Capitulo tres: Ellas
(Edward P.O.V)
Me fui de la casa de Bella algo asustado, mas bien aterradisimo; ya en mi historial tenia la impulsividad de cierta persona y el triste final que le esperaba. Por eso me hice psiquiatra, no por ganar dinero ni por enorgullecer a mi padre, lo hice porque sabía que algún día llegaría alguien con el mismo problema que tenia la muchacha que una vez amé y me había prometido a mi mismo mejorar a esa persona como sea.
-¿En qué piensas Cullen?- me preguntó Jasper mientras desvalijaba mi refrigerador.
-Nada, solo cosas- mentí.
-Te conozco desde el jardín de niños Edward, ¿es tan grave que ni puedes compartirlo con tu mejor amigo?- acotó Jasper.
-Siéntate Whitlock, vamos a hablar- le dije y Jasper obedeció dejando el sándwich a medio comer sobre la mesa de la cocina.
-¿recuerdas a Tanya Denali?- le pregunté y jasper asintió con la cabeza.
-La rubia que se tomó un frasco de pastillas la noche de su cumpleaños y amaneció muerta; era muy rara, ¿por qué me preguntas si me acuerdo de ella?- pregunto el rubio expectante a mi explicación.
-Tanya era mi amiga, nos conocíamos desde pequeños, salíamos a andar en bicicleta los domingos por la mañana; a ella nunca le gustó que la gente la mirara a los ojos, nunca pudo sostenerle la mirada a alguien y era una lástima porque sus ojos eran tan hermosos y azules como el mar- dije con tristeza.
-¿y qué tiene que ver Tanya en todo esto?- pregunto Jasper curioso.
-yo la amaba Jasper, y en el día de su cumpleaños numero dieciocho yo la invité al prado por donde andábamos en bicicleta; ella tenía un problema Jazz, el mismo problema que tiene la amiga de tu chica, el mismo problema de Isabella. Yo procuraba ocupar lentes oscuros cuando estaba con Tanya, así ella no veía mis ojos y se sentía mas cómoda, pero antes de que yo le dijera algo ella me pidió como regalo de cumpleaños que me quitara los lentes, al principio me opuse pero ella insistió y terminó por quitármelos- confesé apenado.
-¿y qué pasó después?- preguntó mi amigo.
-Algo muy raro, dijo que prefería morir al ver mis ojos que vivir una vida larga sin haberlos visto nunca; ella me sostuvo la mirada por mucho tiempo, estuvimos horas mirándonos tomados de la mano hasta que se hizo de noche y fui a dejarla a su casa, al otro día fui a buscarla para andar en bicicleta y confesarle mi amor pero su casa estaba llena de policías y vi como sacaban su cuerpo sin vida- dije finalmente.
-Pero aun me pregunto qué tiene que ver la amiga de Alice en todo esto- dijo Jasper.
-Cuando estaba dándole indicaciones a Isabella sobre sus medicamentos ella me abrazó- confesé preocupado.
-¿y crees que su caso es como el de Tanya?- preguntó Jasper.
-Jasper, yo estudié esta profesión porque me sentía en deuda con Tanya, siento que debo ayudar a las personas que padecen la misma patología que ella, e Isabella se está comportando como Tanya, no quiero que nada malo le pase a esa chica, sé que con el tratamiento que le di se va a sentir mucho mejor, va a poder abrazar a sus amigos, pero no ahora, ahora un contacto tan leve como el que tuvimos puede hacer estragos- le expliqué a Jasper.
-Pero ella no es Tanya- argumentó Jasper.
-Dijo que mi tacto era diferente, Tanya dijo que mi mirada sobre la suya se sentía diferente, antes no podía ayudarla, ahora puedo, ¿Qué debo hacer?- pregunté mas para mí que para Jasper.
-Por mientras relájate, yo llamaré a Alice para que vigile a Bella y sugeriré una psicoterapia, no en vano soy psicólogo- dijo mi amigo mientras sacaba su teléfono y buscaba el numero de la amiga de Isabella.
-Gracias Whitlock, gracias por escucharme- le dije
-De nada Cullen, para eso están los amigos- respondió.
Demasiado cansado me fui a dormir, por lo menos estaba más tranquilo, si Alice vigilaba a Isabella, esta no atentaría contra su vida, esa muchacha merecía ser feliz, el vivir aislada de todos no debe ser nada bonito.
Poco a poco el sueño me fue venciendo, me encontré en Forks, el prado había florecido y apoyada en un árbol estaba Tanya y su bicicleta, se veía tan hermosa como la recordaba, con su pelo rubio de rizos sedosos, su piel blanca y suave como la seda y sus labios rojos como fresas.
-¡Hey Edward!- exclamó ella cuando me vio; yo corrí hacia ella, la extrañaba demasiado.
