Capitulo seis: merecer
(Bella P.O.V)
Alice estaba vuelta loca empacando sus cosas, Jasper la pasaría a buscar dentro de poco y ella seguía con las maletas abiertas sobre su cama.
-En verdad lo amo Bella, voy a estar bien- me repetía una y otra vez mientras corría por la habitación lanzando vestidos y zapatos de taco alto.
-Te creo Alice, Jasper es una buena persona- le dije sinceramente.
-Es que te juro que nunca pensé que conocería a una persona como él, lo amo, lo amo, ¡lo amo!- canturreaba mi amiga mientras ordenaba sus cosas y asustaba a mi gato de paso.
-Sabes que no es que yo quiera dejarte sola amiga pero ya llego mi momento de partir- dijo Alice con una lágrima en su rostro.
-Siempre hemos sido tan unidas, desde que te mudaste a Forks, luego en la universidad y ahora yo te dejo, me siento como una traidora- agregó Alice llorando.
-Escúchame bien Mary Alice Brandon- dije en tono severo, -Tu eres una buena persona, has sido la hermana que nunca tuve, has estado conmigo en las buenas y en las malas, mereces ser feliz al lado de un chico que te quiera y que te respete, y el destino ha puesto en tu camino a Jasper para que seas feliz, así que ahora mueve tu trasero y termina de hacer tus maletas porque no querrás que tu Jazz te encuentre con el maquillaje corrido y tus vestidos tirados-finalicé.
-¿Te puedo dar un abrazo Belly?- preguntó Alice poniendo cara de Bambi viendo a su madre atropellada.
Estiré mis brazos y la pequeña Alice me abrazó, su tacto ya no era tan hostil para mi, se sentía raro, pero no mal, y todo gracias a las pastillas de Edward.
-Tal parece que el amigo de mi Jazz ha hecho bien su trabajo- dijo Alice separándose de mí para terminar de hacer sus maletas.
-Edward es un buen médico- dije tomando a bigotes entre mis brazos.
-Ya sabes lo que dicen Bella, a veces los médicos se enamoran de sus pacientes- dijo juguetonamente Alice.
-De verdad estás loca enana, Edward debe tener una novia médico como él o una chica hermosa, ¿Para qué va a querer tener algo con una loca obsesiva como yo?- le espeté un tanto enojada.
-Ya cálmate Bella yo solo lo decía por el nivel de compromiso que tiene ese chico con su profesión, él realmente quiere ayudarte y tu solo te niegas a recibir su ayuda- comentó Alice.
-Ayer arreglé las cosas con él, creo que todo estará bien después de todo- dije ayudándole a Alice a cerrar su maleta.
-Quizás deberías hacerle caso a Jasper y hacer ese ejercicio del espejo, tienes el autoestima por el suelo amiga- confesó Alice Abriendo otra maleta y poniendo ordenadamente sus zapatos ahí.
-No creo que de mucho resultado, mirarme en un espejo y decirme que soy fuerte ¡Ja!, menuda tontería- me mofé.
-Solo trata, después de todo no pierdes nada- aconsejó mi amiga dando un respingo al escuchar la bocina de un coche.
-¡Ya llegó!- chilló Alice metiendo rápidamente sus maquillajes, cremas y perfumes en un bolso de mano.
-Cuida a tu mami Bella por mi- le pidió a Bigotes para obtener un maullido a cambio.
Fue muy triste ver a Alice irse, Jasper la ayudó con sus cosas, se despidieron de mi y luego se fueron, hasta el rechoncho Bigotes sintió su partida, parecía que se había apagado esa lucecita brillante en la casa, pero no debía sumirme en la depresión, después de todo la vería en el trabajo y siempre podía ir a visitarla y ella a visitarme.
En la tarde me hice un cuenco con palomitas de maíz y vi una película de esas que decía Edward que eran para chicas, pero en cuanto la película terminó me quedé sin nada que hacer; pensando en que todo era una locura y que nada iba a cambiar fui al baño de mi habitación, me miré a los ojos y me dispuse a hacer la tarea que me había dejado Jasper.
-Yo quiero cambiar- dije con poca convicción.
