médica pero necesito hacerte unos análisis, nadie te tocará, solo será una extracción de sangre y estarás lista para volver a tu casa, además necesito reemplazar el medicamento que anoté en tu receta médica, quizás no te haga ni cosquillas y por sobre todo evita la cafeína, si es lo que sospecho no podrás beber café por un buen tiempo- dijo él dándole un gran sorbo al suyo.
-Nunca me gustó el café después de todo- dije bebiendo mi jugo de manzana y acercando mas las monedas hacia el doctor Edward Cullen.
-Dije que yo invitaba- acotó moviendo las monedas hacia mi provocando un leve roce de su dedo con mi mano; él me había tocado, había sentido su piel, aunque era una sensación diferente no dejaba de ser asquerosa, era como electricidad recorriendo mi mano, mi brazo, mi cuerpo, lenta y tortuosamente. Por lo menos no era esa sensación como de haber tocado excremento pero de igual manera se sentía horrible.
No pude evitar llorar, fue un toque mínimo pero lo suficiente como para quitarme la tranquilidad durante todo el día, y lo peor de todo era que podía ver en su mirada que él se sentía culpable por haberme tocado.
-Lo lamento Bella, no fue mi intención, no quise…- dijo atropelladamente.
-No se preocupe Doctor Cullen, ya debo irme, Alice debe esta buscándome- dije tomando mi bolso para salir prácticamente corriendo de la cafetería.
Él no me siguió, lo cual fue un alivio, encontré a Alice en la salida junto al chico rubio intercambiando números telefónicos, la agarré por la correa de su bolso sin dejarla despedirse de su nuevo amigo y nos subimos a su coche.
-¿Qué te pasa Bella?, estas como histérica- dijo mi amiga una vez en el coche.
-Él, Edward, en la cafetería me ha tocado- dije angustiada de recordar su tacto en mi mano.
-¡Maldito hijo de p…!- exclamó Alice virando peligrosamente en una curva de regreso a la clínica.
-¿Qué haces Alice?- pregunté asustada y a punto de llorar.
-Voy a partirle la cara a ese idiota, o en su defecto le saco los ojos- expresó Alice.
-No es para tanto, no fue a propósito, la del problema soy yo, no él, el mundo no debe cambiar porque yo no pueda tocar a nadie- expresé dolida por mi propia realidad.
Alice aparcó en medio de la calle sin importarle los bocinazos de los demás conductores, volteó a verme.
-Tu sabes que eres como una hermana para mi Bella, que más quisiera yo que verte sana y feliz pero ¿Qué puedo hacer yo al respecto?, si ese Cullen te tocó de manera indebida solo dímelo y con gusto patearé su trasero con mis nuevos Gucci- dijo Alice volviendo a poner el vehículo en marcha rumbo a la clínica.
-No hace falta Alice, fue algo dentro de lo "normal", ya sabes que no puedo huir de todo- le expresé.
Le dije a mi amiga que fuéramos a comer a mi casa, yo cocinaría Lasaña y haría una extra grande por si llegaba Emmett, antes de llegar a nuestro destino hicimos una pequeña parada en donde compramos todo lo necesario para el almuerzo y además el medicamento que Edward me había recetado.
No me molesté en leer el folleto sobre las contraindicaciones que podría traer el medicamento, Edward dijo que había reemplazado el anterior por este y yo confiaba en su criterio, esta vez iba a ser optimista, iba a permitirme soñar con una recuperación.
Emmett había llegado junto a Rosalie y habían traído una Coca-cola y el postre; miré la hora en el reloj de la pared mientras cocinaba y vi que ya debía tómame la primera dosis del medicamento.
Llené un vaso con la bebida y me tomé esa pastilla esperando sentir algún efecto favorable, metí la lasaña al horno y fui a reunirme con mis amigos mientras se cocinaba.
Alice ya no estaba en la sala, se escuchaba su voz desde el patio algo exaltada y chillona, de seguro estaba hablando desde su teléfono con el muchacho rubio de la clínica. No pude evitar sentir envidia, pero era de la buena; Alice no es de esas que se entusiasman fácilmente con algún chico, de seguro este muchacho si podría saber sobrellevar su alto nivel de hiperactividad.
La suavidad de la cola de mi gatito enrollándose en mis piernas me sacó de mis ensoñaciones, preferí mantener mi mente ocupada por lo que saqué la lasaña del horno, la serví en raciones considerables en los platos (la de Emmett era mucho más grande) y con la ayuda de Rosalie preparé la mesa, ya que había empezado a sentir unos extraños temblores.
Al parecer la comida estaba demasiado buena porque Emmett la había devorado como si no hubiese comido en días, Alice por primera vez en su vida comía en silencio y frecuentemente soltaba una risita estúpida seguida por un "cine a las 4:15 con mi Jazzy" y Rosalie pateaba a Emmett por debajo de la mesa para que comiera con moderación.
-Pero mi Barbie hermosa, yo no tengo la culpa de que Bella cocine tan bien- dijo Emmett cuando Rosalie lo fulminó con la mirada por haber ido a la cocina a buscar una tercera ración de Lasaña.
-¿Verdad que no te molesta Bella?- preguntó Emmett pero yo por alguna extraña razón no pude responderle, mi cuerpo temblaba y no respondía a las órdenes de mi cerebro.