-Hoy es mi cumpleaños, ¿puedo pedir mi regalo ahora?- dijo ella mientras jugaba con mis manos.
Su regalo lo tenía en mi bolsillo, era una fina cadenita con una piedra azul al final, azul como sus ojos, iba a llevar mi mano al bolsillo pero ella me detuvo.
-Quiero que te quites los lentes oscuros, quiero ver tus ojos- dijo con determinación.
-No Tanya, cualquier cosa menos eso- le respondí.
-Edward… por favor- dijo al borde de las lágrimas.
-Sabes que no puedo princesa, te daría el mundo si quisieras pero eso que pides no- dije sintiéndome un villano.
-Prefiero morir antes que vivir una larga vida sin haber visto tus ojos nunca- dijo abrazándome y hundiendo su cara en mí pecho.
-No seas caprichosa Tanya- dije reprendiéndola y ella en un rápido movimiento me arrebató los lentes oscuros y los escondió entre su ropa. Mi madre me había educado para ser un caballero, no iba a meter mis manos entre la ropa de Tanya así que cerré firmemente mis ojos y esperé a que ella se rindiera.
-Abre los ojos Edward- dijo otra voz tras de mí.
Me volteé rápidamente y ahí estaba Isabella su cabello era ondulado y se veía del mismo aspecto sedoso que el de Tanya, su piel parecía más blanca cubierta con ese vestido azul oscuro que llevaba, una brisa corrió haciendo ondear su cabello y un aroma a frutos rojos proveniente de ella me dio de lleno.
-Mírame Edward- dijo Tanya tomándome de un brazo.
-Tócame Edward- pidió Isabella poniéndose frente a mí con su mano extendida.
-Mírame Edward- exigió Tanya molesta.
-Tócame Edward- exigió Isabella en el mismo tono que usó Tanya.
-No- les grité, ya no podía seguir ahí soportando sus peticiones imposibles.
-Yo no soy ella Edward, tócame- imploró Isabella
-No puedo, yo solo quería ayudarlas…yo no puedo hacer lo que me piden- dije desesperado.
-Edward abre los ojos- pidió Isabella esta vez.
-No lo haré- le grité.
-No me dejas otra opción- dijo y la vi correr por el prado, luego de eso fui forzado a salir del lugar, todo había sido un sueño, sentada al borde de mi cama estaba Isabella y para despertarme me había echado agua en la cara, no podía reprochárselo, ella no podía sacudir mi hombro, me lo pidió gentilmente y yo no había accedido.
-Vine porque Jasper me lo pidió, además que acaba de llevarse a Alice al cine y no sé a qué hora vuelvan, disculpa por lo del agua, era eso o seguir gritando- dijo riendo.
-Disculpa, fue solo un mal sueño, perdóname si te grité- me disculpé.
-No te preocupes, es reconfortante saber que no soy la única persona que habla dormida- confesó ruborizándose.
-Yo no suelo hablar dormido, creo que esta vez mi pesadilla me superó- dije justificándome mientras me incorporaba sobre la cama.
-¿Quién es Tanya?- preguntó Isabella casualmente
-¿A qué viene tu pregunta?- le pregunté de vuelta.
-Solo curiosidad, la nombrabas mucho en tu sueño- dijo Isabella
No quería mostrar mi estado depresivo frente a ella, debía ser fuerte por ella, la muchacha de cabellos marrones y ojos color chocolate que recorría con sus dedos los libros de mis estantes no debía verme débil, mi única misión en este mundo era ayudarla, y ante ese pensamiento caí en cuenta de el por qué de mi estancia en esta vida: ayudar a Isabella Swan.
Yo ahora soy un psiquiatra, tengo el conocimiento a mi favor, no puedo dejar que una nube gris de tristeza me envuelva y no me deje salir, esa chica a pesar de su sufrimiento está ahí, en mi habitación admirando el paisaje que se ve desde la ventana y sin ninguna intención aparente de quitarse la vida mientras que yo solo me estoy compadeciendo.
-¿Estas bien Edward?- preguntó.
-Cuando tú estabas en Phoenix y tenias quince años, yo estaba en Forks terminando el instituto- dije sin contestar su pregunta pero ella me miraba absorta esperando a que continuara con mi relato.
-Cuando yo tenía dieciocho años mi mejor amiga se suicidó por mi culpa, ella también tenía un trastorno obsesivo-compulsivo, no soportaba mirar a los ojos a otras personas pero ese día pidió ver los míos y yo lo permití- dije abandonando la poca fortaleza que me quedaba.
Reuní valor para verla a la cara y su rostro estaba surcado por las lágrimas, que ganas de consolarla pero no podía contaminar esa piel tan pura y hermosa con mi sucio tacto.
-Yo… yo la entiendo, pero aun no sé si tuve más suerte que ella o ella tuvo más suerte que yo- dijo Isabella tratando de calmar su llanto.