-Yo soy una mujer fuerte- señalé mirándome fijamente y tratando de convencerme de eso.
-Soy bonita, soy inteligente, mi piel es hermosa, me encantan mis ojos, mi cabello es suave, no tengo la necesidad de estar enferma, quiero estar sana, me merezco estar sana , me quiero a mi misma, merezco que alguien me quiera, merezco ser feliz- me dije cada vez mas convencida.
Me repetí la misma cantaleta unas veinte veces y cada vez me iba convenciendo mas de que aquello que decía era verdad, siempre había escuchado cosas negativas de las demás personas y me las habían repetido tantas veces que me las había terminado creyendo aunque no eran ciertas, tenía que perdonar, pero no a aquellas personas que me dijeron aquello porque ellos no eran más que personas asustadas, temerosas de que alguien les hiciera lo mismo, lo que yo debía hacer era perdonarme a mi misma por creerlo y ahora lo estaba haciendo; quizás por eso me agradaba Edward, él siempre me repetía lo fuerte y valiente que era, y no me atrevía a dudar de él.
Decidí que como nunca me dedicaba algo de tiempo podría darme un baño de espuma con velas aromáticas, ponerme esa ropa que no usaba por miedo a parecer ridícula y luego cocinar algo delicioso para la cena.
Llené la bañera de agua caliente y le puse un poco de un baño de burbujas con olor a fresa antes de meterme a relajarme; el agua caliente parecía masajear cariñosamente mis músculos agarrotados, me sentía como si hubiera llevado una pesada mochila llena de piedrecillas que había ido botando de a poco; ya no debía temer, sino que debía confiar en que todo se iba a solucionar de a poco, en que mis deseos se harían realidad, en que llegaría un hombre a mi vida que aceptaría mi problema y me amaría tal cual soy.
Me salí de la bañera cuando mis manos estuvieron arrugadas y el agua demasiado fría como para seguir allí, me envolví en una gruesa toalla y fui a mi closet en busca de ese vestido verde turquesa amarrado al cuello y corto hasta la rodilla que Alice había puesto ahí con la intención de que algún día lo usara. Cuando lo encontré no dudé en usarlo y combinarlo con unos zapatos tipo Ballerina a juego, dejé mi cabello suelto porque consideraba que los rizos que se hacían en las puntas tenían su encanto y se perdería parte de él si lo amarraba en una coleta como solía hacerlo.
Bajé las escaleras acompañada de mi gato para rebuscar en la despensa por algo que me diera ideas para cocinar, había encontrado algunas especias para hacer un pollo relleno con champiñones cuando el teléfono sonó.
-¿Bella?- dijo su inconfundible voz desde el otro lado de la línea.
-Hola Edward- dije extrañamente feliz al escucharlo.
-Emmm, ¿Alice ya se fue?- preguntó él medio dudoso.
-Si, se fue hoy- respondí sin un atisbo de tristeza.
-¿y estas bien?- formuló.
-Si- respondí muy segura de mi misma.
-¿Estas segura?- volvió a preguntar, ya me estaba empezando a irritar.
-Si Edward, estoy segura- dije tratando de calmarme.
-Uff, que bueno, pensé que el cambio de casa de Alice te tendría deprimida- dijo él.
-Es difícil ver a una amiga partir pero de todas formas seguiremos tan unidas como siempre- le dije de lo más tranquila
-Me preguntaba si…- dijo Edward dejando su frase inconclusa.
-¿si qué?- pregunté yo para que continuara con su frase.
-Si querrías salir a cenar conmigo esta noche- señaló demasiado rápido.
Una sonrisa del porte de un buque se formó instantáneamente en mi cara.
-si claro, ¿A dónde vamos?- le pregunté, no quería ir a un restaurant elegante vistiendo un vestido no tan formal.
-Al Bella Italia si te parece bien- dijo casualmente.
-Si, como quieras, ¿pasas por mi?- pregunté esperando una respuesta afirmativa.
-¿Qué clase de caballero seria si dejara que una bella dama fuera sola al centro de la ciudad de noche y con tantos peligros en la calle?- dijo el claramente riéndose tras la línea telefónica.