Alice saltó de la silla y la escuché hablando con el chico pidiéndole que trajera a su amigo, y contra mis deseos Rosalie puso su mano en mi frente con la intención de calmar mis involuntarios temblores aunque fue en vano, al fin y al cabo por mucho que fuese Rosalie quien me tocara era tacto humano y se sentía asqueroso.
-Ya que la están tocando llévenla a su cuarto, yo iré a buscar a ese Cullen para que solucione el problema que ha causado con sus pastillas- gritó Alice desesperada.
Esta vez Emmett me tocó, me cargó como si fuera una bebé y me llevo escaleras arriba rumbo a mi habitación; cuando ya sentí la cama contra mi espalda liberé en un mar de lágrimas la angustia que me había causado el haber sido cargada por Emmett a mi habitación.
Mi cuerpo seguía temblando y mis ojos derramando lagrimas sin que yo pudiese hacer algo para terminar con todo esto; mi llanto se prolongó varios minutos, no sé cuantos, solo pude distinguir el cabello cobrizo de Edward y su singular tacto en mi brazo antes de quedarme profundamente dormida.
Desperté cuando ya había oscurecido, Edward estudiaba unos papeles en mi habitación mientras el chico rubio que hablaba con Alice en la clínica le daba su opinión acerca de dichos papeles.
-Ya despertaste Bella, que alivio, ¿Cómo te sientes?- pregunto Edward manteniendo una distancia prudente para no incomodarme.
-¿Qué fue lo que me pasó?- pregunté un tanto aturdida.
-Efectos adversos, al parecer no eres muy tolerante a los medicamentos de neuropsiquiatría o quizás mezclaste el medicamento con alcohol, cafeína o alguna droga estimulante- Explicó Edward y ahí caí en cuenta de lo tonta que había sido al no haber leído el folleto y no haber tomado el medicamento con agua sino con bebida.
-Tuve que sedarte, si seguías así tus latidos cardiacos hubieran seguido elevándose provocando serios problemas, y mientras dormías te he pasado suero intravenoso para diluir un poco el medicamento en la sangre y aproveché de tomar algunas muestras que mi colega Jasper Whitlock llevó al laboratorio para ser analizadas- dijo Edward explicándome su proceder.
El aludido hizo un ademan con la mano y se retiró de mi habitación, seguramente para hablar con Alice, ya que de reojo lo había visto observar una vieja fotografía que me había tomado con la duende cuando teníamos quince años.
-Ya sé que causa tu problema Bella y te juro que te voy a mejorar, vas a poder abrazar a tus amigos, tener un novio, casarte y formar una familia- dijo Edward acortando la distancia; volví a creerle aquella promesa imposible solo porque en sus ojos vi un verdadero deseo de ayudarme, no como los otros médicos, los cuales solo me mantenían dopada como un zombie.
-Gracias- murmuré sin saber que más decir.
-Gracias a ti por depositar tu salud en mis manos- respondió él.
Me quedé absorta mirando sus ojos y con un pensamiento que nunca antes habría cruzado mi mente, el de abrazarlo. Si bien la sensación al tocarlo era extraña y nueva para mí no era desagradable, era atemorizante, pero no desagradable; Edward olía cálido y dulce, y su hombro se veía perfecto para reposar mi cabeza; ya tendría tiempo para llorar en silencio, hoy necesitaba que alguien me ayudara a cargar el peso que significaba mi problema.
No me lo pensé mucho, me incorporé en la cama y hundí mi cabeza en su pecho deleitándome con esa esencia tan masculina y dulce a la vez; el por su parte pasaba sus manos temerosas por mi cabello y sentía como si su tacto quemase cada centímetro de mi piel, Edward Cullen era un ángel y yo ahora estaba ardiendo en el infierno por haberlo involucrado en el menudo problema que tenia.
-Si quieres llorar puedes hacerlo, si quieres golpearme después estas en todo tu derecho, pero por favor Bella, no sigas haciendo algo que es doloroso para ti- dijo separándose de mi e imponiendo una distancia corta pero prudente entre ambos.
-Necesitaba saber que se sentía ser consolada por alguien, nunca nadie aparte de mi madre me había abrazado- confesé.
-¿Ni siquiera tu padre?- preguntó él.
-Ni siquiera Charlie, mi mamá es la única persona a la que puedo tocar sin ponerme histérica, ella y…tu- dije algo avergonzada.
-¿Yo?, ¿y por qué?- preguntó Edward.
-No lo sé, tu tacto es diferente, o debe ser que ya no puedo sobrellevar esto sola, después de todo el ser humano es un ser vivo que no puede estar siempre aislado- dije para justificar mi impulso.
-No vamos a experimentar con el tacto humano por ahora, mejor vuelve a dormir y mañana recuerda tomar tus medicamentos con agua y evitar la cafeína y el alcohol- dijo Edward volviendo a su tono de doctor.
-Después de todo nunca me ha gustado el café y el alcohol me desagrada demasiado- dije acurrucándome entre las cobijas.
-Que bueno, una paciente responsable- bromeó mientras apagaba la luz de la mesita de noche y me dejaba sola en mi habitación para reflexionar sobre el verdadero motivo por el cual lo había tocado y el por qué aun no me había puesto a llorar.