-¿Quieres hablar de eso Isabella?, ¿Cómo una conversación de amigos?- le pregunté.
-Entonces deberás acostumbrarte a llamarme Bella- dijo tratando de sonreír.
-Bueno Bella, será como tú quieras- dije esperando a que me contara la parte de su historia que nunca había oído.
-Primero, esto ni Alice lo sabe, así que ni una palabra de esto con la duende- dijo y yo asentí.
-Hubo un tiempo en el que me sentía demasiado agobiada, demasiado angustiada y atrapada en el asco y la frustración que sentía cada vez que alguien me tocaba accidentalmente, decidí que como le daba demasiados problemas a mis amigos y a mis padres lo mejor sería desaparecer, pero sabía que si me iba ellos me buscarían hasta encontrarme, no en vano mi padre es jefe de policía- frenó su relato para limpiar una lagrima que caía por su mejilla.
-Esa vez recordé que un médico me había recetado un antipsicotico que en dosis pequeñas me provocaban unos mareos insoportables así que pensé que si un cuarto de pastilla me mareaba por tres días, ¿Qué podría hacerme la caja entera?- contó Bella.
-Entonces llené un vaso con agua y saqué las pastillas de su envoltorio, tenía las pastillas suficientes como para quedarme dormida y no despertar jamás pero antes de que tragara una sola mi amigo Emmett entró a mi habitación sin golpear para preguntarme cuando pensaba cocinarle espaguetis y me pilló en el lio de las pastillas; el resto podrás imaginarlo, ese es un secreto entre Emmett y yo, y bueno, ahora tu- confesó apenada ante su situación.
-Fuiste afortunada Bella, la vida es demasiado maravillosa como para desperdiciarla, si hubieras logrado tu cometido te habrías perdido muchos momentos bellos con tus amigos, te habrías perdido amaneceres, los colores del crepúsculo, la belleza de las estrellas en las noches de luna nueva…- dije y quería seguir enumerando situaciones hermosas pero ella me lo impidió.
-Pero aun así las ganas persisten, sé que le debo mi vida al tonto musculoso de Emmett y créeme que se lo agradezco pero hay veces que esta vida me supera y lo único que se me ocurre es terminar con ella- manifestó Bella en un mar de lagrimas.
Quería abrazarla, ella necesitaba un abrazo, un hombro en el cual apoyarse pero yo no podía acercarme, ambas eran tan iguales y tan diferentes a la vez; ambas vivían su dolor solitariamente, aparentando frente al resto que eran mujeres fuertes y felices cuando en realidad por dentro estaban destruidas, por un lado estaba Tanya con sus ojos tan azules y profundos como el mar, sus cabellos dorados como espigas de trigo en verano y el sutil aroma de su piel, vainilla y miel. Mientras que por otro lado estaba Bella, el ángel intocable, tan pura y tan frágil, con sus ojos de un cálido marrón chocolate, piel blanca y traslucida y cabellos castaños con destellos rojizos como las hojas del liquidámbar* en otoño.
-Es un circulo vicioso Edward, cuando la gente me toca siento que el asco se acumula y es ahí cuando el deseo de desaparecer viene, y el no lograrlo me frustra y hace que tenga más ganas de acabar con mi vida- señaló Bella, pero por una extraña razón su mano estaba entrelazada con la mía.
La miré extrañado y traté de zafarme de su agarre por su propia seguridad ya que su piel junto a la mía se sentía cálida y suave, demasiado bien para ser preciso.
-Te preguntaras porque he tocado tu mano siendo que detesto el tacto humano- dijo ella manifestando la pregunta que yo tenía formulada en mi mente. Solo asentí esperando su respuesta.
-Alice siempre dijo que yo era un detector de chicos malos ya que en las manos es donde soy más sensible a mi problema y si darle la mano a un chico me producía un asco extremo a la larga el tipo iba a terminar siendo un patán, pasó con Mike y Jacob- dijo Bella acariciando el dorso de mi mano con su pulgar.
-¿y quiénes son esos?- le pregunté.
-No tiene importancia hablar de eso, mejor aprovechemos el día ahora que la duende y su príncipe azul no están, podemos salir a caminar, hay un hermoso día afuera- dijo cambiando el tema súbitamente y abriendo las cortinas de mi habitación de par en par.
-¿Yo no te causo rechazo?- le pregunté expectante a su respuesta.
-Es algo raro, pero no es rechazo ni nada que se le parezca- me respondió con un sonrojo adorable en sus mejillas.
liquidámbar*: árbol cuya hoja tiene aspecto de estrella, en primavera sus hojas son verdes y en otoño son de un matiz rojizo.
espero que les haya gustado el cap, sinceramente no sé cuando suba el otro cap o cuando actualice mis otros ficts, el animo no me acompaña y la universidad tampoco me hace facil el seguir escribiendo.
si les gustó dejen su review
bye!