-Discúlpeme señor Cullen por dudar de su caballerosidad- comenté siguiéndole el juego.
-Sal por esa puerta Bella, estoy afuera- dijo y me colgó.
Miré por la ventana y en efecto ahí esta él, apoyado contra su coche y con su teléfono celular en la mano, le hice una seña para que me esperara y corrí escaleras arriba para buscar una chaqueta negra de verano y un bolso en donde pudiera meter mi teléfono celular, un lápiz labial y alguna que otra chuchería importante.
-¿Por qué todo el circo de la llamada telefónica si estabas afuera?- pregunté una vez que estaba dentro de su Volvo.
-Tenía miedo que me dijeras que no, entonces así hubiera podido echar andar el coche e irme a algún McDonals y comer una hamburguesa solo en algún estacionamiento- dijo con verdadera timidez.
-Vaya, el doctor Cullen, Psiquiatra que cura a trastornadas obsesivas tiene miedo que una chica le diga que no a una inofensiva invitación a cenar, quien lo creería- expuse a modo de broma.
-Tu también tendrías miedo si fueras hombre y quisieras invitar a una chica que es tu paciente y para colmo es simpática, inteligente y bonita, créeme Bella, estuve realmente aterrado y cualquiera en mi lugar lo estaría si quisiera invitar a una chica linda que tiene opinión acerca del efecto invernadero- dijo medio riendo.
-Vaya, entonces gracias por lo de simpática, inteligente y bonita- dije siguiendo su juego.
-¿Es mi idea o tu nuevo trabajo también ha afectado tu confianza y autoestima?- preguntó.
-No es eso Edward, solo he decidido cambiar y me he dado cuenta que en realidad merezco la felicidad- confesé.
-Me parece bien, y fuera de tema, te ves preciosa con ese vestido- murmuró haciéndome ruborizar.
-Gracias- dije débilmente.
-No me mires así, también aterra decirle un cumplido a una chica como tu, no quiero que pienses que trato de invadir tu espacio personal ni que quiero acosarte o algo por el estilo- aclaró ante mi intensa mirada.
No hablamos mas por el resto del camino, cuando llegamos al restaurant él me abrió la puerta del coche e hizo lo mismo con la puerta de la entrada, corrió la silla para mí y me dejó mirar la carta primero. Se sentía realmente bien que alguien tuviera esos detalles conmigo, pensé que los hombres que se preocupaban de esas cosas estaban extintos, Mike siempre estaba demasiado preocupado de él como para preocuparse de mí y Jacob era como un niño, era demasiado lento para algunas cosas.
Pasamos la velada hablando de cosas sin sentido, del periodo universitario de Edward y de lo pequeño que era el mundo al ser Rosalie prima del novio de Alice, yo por mi parte le contaba sobre mi experiencia en la universidad, sobre un perro que tuve en Forks, mi gato y los gatitos de mi gato que ahora tenían nuevos dueños, y también sobre mi papel de madrina en la boda de Rosalie con Emmett.
-¿Y que harás si atrapas el ramo?- me preguntó mientras bebía un trago de su gaseosa.
-Tendré que empezar a planear mi boda y creo que empezaría por buscarme un novio- dije riendo.
-¿Y si primero te buscas el novio?, porque si no atrapas el ramo por lo menos te quedas con algo- sugirió siguiéndome el juego.
-Podría ser, tendré que buscarme uno, solo espero que mi psiquiatra me dé el alta pronto para que mi amado novio pueda abrazarme- declaré
-Ese psiquiatra tuyo espero que esté haciendo un buen trabajo porque si te hace algo malo yo mismo le parto la cara- soltó acompañado de una risa de lo mas armoniosa.
-No te preocupes Edward, el doctor Cullen es un buen médico, me atrevería a decir que puedo tocar personas por un breve tiempo sin sentir asco- confesé a lo que Edward me miró sorprendido.
-Que bien Señorita Swan, ¿ahora me permitiría llevarla a la seguridad de su hogar?- dijo extendiendo su mano hacia mí la cual tomé sin pensármelo dos veces.
El viaje de vuelta se hizo más corto que el de ida, fuimos haciéndonos más bromas lo que acortó el viaje, no me di cuenta cuando ya estuvo estacionado frente a mi casa y con la puerta abierta del coche para mí.
Me debatía internamente si invitarlo a pasar o no, a lo mejor tenia cosas que hacer, a lo mejor su novia estaba hecha un manojo de celos porque él había salido con su paciente a cenar, pero también me moría de ganas de retenerlo un rato mas junto a mí, después de todo, un café no le hace mal a nadie.
-Edward- le llamé antes subiera a su coche y se fuera.
-¿Si Bella?- dijo él volteándose y caminando hacia mí con ese garbo característico de algún comercial de Hugo Boss.
-¿quieres pasar por un café?, si es que no tienes nada más que hacer- terminé nerviosa.
-Me encantaría- dijo con esa hermosa sonrisa que adornaba su cara.
Una vez dentro de mi casa mi corazón latía demasiado rápido y mis mejillas se hallaban sonrojadas, Edward estaba sentado en una de las sillas de la cocina acariciando el lomo de mi gato y fue cuando le dediqué una mirada y él me respondió con una sonrisa que me di cuenta de tres cosas:
Edward es un hombre excepcional
Tiene un extraño poder para hacerme sentir bien siempre
Y estoy total e irrevocablemente enamorada de él.
-¿Le dijo su psiquiatra a usted señorita Swan que no puede consumir cafeína?- preguntó Edward juguetonamente.
-Solo iba a tomar un té de manzanilla, el café es para mí invitado- dije poniendo la taza de café delante de él.
-Que bien, me gustan las pacientes responsables- dijo dándole un sorbo.
-¿puedo verte mañana?- preguntó Edward cuando ya se había acabado su café.
-Tengo que hacer unas ediciones a una columna que van a publicar pronto, pero en la tarde tendré tiempo- dije alegre ante su pregunta.
Lo acompañé a la puerta, iba a abrirla pero él me detuvo.
-¿Te molesta mi cercanía?- preguntó un tanto tímido.
-No- le respondí yo con seguridad.
-¿segura?- dijo acercándose más a mí.
-Completamente- respondí acortando mas la distancia
Sentía su respiración, su cálido aliento, podía ver sus pestañas más de cerca, mis ojos se cerraron solos y como su fuera la cosa más fácil del mundo sus labios estuvieron envolviendo los míos y sus manos sujetaban firmemente mi cintura.
Me sentí como una muñeca de cristal, él era demasiado delicado conmigo, demasiado caballero, se separó de mí y dejó un pequeño beso en mi nariz.
-Gracias pastillitas por existir- dijo riendo y beso mi mejilla.
-Creo que tu novia se va a enojar mucho por haberme besado- solté atenta a su reacción.
-Que se va a enojar, solo espero que mi casi novia no me golpee ahora por invadir su metro cuadrado- expuso tomando mis manos.
-Tu casi novia está feliz de que hayas invadido su metro cuadrado, ahora debes irte, no quiero que mi casi novio llegue tarde a su casa- dije siguiéndole el juego.
-Buenas noches Bella y gracias por esta noche tan maravillosa- dijo antes de salir por la puerta.
Me quedé sentada en el suelo quizás cuanto rato; esa tarde había dejado el rencor de lado, me había perdonando a mi misma por haber odiado a quienes me dañaron y había aprendido a quererme y a encontrarme con esa mujer valiosa que había en mi; esa tarde había aprendido lo que es el amor propio y por haber sido tan buena aprendiz había recibido la oportunidad de ser amada por otra persona.
Nota mental: a la gente buena les suceden cosas buenas.
Nota de la autora: un libro llegó a mis manos dándome una nueva filosofía de vida, esta filosofía de vida.
Agradezco a quienes se toman el tiempo para leer lo que escribo y a quienes dejan reviews.
En serio funciona, y si bien sigo un tanto esquiva al tacto humano ahora soy un poco como la Bella de este fict, he sido una niña buena y me han pasado cosas buenas XD.
Quien quiera el título del libro que mande un mensaje privado o se contacte conmigo, info de contacto está en mi perfil
Bye!
